jueves, 5 de marzo de 2026

8-M y discriminación mujeres: lenta mejoría

Este domingo se celebra el 8-M, el Día de la Mujer, cuya discriminación olvidamos el resto del año. Este 8-M celebramos que hay más mujeres que nunca trabajando, menos paradas y que su “brecha” salarial con los hombres sigue reduciéndose. Pero tenemos más mujeres inactivas, menos trabajando, con peores contratos, empleos y sueldos, más paradas cobrando menos desempleo, con pensiones más bajas y más mujeres mayores dependientes sin ayudasDemasiadas discriminaciones, que apenas mejoran. Y tienen varias causas, que urge resolver: la atadura de los cuidados (a hijos y padres), el desigual acceso al trabajo y a los mejores empleos junto a las interrupciones en su carrera laboral, que recortan sus pensiones, además de la poca colaboración en casa de los hombres (“ayudan” pero no comparten tareas). Es hora de tomar medidas más efectivas, en los cuidados, las guarderías, la selección de personal y la negociación de los convenios, para mejorar de verdad la situación de las mujeres. Tenemos que acabar con la discriminación de media España.

                            Enrique Ortega

En España siguen viviendo más mujeres que hombres: a 1 de enero de 2026, había censadas 25.237.515 mujeres, frente a 24.333.210 hombres, según el INE. En 2025, la población femenina aumentó menos (+199.587 mujeres censadas) que la masculina (+242.841 hombres), aunque las mujeres han aumentado más desde 2020 (+1.130.133 frente a +1.122.542 hombres) y en lo que va de siglo (+4.593.672 mujeres desde el año 2000, frente a +4.506.871 hombres). Pero hay un dato importante: crecen las mujeres inmigrantes, no las nacidas en España, cuya población ha caído este siglo (-100.202 nacidas en España entre 2000 y 2025). Este ha sido el gran cambio demográfico: en el año 2.000 vivían en España 452.413 mujeres nacidas fuera (el 2,18% de todas las mujeres) y en 2026 están censadas 5.111.724 mujeres nacidas fuera (el 20,25%), 1 de cada 5 mujeres.

Hay pues más mujeres que hombres y también más mujeres en edad de trabajar (con más de 16 años) : 21.702.500 mujeres frente a 20.612.700 hombres, en diciembre de 2025. Pero este desequilibrio se corrige si miramos las personas que tienen entre 16 y 64 años, la franja de edad en que normalmente se trabaja: hay 15.974.600 mujeres y 16.115.000 hombres, porque hay muchas más mujeres que hombres con más de 65 años (son más longevas). A partir de aquí, empiezan las discriminaciones a la mujer. La primera, que hay más mujeres “inactivas”, que ni trabajan ni buscan trabajo, que “tiran la toalla” aunque están en edad laboral, básicamente porque se dedican a “las tareas de la casa, a cuidar a los hijos (y maridos) o a padres y adolescentes “dependientes” (el 75% de los cuidadores son mujeres). A finales de 2025 había 9.921.300 mujeres inactivas frente a 7.453.600 hombres. A lo claro: hay 2,5 millones de mujeres que han renunciado de entrada a trabajar fuera de casa.

A causa de esta alta inactividad, la tasa de actividad de las mujeres españolas (trabajan o buscan trabajo entre los 16 y 64 años) es del 72,30%, frente al 80,08% de los hombres: son 11.781.300 mujeres “activas” frente a 13.159.100 hombres, según la EPA 2025. Una tasa de actividad muy inferior a la de las mujeres europeas: allí eran “activas” el 75,3% de las mujeres de 20 a 64 años, frente al 75,8% en España en esa edad, muy inferior a la tasa de actividad femenina en Alemania (80,2%) o Francia (77,5%), aunque es menor en Italia (61,9%), según Eurostat (2024). Tras la pandemia  aumentaron más las mujeres “activas” (+937.200 desde 2019) que los hombres (+844.400), por la llegada de mujeres inmigrantes y porque más mujeres mayores, con hijos “criados”, buscan ahora trabajo.

La 2ª gran discriminación es que hay menos mujeres trabajando. No sólo porque hay menos mujeres “activas” (buscando trabajo) sino porque las que buscan tardan más en encontrar trabajo y lo encuentran peor que los hombres, a pesar de estar más formadas (según las estadísticas educativas), aunque tienen menos estudios “técnicos” (carreras  STEM: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). A finales de 2025 había 10.457.500 mujeres ocupadas, frente a 12.005.800 hombres, según la EPA. Son más mujeres que nunca trabajando (eran 5,8 millones ocupadas en el año 2000, frente a 9,9 millones de hombres, pero sigue habiendo más hombres trabajando (+1,54 millones), aunque hay más mujeres. Y otra vez, la tasa de empleo femenino en España (66,5% población de 20 a 64 años) es inferior a la europea (70,8%) y a la de Alemania (77,7%) o Francia (72,2%), superando a Italia (57,4%).

Con todo, las mujeres han conseguido llevarse más nuevos empleos que los hombres tras la pandemia: trabajan ahora 1.299.200 mujeres más que a finales de 2019, frente a 1.197.200 nuevos empleos conseguidos por los hombres estos 6 años. Eso sí, la mayor parte de estos nuevos empleos “ganados” por las mujeres han sido para las mayores de 50 años (+920.500 empleos, el 70,85% del total), junto a las de 45 a 49 años (+176.100), mientras perdieron empleo las mujeres de 35 a 44 años (-284.700 entre 2019 y 2025) y apenas ganaban empleo las chicas más jóvenes (+158.800 empleos). En resumen, quienes consiguieron trabajo estos 6 años son mujeres mayores, que dejaron de trabajar en su momento y han vuelto, sobre todo en los servicios: empleo doméstico y cuidados mayores y niños, hostelería, comercio, campo y trabajos eventuales, muchas mujeres inmigrantes.

Los datos revelan que las mujeres copan menos del 50% de los empleos en 73 de los 100 sectores económicos. Y aquí tropezamos con la 3ª gran discriminación de las mujeres: trabajan en sectores más precarios y peor pagados, con contratos de menos calidad, peores puestos y categorías. El tipo de contrato es clave. Primero, las mujeres copan los contratos a tiempo parcial, por horas o días: de los 3.089.700 asalariados a tiempo parcial (menos jornada) que había a finales de 2025, 2.250.700 eran mujeres (el 72,84%), según la EPA . Y si trabajan mucho más a tiempo parcial que los hombres no es porque quieran: la mayoría dicen que es porque no han encontrado trabajo a tiempo completo. Y 389.371 mujeres trabajan a tiempo parcial para cuidar a un familiar (11 veces más que los hombres).

Y segundo, las mujeres tienen más contratos temporales que los hombres: 1.633.600 mujeres con contrato temporal a finales de 2025, frente a 1.265.500 hombres “temporales. Y aunque han caído con la reforma laboral (había 2,21 millones de mujeres con contrato temporal en 2019), crece el porcentaje (eran el 50,31% del total en 2019 y ahora son el 56,34%).

Además, el 44% de las mujeres trabaja en los 7 sectores económicos con los sueldos más bajos. Y de las 10 actividades con peores nóminas, 7 tienen una mayor proporción de mujeres que de hombres trabajando, según un estudio de CCOO: servicio doméstico, hostelería, sanidad, cuidados, actividades auxiliares, actividades artísticas y recreativas, comercio. Pero además, hay muchas más mujeres que hombres trabajando en las categorías laborales más bajas y en los empleos menos cualificados, ocupando también menos puestos directivos, una muestra de la menor promoción de la mujer en las empresas: sólo el 34,5% de las mujeres trabajadoras ocupan puestos de gerentes y directivos.

Esta mayor precariedad de los contratos y la mayor actividad en sectores y puestos peor pagados conduce a la 4ª gran discriminación de las mujeres: tienen peores sueldos que los hombres. El sueldo medio bruto de los hombres era de 2.593 euros mensuales en 2024, frente a 2.163,2 euros las mujeres, según el Decil de Salarios de la EPA. Eso supone una “brecha salarial” para las mujeres del 16,58%, “brecha” que ha ido bajando tras la pandemia, ya que era del 18,58% en 2019. Una mejoría que se explica por la fuerte subida del salario mínimo (SMI) desde 2018 (+66%, de 735 a 1.221 euros en 2026), que afecta sobre todo a las mujeres (son el 61% de los 2,5 millones que cobran el SMI), y por los Planes de igualdad en algunas empresas (no en la mayoría). Una mejora de la brecha salarial que se está dando en toda Europa, donde es más baja (12%).

La “brecha salarial”, aunque ha mejorado, sigue siendo muy desigual por edad, nivel de estudios, sectores y empleos, tamaño empresa, tipos de contrato, puestos de trabajo y sector de actividad, complementos y autonomías, según este estudio del Instituto de las Mujeres. La brecha salarial de las mujeres es mayor entre los trabajadores más jóvenes (20-24 años) y entre los mayores de 40 años, más entre las inmigrantes (22,7%) que entre las españolas (16,30%), más entre los que tienen poca formación (29,5%) que entre los universitarios (16,7%), más en la industria y los servicios que en la construcción, más en las actividades administrativas  (29,55%), sanidad y servicios sociales (23,8%), actividades científicas y técnicas (22,8%), comercio (22,44%), finanzas y seguros (20,52%), inmobiliarias (19,89%), industria (17,10%), energía (16,67%) y hostelería (16,18%), más según la antigüedad, pluses y complementos (que cobran menos las mujeres) y más en las pymes que en las grandes empresas. Y por autonomías, la mayor brecha salarial se da en Navarra (20,68%), Asturias (20,06%), Murcia (19,15%), Aragón (19,14%) y Cantabria (18,59%), siendo intermedia en la Comunidad Valenciana (16,92%), Cataluña (16,75%), Madrid (16,55%) y Andalucía (16,14%) y baja en Canarias (4,74%), Baleares (8,76%), Extremadura (11,91% y País Vasco (12,81%).

Y pasamos a otra gran discriminación de las mujeres, la 5ª: hay más mujeres en paro que hombres. A finales de 2025 había en España 2.477.100 parados EPA, de los que 1.323.800 eran mujeres paradas y 1.153.300 hombres desempleados. El paro femenino cayó en 2025 la mitad que el masculino (-38.800 frente a -79.500), aunque ha caído algo más desde 2019 (-362.000 frente a -352.800 el masculino), sobre todo entre las mujeres de 25 a 54 años (-354.500 paradas) , mientras subió el paro entre las mujeres mayores de 55 años ( +19.900 paradas), porque intentar ahora recolocarse y aportar ingresos al hogar. Con todo, la tasa de paro femenina (11,24% en 2025) es mayor que la masculina (8,76%) y casi duplica la tasa de paro de las mujeres europeas (6%), siendo mucho mayor el paro en las mujeres jóvenes (24,1% de paro en España y 14,8% en la UE-27).

No es solo que haya más paradas que parados, es que además, las mujeres cobran menos desempleo, la 6ª discriminación, porque la mayoría han cotizado menos años y por sueldos más bajos. Así, en 2025, había 452.994 mujeres cobrando una prestación de desempleo contributiva y 410,820 hombres. Y estas paradas cobraban de media 31,24 euros de paro al día (937,20 euros mensuales), frente a 36,35 euros diarios que cobraban los parados hombres (1.087,5 euros mensuales). Eso supone una “brecha en el desempleo” del -13,83% (en 2024 era el 14,20%), según los datos del SEPE. Pero hay más: esta brecha en el desempleo contributivo (el paro asistencial es igual para hombres y mujeres: 480 euros mensuales) es mayor entre las paradas con más edad: sube el 17,2% en las paradas de 50 a 54 años, al 20,72% en las de 55 a 59 años y al 21,72% en las paradas de más de 60 años.

Y tras una vida con menos actividad y menos empleo peor pagado, las mujeres se jubilan con peores pensiones, la 7ª discriminación. Por un lado, la pensión media de los hombres es de 1.629,91 euros frente a los 1.130,24 euros de las mujeres, según los datos de la Seguridad Social al 1 de febrero de 2026. Una “brecha de pensiones” del -30,66%, que se ha reducido los últimos años gracias a la subida del SMI y de algunos sueldos, más el complemento de brecha de género que el Gobierno aplica desde febrero de 2021. Y en las pensiones de jubilación, la pensión media de las mujeres es de 1.259,6 euros, una “brecha” del -29,56% sobre la jubilación media de los hombres (1.778,08 euros mensuales). Sólo en las pensiones de viudedad, las mujeres cobran más que los hombres (1.003,89 euros frente a 666,10 euros).

Queda otra discriminación, la 8ª: la desigualdad en Dependencia, debido a que las mujeres viven más años que los hombres (86,53 años de media frente a 81,38 años) y por tanto tienen más riesgo de ser dependientes al final de su vida y necesitar ayuda. De hecho, casi 2 de cada 3 dependientes con más de 80 años son mujeres (el 62,66% en 2025). Y por eso, sufren más que los hombres los problemas de la Dependencia, tanto el retraso en las ayudas (a finales de 2025 había 258.167 dependientes en listas de espera y 32.704 mayores murieron el año pasado antes de recibirlas) como en su escasa cuantía o servicio (pocas residencias y más ayudas low cost, como la teleasistencia o la ayuda a domicilio).

Y por si fueran pocas estas discriminaciones, las mujeres sufren otra más, la 9ª de la lista: la discriminación que sufren en su propia casa, porque cargan con la mayor parte de las tareas del hogar y de los cuidados de niños y padres, complicando más su vida laboral. De hecho, el 45,86% de las mujeres cargan con la mayor parte de las tareas del hogar, algo que sólo hacen el 14,92% de los hombres. Y otro 34,96% realizan una parte importante  de las tareas, aunque compartida. Esto significa que el 80,82% de las mujeres cargan con las tareas del hogar, frente al 48,61% de los hombres. Y un 51,37% de los hombres (unos 12 millones) confiesan que “hacen poco o nada”, según la última Encuesta del INE (2021). Además, el 40,2% de las mujeres se ocupan “mayoritariamente” de los niños, frente al 4,8% de los hombres. Y un 48,3% cuida a los mayores (frente al 20,5% de los hombres).

En resumen, un preocupante panorama, donde persisten las discriminaciones año tras año, aunque algunas mejoren lentamente, por lo que la igualdad tardará décadas. Por eso, urge tomar medidas en tres terrenos claves. Uno, en los cuidados, tanto de los niños como de los mayores dependientes. Eso exige mejorar la atención a la infancia, desde las guarderías a la gratuidad de la enseñanza de 0 a 3 años, junto a la multiplicación de guarderías en empresas y centros públicos, para facilitar el trabajo de las mujeres y la conciliación familiar. Por otro lado, hay que dotar de más financiación y mejorar la gestión de la Dependencia, para reducir las listas de espera y facilitar la atención externa a los mayores dependientes en sus casas, quitando presión a las mujeres. En segundo lugar, hay que lograr un pacto laboral en las empresas para mejorar el acceso laboral de las mujeres y reducir las diferencias laborales y salariales en los convenios. Y en tercer lugar, todas las políticas públicas deben fijarse como objetivo reducir las discriminaciones de las mujeres, desde la educación al empleo, el desempleo, las ayudas sociales y la jubilación.

Al final, cada año pasa lo mismo con el 8-M: se habla mucho de la discriminación de la mujer y se hacen manifestaciones de protesta, pero se avanza poco. Y menos cuando la derecha y la ultraderecha ponen en duda esta desigualdad y promueven que a los hombres no les preocupe. Estamos ante uno de los grandes retos de este siglo, junto a la emergencia climática, la demografía o la tecnología. Afrontarlo y resolverlo a medio plazo no debería depender de las posturas políticas porque es un objetivo justo y necesario: lograr que nadie sea discriminado por nacer mujer. Conseguir la igualdad para media España. Ganaríamos todos.

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