lunes, 20 de abril de 2026

Más despidos encubiertos (y baratos)

España sigue creando mucho empleo, pero las empresas también despiden más que nunca: más de 2 millones de trabajadores perdieron su empleo en 2025 por despidos disciplinarios, causas económicas o incumplir el periodo de prueba. Una cifra que, desde 2023, duplica los despidos que se hacían antes de la reforma laboral. Parece que las empresas utilizan estas tres vías para renovar sus plantillas, para despedir a empleados (la mayoría con contrato fijo) ahora que no pueden hacer tantos contratos temporales. Y lo hacen, además, porque les sale barato: el 54% de estos despidos “encubiertos” no se indemnizan (coste cero). Los sindicatos lo denunciaron a Europa en 2022 y, en 2024, el Consejo de Europa les dio la razón, pidiendo subir indemnizaciones a estos despidos. En octubre pasado, el Gobierno intentó pactar una reforma con sindicatos y empresarios, pero la patronal se levantó de esa mesa y no quiere negociarlo. Ahora, los sindicatos tienen como prioridad reformar y encarecer el despido (indemnizaciones de 3 a 6 meses) para frenar abusos.

                            Enrique Ortega

El mercado de trabajo es muy dinámico y no para: cada día se hacen en España miles de contratos (1.311.070 en marzo de 2026), varios por cada puesto de trabajo al año. Y eso se traduce en millones de altas y bajas a la Seguridad Social cada mes. Así, en marzo de 2026 se registraron 2.228.423 altas a la SS y 2.132.725 bajas, según los datos oficiales, con un récord histórico de más de 22 millones de afiliados desestacionalizados, 523.570 afiliados más que hace un año, gracias a que las altas de afiliados superan a las bajas.

Este gran dinamismo del mercado de trabajo español y la fuerte creación de empleo neto (+2.496.400 ocupados desde 2019) oculta un dato llamativo: las bajas a la Seguridad Social se han disparado en los últimos 4 años, tras la reforma laboral de 2021 (en vigor desde 30 de marzo de 2022): de ser poco más de 1 millón en 2021 se saltó a 1,75 millones en 2022 y 1,96 millones en 2023, para superar los 2 millones las bajas anuales en 2024 y 2025. Y en los dos primeros meses de 2026 han seguido creciendo, superando las 300.000 bajas, la mayoría por despidos disciplinarios o por causas objetivas (153.741 en enero y febrero) y otros 141.157 despidos por no superar el periodo de prueba, un despido que se ha multiplicado por 13 desde la reforma laboral.

Los  sindicatos y muchos expertos consideran que las empresas utilizan estas vías para realizar “despidos encubiertos”, una “puerta trasera” para cambiar trabajadores y rotar plantillas, ahora que la reforma laboral les dificulta los contratos temporales. Y denuncian además, que este tipo de bajas permiten a las empresas “quitarse trabajadores” con muy poco coste. De hecho, los datos de la SS revelan que el 54,3% de las bajas por despido hechas en 2025 fueron por despidos disciplinarios, que no conllevan el pago de indemnización. Y todas las bajas por no superar el periodo de prueba (1.023.345) no tuvieron ningún coste para las empresas.

Hasta la reforma laboral, las empresas utilizaban los contratos temporales para “probar” nuevos trabajadores y “rotar sus plantillas”: los contrataban por días, semanas o meses y luego les daban de baja, con poca o nula indemnización. Pero con la reforma laboral de 2021, se han disparado los contratos indefinidos (el 41,18% de los hechos en 2025)  y ahora las empresas buscan las vías para poder despedir también a estos trabajadores “fijos”. Y lo consiguen: el 99% de todas las bajas por despido de 2025 se hicieron a trabajadores con contratos indefinidos. Y el 73% de los despidos por no superar el periodo de prueba se hicieron a trabajadores con contrato indefinido. Y lo mismo este 2026.

En definitiva, que la rotación en las plantillas ha cambiado de los trabajadores “temporales” (aunque sigue) a los trabajadores “indefinidos”. Los sindicatos denuncian que las empresas utilizantres puertas” para quitarse empleados, 3 tipos de bajas para cambiar trabajadores con poco coste, con indemnizaciones bajas o nulas. Y argumentan que las estadísticas demuestran que su uso se ha disparado en 2023, 2024 y 2025, tras la reforma laboral de 2021.

La “primera puerta” que usan ahora muchas empresas para quitarse empleados y rotar plantillas son las bajas de trabajadores por no superar el periodo de prueba. Siempre ha habido “ periodos de prueba” en los trabajos (se deben fijar por escrito en el contrato y las concretan los convenios, aunque suelen ser de 6 meses para los titulados técnicos y 2 meses para el resto). Y siempre ha habido trabajadores que no los superaban. La novedad ahora es que las bajas por no superar el periodo de prueba se han disparado, sobre todo tras la reforma laboral: si hubo 444.722 bajas por este motivo en 2020 y 552.748 en 2021, en 2022 hubo 893.960 (+61,7%) y 976.141 en 2023 (+9,2%). En 2024, volvieron a subir a 999.919 despidos, marcando otro récord en 2025 (1.023.345 bajas por no superar el periodo de prueba, 4 veces las de 2021). Y siguen creciendo en 2026 (141.157 en enero y febrero).

Estas bajas por no cumplir el periodo de prueba son casi gratis para las empresas, porque el trabajador no tiene derecho a cobrar una indemnización al irse y sólo recibirá los sueldos pendientes y la parte correspondiente de pagas extras y vacaciones. Y con ello, pueden utilizar esta “puerta” para rotar su plantilla y coger otro trabajador, ahora que es más difícil contratar temporalmente. El trabajador despedido puede reclamar a Magistratura, si cree que el despido ha sido injusto, pero si ha estado poco en la empresa (de 2 a 6 meses), no le compensará contratar un abogado e ir a juicio, por una baja indemnización (33 días por año en caso de despido improcedente o algo más si la empresa pacta para no ir a juicio).

La “segunda puerta” que las empresas utilizan para realizar “despidos encubiertos” son los despidos disciplinarios individuales, que se justifican por “un incumplimiento grave y culpable del trabajador”, por varias causas que fijan los artículos 54 y 55 del Estatuto de los Trabajadores: faltas repetidas de asistencia o puntualidad, indisciplina o desobediencia, ofensas verbales o físicas al empresario o a otros trabajadores, “transgresión de la buena fe contractual o abuso de confianza” (sic), disminución continuada y voluntaria en el rendimiento del trabajo (¿cómo se mide?), embriaguez habitual o toxicomanías, acoso racial, étnico, religioso o sexual… Estos despidos disciplinarios se han hecho siempre, pero las estadísticas alertan del salto tras la reforma laboral: pasaron de 188.933 bajas en 2021 a 367.705 en 2022 y 537.165 en 2023. Y subieron a 563.673 en 2024 y a 526.613 en 2025 (casi triplican los de 2021). Y son ya 81.521 despidos entre enero y febrero de 2026.

Este despido disciplinario sale también barato para las empresas en la mayoría de los casos, porque el trabajador despedido no tiene tampoco derecho a indemnización. Puede recurrirlo judicialmente, buscando un despido improcedente (nulo es casi imposible), pero sólo cobrará 33 días por año trabajado (con límite de 24 meses) o algo más si pacta con la empresa para no ir a juicio. Pero si el despedido lleva poco tiempo trabajando (estos despidos disciplinarios se aplican más a los que tienen poca antigüedad), tendrá que pensarse si le compensa reclamar. Y muchas veces, a la empresa sí le compensa pagar una baja indemnización a cambio de poder contratar a otro empleado (más barato).

La “tercera puerta” utilizada para hacer despidos “encubiertos” son las bajas individuales por motivos objetivos, por “causas económicas, técnicas, organizativas o productivas (causas ETOP). Tras la pandemia, el gobierno Sánchez frenó estos despidos “por causas económicas” de las empresas, abriendo la vía de los “ERTE” (“aparcar” trabajadores un tiempo, pagándoles el desempleo, hasta que mejorara la situación del sector o empresa). Después, muchas empresas han utilizado el argumento de las causas económicas para despedir a trabajadores. Otra vez lo revelan las estadísticas, a pesar del fuerte crecimiento de la economía, las ventas y los beneficios empresariales: se pasó de 159.362 bajas por despido colectivo en 2021 a 394.926 bajas en 2023 (más del doble). En 2024 fueron ya 418.899 despidos y en 2025 subieron a 442.346 despidos “objetivos”. Y este año 2026, entre enero y febrero, se han hecho ya 72.216 despidos (el 89% a trabajadores “indefinidos”).

Todavía hay una “cuarta puerta” para los despidos encubiertos, según los sindicatos. Están  contabilizadas en la SS como “bajas no voluntarias por otras causas”, un verdadero “cajón de sastre” donde se incluyen despidos al margen de las causas anteriores y sobre los que hay poca información. Son muchas bajas: eran 1.724.757 bajas en 2023, una cifra similar a la de 2021 (1.732.795). Pero en 2024 saltó la alarma: fueron 2.020.765 bajas (+17,6%) y se dispararon en 2025 a 2.951.025 bajas “por otras causas”.

Al final, entre estas 4 puertas, se pierden 5 millones de contratos cada año (casi un tercio de todos los contratos que se hacen),  aunque el paro total baja en España (hay 689,051 parados registrados menos que antes de la reforma laboral) porque sigue habiendo oferta de nuevas empleos y crece la ocupación general, a costa de una mayor rotación de trabajadores. Los sindicatos denuncian que este aumento de los despidos “encubiertos” los sufren ahora otros trabajadores: la reforma laboral ha provocado que los despidos de trabajadores “indefinidos”, que ya eran mayoría antes  (72% del total en 2021) lo sean aún más ahora (suponen el 93% de estos despidos encubiertos) y que bajen los despidos de los trabajadores temporales (del 28% del total en 2021 al 7% ahora). En resumen: la reforma ha conseguido que haya muchos más trabajadores “indefinidos”, pero les ha hecho más vulnerable a los despidos, sobre todo los nuevos contratos.

Los sindicatos creen que este aumento de despidos “por la puerta de atrás” se debe a que son muy baratos o gratis para las empresas. Y por eso, consideran que sólo pueden frenarse si se aumenta la indemnización que deben pagar. La reforma laboral de Rajoy en 2013 bajó la indemnización por despido, de 45 a 33 días por año (y redujo el máximo de 42 mensualidades a 24). La reforma laboral del Gobierno Sánchez, aprobada en 2021, no quiso tocar estas indemnizaciones, para conseguir el apoyo de la patronal. Y porque España está en linea con las indemnizaciones de otros paises europeos. Pero hay un problema: la indemnización por despido es alta para un empleado con antigüedad, pero esos 33 días por año son una miseria para un trabajador al que le despiden con uno o dos años de contrato.

Para evitar este abuso de los despidos de indefinidos tras la reforma laboral, UGT presentó una denuncia, en marzo de 2022, ante el Comité de Derechos Sociales del Consejo de Europa, a la que se sumó CCOO a finales de 2022. En su argumentación jurídica, UGT reiteró que la indemnización por despido en España “no compensa a los trabajadores despedidos que llevan poco tiempo empleados” y que hay vías de despido (las tres puertas señaladas) que “son demasiado baratas para las empresas” y por eso han disparado su uso. Por ello, los sindicatos denunciaban que España no cumple la Carta Social europea.

En octubre de 2022, el Comité del Consejo de Europa admitió a trámite la denuncia de UGT. Y, curiosamente, en febrero de 2023, la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, recogió la tesis sindical y declaró textualmente en el Congreso: “El despido en nuestro país no es caro, es demasiado barato. Es tan barato que a las empresas les sale a cuenta despedir utilizando las indemnizaciones de 33 días”. Finalmente, el 20 de marzo de 2024, el Comité de Derechos Sociales (CEDS) del Consejo de Europa dictaminó que la legislación española “vulnera el artículo 24 de la Carta Social Europea”, porque el sistema español de indemnización por despido improcedente “no es suficiente para cubrir los daños reales sufridos por los trabajadores ni es lo suficientemente disuasorio para los empleadores”.

Con este dictamen, conocido en julio de 2024, el Consejo de Europa recomendaba a Españamodificar su regulación” para que la indemnización por despido improcedente sea “adecuada y disuasoria. Pero el Gobierno ha ido dando largas y la ministra Yolanda Díaz esperó más de un año, hasta octubre de 2025, para convocar a sindicatos y patronal para negociar la reforma. Pero dos días después, la patronal CEOE señaló que se levantaba de esta mesa de negociación, porque no había nada que debatir dado que el Supremo, en una sentencia de julio de 2025, dictaminó que no cabe una indemnización adicional en los despidos improcedentes, sentencia recurrida por los sindicatos ante el Tribunal Constitucional.

Ahora, UGT y CCOO acaban de anunciar que la reforma del despido es el primer punto de su estrategia sindical para los próximos meses y piden dos cambios claves. En cuanto a los despidos improcedentes, que se aumente la indemnización actual (de 33 días a 3-6 meses), para disuadir a las empresas del uso abusivo del despido, además de recuperar los salarios de tramitación que había antes de la reforma laboral y que se precise más la causa de los despidos disciplinarios y por otras causas, para que pueda intervenir más eficazmente la inspección de Trabajo. Incluso piden que sea el trabajador y no la empresa el que pueda decidir volver a trabajar tras un despido improcedente. Y en el caso de los despidos por no cumplir el periodo de prueba, los sindicatos defienden que se obligue a las empresas a concretar su decisión, para “causalizarla” (como tienen que hace con los despidos), lo que permitiría investigar a la inspección de Trabajo.

Ahora, el dictamen del Consejo de Europa fuerza al Gobierno a reformar las indemnizaciones, dentro o fuera de una 2ª reforma laboral, que debería incluir otros temas pendientes (horarios, condiciones de trabajo, productividad…). Será un gran reto para este año, aunque esta reforma será mucho más difícil de acordar que la reforma laboral de 2021, porque las indemnizaciones son un tema tabú para la patronal, que lleva meses muy intransigente respecto a los temas a debate en el diálogo social. Y por si el pacto no fuera difícil, luego habría que aprobarlo en el Parlamento, con una oposición agresiva y poco negociadora. Por tanto, si hay cambios laborales, habrá que imponerlos. Y así no suelen funcionar bien.

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