El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar. Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos (cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro la paridad: costó menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025, tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse: de costar ese día 1,041 dólares ha llegado a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).
lunes, 16 de febrero de 2026
Euro fuerte: ventajas e inconvenientes
El euro se ha fortalecido frente al dólar desde
que gobierna Trump, revalorizándose un +14%, más por la desconfianza
de los inversores en sus medidas que por la mejora de la economía europea, paralizada
(como sus líderes). Esta revalorización del euro (llegó a costar 1,20
dólares el 27 de febrero) tiene ventajas e inconvenientes para Europa.
Por un lado, abarata nuestras importaciones y la factura del petróleo y el gas,
rebajando la inflación. Pero un euro más fuerte encarece los
productos europeos, reduciendo las exportaciones y la competitividad de
nuestras empresas. Y encarece Europa a los turistas con
dólares. Pero la debilidad del dólar puede aprovecharse para aumentar el
uso del euro en el mundo, ahora que los inversores huyen del dólar y
los bonos USA. El BCE quiere lanzar el euro digital, para sustituir
el pago con tarjetas que controlan las norteamericanas VISA y Master
Card (gestionan 80% de nuestros pagos). También que Europa emita masivamente
eurobonos, para atraer la inversión mundial. Más protagonismo del
euro y de Europa. Enrique Ortega
El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar. Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos (cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro la paridad: costó menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025, tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse: de costar ese día 1,041 dólares ha llegado a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).
Ahora, el euro cuesta algo menos (1,1871 dólares el viernes 13 de febrero), pero eso
supone una revalorización del 14% frente al dólar desde la llegada de Trump
a la Casa Blanca. Una revalorización del euro que no es mérito de
Europa sino demérito de EEUU, que está pagando así las
consecuencias de las locas políticas de Trump: los inversores
castigan sus polémicas medidas, sus ataques a la independencia
de la Reserva Federal (su Banco central) y también su abultado déficit
público (1,9 billones de dólares, el 5,8% del PIB, más del doble del
déficit español, del 2,5% del PIB) y su disparada
deuda (38,3 billones de dólares, el 101% de su PIB), que le obligan a
emitir demasiados bonos USA, depreciando los actuales. Todo ello, incertidumbre
y deuda, provocan que muchos inversores internacionales apuesten por reducir
su posición en dólares, vendiendo, lo que deprecia la moneda USA.
Además, muchos expertos creen que Trump
busca precisamente que el dólar se deprecie, para ayudar a las
empresas norteamericanas a exportar mejor sus productos y a vender mejor su
petróleo y su gas, aumentando el crecimiento USA, aunque sea a costa de más
inflación (porque la debilidad del dólar encarece los productos importados),
aunque todavía no se haya disparado la inflación, que cerró el año 2025
con una
subida anual del 2,7% (superior al objetivo del 2% y mayor que el
1,9% de inflación en Europa).
Ahora, se espera que
el dólar siga depreciándose en 2026 y llegue a cotizar a 1,25
dólares por euro, lo que supondría ya una caída del 20% desde que
gobierna Trump. A favor de nuevas caídas del dólar está la errática
política económica y comercial de Trump y la estimación de los expertos de que
el déficit público USA seguirá subiendo (por las rebajas de impuestos),
hasta los 3,1 billones de dólares en 2036 (el 6,7% del PIB) y también
la deuda USA (hasta el 120% de su PIB), niveles que preocupan mucho a
los inversores. Y en paralelo, aumentan los inversores que buscan
destinos alternativos a los bonos de deuda USA. Así, el
gobierno chino ha pedido a sus bancos, en febrero, que reduzcan su
exposición a los bonos USA, algo que llevan haciendo años: en 2025, China tenía
en cartera bonos USA por valor de 682.600 millones de dólares, el nivel más
bajo desde 2008. Y ahora son el tercer mayor inversor en bonos USA, tras Japón
(1,25 billones) y Reino Unido (885.000 millones), que también están reduciendo
sus inversiones en bonos USA, lo mismo que algunas de las grandes gestoras
de fondos norteamericanas, como Pimco o Amundi.
La depreciación del dólar y la consiguiente revalorización
del euro (+14% desde la llegada de Trump y hasta un posible +20% este año) preocupa
en Europa, porque tiene consecuencias positivas pero también
negativas .La principal ventaja de que el euro se revalorice es que se
abaratan las importaciones que se pagan en dólares, en particular la
energía (petróleo y gas) y todos los demás productos industriales y de consumo.
Esto ayuda especialmente a los paises como España, que importan más de
lo que exportan, pero no a Alemania, Francia, Italia, Bélgica o Paises Bajos,
paises
que exportan más de lo que importan. Con todo, un euro fuerte reducirá
la inflación en Europa, algo en principio positivo, pero no tanto ahora,
porque la inflación ya es baja (1,7%
anual zona euro en enero 2026) y eso puede debilitar más el bajo
crecimiento europeo, obligando al BCE a bajar más los tipos de interés (ya
bajos, en el 2%).
Pero la revalorización del euro tiene un grave
inconveniente: encarece los productos europeos (un 14% ahora y puede que
hasta un 20% después) y eso frena
las exportaciones europeas, uno de los motores del crecimiento europeo
(débil: +1,5% en 2025), lo que reduce la
competitividad de los productos y servicios europeos en el mundo. Y además, reduce
la llegada de los turistas que pagan sus viajes en dólares,
viajes que ahora son más caros (+14%), lo que afecta especialmente a España (un
16% de los turistas no son europeos).
En cualquier caso, con la depreciación del dólar se ha
acabado una época, un siglo de hegemonía indiscutible del dólar
como moneda de reserva y de inversión en el mundo. Sigue siendo la moneda
dominante, pero menos: acapara el 57,8% de las reservas de divisas mundiales
(frente al 72% en 1999), el 65,4% de la deuda internacional, el 52,2% de los
préstamos internacionales y el 57,2% de los depósitos, aunque todavía acapara
el 88,45% de las operaciones en divisas. Y han avanzado en las últimas décadas
el euro, el yen, la libra y sobre todo el yuan chino, con unos inversores y
paises que ahora reaccionan a la ruptura de la geopolítica mundial
diversificando inversiones y monedas.
En esta nueva realidad, el euro tiene más
posibilidades de ampliar su presencia internacional.
Actualmente, el
euro es la moneda común de 21 paises europeos (Bulgaria se sumó el 1 de
enero), que utilizan a diario 350 millones de europeos. Y la 2ª moneda
mundial, tras el dólar, con 60 paises (y 175 millones de personas) que
tienen vinculada su moneda (directa o indirectamente al euro). Además,
están en euros el 19,8% de las reservas mundiales (por delante del 5,5%
del yen japonés, el 4,9% de la libra y el 10,7% del resto de monedas, sobre
todo el yuan chino). Además, está en euros el 22,5% de toda la deuda mundial,
el 26% de los préstamos internacionales y el 23,3% de los depósitos, así como el
30,5% de las operaciones diarias en divisas. Y se emiten en euros la mitad
de los “bonos verdes” del mundo.
Ya en enero de 2021, la Comisión Europea aprobó una Estrategia
para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva
y de transacciones, proponiendo un abanico de medidas a medio
plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la
UE, desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros,
fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de
emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del
euro, pero todos los expertos creen que,
en
las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde
finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al
euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como
se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por
comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.
En cualquier caso, la Comisión Europea y el BCE creen
ahora que la depreciación del dólar y la política errática y disparatada de
Trump pueden ayudar a fortalecer el euro en el mundo. Y una de las
medidas en que más confían es promover
el euro digital, para conseguir una independencia estratégica del
sistema de pagos europeos, ahora muy dependiente de EEUU. El hecho es que los
pagos con tarjeta suponen un 39% de las operaciones en Europa (un 52% se hacen
en metálico, un 6% son pagos con móviles y el 4% son con otros medios) y estos
pagos están monopolizados por dos multinacionales USA, Visa y Master Card
(que controlan el 80% de las operaciones con tarjeta que hacen los
europeos). También otros pagos online que se hacen a través de Pay-Pal,
Google Pay, Apple Pay o Samsung. El BCE cree que con el euro digital, la
mayoría de los pagos podrían pasar a plataformas europeas.
Por eso, el BCE envió una carta al Consejo Europeo,
de cara a su reunión informal del jueves pasado, para que aceleren la llegada
del euro digital y no le pongan problemas, ni en la Comisión ni en el
Parlamento europeo y en los paises europeos, aunque el proceso está siendo
lento y el euro digital no se espera que sea una realidad hasta 2029.
Otra medida que propone el BCE, para promover el euro y
mejorar la economía europea es promover
emisiones de deuda en euros,
los famosos eurobonos, un
activo que hasta ahora no era bien visto por Alemania (“Europa no
tendrá deuda compartida mientras yo viva”, dijo
Angela Merkel en junio de 2012), Holanda, Austria y paises nórdicos, porque
temían un fuerte endeudamiento europeo que compitiera con su propia deuda. Pero
con la pandemia y las últimas crisis, la Comisión Europea ha roto “el tabú
de los eurobonos”, emitiendo deuda europea en tres ocasiones:
para financiar el Plan de recuperación de 2020 (Fondos Next Generation),
para financiar los proyectos de seguridad y compra de armas (SAFE) y para
financiar los créditos para Ucrania en 2026 y 2027. Pero son eurobonos
extraordinarios, de poco volumen. Lo que propone ahora el BCE es emitir
eurobonos en cantidad, para ayudar a financiar la economía europea
y las urgentes inversiones en industria, tecnología, innovación e inteligencia
artificial, digitalización medio ambiente, Defensa y Seguridad.
España, a
través del ministro de Economía, acaba de apoyar esta propuesta de
que Europa emita eurobonos y compita con los bonos USA por el ahorro mundial.
Actualmente, el desequilibrio es escandaloso: hay 1 billón de euros en deuda
europea y 33 billones de euros en deuda USA. Si Europa se lanza a este
mercado y emite deuda, ayudaría a potenciar el papel internacional del euro
y podría captar esas inversiones que ahora buscan salirse de la deuda USA,
porque tiene un volumen peligroso y por la política insensata de Trump. Y el
BCE cree que el
euro digital sería otro elemento clave, mientras plantea la
necesidad de que Europa integre de verdad sus mercados de capitales, algo que
no existe hoy. Y todo ello, para dar un empujón a la economía europea,
para que pueda competir mejor en el futuro frente a EEUU y China, con más financiación
y una moneda fuerte.
En resumen, que la locura económica y política de Trump se
traduce en una depreciación del dólar, que beneficia a la competitividad de
EEUU pero perjudica a las empresas europeas y a las exportaciones y al turismo español.
Pero Europa puede aprovechar la coyuntura para fortalecer el
papel internacional del euro, como moneda de reserva y de pagos,
lo que exige avanzar más rápido en el euro digital y que Europa
emita deuda, eurobonos, para captar inversiones internacionales que nos
ayuden a dar un salto económico frente a USA y China. Es hora de tomar medidas
monetarias y financieras para aplicar
el Plan Draghi y asegurar el futuro económico, financiero de seguridad
de Europa, algo que han discutido la semana pasada los líderes europeos en
Alemania sin
lograr acuerdos concretos. Despierten y afronten que el mundo ha
cambiado y que los europeos debemos reaccionar y actuar.
El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar. Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos (cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro la paridad: costó menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025, tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse: de costar ese día 1,041 dólares ha llegado a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).
Etiquetas:
BCE,
depreciación dólar,
dólar,
euro,
euro digital,
euro fuerte,
eurobonos,
inflación,
pago tarjetas,
Trump,
VISA
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario