jueves, 10 de diciembre de 2015

Los españoles prefieren pagar en metálico


Diciembre es el mes de las compras y lo chocante es que la mayoría se pagan en metálico, aunque estamos en la era de Internet: el 84% de las compras se pagan en efectivo, lo que explica que seamos el país de Europa con más cajeros. Precisamente, los bancos van cobrar desde enero 2 euros por sacar dinero en cajeros a los no clientes, una medida que muchos creen que pretende acabar con el dominio del dinero en metálico, que no gusta al Gobierno (por el fraude fiscal) ni a los bancos (es más barato manejar el dinero online). Los expertos prevén que los pagos en metálico irán a menos y ya hay países, como Suecia, donde muchas tiendas no aceptar pagar “cash”. Esperan que crezcan los pagos online y con el móvil, donde Google, Apple y nuevas empresas compiten con los bancos y las tarjetas. Parece que el dinero quedará para coleccionistas. Pero, de momento, el "cash" manda en nuestras compras.
 

enrique ortega


La historia del dinero es casi tan antigua como nuestra reciente civilización. Tras largos siglos de trueque, en el año 9.000 a.C. se empezó a pagar con sal, especias, semillas de cacao y conchas, hasta que se acuñan las primeras monedas, en el siglo VII a.C., en el reino de Lidia (hoy Turquía), del que era rey Craso. Los romanos inventaron el cheque, pero hubo que esperar hasta el siglo VII de nuestra era para asistir a la primera impresión de billetes, en China (su uso oficial empezó en el año 802), billetes que no se imprimieron en Europa hasta 1661, en Suecia. Y en España, los primeros billetes se imprimieron en 1783, con Carlos III. Un largo camino que ha llevado al dinero “en metálico” a ser el gran protagonista de nuestras compras, en todo el mundo: el 85% de las transacciones y en el 60% de su valor se realiza en dinero contante y sonante, según un reciente estudio de la consultora PwC.

Sin embargo, el uso del dinero metálico varía mucho de unos países a otros: desde utilizarse en el 99% de las compras en África al 45% de las compras en Estados Unidos, pasando por el 66% en Europa, donde también hay muchas diferencias. De hecho, el dinero se usa menos que otros medios de pago en el norte de Europa (40% en Holanda, 41% en Suecia y Francia, 44% en Bélgica y 48% en Gran Bretaña), salvo en Alemania (67% pagos son en efectivo), y más en la Europa del sur, en especial en España: aquí se utiliza en el 84% de las compras, según el estudio de MasterCard Advisors 2013, y somos el cuarto país europeo con más uso del efectivo, tras Grecia (98%), Polonia (95%) e Italia (94%).

En España, el pago en efectivo lo utilizan el 100% de los españoles, mientras sólo el 90,8% usan la tarjeta de débito, el 85% los pagos por transferencia, el 76% hacen pagos con tarjeta de crédito y el 30% de españoles pagan ya online, según una encuesta de PwC. Con estas preferencias se obtiene que el 84% de los pagos en España se hacen en metálico, el 8% por domiciliaciones y transferencias, el 7% por tarjetas y el 1% por cheques, según datos del Banco de España. Esta preferencia de los españoles por el pago en efectivo puede tener dos razones. Una, el alto fraude fiscal, los muchos pagos que se hacen “en negro” y sin pagar el IVA (España es uno de los países europeos con más “economía sumergida”, casi un 25% del PIB). Y la otra, que a los españoles les gustan menos las tarjetas (por su coste y porque muchos comercios no las aceptan todavía) y no acaban de fiarse de pagar online.

Este gusto de los españoles por pagar “a tocateja” nos lleva a ir mucho al cajero, para tener efectivo con el que pagar. España tiene la mayor red de cajeros de Europa: 50.441 cajeros en 2015, 1 cajero por cada 920 habitantes. Y se hacen 905 millones de extracciones al año (2014), una media de dos veces al mes por cada español adulto. Esta enorme “dependencia” de los españoles del efectivo y los cajeros es utilizada por la banca para conseguir ingresos extras, cobrando comisiones a los que sacan dinero y no son clientes. Hasta ahora cobraban 0,75 euros de media por extracción (si era en otro banco de una red distinta) o 0,65 euros (si era en un cajero de la misma red del banco emisor de la tarjeta). Pero en marzo de 2015, la Caixa rompió las reglas y empezó a cobrar una segunda comisión de 2 euros directamente a los no clientes que sacaban dinero en sus cajeros, medida que iban a seguir los demás bancos en otoño. Pero el Gobierno intervino y sacó en octubre  un Decreto obligando a los bancos a cobrar sólo una comisión, no dos, por sacar dinero en cajeros de otros bancos.

Ahora, los bancos están ultimando su estrategia, pero todo apunta a que empezarán a cobrar en enero una sola comisión de 2 euros (entre 1,5 y 2 euros, pero luego aplicarán el máximo) a los bancos de los no clientes que saquen dinero en sus cajeros, comisión que luego los bancos repercutirán integra o en parte a sus clientes. Todo apunta a que los que saquen dinero fuera de su banco pagarán más que ahora y que la banca ingresará unos 100 millones extras por las nuevas comisiones, salvo que el Gobierno (en campaña) lo pare antes.

En cualquier caso, muchos interpretan esta subida de comisiones como un intento de la banca por acabar con el dinero en metálico: los cajeros les reportan comisiones, pero mover dinero tiene también un alto coste para la banca. Y desde luego, es mucho más barato moverlo online, con un simple apunte informático. Al Gobierno, a cualquier Gobierno, tampoco le gusta  el dinero metálico: es una gran fuente de fraude fiscal. Por eso, tampoco verían mal una subida de la comisión de los cajeros (aunque digan lo contrario por electoralismo). Y de hecho, Rajoy ha penalizado los pagos en metálico: desde el 19 de noviembre de 2012 están prohibidos los pagos en metálico superiores a 2.500 euros de un particular a un profesional o a una empresa y entre empresas, medida que intenta frenar los pagos “en negro” y sin IVA. Hacienda pone multas del 25% de los pagos ilegales, aunque el particular infractor se puede librar de pagar la mitad de la multa si lo denuncia. Y sólo en 2014 hubo casi 5.000 denuncias.

Como vemos, los españoles seguimos agarrándonos al pago en efectivo, incluso cuando están prohibidos. Pero en el resto de Europa y del mundo, la tendencia es que el dinero en efectivo se usa cada vez menos. Y hay países, como Suecia, donde ya hay tiendas que no aceptan pagos en cash. Los expertos creen que esto pasará cada vez más y que vamos hacia un mundo sin dinero, algo que muchos expertos defienden porque reduciría los negocios ilegales (droga, prostitución, armas), la falsificación y sobre todo el fraude fiscal internacional, quitando fuerza al crimen organizado, una lacra económica que mueve ya 3 billones de dólares al año, un 22% del comercio legal, según datos del Foro Económico Mundial.

Dinero seguirá habiendo, pero menos. Y también se espera que bajen los pagos por tarjeta (inventados en 1950 por Diner´s Club, en EEUU), que han aumentado en el mundo los últimos años por el tirón de los países en desarrollo, que se están sumando a los pagos con plástico mientras caen en los países ricos, donde los pagos con tarjeta suponen el segundo medio de pago, con un peso del 9,1%, que es muy elevado en Estados Unidos (38,8% de las compras), menos en Europa (12,7%), algo más en Asia (24,8%) y muy escaso en Latinoamérica (3%) y África (1%), según un estudio de PwC.

En España, se paga con tarjetas de crédito sólo el 7% de las compras. En verano había 68,25 millones de tarjetas (43,64 millones de crédito y 24,61 millones de débito), 8,15 millones menos que en 2008, antes de la crisis, según el Banco de España. Hay menos tarjetas, pero se usan bastante: se hacen 72 compras y un gasto de 3.360 euros por segundo, 105.854 millones al año pagados con tarjeta. Pero los españoles usamos las tarjetas menos que la mayoría de europeos: 52 compras al año por persona (una a la semana, frente a 79 compras en la UE-28, según el BCE. Los que más compran con tarjeta son los nórdicos (230 compras los suecos, 224 los daneses, 167 los británicos, 130 los franceses y sólo 39 los alemanes) y los que menos los europeos del sur (4 compras los búlgaros y rumanos y 7 los griegos).

En general, Europa está retrasada en el uso de las tarjetas respecto a EEUU: se usan para hacer el 12,7% de los pagos, frente al 38,8% en EEUU, según PwC. Por eso, el BCE quiere fomentar su uso, como un instrumento de pago “eficiente, seguro y fiable”. Y la Comisión Europea lleva desde 2009 peleando con VISA y MasterCard (les ha abierto varios expedientes) para que bajen las comisiones que cobran por el uso de las tarjetas. Y en abril de 2014, el Parlamento europeo aprobó un Reglamento que regulará las comisiones máximas de las tarjetas, como hicieron antes EEUU, Canadá o Australia: será de un 0,3% máximo para las tarjetas de crédito y un 0,2% para las tarjetas de débito. El Reglamento y las nuevas comisiones entrarán en vigor en Europa en 2016.

Pero el Gobierno Rajoy quiso adelantarse y aprobó en junio de 2014 estas nuevas comisiones europeas, que entraron en vigor en julio de 2014. Con ello, las comisiones de las tarjetas de crédito, que eran de las más altas de Europa, bajaron del 0,74 de media al 0,30%, y las de débito, que estaban en el 0,30% (mínimo 0,32 € por operación) pasaron al 0,20% (y 0,07€). Una buena noticia para los comerciantes, que siempre se han quejado de que las altas comisiones eran la causa de que las tarjetas se utilizaran poco en España, sobre todo en los pequeños pagos, que tenían comisiones abusivas (25 céntimos por un pago de 3 euros). Sin embargo, los consumidores no tenemos motivos de satisfacción, según ADICAE. Primero, porque los comercios se han quedado con la rebaja de la comisión en las tarjetas y no han bajado precios. Y sobre todo porque los bancos, que ahora ingresan menos, han tratado de resarcirse subiendo el coste y la anualidad por tarjeta a sus clientes.

El caso es que las compras con tarjeta crecen poco y el número de plásticos cae año tras año. Por un lado, eso se debe a que todavía hay muchos comercios y negocios que no las aceptan, por su elevado coste (del TPV y la comisión) y sus riesgos: de hecho, sólo el 39% de las empresas que facturan entre 1 y 100 millones de euros aceptan tarjetas (en 2010 eran el 22,7%), según un reciente informe de MasterCard. Y a los usuarios les sigue preocupando la seguridad (aunque las tarjetas con Pin ya no pueden clonarse) y su alto coste, no sólo la anualidad del banco sino el altísimo coste que tiene aplazar los pagos (se pagan intereses por lo pendiente) y las tres comisiones que se pagan por un descubierto.

Cara al futuro, los expertos creen que el pago con tarjeta irá a menos en todo el mundo (como el pago en metálico) y que en unas décadas la mayoría de los pagos se harán online, sobre todo a través de los móviles inteligentes. Ya hoy, el 21,7% de los españoles realiza pagos a través del móvil, la cuarta parte a través de “monederos virtuales” (wallets), el medio de pago que más crece en todo el mundo. A nivel global, la pelea está entre Google Wallet  y Apple, que en octubre 2014 sacó en USA su canal Apple Pay, mientras también se han sumado a esta batalla (no en España todavía) Samsung Wallet y PayPal , que domina desde el año 2.000 los pagos a través de Internet, con 162 millones de cuentas activas en 203 países (4 millones de cuentas en España). La banca trata de reaccionar y no perder los pagos vía móvil, con propuestas de BBVA Wallet (1 millón de descargas en 4 países) y la Caixa Wallet, sobre todo. Y tampoco quieren perder un trozo de pastel las operadoras de telecomunicaciones, con propuestas como Yaap (Telefónica) o YvPay (bancos), a las que acaba de sumarse con fuerza Vodafone Wallet, que permite pagar por móvil con cualquier tarjeta. Y además proliferan las propuestas de pagos entre particulares (los usan el 5,4% de españoles), como Paym o Pingit . Y también están las propuestas de pago a través de las redes sociales (Facebook y Twitter).

Todavía son fórmulas de pago incipientes, que necesitan un mayor conocimiento, más seguridad y un mayor desarrollo. Pero parece claro que con el auge de Internet y los móviles, el pago del futuro será online, aunque necesitan mejorar la tecnología y la seguridad, con el respaldo (y la competencia) de bancos, gigantes tecnológicos y telecos. Será una auténtica revoluciónen los medios de pago, a costa de las tarjetas y el dinero metálico, que pasará a ser un recuerdo para coleccionistas. Pero eso, aún tardará: el dinero se resiste a morir.

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