miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cumbre Merkozy: más palo sin zanahoria

Tercera Cumbre decisiva para salvar el euro en menos de 5 meses y tercer fracaso, aunque lo vendan como “un éxito”. La receta, más de lo mismo: más recortes y más control de Alemania y Francia sobre la política económica de los países. Y a cambio, no se toman medidas frente a los mercados, que han vuelto por sus fueros. Merkel piensa que esta presión es buena para que los países hagan sus deberes: recortes duros desde Grecia a Italia, pasando por Irlanda y Portugal, más los que se avecinan en España. Un camino equivocado que casi todos aplauden, aunque haya agravado la crisis de la deuda y del euro. Es el síndrome de Berlín. De recorte en recorte hasta la recesión en Europa, con 23 millones de parados.

enrique ortega
Hace ya 26 meses y 17 Cumbres europeas que estalló la crisis de la deuda, cuando en octubre de 2009 se descubrió que Grecia había mentido a la UE y estaba quebrada. En lugar de tratarlo como un caso aislado, Merkel quiso aprovechar para dar un escarmiento a la Europa del sur, no impidiendo el contagio a Irlanda y Portugal. Y luego, permitió que la crisis alcanzara a España e Italia. Con los ajustes como única receta y sembrando dudas sobre la deuda europea (quitas), la crisis se contagió a toda Europa y a sus bancos. Y puso en cuestión la recuperación de Estados Unidos y los países emergentes.

Ante la grave crisis del euro, Merkel y Sarkozy han impuesto a los 27 la misma receta: más ajustes. Ahora, se obliga a los países a que incluyan el déficit cero en la Constitución (como hizo España en julio) y se autoriza que el Tribunal Europeo de Justicia pueda vigilarlo, estableciendo sanciones automáticas (multas) a los que no rebajen para 2013 su déficit público al 3% (hoy sólo cumplen 6 países: Estonia, Suecia, Dinamarca, Alemania, Luxemburgo y Finlandia, con España en el 6,5%) y su deuda al 60% del PIB (sólo lo cumplen 13 de los 27, entre ellos ni Francia ni Alemania ni España, que tiene el 69%). Y fuera del palo, poco más. Frente a los mercados, se exhibe un Fondo de rescate sin más recursos y se opta por aportar 200.000 millones al FMI para que busque otros tantos fondos en China, Brasil y terceros países, para apoyar la deuda europea. Y para 2012, se habla de un nuevo Fondo de rescate con 500.000 euros, un bombero con poca munición si hay problemas con los mercados: la deuda de Italia es de 2 billones y la de España es de 650.000 millones.

Los acuerdos de esta Cumbre Merkozy están descompensados, no son realistas y sí insuficientes. Descompensados, porque se insiste en los recortes como vía para reducir los déficits, sin entrar en la otra pata, los ingresos, donde hay grandes desigualdades fiscales entre los 27, tanto en IVA (del 15% de Luxemburgo al 25% de Dinamarca, con el 20,6% de media) como en Renta (del 10% de Bulgaria al 60% de Suecia con la media en el 37%) y en Sociedades (del 12,5% de Irlanda al 34% de Francia con el 22% de media UE). No realistas, porque no se adoptan mecanismos para defender el euro y la deuda ante los mercados: un Fondo de rescate potente y un BCE que compre más deuda, como antesala a los eurobonos y al Tesoro europeo a medio plazo. Y son insuficientes, porque no abordan los dos graves problemas de Europa: la falta de liquidez (los bancos no encuentran financiación y no prestan) y el estancamiento de las economías, con el sur de Europa en recesión.

Los mercados dieron un día de tregua y han vuelto a la carga, con serias advertencias de las agenciasde rating (Moodys y S&P) y elevadas primas de riesgo de España e Italia, a pesar de los recortes anunciados. No valoran los ajustes impuestos por Merkozy pero sí temen sus efectos: la recesión en Europa, que vaticina el propio BCE (con un crecimiento del -0,4 al 1% en 2012) y confirma la OCDE, que apuesta por un crecimiento negativo este cuarto trimestre (-1%) y el primero de 2012 (-0,4%). Y si hay recesión, todos temen que sea más difícil pagar la deuda. Por eso, los inversores huyen de Europa y del euro.

El BCE aparece como el único bombero en esta crisis. De momento, ha abierto el grifo para prestar dinero a 3 años (al 1%) a los bancos europeos, para que fluya el crédito a empresas y familias. Y ha bajado los tipos al 1%, todavía demasiado frente al 0,25% de EEUU. Pero no va a comprar deuda, para ayudar a España o Italia, por imposición de Alemania. Merkel busca que los mercados sigan presionando, para que le ayuden a meter en vereda a la Europa del sur: es como mentar al “hombre del saco”. O "la letra con sangre entra". Cree que la crisis y el déficit se debe a que somos manirrotos e indisciplinados y se equivoca: tenemos déficit porque el sistema financiero USA falló y contagió a Europa, sobreendeudada en beneficio de los bancos alemanes y franceses, sobre todo. Pero ha impuesto su tesis conservadora al resto de Europa, que la aplaude como ZP o Rajoy, aunque nos lleve a la recesión. Es lo que Antón Costas llama el síndrome de Berlín (lean este magnífico artículo).

Ahora, el síndrome de Berlín se traducirá en más ajustes en Italia y en España, que sufrirán los más desfavorecidos, como en Grecia, Irlanda y Portugal, y, en menor medida, en Francia o Gran Bretaña, con un serio recorte del Estado del bienestar (sanidad, educación, pensiones, desempleo, Dependencia…). Y este sacrificio no servirá para salir de la crisis, sino para hundirnos más en ella, para entrar en recesión y no crear empleo. Y así, será más difícil reducir el déficit y pagar la deuda. Y nos pedirán más recortes. Un círculo vicioso que nadie quiere ver, por miopía ideológica de los conservadores europeos, como les achaca Obama.

De Cumbre en Cumbre, hasta la crisis final, en medio de las huelgas y la desconfianza de los europeos: sólo el 41% confía en la UE frente a un 47% que desconfía, según el último Eurobarómetro. Y con dos Europas: Alemania, Francia y los paises del Norte, cuya renta ha crecido, y los paises del sur, con menos riqueza por habitante: España  está ocho puntos por debajo de la eurozona y ha retrocedido a los niveles de 2002. Mientras, nadie habla de reanimar la economía, de hacer frente a los mercados, de dar liquidez y crédito al sistema, de un Plan Marshall europeo para crear empleo, de los 23 millones de parados de Europa. Ni de subir impuestos. Sólo de recortes. Y así nos va.  

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