En 2025 volvió a subir la luz, como en 2024 y 2023, aunque el recibo no dio los sustos de 2022, tras la invasión de Ucrania. En el mercado mayorista en origen, el precio medio ha sido 65,52 euros MWh, una subida del +4,2% sobre el precio medio de 2024 (62,90 euros MWh), por el aumento del precio del gas en la primera parte del año y la subida de los costes del CO2, aunque han evitado una mayor subida las lluvias de primavera y el aumento de la generación fotovoltaica. A partir de este precio en origen, el recibo de la luz que pagan los consumidores con tarifa regulada (8,5 millones) ha subido +12%, hasta una factura media de 69,34 euros mensuales (frente a 61,88 euros en 2024 y 60,34 euros de 2023, muy lejos ambas de los 105,48 euros que pagamos en 2022), según la OCU. Y en cuanto a la calefacción, la media del recibo subió un 13% en 2025 (a 640 euros anuales).
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lunes, 19 de enero de 2026
Se dispara la pobreza energética
Enero está siendo un mes muy frío en toda España y
eso aumentará los problemas de las familias que tienen dificultades para
calentar su vivienda: 8,5 millones de personas sufren “pobreza energética”
en España, un 17,5% de la población, casi el doble que la media europea y el
triple que en 2008 (5,9%). Aunque el Gobierno ha aumentado las ayudas
a estas familias, con el bono social eléctrico y térmico, sólo las reciben
1,7 millones de personas, la quinta parte de los que tienen problemas
para calentarse y pagar la luz. Este año, la luz seguirá cara y lo mismo la
calefacción, por lo que el Gobierno ha prorrogado estas ayudas a las
familias en situación de pobreza energética. Pero la medida, que se incluye
dentro del Decreto de revalorización de pensiones y prórroga del “escudo social”
está pendiente de convalidarse en el Congreso y tanto la
derecha como Junts amenazan con no aprobarla. Urge tomarse en serio este grave
problema, que tantas familias no puedan pagar la energía. 8,5 millones de españoles sufren "pobreza energética"
En 2025 volvió a subir la luz, como en 2024 y 2023, aunque el recibo no dio los sustos de 2022, tras la invasión de Ucrania. En el mercado mayorista en origen, el precio medio ha sido 65,52 euros MWh, una subida del +4,2% sobre el precio medio de 2024 (62,90 euros MWh), por el aumento del precio del gas en la primera parte del año y la subida de los costes del CO2, aunque han evitado una mayor subida las lluvias de primavera y el aumento de la generación fotovoltaica. A partir de este precio en origen, el recibo de la luz que pagan los consumidores con tarifa regulada (8,5 millones) ha subido +12%, hasta una factura media de 69,34 euros mensuales (frente a 61,88 euros en 2024 y 60,34 euros de 2023, muy lejos ambas de los 105,48 euros que pagamos en 2022), según la OCU. Y en cuanto a la calefacción, la media del recibo subió un 13% en 2025 (a 640 euros anuales).
Ahora, en 2026, se espera otra subida del recibo de
la luz, aunque puede bajar en origen hasta un 12%, dado que los futuros prevén
un precio medio en el mercado mayorista de 56,70 euros MWh (que volvería a
bajar a 54,25 euros MWH en 2027), según estimaciones
de OMIP. Sin embargo, el recibo que pagamos podría subir este año.
A los que tienen tarifa reducida, por la subida de peajes (cargos
aprobados por el Gobierno) y, sobre todo, porque REE seguirá manteniendo “de
guardia” varias centrales de gas, para
evitar apagones, lo que supone un recargo
en la factura. Y los que tienen una tarifa “libre” (20
millones de consumidores) verán como en la revisión anual de tarifas le
suben, por estos cargos, al menos un 10%. Eso sí, la tarifa regulada del gas
para calefacción baja más del 5%.
En definitiva, pagar este año la luz y la calefacción será
caro, aunque puede haber algunos ahorros (ya también subidas si hay más
conflictos geopolíticos). Y como el invierno está siendo frío, todo apunta a
que la factura de la luz y la calefacción será un coste importante para
muchas familias, junto a los alquileres (o hipotecas), la alimentación
y el transporte. Por eso preocupa que aumenten las personas con problemas para
calentar su casa o pagar la luz: el pasado invierno (2024-2025), el 17,5%
de los españoles no pudieron calentar correctamente sus casas,
según
Eurostat. Eran más de 8,5 millones de personas con “pobreza
energética”, el
triple que en 2008 (entonces eran el 5,9% de la población).
España (con ese 17,5%) es el 4º país con más “pobreza
energética” de Europa, sólo por detrás de Bulgaria y Grecia (19% de
personas con pobreza energética) o Lituania (18%) y duplica la media europea
(9,2% de población con pobreza energética), según
Eurostat, quedando muy por delante de Alemania (6,3%), Francia
(11,8%), Italia (8,6%), Polonia (3,4%), Suecia (4,1%), Dinamarca
(4,4%) o Finlandia (2,7%), paises mucho más fríos que España. Además, 1
de cada 3 familias españolas tuvo que retrasar el pago de sus facturas
energéticas el invierno pasado, según otro Informe
sobre pobreza energética 2024. Y existe una “pobreza energética “oculta”:
un 15% de las familias tuvieron que recortar otros gastos básicos,
como la compra de alimentos, para pagar las facturas de calefacción.
Esta pobreza
energética en España es desigual, según
el estudio. Afecta mucho más a las familias que viven de alquiler (un 33%
sufren “pobreza energética”, casi el doble de la media española) que a los que
tienen su casa en propiedad (17,5% de pobreza energética). Y hay una gran
diferencia por autonomías: en Canarias y en las regiones más ricas
(Madrid, Cantabria, País Vasco, Navarra, la Rioja, Cataluña y Baleares) baja la
tasa de pobreza energética (al 9%) y sube en las más pobres (al 23% en Extremadura,
el 14,3% en Andalucía o el 12,3% en Murcia). Y además, preocupa el alto
porcentaje de la pobreza
energética “ severa” : un 9,35% de las familias (4,5
millones de personas) que dedican un porcentaje excesivo de sus ingresos a las
facturas, incurren en retrasos severos de pago o no pueden mantener
temperaturas adecuadas (por debajo de 18°C-21°C).
Frente a este grave problema de la pobreza energética, el
Gobierno Zapatero creó en 2009 una ayuda, el bono social eléctrico,
que se reformó en 2017 y se amplió en octubre de 2018, con el Gobierno Sánchez,
que creó el bono social térmico. Dos formas de ayuda frente a la
pobreza energética que son un avance pero que sólo ayudan a 1.703.511
personas, 1 de cada 5 afectados por la pobreza energética (8,5 millones). Veámoslas
con detalle.
El bono
social eléctrico es un descuento en la factura de la luz que beneficia
a las familias más vulnerables, que tienen problemas serios para pagar el
recibo. El descuento varía según los ingresos del beneficiado: se rebajaba
un -42,5% la factura eléctrica (descuento vigente del 30 de junio al 31 de
diciembre de 2025) a los consumidores “vulnerables” (ingresan menos de
12.600 euros al año los solteros, 19.320 euros las parejas con un niño y menos de 23.500 euros
las familias con dos niños) y el descuento era del -57,5% para los consumidores
“vulnerables severos” (ingresan menos de 6.300 euros al año los
solteros, menos de 9.660 euros las parejas con 1 hijo, menos de 11.760 las
familias con dos hijos, menos de 16.800 euros anuales las familias numerosas y
menos de 16.800 euros los pensionistas). Además, hay un tercer grupo de
beneficiados, los consumidores “en exclusión social” (atendidos
por los servicios sociales de Ayuntamientos y autonomías) que no tienen que
pagar nada de luz (ni se la pueden cortar) y a quien esas administraciones
pagan el 50% del recibo.
Este bono social eléctrico, esos descuentos en el recibo de
la luz, los solicitan los beneficiarios potenciales a su compañía eléctrica,
que se los aplicará si cumplen los requisitos, aunque realmente cargan
después este coste al resto de los consumidores (a través del concepto “financiación del
bono social” incluido en las facturas de la tarifa regulada, aunque los consumidores con contrato “libre” lo
acaban pagando también). En 2025 había 1.703.511
consumidores beneficiados por el bono social eléctrico,
medio millón más que antes de dispararse los precios de la energía por la invasión
de Ucrania (1.218.120 beneficiarios en 2021). Más de la mitad de estas ayudas
se concentran en Andalucía (348.435 beneficiarios), Comunidad Valenciana
(223.306), Cataluña (189.705) y Madrid (187.639).
El bono
social térmico, la otra ayuda complementaria disponible, es un
pago anual único para ayudar al pago de los gastos de calefacción,
agua caliente y cocina. Su cuantía depende de la zona climática donde vive
el beneficiario (más en Ávila que en Canarias), del grado de vulnerabilidad
(ingresos) y de lo que aporte opcionalmente la autonomía a esta ayuda, que se
financia con los Presupuestos del Estado (su coste fue de 312 millones en 2025,
frente a 75 millones abonados en 2019). En 2025, la ayuda del bono social
térmico variaba entre 40 y 373 euros anuales. Esta ayuda se abona en
cuenta entre enero y agosto a todos los que disfruten del bono social
eléctrico en diciembre del año anterior, pero este abono lo
gestionan las autonomías y eso supone una gran descoordinación y retraso
en las ayudas, por lo que algunos
dicen que existen “17 bonos sociales térmicos”. En 2025, los beneficiarios
del bono social térmico fueron 1.649.625
personas, medio millón más que en 2019.
Estas dos ayudas a los gastos energéticos se han ido
prorrogando en los últimos años, la última vez hasta el 31 de diciembre de
2025. Unos días antes de vencer el plazo, el 22 de diciembre pasado, El Gobierno
llegó a un pacto con EH Bildu para prorrogar estas dos ayudas
durante todo 2026. Y al día siguiente, en el Consejo de Ministros
del 23 de diciembre, el
Gobierno aprobó formalmente la prórroga, en un Real Decreto
que incluyó también la prohibición de desahucios y el mantenimiento del “escudo social” más la revalorización de las pensiones. Ahora, todas
estas medidas, incluida la prórroga de las ayudas a la pobreza energética, han
de ser convalidadas en el Congreso, algo problemático dado
que Junts asegura que no va a apoyar ningún Decreto del Gobierno, como PP y Vox.
Tenemos un antecedente de lo que puede pasar: hace
un año, el Gobierno llevó al Congreso un Decreto semejante, para
prorrogar el escudo social y revalorizar las pensiones y Junts lo tumbó, con
PP y Vox, para ratificarlo unos días más tarde con algunos cambios y la
partición del Decreto en dos (pensiones y otras ayudas). Ahora, PP, Vox, Junts
y PNV no confirman si apoyarán este Decreto y critican que el Gobierno haya
mezclado la revalorización de pensiones con la prórroga de ayudas contra la
pobreza energética, la prohibición de coste de suministros básicos (luz, gas o
agua) o la prohibición de los desahucios.
Mientras se concreta esta nueva “pelea política”
lo que está en el aire son la prórroga de las ayudas a 1.7 millones de personas
que tienen problemas para pagar la luz y calentar su casa, junto a la prohibición
de que les corten los suministros. El bono social eléctrico y térmico es una
ayuda importante para muchas familias, pero resulta
insuficiente a la vista de
los datos: 4 de cada 5 afectados por la pobreza
energética no reciben ninguna ayuda. Los expertos lo achacan al exceso
de requisitos y a la burocracia, que llevan a que muchos potenciales
beneficiarios de las ayudas ni siquiera las pidan. Y también hay
una gran descoordinación entre Administraciones, por lo que las
ONGs piden más implicación de los servicios sociales de los Ayuntamientos,
para atender mejor las necesidades energéticas.
En paralelo a las ayudas, la Comisión Europea ha pedido a
los paises otras medidas para paliar la pobreza energética, como
potenciar las ayudas a la rehabilitación de viviendas, para que
estén mejor aisladas y las familias puedan gastar menos en luz y calefacción.
En este tema, España
está retrasada, a pesar de las importantes ayudas a la rehabilitación
energética con Fondos europeos: se rehabilitan energéticamente el 0,8% de
las viviendas, cuando la Comisión Europea considera que deberían
rehabilitarse el 2% cada año.
Ahora, el Gobierno debe aprobar finalmente la
Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2026-2030, cuyo borrador
presentó en septiembre de 2025. El Plan tiene 4 ejes de actuación
(caracterización de la pobreza energética y creación de un Observatorio,
protección de los consumidores, mejoras estructurales de las viviendas y mayor
coordinación de las distintas Administraciones), concretados en 12
medidas: aumento del bono social, mejora y ampliación del bono
social térmico (incluido en verano), concesión directa ayuda a los
beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital, prohibición de cortes de suministro e
integrar medidas de descarbonización en la protección social energética.
Algunas organizaciones sociales y ONGs creen que habría que ser más ambiciosos
en esta nueva Estrategia, para cubrir a más personas energéticamente
vulnerables, en colaboración con Ayuntamientos, autonomías y las propias
compañías eléctricas. Y algunos
proponen crear un Banco de Energía, al estilo de los Bancos
de Alimentos, para canalizar donaciones (de energía o de dinero) a las familias
más vulnerables.
En resumen, el pago de la luz y la calefacción supone
cada vez un coste mayor para muchas familias, que no pueden afrontarlo,
con lo que no pueden calentar sus hogares o lo hacen a costa de reducir otros
gastos. Y España, al igual que en la pobreza general, es también líder en
Europa en esa pobreza energética, que afecta a casi 1 de cada 6
españoles (17,5%). Urge ayudarles este mes de enero, con la convalidación
en el Congreso de la prórroga del bono social eléctrico y térmico. Y
después, habría que acordar
un sistema de ayudas más eficaz, que llegara a la mayoría de los
afectados (ahora 4 de cada 5 están desatendidos), no sólo con descuentos y
ayudas en las facturas sino con medidas estructurales para rehabilitar las
viviendas y reducir el gasto energético. Un gasto que angustia cada invierno
a muchas familias.
En 2025 volvió a subir la luz, como en 2024 y 2023, aunque el recibo no dio los sustos de 2022, tras la invasión de Ucrania. En el mercado mayorista en origen, el precio medio ha sido 65,52 euros MWh, una subida del +4,2% sobre el precio medio de 2024 (62,90 euros MWh), por el aumento del precio del gas en la primera parte del año y la subida de los costes del CO2, aunque han evitado una mayor subida las lluvias de primavera y el aumento de la generación fotovoltaica. A partir de este precio en origen, el recibo de la luz que pagan los consumidores con tarifa regulada (8,5 millones) ha subido +12%, hasta una factura media de 69,34 euros mensuales (frente a 61,88 euros en 2024 y 60,34 euros de 2023, muy lejos ambas de los 105,48 euros que pagamos en 2022), según la OCU. Y en cuanto a la calefacción, la media del recibo subió un 13% en 2025 (a 640 euros anuales).
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jueves, 15 de enero de 2026
Acuerdo UE-Mercosur: una gran oportunidad
Este sábado se firma en Asunción (Paraguay) el Acuerdo
comercial entre Mercosur y la Unión Europea, que se empezó a negociar en
1999. Se crea así la zona de libre comercio más grande del mundo,
con 720 millones de consumidores y la cuarta parte del PIB mundial. Ahora, ambos
bloques bajarán aranceles, con lo que los productos industriales
europeos se venderán mejor en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay y estos
paises nos venderán mejor sus productos, sobre todo alimentos. “Vacas por
coches”, resumen algunos, lo que ha provocado protestas de agricultores
en toda Europa, que temen la invasión de carnes y alimentos
latinoamericanos más baratos y de peor calidad. Pero el acuerdo tiene cupos
de importación y cláusulas de salvaguarda. Los expertos creen que va
a disparar el comercio y la inversión entre los dos lados del Atlántico,
siendo España uno de los paises más beneficiados. Además, el Acuerdo
permite a Europa sellar alianzas geopolíticas en un mundo que se
reparten China y EEUU. Tiene más ventajas que inconvenientes. Protestas agricultores contra Acuerdo UE-Mercosur EFE
Este Acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) parecía que no iba a llegar nunca. Se empezó a negociar en el siglo pasado (en 1999) y hasta 2019 no hubo un principio de acuerdo, que no cristalizó en un texto firmado por Mercosur y la Comisión Europea hasta el 6 de diciembre de 2024. En principio, el brasileño Lula da Silva, el gran impulsor de este Acuerdo, pretendía firmarlo por todo lo alto en Iguazú (Brasil) el 20 de diciembre, pero unos días antes, la presidenta de la Comisión le anunció que no iba a ser posible y que había que dejarlo para enero. El problema: Francia e Italia, más Polonia, no estaban dispuestos a firmar el Acuerdo, por la presión de sus agricultores. Lula les hizo ver que “estaban hartos de esperar a Europa” y las negociaciones internas en la UE-27 se multiplicaron estas Navidades, hasta que el 9 de enero, un Consejo de la UE consiguió la luz verde, por mayoría cualificada: el apoyo de 15 de los 27 paises UE, la oposición de Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda, más la abstención de Bélgica.
El Acuerdo ha sido finalmente posible por las
concesiones hechas a Italia (mecanismo de protección para productos
sensibles, creación de un Fondo de compensación ante posibles desequilibrios del
mercado, refuerzo de los controles fitosanitarios en las fronteras a los
alimentos de Mercosur y promesa de reorganizar los pagos de la política
agraria, la PAC). Pero todavía hay
dos obstáculos internos al Acuerdo en Europa. Uno, que la extrema
derecha europea (grupo “Patriots”) ha prometido denunciar el Acuerdo ante el
Tribunal de Justicia de la UE (lo que podría retrasar su entrada en vigor). Y
el otro, que el Acuerdo tiene que se ratificado por el Parlamento Europeo,
donde se espera una votación ajustada. En cualquier caso, la Comisión sigue
adelante y quiere dar una imagen de decisión política (tras su
paralización ante las amenazas de Trump) firmando
el Acuerdo este sábado en Asunción (Paraguay). En el otro lado, la
incertidumbre está en el futuro papel del ultraderechista Milei en este
Acuerdo.
La esencia de este
Acuerdo comercial entre la
UE y Mercosur es la creación de la mayor zona de libre
comercio del mundo, entre los 27 paises de la UE y los 4 de Mercosur: un
inmenso mercado con 720 millones de consumidores (270 millones
latinoamericanos) y el 25% del PIB mundial. Para ello, ambas partes se
comprometen a reducir drásticamente sus aranceles actuales, la
mayoría en un plazo de 10 años: Mercosur liberalizará el 91% de sus importaciones
de Europa y la UE el 92% de las suyas desde Mercosur. Eso supondrá que los
productos de ambas zonas pagarán muchos menos aranceles (hasta quedarse en cero
en unos años) por sus compras y ventas, lo que en el caso de Europa supondrá un
ahorro de aranceles de 4.000 millones de euros anuales.
La reducción
conjunta de aranceles varía, en porcentajes y plazos, según los
productos. En el sector industrial, Mercosur eliminará progresivamente
aranceles (en 10 años la mayoría) al 92%
de sus importaciones procedentes de la UE-27. Esto beneficiará la entrada en
Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay de productos europeos que hoy se venden
allí con elevados aranceles : automóviles y componentes (35% de arancel),
bienes de equipo y maquinaria (20%), productos químicos y plásticos
(18% de aranceles) y productos farmacéuticos (14%), sobre todo. Además, también
bajarán los aranceles que hoy pagan muchos alimentos elaborados europeos
en estos paises de Mercosur: quesos (arancel del 28%), vino (27%), aceite, bebidas
alcohólicas y lácteos.
A cambio, Europa liberalizará el 82% de las importaciones
agroalimentarias que vienen de los paises de Mercosur, rebajando los
aranceles que ahora tienen en un plazo de 7 años: los que tienen un arancel
inferior al 5% se eliminarán inicialmente, los que pagan entre 5,1 y 10% se
reducirán en 4 años y los que pagan más del 10% se liberalizarán en 7 años, un
plazo en el que entrarán casi libremente las frutas y hortalizas
de Mercosur. También bajan los aranceles a las carnes de Mercosur,
pero con varias
“salvaguardias” para defender a los ganaderos europeos. Una, que
se establece un límite máximo (cuotas) a la cantidad de carnes
que se pueden importar desde Mercosur con bajos aranceles: 99.000 Tm de vacuno
(el 1,5% de la producción total de la UE), 25.000 Tm de carne de cerdo (el 0,1%
de la producción UE) y 180.000 Tm de aves de corral (el 1,3% de la producción
UE). La segunda, que se vigilará el comercio de estos alimentos y si
crece demasiado, se revisará el Acuerdo. Y tercera, que los alimentos
que se importen de paises Mercosur deben cumplir con los estándares de
seguridad alimentaria que exige la UE (se controlará aleatoriamente en las fronteras).
Hasta aquí, el Acuerdo parecería un intercambio de “coches
por vacas”, como resumen las quejas
de los agricultores, que protestan por toda Europa porque saben que
en Mercosur hay explotaciones agrarias y ganaderas muy grandes, con menores salarios
y costes, que utilizan productos fitosanitarios en exceso y podrían
invadir Europa de carnes y alimentos más baratos, pero de baja calidad.
La Comisión
Europea insiste en que la rebaja de aranceles afecta sólo a cupos de
carnes, que se va a vigilar el flujo de entradas (el Acuerdo contempla
frenarlas si se disparan) y que estos alimentos tendrán la misma seguridad
alimentaria que el resto. Y además, añaden que los agricultores europeos podrán
vender en Mercosur los
productos con denominación de origen (357 en toda Europa, 59 en
España), manteniéndola allí, lo que les permitirá vender a precios más altos
desde aceite y jamón español a quesos italianos o vino francés.
Pero el
Acuerdo UE-Mercosur es mucho más que “coches por vacas”. El
Acuerdo abre los paises de Mercosur a los servicios europeos, que
ahora tienen problemas para operar allí, desde los servicios financieros y
las telecomunicaciones, correo y mensajería, los transportes (incluido el
transporte marítimo internacional), el comercio electrónico y todo el negocio
relacionado con las nuevas energías y el medio ambiente. Y algo también muy
importante: el Acuerdo abre los paises Mercosur a los mercados de
contratación pública, que ahora discriminaban a las empresas extranjeras
sobre las locales (para construir una linea de metro o una autopista, por
ejemplo). En tercer lugar, el Acuerdo permite a Europa acceder a minerales y
materias primas críticas (litio) de los paises de Mercosur, un sector
estratégico que hasta ahora intenta copar China (y también Trump).
Las manifestaciones
de agricultores por toda Europa han hecho que la opinión pública dude
de las ventajas del Acuerdo UE-Mercosur. Pero todos los estudios económicos
señalan que el Acuerdo aumentará el comercio entre ambos bloques, con una
mejora de las inversiones, el crecimiento y el empleo, en Europa y en
Mercosur. De entrada, el Acuerdo es también una oportunidad para los agricultores
europeos, porque se abrirá la posibilidad de que vendan más alimentos en
Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, paises que hoy están “cerrados”, por
sus altos aranceles a los alimentos importados (entre el 10 y el 55%), lo que
explica que los productos agroalimentarios sólo suponen el 5% de las
exportaciones UE a Mercosur.
El ejemplo de España es claro: en 2024, sólo
conseguimos exportar productos agroalimentarios a los paises de Mercosur por
valor de 463 millones de euros, mientas las importaciones de Mercosur a España
fueron casi 10 veces más (4.118 millones de euros), según
Agricultura. Ahora, con el acuerdo, la
industria agroalimentaria española espera vender allí más aceite, vino,
quesos, frutas y hortalizas y porcino, aunque también nos llegarán de Mercosur
más carnes y azúcar (Ojo: con cuotas), maíz, miel, frutas y zumos de frutas.
Lo que busca este Acuerdo UE-Mercosur es dinamizar el
comercio y las inversiones entre los dos lados del Atlántico. El
comercio entre ambas zonas podría aumentar en una tercera parte a largo
plazo, según
el Banco de España, mientras la Comisión estima que las exportaciones
europeas podrían aumentar en 84.000 millones de euros y generar
756.000 empleos adicionales. Y otro estudio de
Fedea señala que España será uno de los paises europeos
que más gane con el Acuerdo: el aumento de los flujos
comerciales España-Mercosur podría ser el doble que para toda la UE, por nuestra
excelente posición como nexo entre ambos continentes. Además, se
espera un impulso de las inversiones europeas en Mercosur (y viceversa):
actualmente, la UE es ya el primer inversor extranjero en Mercosur, con
390.000 millones de euros invertidos hasta la fecha.
Con todo, hay un factor clave más de este
Acuerdo UE-Mercosur: Europa reacciona y busca su hueco en la pelea geopolítica
por el reparto del mundo entre EEUU, Rusia y China, sobre todo ahora que
asistimos al furor imperialista de Trump en Latinoamérica. Es
una oportunidad histórica para que Europa influya comercial y
económicamente en esta zona del mundo donde ahora tiene poca presencia:
Mercosur es el 10º socio comercial de la UE (con sólo 55.200 millones
exportados allí en 2024), a pesar de que la UE es el 2º socio comercial de Mercosur
(tras EEUU), con 56.000 millones importados de allí en 2024.
En el caso de España, el desequilibrio comercial
con Mercosur es aun mayor : en 2024 exportamos a estos 4 paises
productos por valor 4.405 millones de euros, lo que supone sólo el
1,14% de todas nuestras exportaciones
(el 1,20% de enero a octubre de 2025), según los datos de Comercio. A lo claro:
exportamos menos a Mercosur (1,2% del total) que a Suiza (1,5% del total),
China (1,9%), Marruecos (3,3%) y EEUU (4,7% del total). Y aunque importamos
de Mercosur más del doble (10.481 millones en 2024), esas compras
suponen sólo el
2,46% de todas nuestras importaciones
(2,25% de enero a octubre de 2025). O sea, que les compramos menos (2,25% del
total) que a Bélgica (2,4% del total), Marruecos (2,3%), Reino Unido (2,4%),
EEUU (6,6%) y China (10,6%).
En definitiva, que si todo va bien, nuestras
exportaciones a Mercosur se pueden disparar y ser un mercado
clave, no sólo para vender coches y alimentos sino para vender
servicios y conseguir contratos públicos, aumentando la inversión española en
la zona, aprovechando nuestro idioma y nuestra posición geográfica de “puente”
con Europa. Por eso, España
tiene mucho que ganar con este Acuerdo, aunque se entiende el
recelo de algunos agricultores y ganaderos a que nos invadan las
carnes, el azúcar y las frutas de Mercosur. De hecho, el estudio de Fedea
señala que nuestra economía crecerá un +0,14% extra el primer año del acuerdo,
un +0,17% el 5º año y un +0,23% extra el año 16º, no sólo por el aumento del
comercio sino también por las inversiones y el acceso a los contratos públicos.
En resumen, que “el parto” del Acuerdo de Mercosur ha
sido tardío y complejo y la criatura nace en medio de tractoradas por toda
Europa. Pero hay que reconocer que es el primer movimiento de los
dirigentes europeos para buscar una salida a su aislamiento económico y
comercial en medio de la guerra entre EEUU y China. Y que tenemos mucho
más que ganar que perder, sobre
todo España, aunque hay que estar vigilantes para no dañar al campo
europeo (y protegerlo y compensarlo por los efectos negativos). No se trata de
un nuevo “Descubrimiento de América”, sino de buscar unos
socios complementarios y fiables con quienes intercambiar productos,
servicios e inversiones. “Descubrirnos” mutuamente.
Este Acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) parecía que no iba a llegar nunca. Se empezó a negociar en el siglo pasado (en 1999) y hasta 2019 no hubo un principio de acuerdo, que no cristalizó en un texto firmado por Mercosur y la Comisión Europea hasta el 6 de diciembre de 2024. En principio, el brasileño Lula da Silva, el gran impulsor de este Acuerdo, pretendía firmarlo por todo lo alto en Iguazú (Brasil) el 20 de diciembre, pero unos días antes, la presidenta de la Comisión le anunció que no iba a ser posible y que había que dejarlo para enero. El problema: Francia e Italia, más Polonia, no estaban dispuestos a firmar el Acuerdo, por la presión de sus agricultores. Lula les hizo ver que “estaban hartos de esperar a Europa” y las negociaciones internas en la UE-27 se multiplicaron estas Navidades, hasta que el 9 de enero, un Consejo de la UE consiguió la luz verde, por mayoría cualificada: el apoyo de 15 de los 27 paises UE, la oposición de Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda, más la abstención de Bélgica.
Y como colofón, dos
cuestiones más de interés.
Una, que el Acuerdo contempla cumplir los objetivos climáticos del
Acuerdo de París (con un compromiso contra las talas masivas y la
deforestación). Dos, que se reducen la burocracia y los procedimientos
aduaneros para el comercio entre los dos bloques, con ayudas para las
pymes europeas, que deberían así aumentar su presencia en los paises de Mercosur.
Y hay otra
ventaja geopolítica: se abre una nueva zona económica internacional para
que las empresas españolas (y europeas) completen
su “cadena de producción”, instalando parte de sus procesos de aprovisionamiento
y fabricación y diversificando riesgos al salir de las deslocalizaciones
actuales en Asia y norte de África.
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lunes, 12 de enero de 2026
Otra revisión masiva de alquileres
En 2025, más de medio millón de inquilinos
tuvieron que revisar el precio de su alquiler, al cumplirse 5 años del
contrato. Este año 2026, son todavía más los contratos a revisar: 632.369,
1 de cada 5 alquileres. Y como estos 5 años se han disparado los
alquileres, los nuevos contratos subirán una media de 1.735 euros al año,
según Consumo. Y en algunas autonomías mucho más (+2.042 euros en Madrid). Sumar
ha propuesto congelar estos alquileres, pero el Gobierno no lo contempla,
porque teme que fuera inconstitucional. El resto de
alquileres tendrán su revisión anual, el IPC (+3%) o el nuevo índice
IRAV (+2,29%), para los contratos firmados después de mayo de 2023. Los que
buscan un alquiler tendrán más problemas en 2026, porque se ha
reducido la oferta y se espera una nueva subida del +10%, que se suma al
+41,34% que han subido los alquileres desde 2020, el doble que el IPC y el
triple que los salarios. Urge tomar medidas en la vivienda, aunque lo impide el actual bloqueo político. Enrique Ortega
Muchas personas que viven de alquiler están preocupadas porque haya llegado 2026, porque saben que les llamará su casero para decirles que tienen que firmar un nuevo contrato de alquiler, ya que han pasado 5 años del que firmaron en 2021. Ya pasó en 2025: se renovaron 568.500 contratos de alquiler firmados en 2020, en plena pandemia, según los datos del Ministerio de Consumo. Y prevé que este año serán más las revisiones de contrato: afectarán a 632.369 contratos, 1 de cada 5 alquileres que hay en España, lo que afectará a 1.600.000 personas, según sus estimaciones. Y la alerta de Consumo es porque estos nuevos contratos pueden disparar el alquiler, porque los precios han subido mucho desde 2021.
En concreto, un alquiler medio que estaba en 10,6 euros/m2
en enero de 2021 ha cerrado el año 2025 con un precio medio de 14,7 euros/m2,
según
el portal Idealista. Una subida media de +38,7%, que se traduce en 317
euros más al mes por un alquiler de 90 m2.Y esa es la subida media en
España, porque en Madrid la subida del alquiler estos 5 años ha sido del
+56,5% (de 14,5 a 22,7 euros/m2), lo que se traduce en 738 euros más al mes
por un piso de 90 m2. Y en Barcelona, la subida del alquiler ha sido del
+65,2% (de 14,4 a 23,8 euros(m2), lo que se traduce en 846 euros más de
alquiler por un piso de 90 m2.
Con estos datos en la mano, el propietario de un piso en alquiler
tratará de subir eso o algo menos a su inquilino al revisar el contrato que cumple
5 años en 2026. El estudio hecho por el Ministerio de Consumo señala que la
subida de los nuevos alquileres puede ser en algunas zonas hasta +383
euros al mes (+4.596 euros al año), aunque cifran la
media de subida en toda
España en +1.735 euros anuales
por vivienda (+144,5 euros al mes). Pero hay 6 autonomías donde la
subida será mayor: Baleares (+4.615 euros anuales), Comunidad
Valenciana (+2.386), Canarias (+2.267), Madrid (+2.042), Cantabria
(+1.969) y Andalucía (+1.952 euros anuales). Y supondrá menos de 1.000
euros anuales la subida de los nuevos alquileres en Melilla (+329 euros), Ceuta
(+784), Aragón (+832), Castilla y León (+902), Extremadura (+961) y Galicia
(+980 euros anuales). En el caso de Cataluña, los nuevos contratos no
podrán subir más del IPC en las zonas declaradas “tensionadas”, por la Ley de Vivienda.
Y Navarra o el País Vasco quedan fuera de este estudio, por falta de estadísticas.
Esta importante revisión de contratos que se hará en 2026 se
concentra en cuatro autonomías,
según Consumo, que suponen dos tercios del total (632.369
alquileres): Madrid (145.881 contratos a revisar este año), Cataluña (112.728
contratos), Andalucía (85.491 contratos) y Comunidad Valenciana
(65.528 contratos a revisar). Y son muchos menos en el resto, destacando Canarias
(39.974 contratos), Galicia (36.543) y Baleares (24.456 contratos). No se
tienen en cuenta en estas cifras los contratos de alquiler hechos por empresas
(inmobiliarias), que se renuevan cada 7 años (la primera gran revisión será en
2027).
Sumar, que dirige el Ministerio de Consumo, ha hecho
público este informe sobre la importante revisión de alquileres que toca hacer
este año para solicitar al Gobierno que aprobara, antes de finales de
2025, una
congelación de estos alquileres, para que al renovarse no pudieran
ponerse un nuevo precio y sólo subieran el IPC. Trasladaron formalmente esta
petición al Ministerio de Vivienda (en manos del PSOE), que no ha dado
una respuesta oficial, aunque oficiosamente han comentado que la medida (que además
“no les gusta”) podría ser "inconstitucional", además de retraer aún más la oferta de nuevos alquileres.
Así que estos 632.369 inquilinos tendrán que negociar
con su casero lo que les sube el nuevo alquiler que han de firmar en
2026. Y será
una “negociación desigual”, porque si no llegan a un acuerdo, el
propietario tendrá ese mismo día una cola de peticiones de nuevas personas que
quieran alquilar su casa. Y el inquilino sabe que si no cede y acepta una
subida “suficiente”, cuando busque un nuevo alquiler (si lo encuentra) será más
caro que el que le ofrecen.
El resto de los alquileres (hay algo más de 3
millones de casas en alquiler) tendrán que hacer la revisión anual, que
tiene 2
índices de revalorización, según la fecha del contrato. Por un
lado, los contratos de alquiler firmados antes del 26 de mayo de 2023
(la fecha en que entró en vigor la nueva Ley de Vivienda) subirán este año lo que el IPC (generalmente
el IPC anual de dos meses antes a la actualización), en torno al +3%, lo que
supone una subida del alquiler medio de +27 euros al mes (+33,3 euros en
Madrid y +41,6 euros en Barcelona). Pero los contratos más recientes, firmados
después del 26 de mayo de 2023, se revisarán (salvo que en el contrato
estén referenciados al IPC) según un
nuevo índice, el IRAV (índice de referencia arrendamientos
vivienda), que publica el INE y que suele estar por debajo del IPC: en
noviembre era el +2,29%, lo que supone una subida del alquiler medio este año de
+21 euros al mes (+30,52 euros al mes en Madrid y +38,15 euros mensuales
en Barcelona).
Con esta doble subida, la de los alquileres que se
revisan tras 5 años y los que se revisan anualmente, todos los inquilinos
pagarán más este año 2026. Y eso agravará aún más la situación de
muchos de ellos, que tienen que destinar el 40% y más de sus ingresos al
alquiler. Con ello, aumentarán los desahucios por impagos de alquiler,
tras una ligera bajada en los últimos años, por las medidas del Gobierno para
cubrir a los más vulnerables. Entre
enero y septiembre de 2025 hubo 19.347 desahucios, algunos
menos (-6,3%) que en esos mismos 9 meses de 2024 (20.581). Pero el 75%
de esos desahucios son por impago de alquileres, mientras bajan los desahucios
por impago de hipotecas.
Este año 2026 se vuelven a prohibir los desahucios de
vivienda por impagos de familias vulnerables, una
medida acordada por el Consejo de Ministros del 23 de diciembre, tras
acordarlo el día antes el Gobierno con EH Bildu. Sin embargo, esta medida ha de
ser convalidada en el Congreso este mes de enero y queda ver si
será vetada o no por Junts y Podemos, junto a las subidas de las pensiones y el
resto del “escudo social”. De momento, UGT
y distintas entidades sociales han contactado con Junts para que
apoyen la prórroga de prohibición de desahucios a las familias vulnerables,
porque evitará un grave problema social.
Otra medida, un
Real decreto aprobado por el Gobierno el 9 de
diciembre, pretende mejorar la situación de los alquileres,
aumentar su oferta y conseguir que muchos propietarios “pierdan el miedo a
alquilar”: se garantiza con avales públicos que los propietarios cobren el
alquiler en caso de impago de los inquilinos más jóvenes (menores de 35
años) y familias vulnerables. La medida, que será gestionada por las
autonomías (un problema…) cubre al propietario los alquileres impagados,
los suministros debidos y los daños sufridos hasta que vuelva a recuperar su
vivienda, con dos condiciones más para el propietario: que tenga depositada la
fianza legal y que el alquiler que cobre no supere en índice estatal de
referencia. Es un avance para dar “tranquilidad” a los propietarios frente a
posibles impagos, pero debería
ampliarse a todos los inquilinos (no sólo a los jóvenes), como hace el País
Vasco (“Programa
Bizigune”). Y ahora falta que el Congreso no bloquee la medida.
Con todo, el problema no son los desahucios o los impagos.
El gran problema de los alquileres es que no
hay apenas oferta, que apenas salen alquileres al mercado y que
cuando se ofrecen hace decenas de personas pujando, lo que produce dos efectos:
el propietario sube el precio del alquiler y “selecciona” a los
inquilinos, dejando fuera a los jóvenes precarios, los inmigrantes y
hasta las familias con hijos, “elitizando” el alquiler. Y en las
zonas tensionadas, donde se han controlado los precios (gran parte de Cataluña
y municipios de Navarra y el País Vasco más A Coruña), bajan
los precios algo pero sobre todo se reduce más la oferta, con lo que
resulta aún más difícil encontrar un alquiler. Y también hay menos oferta
porque siguen desviándose pisos del alquiler “normal” a los
alojamiento turísticos y a los alquileres de temporada. Y recientemente,
muchos propietarios optan por el
alquiler por habitaciones, cobrando 500 euros y más por
habitación, lo que dispara aún más los precios.
El alquiler seguirá
subiendo este año 2026, en torno a otro +10%, según los
expertos. Una subida que se suma al +41,34% que han subido los alquileres entre
2020 (10,4 euros/m2) y 2025 (14,7euros/m2 en diciembre), una subida
que duplica la inflación en estos 6 años (+23,1%)
y que triplica la subida de los sueldos en convenio (+15,18%).
El problema de fondo que explica estas subidas es la
falta de alquileres, en unos casos porque se desvían a otros usos
(turismo o alquiler de temporada), en otros porque hay miedo a alquilar y en
otros porque no se rehabilitan casas viejas. Y sobre todo, porque no se
construyen pisos nuevos, ni para alquilar ni para vender. El Banco
de España estima que hay
un déficit de 700.000 viviendas, un déficit que crece cada año porque
se crean 330.000 familias anuales. Y sin embargo, apenas se construyen
viviendas. Es más, en 2025 se han iniciado menos viviendas “libres” y
protegidas (VPO) que en 2024: 58.824 viviendas “libres” entre enero y
septiembre (frente a 61.910 en los primeros 9 meses de 2024) y 11.567 viviendas protegidas (frente a
12.355 entre enero y septiembre de 2024), según
datos del Ministerio de Vivienda. Así que la
construcción de vivienda “pincha” cuando más falta hace, porque han
desparecido promotoras, por los altos precios del suelo y la construcción, por
la falta de mano de obra cualificada y por los bajos precios de los módulos de
VPO.
Al final, el problema de los alquileres y la vivienda es
político: el Gobierno central, la autonomías y los Ayuntamientos
son incapaces de trabajar juntos para promover más vivienda, pública y
privada, pactando la promoción de suelo y los planes urbanísticos, la
financiación y la colaboración público privada, que permitiría duplicar las
viviendas construidas (200.000 al año en vez de las 100.000 actuales). Y la
mejor muestra de esta tremenda división política entre los que deben gestionar
la política de vivienda es que el Gobierno ha presentado hace unos meses el nuevo
Plan
de Vivienda 2026-2030 y las autonomías gobernadas por el PP (11 de 17)
dijeron de entrada, sin apenas conocerlo, que “no les gustaba…”. Así que
el
Plan nacerá muerto, aunque cuente con el triple de inversión (7.000
millones) que el Plan 2021-2025.
En resumen, el alquiler será un problema mayor este 2026
para 632.000 familias que tienen que revisar sus contratos tras haber
pasado 5 años, con lo que tendrán fuertes subidas. Y también el resto tendrán
revisiones en su alquiler, del 3 al 2,29%. Pero el mayor problema lo tendrán los
jóvenes y nuevas familias que buscan un alquiler, porque hay pocos y cada
vez más caros, teniendo que superar “el casting” de los propietarios. Y
mientras, los políticos siguen enzarzados en sus peleas, con la derecha que
gestiona las autonomías empeñada en desgastar y echar al Gobierno más que en resolver
la grave situación de los alquileres y la vivienda, el problema que más
preocupa a los españoles. Como si nada.
Muchas personas que viven de alquiler están preocupadas porque haya llegado 2026, porque saben que les llamará su casero para decirles que tienen que firmar un nuevo contrato de alquiler, ya que han pasado 5 años del que firmaron en 2021. Ya pasó en 2025: se renovaron 568.500 contratos de alquiler firmados en 2020, en plena pandemia, según los datos del Ministerio de Consumo. Y prevé que este año serán más las revisiones de contrato: afectarán a 632.369 contratos, 1 de cada 5 alquileres que hay en España, lo que afectará a 1.600.000 personas, según sus estimaciones. Y la alerta de Consumo es porque estos nuevos contratos pueden disparar el alquiler, porque los precios han subido mucho desde 2021.
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jueves, 8 de enero de 2026
Más control de Bizum y tarjetas
Desde el 1 de enero, Hacienda obliga a los bancos a
enviarle un listado mensual de los movimientos de Bizum que hagan
profesionales y empresas (no los particulares), para controlar
pagos que pretendan evadir al Fisco. Y también están obligados a informar de
las tarjetas de crédito cuyos movimientos superen los 25.000 euros anuales,
para cotejarlas con los ingresos que declaran sus propietarios. Se trata de
medidas para controlar mejor los pagos que se hacen por Bizum y
tarjetas, que se han multiplicado en los últimos años frente a los pagos en
efectivo y las transferencias. Entre tanto, los bancos de España y otros 15 paises
trabajan para crear un Bizum europeo que empezaría a funcionar entre verano
y Navidad de este año 2026, revolucionando los pagos internacionales. Y el BCE
trabaja en crear el “euro digital”, que será realidad a partir de
2029, mientras China opera con el yuan digital desde 2020 y USA apuesta
por las criptomonedas. Entre tanto, los pagos en metálico pierden peso. Enrique Ortega
La forma de comprar y pagar ha cambiado radicalmente, más en los últimos 5 años que en los 50 años anteriores, según VISA, con un mayor protagonismo de los pagos digitales (sin movimiento de efectivo), que se han duplicado desde 2022. Y la consultora PwC prevé que para 2030, los pagos electrónicos se tripliquen en el mundo, hasta superar los 3 millones de operaciones. En España, sólo el 57% de los consumidores siguen usando el dinero en efectivo para pagar sus compras, mientras un 27% utiliza sus tarjetas y un 15% paga con sus móviles, según un reciente informe del Banco de España e Ipsos. Y respecto a los pagos entre particulares, el 57% se hacen en efectivo, pero un 37% se hacen ya por Bizum, un 2% por transferencia bancaria y un 1% por otros medios de pago.
El uso de dinero en efectivo es cada vez menor entre
los más jóvenes y es todavía mayoritario entre los mayores de 45 años, según
el Banco de España. Así, los jóvenes de 18 a 24 años pagan
mayoritariamente por móvil (39% compras), seguido del pago en efectivo (32%) y
con tarjeta (28%), mientras los mayores de 45 años pagan
mayoritariamente en efectivo (el 58% entre 45 y 54 años, el 66% entre 55 y 64
años y el 79% los mayores de 65 años), seguido de los pagos con tarjeta (del 32
al 19%) y con poco peso de los pagos por móvil (del 10 al 2%). Pagan más en
efectivo los hombres (61% compras) que las mujeres (54%) y los
que tienen menos estudios (77% de las compras entre los que tienen sólo
estudios básicos, 53% con estudios medios y sólo el 39% de las compras quienes
tienen estudios superiores).
Con todo, los españoles somos los europeos que
más preferimos pagar con dinero en efectivo, un 26,40% (30,2% los jóvenes),
frente al 21,90% de preferencia en todos los paises de la zona euro, aportando
menos por los pagos con tarjeta (el 48,79% en España frente al 54,82% en la
zona euro) y con un porcentaje similar entre los que no tienen preferencia por ninguno
de estos dos sistemas de pago (23,51% en España frente al 22,85% en la zona
euro), según
el informe SPACE del BCE, que también revela que dos tercios de españoles
(63%) y europeos consideran importante mantener el efectivo como medio de pago
en el futuro.
La realidad es que se imponen los pagos digitales, sobre
todo por tarjeta y móvil, mientras bajan los pagos en efectivo. Los datos revelan
un salto tremendo en el número de tarjetas en circulación, que ya rondan los
100 millones en España. Las tarjetas de crédito han pasado de 16,06
millones en el año 2000 a 44,82 millones en 2008 y un máximo de 52,35 millones
en 2017, para bajar después a 37,25 millones en 2019 y 43,10 millones en 2024, según
el Banco de España. Y las tarjetas de débito han pasado de 29,74
millones en el año 2000 a 31,57 millones en 2008, 48,35 millones en 2019 y
51,42 millones en 2024. En conjunto, había 94,52 millones de tarjetas en 2024 y
95,43 millones en septiembre de 2025, casi 2 tarjetas por habitante (y casi
3 tarjetas por adulto).
En contrapartida, los españoles utilizamos menos el
cajero y sacamos menos dinero en efectivo, según
los datos del Banco de España: en el año 2002, se hicieron 899
millones de operaciones en cajeros, por
un importe de 82.024 millones de euros, un importe que marcó un máximo en 2019
(125.188 millones retirados en 908 millones de operaciones) para estancarse
después en 127.485 millones retirados en 2024 (en 683 millones de
operaciones). En contrapartida, los pagos con tarjeta en comercios (a
través de TPV) se han disparado en este siglo, según
el Banco de España: de los 46.828 millones pagados por TPV en 2002 (en 991
millones de operaciones) se pasó a 94.414 millones pagados en 2008, a 161.343
millones pagados en 2019 (en 4,536 millones de operaciones) y 271.528 millones
pagados por TPV en 2024 (en 9.208 millones de operaciones). Así que los pagos
por tarjeta (o móvil) se han triplicado desde 2008, mientras las operaciones se
cuadruplicaron. Y este
año 2025, ya se han pagado en TPV de comercios 210.700 millones de enero a septiembre, otro
récord.
Y queda hablar de otro sistema de pago electrónico que bate
todos los récords: el pago por Bizum:
se lanzó en 2016 y ya tiene casi 30 millones de usuarios en España, que
han realizado 4.210 millones de
operaciones. Es el sistema de pago que más utilizan el 80% de los jóvenes y se
puede pagar con Bizum en 90.000 comercios españoles.
El auge de los pagos digitales por tarjeta, móvil o
Bizum preocupa a Hacienda, porque puede ser una vía de pagos que esconden
ingresos y evaden impuestos, básicamente el IVA. Por eso, el Gobierno
aprobó el 1 de abril de 2025 el
Real Decreto 253/2025 (BOE 2 abril) por el que se modifican las
obligaciones de información de los bancos sobre tarjetas y Bizum de sus
clientes, un cambio que ha entrado en vigor el 1 de enero de 2026.
La nueva norma tiene dos partes. Una afecta a las operaciones
hechas a través de Bizum: se obliga a los bancos a informar
mensualmente a la Agencia Tributaria de la facturación acumulada cada mes y realizada a través de Bizum por empresarios
y profesionales. Así, en febrero, los bancos deberán informar ya de las operaciones
realizadas este mes de enero de 2026, detallando el importe mensual facturado
(no operación a operación) e identificando la cuenta bancaria a través de la
que se efectuaron los pagos. Ante los bulos de que el Fisco iba a
controlar todos los Bizum, Hacienda
ha publicado una nota donde aclara que los bancos no deben informar
de los Bizum entre particulares, sólo los de profesionales y empresas. Se
pretende así evitar que un fontanero, por ejemplo, cobre un servicio por Bizum
y trate así de esconder este ingreso (y el IVA).
La otra parte de la norma afecta a las tarjetas de crédito
y débito: se obliga ahora a los bancos a informar anualmente a
Hacienda sobre todas las
tarjetas cuyos movimientos superen los 25.000 euros al año, ya sea
en gasto total (suma de pagos en comercio o retirada de efectivo) o en abonos
totales (dinero recibido en la tarjeta por devoluciones y cargos). Así,
Hacienda controlará a los que gasten más de esos 25.000 euros al año, porque el
banco estará obligado a informar de que es el titular de esa tarjeta y del
gasto que ha realizado. El objetivo no es recaudar por este gasto, sino tener
el dato para contrastarlo con los ingresos declarados. Así, si
alguien gasta mucho más de lo que dice ingresar, el dato le salta a Hacienda y
puede investigarlo fiscalmente.
Aunque el Decreto habla sólo de tarjetas y cobros
profesionales a través de Bizum, hay que recordar que sigue
vigente otro control, el de transferencias: los bancos deben
reportar movimientos sospechosos o superiores a 10.000 euros y préstamos
superiores a 6.000 euros (según el modificado artículo 38 del Decreto Ley).
Esta es una vía para evitar fraudes, como que un padre haga una transferencia a
su hijo para pagar un coche o la entrada de un piso, que deben formalizarse
como donación o como crédito entre particulares para evitar una sanción de Hacienda.
En definitiva, Hacienda trata con estos cambios de controlar
mejor los pagos por tarjeta o móvil, para reducir el fraude facilitado
por las nuevas formas de pago, básicamente de empresas y profesionales, porque
no afecta a los particulares (salvo que controlarán más a los que gasten en
tarjetas más de lo que teóricamente ganan). Pero en el futuro, los pagos
digitales irán en aumento y con ello las nuevas formas de fraude. En un
futuro, ganarán peso las nuevas tarjetas sin banda magnética (gracias
a la tokenización,
un código aleatorio que sustituye al PIN y reduce el fraude), la
autentificación biométrica, el monedero digital, las divisas digitales o el
open banking (abrir los sistemas financieros a terceros).
Ahora, lo más inmediato va a ser la
creación del Bizum europeo, un sistema de pago en todo el continente que
están ultimando los grandes bancos europeos. El actual Bizum es un
sistema de pago promovido por España, Andorra, Portugal e Italia, al que se
han sumado en una segunda fase Grecia, Polonia, Noruega, Suecia, Dinamarca
y Finlandia. Y esta plataforma trabaja ahora con la iniciativa EPI, integrada
por Francia, Alemania, Bélgica, Paises Bajos y Luxemburgo, para alumbrar un
Bizum europeo, promovido por los bancos de estos 16 paises y que permitirá
el pago por móvil a 390 millones de europeos. La
idea es lanzarlo en el tercer trimestre de 2026, y si se retrasa, en las
próximas Navidades. Primero para los pagos entre particulares y después para
compras online (en 2027) y para pagar con el móvil en comercios físicos (para 2028).
Este Bizum europeo será una revolución total para los
pagos entre particulares y en comercios online y físicos, facilitando y
disparando las operaciones en el continente. Y se adelanta al lanzamiento
del euro digital, que va muy retrasado y que el
BCE prevé lanzar “a partir de 2029”, con el objetivo de facilitar
los pagos en la zona euro (a falta de una verdadera unión financiera, todavía
pendiente), algo que permitirá una mayor autonomía estratégica de Europa
frente a la dependencia actual de los medios de pago USA (Visa y MasterCard).
Este euro digital (emitido por el BCE) debería reforzar la unidad
financiera y económica de Europa, potenciando la competencia e innovación,
aunque tiene también riesgos de ciberseguridad, privacidad de las operaciones y estabilidad financiera.
Pero Europa también va retrasada en la digitalización del
euro, porque hay
ya 60 paises del resto del mundo que se encuentran muy avanzados en la
digitalización de sus monedas, desde China, India o Japón a Reino Unido,
Canadá, Corea del Sur, Brasil o Emiratos Árabes. La llegada de Trump a la Casa
Blanca ha
prohibido el desarrollo del dólar digital para promover como
alternativa las criptomonedas, el gran objetivo de los magnates
tecnológicos y del nuevo poder en USA. Mientras, China
está en cabeza de esta digitalización
monetaria: ya en 2020 lanzó a prueba el “yuan digital”,
respaldado por el Estado, y en 2025 ha creado en Shanghái un Centro de
operaciones internacionales para los pagos digitales que ya realiza pagos con
Singapur, Tailandia, Hong-Kong, Emiratos y Arabia Saudí. Un intento de que el “yuan
digital” sea una verdadera alternativa al dólar en Asia.
En resumen, los pagos digitales tienen una gran peso
en España y en el mundo y cobrarán más importancia en el futuro, donde será
algo raro pagar con monedas y billetes. Eso facilitará
las compras y transacciones, tanto dentro de Europa como en el
resto del mundo, en beneficio de la economía, empresas y consumidores. Pero también
hay riesgos, no sólo de ciberseguridad sino de evasión fiscal, de
que muchos utilicen la tecnología para evadir impuestos (más de lo mucho que ya
evaden). En España, Hacienda
intenta ahora un mayor control de los pagos por tarjeta y Bizum, para evitar
fraudes e impago de impuestos. A muchos no les gusta este mayor control, pero
se hace para controlar a los que defraudan, no a los que hacen un Bizum a un
hijo o a un amigo o a los que pagan con tarjetas sus compras. Más control no
es más “vigilancia”, debería ser menos fraude y más recaudación.
La forma de comprar y pagar ha cambiado radicalmente, más en los últimos 5 años que en los 50 años anteriores, según VISA, con un mayor protagonismo de los pagos digitales (sin movimiento de efectivo), que se han duplicado desde 2022. Y la consultora PwC prevé que para 2030, los pagos electrónicos se tripliquen en el mundo, hasta superar los 3 millones de operaciones. En España, sólo el 57% de los consumidores siguen usando el dinero en efectivo para pagar sus compras, mientras un 27% utiliza sus tarjetas y un 15% paga con sus móviles, según un reciente informe del Banco de España e Ipsos. Y respecto a los pagos entre particulares, el 57% se hacen en efectivo, pero un 37% se hacen ya por Bizum, un 2% por transferencia bancaria y un 1% por otros medios de pago.
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lunes, 5 de enero de 2026
La cuesta de enero: subidas y ayudas
Tras la resaca de compras de estas Navidades,
llega la dura realidad de afrontarlos, de hacer frente a tarjetas y pagos.
En un mes, enero, donde muchas empresas aprovechan para subirnos
casi todo: teléfono e Internet, luz, agua, basuras, billetes de avión,
autopistas, taxis, alquileres, tabaco, paquetes y sellos de Correos, seguros…Así
que este enero será más difícil llegar a fin de mes. La contrapartida es que también
suben los ingresos de casi 10 millones de pensionistas (más
los que menos cobran), 3 millones de funcionarios, 2,4 millones
de trabajadores que cobran el salario mínimo y las ayudas del ingreso
mínimo vital (IMV) que cobran 785.000 hogares, pensiones, sueldos y
ayudas públicas que se revalorizan desde el 1 de enero. Y también
aumentan las ayudas al transporte, manteniendo las actuales y
creando una tarifa plana que permite viajar barato. Ahora, la clave es ver
lo que suben los sueldos este año, porque los precios de los alimentos,
la vivienda y la energía seguirán altos en 2026. Enrique Ortega
Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).
Otra subida que notaremos será la del próximo recibo de
la luz, que será diferente según el contrato que tengamos. Los que tienen
un contrato de luz en el mercado “libre” (20 millones de
clientes) tendrán
subidas del 4 al 7% cuando les toque la revisión anual de su
contrato, subidas que ya han anunciado Iberdrola, Endesa o las filiales de
Repsol, argumentando que a ellos les ha subido la luz en 2025 (y ahora) porque
Red Eléctrica obliga a mantener centrales de gas de guardia (más costosas) para
evitar un nuevo apagón como el de abril pasado. El resto de clientes, los que
están en el mercado regulado (8,4 millones) ya han sufrido en
2025 esta subida y la seguirán pagando en 2026. Y todos pagarán más este año
por la
subida de los peajes (un tercio del recibo) que fija la
Administración: los peajes de acceso subirán un +4,1% y habrá que pagar
en el recibo los demás cargos, que también suben.
Si sube la luz, también subirá la
factura del agua que pagamos. En Madrid, el
Canal de Isabel II ya anunció una subida de la factura del agua del 3%
anual hasta 2030, debido a que lleva años sin subirse y tienen que acometer
nuevas inversiones. Aigües
de Barcelona también ha anunciado una subida del +2,9% para
2026, mientras otros municipios de su área metropolitana también subirán el
agua, hasta el 5,8%. Y Aguas
de Bizkaia ha anunciado subida de tarifas del 4% en 2026, lo mismo
que muchas ciudades de media España.
También subirán en 2026 las
tasas de basuras de la mayoría de municipios, que ya han aplicado en
2025 sus nuevas tarifas, mucho más altas que los anteriores, que volverán a
subir este año, para ajustarlas paulatinamente a las
nuevas exigencias de recogida de residuos.
Y también pagaremos más al viajar en avión, porque
las aerolíneas nos cargarán en los billetes la subida del canon aeroportuario que
les ha hecho AENA el 1 de enero,
un aumento del +6,44% para afrontar las inversiones en los aeropuertos
españoles. También será más caro viajar en coche por autopista: los
peajes subirán este año un +2,61%
al menos, aunque en las autopistas rescatadas por el Estado subirán menos, un +2%.
También podría subir este año el impuesto que paga el gasóleo, porque la
Comisión Europea obliga a igualarlo con el de la gasolina, aunque el
Gobierno no logró aprobar en 2024 el Decreto que los equipara, por el
rechazo del PP, Vox, UPN y Podemos. Pero es una reforma exigida para recibir
460 millones de Fondos europeos, por lo que el Gobierno se ha comprometido a
intentar aprobar la equiparación antes de finales de marzo. De conseguirlo, el
gasóleo subiría 7 céntimos por litro.
El tabaco ya ha subido el 1 de enero, con nuevos
precios para los paquetes de cigarrillos, cigarros y picadura (ver
nuevo listado de precios por marcas), aunque todavía fumar es más barato en
España que en la mayoría de Europa. Y también han
subido ya las tarifas de Correos, tanto los sellos (+7,9%: el
franqueo ordinario cuesta 96 céntimos, el doble que en 2015), los certificados
y los paquetes (+5,5%). Y han subido también los taxis en la mayoría de
España, desde Madrid
(+2,36%) y Barcelona
(+2,3%) a Sevilla,
Málaga, Valladolid, Ferrol o Salamanca, lo que se trasladará también a los
vehículos VTC.
Con todo, lo más preocupante volverá a ser la subida de
la vivienda, tanto para alquiler como para compra. Se espera
otra subida de los alquileres del +10% en 2026, que se sumaría a las
fuertes subidas de los años anteriores: +40,3% han subido los alquileres
de media en España desde 2019 (+50% en Madrid y +46,15% en Barcelona, según
Idealista).. Además, muchos contratos de alquiler (por 5 años) se terminan
en 2026, con lo que los propietarios intentarán revisar bastante al alza los
nuevos alquileres, con lo que se espera “un aluvión de subidas”. Y en cuanto a
los precios de compraventa, están ya en niveles prohibitivos: 2.605
euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en
Madrid. Y podrían subir otro 15% más este año, según Idealista.
Y luego hay dos subidas aseguradas para 2026, aunque todavía
no podamos decir cuánto. Una es la
subida de los seguros, desde el seguro del automóvil y del hogar al
seguro de salud, que llevan años subiendo mucho y que volverán a subir bastante este año, justificándose en
el aumento de costes de los talleres y reparaciones, los siniestros en casa y
el aumento de los costes médicos en los hospitales privados. Y también están “cantadas”
nuevas
subidas de los alimentos: frutas y verduras (muy afectadas por el
cambio climático y las cosechas), las carnes, los huevos, el café y el
chocolate, más la bollería y las bebidas.
En cambio, hay otro gasto importante, el transporte
público, que se modera o baja en 2026, por las ayudas
que ha
prorrogado o ampliado el Gobierno. Por un lado se prorrogan
los actuales descuentos al transporte en tren y autobús, manteniendo
los descuentos actuales en Cercanías, corta y media distancia y autobús, a los
que se añaden un nuevo abono trimestral y un abono de 10 viajes para Cercanías,
manteniéndose la gratuidad de todos los viajes para los menores de 14
años (para educar a los menores en el transporte público). Por otro lado, se
crea
un nuevo bono transporte de 60 euros mensuales (30 euros para menores
de 26 años) que permite viajes ilimitados en Cercanías y media distancia de
Renfe, además de las líneas estatales de autobuses. Un bono que convive con el
resto de ayudas al transporte.
Estas ayudas
van a permitir que millones de personas gasten hasta un 75% menos en
transporte público en 2026, ahorrándose este año 1.371 millones de
euros (el coste de las ayudas). Unas ayudas públicas al transporte que han sido
claves estos años, desde 2018 a finales de 2025, en que el Gobierno ha
destinado más de 11.000 millones de euros (7.200 millones desde 2022) a subvencionar los billetes de Cercanías,
trenes de media distancia y Avant y los autobuses de líneas estatales, según
datos de Transportes.
Un ahorro en transportes que no compensa el rosario de las
otras subidas de precios, unas anunciadas y otras silenciosas, que
afectarán a nuestros bolsillos en este año 2026. Menos mal que hay colectivos
que van a tener también un aumento de ingresos para afrontarlas,
básicamente pensionistas, funcionarios y los más desfavorecidos que reciben
ayudas públicas, que también se han revalorizado el 1 de enero.
Empecemos por los
pensionistas, 9,42 millones de personas que cobrarán algo más por sus
pensiones (10,42 millones) ya desde este mes de enero. La subida media de las
pensiones es del +2,7% (la subida de la inflación anual de noviembre
2024 a noviembre 2025), lo que supondrá cobrar unos 40 euros más al mes (una
jubilación media de 1.512 euros en 2025). Pero los 2,12 millones de
pensionistas que cobran pensiones muy bajas, con complementos de mínimos, tendrán
una subida mayor: +11,4% para los pensionistas con cargas familiares
(y las viudas) y +7% para los que no las tienen. Y para los 471.000
pensionistas que cobran una pensión no contributiva (dos tercios son mujeres),
la subida es del +11,4%.
Los 3 millones de personas que trabajan para la
Administración Pública cobrarán un +2,5% de subida retroactiva por
2025 y otro +2%
de subida salarial en 2026, más otro +4,5% en 2027 y un 2% de subida en
2028, según el acuerdo pactado por el Gobierno, que supone una subida acumulada
(por el efecto arrastre) del +11,4%
entre 2025 y 2028, un aumento superior a la inflación esperada estos
años, para recuperar parte del poder adquisitivo perdido por los funcionarios.
También volverá a subir este año el salario mínimo
interprofesional (SMI), que cobran unos 2,4 millones de trabajadores,
especialmente mujeres, jóvenes e inmigrantes que trabajan en el campo. De
momento, en enero se ha prorrogado el salario mínimo actual (1.184 euros en 14
pagas), a la espera de que el Gobierno apruebe este mes la nueva subida, que se
cobrará con efecto retroactivo desde el 1 de enero: los
expertos consultados han propuesto que suba entre 37 y 56 euros
al mes, mientras la
patronal propone una subida de 18 euros (+1,5%) y los sindicatos
piden subir 89 euros (+7,5%).
Y también sube el importe del ingreso mínimo vital (IMV)
que reciben las familias más vulnerables, actualmente 785.722 hogares (beneficiando
a 2,4 millones de personas). En 2025 cobraban entre 658,81 euros un adulto
solo y 1.449 euros mensuales las familias numerosas, importes que han
subido un 11,4% el 1 de enero, entre 75 y 170 euros más al mes. El problema
es que esta ayuda (IMV) sólo llega a la mitad de las personas que están en pobreza
severa (4,3
millones, según Cáritas). Y que muchas autonomías han aprovechado el
IMV para suprimir o reducir su ayuda, las rentas mínimas de inserción:
en los últimos 3 años se han reducido
más de 170.000 beneficiarios y 13 autonomías (Madrid y Aragón en
cabeza, un -95%, seguidas de Castilla la Mancha, Castilla y León, Andalucía, la
Rioja, Cantabria, Extremadura, Murcia, Asturias, Galicia, Cataluña y Navarra) han
reducido su gasto en estas ayudas autonómicas, que sólo llegan a 532.700
personas, el 6,1% de quienes viven en el umbral de la pobreza, según
los Directores y Gerentes de Servicios Sociales.
Ahora, la clave para afrontar las nuevas subidas de precios va
a estar en los salarios, en la subida que se pacte para 2026. Todo
indica que la patronal no ofrecerá una subida por encima del 2% (la
inflación subirá el 2,1%, según el Gobierno) y que los sindicatos
pedirán una subida mínima del 3,5%, para recuperar parte del poder
adquisitivo perdido en los últimos años (los sueldos han subido un
13,45% entre 2022 y 2025 y la inflación un 15,4%). Y, sobre todo, pedirán que
suban más los sueldos más bajos, porque el 30% de trabajadores
ganan menos de 1.582 euros brutos al mes (y otro 40% ganan entre 1.582 y
2.659 euros brutos), según el Decil de salarios
de la EPA 2024. Estos bajos salarios explican que casi la mitad de españoles (el 47,4% de los
hogares, según el INE) lleguen con dificultad a fin de mes. Y más ahora,
con la oleada de subidas de enero.
En definitiva, volvemos
a sufrir subidas de precios en múltiples servicios y gastos, sin
que tengamos claro lo que van a subir nuestros ingresos este año, lo que
explica que muchos españoles no vean bien su economía (según
el CIS) aunque España crezca más que la mayoría de paises occidentales. Eso
debería obligar a tomar medidas para “repartir
mejor el crecimiento”, controlando las subidas más impopulares
(alimentación, energía, servicios públicos) y aumentando las ayudas a los más
vulnerables, con medidas fiscales para que paguen más los que más ganan y menos
los que menos ingresan y viven de un sueldo. Y promover una negociación
colectiva que suba más los sueldos más bajos, ahora que muchas empresas pueden hacerlo,
porque llevan 5 años mejorando ventas y beneficios. Esas son las claves
para que el crecimiento lo noten la mayoría de españoles.
Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).
Lo que también subirá en 2026 serán las nuevas hipotecas, no sólo porque hay que pedir un mayor importe (el 80% del precio de venta) para afrontar los altos precios, sino porque el Euribor lleva 5 meses consecutivos subiendo (del 2,079% en julio al 2,267% en diciembre), con lo que los bancos cobrarán este año tipos más altos, en torno al 3,5%. Eso sí, los 4 millones de familias que están pagando una vieja hipoteca no tendrán un susto en la próxima revisión anual, porque el Euribor esperado para 2026 (por debajo del 2,5%) será todavía inferior al de 2025.
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