La consecuencia más directa para Occidente de esta guerra en Oriente Medio es la subida de los precios de la energía, que ya se empieza a trasladar a muchos otros precios y a la inflación general, con vaivenes según los ataques y las treguas. El precio del petróleo sigue alto, en 104,85 dólares el barril de Brent el viernes, que es más que antes de los ataques a Irán (72,48 dólares/barril), pero menos que el máximo de marzo (118,35 euros el día 31). Y lo mismo pasa con el gas natural, que costaba el viernes 44,50 euros, más que antes de la guerra (31,95 euros/MWh) pero menos que en marzo (50,75 euros/MWh el día 31). El problema es que el doble bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasa un 20% del petróleo y el gas que se consume en el mundo y la mayoría del que se consume en Asia, ha disparado el precio internacional del crudo, que podría llegar a los 150 dólares/barril.
lunes, 27 de abril de 2026
Una guerra empantanada y costosa
Mañana se cumplen 2 meses de los ataques de EEUU e
Israel a Irán, que han puesto patas arriba los mercados energéticos y la
economía mundial. Entre treguas incumplidas y ataques, los precios del
petróleo y el gas siguen altos, provocando una subida de la inflación
y enorme incertidumbre en familias, empresas e inversores. Esta
guerra en Oriente Medio tiene un alto coste en vidas, heridos y desplazados,
pero afecta también a nuestros bolsillos: Europa pierde 500 millones al día
por el conflicto. Pero, la Comisión Europea y muchos Gobiernos no
toman medidas eficaces frente a esta nueva crisis, tras la Cumbre en
Chipre el viernes, mientras el FMI augura un mínimo crecimiento para Europa,
que podría acabar en recesión si la guerra se alarga.
Sólo hay una salida: Europa debe ser más autosuficiente en energía,
acelerando la electrificación de la economía y las
renovables, como hace España. Y eso obliga a avanzar en el Pacto
verde europeo, no a frenarlo, como defienden la derecha y
la ultraderecha. "Huir del petróleo" y electrificar la economía, la mejor receta ante las crisis energéticas
La consecuencia más directa para Occidente de esta guerra en Oriente Medio es la subida de los precios de la energía, que ya se empieza a trasladar a muchos otros precios y a la inflación general, con vaivenes según los ataques y las treguas. El precio del petróleo sigue alto, en 104,85 dólares el barril de Brent el viernes, que es más que antes de los ataques a Irán (72,48 dólares/barril), pero menos que el máximo de marzo (118,35 euros el día 31). Y lo mismo pasa con el gas natural, que costaba el viernes 44,50 euros, más que antes de la guerra (31,95 euros/MWh) pero menos que en marzo (50,75 euros/MWh el día 31). El problema es que el doble bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasa un 20% del petróleo y el gas que se consume en el mundo y la mayoría del que se consume en Asia, ha disparado el precio internacional del crudo, que podría llegar a los 150 dólares/barril.
Esta fuerte subida del petróleo (+44,6% en dos
meses) ha impactado directamente en los precios de los carburantes, que
han subido más. Y eso por dos razones. La primera, que el precio del
teórico del crudo Brent (que se fija en el ICE de Londres) no
es el que pagan realmente las petroleras y refinadoras, sobre todo en
periodos de conflicto: el precio real del crudo de entrega
inmediata (a 15 días), llamado
Dated Brent, es mucho más alto: el 10 de abril, por ejemplo, el precio en
el mercado de futuros era de 96 dólares barril, pero las refinerías pagaron 131
euros. La otra razón es que hay
distintas calidades de crudo: hay tipos de petróleos que son
más o menos pesados y permiten producir más o menos derivados (gasolina o
diesel), que en muchos casos no se refinan en cada país sino que se importan. Y
la subida del crudo ha disparado también el
precio del gasóleo (la mayoría importado en Europa).
Todos estos factores han llevado a una fuerte subida
de los carburantes, en muchos casos más que el crudo. Tras la fuerte
subida de los primeros días, a finales de febrero, la gasolina ha
pasado de 1,44 euros/litros el día antes de la guerra (27 de febrero) a un
máximo de 1,8005 euros litro el 20 de marzo, para bajar luego (gracias a la
rebaja del IVA del 21 al 10%, en vigor el 21 de marzo), hasta 1,556
el 31 de marzo y 1,51
euros/litro el viernes (7 céntimos más que antes de la guerra). Y el
gasóleo, que costaba 1,39 euros/litro el 27 de febrero, subió mucho más,
hasta 1,936 euros el 20 de marzo, para bajar después (por el recorte del IVA) a
1,794 euros/litro el 31 de marzo y 1,731 el viernes (+34
céntimos que antes de la guerra).
El otro efecto de esta guerra es la subida del
precio del gas natural, que afecta al precio de la luz, porque una
parte se genera con centrales de gas. En marzo, el precio mayorista de
la electricidad subió a 41,77 euros/MWh, más que en febrero (16,41
euros) pero menos que un año antes (53,03 euros/MWh en marzo 2025). Y como las
energías renovables aportaron el 63,1% de la electricidad en marzo,
eso permitió que tuviéramos 141 horas (el 19% del total) a precio negativo
(127 horas) o cero (14 horas). Además, el Gobierno bajó, desde el 22 de
marzo, los 3 impuestos que paga la electricidad. Consecuencia: el
recibo al consumidor con un contrato regulado bajó unos céntimos en marzo,
a pesar de la guerra: habrá sido de 62,22 euros, casi 1 euro menos
que en febrero (63,19 euros) y casi 9 euros menos que en enero (71,77
euros). Y en abril, el precio mayorista ha bajado respecto a
marzo (39,35
euros/MWh hasta el 24 de abril), con lo que bajará otra vez el recibo este
mes.
A pesar de que la luz ha ayudado, los carburantes han
provocado una fuerte subida del IPC en marzo, en
Europa (+0,7%, hasta un 2,8% anual) y más en España: +1,2%
en marzo, según el INE,
la mayor subida en un mes desde junio de 2022 (+1,9%), lo que coloca la inflación media en el 3,4%,
el peor dato desde junio de 2024. Y eso que todavía no se observa que la subida
del petróleo, el gas y los carburantes se haya trasladado al transporte, la
industria o los alimentos, que podrían subir por los mayores
precios de los fertilizantes y muchas materias primas. Preocupa
además la
subida del helio (que se produce en los paises del Golfo, a partir
del gas), clave para la fabricación de chips, y de muchos principios activos y medicamentos,
incluidos
los condones (que proceden de India y el sudeste asiático).
Mientras fracasa el ultimo intento de negociación entre EEUU e Irán, la
preocupación ahora en medio mundo es que falten suministros en unas
semanas, a pesar de que la Agencia Internacional de la Energía (AIE)
haya aprobado liberar
400 millones de barriles de las reservas estratégicas de crudo,
para que no haya escasez. Pero la misma AIE ha alertado de que podría
faltar keroseno para los aviones en 6 semanas. Y hay paises de Asia
que ya han empezado a racionar los carburantes, mientras China ha suspendido
sus exportaciones de gasóleo. En Europa, lo que más preocupa es el suministro
de keroseno, que ya ha provocado un recorte
de vuelos futuros en Lufthansa y KLM. El problema lo tienen sobre todo Reino
Unido (que importa el 65%), Francia,
Alemania e Italia (que importan el 50%), pero afecta menos a España (que
sólo importa el 20% de este combustible). A más largo plazo, en verano,
en Europa preocupa el abastecimiento de gasóleo y gasolina,
porque hay pocas refinerías en Europa, que importa el 50% de estos carburantes.
España,
con 8 refinerías, está mucho mejor, porque sólo importamos el 10% del
gasóleo y exportamos gasolina.
Además del temor a los desabastecimientos de crudo y
carburantes, la otra preocupación del mundo es que esta nueva guerra
dispare la inflación y recorte el crecimiento, con el riesgo de una recesión
si el conflicto dura meses. El Fondo Monetario (FMI) acaba de lanzar una
primera alerta, en
su Informe del 14 de abril: el mundo crecerá menos este año
(3,1%, un 0,2% menos de lo que esperaban en enero) y subirá más la
inflación mundial (+0,6%). La zona más afectada será Asia (China, Japón
e India), pero también Europa: la zona euro sólo crecerá un +1,1%, con
el agravante de que Alemania crecerá la mitad de lo
previsto (+0,5%), según
las últimas estimaciones del Gobierno Merz, Francia un +0,9% e Italia
+0,5%, aunque para España estiman un crecimiento del +2,1% (-0,2%
que en enero).
Caiga o no el crecimiento y suba la inflación, la guerra lanzada
por Trump y Netanyahu en Oriente Medio ya tiene un alto coste para Europa y
sus ciudadanos: 500
millones diarios, según fuentes europeas, lo que equivale a 30.000
millones de euros en estos 2 primeros meses de conflicto. Sin embargo, la Comisión
Europea no ha aprobado todavía ninguna medida para atajar esta crisis,
aunque sí algunos paises: Hungría, Portugal, Croacia, Austria, España, Italia y Francia han
fijado precios máximos a los carburantes, rebajas fiscales o descuentos directos. En el caso de España,
las
ayudas de marzo a los carburantes y la luz, suponen un coste (hasta junio,
su periodo inicial de vigencia) de 4.000 millones de euros, habiendo permitido
una rebaja de 24 céntimos en el gasoil y 29 céntimos en la gasolina, según la Confederación de Estaciones de servicio.
Pero la Comisión Europea y la Cumbre
europea en Chipre, el viernes,
apenas han pasado de generalidades: ahorrar energía, promover el
transporte público, rebajar impuestos o promover la electrificación de las
economías. Y mientras España, Italia, Bélgica y Letonia pedían “más
ambición en las medidas”, la presidenta Von der Leyen traspasaba la
responsabilidad de las medidas contra esta crisis energética a la reunión de los
ministros de Economía de los 27, en mayo. Otro retraso, después
de que Bruselas
rechazara la propuesta de España, Alemania, Italia, Austria y Portugal para
aprobar un impuesto extraordinario sobre los beneficios de las petroleras
europeas, que están obteniendo un beneficio extra de 81,4 millones diarios
con esta crisis, según
este estudio de Greenpeace (serían 2.500 millones de beneficios extras sólo
en marzo). España es el tercer país donde las petroleras (básicamente Repsol,
Moeve y BP) tienen más beneficios extras, unos 11,5 millones diarios, gracias a
su
margen sobre cada litro de diesel (17,1 céntimos) y gasolina (2,5
céntimos).
En medio de una crisis energética que afecta mucho a
Europa (aunque menos que la provocada inicialmente por la guerra
de Ucrania), España
es de los paises europeos menos afectados, por varias razones. Una,
que estamos menos expuestos a los suministros de Oriente Medio: de allí sólo
procede el
5% del petróleo que compramos y el 2% del gas natural, frente a un 10% de
dependencia del conjunto de Europa. Dos, que España ha mejorado mucho su
eficiencia energética (cantidad de energía necesaria para generar 1.000
euros de PIB) desde comienzos de este siglo, reduciéndose un tercio. Y tres, la
más importante, el fuerte peso de las energías renovables
en la generación de electricidad en España: 60,7%
de la generación en el primer trimestre 2026 (frente a un 45% en la UE-27),
lo que nos permite depender menos de las energías fósiles (petróleo u gas). Con
todo, España tiene un enorme hándicap estructural: tenemos una
altísima dependencia energética respecto al exterior, dado
que importamos el 70% de la energía que consumimos, muy por encima del 58%
de dependencia energética que tiene el conjunto de Europa.
Así que esta nueva guerra, como la de Ucrania, nos debería
servir para aprender y tomar medidas que nos permitan afrontar mejor
futuras crisis (que llegarán). La clave es “huir de los
combustibles fósiles” (petróleo, gas, carbón), que además de destruir
el clima (son los principales responsables de los gases de efecto invernadero)
están vinculados a paises y zonas del mundo muy inestables, que pueden provocar
nuevos conflictos geopolíticos. Eso debería llevarnos a apostar por los
recursos autóctonos, especialmente el sol, el aire y el agua (más el
hidrógeno verde), que no sólo son más baratos sino que nos hacen
independientes. Eso es lo que pretende el
Pacto verde europeo, puesto ahora en cuestión para la extrema
derecha europea y el propio PP europeo, que avanzan
en posiciones negacionistas. Y en España, el PP ha cedido a Vox en las
autonomías (de momento en Extremadura, pronto en Aragón, Castilla y León y
Andalucía), negando
muchos elementos del Pacto verde europeo, precisamente ahora que la
guerra en Oriente Medio deja clara la importancia de apostar por las energías
renovables y el medio ambiente.
Además de una apuesta más decisiva por las renovables,
España y el resto de Europa deberíamos sacar lecciones de las dos últimas
crisis energéticas (Ucrania y Oriente Medio). Una, que hay que potenciar
las reservas estratégicas, para evitar racionamientos y cortes de
suministros. Dos, que hay que electrificar la economía, desde las
empresas (muchas siguen consumiendo fuel y gas) al transporte (apenas hay
furgonetas y camiones eléctricos, además de que el 90,3%
del parque de vehículos en circulación van con gasóleo o gasolina) y a las
viviendas (gas y calderas de gasóleo). Tres, hay que apostar por el ahorro
energético, sobre todo en las viviendas (rehabilitación), industrias y
servicios. Y hay que seguir
apostando por las energías renovables, para que generen el 81% de la
electricidad en 2030. Además, a corto plazo, urge vigilar la formación de
precios en los carburantes, para que no suceda en el futuro que suben
enseguida tras una crisis y tardan meses en bajar.
Al final, esta guerra en Oriente Medio (como la de Ucrania y
los distintos conflictos internacionales latentes), tienen un coste clave:
generan
incertidumbre en los ciudadanos, las empresas y los inversores. Y
por ello, el mayor riesgo de fondo no es pagar más caros los
carburantes, la luz, el transporte o los alimentos sino que los hogares se
preocupen y reduzcan su gasto (el ahorro
está aumentando en toda Europa desde hace 3 años) y las empresas
(que venden y ganan más que nunca) destinen su liquidez a depósitos, Bolsa o
reducir deudas en
vez de a invertir y crear riqueza y empleo. Con menos
consumo e inversión y con menos exportaciones (por un
comercio conflictivo y menos globalizado), España, Europa y la mayor parte del
mundo crecerán menos y podríamos caer en otra recesión. Por eso urge
parar esta guerra (y la de Ucrania) y unificar esfuerzos en Europa para
salir adelante. Sin más dilaciones.
La consecuencia más directa para Occidente de esta guerra en Oriente Medio es la subida de los precios de la energía, que ya se empieza a trasladar a muchos otros precios y a la inflación general, con vaivenes según los ataques y las treguas. El precio del petróleo sigue alto, en 104,85 dólares el barril de Brent el viernes, que es más que antes de los ataques a Irán (72,48 dólares/barril), pero menos que el máximo de marzo (118,35 euros el día 31). Y lo mismo pasa con el gas natural, que costaba el viernes 44,50 euros, más que antes de la guerra (31,95 euros/MWh) pero menos que en marzo (50,75 euros/MWh el día 31). El problema es que el doble bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasa un 20% del petróleo y el gas que se consume en el mundo y la mayoría del que se consume en Asia, ha disparado el precio internacional del crudo, que podría llegar a los 150 dólares/barril.
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