El 1 de enero vivían en España 10 millones de
personas nacidas en el extranjero, frente a 1,4 millones el año 2.000
y los 7 millones de 2020. Un aluvión de extranjeros que la
derecha rechaza pero que han evitado el colapso del país, porque los
nacidos en España caen desde 2012. Los nacidos fuera son ya el 21,35% de los
trabajadores y eso ha aumentado cotizaciones, ingresos fiscales y el
consumo: entre 2022 y 2025, casi la mitad (el 47%) del
crecimiento español ha sido por los inmigrantes, que además usan
menos la sanidad y otros servicios públicos. Y como la población autóctona
seguirá cayendo, seguirán llegando extranjeros: serán el 35% de la población
en 2050. Por eso, el Gobierno ha aprobado una regularización (residencia)
para 500.000 inmigrantes que ya están aquí e intenta ordenar la entrada
legal de inmigrantes (la inmigración ilegal cayó un 42% en 2025).
Ahora, el reto es integrar a esta quinta parte de la población, por
justicia y por economía. Los necesitamos. Enrique Ortega
España era, el siglo pasado, un país de
emigrantes: en 1970, 2,4 millones de españoles trabajaban en Europa y
el resto del mundo, mientras aquí sólo vivían unos 250.000 extranjeros. Con el
fuerte crecimiento de los años 90, volvieron los españoles y llegaron más
extranjeros, hasta 1.472.458 habitantes nacidos fuera en el Censo del
año 2.000 (el 3,63% de la población). A partir de ahí, los extranjeros
han crecido mucho, en dos oleadas, según
los datos del INE. La 1ª oleada de inmigrantes se produjo
entre 2003 y 2009, año en que ya había 6.466.278 extranjeros en España
(el 13,83% del Censo). Con la crisis financiera y europea, la cifra de
inmigrantes se estancó, hasta 6.753.098 en 2019 (el 14,36% de la
población). Y a partir de ahí, tras la pandemia y el posterior crecimiento, se
produjo la 2ª oleada de inmigrantes, pasando de 7.231.195 habitantes
nacidos fuera en 2020 (el 15,23%) a 10.004.581 extranjeros censados
el 1 de enero de 2026 (el 20,18% de la población), según
el INE.
Así que la población española nacida fuera se
ha multiplicado por 6,8 veces en este siglo, pasando de ser 1 de cada
27 habitantes a 1 de cada 5. ¿Quiénes
son? El 51% son mujeres y la mayoría jóvenes (dos tercios
tienen entre 25 y 44 años), sobre todo de Marruecos (1,17 millones), aunque últimamente
crecen más los latinoamericanos: 980.000 de Colombia, 690.000 de Venezuela,
470.000 de Ecuador, 450.000 de Argentina y 430.000 de Perú, además de los
520.000 rumanos. Y donde hay más población extranjera es en Baleares
(el 27,7% en 2024, cuando la media nacional era el 18,65%), Cataluña
(23,8% de los habitantes, frente al 10,6% en 2004) y Madrid (23,8% frente
al 13,1% en 2004), Canarias (22,6%), Comunidad Valenciana (22,5%
frente al 11,3% en 2004) y Murcia (19,5% frente al 11% en 2004). De
estos 10 millones nacidos fuera de España, 3 millones tienen ya la
nacionalidad española (doble nacionalidad).
La llegada de esta población “extranjera” ha evitado un
colapso económico en España, porque han suplido la
caída de la población española, que sucede desde 2012, porque hay
menos nacimientos (por la baja natalidad: 1,10 niños por mujer, cuando
hacen falta 2,1 para garantizar el reemplazo generacional) que muertes.
Así, en 2011 se produjo el máximo de población nacida en España (40.512.654
habitantes), una cifra que cae después año tras año, hasta los 39.566.144
habitantes nacidos en España en
el Censo de 2025: casi 1 millón menos de habitantes autóctonos
(-946.510), por el desplome demográfico.
Precisamente, la llegada masiva de inmigrantes ha
permitido cubrir con creces esta caída y conseguir que la población total de
España crezca: de 47.190.493 habitantes en 2011 a 49.570.725 habitantes
el 1 de enero de 2026, según
el INE. Y eso ha permitido que España aumente su mano de obra
disponible, la base del fuerte crecimiento tras la pandemia. Así, la
población activa (personas que trabajan o buscan trabajo) ha aumentado en
1.781.600 personas en los últimos 6 años (2020-2025), pero de ellos, sólo 152.000 nuevos
activos son nacidos en España: el 91,4% restante son nuevos activos nacidos
fuera (1.628.700).
Esta mayor fuerza laboral ha permitido el fuerte crecimiento
de la economía, mayor que en Europa, y la creación de 2.496.400 empleos en
estos 6 años, el 40% de todos los empleos creados en Europa. Y dos
terceras partes han sido para trabajadores nacidos fuera de España: 1.614.700 empleos
han sido para extranjeros (1.106.600) y para foráneos con
doble nacionalidad (508.000), mientras los nacidos en España consiguieron
881.700 nuevos empleos. La
mayor parte de este nuevo empleo “extranjero” ha sido para jóvenes y
personas de mediana edad, con poca formación, que trabajan en la hostelería, la
construcción, el comercio, empleadas de hogar y en los cuidados, con
contratos más precarios y menores sueldos que los trabajadores nacidos en
España.
Tras estas ganancias de empleo, trabajan en España
22.463.300 personas (diciembre 2025), de los que 17.666.400 son
empleados nacidos en España (el 78,6%) y 4.796.800 son trabajadores
nacidos fuera de España (3.575.900 extranjeros y 1.220.900 con doble
nacionalidad), el 21,3% de los ocupados (eran el 14,86% en 2008), según
la EPA. Un colectivo de trabajadores “extranjeros” que sufre múltiples
discriminaciones laborales, según
un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones: “se concentran
en profesiones con menor cualificación, peores condiciones, mayor temporalidad,
mayor riesgo de accidente, jornadas de trabajo más largas y peor remuneradas”,
dice textualmente.
Los datos lo corroboran. Por un lado, los salarios medios
de los inmigrantes (1.846 euros brutos) son un 26,4% inferiores
a la media salarial de los españoles (2.508 euros mensuales) y también menores
a los salarios de los trabajadores con doble nacionalidad (2.040 euros brutos),
según el decil de
salarios del INE. Y otros estudios señalan que los inmigrantes ganan un
29% menos que los nativos, la mayor diferencia en Europa, debido a que
tienen peores contratos y jornadas y a que trabajan en los sectores peor
pagados. Y la situación es peor para las
mujeres inmigrantes (el 51% de los extranjeros que llegan ahora), que
sufren una doble penalización laboral: por ser mujer y por ser inmigrante.
Además, los inmigrantes sufren más el paro: su tasa de desempleo es del
14,51%, frente al 9,01% los españoles.
Frente a la derecha y la extrema derecha, que culpan
a los inmigrantes de quitar empleos a los españoles, la realidad es que
la mayoría de los inmigrantes ocupan trabajos que los españoles no buscan o no
quieren (o donde los empresarios “prefieren” contratar a inmigrantes para
ahorrarse costes). Y la realidad no es sólo que los inmigrantes han permitido
aumentar el empleo y mantener el crecimiento, sino que además han sido claves
para aumentar los ingresos por cotizaciones sociales. Así, en diciembre de 2025
había
3.135.582 trabajadores extranjeros cotizando, el 14,9% del total de
afiliados a la SS (eran el 10,9% en 2019) y casi 1 millón más cotizantes que en
2019.Un balón de oxígeno para la SS, porque cada inmigrante cotiza
unos 4.000 euros anuales… Además, los inmigrantes pagan también impuestos
(pocos el IRPF, pero todos el IVA y los demás impuestos y tasas). Y gastan,
consumen.
Por todo ello, la llegada de estos 10 millones de
extranjeros y esos 4,8 millones que trabajan y cotizan han sido un motor
clave del crecimiento español estos años. Un
reciente informe de Funcas (Cajas) aporta un dato revelador: entre
2022 y 2025, casi la mitad del crecimiento español (el 47%) fue
gracias a la inmigración, que aportó el 4,26% del 8,9% que creció el
PIB esos 4 años. Un dato que refleja muy bien los efectos positivos de la
inmigración. Y añaden que también han sido decisivos para el “boom” del
turismo y el despertar de la construcción, además de ayudar a
frenar la inflación: el menor coste de esta mano de obra extranjera ha
evitado una mayor subida de precios en España.
Y además de ser el principal motor del crecimiento español, los
inmigrantes no han empeorado los servicios públicos, como revelan distintos
informes. En sanidad, los inmigrantes utilizan menos las visitas al médico de
cabecera, consultas y hospitalización, sólo algo más las urgencias (porque
sufren más accidentes laborales), según
un estudio del Ministerio de Inclusión, SS y Migraciones. Y otro estudio, de
la
Revista Clínica de Familia, señala que los extranjeros van menos al
médico de familia (78,4% frente al 82,9% los españoles), al
especialista (45% frente al 54,9%), a los hospitales (5% frente al 8,5%) y se
vacunan menos (34,2% frente al 56%) y se hacen menos mamografías (66,4% frente
al 82,8%), utilizando las urgencias como los españoles.
Sobre la educación, las familias inmigrantes concentran
a sus hijos más en centros públicos, porque los privados y concertados les “filtran”,
aunque no lo reconocen. Y suelen tener más problemas para integrarse en los
centros, lo que provoca un mayor abandono escolar temprano, según
el estudio de Migraciones: lo sufren un 31% de los alumnos inmigrantes frente
a un 11% los españoles. Y los inmigrantes se matriculan más en FP básica, pero
menos en FP de grado medio y superior, también en la Universidad. Además, los
inmigrantes sufren más los problemas de vivienda, porque tienen menos
pisos en propiedad y el 56% viven en alquiler. Y el 7,5% de los inmigrantes
viven en la calle, sin un techo, según ese estudio. Además, los inmigrantes suponen el
17,52% de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital (son el
20% de la población) y el 28,89% de las rentas de inserción autonómicas.
En el futuro, la población nacida en España va a
seguir cayendo (porque las mujeres españolas son madres más tarde y tienen
menos niños), según las
proyecciones del INE: los 39.566.144 habitantes actuales nacidos en
España (79,82% del Censo) caerán a 39.013.557 habitantes en 2032, a 37.046.757
habitantes en 2052 (el 70,42%), a 35.134.659 habitantes en 2062 (66,56%) en
2062 y a 33.591.148 habitantes nacidos en España en 2072 (el
63,52% del total). O sea, que entre 2025 y 2072, los nacidos en España serán
casi 6 millones menos…
Así que necesitamos que sigan llegando inmigrantes para
crecer y sostener las pensiones y los servicios públicos. La previsión del INE (hecha
en 2022) es que los nacidos fuera de España aumenten desde los 10.004.581 censados
de 2025 (20,18% de la población) a 11.725.081 censados en 2032, a
13.937.681 en 2042 y a 15.865.207 censados en 2052 (el 30% de la población entonces). Y
que sigan aumentado hasta 17.658.512 habitantes de fuera en 2062 a 19.295.222
censados nacidos fuera de España en 2072 (el 36,5% de la población).
Otra estimación,
del estudio de Funcas, proyecta 18,5 millones de habitantes “extranjeros”
en 2050 (el 35% de la población española dentro de 24 años).Y con
estos inmigrantes, la población total de España no dejará de crecer,
desde los 50 millones a finales de 2026 a 52,5 millones en
2050 y 52.886.370
habitantes para 2072.
En definitiva, que la población española sólo crecerá
y mantendrá el crecimiento y el empleo si los inmigrantes siguen llegado,
porque la población autóctona seguirá cayendo, un problema que tiene toda Europa. Por eso, las políticas contra los inmigrantes de la derecha
y la extrema derecha no son solamente injustas: suponen un “suicidio
económico”. Por eso, el Gobierno Sánchez está empeñado en mantener
el flujo de inmigrantes, aunque ordenando su llegada y luchando contra la
inmigración ilegal (con vigilancia y acuerdos con los paises emisores, como
Marruecos, Mauritania y los paises del Sahel), medidas que están dando fruto: en
2025, la inmigración ilegal cayó un -42,6%, hasta los 36.775
inmigrantes, según Interior.
Como se ve, la mayor parte de los inmigrantes
(+540.371 netos en 2025) no entran irregularmente (sólo el 6,8%), sino
que llegan como viajeros o turistas y se quedan ilegalmente. En estos momentos,
se estima que viven en España unos 800.000 inmigrantes irregulares, sin
papeles. El Gobierno acaba de aprobar una
regularización extraordinaria, para que puedan obtener la
residencia los que acrediten que vivían aquí al menos 5 meses antes de
diciembre de 2025 y carezcan de antecedentes penales, lo que podría beneficiar
a 500.000 inmigrantes irregulares (la mayoría mujeres). Esta sería
la 7ª regularización, tras las 3 de Felipe González en 1.986
(38.294 inmigrantes), 1.991-92 (114.423) y 1996 (21.294), las dos de Aznar, en
2000 (264.153) y 2001 (239.174) y la de Zapatero, en 2005 (576.506
inmigrantes). Para que se lleve a cabo, entre abril y junio, el Gobierno
tiene que conseguir aprobarla en el Congreso, donde votarán en contra
Vox y PP, con la duda de Junts.
La regularización
pretende “poner al día” a medio millón de extranjeros irregulares
que podrán conseguir una autorización de residencia por un año (y por 5 sus
hijos), para incorporarse después a las figuras de integración que contempla la
reforma
del Reglamento de Extranjería,
aprobada en 2024 y en
vigor desde mayo de 2025. Ahí se introdujeron cambios para
ordenar y flexibilizar la llegada legal de inmigrantes: concesión de
visados, autorizaciones de trabajo y residencia para actividades de temporada
(campo), contratación en los paises de origen, ampliación de los supuestos de
arraigo y reducción plazos (de 3 a 2 años), simplificación procesos
reagrupación familiar y flexibilización de los permisos de trabajo, para
favorecer la llegada legal de los inmigrantes que las empresas necesitan. Dos
estudios, uno de la Fundación La Caixa y otro
de la Universidad de Navarra coinciden en señalar que la anterior
regularización (ZP en 2005) “no produjo un efecto llamada” y que sus efectos
positivos sobre el empleo, los salarios y la recaudación superan a los posibles
efectos negativos.
No basta con regularizar a los inmigrantes
irregulares y canalizar mejor las llegadas. Los expertos insisten que urge
integrar mejor a los 10 millones de habitantes nacidos fuera que ahora
viven en España, porque sufren una discriminación laboral, salarial, de
vivienda, educación y atención social. Y esta
discriminación, además de injusta, tiene efectos
económicos negativos, penaliza la productividad, el crecimiento y los
servicios públicos de todos. De hecho, la discriminación global a los
extranjeros está haciendo perder al país 17.000 millones de euros, según
el informe del Observatorio español del racismo y la xenofobia. “Acoger
al que viene de fuera no es solo un deber, sino un paso para garantizar el
Estado del Bienestar”, señaló
Pedro Sánchez en 2024, al anunciar un Plan para la integración de los
inmigrantes, abierto a consulta pública en 2025 y pendiente de
aprobación.
En resumen, los inmigrantes no nos invaden ni nos quitan
trabajo o servicios públicos, sino que están sustituyendo a los
españoles que no nacen y permiten
que el país crezca y cree empleo y riqueza, cotizando a la
Seguridad Social y pagando impuestos. Si ya son 1 de cada 5 habitantes y para
2050 serán 1 de cada 3, no queda más remedio que ordenar su llegada e
integrarlos mejor, para que colaboren en la mejora del país. Los
necesitamos, pero en condiciones de más igualdad con los demás
españoles. Se lo han ganado.
A Trump le ha salido el tiro por la culata con
los aranceles. Por un lado, el déficit comercial de
EEUU con el resto del mundo aumentó un +2,1% en 2025, hasta 1,24
billones de dólares, una cifra récord. Y tanto España como el resto
de Europa aumentaron sus exportaciones globales en 2025, aumentando incluso
Europa sus ventas a EEUU (España las redujo). Con ello, Europa ha aumentado
su superávit comercial con USA (+199.630 millones de euros), aunque España
aumentó su déficit con EEUU (-13.458 millones). Quien sale ganando
es China, que alcanzó un superávit comercial récord con el mundo,
aumentando mucho sus ventas a Europa y España. Por otro lado, el Tribunal
Supremo USA ha rechazado los aranceles de Trump, quien ha reaccionado imponiendo
un arancel global del 10%, que tendrá que ser aprobado por el Congreso,
lo que aumenta la incertidumbre comercial en 2026. Por eso, urge
que Europa y España aprueben Planes para apoyar la exportación, motor
clave del crecimiento y el empleo.
Enrique Ortega
El anuncio de Trump, el 2 de abril, de imponer
aranceles al resto del mundo
no ha sido tan grave para Europa como se temía. Primero, porque la
medida se retrasó desde su anuncio (25%) hasta el acuerdo definitivo , el 27 de julio (15%), con entrada en vigor el 1 de agosto de
2025. Y eso provocó que los importadores USA anticiparan compras en la primera
mitad del año, con lo que las exportaciones europeas a EEUU aumentaron incluso
la primera mitad del año pasado y cerraron con una
subida anual del +4% (553.981 millones de euros). Y con ello, Europa
consiguió aumentar su tradicional superávit comercial
con USA, el primer año con aranceles, hasta +199.630 millones de
euros (+1,07%), según Eurostat.
El problema de Europa fue China, que forzada por el fuerte
aumento de aranceles de EEUU (donde sus exportaciones cayeron un 20% en 2025), buscó
aumentar sus ventas en otros mercados, sobre todo en Asia, África y
Europa. Con ello, las exportaciones chinas a Europa aumentaron un +8,4% y eso provocó un fuerte
aumento del déficit comercial de Europa con China (+17,2%), que alcanzó los -358.672,6
millones de euros, otro récord.
En resumen, que Europa ha conseguido superar el primer
año de los aranceles de Trump con un aumento de las exportaciones globales (+2%), tanto al propio EEUU como a
otros paises (ha aumentado un 6% el superávit comercial con Reino Unido, hasta +187.327
millones de euros), con lo que sigue manteniendo un elevado superávit comercial
con el resto del mundo, aunque se ha reducido algo (de +140.600 millones en
2024 a +133.500 millones en 2025), por el fuerte aumento del déficit comercial con
China, lo más preocupante de 2025.
España ha conseguido también superar la incertidumbre
del comercio mundial en 2025, aumentando sus exportaciones globales un +0,7%,
hasta vender fuera por valor de 387.091 millones de euros, según los datos de Comercio, la segunda mayor cifra de la historia (muy próxima
al récord de 387.599 millones exportados en 2022). Con todo, este aumento de
las exportaciones en 2025 (+0,7%) es menor al del conjunto de Europa
(+2,4) y al aumento de exportaciones en Alemania (+0,9%), Francia (+2,3%),
Italia (+3,3%) y Reino Unido (+3,2%). Sin embargo, lo que subieron mucho más
fueron las importaciones, las compras exteriores de España (+4,6%,
frente al +2,7% que crecieron en la UE-27), debido a que las empresas y
consumidores consumen e invierten más, la causa de que crezcamos más.
Este fuerte dinamismo de las importaciones españolas,
que crecieron 6,5 veces más que las exportaciones, ha disparado el déficit
comercial de España (la diferencia exportaciones-importaciones) hasta los -57.054,7millones de euros, un fuerte aumento del +41,65%. Una parte de
este mayor déficit se debe al comercio con EEUU: hemos cerrado el año
2025 con un déficit
comercial con USA de -13.458,4 millones
de euros, +34,4% que en 2024, básicamente por los aranceles (nuestras
ventas a EEUU cayeron un -8%, mientras les compramos un +7%). Pero el grueso de
nuestro déficit comercial no es con EEUU sino con China: -42.287 millones de euros, +12,14% que en 2024 y casi las
tres cuartas partes (74,11%) de todo nuestro déficit comercial. Y
eso pasa porque nuestras compras a China crecieron casi el doble (+11,2%) que
nuestras ventas allí (+6,8%).
Fuera del déficit con USA y China, España tiene superávit comercial con Europa (+43.247 millones), salvo con Alemania
(-8.229 millones), Paises Bajos (-7.485 millones), Rusia (-1.742
millones), República Checa (-1.648,3 millones), Hungría (-1.453,6
millones), Suecia (1.007,6 millones), Turquía (-431,2 millones), Austria
(-390 millones), Eslovaquia (-333,3 millones), Dinamarca (-100,3 millones) y
Luxemburgo (-73,5 millones). También tenemos déficit
comercial con Latinoamérica (-4.188 millones), básicamente por Brasil
(-5.226,4 millones) y Perú (-1.889 millones). Y respecto al resto del mundo,
destaca nuestro déficit comercial con Vietnam (-5.115,9 millones) y la India
(-4.082,3 millones), dos paises que ha visitado Sánchez para mejorar nuestras
exportaciones, así como con Japón (-2.448,4 millones) y Corea del Sur (-1.775,9
millones) en Asia. Y con
África tenemos también déficit comercial (-12.523 millones en 2025),
por las compras de gas y petróleo a Argelia (-4.167 millones de euros) y
Nigeria (-3847 millones). Y tenemos superávit comercial con
Oceanía (+1.400,7 millones).
En 2025, a pesar de los aranceles y la apreciación del euro (+14% frente al dólar, lo que encarece los
productos europeos), los exportadores españoles han conseguido vender
algo más (387.091,6 millones, +0,7% que en 2024), gracias al aumento de las ventas de bienes de
equipo (+0,8%), sobre todo maquinaria industrial, los productos químicos
(+5,2%), medicamentos (+14,3%), bienes de consumo duradero (+7,1%), electrónica
de consumo (+18,8%), alimentos (+4,1%) y juguetes (+37,7%), cayendo las
exportaciones de energía (-13,7%) y los automóviles y componentes (-7,1%).
Otro tema destacado en 2025 fue que los exportadores
españoles trataron de diversificar sus ventas, buscando nuevos mercados
para compensar las menores exportaciones a EEUU. Así ha crecido el peso de las exportaciones españolas a África (del 5,5
al 5,8% del total), a Asia (del 7,9 al 8,1), aumentando nuestras ventas
a Vietnam (+20,3%). Corea del Sur (+9,2%) y a China (+6,8%), a los paises UE
que no están en el euro (del 8,2 al 8,5% de las exportaciones totales), así
como las exportaciones al Reino Unido (+4,5%) y a Turquía
(+7,9%). También crecen las empresas que exportan regularmente
(46.230, +10,4% que hace 5 años).
Con todo, la exportación española debe seguir
diversificándose, tanto en origen como en los destinos. En origen porque el 75,6% de todas las exportaciones se
concentran en 6 autonomías (suponían el 74% en 2019): Cataluña
(26%), Madrid (13,8%), Andalucía (10,4%), Comunidad Valenciana (9,7%), Galicia
(8%) y País Vasco (7,7%). Y en destino, porque el 73,9% de las exportaciones españolas se
concentran en Europa (ha ido a más: eran el 71,4% en 2019). Además, son pocas
las empresas que exportan habitualmente (46.230 sobre más de 3 millones de empresas), concentrándose la exportación en las grandes
empresas (pocas pymes) y en sectores con poca tecnología y valor
añadido (salvo automóvil, maquinaria, material de transporte, industria
química y medicamentos, claves).
Ahora, 2026 se presenta como un año más difícil
para los exportadores españoles y del resto de Europa, básicamente
porque persiste la depreciación del dólar (Trump la apoya para mejorar la
competitividad de sus productos y encarecer los productos europeos) y porque
los aranceles están en marcha desde el 1 de enero, mientras en
2025 entraron en vigor en agosto. Además, hay otro factor preocupante: la
incertidumbre comercial, debido a que el Tribunal
Supremo ha anulado los aranceles de Trump (el 20 de febrero), aunque el
presidente ha reaccionado imponiendo
un arancel global del 10%, que luego subió al 15% y que finalmente ha dejado en el 10% (desde el 24 de febrero), un arancel algo menor del 15% que pactó con Europa (con otros paises impuso un tipo del 25 al 35%), pero cuya
aplicación es sólo por 150 días: pasado ese plazo, sólo se aplicará si lo
aprueba el Congreso USA.
Esta importante novedad en los aranceles abre
muchas incertidumbres que preocupan a los exportadores de todo el
mundo, en especial a los europeos. Primero, porque no se sabe si Trump va
a imponer más cambios ni lo que pasará dentro de 150 días. Segundo, que
aunque el
nuevo arancel global es del 10%, siguen los aranceles del 25% al automóvil
y del 50% al aluminio y al acero. Tercero, porque pueden abrirse múltiples
reclamaciones de importadores y exportadores para recuperar parte de los
200.000 millones pagados por aranceles a USA en 2025, lo que enturbia el panorama
de muchas empresas. Y respecto a Europa, la Comisión exige que Trump mantenga el acuerdo comercial de julio,
pendiente de aprobar esta semana por el Parlamento Europeo Este lunes, la Eurocámara ha decidido posponer la aprobación hasta que EEUU aclare los nuevos aranceles y el futuro del acuerdo. Mientras, Trump amenaza con nuevos gravámenes a los paises si "juegan" con la sentencia del Supremo.
Así que todo sigue en el aire estos días, con
lo que regresa la incertidumbre al comercio mundial, con los exportadores
españoles y europeos pendientes de la próxima “ocurrencia” de Trump, que va a
reaccionar seguro con nuevas medidas tras la derrota legal de sus preciados aranceles,
un elemento clave de su política: confiaba en ellos para recaudar miles de
millones de dólares, con los que compensar su bajada de impuestos a los más
ricos y a las empresas y su creciente déficit público y su deuda. Algo intentará, que no será bueno para Europa y que acabarán pagando los
exportadores. Y con ellos, el crecimiento y el empleo: el sector exterior mantiene
1 de cada 4 empleos en España (5,3 millones), según la propia OCDE.
Por todo ello, Europa debe mantenerse firme ante las
imposiciones de Trump y actuar con decisión por dos vías: fomentar
más el mercado interno (aumentando las ventas internas entre los 27) y diversificando
las exportaciones, buscando nuevos acuerdos comerciales como los alcanzados
con Canadá, Mercosur,
Indonesia y Corea del Sur. Es el caso del acuerdo
comercial firmado con la India el 27 de enero,
tras 18 años de negociaciones. Y, sobre todo, Europa tiene que reaccionar
ante la invasión de productos de China, un problema más preocupante incluso
que Trump y ante el que los paises europeos están reaccionado individualmente,
con acercamientos de Alemania, Francia o España, mientras la Comisión busca una negociación conjunta frente a un gigante que ya no se ve
como un enemigo comercial sino como un competidor con el que intentar
pactar.
Y además de estas medidas, la Comisión Europea y los gobiernos
de los 27 deberían avanzar más en la unión económica, comercial, financiera y fiscal de Europa,
para dar un salto competitivo que nos permita seguir siendo un continente con superávit
comercial con el resto del mundo, afrontando la competencia de China y EEUU.
Eso exige más inversiones, más industria y más innovación y tecnología. Para
conseguirlo, el informe Draghi proponía una inversión de 800.000 millones anuales, que
deben salir del Presupuesto europeo y de la emisión de deuda europea, para
competir con los bonos USA. Al final, las guerras comerciales son reflejo
de las economías, del potencial de cada continente y cada país. Y si
Europa quiere seguir liderando el comercio mundial de bienes y servicios, debe ponerse las
pilas, mejorar su competitividad y ayudar a los exportadores.
Y lo mismo España.
En 2025, los españoles batimos un récord de gasto en
alimentación (+5,8%): compramos algo más pero sobre todo hemos pagado más
por la subida de precios (+3,2%). Una subida que arrastramos
desde la pandemia: los alimentos han subido +38,5% desde 2020
a hoy, más del doble que los sueldos. Este consumo se concentra en los
super que ofrecen “marcas blancas”, en especial Mercadona, que copa
el 27% del mercado y que visitan el 93,2% de los compradores. Con
las subidas, las familias comparan más los precios y van más veces al súper
para hacer compras más pequeñas. Y pierden cuota los hipermercados,
mientras se recuperan las tiendas de barrio, no las
de alimentación. Ahora, los precios de los alimentos seguirán
altos, porque los fabricantes acaban de subir sus precios y por los
efectos del cambio climático: las fuertes lluvias de este
año han dañado muchas cosechas y acabaremos notándolo en subidas
de frutas, hortalizas, aceite, cereales y carnes. Con todo, comer será cada
vez más caro.
Los hiper pierden compradores y ventas, los supermercados ganan
2025 ha sido un año histórico para las
empresas de alimentación y gran consumo, que facturaron 131.000 millones
de euros, un +5,8% más que en 2024, no tanto porque hayan vendido más (+2,5%)
como por la subida de precios de lo que vendieron (+3,2%) , según
los datos de la consultora NIQ (antigua Nielsen). Todas las secciones vendieron
más, pero especialmente los alimentos frescos (las ventas subieron un
9,3% en valor), sobre todo huevos (+6,6%), frutas (+5,5%), carnes (+3,8%) y
verduras (+3,1%), aunque también aumentaron las ventas de productos
envasados (+4,3% en valor), sobre todo alimentos refrigerados y
congelados (+4,3% en volumen) y bebidas no alcohólicas (+3,1% en valor). Y
hubo un cambio en los consumidores, por las subidas en bares y
restaurantes: aumenta más el consumo de comida y bebida en el hogar que
fuera.
La alimentación es el 2º mayor gasto de los
hogares, tras la vivienda. En 2024 (último dato del INE), el gasto
medio de las familias españolas en alimentación fue de 5.391 euros, el 15,8%
del gasto total (39.944 euros), frente a los 4.286 euros que nos
gastábamos en 2019 (entonces era el 14,17% del gasto total), según la Encuesta de
Presupuestos Familiares. Y este peso de los alimentos ha subido más en
las familias con ingresos bajos (destinan el 19,4% de su presupuesto a
alimentación) y medios (gastan el 17,9% en alimentación) que en las
familias con más ingresos (gastan un 12% en alimentación), con lo que la subida
de precios y el mayor gasto en alimentación estos años se ha repartido
de forma desigual.
En 2025, el gasto medio en alimentación era ya de 6.259
euros por familia, según
la OCU, aunque varía mucho según el tamaño de la ciudad donde se viva (las
grandes ciudades son más caras). Y también varía mucho según dónde se
compre: la diferencia puede llegar a ser de 1.132 euros de media entre
los establecimientos más caros (Sánchez Romero, Supercor y Sorli Discau) y los
más baratos (Dani, Alcampo, Tifer y Family Cash), siendo esta diferencia mucho
mayor en Madrid y otras grandes capitales.
La fuerte subida de los alimentos estos años ha modificado
los hábitos de compra de los consumidores, según
el estudio de WorldPanel. Por un lado, casi el 70% de los compradores compara
precios antes de hacer la compra, visitando más tiendas y supermercados
(visitan hasta 6 establecimientos al año) y complementando compras en
varios sitios, según los precios. Por otro, siguen
ganando terreno las “marcas blancas” (los productos con marca
del súper, no del fabricante), que suponen el 45,6% de las ventas de la
gran distribución (eran el 32% en 2018). También ganan peso en las ventas las ofertas,
promociones (2x1 o 3x2) y las tarjetas de fidelización y descuento. Otra
tendencia que avanza es ir más veces a comprar (240 compras por
hogar en 2025) y hacer compras más
pequeñas cada vez. Y además, crecen mucho las ventas de platos
preparados en los supermercados: en 2025, los platos preparados facturaron
3.750 millones, un 11% más que en 2024.
La tendencia a comprar cada vez más “marcas blancas”,
generalmente más baratas, sigue haciendo crecer más a los
supermercados “de surtido corto”, frente al resto de supermercados
e hipermercados, que ofrecen marcas blancas y de fabricantes. Así, en 2025, el
supermercado que más cuota ha ganado es Mercadona
(+0,6%), que ya supone el 27% de todas las ventas de alimentación (más perfumería
y limpieza). Su crecimiento en 2025 se ha apoyado en el aumento de las grandes
cestas (el 30%), las ventas en libre servicio de pescado y marisco, el aumento
de ventas de perfumería e higiene (+11%) y sobre todo el tirón de sus platos
de comida preparada, que supera en facturación (19% del total) a los bares
y restaurantes. Lo más llamativo de Mercadona no es sólo que venda más de la
cuarta parte de los alimentos que se compran en España sino que además, un
93,2% de los compradores visitan sus tiendas y un 29% son fieles y acostumbran
a comprar en Mercadona.
Junto a Mercadona, los
grandes súper “de ciclo corto”, que basan su negocio en marcas blancas son la
cadena alemana Lidl (6,9% de cuota, +0,5% que en
2024), que se consolida en las grandes cestas por sus precios y tarjeta de
fidelización, Dia (3,8% de cuota, +0,1%), que se consolida como
cadena de referencia en proximidad, con muchas ofertas y promociones, y la
alemana Aldi (2% de cuota, +0,2%), la que más ha crecido en
compradores. También son importantes los
supermercados regionales, que concentran un 18,5% de cuota
(+0,4% en 2025), destacando Consum (3,6% de cuota, +0,2%), con
gran penetración en Levante y Cataluña, junto al Grupo IFA (9,9% de cuota,
igual que en 2024), BonÁrea, BM, AhorraMas, Dinosol, Bonpreu, Lipa o Alimerka,
cuya mayor ventaja es la cercanía, la oferta de
alimentos frescos y la buena relación calidad/precio.
Dentro del Top
10 hay 3 hipermercados que han perdido cuota o se han
estancado en 2025. El mayor, Carrefour, el 2º gran distribuidor
tras Mercadona (3 veces mayor),con una cuota del 9% (-0,7% que en 2024).
Le sigue Alcampo, el puesto 7º del ranking, con una cuota del 2,8%
(por debajo de Lidl, Dia y Consum), que ha perdido un 0,2% en 2024. Y el
tercero, el Grupo Eroski, el 4º en el ranking, con un 4,3% de cuota
(la misma que en 2024). En los tres casos, no consiguen ganar clientes y cuota,
básicamente porque apuestan menos por
las marcas blancas, aunque tratan de abrir tiendas de proximidad y mejorar sus
ofertas. Hay un cuarto hipermercado, la
cadena norteamericana Costco, que lleva 10 años en España
(acumulando 150 millones de pérdidas), operando con almacenes gigantes (en
Madrid, Bilbao, Sevilla y Zaragoza), donde vende productos en formato mayorista
(y carburantes), cobrando por ser socio (tiene 750.000, que pagan 36 euros al
año).
Junto a estas grandes marcas de la distribución, están
cogiendo fuerza unos nuevos operadores, los
súper “ultra low cost”, que venden los alimentos y productos
que otros rechazan (porque tienen una caducidad próxima, con defectos o
excedentes de los fabricantes), lo que les permite ofrecer fuertes descuentos,
del 50 al 80%. El mayor operador es PrimaPrix, con 3,5 millones
de compradores en 2025 , que facturó 350 millones en 2024 en sus 280 tiendas, con
35 nuevas aperturas anuales. El otro grande es Sqrups, que tiene una
oferta variable según los fabricantes. Facturó 29,5 millones en 2025 en sus 121
tiendas y aspira a tener 1.000 tiendas en 2033. Ambos aprovechan la 2ª vida
de productos que no tienen otra salida, a precios superbajos, que cada vez
atraen a más compradores.
Y quedan las tiendas tradicionales de barrio,
que se hundieron tras la pandemia y el auge de las marcas blancas y las ventas
online, pero que parece que se están recuperando y ganan
terreno, aunque no las de alimentación, cuyas ventas crecen menos
que los super, empujadas por la cercanía y los productos frescos, pero con
dificultades para competir ante la subida de precios, costes y alquileres.
Una novedad importante en el mercado de los alimentos y
grandes distribuidores es que las
grandes industrias les han subido los precios, un +0,1% de media el
1 de diciembre, por primera vez desde julio de 2024, según el índice de
producción industrial del INE. La industria alimentaria justifica esta primera
subida a los distribuidores en que están bajando sus márgenes
(del 6,8% en 2024 al 6,1% en 2025), mientras los distribuidores (super a
híper) han subido sus márgenes a un máximo histórico (5,8% en 2025,
frente al 5,2% en 2024 y el 3,8%, el margen mínimo de 2013), según el Observatorio de
márgenes empresariales. De hecho, la asociación de consumidores CECU acaba de denunciar ante la Comisión de la Competencia (CNMC) la subida de estos márgenes de los supermercados, acusándoles de "oligopolio" y prácticas abusivas para "inflar el precio de los alimentos".
Los que no suben márgenes son los que producen
los alimentos, agricultores y ganaderos, que se quejan de que ellos
cobran poco y la industria y los distribuidores encarecen los alimentos.
Eso se comprueba en los índices de precios que publica mensualmente la
organización agraria COAG, los IPOD.
En el último (enero 2026) se comprueba que los productos agrícolas
multiplican su precio 3,76 veces entre el campo y el súper. Y los productos
ganaderos, 3,38 veces (ver
cuadro de alimentos). Cito algunos ejemplos (enero 2026). El ajo pasa
de 1,30 euros/kg que le pagan al agricultor a 7,87 euros que nos cobran en la
tienda (+505%). La patata, de 0,35 a 1,91 euros/kg (+446%). La naranja,
de 0,32 a 1,82 euros/kg (+469%). El plátano, de 0,48 a 2,33 euros/kg
(+385%). La carne de ternera, de 7,70 a 23,85 euros/kg (+210%). El pollo
de 1,03 a 3,52 euros/kg (+242%). Y el cerdo, de 1 a 6,75 euros/kg
(+568%).
El problema de los alimentos es que no podemos
prescindir de ellos, aunque muchas familias han cambiado su dieta
y consumen menos frutas, verduras, carnes y pescados, lo más caro. Y
sobre todo, que suben cada año, acumulándose unas subidas imposibles.
Así, los alimentos han subido un +38,5% entre enero de 2020 y enero de
2026, según
el INE. Una subida que es muy superior a la del IPC (+22,4% en estos
6 años) y que supera a la subida de las bebidas (+25,5%), a los gastos de
vivienda (agua, electricidad, gas y otros consumos: +25,7%), el transporte
(+15%) y los restaurantes y hoteles (+28,4%). Y una subida de los alimentos que
duplica con creces la
subida de salarios estos 6 años
(+17.15%).
Ahora, en 2026, se espera que los alimentos sigan subiendo más
que el IPC, lo que obliga a los consumidores a seguir comparando
precios y a buscar ofertas y promociones, comprando menos productos frescos y
más envasados (menos sanos), también más platos preparados. Y si los
fabricantes y la industria siguen subiendo precios este año, los super e
hiper nos trasladarán estas subidas a los consumidores. Además, el
clima no ayuda: las fuertes
lluvias de enero y febrero han dañado muchas cosechas, lo que se traducirá
en los próximos meses en subidas extras en algunos alimentos: aceite,
cítricos, hortalizas y frutas, huevos, carnes y cereales. De hecho, tres
productos que han subido mucho (el café, el chocolate y los piensos para
el ganado) se deben a problemas climáticos en paises productores (Brasil y
Vietnam para el café, Costa de Marfil y Ghana para el cacao) o a la guerra de
Ucrania (cereales y piensos). Y esa emergencia climática nos traerá nuevas
subidas de alimentos en 2026.
Cara al futuro, el precio de los alimentos va
a seguir oscilando con la demanda y las épocas del año (en verano y Navidad
siempre serán más caros). Y seguirá a fondo la guerra de precios,
en muchos casos a costa de un deterioro de la calidad de los productos y de
“trampas” (como vender productos al mismo precio pero con menos peso o
volumen). Pero lo más preocupante es que la crisis climática afecta muy
negativamente a la cesta de la compra, porque las olas de calor, la
sequía, las heladas o el granizo y las inundaciones deterioran las cosechas y
fuerzan a subir los precios de los alimentos, sobre todo los productos frescos.
Así que ya lo saben: comer
y beber será cada vez más caro y de peor calidad, mucho
importado. Y dado que la alimentación es nuestro 2º mayor gasto, este
encarecimiento de la comida afectará cada vez más a nuestros bolsillos y
será clave en los vaivenes mensuales de la inflación. Es lo que hay.
Conocemos bien el auge de la sanidad privada y de la enseñanza
privada en colegios y Universidades, sobre todo en las autonomías
gobernadas por el PP. Se conoce menos la privatización de la Formación
Profesional (FP): un tercio de los alumnos estudian en España
en centros privados, ante la falta de plazas y cursos atractivos en los
centros públicos (faltan más de 100.000 plazas).La FP en centros
privados ha crecido el doble que la pública, sobre todo los cursos a
distancia (online) y tiene un mayor peso en el País Vasco
(43,8% alumnos presenciales en la privada), Madrid (37,6%), Aragón
(35,9%), Cataluña (35,9%) y Andalucía (33,1%). La gran demanda de
FP, porque permite encontrar trabajo mejor, ha atraído al sector a muchas
empresas (1.020 sólo en Madrid) y Fondos de inversión, que en
ocasiones ofrecen “chiringuitos” educativos sin calidad. Por eso,
el Gobierno anuncia un Decreto para reforzar las exigencias a los centros
privados de FP y evitar “chiringuitos”, un Decreto similar al aprobado para
frenar las Universidades privadas.
Enrique Ortega
El salto de la Formación Profesional (FP) en
España durante los últimos 15 años ha sido espectacular, con más del
doble de alumnos estudiando. Así, en el curso 2010-11 había 582.576
alumnos estudiando FP (el 7,5% de todos los estudiantes no universitarios)
y en la década siguiente, en el curso
2021-2022, ya superaban el millón (1.027,367 estudiantes, el
12,4% de todos los alumnos no universitarios). Y han seguido creciendo, hasta
alcanzar en este
curso 2025-26 la cifra de 1.218.347 alumnos en Formación
Profesional (el 14,69% de todos los estudiantes no universitarios), la
enseñanza que más crece.
Los estudios de FP se
reparten entre 4 niveles. El primero, la FP Básica (86,124
alumnos este curso), formación profesional reglada y gratuita de dos años
de duración, diseñada para jóvenes de 15 a 17 años que no han finalizado la ESO
y desean aprender un oficio. Permite obtener un título profesional básico y el
título de Graduado en ESO. El segundo es la FP de Grado Medio (479.864
alumnos este curso), una enseñanza postobligatoria de dos años (2.000
horas) que capacita técnicamente para un oficio. Dirigida a quienes finalizaron
la ESO o FP Básica, combina teoría con prácticas obligatorias en empresas. Al
terminar, se obtiene el título de Técnico, facilitando la inserción laboral o
el acceso a Grado Superior. El tercer nivel es la FP de Grado Superior (642.584
alumnos este curso), una enseñanza profesional de otros 2 años que ofrece el
título de Técnico Superior. Combina teoría y prácticas (FP Dual), enfocada en
alta inserción laboral y permite el acceso directo a estudios universitarios. Y
hay un 4º nivel, los Cursos de especialización (9.765 matriculados
este curso), una especie de “Masters de FP”, que permiten especializarse
(estudios de 300 a 900 horas) en áreas profesionales de alta demanda (inteligencia
artificial, ciberseguridad, IoT o energías renovables).
La FP se ha disparado en España porque muchos jóvenes
han visto que es una enseñanza que ayuda a encontrar empleo
(muchos estudios rozan el 90% de colocados) y porque ha servido para
“recolocar” a jóvenes que habían abandonado los estudios antes de acabar la ESO
o que no quieren estudiar Bachillerato (la FP “gana” al Bachillerato
desde el curso 2014-15 y este curso casi le duplica: 1,2
millones de alumnos en FP frente a 707.778 en Bachillerato). Estudiando FP
hay más hombres (53,5%) que mujeres (46,5%) y casi un 10% de los
alumnos son extranjeros (120.950 este curso). Y dos tercios de todos los
estudiantes de FP se concentran en las 4 autonomías más pobladas: Cataluña
(228.053 alumnos este curso), Andalucía (207.865 alumnos), Madrid
(180.581) y Comunidad Valenciana (134.859).
La mayor parte de estos alumnos de FP estudian
en centros públicos (el 66,1% en el curso 2024-25), aunque lo más
llamativo es el gran salto que han dado los alumnos de FP que estudian en
centros privados (33,9%), ya que la
FP privada ha crecido el doble que la pública, como demuestra este
estudio de CCOO. Este fuerte aumento de la FP en centros privados se debe a
la falta de plazas en la FP pública, que no ha sido capaz de
aumentar su oferta al ritmo de la fuerte demanda. Y además, los centros
públicos de FP ofrecen ciclos formativos más adaptados a los nuevos empleos, mientras mucha oferta de los centros públicos se ha quedado
obsoleta. Y también juega en contra de la FP pública que tiene demasiados
alumnos por clase y que en muchos centros hay problemas para hacer
prácticas, mientras los centros privados suelen estar más ligados a empresas
locales.
Otra razón que explica el auge de la FP privada, según el
estudio de CCOO, es que han apostado por ofrecer FP a distancia, online,
con menos costes y una gran demanda en zonas rurales y ciudades con poca oferta
de FP presencial (en la España “vaciada”), también porque hay menos controles y
exigencias. Por todo ello, lo que nació como una FP complementaria se ha
convertido en una oferta clave. Y una oferta que lideran las empresas
privadas: si en el curso 2018-19 la FP a distancia llegaba sólo a
87.418 alumnos (30.420 en centros privados), en el curso 2024-25, los alumnos a
distancia eran ya 223.300 (2,5 veces más) y la mayoría ahora estaban
matriculados en centros privados (128.971 alumnos, 4 veces más,
frente a 94.323 alumnos online en centros públicos).
El tirón de la FP en centros privados se ha
dado sobre todo en las autonomías con más crecimiento económico y más demanda,
un proceso también amparado por los gobiernos del PP, que no han reforzado la
FP pública. Así, en el
curso 2024-25 había 6 autonomías donde el porcentaje de alumnos
presenciales en centros privados de FP superaban la media española (28,4%
estudian en centros privados presenciales y un 33,9% si contamos toda la FP,
presencial y online): País Vasco (43,8% alumnos presenciales estudian en
centros privados), Madrid (37,6%), Aragón (35,9%), Cataluña (35,6%),
Andalucía (33,1%) y Cantabria (30,2% de los alumnos), según el
estudio de CCOO. Y sólo tienen un bajo porcentaje de alumnos en la FP privada
Canarias (8,7%), Castilla la Mancha (12%) y Extremadura (13,9%).
Esta fuerte presencia de la FP privada se concentra
en las autonomías con más demanda de los jóvenes y donde hay más déficit de
plazas públicas (Cataluña y Madrid), concentrándose además en las dos ramas con
más dinamismo, la FP básica y la FP a distancia. Pero hay otra razón: la FP
privada crece también porque ofrece
una serie de ciclos formativos más atractivos y tienen más
potencial de empleo, estudios que la FP pública apenas ofrece (por falta de
inversión en profesores y ciclos). El estudio
de CCOO cita las 8 titulaciones más atractivas que hacen crecer a la FP
privada porque no las ofrece o faltan plazas en la FP pública: Imagen para el
Diagnóstico y Medicina Nuclear, Radioterapia y Dosimetría, Higiene Bucodental,
Anatomía Patológica, Desarrollo Aplicaciones Multiplataforma, Desarrollo Aplicaciones Web, Educación Infantil e Integración Social.
La FP privada crece buscando la máxima rentabilidad
y para eso se concentra en las autonomías con más demanda (y menos plazas
públicas) y en las zonas rurales y ciudades desatendidas por la FP pública (con
la FP a distancia). Además, buscan concentrar su oferta en estudios ligados a
la industria e innovación (automoción, energía e industria) y a los
estudios más demandados. En Grado Medio, los estudios de Sanidad
(119.085 alumnos, el 50% en centros privados), Administración y Gestión (58.371 alumnos) e Informática y
Comunicaciones (51.235 alumnos). Y en Grado Superior, Sanidad
(108.428 alumnos, el 68% en centros privados), Informática y Comunicaciones
(96.215 alumnos, el 35% en centros privados), Servicios socioculturales
(77.920 alumnos,34% en centros privados) y Administración y Gestión
(76.306 alumnos, 29% en centros privados). Mientras, la FP pública dispersa sus
esfuerzos ofreciendo cientos de estudios, muchos obsoletos y con poca demanda.
La consecuencia de este auge de la FP privada es que las
familias de los estudiantes se ven obligadas a gastar en la formación de
sus hijos, que sería gratis (sólo Madrid y Cataluña cobran 800 euros en los
ciclos superiores de FP) si consiguieran una plaza en los centros públicos. En
los centros privados, el coste
de la FP básica y de Grado medio oscila entre 1.000 y 3.000 euros año
(por 2 años) y en Grado Superior y Especialización, el coste oscila entre
3.000 y 6.000 euros año (por 2 años), lo que retrae a muchas familias con
bajos ingresos (que son las que más apuestan por la FP) o las obliga a
endeudarse.
En definitiva, que la FP crece imparable, porque facilita
encontrar empleo, pero los centros públicos tienen pocas plazas (el
déficit supera las 100.000, la mitad en Madrid) y por eso crecen cada
año los centros privados, que anteponen la rentabilidad a la formación. Y
en muchos casos, según denuncia el estudio de CCOO, con menos exigencia y
controles educativos, sobre todo en la enseñanza a distancia. Así que la FP
ha empezado a ser “otro negocio más”, como la sanidad o la Universidad,
por el que están apostando empresas privadas y Fondos
de inversión, que llevan años desembarcando en España, con un volumen
de inversión en educación de 6.000 millones de euros solo en 2024.
El mayor inversor privado en la FP española es el
Fondo norteamericano KKR, que ha forjado un “imperio educativo en los
últimos años y facturó 174,5 millones en 2022. Opera a través de Educa Holdco y
tiene 17 empresas educativas en cartera, entre ellas Master D, la malagueña
Medac (la
compró en 2021 por 200 millones), Itep Formación, Implika Educación y
Obicex Formación. Otro Fondo, el suizo Crescendo compró el conocido grupo de
formación CCC. Otro gigante de la formación (no sólo FP) es E-Magister,
en manos de un Fondo que pertenece a Educaedu Group. En 2021, Invertindustrial
compró al grupo Planeta las firmas CEAC, Deusto Formación y Deusto Salud.
Otra empresa con cursos presenciales y online es Linkia Talentia, cuyo
accionista mayoritario es el Fondo Q Impact. Otra empresa con cursos de FP, Ilerna,
fue adquirida por el grupo francés Skill&You, propiedad del Fondo IK
Partners. Y Metrodora, que controla varios centros de FP tiene detrás al
Fondo Magnum Industrial Partners.
El problema de estos Fondos es que invierten en FP como
podrían hacerlo en inmuebles, hoteles o empresas tecnológicas, buscando un
beneficio rápido: tratan
de aumentar los alumnos y la facturación, para vender la empresa en unos años
con plusvalías. Por eso, muchos profesionales y expertos piden que se controlen
estas inversiones, dado que están ligadas a la formación y el futuro empleo de
nuestros jóvenes. CCOO
propone reforzar los controles y las auditorias a estos centros
privados de FP, siendo mucho más rigurosos en la autorización de nuevos
centros y ciclos formativos.
Al hilo de esta explosión de centros privados de FP, sobre
todo en Madrid (hay 1.020 empresas que ofrecen ciclos formativos de FP),
Cataluña, Andalucía, Comunidad Valenciana y País Vasco, el propio presidente
Sánchez acaba de anunciar , el 4 de febrero, que el Gobierno “impedirá
la entrada de centros privados de FP sin calidad”. Y para ello, anuncia que se
aprobará en dos meses un
Decreto para frenar la creación de “chiringuitos” en la FP, como se ha
hecho con las Universidades privadas. Su idea es exigir una serie de requisitos
para que se autoricen esos centros en el futuro, una normativa que no necesita
ser convalidada por el Parlamento. Eso sí, lo esperable es que el “Decreto
anti-chiringuitos” en FP sea recurrido ante los Tribunales, como han
hecho los gobiernos de Madrid, Extremadura y Aragón con el Decreto que
establece requisitos mínimos para la apertura de Universidades privadas.
Al final, nos enfrentamos a un problema serio:
la FP ha duplicado con creces sus alumnos pero crece sobre todo por el fuerte aumento
de la oferta privada, porque los centros públicos están faltos de recursos,
medios y profesores y no pueden atender la creciente demanda, lo que alimenta
los centros privados (y su negocio). Urge apostar por los Centros públicos
de FP, aportando recursos y modernizando su oferta, con el apoyo de las
empresas (prácticas en la formación dual). Y eso porque tenemos el
doble de paro juvenil (23,4%) que Europa (14,7%) y
menos peso de la FP, que debe seguir creciendo: en España, sólo el 39%
de los alumnos que han pasado la ESO eligen la FP, frente al 51%
en Europa y el 44% en la OCDE. Para ello, hay que apostar por la FP
pública, dejando la FP privada como complementaria. Es lo mismo que pasa
con la sanidad o el resto de la educación: hay que apostar por lo
público y no permitir que la salud o la educación se gestionen como un
negocio privado más.
El euro se ha fortalecido frente al dólar desde
que gobierna Trump, revalorizándose un +14%, más por la desconfianza
de los inversores en sus medidas que por la mejora de la economía europea, paralizada
(como sus líderes). Esta revalorización del euro (llegó a costar 1,20
dólares el 27 de febrero) tiene ventajas e inconvenientes para Europa.
Por un lado, abarata nuestras importaciones y la factura del petróleo y el gas,
rebajando la inflación. Pero un euro más fuerte encarece los
productos europeos, reduciendo las exportaciones y la competitividad de
nuestras empresas. Y encarece Europa a los turistas con
dólares. Pero la debilidad del dólar puede aprovecharse para aumentar el
uso del euro en el mundo, ahora que los inversores huyen del dólar y
los bonos USA. El BCE quiere lanzar el euro digital, para sustituir
el pago con tarjetas que controlan las norteamericanas VISA y Master
Card (gestionan 80% de nuestros pagos). También que Europa emita masivamente
eurobonos, para atraer la inversión mundial. Más protagonismo del
euro y de Europa.
Enrique Ortega
El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos
desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar.
Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando
algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida
perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos
(cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13
dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por
euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta
alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre
1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la
hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro
la paridad: costó
menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022.
Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria
en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025,
tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse:
de costar ese día 1,041 dólares ha llegado
a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).
Ahora, el euro cuesta algo menos (1,1871 dólares el viernes 13 de febrero), pero eso
supone una revalorización del 14% frente al dólar desde la llegada de Trump
a la Casa Blanca. Una revalorización del euro que no es mérito de
Europa sino demérito de EEUU, que está pagando así las
consecuencias de las locas políticas de Trump: los inversores
castigan sus polémicas medidas, sus ataques a la independencia
de la Reserva Federal (su Banco central) y también su abultado déficit
público (1,9 billones de dólares, el 5,8% del PIB, más del doble del
déficit español, del 2,5% del PIB) y su disparada
deuda (38,3 billones de dólares, el 101% de su PIB), que le obligan a
emitir demasiados bonos USA, depreciando los actuales. Todo ello, incertidumbre
y deuda, provocan que muchos inversores internacionales apuesten por reducir
su posición en dólares, vendiendo, lo que deprecia la moneda USA.
Además, muchos expertos creen que Trump
busca precisamente que el dólar se deprecie, para ayudar a las
empresas norteamericanas a exportar mejor sus productos y a vender mejor su
petróleo y su gas, aumentando el crecimiento USA, aunque sea a costa de más
inflación (porque la debilidad del dólar encarece los productos importados),
aunque todavía no se haya disparado la inflación, que cerró el año 2025
con una
subida anual del 2,7% (superior al objetivo del 2% y mayor que el
1,9% de inflación en Europa).
Ahora, se espera que
el dólar siga depreciándose en 2026 y llegue a cotizar a 1,25
dólares por euro, lo que supondría ya una caída del 20% desde que
gobierna Trump. A favor de nuevas caídas del dólar está la errática
política económica y comercial de Trump y la estimación de los expertos de que
el déficit público USA seguirá subiendo (por las rebajas de impuestos),
hasta los 3,1 billones de dólares en 2036 (el 6,7% del PIB) y también
la deuda USA (hasta el 120% de su PIB), niveles que preocupan mucho a
los inversores. Y en paralelo, aumentan los inversores que buscan
destinos alternativos a los bonos de deuda USA. Así, el
gobierno chino ha pedido a sus bancos, en febrero, que reduzcan su
exposición a los bonos USA, algo que llevan haciendo años: en 2025, China tenía
en cartera bonos USA por valor de 682.600 millones de dólares, el nivel más
bajo desde 2008. Y ahora son el tercer mayor inversor en bonos USA, tras Japón
(1,25 billones) y Reino Unido (885.000 millones), que también están reduciendo
sus inversiones en bonos USA, lo mismo que algunas de las grandes gestoras
de fondos norteamericanas, como Pimco o Amundi.
La depreciación del dólar y la consiguiente revalorización
del euro (+14% desde la llegada de Trump y hasta un posible +20% este año) preocupa
en Europa, porque tiene consecuencias positivas pero también
negativas .La principal ventaja de que el euro se revalorice es que se
abaratan las importaciones que se pagan en dólares, en particular la
energía (petróleo y gas) y todos los demás productos industriales y de consumo.
Esto ayuda especialmente a los paises como España, que importan más de
lo que exportan, pero no a Alemania, Francia, Italia, Bélgica o Paises Bajos,
paises
que exportan más de lo que importan. Con todo, un euro fuerte reducirá
la inflación en Europa, algo en principio positivo, pero no tanto ahora,
porque la inflación ya es baja (1,7%
anual zona euro en enero 2026) y eso puede debilitar más el bajo
crecimiento europeo, obligando al BCE a bajar más los tipos de interés (ya
bajos, en el 2%).
Pero la revalorización del euro tiene un grave
inconveniente: encarece los productos europeos (un 14% ahora y puede que
hasta un 20% después) y eso frena
las exportaciones europeas, uno de los motores del crecimiento europeo
(débil: +1,5% en 2025), lo que reduce la
competitividad de los productos y servicios europeos en el mundo. Y además, reduce
la llegada de los turistas que pagan sus viajes en dólares,
viajes que ahora son más caros (+14%), lo que afecta especialmente a España (un
16% de los turistas no son europeos).
En cualquier caso, con la depreciación del dólar se ha
acabado una época, un siglo de hegemonía indiscutible del dólar
como moneda de reserva y de inversión en el mundo. Sigue siendo la moneda
dominante, pero menos: acapara el 57,8% de las reservas de divisas mundiales
(frente al 72% en 1999), el 65,4% de la deuda internacional, el 52,2% de los
préstamos internacionales y el 57,2% de los depósitos, aunque todavía acapara
el 88,45% de las operaciones en divisas. Y han avanzado en las últimas décadas
el euro, el yen, la libra y sobre todo el yuan chino, con unos inversores y
paises que ahora reaccionan a la ruptura de la geopolítica mundial
diversificando inversiones y monedas.
En esta nueva realidad, el euro tiene más
posibilidades de ampliar su presencia internacional.
Actualmente, el
euro es la moneda común de 21 paises europeos (Bulgaria se sumó el 1 de
enero), que utilizan a diario 350 millones de europeos. Y la 2ª moneda
mundial, tras el dólar, con 60 paises (y 175 millones de personas) que
tienen vinculada su moneda (directa o indirectamente al euro). Además,
están en euros el 19,8% de las reservas mundiales (por delante del 5,5%
del yen japonés, el 4,9% de la libra y el 10,7% del resto de monedas, sobre
todo el yuan chino). Además, está en euros el 22,5% de toda la deuda mundial,
el 26% de los préstamos internacionales y el 23,3% de los depósitos, así como el
30,5% de las operaciones diarias en divisas. Y se emiten en euros la mitad
de los “bonos verdes” del mundo.
Ya en enero de 2021, la Comisión Europea aprobó una Estrategia
para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva
y de transacciones, proponiendo un abanico de medidas a medio
plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la
UE, desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros,
fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de
emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del
euro, pero todos los expertos creen que,
en
las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde
finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al
euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como
se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por
comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.
En cualquier caso, la Comisión Europea y el BCE creen
ahora que la depreciación del dólar y la política errática y disparatada de
Trump pueden ayudar a fortalecer el euro en el mundo. Y una de las
medidas en que más confían es promover
el euro digital, para conseguir una independencia estratégica del
sistema de pagos europeos, ahora muy dependiente de EEUU. El hecho es que los
pagos con tarjeta suponen un 39% de las operaciones en Europa (un 52% se hacen
en metálico, un 6% son pagos con móviles y el 4% son con otros medios) y estos
pagos están monopolizados por dos multinacionales USA, Visa y Master Card
(que controlan el 80% de las operaciones con tarjeta que hacen los
europeos). También otros pagos online que se hacen a través de Pay-Pal,
Google Pay, Apple Pay o Samsung. El BCE cree que con el euro digital, la
mayoría de los pagos podrían pasar a plataformas europeas.
Por eso, el BCE envió una carta al Consejo Europeo,
de cara a su reunión informal del jueves pasado, para que aceleren la llegada
del euro digital y no le pongan problemas, ni en la Comisión ni en el
Parlamento europeo y en los paises europeos, aunque el proceso está siendo
lento y el euro digital no se espera que sea una realidad hasta 2029.
Otra medida que propone el BCE, para promover el euro y
mejorar la economía europea es promover
emisiones de deuda en euros,
los famosos eurobonos, un
activo que hasta ahora no era bien visto por Alemania (“Europa no
tendrá deuda compartida mientras yo viva”, dijo
Angela Merkel en junio de 2012), Holanda, Austria y paises nórdicos, porque
temían un fuerte endeudamiento europeo que compitiera con su propia deuda. Pero
con la pandemia y las últimas crisis, la Comisión Europea ha roto “el tabú
de los eurobonos”, emitiendo deuda europea en tres ocasiones:
para financiar el Plan de recuperación de 2020 (Fondos Next Generation),
para financiar los proyectos de seguridad y compra de armas (SAFE) y para
financiar los créditos para Ucrania en 2026 y 2027. Pero son eurobonos
extraordinarios, de poco volumen. Lo que propone ahora el BCE es emitir
eurobonos en cantidad, para ayudar a financiar la economía europea
y las urgentes inversiones en industria, tecnología, innovación e inteligencia
artificial, digitalización medio ambiente, Defensa y Seguridad.
España, a
través del ministro de Economía, acaba de apoyar esta propuesta de
que Europa emita eurobonos y compita con los bonos USA por el ahorro mundial.
Actualmente, el desequilibrio es escandaloso: hay 1 billón de euros en deuda
europea y 33 billones de euros en deuda USA. Si Europa se lanza a este
mercado y emite deuda, ayudaría a potenciar el papel internacional del euro
y podría captar esas inversiones que ahora buscan salirse de la deuda USA,
porque tiene un volumen peligroso y por la política insensata de Trump. Y el
BCE cree que el
euro digital sería otro elemento clave, mientras plantea la
necesidad de que Europa integre de verdad sus mercados de capitales, algo que
no existe hoy. Y todo ello, para dar un empujón a la economía europea,
para que pueda competir mejor en el futuro frente a EEUU y China, con más financiación
y una moneda fuerte.
En resumen, que la locura económica y política de Trump se
traduce en una depreciación del dólar, que beneficia a la competitividad de
EEUU pero perjudica a las empresas europeas y a las exportaciones y al turismo español.
Pero Europa puede aprovechar la coyuntura para fortalecer el
papel internacional del euro, como moneda de reserva y de pagos,
lo que exige avanzar más rápido en el euro digital y que Europa
emita deuda, eurobonos, para captar inversiones internacionales que nos
ayuden a dar un salto económico frente a USA y China. Es hora de tomar medidas
monetarias y financieras para aplicar
el Plan Draghi y asegurar el futuro económico, financiero de seguridad
de Europa, algo que han discutido la semana pasada los líderes europeos en
Alemania sin
lograr acuerdos concretos. Despierten y afronten que el mundo ha
cambiado y que los europeos debemos reaccionar y actuar.