lunes, 26 de enero de 2026

El deterioro de los servicios públicos

El Foro de Davos alerta que 1 de los 3 mayores riesgos de España es “la insuficiencia de los servicios públicos”. Mientras, en España se multiplican las quejas sobre las deficiencias en sanidad, educación, Dependencia y servicios sociales, que fuerzan a pagar servicios privados. Un deterioro del Estado del Bienestar que se explica con un dato: España gasta menos que Europa (-43.000 millones anuales) en financiar los servicios públicos fundamentales. Y se agrava porque dos tercios los financian las autonomías, con grandes diferencias en el gasto social: Navarra, País Vasco, Extremadura y Asturias son las que más gastan por habitante y las que menos Madrid, Cataluña, Andalucía y Murcia. Las autonomías se quejan de falta de recursos, mientras muchas bajan impuestos. Ahora, el Gobierno propone un nuevo sistema de financiación, que les aportaría 21.000 millones más para mejorar los servicios públicos. Pero las autonomías rechazan el sistema, dentro del acoso político al Gobierno. Y han aprobado Presupuestos para 2026 que apenas refuerzan los servicios públicos. No mejorarán mientras los políticos no pacten cambios.

                             Enrique Ortega 

En los últimos meses, crece la preocupación de los españoles por el deterioro de los servicios públicos, desde los cribados de cáncer de mama en Andalucía a las Universidades públicas en Madrid, los 32.704 ancianos que murieron en 2025 sin recibir las ayudas a la Dependencia  o las familias vulnerables que no reciben el ingreso mínimo vital  o las rentas mínimas (sin olvidar los transportes). Un deterioro que ha llevado al Foro de Davos a señalar que 1 de los 5 principales “riesgos” de España es “la insuficiencia de los servicios públicos , junto a la polarización social, la escasez de talento y mano de obra especializada, la elevada deuda pública y la falta de oportunidades para los desempleados.

Los servicios públicos en España han pasado por múltiples vaivenes en la historia reciente. Durante el franquismo, los españoles teníamos pocos servicios públicos, a cambio de que también pagábamos pocos impuestos. Con la democracia, aumentó la demanda ciudadana y hubo un fuerte aumento del gasto público hasta 2009 (+5,1% anual), que se truncó con la crisis financiera y europea, que provocó fuertes recortes del Estado de Bienestar en España. A partir de 2014, el gasto público se recupera lentamente (+1,8% anual) hasta 2020, cuando el COVID obliga a un mayor gasto público, situación agravada después por la hiperinflación de 2022 y 2023, tras la invasión de Ucrania. Y ahora llevamos dos años (2024 y 2025) con menores aumentos del gasto social, también por la falta de Presupuestos.

Con todos estos vaivenes, el gasto público primario (sin contar el pago de intereses de la deuda) ha crecido este siglo, del 36% del PIB en 2002 al 43% en 2024. Pero seguimos, antes y ahora, con un gasto público muy inferior al del resto de Europa, que fue el 47,3% de su producción (PIB) en 2024, según un reciente estudio de Ivie, un porcentaje que es mucho mayor en Francia (el 55% de su PIB), Italia (50,3% del PIB) o Alemania (47.5% del PIB). Y si analizamos qué parte del gasto público se destina a servicios públicos fundamentales (sanidad, educación, servicios sociales, pensiones y desempleo), España también gasta menos: el 26,4% del PIB, frente al 28,2% que gasta la UE-27, el 34,2% de Francia, el 29,6% de Italia y el 27,6% de Alemania.

Veamos las diferencias por tipo de gasto, según el informe de Ivie. En sanidad, España gasta (2024) un 6,6% del PIB, frente al 7,3% que gasta la UE-27, el 8,8% de Francia, el 7,5% de Alemania y el 6,5% de Italia. En educación, España gasta el 4,2% del PIB, frente al 4,7% la UE-27, el 5% de Francia, el 4,5% de Alemania y el 3,9% de Italia. Y en servicios sociales (políticas de inclusión social, familia, infancia y vivienda social), España gasta el 1,7% del PIB, casi la mitad que la UE-27, mucho menos que Francia (4,3%) y por debajo de Alemania (2,8%) e Italia (2,3%). Esto significa, a lo claro, que si gastáramos “como europeos”, tendríamos que destinar 43.000 millones más cada año a sanidad (+11.160 millones), educación (+7971 millones) y servicios sociales (+23.914 millones).

El problema no es sólo que España gaste menos que la mayoría de Europa sino que ha habido un cambio en ese gasto: en 2002, era el Estado central el que más gastaba (51,6%), mientras ahora (2024) son las autonomías quienes aportan el 53,6% de gasto, con las transferencias del Estado y sus propios recursos. Y además, los recortes hechos principalmente por el Gobierno Rajoy en el gasto público (-62.659 millones entre 2009 y 2013) se concentraron en las autonomías (se llevaron el 99,8% del recorte), según el informe de Ivie, lo que se tradujo en menos recursos para los servicios públicos. Posteriormente, el fuerte aumento de población (hay 2,25 millones más de habitantes que en 2019) ha disparado la demanda de servicios, sin que las autonomías hayan disparado sus recursos.

Y esto nos lleva a la situación actual, donde la sanidad, la educación, los servicios sociales y la Dependencia (un 4º pilar del Estado de Bienestar, que ha atendido a 4 millones de mayores y dependientes desde 2007) sufren problemas, básicamente de falta de medios y personal, porque la demanda ha crecido más que la financiación. Y como estos servicios públicos los gestionan las autonomías, su nivel y calidad dependen en gran medida de los recursos que destine cada una. Y el problema es la enorme disparidad en el gasto en servicios públicos entre las autonomías, que condiciona la sanidad, la educación , los servicios sociales o las ayudas a la Dependencia que recibimos según donde vivamos.

El estudio de Ivie, con datos de 2024, revela que en sanidad, hay autonomías que gastan mucho más que la media (como Murcia o Navarra) y otras mucho menos (como Andalucía, Galicia y Madrid, las tres que menos gastan). En educación, gastan por encima de la media País Vasco, Cantabria, Castilla León y Galicia y están a la cola del gasto Madrid (otra vez el “farolillo rojo”), Murcia, Cataluña y Baleares. Y en protección social, también gastan por encima del resto Navarra y País Vasco, siendo Galicia la que menos gasta (Madrid vuelve a gastar por debajo de la media). Globalmente, las autonomías que más gastan en servicios públicos fundamentales son País Vasco, Navarra, Canarias y Extremadura, mientras están a la cola de este gasto Madrid, Andalucía, Galicia y Asturias (ver cuadro).

Otro estudio, de los Directores de Servicios Sociales, pone cifras más concretas a esta desigualdad autonómica en el gasto social. En 2024, el gasto autonómico en políticas sociales fue de 3.277 euros/habitante, con grandes diferencias entre las que más gastaron (Navarra 4.500 euros, País Vasco 4.343 y Extremadura 4.124 euros/habitante) y las que menos (Madrid 2.702 euros, Cataluña 2.940, Andalucía 3.158 y Murcia 3.259 euros/habitante). Si se desglosa, el gasto medio en sanidad fue de 1.717 euros/habitante, con grandes diferencias entre los que más gastaron (2.318 euros Asturias, 2.222 País Vasco. 2.170 Navarra, 2.164 euros/habitante Extremadura) y los que menos (1.415 euros Madrid, 1.457 Cataluña, 1.602 euros Murcia, 1.623 Comunidad Valenciana y 1.639 euros Andalucía). En educación, superan el gasto medio de España (1.126 euros/habitante) País Vasco (1.608 euros), Navarra (1.492), Extremadura (1.300) y Murcia (1.264 euros/habitante), mientras encabezan la cola del menor gasto Madrid (910 euros), Asturias (1.034), Cataluña (1.042) y Galicia (1.055 euros/habitante). Y en servicios sociales, el gasto medio en 2024 fue de 433 euros/habitante, superado por Navarra (837 euros), Extremadura (659), Asturias (608), la Rioja (560) y País Vasco (512 euros/habitante), mientras a la cola del gasto están Baleares (273 euros), Canarias (327), Andalucía (368 euros) y Madrid (377 euros/habitante).

Estas tremendas diferencias autonómicas se dan también en el gasto en Dependencia, una prestación clave pero con problemas por falta de recursos: a finales de 2025, había 258.167 dependientes en listas de espera (esperando una prestación reconocida o ser valorados), lo que provocó que 32.704 mayores murieran esperando una ayuda en 2025. Y los que sí reciben alguna prestación (1.635.000 en diciembre 2025), la mayoría perciben “ayudas low cost” (una ayuda a la familia de 180 a 455 euros al mes, teleasistencia o pocas horas de ayuda a domicilio). Las autonomías aportan el 73% del gasto en Dependencia y muchas tratan de recortar este gasto, retrasando o revisando ayudas. Y su gasto es también muy desigual, según el informe de los Directores de Servicios Sociales: si la media es 8.592 euros por beneficiario atendido, en el País Vasco gastan 13.554, 12.670 en Navarra y 11.395 euros en Extremadura, mientras a la cola de gasto están Andalucía (7.173 euros), Aragón (7.125) y Murcia (7.455), ocupando Madrid el 8º lugar por la cola (8.894 euros/beneficiario).
 
Cara a este 2026, no parece que las autonomías vayan a hacer un esfuerzo especial por gastar más en servicios públicos, a pesar de su deterioro. Un ejemplo es el gasto en sanidad, según los Presupuestos aprobados o prorrogados: el gasto por habitante será de 2.013 euros, sólo un +3,5% que en 2025. Y el País Vasco, Extremadura o Navarra gastarán entre 2.373 y 2.288 euros por habitante, un 50% más que el gasto sanitario de Madrid (1.537 euros/habitante), el tercero más bajo, tras Murcia (1.511 euros) y Cataluña (1.516 euros/habitante).

Así que la financiación de los servicios públicos depende básicamente de las autonomías, que gastan más o menos según quien gestione y sus políticas, no según sus ingresos: hemos visto como Madrid y Cataluña están a la cola de gasto, aunque sean más ricas. Lo que ha pasado estos últimos años es que muchas autonomías (sobre todo las gestionadas por el PP) han reducido el peso del gasto social, como reveló un estudio de los Directores de Servicios Sociales: en 2024, las autonomías gastaron 2.364 millones menos en sanidad, educación, Dependencia y servicios sociales, además de reducir el peso de este gasto social en sus Presupuestos desde 2019, gastando más en infraestructuras, personal y deuda, además de favorecer en muchos casos la sanidad y la educación privadas.

Muchas autonomías se quejan de falta de recursos para justificar que no destinen más medios a sanidad, educación, Dependencia o gastos sociales. Pero es una “cortina de humo”, porque hay autonomías con pocos recursos (como Extremadura o Castilla y León) que gastan relativamente más en servicios públicos que otras ricas. Y además, en los últimos años, la recaudación fiscal de Hacienda  ha batido récords año tras año, siendo también récords las transferencias del Estado a las autonomías (por el 50% del IRPF o del IVA y el 58% de los impuestos especiales). Así, en 2025, Hacienda transfirió a las autonomías 158.167 millones, una cifra récord como en 2023 y 2024. Y en 2026 recibirán 170.300 millones, +7,7% que en 2025. Incluso cuando el Estado aumentó su aportación para Dependencia, hubo autonomías que “hicieron caja”, recortando su Presupuesto. Y cuando el Estado creó el ingreso mínimo vital, algunas autonomías aprovecharon para recortar sus rentas mínimas…

En cualquier caso, lo que está claro es que España gasta menos en servicios públicos esenciales que Europa, a pesar de que cada vez tenemos más habitantes (en 2030 seremos 2 millones más que ahora) y más envejecidos (más gasto en sanidad y Dependencia). La causa de esta situación está en que España también recauda menos que Europa, según destaca el estudio de Ivie: en 2024, los ingresos públicos en España eran el 42,3% del PIB, frente al 46% de media UE-27, el 51% de Francia, el 46,8% de Alemania y el 47,1% de Italia. A lo claro: que recaudamos 59.000 millones menos cada año que la media de los europeos. Por eso gastamos menos en los servicios públicos que tanta falta nos hacen.

¿Solución? Recaudar más, para lo que urge poner en marcha una reforma fiscal, como la que propusieron el Comité de Sabios en 2022: armonizar los impuestos autonómicos (evitar la pelea por ver quien baja más los impuestos), reformar el IVA y quitar la mayoría de los tipos reducidos, revisar las deducciones en el IRPF y en sociedades (muy abultadas), aumentar la fiscalidad ambiental (carburantes) y al alcohol y tabaco, además de una mayor lucha contra el fraude y la “elusión” fiscal de los más ricos y grandes empresas.

Y además de recaudar más, hay que reformar el sistema de financiación autonómica, para que las transferencias que reciben las autonomías aumenten y se distribuyan con nuevos criterios (porcentaje de mayores y población joven, dispersión geográfica y renta) no sólo el de población. El actual sistema de financiación es de 2009 y lleva pendiente de reforma desde 2014, cuando prometió hacerlo Rajoy. Es una reforma clave, porque el sistema actual provoca que 6 autonomías reciban menos recursos por habitante que la media: Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla la Mancha, Aragón y Madrid (muy poco menos), beneficiándose las 9 restantes (el País Vasco y Navarra tienen un régimen foral que les beneficia sobre el resto, un privilegio histórico difícil de corregir). Pero además de esta reforma, urge frenar las bajadas de impuestos en cadena que llevan años promoviendo las autonomías gobernadas por el PP, porque son injustas (benefician más a quien más tiene) y porque reducen ingresos que impiden gastar más en sanidad, educación, servicios sociales o Dependencia (caso muy evidente de Madrid).

A principios de año, el 9 de enero, el Gobierno ha hecho una propuesta para aprobar un nuevo modelo de financiación autonómica, forzado por sus acuerdos con ERC y Junts. Pero el nuevo sistema aumenta el porcentaje del IRPF (al 55%) y el IVA (al 56,5%) que se transfiere a las autonomías, junto a una mayor aportación del Estado, con lo que las autonomías recibirían 20.975 millones extras en 2027. Una ganancia para todas, sobre todo para Andalucía (+4.846 millones), Cataluña (+4.686 millones), Comunidad Valenciana  (+3.669), Madrid (2.555) y Castilla la Mancha (+1.248 millones). Pero la propuesta ha sido rechazada por todas las autonomías, salvo Cataluña, más por causas políticas que económicas o fiscales.

 Y así, con esta imposibilidad política de llegar a acuerdos para pactar una reforma fiscal y una reforma de la financiación autonómica, los ciudadanos seguiremos sufriendo las consecuencias de una financiación escasa y mal repartida de nuestros servicios públicos esenciales. Y cada vez tendremos más problemas en la sanidad, la educación, la Dependencia o los servicios sociales, porque el deterioro se acumula y somos más habitantes. Lo grave es que la incapacidad de los políticos para buscar acuerdos perjudica nuestra vida diaria.

jueves, 22 de enero de 2026

FITUR 2026: llegarán los 100 millones de turistas

Hasta el domingo se celebra en Madrid FITUR, la Feria del turismo más importante del mundo. El sector sigue eufórico, tras batirse otro récord en 2025: 97 millones de turistas (el doble que el año 2000) y 134.710 millones de gasto (cuatro veces más que al principio del siglo). Y el año 2026 ha empezado con fuerza, en reservas de viajes y estancias, con lo que se espera alcanzar los 100 millones de turistas este año, a pesar de los conflictos geopolíticos, el bajo crecimiento europeo y los altos precios turísticos en España. La duda es si esos 100 millones es una cifra “sostenible”, dada la saturación de muchos destinos. Lo positivo es que el Gobierno y el sector han aprobado una Estrategia turística 2030, una hoja de ruta para reconvertir y modernizar el sector, para conseguir un turismo sostenible, equilibrado e inclusivo, para evitar “morir de éxito”. Se trata de transformar destinos, digitalizar la gestión, mejorar la formación y diversificar ofertas y turistas al margen del tradicional sol y playa.

                        FITUR 2026, el escaparate de un turismo que atraerá a 100 millones en 2026

En todo el mundo sigue “la fiebre por viajar”, tras la pandemia: en 2025 se superaron los 1.500 millones de turistas en el mundo, según la Organización Mundial de Turismo (OMT),sobrepasándose por primera vez los turistas que hubo en 2019, antes de la pandemia (salvo en América y Asia Pacífico, que siguen por debajo). Algo más de la mitad de este turismo mundial es de Europa, la región del mundo con más turismo, con 1.200 millones de viajes realizados por los europeos en 2025, según Eurostat. El 71% de estos viajes de los europeos fue dentro de su país, pero un 21% fueron a otro país europeo (sobre todo a España, Italia y Francia) y el 8% restante fueron viajes fuera de Europa.

España se consolida como el 2º destino turístico del mundo, ya cerca de Francia, con 97 millones de turistas extranjeros recibidos en 2025, según la estimación del ministro de Industria y Turismo, 3,2 millones más que en 2024 (93.799.505 turistas). Es un aumento del +3,4%, algo menor que el aumento de 2024 (+10,1%), porque en el verano se ha ralentizado el fuerte aumento del turismo extranjero del primer cuatrimestre, con una ligera caída del turismo francés (-0,5% de enero a noviembre) o belga (-0,1%) y un mínimo aumento del turismo alemán (+0,9%) y nórdico (+1,2%) . Con todo, es un récord histórico de turistas (duplica con creces los 46,40 millones del año 2.000). Y lo más importante: ha crecido mucho más (el +6,8%) el gasto que estos turistas hicieron en España, otro récord histórico: 134.710 millones de gasto turístico, cuatro veces el del año 2.000 (33.000 millones). En definitiva: vienen más turistas y se gastan cada vez más en España.

Además del doble récord, de turistas y gasto, el año 2025 revela que el crecimiento turístico ha sido “más sano”, según el análisis del Gobierno. Primero, porque el turismo ha crecido más fuera de la temporada alta, fuera del verano, en enero (+6,1%), febrero (+7,7%), marzo (+3,8%) abril (+10,1%), octubre (+3,2%) o noviembre (+2,1%), por delante del crecimiento de turistas en julio (+1,6%), agosto (+2,9%) y septiembre (+0,8%), según el INE. Segundo, porque ha habido una cierta desconcentración del turismo, tanto en el origen (los turistas de EEUU, Latinoamérica y Asia han crecido más que los europeos) como en destino (ha crecido más el turismo y su gasto en algunas zonas que no son de sol y playa). Y tercero, porque los turistas que vienen a España se vuelven muy contentos: el 97% se muestran satisfechos (30,9%) o muy satisfechos (66,2%) de su estancia, según la última Encuesta de Satisfacción de Turespaña.

Las empresas turísticas han hecho un balance muy optimista de 2025, aunque el sector turístico ha crecido algo menos que la economía: +2,5%, frente a un aumento del PIB global del 2,9%, tras crecer más que la economía en 2023 (+10,5% frente a 2,5%) y 2024 (+5,5% frente al 3,5% el país). Con todo, el turismo ha facturado 218.459 millones de euros en 2025, aportando el 13% del PIB español, lo que le revalida como la primera industria del país. Y le ha permitido crear 47.815 nuevos afiliados a la Seguridad Social, lo que supone otro récord de empleo: 2,75 millones de personas trabajan en el turismo, el 12,7% de todo el empleo y 375.000 afiliados más que antes de la pandemia. Además, el 80,9% de estos trabajadores del sector turístico tienen un contrato indefinido y su sueldo ha subido más en 2025 (´3,9%) que el del conjunto de trabajadores (+3,4% de subida).

La mayor llegada de turistas extranjeros en 2025 (+3,2 millones) ha compensado el relativo estancamiento del turismo nacional, que creció poco, según la patronal Exceltur. Y gracias a ese mayor turismo extranjero, las empresas turísticas han aumentado sus ventas un +4% (+7,9% el negocio con extranjeros), por el mayor gasto de estos turistas y al aumento de precios. Las zonas con más aumento de ventas para el sector turístico han sido Murcia (+9%), País Vasco (+7,8%), Baleares (+7,4%), Aragón (+7,2%), Madrid y la Rioja (+7% de ingresos), por delante del aumento de ventas en las zonas tradicionales de sol y playa. Y además, las empresas turísticas han aumentado sus beneficios (+5,6%) más que sus ventas (+4%), según Exceltur, sobre todo las de transporte (+13,5%), empresas ligadas al ocio (+7,2%), hoteles de costa(+6,2%) y empresas de alquiler de coches (+4.1%).

Un factor que explica este fuerte aumento de beneficios para el sector turístico es que ha seguido la fuerte subida de precios, iniciada en 2023. Los hoteles han subido un +8,7% en 2025, según el INE, tras una subida de precios del +37.1% desde 2019, con un precio medio de 172 euros por habitación, según Exceltur. Y los vuelos internacionales han subido también un +7,4%, aunque los nacionales subieron sólo el +4,8%, por la competencia del tren. Y los bares y restaurantes, otro gasto turístico clave, han subido una media del +4,2%.Estas subidas preocupan porque España aumenta su “brecha de precios” con otros paises competidores, como Grecia, Turquía, Croacia, Egipto, Marruecos o Túnez.

Otro factor que ha ayudado al buen ejercicio de las empresas turísticas en 2025 ha sido la menor competencia de los apartamentos turísticos, sobre todo tras obligarlos el Gobierno a registrarse en una ventanilla única desde el 1 de julio, lo que ha reducido la oferta, junto al mayor control y las limitaciones de algunos Ayuntamientos y autonomías. El resultado es que en 2025 había 366.000 apartamentos turísticos disponibles en las 25 principales ciudades, 15.963 menos que a principios del año (-4,1%), según Exceltur, con una caída importante de la oferta en Ibiza (-40,8%), Madrid (-7,8%), Santiago (-17,5%) o San Sebastián (-5,7%), aunque subieron en Barcelona (+3,8%).

Tras el nuevo récord de turistas e ingresos de 2025, el sector estima que España conseguirá alcanzar en 2026  los 100 millones de turistas esperados en 2025. A favor está el crecimiento económico esperado en Europa, similar al de 2025 (+1,4% en UE-27) pero con una recuperación esperada en Alemania, Francia e Italia, los tres paises desde los que vienen más turistas europeos. Y como el empleo sigue creciendo y los salarios crecen algo más que los precios, se espera una mejora del consumo, en Europa y en España, que ayudarán a aumentar turistas y gasto. Además, la bajada del crudo puede abaratar los precios del transporte (y los billetes de avión), ayudando también una esperada revalorización del euro, que facilitaría la llegada de turistas con otras monedas. Pero también hay incertidumbres, como los problemas geopolíticos y Trump. Y no ayudarán los precios turísticos al alza.

Con todo, la patronal Exceltur espera que los ingresos del sector turístico crezcan en 2026 como el año pasado (+3,9% frente al 4% en 2025) y los beneficios suban algo más (+5,9% frente a +5,6%), sobre todo en los hoteles de costa, las empresas de ocio y las agencias de viaje. Y esperan una mayor mejoría este año en la Comunidad Valenciana (+9,9% de ventas), Murcia (+9,8%) y Baleares (+6,6%), así como en Castilla la Mancha (+5,5%) y País Vasco (+5,3%), con menores aumentos de ingresos en Madrid (+1,8%), Cataluña (+2,8%), Galicia y Andalucía (+4%), apoyados en las fuertes inversiones hechas estos años en los hoteles, en la mayor digitalización de las empresas, las menores viviendas turísticas, las oportunidades de la Inteligencia artificial y la oferta de calidad y seguridad que ofrece España.

Un elemento clave de futuro es la tremenda fidelidad de los turistas extranjeros que visitan España, según revelan estos datos: en 2024, más del 74% de los turistas internacionales que vinieron a España nos habían visitado ya antes. Y más de la tercera parte de ellos (el 38%) habían venido antes en 10 ocasiones o más, según las Encuestas de Turespaña.  Y por si fuera poco, el 69% de los turistas que nos visitaron en 2024 indicaron que tenían intención de volver a España en los próximos 12 meses

Con todo, España sigue con un problema de concentración turística estructural, tanto porque el grueso del turismo se concentra en los meses de verano, aunque haya mejorado algo (esos 3 meses llegaban el 34,5% de los turistas extranjeros en 2019 y han llegado el 33% en 2025) como por su origen (el 84% de los turistas que vinieron en 2025 eran europeos) y su destino dentro de España: el 90,44% de los turistas y su gasto se concentran en 5 autonomías: Cataluña (19,06%), Baleares (15,51%), Canarias (14,24%), Andalucía (13,77%) y Comunidad Valenciana (11,71%). Y este desigual reparto del turismo agrava los problemas de saturación turística en muchos destinos de sol y playa y en bastantes ciudades, provocando protestas de los residentes y una subida generalizada de precios, además de problemas en las infraestructuras (aeropuertos, accesos, aparcamientos) y en los servicios (agua, saneamiento, basuras, sanidad, policía…).

España roza los 100 millones de turistas para 2026, pero eso provoca una pregunta: ¿es sostenible esta masificación turística? Muchos expertos y hasta empresarios del sector creen que ha llegado el momento de parar y reflexionar, de evitar “morir de éxito. Urge perfilar un turismo sostenible, no sólo para los propios españoles residentes sino para los turistas nacionales e internacionales, que pueden buscar otros destinos si se “agobian” en España, si nos identifican con “colas” en aeropuertos, carreteras, playas y restaurantes, con precios superiores a viajar a destinos más exóticos y lejanos…

Esta reflexión sobre el futuro del turismo en España se ha plasmado en la Estrategia España Turismo 2030”, una “hoja de ruta” para el futuro  aprobada por el Gobierno el 21 de octubre de 2025, tras muchos meses de debate con 200 entidades públicas y privadas del sector turístico. El objetivo es “transformar el turismo español hacia un modelo sostenible, equilibrado e inclusivo”, que se pretende conseguir con 5 programas (sobre destinos, empresas, trabajadores, residentes y turistas) que incluyen 15 metas, entre ellas, transformar los destinos turísticos, fomentar el turismo verde y de interior, innovar y digitalizar empresas y aplicar criterios sostenibles para el medio ambiente, formación continua de los trabajadores, armonizar el turismo y la vida local de los destinos turísticos (elaborando un Atlas de “intensidad turística”) y promover un marketing de España como destino sostenible.

Muchas de estas acciones están en marcha dentro de programas turísticos aprobados con Fondos europeos, de los que 3.400 millones se han destinado a la reconversión y digitalización del sector turístico, además de acciones medioambientales y campañas de marketing para conseguir una diversificación geográfica, temporal y motivacional de los turistas, para promover el turismo de negocios, verde, cultural, gastronómico o deportivo, no sólo nuestro sol y playa. En paralelo, las empresas han realizado fuertes inversiones en hoteles, infraestructuras, digitalización, energía y medio ambiente, así como en múltiples ofertas de servicios, lo que permite en muchos casos no cerrar tras el verano y mantener un turismo permanente.

En resumen, que FITUR 2026 vuelve a ser un escaparate de España como potencia turística, del potencial de nuestra primera industria, que ha sido y sigue siendo el primer motor de nuestro crecimiento y nuestro empleo, junto a los inmigrantes y los Fondos europeos. Pero no podemos dormirnos en los laureles y crecer por crecer, alcanzar los 100 millones de visitantes como si nada: urge una reflexión sobre el futuro y aplicar esa hoja de ruta aprobada, con medidas e inversiones que nos permitan conseguir “un nuevo turismo” para 2030, más sostenible y asumible para españoles y extranjeros. No podemos “morir de éxito”.   

 

lunes, 19 de enero de 2026

Se dispara la pobreza energética

Enero está siendo un mes muy frío en toda España y eso aumentará los problemas de las familias que tienen dificultades para calentar su vivienda: 8,5 millones de personas sufren “pobreza energética” en España, un 17,5% de la población, casi el doble que la media europea y el triple que en 2008 (5,9%). Aunque el Gobierno ha aumentado las ayudas a estas familias, con el bono social eléctrico y térmico, sólo las reciben 1,7 millones de personas, la quinta parte de los que tienen problemas para calentarse y pagar la luz. Este año, la luz seguirá cara y lo mismo la calefacción, por lo que el Gobierno ha prorrogado estas ayudas a las familias en situación de pobreza energética. Pero la medida, que se incluye dentro del Decreto de revalorización de pensiones y prórroga del “escudo social” está pendiente de convalidarse en el Congreso y tanto la derecha como Junts amenazan con no aprobarla. Urge tomarse en serio este grave problema, que tantas familias no puedan pagar la energía.

                    8,5 millones de españoles sufren "pobreza energética"

En 2025 volvió a subir la luz, como en 2024 y 2023, aunque el recibo no dio los sustos de 2022, tras la invasión de Ucrania. En el mercado mayorista en origen, el precio medio ha sido 65,52 euros MWh, una subida del +4,2% sobre el precio medio de 2024 (62,90 euros MWh), por el aumento del precio del gas en la primera parte del año y la subida de los costes del CO2, aunque han evitado una mayor subida las lluvias de primavera y el aumento de la generación fotovoltaica. A partir de este precio en origen, el recibo de la luz que pagan los consumidores con tarifa regulada (8,5 millones) ha subido +12%, hasta una factura media de 69,34 euros mensuales (frente a 61,88 euros en 2024 y 60,34 euros de 2023, muy lejos ambas de los 105,48 euros que pagamos en 2022), según la OCU. Y en cuanto a la calefacción, la media del recibo subió un 13% en 2025 (a 640 euros anuales).

Ahora, en 2026, se espera otra subida del recibo de la luz, aunque puede bajar en origen hasta un 12%, dado que los futuros prevén un precio medio en el mercado mayorista de 56,70 euros MWh (que volvería a bajar a 54,25 euros MWH en 2027), según estimaciones de OMIP. Sin embargo, el recibo que pagamos podría subir este año. A los que tienen tarifa reducida, por la subida de peajes (cargos aprobados por el Gobierno) y, sobre todo, porque REE seguirá manteniendo “de guardia” varias centrales de gas, para evitar apagones, lo que supone un recargo en la factura. Y los que tienen una tarifa “libre” (20 millones de consumidores) verán como en la revisión anual de tarifas le suben, por estos cargos, al menos un 10%. Eso sí, la tarifa regulada del gas para calefacción baja más del 5%.

En definitiva, pagar este año la luz y la calefacción será caro, aunque puede haber algunos ahorros (ya también subidas si hay más conflictos geopolíticos). Y como el invierno está siendo frío, todo apunta a que la factura de la luz y la calefacción será un coste importante para muchas familias, junto a los alquileres (o hipotecas), la alimentación y el transporte. Por eso preocupa que aumenten las personas con problemas para calentar su casa o pagar la luz: el pasado invierno (2024-2025), el 17,5% de los españoles no pudieron calentar correctamente sus casas, según Eurostat. Eran más de 8,5 millones de personas con “pobreza energética”, el triple que en 2008 (entonces eran el 5,9% de la población).

España (con ese 17,5%) es el 4º país con  más “pobreza energética” de Europa, sólo por detrás de Bulgaria y Grecia (19% de personas con pobreza energética) o Lituania (18%) y duplica la media europea (9,2% de población con pobreza energética), según Eurostat, quedando muy por delante de Alemania (6,3%), Francia (11,8%), Italia (8,6%), Polonia (3,4%), Suecia (4,1%), Dinamarca (4,4%) o Finlandia (2,7%), paises mucho más fríos que España. Además, 1 de cada 3 familias españolas tuvo que retrasar el pago de sus facturas energéticas el invierno pasado, según otro Informe sobre pobreza energética 2024. Y existe una “pobreza energética “oculta”: un 15% de las familias tuvieron que recortar otros gastos básicos, como la compra de alimentos, para pagar las facturas de calefacción.

Esta pobreza energética en España es desigual, según el estudio. Afecta mucho más a las familias que viven de alquiler (un 33% sufren “pobreza energética”, casi el doble de la media española) que a los que tienen su casa en propiedad (17,5% de pobreza energética). Y hay una gran diferencia por autonomías: en Canarias y en las regiones más ricas (Madrid, Cantabria, País Vasco, Navarra, la Rioja, Cataluña y Baleares) baja la tasa de pobreza energética (al 9%) y sube en las más pobres (al 23% en Extremadura, el 14,3% en Andalucía o el 12,3% en Murcia). Y además, preocupa el alto porcentaje de la pobreza energética “ severa : un 9,35% de las familias (4,5 millones de personas) que dedican un porcentaje excesivo de sus ingresos a las facturas, incurren en retrasos severos de pago o no pueden mantener temperaturas adecuadas (por debajo de 18°C-21°C).

Frente a este grave problema de la pobreza energética, el Gobierno Zapatero creó en 2009 una ayuda, el bono social eléctrico, que se reformó en 2017 y se amplió en octubre de 2018, con el Gobierno Sánchez, que creó el bono social térmico. Dos formas de ayuda frente a la pobreza energética que son un avance pero que sólo ayudan a 1.703.511 personas, 1 de cada 5 afectados por la pobreza energética (8,5 millones). Veámoslas con detalle.

El bono social eléctrico es un descuento en la factura de la luz que beneficia a las familias más vulnerables, que tienen problemas serios para pagar el recibo. El descuento varía según los ingresos del beneficiado: se rebajaba un -42,5% la factura eléctrica (descuento vigente del 30 de junio al 31 de diciembre de 2025) a los consumidores “vulnerables” (ingresan menos de 12.600 euros al año los solteros, 19.320 euros  las parejas con un niño y menos de 23.500 euros las familias con dos niños) y el descuento era del -57,5% para los consumidores “vulnerables severos(ingresan menos de 6.300 euros al año los solteros, menos de 9.660 euros las parejas con 1 hijo, menos de 11.760 las familias con dos hijos, menos de 16.800 euros anuales las familias numerosas y menos de 16.800 euros los pensionistas). Además, hay un tercer grupo de beneficiados, los consumidores “en exclusión social (atendidos por los servicios sociales de Ayuntamientos y autonomías) que no tienen que pagar nada de luz (ni se la pueden cortar) y a quien esas administraciones pagan el 50% del recibo.

Este bono social eléctrico, esos descuentos en el recibo de la luz, los solicitan los beneficiarios potenciales a su compañía eléctrica, que se los aplicará si cumplen los requisitos, aunque realmente cargan después este coste al resto de los consumidores  (a través del concepto “financiación del bono social” incluido en las facturas de la tarifa regulada, aunque  los consumidores con contrato “libre” lo acaban pagando también). En 2025 había 1.703.511 consumidores beneficiados por el bono social eléctrico, medio millón más que antes de dispararse los precios de la energía por la invasión de Ucrania (1.218.120 beneficiarios en 2021). Más de la mitad de estas ayudas se concentran en Andalucía (348.435 beneficiarios), Comunidad Valenciana (223.306), Cataluña (189.705) y Madrid (187.639).

El bono social térmico, la otra ayuda complementaria disponible, es un pago anual único para ayudar al pago de los gastos de calefacción, agua caliente y cocina. Su cuantía depende de la zona climática donde vive el beneficiario (más en Ávila que en Canarias), del grado de vulnerabilidad (ingresos) y de lo que aporte opcionalmente la autonomía a esta ayuda, que se financia con los Presupuestos del Estado (su coste fue de 312 millones en 2025, frente a 75 millones abonados en 2019). En 2025, la ayuda del bono social térmico variaba entre 40 y 373 euros anuales. Esta ayuda se abona en cuenta entre enero y agosto a todos los que disfruten del bono social eléctrico en diciembre del año anterior, pero este abono lo gestionan las autonomías y eso supone una gran descoordinación y retraso en las ayudas, por lo que algunos dicen que existen “17 bonos sociales térmicos”. En 2025, los beneficiarios del bono social térmico fueron 1.649.625 personas, medio millón más que en 2019.

Estas dos ayudas a los gastos energéticos se han ido prorrogando en los últimos años, la última vez hasta el 31 de diciembre de 2025. Unos días antes de vencer el plazo, el 22 de diciembre pasado, El Gobierno llegó a un pacto con EH Bildu para prorrogar estas dos ayudas durante todo 2026. Y al día siguiente, en el Consejo de Ministros del 23 de diciembre, el Gobierno aprobó formalmente la prórroga, en un Real Decreto que incluyó también la prohibición de desahucios y el mantenimiento del “escudo social” más la revalorización de las pensiones. Ahora, todas estas medidas, incluida la prórroga de las ayudas a la pobreza energética, han de ser convalidadas en el Congreso, algo problemático dado que Junts asegura que no va a apoyar ningún Decreto del Gobierno, como PP y Vox.

Tenemos un antecedente de lo que puede pasar: hace un año, el Gobierno llevó al Congreso un Decreto semejante, para prorrogar el escudo social y revalorizar las pensiones y Junts lo tumbó, con PP y Vox, para ratificarlo unos días más tarde con algunos cambios y la partición del Decreto en dos (pensiones y otras ayudas). Ahora, PP, Vox, Junts y PNV no confirman si apoyarán este Decreto y critican que el Gobierno haya mezclado la revalorización de pensiones con la prórroga de ayudas contra la pobreza energética, la prohibición de coste de suministros básicos (luz, gas o agua) o la prohibición de los desahucios.

Mientras se concreta esta nueva “pelea política” lo que está en el aire son la prórroga de las ayudas a 1.7 millones de personas que tienen problemas para pagar la luz y calentar su casa, junto a la prohibición de que les corten los suministros. El bono social eléctrico y térmico es una ayuda importante para muchas familias, pero resulta insuficiente a la vista de los datos: 4 de cada 5 afectados por la pobreza energética no reciben ninguna ayuda. Los expertos lo achacan al exceso de requisitos y a la burocracia, que llevan a que muchos potenciales beneficiarios de las ayudas ni siquiera las pidan. Y también hay una gran descoordinación entre Administraciones, por lo que las ONGs  piden más implicación de los servicios sociales de los Ayuntamientos, para atender mejor las necesidades energéticas.

En paralelo a las ayudas, la Comisión Europea ha pedido a los paises otras medidas para paliar la pobreza energética, como potenciar las ayudas a la rehabilitación de viviendas, para que estén mejor aisladas y las familias puedan gastar menos en luz y calefacción. En este tema, España está retrasada, a pesar de las importantes ayudas a la rehabilitación energética con Fondos europeos: se rehabilitan energéticamente el 0,8% de las viviendas, cuando la Comisión Europea considera que deberían rehabilitarse el 2% cada año.

Ahora, el Gobierno debe aprobar finalmente la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2026-2030, cuyo borrador presentó en septiembre de 2025. El Plan tiene 4 ejes de actuación (caracterización de la pobreza energética y creación de un Observatorio, protección de los consumidores, mejoras estructurales de las viviendas y mayor coordinación de las distintas Administraciones), concretados en 12 medidas: aumento del bono social, mejora y ampliación del bono social térmico (incluido en verano), concesión directa ayuda a los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital, prohibición de cortes de suministro e integrar medidas de descarbonización en la protección social energética. Algunas organizaciones sociales y ONGs creen que habría que ser más ambiciosos en esta nueva Estrategia, para cubrir a más personas energéticamente vulnerables, en colaboración con Ayuntamientos, autonomías y las propias compañías eléctricas. Y algunos proponen crear un Banco de Energía, al estilo de los Bancos de Alimentos, para canalizar donaciones (de energía o de dinero) a las familias más vulnerables.

En resumen, el pago de la luz y la calefacción supone cada vez un coste mayor para muchas familias, que no pueden afrontarlo, con lo que no pueden calentar sus hogares o lo hacen a costa de reducir otros gastos. Y España, al igual que en la pobreza general, es también líder en Europa en esa pobreza energética, que afecta a casi 1 de cada 6 españoles (17,5%). Urge ayudarles este mes de enero, con la convalidación en el Congreso de la prórroga del bono social eléctrico y térmico. Y después, habría que acordar un sistema de ayudas más eficaz, que llegara a la mayoría de los afectados (ahora 4 de cada 5 están desatendidos), no sólo con descuentos y ayudas en las facturas sino con medidas estructurales para rehabilitar las viviendas y reducir el gasto energético. Un gasto que angustia cada invierno a muchas familias.

jueves, 15 de enero de 2026

Acuerdo UE-Mercosur: una gran oportunidad

Este sábado se firma en Asunción (Paraguay) el Acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea, que se empezó a negociar en 1999. Se crea así la zona de libre comercio más grande del mundo, con 720 millones de consumidores y la cuarta parte del PIB mundial. Ahora, ambos bloques bajarán aranceles, con lo que los productos industriales europeos se venderán mejor en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay y estos paises nos venderán mejor sus productos, sobre todo alimentos. “Vacas por coches”, resumen algunos, lo que ha provocado protestas de agricultores en toda Europa, que temen la invasión de carnes y alimentos latinoamericanos más baratos y de peor calidad. Pero el acuerdo tiene cupos de importación y cláusulas de salvaguarda. Los expertos creen que va a disparar el comercio y la inversión entre los dos lados del Atlántico, siendo España uno de los paises más beneficiados. Además, el Acuerdo permite a Europa sellar alianzas geopolíticas en un mundo que se reparten China y EEUU. Tiene más ventajas que inconvenientes.

             Protestas agricultores contra Acuerdo UE-Mercosur                                  EFE

Este Acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) parecía que no iba a llegar nunca. Se empezó a negociar en el siglo pasado (en 1999) y hasta 2019 no hubo un principio de acuerdo, que no cristalizó en un texto firmado por Mercosur y la Comisión Europea hasta el 6 de diciembre de 2024. En principio, el brasileño Lula da Silva, el gran impulsor de este Acuerdo, pretendía firmarlo por todo lo alto en Iguazú (Brasil) el 20 de diciembre, pero unos días antes, la presidenta de la Comisión le anunció que no iba a ser posible y que había que dejarlo para enero. El problema: Francia e Italia, más Polonia, no estaban dispuestos a firmar el Acuerdo, por la presión de sus agricultores. Lula les hizo ver que “estaban hartos de esperar a Europa” y las negociaciones internas en la UE-27 se multiplicaron estas Navidades, hasta que el 9 de enero, un Consejo de la UE consiguió la luz verde, por mayoría cualificada: el apoyo de 15 de los 27 paises UE, la oposición de Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda, más la abstención de Bélgica.

El Acuerdo ha sido finalmente posible por las concesiones hechas a Italia (mecanismo de protección para productos sensibles, creación de un Fondo de compensación ante posibles desequilibrios del mercado, refuerzo de los controles fitosanitarios en las fronteras a los alimentos de Mercosur y promesa de reorganizar los pagos de la política agraria, la PAC). Pero todavía hay dos obstáculos internos al Acuerdo en Europa. Uno, que la extrema derecha europea (grupo “Patriots”) ha prometido denunciar el Acuerdo ante el Tribunal de Justicia de la UE (lo que podría retrasar su entrada en vigor). Y el otro, que el Acuerdo tiene que se ratificado por el Parlamento Europeo, donde se espera una votación ajustada. En cualquier caso, la Comisión sigue adelante y quiere dar una imagen de decisión política (tras su paralización ante las amenazas de Trump) firmando el Acuerdo este sábado en Asunción (Paraguay). En el otro lado, la incertidumbre está en el futuro papel del ultraderechista Milei en este Acuerdo.

La esencia de este Acuerdo comercial entre la UE y Mercosur es la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo, entre los 27 paises de la UE y los 4 de Mercosur: un inmenso mercado con 720 millones de consumidores (270 millones latinoamericanos) y el 25% del PIB mundial. Para ello, ambas partes se comprometen a reducir drásticamente sus aranceles actuales, la mayoría en un plazo de 10 años: Mercosur liberalizará el 91% de sus importaciones de Europa y la UE el 92% de las suyas desde Mercosur. Eso supondrá que los productos de ambas zonas pagarán muchos menos aranceles (hasta quedarse en cero en unos años) por sus compras y ventas, lo que en el caso de Europa supondrá un ahorro de aranceles de 4.000 millones de euros anuales.

La reducción conjunta de aranceles varía, en porcentajes y plazos, según los productos. En el sector industrial, Mercosur eliminará progresivamente aranceles  (en 10 años la mayoría) al 92% de sus importaciones procedentes de la UE-27. Esto beneficiará la entrada en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay de productos europeos que hoy se venden allí con elevados aranceles : automóviles y componentes (35% de arancel), bienes de equipo y maquinaria (20%), productos químicos y plásticos (18% de aranceles) y productos farmacéuticos (14%), sobre todo. Además, también bajarán los aranceles que hoy pagan muchos alimentos elaborados europeos en estos paises de Mercosur: quesos (arancel del 28%), vino (27%), aceite, bebidas alcohólicas y lácteos.

A cambio, Europa liberalizará el 82% de las importaciones agroalimentarias que vienen de los paises de Mercosur, rebajando los aranceles que ahora tienen en un plazo de 7 años: los que tienen un arancel inferior al 5% se eliminarán inicialmente, los que pagan entre 5,1 y 10% se reducirán en 4 años y los que pagan más del 10% se liberalizarán en 7 años, un plazo en el que entrarán casi libremente las frutas y hortalizas de Mercosur. También bajan los aranceles a las carnes de Mercosur, pero con varias “salvaguardias para defender a los ganaderos europeos. Una, que se establece un límite máximo (cuotas) a la cantidad de carnes que se pueden importar desde Mercosur con bajos aranceles: 99.000 Tm de vacuno (el 1,5% de la producción total de la UE), 25.000 Tm de carne de cerdo (el 0,1% de la producción UE) y 180.000 Tm de aves de corral (el 1,3% de la producción UE). La segunda, que se vigilará el comercio de estos alimentos y si crece demasiado, se revisará el Acuerdo. Y tercera, que los alimentos que se importen de paises Mercosur deben cumplir con los estándares de seguridad alimentaria que exige la UE (se controlará aleatoriamente en las fronteras).

Hasta aquí, el Acuerdo parecería un intercambio de “coches por vacas, como resumen las quejas de los agricultores, que protestan por toda Europa porque saben que en Mercosur hay explotaciones agrarias y ganaderas muy grandes, con menores salarios y costes, que utilizan productos fitosanitarios en exceso y podrían invadir Europa de carnes y alimentos más baratos, pero de baja calidad. La Comisión Europea insiste en que la rebaja de aranceles afecta sólo a cupos de carnes, que se va a vigilar el flujo de entradas (el Acuerdo contempla frenarlas si se disparan) y que estos alimentos tendrán la misma seguridad alimentaria que el resto. Y además, añaden que los agricultores europeos podrán vender en Mercosur los productos con denominación de origen (357 en toda Europa, 59 en España), manteniéndola allí, lo que les permitirá vender a precios más altos desde aceite y jamón español a quesos italianos o vino francés.

Pero el Acuerdo UE-Mercosur es mucho más que “coches por vacas. El Acuerdo abre los paises de Mercosur a los servicios europeos, que ahora tienen problemas para operar allí, desde los servicios financieros y las telecomunicaciones, correo y mensajería, los transportes (incluido el transporte marítimo internacional), el comercio electrónico y todo el negocio relacionado con las nuevas energías y el medio ambiente. Y algo también muy importante: el Acuerdo abre los paises Mercosur a los mercados de contratación pública, que ahora discriminaban a las empresas extranjeras sobre las locales (para construir una linea de metro o una autopista, por ejemplo). En tercer lugar, el Acuerdo permite a Europa acceder a minerales y materias primas críticas (litio) de los paises de Mercosur, un sector estratégico que hasta ahora intenta copar China (y también Trump).

Y como colofón, dos cuestiones más de interés. Una, que el Acuerdo contempla cumplir los objetivos climáticos del Acuerdo de París (con un compromiso contra las talas masivas y la deforestación). Dos, que se reducen la burocracia y los procedimientos aduaneros para el comercio entre los dos bloques, con ayudas para las pymes europeas, que deberían así aumentar su presencia en los paises de Mercosur.

Las manifestaciones de agricultores por toda Europa han hecho que la opinión pública dude de las ventajas del Acuerdo UE-Mercosur. Pero todos los estudios económicos señalan que el Acuerdo aumentará el comercio entre ambos bloques, con una mejora de las inversiones, el crecimiento y el empleo, en Europa y en Mercosur. De entrada, el Acuerdo es también una oportunidad para los agricultores europeos, porque se abrirá la posibilidad de que vendan más alimentos en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, paises que hoy están “cerrados”, por sus altos aranceles a los alimentos importados (entre el 10 y el 55%), lo que explica que los productos agroalimentarios sólo suponen el 5% de las exportaciones UE a Mercosur.

El ejemplo de España es claro: en 2024, sólo conseguimos exportar productos agroalimentarios a los paises de Mercosur por valor de 463 millones de euros, mientas las importaciones de Mercosur a España fueron casi 10 veces más (4.118 millones de euros), según Agricultura. Ahora, con el acuerdo, la industria agroalimentaria española espera vender allí más aceite, vino, quesos, frutas y hortalizas y porcino, aunque también nos llegarán de Mercosur más carnes y azúcar (Ojo: con cuotas), maíz, miel, frutas y zumos de frutas.

Lo que busca este Acuerdo UE-Mercosur es dinamizar el comercio y las inversiones entre los dos lados del Atlántico. El comercio entre ambas zonas podría aumentar en una tercera parte a largo plazo, según el Banco de España, mientras la Comisión estima que las exportaciones europeas podrían aumentar en 84.000 millones de euros y generar 756.000 empleos adicionales. Y otro estudio de Fedea señala que España será uno de los paises europeos que más gane con el Acuerdo: el aumento de los flujos comerciales España-Mercosur podría ser el doble que para toda la UE, por nuestra excelente posición como nexo entre ambos continentes. Además, se espera un impulso de las inversiones europeas en Mercosur (y viceversa): actualmente, la UE es ya el primer inversor extranjero en Mercosur, con 390.000 millones de euros invertidos hasta la fecha.

Con todo, hay un factor clave más de este Acuerdo UE-Mercosur: Europa reacciona y busca su hueco en la pelea geopolítica por el reparto del mundo entre EEUU, Rusia y China, sobre todo ahora que asistimos al furor imperialista de Trump en Latinoamérica. Es una oportunidad histórica para que Europa influya comercial y económicamente en esta zona del mundo donde ahora tiene poca presencia: Mercosur es el 10º socio comercial de la UE (con sólo 55.200 millones exportados allí en 2024), a pesar de que la UE es el 2º socio comercial de Mercosur (tras EEUU), con 56.000 millones importados de allí en 2024.

En el caso de España, el desequilibrio comercial con Mercosur es aun mayor : en 2024 exportamos a estos 4 paises productos por valor 4.405 millones de euros, lo que supone sólo el 1,14% de todas nuestras exportaciones (el 1,20% de enero a octubre de 2025), según los datos de Comercio. A lo claro: exportamos menos a Mercosur (1,2% del total) que a Suiza (1,5% del total), China (1,9%), Marruecos (3,3%) y EEUU (4,7% del total). Y aunque importamos de Mercosur más del doble (10.481 millones en 2024), esas compras suponen sólo el 2,46% de todas nuestras importaciones (2,25% de enero a octubre de 2025). O sea, que les compramos menos (2,25% del total) que a Bélgica (2,4% del total), Marruecos (2,3%), Reino Unido (2,4%), EEUU (6,6%) y China (10,6%).

En definitiva, que si todo va bien, nuestras exportaciones a Mercosur se pueden disparar y ser un mercado clave, no sólo para vender coches y alimentos sino para vender servicios y conseguir contratos públicos, aumentando la inversión española en la zona, aprovechando nuestro idioma y nuestra posición geográfica de “puente” con Europa. Por eso, España tiene mucho que ganar con este Acuerdo, aunque se entiende el recelo de algunos agricultores y ganaderos a que nos invadan las carnes, el azúcar y las frutas de Mercosur. De hecho, el estudio de Fedea señala que nuestra economía crecerá un +0,14% extra el primer año del acuerdo, un +0,17% el 5º año y un +0,23% extra el año 16º, no sólo por el aumento del comercio sino también por las inversiones y el acceso a los contratos públicos.

Y hay otra ventaja geopolítica: se abre una nueva zona económica internacional para que las empresas españolas (y europeas) completen su “cadena de producción”, instalando parte de sus procesos de aprovisionamiento y fabricación y diversificando riesgos al salir de las deslocalizaciones actuales en Asia y norte de África.

En resumen, que “el parto” del Acuerdo de Mercosur ha sido tardío y complejo y la criatura nace en medio de tractoradas por toda Europa. Pero hay que reconocer que es el primer movimiento de los dirigentes europeos para buscar una salida a su aislamiento económico y comercial en medio de la guerra entre EEUU y China. Y que tenemos mucho más que ganar que perder, sobre todo España, aunque hay que estar vigilantes para no dañar al campo europeo (y protegerlo y compensarlo por los efectos negativos). No se trata de un nuevo “Descubrimiento de América”, sino de buscar unos socios complementarios y fiables con quienes intercambiar productos, servicios e inversiones. “Descubrirnos” mutuamente.

lunes, 12 de enero de 2026

Otra revisión masiva de alquileres

En 2025, más de medio millón de inquilinos tuvieron que revisar el precio de su alquiler, al cumplirse 5 años del contrato. Este año 2026, son todavía más los contratos a revisar: 632.369, 1 de cada 5 alquileres. Y como estos 5 años se han disparado los alquileres, los nuevos contratos subirán una media de 1.735 euros al año, según Consumo. Y en algunas autonomías mucho más (+2.042 euros en Madrid). Sumar ha propuesto congelar estos alquileres, pero el Gobierno no lo contempla, porque teme que fuera inconstitucional. El resto de alquileres tendrán su revisión anual, el IPC (+3%) o el nuevo índice IRAV (+2,29%), para los contratos firmados después de mayo de 2023. Los que buscan un alquiler tendrán más problemas en 2026, porque se ha reducido la oferta y se espera una nueva subida del +10%, que se suma al +41,34% que han subido los alquileres desde 2020, el doble que el IPC y el triple que los salarios. Urge tomar medidas en la vivienda, aunque lo impide el actual bloqueo político.

                            Enrique Ortega

Muchas personas que viven de alquiler están preocupadas porque haya llegado 2026, porque saben que les llamará su casero para decirles que tienen que firmar un nuevo contrato de alquiler, ya que han pasado 5 años del que firmaron en 2021. Ya pasó en 2025: se renovaron 568.500 contratos de alquiler firmados en 2020, en plena pandemia, según los datos del Ministerio de Consumo. Y prevé que este año serán más las revisiones de contrato: afectarán a 632.369 contratos, 1 de cada 5 alquileres que hay en España, lo que afectará a 1.600.000 personas, según sus estimaciones. Y la alerta de Consumo es porque estos nuevos contratos pueden disparar el alquiler, porque los precios han subido mucho desde 2021.

En concreto, un alquiler medio que estaba en 10,6 euros/m2 en enero de 2021 ha cerrado el año 2025 con un precio medio de 14,7 euros/m2, según el portal Idealista. Una subida media de +38,7%, que se traduce en 317 euros más al mes por un alquiler de 90 m2.Y esa es la subida media en España, porque en Madrid la subida del alquiler estos 5 años ha sido del +56,5% (de 14,5 a 22,7 euros/m2), lo que se traduce en 738 euros más al mes por un piso de 90 m2. Y en Barcelona, la subida del alquiler ha sido del +65,2% (de 14,4 a 23,8 euros(m2), lo que se traduce en 846 euros más de alquiler por un piso de 90 m2.

Con estos datos en la mano, el propietario de un piso en alquiler tratará de subir eso o algo menos a su inquilino al revisar el contrato que cumple 5 años en 2026. El estudio hecho por el Ministerio de Consumo señala que la subida de los nuevos alquileres puede ser en algunas zonas hasta +383 euros al mes (+4.596 euros al año), aunque cifran la media de subida en toda España en +1.735 euros anuales por vivienda (+144,5 euros al mes). Pero hay 6 autonomías donde la subida será mayor: Baleares (+4.615 euros anuales), Comunidad Valenciana (+2.386), Canarias (+2.267), Madrid (+2.042), Cantabria (+1.969) y Andalucía (+1.952 euros anuales). Y supondrá menos de 1.000 euros anuales la subida de los nuevos alquileres en Melilla (+329 euros), Ceuta (+784), Aragón (+832), Castilla y León (+902), Extremadura (+961) y Galicia (+980 euros anuales). En el caso de Cataluña, los nuevos contratos no podrán subir más del IPC en las zonas declaradas “tensionadas”, por la Ley de Vivienda. Y Navarra o el País Vasco quedan fuera de este estudio, por falta de estadísticas.

Esta importante revisión de contratos que se hará en 2026 se concentra en cuatro autonomías, según Consumo, que suponen dos tercios del total (632.369 alquileres): Madrid (145.881 contratos a revisar  este año), Cataluña (112.728 contratos), Andalucía (85.491 contratos) y Comunidad Valenciana (65.528 contratos a revisar). Y son muchos menos en el resto, destacando Canarias (39.974 contratos), Galicia (36.543) y Baleares (24.456 contratos). No se tienen en cuenta en estas cifras los contratos de alquiler hechos por empresas (inmobiliarias), que se renuevan cada 7 años (la primera gran revisión será en 2027).

Sumar, que dirige el Ministerio de Consumo, ha hecho público este informe sobre la importante revisión de alquileres que toca hacer este año para solicitar al Gobierno que aprobara, antes de finales de 2025, una congelación de estos alquileres, para que al renovarse no pudieran ponerse un nuevo precio y sólo subieran el IPC. Trasladaron formalmente esta petición al Ministerio de Vivienda (en manos del PSOE), que no ha dado una respuesta oficial, aunque oficiosamente han comentado que la medida (que además “no les gusta”) podría ser "inconstitucional", además de retraer aún más la oferta de nuevos alquileres.

Así que estos 632.369 inquilinos tendrán que negociar con su casero lo que les sube el nuevo alquiler que han de firmar en 2026. Y será una “negociación desigual”, porque si no llegan a un acuerdo, el propietario tendrá ese mismo día una cola de peticiones de nuevas personas que quieran alquilar su casa. Y el inquilino sabe que si no cede y acepta una subida “suficiente”, cuando busque un nuevo alquiler (si lo encuentra) será más caro que el que le ofrecen.

El resto de los alquileres (hay algo más de 3 millones de casas en alquiler) tendrán que hacer la revisión anual, que tiene 2 índices de revalorización, según la fecha del contrato. Por un lado, los contratos de alquiler firmados antes del 26 de mayo de 2023 (la fecha en que entró en vigor la nueva Ley de Vivienda) subirán  este año lo que el IPC (generalmente el IPC anual de dos meses antes a la actualización), en torno al +3%, lo que supone una subida del alquiler medio de +27 euros al mes (+33,3 euros en Madrid y +41,6 euros en Barcelona). Pero los contratos más recientes, firmados después del 26 de mayo de 2023, se revisarán (salvo que en el contrato estén referenciados al IPC) según un nuevo índice, el IRAV (índice de referencia arrendamientos vivienda), que publica el INE y que suele estar por debajo del IPC: en noviembre era el +2,29%, lo que supone una subida del alquiler medio este año de +21 euros al mes (+30,52 euros al mes en Madrid y +38,15 euros mensuales en Barcelona).

Con esta doble subida, la de los alquileres que se revisan tras 5 años y los que se revisan anualmente, todos los inquilinos pagarán más este año 2026. Y eso agravará aún más la situación de muchos de ellos, que tienen que destinar el 40% y más de sus ingresos al alquiler. Con ello, aumentarán los desahucios por impagos de alquiler, tras una ligera bajada en los últimos años, por las medidas del Gobierno para cubrir a los más vulnerables. Entre enero y septiembre de 2025 hubo 19.347 desahucios, algunos menos (-6,3%) que en esos mismos 9 meses de 2024 (20.581). Pero el 75% de esos desahucios son por impago de alquileres, mientras bajan los desahucios por impago de hipotecas.

Este año 2026 se vuelven a prohibir los desahucios de vivienda por impagos de familias vulnerables, una medida acordada por el Consejo de Ministros del 23 de diciembre, tras acordarlo el día antes el Gobierno con EH Bildu. Sin embargo, esta medida ha de ser convalidada en el Congreso este mes de enero y queda ver si será vetada o no por Junts y Podemos, junto a las subidas de las pensiones y el resto del “escudo social”. De momento, UGT y distintas entidades sociales han contactado con Junts para que apoyen la prórroga de prohibición de desahucios a las familias vulnerables, porque evitará un grave problema social.

Otra medida, un Real decreto aprobado por el Gobierno el 9 de diciembre, pretende mejorar la situación de los alquileres, aumentar su oferta y conseguir que muchos propietarios “pierdan el miedo a alquilar”: se garantiza con avales públicos que los propietarios cobren el alquiler en caso de impago de los inquilinos más jóvenes (menores de 35 años) y familias vulnerables. La medida, que será gestionada por las autonomías (un problema…) cubre al propietario los alquileres impagados, los suministros debidos y los daños sufridos hasta que vuelva a recuperar su vivienda, con dos condiciones más para el propietario: que tenga depositada la fianza legal y que el alquiler que cobre no supere en índice estatal de referencia. Es un avance para dar “tranquilidad” a los propietarios frente a posibles impagos, pero debería ampliarse a todos los inquilinos (no sólo a los jóvenes), como hace el País Vasco (“Programa Bizigune”). Y ahora falta que el Congreso no bloquee la medida.

Con todo, el problema no son los desahucios o los impagos. El gran problema de los alquileres es que no hay apenas oferta, que apenas salen alquileres al mercado y que cuando se ofrecen hace decenas de personas pujando, lo que produce dos efectos: el propietario sube el precio del alquiler y “selecciona” a los inquilinos, dejando fuera a los jóvenes precarios, los inmigrantes y hasta las familias con hijos, “elitizando” el alquiler. Y en las zonas tensionadas, donde se han controlado los precios (gran parte de Cataluña y municipios de Navarra y el País Vasco más A Coruña), bajan los precios algo pero sobre todo se reduce más la oferta, con lo que resulta aún más difícil encontrar un alquiler. Y también hay menos oferta porque siguen desviándose pisos del alquiler “normal” a los alojamiento turísticos y a los alquileres de temporada. Y recientemente, muchos propietarios optan por el alquiler por habitaciones, cobrando 500 euros y más por habitación, lo que dispara aún más los precios.

El alquiler seguirá subiendo este año 2026, en torno a otro +10%, según los expertos. Una subida que se suma al +41,34% que han subido los alquileres entre 2020 (10,4 euros/m2) y 2025 (14,7euros/m2 en diciembre), una subida que duplica la inflación en estos 6 años (+23,1%) y que triplica la subida de los sueldos en convenio (+15,18%).

El problema de fondo que explica estas subidas es la falta de alquileres, en unos casos porque se desvían a otros usos (turismo o alquiler de temporada), en otros porque hay miedo a alquilar y en otros porque no se rehabilitan casas viejas. Y sobre todo, porque no se construyen pisos nuevos, ni para alquilar ni para vender. El Banco de España estima que hay un déficit de 700.000 viviendas, un déficit que crece cada año porque se crean 330.000 familias anuales. Y sin embargo, apenas se construyen viviendas. Es más, en 2025 se han iniciado menos viviendas “libres” y protegidas (VPO) que en 2024: 58.824 viviendas “libres” entre enero y septiembre (frente a 61.910 en los primeros 9 meses de 2024)  y 11.567 viviendas protegidas (frente a 12.355 entre enero y septiembre de 2024), según datos del Ministerio de Vivienda. Así que la construcción de vivienda “pincha” cuando más falta hace, porque han desparecido promotoras, por los altos precios del suelo y la construcción, por la falta de mano de obra cualificada y por los bajos precios de los módulos de VPO.

Al final, el problema de los alquileres y la vivienda es político: el Gobierno central, la autonomías y los Ayuntamientos son incapaces de trabajar juntos para promover más vivienda, pública y privada, pactando la promoción de suelo y los planes urbanísticos, la financiación y la colaboración público privada, que permitiría duplicar las viviendas construidas (200.000 al año en vez de las 100.000 actuales). Y la mejor muestra de esta tremenda división política entre los que deben gestionar la política de vivienda es que el Gobierno ha presentado hace unos meses el nuevo Plan de Vivienda 2026-2030 y las autonomías gobernadas por el PP (11 de 17) dijeron de entrada, sin apenas conocerlo, que “no les gustaba…”. Así que el Plan nacerá muerto, aunque cuente con el triple de inversión (7.000 millones) que el Plan 2021-2025.

En resumen, el alquiler será un problema mayor este 2026 para 632.000 familias que tienen que revisar sus contratos tras haber pasado 5 años, con lo que tendrán fuertes subidas. Y también el resto tendrán revisiones en su alquiler, del 3 al 2,29%. Pero el mayor problema lo tendrán los jóvenes y nuevas familias que buscan un alquiler, porque hay pocos y cada vez más caros, teniendo que superar “el casting” de los propietarios. Y mientras, los políticos siguen enzarzados en sus peleas, con la derecha que gestiona las autonomías empeñada en desgastar y echar al Gobierno más que en resolver la grave situación de los alquileres y la vivienda, el problema que más preocupa a los españoles. Como si nada.