lunes, 16 de febrero de 2026

Euro fuerte: ventajas e inconvenientes

El euro se ha fortalecido frente al dólar desde que gobierna Trump, revalorizándose un +14%, más por la desconfianza de los inversores en sus medidas que por la mejora de la economía europea, paralizada (como sus líderes). Esta revalorización del euro (llegó a costar 1,20 dólares el 27 de febrero) tiene ventajas e inconvenientes para Europa. Por un lado, abarata nuestras importaciones y la factura del petróleo y el gas, rebajando la inflación. Pero un euro más fuerte encarece los productos europeos, reduciendo las exportaciones y la competitividad de nuestras empresas. Y encarece Europa a los turistas con dólares. Pero la debilidad del dólar puede aprovecharse para aumentar el uso del euro en el mundo, ahora que los inversores huyen del dólar y los bonos USA. El BCE quiere lanzar el euro digital, para sustituir el pago con tarjetas que controlan las norteamericanas VISA y Master Card (gestionan 80% de nuestros pagos). También que Europa emita masivamente eurobonos, para atraer la inversión mundial. Más protagonismo del euro y de Europa.

                            Enrique Ortega

El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar. Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos (cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro la paridad: costó menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025, tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse: de costar ese día 1,041 dólares ha llegado a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).

Ahora, el euro cuesta algo menos (1,1871 dólares el viernes 13 de febrero), pero eso supone una revalorización del 14% frente al dólar desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Una revalorización del euro que no es mérito de Europa sino demérito de EEUU, que está pagando así las consecuencias de las locas políticas de Trump: los inversores castigan sus polémicas medidas, sus ataques a la independencia de la Reserva Federal (su Banco central) y también su abultado déficit público (1,9 billones de dólares, el 5,8% del PIB, más del doble del déficit español, del 2,5% del PIB) y su disparada deuda (38,3 billones de dólares, el 101% de su PIB), que le obligan a emitir demasiados bonos USA, depreciando los actuales. Todo ello, incertidumbre y deuda, provocan que muchos inversores internacionales apuesten por reducir su posición en dólares, vendiendo, lo que deprecia la moneda USA.

Además, muchos expertos creen que Trump busca precisamente que el dólar se deprecie, para ayudar a las empresas norteamericanas a exportar mejor sus productos y a vender mejor su petróleo y su gas, aumentando el crecimiento USA, aunque sea a costa de más inflación (porque la debilidad del dólar encarece los productos importados), aunque todavía no se haya disparado la inflación, que cerró el año 2025 con una subida anual del 2,7% (superior al objetivo del 2% y mayor que el 1,9% de inflación en Europa).

Ahora, se espera que el dólar siga depreciándose en 2026 y llegue a cotizar a 1,25 dólares por euro, lo que supondría ya una caída del 20% desde que gobierna Trump. A favor de nuevas caídas del dólar está la errática política económica y comercial de Trump y la estimación de los expertos de que el déficit público USA seguirá subiendo (por las rebajas de impuestos), hasta los 3,1 billones de dólares en 2036 (el 6,7% del PIB) y también la deuda USA (hasta el 120% de su PIB), niveles que preocupan mucho a los inversores. Y en paralelo, aumentan los inversores que buscan destinos alternativos a los bonos de deuda USA. Así, el gobierno chino ha pedido a sus bancos, en febrero, que reduzcan su exposición a los bonos USA, algo que llevan haciendo años: en 2025, China tenía en cartera bonos USA por valor de 682.600 millones de dólares, el nivel más bajo desde 2008. Y ahora son el tercer mayor inversor en bonos USA, tras Japón (1,25 billones) y Reino Unido (885.000 millones), que también están reduciendo sus inversiones en bonos USA, lo mismo que algunas de las grandes gestoras de fondos norteamericanas, como Pimco o Amundi.

La depreciación del dólar y la consiguiente revalorización del euro (+14% desde la llegada de Trump y hasta un  posible +20% este año) preocupa en Europa, porque tiene consecuencias positivas pero también negativas .La principal ventaja de que el euro se revalorice es que se abaratan las importaciones que se pagan en dólares, en particular la energía (petróleo y gas) y todos los demás productos industriales y de consumo. Esto ayuda especialmente a los paises como España, que importan más de lo que exportan, pero no a Alemania, Francia, Italia, Bélgica o Paises Bajos, paises que exportan más de lo que importan. Con todo, un euro fuerte reducirá la inflación en Europa, algo en principio positivo, pero no tanto ahora, porque la inflación ya es baja (1,7% anual zona euro en enero 2026) y eso puede debilitar más el bajo crecimiento europeo, obligando al BCE a bajar más los tipos de interés (ya bajos, en el 2%).

Pero la revalorización del euro tiene un grave inconveniente: encarece los productos europeos (un 14% ahora y puede que hasta un 20% después) y eso frena las exportaciones europeas, uno de los motores del crecimiento europeo (débil: +1,5% en 2025), lo que reduce la competitividad de los productos y servicios europeos en el mundo. Y además, reduce la llegada de los turistas que pagan sus viajes en dólares, viajes que ahora son más caros (+14%), lo que afecta especialmente a España (un 16% de los turistas no son europeos).

En cualquier caso, con la depreciación del dólar se ha acabado una época, un siglo de hegemonía indiscutible del dólar como moneda de reserva y de inversión en el mundo. Sigue siendo la moneda dominante, pero menos: acapara el 57,8% de las reservas de divisas mundiales (frente al 72% en 1999), el 65,4% de la deuda internacional, el 52,2% de los préstamos internacionales y el 57,2% de los depósitos, aunque todavía acapara el 88,45% de las operaciones en divisas. Y han avanzado en las últimas décadas el euro, el yen, la libra y sobre todo el yuan chino, con unos inversores y paises que ahora reaccionan a la ruptura de la geopolítica mundial diversificando inversiones y monedas.

En esta nueva realidad, el euro tiene más posibilidades de ampliar su presencia internacional. Actualmente, el euro es la moneda común de 21 paises europeos (Bulgaria se sumó el 1 de enero), que utilizan a diario 350 millones de europeos. Y la 2ª moneda mundial, tras el dólar, con 60 paises (y 175 millones de personas) que tienen vinculada su moneda (directa o indirectamente al euro). Además, están en euros el 19,8% de las reservas mundiales (por delante del 5,5% del yen japonés, el 4,9% de la libra y el 10,7% del resto de monedas, sobre todo el yuan chino). Además, está en euros el 22,5% de toda la deuda mundial, el 26% de los préstamos internacionales y el 23,3% de los depósitos, así como el 30,5% de las operaciones diarias en divisas. Y se emiten en euros la mitad de los “bonos verdes” del mundo.

Ya en enero de 2021, la Comisión Europea aprobó una Estrategia para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de transacciones, proponiendo un abanico de medidas a medio plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la UE, desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros, fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del euro, pero todos los expertos creen que,  en las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.

En cualquier caso, la Comisión Europea y el BCE creen ahora que la depreciación del dólar y la política errática y disparatada de Trump pueden ayudar a fortalecer el euro en el mundo. Y una de las medidas en que más confían es promover el euro digital, para conseguir una independencia estratégica del sistema de pagos europeos, ahora muy dependiente de EEUU. El hecho es que los pagos con tarjeta suponen un 39% de las operaciones en Europa (un 52% se hacen en metálico, un 6% son pagos con móviles y el 4% son con otros medios) y estos pagos están monopolizados por dos multinacionales USA, Visa y Master Card (que controlan el 80% de las operaciones con tarjeta que hacen los europeos). También otros pagos online que se hacen a través de Pay-Pal, Google Pay, Apple Pay o Samsung. El BCE cree que con el euro digital, la mayoría de los pagos podrían pasar a plataformas europeas.

Por eso, el BCE envió una carta al Consejo Europeo, de cara a su reunión informal del jueves pasado, para que aceleren la llegada del euro digital y no le pongan problemas, ni en la Comisión ni en el Parlamento europeo y en los paises europeos, aunque el proceso está siendo lento y el euro digital no se espera que sea una realidad hasta 2029.

Otra medida que propone el BCE, para promover el euro y mejorar la economía europea es promover emisiones de deuda en euros, los famosos eurobonos, un activo que hasta ahora no era bien visto por Alemania (“Europa no tendrá deuda compartida mientras yo viva”, dijo Angela Merkel en junio de 2012), Holanda, Austria y paises nórdicos, porque temían un fuerte endeudamiento europeo que compitiera con su propia deuda. Pero con la pandemia y las últimas crisis, la Comisión Europea ha roto “el tabú de los eurobonos”, emitiendo deuda europea en tres ocasiones: para financiar el Plan de recuperación de 2020 (Fondos Next Generation), para financiar los proyectos de seguridad y compra de armas (SAFE) y para financiar los créditos para Ucrania en 2026 y 2027. Pero son eurobonos extraordinarios, de poco volumen. Lo que propone ahora el BCE es emitir eurobonos en cantidad, para ayudar a financiar la economía europea y las urgentes inversiones en industria, tecnología, innovación e inteligencia artificial, digitalización medio ambiente, Defensa y Seguridad.

España, a través del ministro de Economía, acaba de apoyar esta propuesta de que Europa emita eurobonos y compita con los bonos USA por el ahorro mundial. Actualmente, el desequilibrio es escandaloso: hay 1 billón de euros en deuda europea y 33 billones de euros en deuda USA. Si Europa se lanza a este mercado y emite deuda, ayudaría a potenciar el papel internacional del euro y podría captar esas inversiones que ahora buscan salirse de la deuda USA, porque tiene un volumen peligroso y por la política insensata de Trump. Y el BCE cree que el euro digital sería otro elemento clave, mientras plantea la necesidad de que Europa integre de verdad sus mercados de capitales, algo que no existe hoy. Y todo ello, para dar un empujón a la economía europea, para que pueda competir mejor en el futuro frente a EEUU y China, con más financiación y una moneda fuerte.

En resumen, que la locura económica y política de Trump se traduce en una depreciación del dólar, que beneficia a la competitividad de EEUU pero perjudica a las empresas europeas y a las exportaciones y al turismo español. Pero Europa puede aprovechar la coyuntura para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de pagos, lo que exige avanzar más rápido en el euro digital y que Europa emita deuda, eurobonos, para captar inversiones internacionales que nos ayuden a dar un salto económico frente a USA y China. Es hora de tomar medidas monetarias y financieras para aplicar el Plan Draghi y asegurar el futuro económico, financiero de seguridad de Europa, algo que han discutido la semana pasada los líderes europeos en Alemania sin lograr acuerdos concretos. Despierten y afronten que el mundo ha cambiado y que los europeos debemos reaccionar y actuar.

jueves, 12 de febrero de 2026

La pobreza se estanca

España crece, crea empleo y baja la inflación, pero casi la mitad de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes y 1 de cada 4 personas está en riesgo de pobreza, según la última estadística del INE. Son una décima menos que en 2024, pero como somos más habitantes, hay más españoles en riesgo de pobreza. Y tenemos más “pobres, personas que ganan menos del 60% de la media: son 9.666.291 personas. Así que, pese a nuestro mayor crecimiento, España es el 5º país con más pobreza de Europa. Y aunque han aumentado las ayudas públicas, están mal diseñadas y tenemos 4 millones de personas muy vulnerables, con carencias materiales severas. Y la pobreza infantil ronda los 2 millones de menoresUrge tomar medidas, mejorando los sueldos más bajos, reduciendo el subempleo, promoviendo alquileres asequibles y aprobando ayudas para familias con niños, el epicentro de la pobreza. Precisamente, el Gobierno aprobó este martes una ayuda de 200 euros al mes por hijos menores de 18 años, pero sin concretar cuándo ni cómo se podrá pagar. Hay que repartir mejor el crecimiento, porque demasiadas personas no lo notan.

                               Enrique Ortega

Europa es un continente con un alto nivel de vida pero también tiene muchas personas en situación vulnerable: en 2024, 93,3 millones de personas en la UE estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 21,0% de la población (tasa AROPE), según Eurostat. Un dato que incluye los europeos que sufren una de estos tres situaciones: pobreza monetaria (ingresar menos del 60% de la renta media de cada país UE), carencia material severa (problemas para comer adecuadamente, afrontar gastos o mantener la vivienda a una temperatura adecuada) o bajo nivel de empleo (trabajar menos del 20% potencial). De 2025 no hay todavía datos europeos, pero sí de España: el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social fue del 25,7%, según el INE, bajando sólo una décima respecto a 2024 (25,8%, cuando éramos el 4º país UE con más riesgo de pobreza, tras Bulgaria, Rumanía y Grecia). Pero como ha crecido la población española en 2025 (+ 442.428 habitantes), ahora hay más españoles en riesgo de pobreza (12.739.676 personas) que en 2024 (12.675.100).

Veamos los tres indicadores que componen la tasa europea AROPE. El primero y más importante es la tasa de pobreza monetaria, los que ingresan menos del 60% de la media del país (en 2025, menos de 12.220 euros los solteros y menos de 25.663 euros las familias con dos adultos y dos niños): eran el 19,5% de la población española, dos décimas menos que en 2024 (19,7%). Pero como la población ha aumentado en 2025, el número de habitantes pobres es casi igual  (9.666.291 personas, 11.983 menos que en 2024). El mayor porcentaje de “pobres” se da en familias con niños, con un 28,5% de menores de 16 años viviendo en familias pobres, casi 2 millones de niños, lo que nos coloca como el 2º país europeo con más pobreza infantil (tras Rumanía). Además, la pobreza monetaria (19,5% de la población) es mayor en Melilla (39,3%), Ceuta (37%), Andalucía (27,7%), Murcia (26,7%), Extremadura (26,2%) y Comunidad Valenciana (26%), según el INE.

El segundo indicador de exclusión social es la carencia material severa, las personas que carecen de 4 de estos 9 conceptos: no pueden irse de vacaciones al menos 1 semana (el 32,2% de los españoles, 16 millones de personas), no pueden comer carne, pescado o pollo al menos cada dos días (5,4% de la población, 2,7 millones de personas), no pueden calentar su casa (el 15,9%), no pueden afrontar gastos imprevistos (el 36,4%de la población, 18 millones de personas), han tenido retraso en el pago de sus gastos de vivienda o compras a plazo (13,3%), no pueden tener un coche (5,4%), ni teléfono ni televisor ni lavadora. En conjunto, sufrían esta carencia material severa el 8,1% de los españoles en 2025, prácticamente 4 millones de personas (62.420 menos que en 2024, cuando eran el 8,3%).

El tercer indicador de exclusión social es tener un nivel de empleo mínimo, trabajar en 2025 menos del 20% del tiempo potencial: les pasó al 8% de los españoles, unos 4 millones de personas, el mismo porcentaje que en 2024, a pesar de la mejoría del empleo. La mayoría de los excluidos cumplen 1 de estas 3 condiciones (sobre todo la pobreza monetaria, por sus bajos ingresos), pero hay un 1,4% de españoles (700.000 personas) que cumplen las tres condiciones: bajos ingresos, varias carencias materiales severas y un mínimo nivel de empleo. Son los más vulnerables de los vulnerables.

Otro dato que revela la Encuesta del INE es el nivel de desigualdad de España, medido con dos indicadores. El primero, el índice S80/20 indica la relación de ingresos entre el 20% de la población que más gana y el 20% que menos gana: era de 5,2 veces en 2025, menos desigualdad que en 2024 (5,4 veces) y que en 2019 (5,9 veces). El segundo, el índice de Gini, que cuanto más bajo es refleja menos desigualdad: ha bajado de 33 en 2019 a 31,2 en 2024 y 30,8 en 2025, el índice de desigualdad más bajo desde 1989. Pero todavía tenemos mucha más desigualdad que la media UE-27 (índice 4,66 veces en 2024) y que Alemania (4,49) o Francia (4,66), aunque menos que Italia (ganan 5,53 veces más los más ricos), según Eurostat.

Fuera de estos indicadores de pobreza y desigualdad, el INE ha publicado otro dato importante, en su Encuesta de Condiciones de Vida 2025: los españoles que tienen problemas para llegar a fin de mes. Y la estadística mejora, pero poco. El 8,5% de la población (4,2 millones de personas) tiene “mucha” dificultad para llegar a fin de mes, menos que en 2024 (9,1%) aunque más que antes de la pandemia, en 2019 (7,4% tenían entonces “mucha” dificultad para llegar a fin de mes). Otro 12,1% llegan a fin de mes “con dificultad” (12,7% en 2024 y 14,2% en 2019). Y un 25,3% llega “con cierta dificultad” (25,6% en 2024 y el mismo 25,3% en 2019). Así que, sumando los tres grupos, casi la mitad de los españoles (el 45,9%) tiene algún problema para llegar a fin de mes, algo menos que en 2024 (47,4%) y que en 2019 (46,9%), aunque entonces había menos población. Los que tienen más problema para llegar a fin de mes (con “mucha” dificultad) son los hogares con un adulto y uno o más niños (el 19,6%) y los hogares de Castilla la Mancha (12,7% llegan a fin de mes con “mucha” dificultad), Murcia (12,1%), Canarias (11,5%), Andalucía (11,3%) y Ceuta (10,5%).

A la vista de estos datos, queda claro que España tiene un problema de pobreza, desigualdad y para llegar a fin de mes, aunque la economía y el empleo crezcan más que nunca. Y a pesar de que en los últimos años se hayan disparado las ayudas públicas a los más vulnerables, primero con la pandemia y luego con la hiperinflación que siguió a la invasión de Ucrania: ERES para paliar la pérdida temporal de empleo, ayudas a los carburantes y al recibo de la luz, control de la subida de alquileres, freno temporal al IVA de los alimentos, ayudas al alquiler y bonos sociales (eléctrico y térmico), así como mejora de la asistencia social y freno a los desahucios de las familias más vulnerables. 

Y sobre todo el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que puso en marcha el Gobierno Sánchez en junio de 2020. Inicialmente avanzó muy lentamente, por un exceso de requisitos y burocracia, pero en diciembre de 2025 llegaba ya a 799.553 hogares (+125.824 que en 2024), donde viven 2.441.647 beneficiarios, que reciben una ayuda mensual de 483 euros (mayor si hay menores), que subirá +11,4% este año. Pero la introducción de este IMV ha provocado que 13 autonomías hayan reducido sus ayudas, las rentas mínimas, según un estudio de los Directores y Gerentes de Servicios Sociales: en 2024 las recibían 532.070 beneficiarios, 263.791 menos que en 2020, debido a que 13 autonomías gastan ahora 398 millones menos en esas ayudas, sobre todo Madrid (-95%), Aragón (-92,6%), Castilla la Mancha (-88,2%), Castilla y León (-80,7%) y Andalucía (-79,8%).

A pesar de las mayores ayudas estatales y los recortes de muchas autonomías, el gasto social en España es inferior al de la mayoría de Europa. Las ayudas públicas a las familias (claves para luchar contra la pobreza) suponen el 1,6% del PIB en España (2021), frente al 2,5% de media en la UE-27, el 3,7% en Alemania o el 2,5% en Francia. Pero además de gastarse poco, en España se gastan mal estas ayudas públicas, según nos han reiterado la OCDE y la Comisión Europea: benefician más a las familias de rentas medias y altas que a las familias con rentas bajas, porque el grueso de las  ayudas son desgravaciones fiscales en el IRPF, que benefician a 8 millones de contribuyentes, la mayoría con rentas medias y altas, porque las rentas bajas y los más pobres no declaran (los ingresos de menos de 22.000 euros al año, todos los que están en pobreza severa y la mayoría de los considerados “pobres”).

La propia Comisión Europea alertó, en su informe de diciembre de 2024, sobre el hecho de que las ayudas contra la pobreza en España “tienen menos impacto que en otros paises”, por “los problemas de adecuación y cobertura del sistema de protección social, las disparidades regionales de acceso a los servicios públicos y la persistente pobreza en el trabajo”. Sobre este último punto, recordar que en 2025 eran “pobres” el 11, 6% de los asalariados, 2,6 millones de trabajadores, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE.  Y que España es el tercer país europeo con más porcentaje de “trabajadores pobres” (11,2% en 2024), sólo por detrás de Luxemburgo (13,4%) y Bulgaria (11,8%), peor que Portugal (9,2%) o Grecia (10,7%) y por encima de la UE-27 (8,2% de trabajadores “pobres”), Italia (10,2%), Francia (8,3%) o Alemania (6,5%), según Eurostat.

Por todo ello, expertos y ONGs piden modificar el esquema de protección social a las familias más vulnerables, reformar la política contra la pobreza en España. Por un lado, es urgente coordinar las ayudas públicas, creando “una ventanilla única” donde se soliciten y se gestionen, con menos burocracia, más colaboración entre administraciones (incluyendo los Ayuntamientos, claves en las ayudas contra la pobreza) y dando más entrada a las ONGs, quienes tienen más experiencia y conocimiento del problema. Y por otro, hay que destinar más recursos públicos a la lucha contra la pobreza, gastando el doble (como hace la UE) en ayudas a la familia. Además, urge aprobar una ayuda universal por hijos, clave para reducir la pobreza infantil, como reitera Save the Children.

De hecho, en 17 paises europeos existe una ayuda universal por hijo, que la OCDE ha propuesto a España (y que sólo aplica el País Vasco, desde marzo der 2023, cuando entró en vigor una ayuda universal por hijo de 200 euros que cobrarán las familias durante 3 años). Con esta ayuda, “se matarían dos pájaros de un tiro”: se reduciría la pobreza infantil y la pobreza de las familias (más concentrada en las que tienen hijos) y se fomentaría la baja natalidad, un grave problema estructural de España, que pone en peligro el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar. El Gobierno Sánchez aprobó este martes una ayuda universal por hijo hasta los 18 años, de 200 euros mensuales, dentro de una Estrategia de Desarrollo Sostenible para reducir un 10% en 2030 la tasa de pobreza AROPE (ahora es del 25,7%). Problema: se trata de un objetivo más que de una medida concreta, porque se necesita incluirla en unos Presupuestos para 2026 (casi imposibles de aprobar por ahora) y estudiar con Hacienda cómo se financia (la parte de Sumar del Gobierno propone crear un nuevo impuesto sobre grandes fortunas para costear esta ayuda). Así que de momento, es más un anuncio ("preelectoral") que una ayuda concreta contra la pobreza infantil.  

Para que haya menos pobres y más gente “note” el crecimiento y el empleo, hay que actuar también sobre los salarios, porque son muy bajos y desiguales, lo que provoca que casi la mitad de españoles tengan problemas para llegar a fin de mes. En España, el 30% de los asalariados (5,6 millones de trabajadores) ganan menos de 1.582 euros brutos (1.345 euros netos). Y otro 40% de asalariados (7,5 millones de trabajadores) ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos (entre 1.345 y 1.995 euros netos). Además, la inflación de los últimos años ha subido más que los sueldos, con lo que los asalariados han perdido poder adquisitivo: la subida salarial de los convenios fue del +16,65% entre 2.000 y 2025, según Trabajo, mientras la inflación ha subido un +23,5% entre 2000 y 2025, según el INE.

Otro eje de actuación es la vivienda y los alquileres, culpables de mantener tan alta la tasa de pobreza. Los datos del INE son claros. El porcentaje de españoles en riesgo de exclusión (tasa AROPE) alcanza el 43,1% entre los que viven de alquiler y baja al 19,3% entre los que tienen su vivienda en propiedad. Y lo mismo entre los “pobres monetarios”: son el 14,5% de españoles propietarios, pero el 32,6% entre los que viven de alquiler. Y la carencia material severa se dispara al 17% entre los inquilinos, frente al 4,5% en los propietarios. Así que para bajar las cifras de pobreza, hay que ofrecer alquileres asequibles a los más vulnerables.

El Gobierno aprobó en diciembre de 2024 una Estrategia contra la pobreza 2024-2030, con 4 ejes: garantizar recursos a los más vulnerables (con el IMV y las prestaciones sociales) y un mejor acceso a la vivienda, invertir en las familias más vulnerables, tanto en su educación como en su acceso al empleo, reforzar las ayudas a las familias y mejorar la coordinación entre Administraciones para hacer más eficaces las ayudas sociales. Pero hay pocos recursos para estas políticas sociales, sobre todo en autonomías y Ayuntamientos, con lo que la reducción de la pobreza es muy lenta. De hecho, el escenario macro del Gobierno contempla que la pobreza, que hoy afecta al 19,5% de españoles (9.616.610) sólo baje al 19,1% en 2028: serán 9.747.484 pobres, +130.874 más que hoy, porque seremos 51 millones de habitantes…

Si España no toma medidas drásticas y eficaces, sobre los salarios, la vivienda y las ayudas sociales, tendremos más pobres en unos años. Y esto, además de socialmente injusto, es muy negativo para la economía (menos consumo, menos crecimiento y empleo) y para la política: más españoles malviviendo y sin perspectivas, el caldo de cultivo para el desencanto y los extremismos, un riesgo para la democracia. Por eso, los partidos y la sociedad deberían tomarse en serio el problema de la pobreza y acordar un Plan de choque para que estos millones de españoles vulnerables vivan mejor. Pero eso exige un Pacto entre administraciones y gastar más, algo imposible con los actuales enfrentamientos políticos y las propuestas de bajar impuestos. Otro reto grave que no podemos afrontar mientras persistan los radicales enfrentamientos políticos. Hay que repartir mejor el crecimiento, para reducir la desigualdad y consolidar la democracia. Pero no están por la labor.

lunes, 9 de febrero de 2026

El ahorro no renta

La mayor parte de la gente no puede ahorrar, porque muchos sueldos y pensiones son bajos y se los come la inflación. Pero los que sí ahorran tienen otro problema: apenas sacan rentabilidad a su dinero. Las familias españolas tienen 1,1 billones en cuentas corrientes y depósitos que apenas les rentan, para beneficio de los grandes bancos, que en 2025 ganaron 34.000 millones (+7%). Lo mismo pasa en Europa, donde las familias tienen 10 billones en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad. Y además, los que invierten se llevan su dinero a EEUU (300.000 millones al año). Por esto, la Comisión Europea ha recomendado a los paises que lancen una nueva Cuenta de ahorro e inversión, para fomentar que el ahorro se dirija a empresas y proyectos europeos innovadores. El Gobierno español ha abierto consultas para perfilar esta cuenta, pero la banca intenta “desinflarla”, para que no atraiga dinero de depósitos, Fondos y Planes que les reportan altos beneficios. Atentos a esta futura cuenta, donde Europa se juega financiar su futuro.

                            Enrique Ortega

Los europeos somos los ciudadanos occidentales que más ahorramos, sólo superados por algunos paises del Golfo y Asia. En el tercer trimestre de 2025, los ciudadanos de los 20 paises euro ahorraron el 15,1% de su renta bruta disponible (el 14,6% la UE-27), muy por delante del 5% que ahorraron en EEUU, el 3,5% de Canadá, el 10% en Reino Unido, el 1% en Japón o el 5% en Corea del Sur (ojo: 43,4% es la tasa de ahorro en China). El ahorro de los europeos (UE-27), alto desde hace décadas, se disparó con la pandemia (pasó del 12,7% de la renta bruta disponible en 2019 al 25,1% en 2020, el récord del siglo), para bajar después en 2021 (16,6%) y 2022 (12,71%), al dispararse la inflación tras la invasión de Ucrania. Pero luego ha subido en 2023 (13,70%), 2024 (14,54%) y 2025 (14,6% en el tercer trimestre de 2025), según Eurostat. Las causas de este alto nivel de ahorro de los europeos son que priorizamos la seguridad frente a la rentabilidad, empujados por el progresivo envejecimiento y la baja formación financiera. Además, el BCE señala que en los últimos años han aumentado los ingresos de una parte de los europeos por rentas de intereses, dividendos y alquileres, aumentando su capacidad de ahorro.

Dentro de Europa, el país con la mayor tasa de ahorro es Alemania (ahorran el 19,4% de su renta), seguido por Francia (18,6%), Austria (17,34%), Paises Bajos (14,77%) y Bélgica (14,02%), por delante del ahorro en España (el 12,8% de la renta bruta disponible al inicio de 2025), que supera en ahorro a Italia (12%) y Portugal (12,4%), según Eurostat. La media de ahorro en Europa (UE-27) está en el 14,6%, la más alta desde 2021 (17,69%).

En España, la tasa de ahorro de los hogares ha sido tradicionalmente baja, con una media de ahorro del 8,7% de la renta bruta disponible entre 1999 y 2019, básicamente porque los sueldos son más bajos que en el resto de Europa, la inflación alta y muchas familias han optado por comprar una vivienda antes que ahorrar. Pero en 2020, con la pandemia, se frenó el consumo y se disparó el ahorro, hasta el 14,8% de la renta bruta disponible en 2020 (7,4% en 2019). Posteriormente, el ahorro ha ido bajando, en 2021 (13,8%), 2022 (7,2%) y 2023 (11,7%), para subir algo en 2024 (13,6% de ahorro). Y volvió a bajar en 2025, alcanzando un 12% de ahorro sobre la renta bruta disponible el tercer trimestre de 2025, según el INE.

Esta mayor tasa de ahorro en España (12% frente al 8,7% de media entre 1999 y 2019) se explica por varias razones: hay más gente trabajando (casi 2,5 millones más que en 2019), con contratos más estables y algo mejor pagados, que ahora han ganado algo poder adquisitivo por una inflación más moderada (+3,5% subieron los salarios en 2025, frente a una inflación media del 2,7%) y hemos tenido unos tipos de interés altos (por encima del 4% una buena parte de 2023 y 2024), lo que anima al ahorro, junto a las fuertes subidas de las Bolsas.

Pero ¿quién puede ahorrar en España? Sólo el 43,7% de los españoles ahorran de forma habitual, mientras el 19,4% no ahorran nunca y el 36,9% sólo algunos meses, según un estudio de Triodos Bank. Y entre estos que ahorran algo, el 39,5% solo consiguen ahorrar el 10% de su salario y sólo el 20,3% ahorran el 20% de sus ingresos, el porcentaje que recomiendan los expertos y que pocos pueden cumplir, básicamente porque la mayoría tiene bajos salarios (el 70% de los asalariados gana menos de 2.659 euros brutos) y pensiones (la mitad son inferiores al salario mínimo, menores de 1.184 euros mensuales), mientras la inflación se ha disparado en los últimos años (+23,5% entre 2020 y 2025), sobre todo los alquileres (+35%).

Si ahorrar es difícil, el gran problema que tienen los que lo consiguen es sacar una cierta rentabilidad a sus ahorros, algo que la mayoría no consigue. Básicamente, porque un tercio del ahorro de los españoles (el 32,81% en 2025, según INVERCO) está en  cuentas corrientes y depósitos, que apenas dan rentabilidad: en diciembre de 2015, según el Banco de España, las familias tenían 1.094.300 millones metidos en cuentas a la vista (con el 0,14% de rentabilidad) y depósitos a plazo (1,64% de rentabilidad), una cifra de “ahorro conservador” que ha aumentado tras la pandemia (había 853.200 millones en cuentas y depósitos en 2019). Eso significa que este ahorro no renta nada (los escasos intereses se los come la inflación). Y los ahorradores no los mueven a otro lado por miedo al riesgo y porque no tienen “cultura financiera” (España es el 4º país europeo con menos formación financiera).

Otra parte del ahorro (567.500 millones en 2025, el 17,06% del total) lo tienen las familias en Fondos de inversión, un producto que está siendo rentable estos años pero por el que pagan altas comisiones anuales a las gestoras (bancos). Y otra parte del ahorro (390.515 millones, el 11,74% del total) está en Bolsa, en acciones, que estos años reportan altas plusvalías (el Ibex ha subido un +49,27% en 2025), pero que es una inversión poco elegida por los ahorradores, por miedo a otra debacle: sólo el 12% de los españoles invierte en Bolsa, frente al 19% los europeos y el 55% los norteamericanos. 

Y otra parte del ahorro va a contratar Planes de pensiones y seguros de vida o de ahorro, donde había 255.329 millones de euros en 2025 (el 7,7% del total invertido). En conjunto, los activos financieros de las familias, la inversión de su ahorro alcanzó los 3.324.603 millones de euros en 2025 (3,3 billones), según Inverco, el triple de lo que tenían a principios de siglo (1,03 billones) y un 31,8% más del valor de sus activos en 2019. Pero el problema, insisto, en que la mayor parte de este dinero renta poco a los ahorradores, salvo en Bolsa (últimamente) y algunos Fondos (con altas comisiones).

Esta baja rentabilidad de buena parte del ahorro le viene muy bien a la banca, que apenas remunera las cuentas corrientes y depósitos, no sólo ahora (donde lo más que ofrecen por un depósito a plazo, con muchos condicionantes, es el 2%)  sino cuando el tipo oficial del dinero superaba el 4%. Gracias a eso y al aumento de las comisiones (por Fondos, acciones y seguros, más tarjetas y cuentas), la banca española lleva varios años con altísimos beneficios, en buena parte gracias a los ahorradores: en 2021, los 6 grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) ganaron 20.003 millones, en 2022 otros 20.850 millones, en 2023 ganaron 26.088 millones (+26%), en 2024 otros 31.768 millones (+21,7%) y en 2025 han ganado 34.000 millones (+7%). Si sumamos, el beneficio de los 6 grandes bancos ha sido de 132.709 millones en los últimos 5 años…

Pero esta baja rentabilidad del ahorro no es un problema sólo de España. En Europa se estima que los ahorradores tienen concentrados 10 billones de euros en depósitos con bajos rendimientos, lo que supone un 31,2% del ahorro en inversiones con baja rentabilidad, un porcentaje que es casi la tercera parte en EEUU (sólo tienen el 12% en cuentas y depósitos con bajo interés). Pero además, Europa tiene otro problema: ahorramos mucho, pero una buena parte de ese ahorro se va fuera, sobre todo a las empresas tecnológicas y a las Bolsas de EEUU. El informe Letta ya alertó hace un par de años que si los europeos ahorran 1,2 billones al año, la cuarta parte (300.000 millones anuales) se van a EEUU. 

Así que el problema del ahorro en Europa es doble: un 34% está poco remunerado y la cuarta parte se fuga a USA, mientras nuestro continente tiene un déficit de inversión, sobre todo en nuevas tecnologías e innovación. Por eso, el 18 de marzo de 2025, la Comisión Europea lanzó una iniciativa, la Unión de Ahorro e Inversiones, “para canalizar cientos de miles de millones de euros de nuevas inversiones hacia la economía europea”. El objetivo es avanzar en la integración financiera de Europa (ahora hay 27 mercados diferentes), con una estrategia apoyada en 3 ejes: avanzar hacia un mercado financiero único, ofrecer a los ahorradores unos activos financieros más atractivos y dirigidos a Europa (con el sello “Finance Europe) y mejorar la educación financiera de los europeos (sólo el 18% tienen un alto nivel).

Avanzando en esta Estrategia, la Comisión Europea aprobó el 30 de septiembre de 2025 una Recomendación a los paises miembros para “lanzar una cuenta de ahorro e inversión en toda la UE”, para conseguir el traspaso de buena parte del dinero que está colocado en cuentas y depósitos sin casi rentabilidad a los mercados de capitales (Bolsas), con un segundo objetivo de que ese ahorro se quede en Europa, para financiar las enormes inversiones necesarias en reindustrialización, Defensa, tecnología, digitalización y energías renovables, donde Europa necesita invertir 750.000 millones de euros anuales, según el Informe Draghi.

Tras esta Recomendación, son los paises los que tienen la competencia de crear esa nueva Cuenta de Ahorro e Inversión con el sello “Finance Europe”. La Comisión sólo exige tres condiciones a esa Cuenta: que la cartera de inversiones incluya al menos un 70% para empresas europeas, que el horizonte de inversión contemplados sea al menos de 5 años y que una parte sustancial de la Cuenta se invierta en Bolsa.

El Gobierno español ha abierto en enero un  periodo de reflexión sobre esta nueva Cuenta europea de ahorro e inversión, dirigido a las Bolsas, los bancos e instituciones, también abierta a particulares. Y tras cerrar este proceso el 30 de enero, el ministro de Economía estudia ahora una propuesta para enviar a Bruselas, como los demás paises. El problema va a estar en la banca (española y europea), porque esta Cuenta le puede quitar mucho del ahorro que ahora está (improductivo) en cuentas corrientes y depósitos, desviándolo a la renta fija (deuda) y a las Bolsas. Por eso, ahora están presionando para “desinflar” esta Cuenta, en España y en el resto de Europa, y quitarle atractivos (uno de ellos será su fiscalidad, su tributación, que Bruselas quiere sea baja y con incentivos al ahorro dirigido a inversiones europeas).

Esta futura Cuenta de ahorro e inversión europea parece “un tema técnico”, pero es clave para Europa y para España, porque puede ayudar a conseguir dos objetivos claves: que los europeos ahorren con más rentabilidad y que Europa cuente con la inversión de los europeos, reteniendo aquí el ahorro necesario para modernizar la economía europea y conseguir competir con USA y China. El ahorro es la gasolina de la inversión y necesitamos que compense más ahorrar y que ese dinero no se fugue y se quede en Europa. Por eso es clave que esta Cuenta europea sea atractiva, sencilla y rentable. A ver qué pasa.  

jueves, 5 de febrero de 2026

Tabaco: menos ventas, más beneficios

En 2025 se vendieron en España 48 millones menos de cajetillas de tabaco, tras subir las ventas de 2021 a 2024. Pero las tabaqueras aumentaron sus ingresos (+4,4%), por la subida de precios y la mayor venta de tabaco de liar y cigarrillos electrónicos, disparando sus beneficios, a costa de un consumo pernicioso, que provoca 50.000 muertes al año en España y una factura sanitaria extra de 8.000 millones. El consumo de tabaco ha bajado, pero todavía hay 12 millones de españoles que fuman, 8,3 millones diariamente. Y ayuda que España sea uno de los paises europeos con el tabaco más barato, mientras Bruselas estudia subir y armonizar los impuestos al tabaco, muy diferentes por paises. Mientras, en el Congreso espera una Ley contra el tabaquismo (difícil de aprobar) que aumenta los espacios libres de humo (a terrazas de bares y playas) y pretende frenar el consumo de menores, aunque no aumenta impuestos ni obliga a un etiquetado neutro, como piden los médicos. El tabaco mata: hay que erradicarlo sin contemplaciones.

                            Enrique Ortega

Las ventas de tabaco en España bajaron ligeramente en 2025, tras haber subido de 2021 a 2024: se vendieron 2.095 millones de cajetillas, un 2,2% menos que en 2024 (-48 millones de cajetillas), menos de la mitad de las cajetillas vendidas en España en 2008 (4.514 millones), según los datos del Mercado de Tabaco (Hacienda). Casi dos tercios de estas cajetillas se han vendido en Cataluña (441,4 millones), Andalucía (355,3 millones), Comunidad Valenciana (252,5 millones) y Madrid (230,5 millones), mientras las ventas conjuntas en La Rioja (14,38 millones de cajetillas), Cantabria (27,12), Asturias (45,5), Extremadura (49) y Navarra (50,6 millones) fueron la mitad de las ventas en Andalucía.

Pero aunque las ventas de cajetillas bajaron en 2025, los ingresos de las tabaqueras aumentaron un +4,4%, hasta alcanzar unas ventas récord de 13.711 millones de euros, casi 2.000 millones más que antes de la pandemia (11.865 millones en 2019). La venta de cajetillas supuso el grueso del negocio, con 11.267 millones de ingresos (+3,61%), el récord desde 2010, ventas concentradas en Madrid (1.537 millones de euros), Cataluña (2.989) y Andalucía (2.281 millones). Las 10 marcas más vendidas fueron Marlboro (17,34% de las ventas), Camel (12,59%), Winston (8,97%) Lucky Strike (6,94%), Fortuna (6,93%), Chesterfield (5,59%), Winston Classic (5,41%), West Brooklyn (5,14%), Nobel (3,34%) y Ducados negro (2,39%), según el Mercado de Tabacos. Y sorprende que crece más la venta de cigarros puros (552,6 millones, +5,32%), el tabaco de liar (1.421 millones vendidos, +6,15%) y el tabaco de pipa (470,88 millones, +19,55% de aumento).

Gracias a este aumento de ventas (más ingresos con menos cajetillas), las grandes multinacionales del tabaco han seguido aumentando sus beneficios en España, con sus importaciones de tabaco desde donde lo producen (sólo Altadis tiene una fábrica en España, en Cantabria). En 2024, la tabaquera líder, la norteamericana Philip Morris (que vende Marlboro y Chesterfield) rozó los 743 millones de ventas (+8%) en España  y ganó 58,9 millones de euros (+14,4%). La japonesa JTI (que vende Camel y Winston) ingresó 666 millones y tuvo unos beneficios de 14,2 millones (+6,8%). Y Altadis, la antigua Tabacalera integrada en el grupo británico Imperial Brands (que vende Fortuna, West Brooklyn, Nobel y Ducados), ingresó 511 millones y tuvo 112,1 millones de beneficios (+256%), unos beneficios que habrán aumentado en 2025.

Quien también se beneficia del tabaco es Hacienda, que tuvo en 2024 una recaudación récord por los impuestos al tabaco (especiales e IVA): 8.900 millones de euros. Una recaudación que ha aumentado en 2025, porque subió en enero el impuesto especial sobre el tabaco (se habían recaudado 6.696 millones hasta noviembre) y se estrenó en 2025 el nuevo impuesto especial sobre los líquidos de los cigarrillos electrónicos (que recaudó otros 370 millones hasta noviembre). Así que el tabaco podría reportar a Hacienda unos 9.400 millones de ingresos, una recaudación que también beneficia a las autonomías: se llevan el 58% de lo que paga el tabaco por impuestos especiales y la mitad de los que paga por IVA.

También se benefician del tabaco las mafias que lo importan ilegalmente o que lo producen en fábricas clandestinas. El contrabando de tabaco preocupa cada vez más a las tabaqueras y a Hacienda, porque estiman que supone el 10,2% del consumo, entre contrabando, comercio ilícito y falsificaciones, lo que supone unas pérdidas fiscales de 934 millones en 2025. La subida anual de los precios del tabaco y los nuevos canales de venta (Internet y paquetería) han aumentado el contrabando (no sólo de cajetillas, también de picadura para liar) y multiplicado las fábricas ilegales: en 2025 hubo 110 operaciones relevantes contra el contrabando de tabaco (el triple que en 2024) y se desarticularon 15 fábricas ilegales. Donde más prolifera el contrabando de tabaco es en Andalucía (el 23,7% de las cajetillas analizadas), donde están 9 de las 10 ciudades con más contrabando de España (la 10ª es Badajoz, con el 26,7% de las cajetillas detectadas como ilegales o de contrabando).

Vistas las ventas y el negocio del tabaco, analicemos el consumo, que ha seguido bajando en España pero sigue siendo muy alto. En 2024, el 36,8% de los españoles de 15 a 64 años habían fumado en los últimos 12 meses, porcentaje que ha bajado del 46,8% en 1997  al 41,7% en 2007 y el 39,4% en 2019, según la Encuesta Edades 2025, aunque en personas es una cifra muy elevada: 12 millones de españoles que han fumado en el último año. Y si miramos los que fuman a diario, el porcentaje era en 2024 del 25,8% de las personas entre 15 y 64 años, muchos menos que el 34,9% de 1977, el 29,6% de 2007 y el 31,3% de 2019. Pero ojo, son 8,3 millones de españoles que fuman a diario, un número muy elevado, sobre todo en Extremadura (41,7% población 15-64 años fuma a diario), Comunidad Valenciana (36,4%), Castilla la Mancha (30,7%) y la Rioja (28,9%, siendo algo menos en Cataluña (24,3%) y Madrid (22,3%) y bajo en Cantabria (18,5%) o Navarra (19,7%).

Y hay otros datos preocupantes. La edad media para empezar a fumar sigue en 16,6 años (como en 1997), aunque el mayor consumo diario se da entre los 35 y 64 años (30,2%). El tabaco de liar ya supone el 16,1% del consumo diario (otro 10,8% fuman cajetillas y tabaco de liar, mientras el 73,1% fuma sólo cajetillas) y crece año tras año, más entre los jóvenes por su menor precio. También crecen los cigarrillos electrónicos (dañinos para la salud, según los médicos y expertos), que han probado el 19% de la población, aunque sólo lo fuman a diario el 1,3%. Y lo más llamativo de la Encuesta Edades: el 67,7% de los fumadores “se han planteado dejar de fumar”, aunque sólo el 44% lo han intentado de verdad (más mujeres que hombres).

España se encuentra a medio camino entre los paises que más y menos fuman en Europa, el 2º continente que más fuma (26% de la población, 29% de los jóvenes entre 15 y 24 años). Si contabilizamos los mayores de 15 años que fuman cada día, la media europea está en el 18,4%, según Eurostat. En España son el 19,8% de los mayores de 15 años (8,3 millones), un porcentaje mayor que en Francia (17,8%), Italia (16,5%), Portugal (11,5%) y paises nórdicos (6,4% en Suecia, 9,9% en Finlandia) y menor que el porcentaje de fumadores en Alemania (21,9%), Grecia (23,6%) y la mayoría de los paises del Este  (28,7% fuman a diario en Bulgaria, 18,7% en Rumania, 20,4% en  Eslovaquia).

Este distinto consumo de tabaco entre los distintos paises europeos tiene mucho que ver con las distintas políticas antitabaco pero sobre todo está relacionado con el precio del tabaco, muy diferente entre paises. La Directiva europea obliga a aplicar al tabaco un impuesto especial (con 2 partes, una cantidad fija por cigarrillo y un porcentaje sobre su valor), con un mínimo, y después, el IVA de cada país. Pero estos dos impuestos son diferentes país a país. En el conjunto de la UE-27, el precio medio de la cajetilla es de 6,47 euros, donde el precio base son 1,17 euros y los impuestos son 5,30 euros (4,14 euros los especiales y 1,16% el IVA). Eso significa que el 82% del precio final de la cajetilla son impuestos.

Pero esta media esconde grandes diferencias de impuestos por paises, según este cuadro de Tax Foundation Europe. Los paises con más impuestos al tabaco son Irlanda (10,71 euros impuestos por cajetilla), Francia (8,09 euros), Paises Bajos (7,77 euros) y los paises nórdicos, mientras España está en el puesto 16º, con 3,13 euros de impuestos por paquete (79% del precio), parecido a Portugal (3,09 euros), menos que Italia (3,26 euros)o Alemania (3,80 euros) y un impuesto mayor que en Grecia (2,74 euros) y la mayoría de paises del Este (sólo 2,03 euros de impuestos por cajetilla en Bulgaria, 2,93 euros en Polonia o Hungría), que son precisamente los paises con más porcentaje de fumadores.

Al final, estos mayores o menores impuestos explican las grandes diferencias de precios del tabaco en Europa, aunque los fabrican las mismas multinacionales. Así, en noviembre de 2025, un paquete de Marlboro (la cajetilla más vendida) costaba 17,80 euros en Reino Unido, 15,60 euros en Irlanda, 12,50 euros en Francia, 13,90 euros en Noruega, 10,70 en Dinamarca y 10,30 en Finlandia, los paises más caros (ver cuadro). En España costaba 5,30 euros, el 9º país más caro, parecido a Grecia (5,40), Luxemburgo (5,80) y Portugal (6 euros), mientras los precios más bajos estaban en Bulgaria (3,80 euros), Polonia (4,60), Rumania y República Checa (4,70), Croacia y Lituania (4,80), Letonia y Eslovaquia (4,90).

El problema que plantean estas divergencias de precios son  las compras transfronterizas: los franceses pasan la frontera para comprar tabaco en Girona, Italia o Luxemburgo y los belgas y holandeses pasan a Alemania o a los paises del Este. Y además, hay más contrabando y fábricas ilegales en los paises con el tabaco más caro. Eso ha llevado a Francia y otros 15 paises europeos (España entre ellos) a enviar una carta a la Comisión Europea, en marzo de 2025, pidiendo una homogeneización de impuestos y precios del tabaco en Europa. La Comisión se plantea subir los impuestos, reforzar los controles aduaneros y endurecer la lucha contra las mafias, lo que podría subir en 2027 el precio final de las cajetillas unos 2 euros a los paises más baratos, España entre ellos.

Pero además del precio, la Comisión Europea está preocupada por el alto consumo de tabaco en Europa, porque provoca 700.000 muertes al año (8 millones en todo el mundo) y que el 50% de los fumadores mueran prematuramente, además de ser la primera causa de muchas enfermedades, desde cardiovasculares y respiratorias a muchos tipos de cáncer (un 30% son por fumar). En España, Sanidad considera al tabaco como la primera causa de las muertes evitables y estima que provoca 50.000 muertes al año (84% son hombres y 3.000 muertes son de fumadores “pasivos”), además de estar asociado a 35 enfermedades. Y los expertos estiman que el tabaco provoca un coste sanitario extra de 8.000 millones de euros anuales (el 8,8% del gasto total), además de un elevado coste por bajas laborales e invalideces.

Por todo este trágico coste, en vidas y gasto sanitario, la OMS lleva décadas intentando que los paises luchen más activamente contra el tabaquismo. Ya en 2003, la Asamblea mundial de la OMS aprobó por unanimidad el Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT), un abanico de medidas (reducción de la publicidad, recorte del consumo, empaquetado genérico, regulación cigarrillo electrónico, protección menores…) que la mayoría de paises no aplican. En España, la mayoría de estas medidas promovidas por la OMS se incluyeron en el Plan integral de Previsión y Control del Tabaquismo 2021-2025, redactado por el Ministerio de Sanidad en octubre de 2021 y consensuado con los médicos y asociaciones profesionales en diciembre de 2021. Pero el Plan antitabaco estuvo año y medio guardado en un cajón del Ministerio de Sanidad y no se aprobó hasta el 30 de abril de 2024.

El nuevo Plan de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027 pretende equiparar la regulación de los cigarrillos electrónicos con el tabaco, ampliar los espacios sin humo, mejorar la investigación sobre la nicotina y la salud, incorporar medicamentos subvencionados para dejar de fumar y cooperar con los Ayuntamientos en las ordenanzas sobre el tabaco. Para desarrollar este Plan, el Gobierno aprobó el pasado 9 de septiembre una nueva Ley frente al tabaquismo, que amplía las medidas de la Ley aprobada por Zapatero en 2005 y los cambios aprobados en 2010. La nueva Ley prohíbe la venta de cigarrillos electrónicos de un solo uso, regula más la venta del resto, prohíbe expresamente fumar a los menores, limita más la publicidad y el patrocinio del tabaco, amplia la información obligatoria en las cajetillas y, sobre todo, amplía los espacios donde no se puede fumar: terrazas de bares y restaurantes, playas, vehículos con conductor, parques infantiles, paradas de autobús, instalaciones deportivas, exteriores de hospitales, colegios y universidades…

La Ley está en el Congreso, pendiente de las enmiendas y su aprobación, que no va a ser fácil, dado el rechazo de la hostelería y una parte de la derecha, que defienden “la libertad” de fumar (y envenenarse…). Con todo, médicos y expertos se quejan de que la Ley no contempla dos medidas claves para reducir el tabaquismo. Una, la subida de impuestos, para que la cajetilla valga al menos 10 euros, encareciendo además el tabaco de liar y el vapeo, lo que reduciría el consumo y las enfermedades/muertes. La otra, imponer un etiquetado genérico neutro, menos atractivo y con más información explícita de los graves daños de fumar. Además, muchos defienden una tercera medida, más drástica: prohibir la venta de tabaco a los nacidos después de 2010, para crear “la primera generación sin tabaco”, como ya ha hecho Nueva Zelanda (prohíbe la venta a los nacidos a partir de 2009) y quiere hacer Finlandia (prohibiendo la venta a jóvenes a partir de 2030).

En resumen, se vende menos tabaco pero hay muchos fumadores y demasiadas muertes porque falta voluntad política para acabar con el tabaco, una droga que mata y tiene enormes costes sanitarios, económicos y sociales. Urge un Pacto nacional contra el tabaco, entre Gobiernos, médicos, profesionales y ciudadanos, para limitar al máximo su consumo y cercarlo sin contemplaciones, porque fumar no tiene nada que ver con la libertad sino con el suicidio. Hay que tomar las medidas que haga falta para que dentro de una o dos generaciones, casi nadie fume. Un país sin humo.

lunes, 2 de febrero de 2026

Salarios 2026: hay que repartir el crecimiento

En las próximas semanas, sindicatos y patronal van a negociar las subidas salariales para 2026, 2027 y 2028, como han hecho desde 2010. Pero este VI Acuerdo Salarial (AENC) no será fácil: los empresarios defienden subidas inferiores al 3% y los sindicatos piden un +4% anual, más un extra del 1 al 3% para los sueldos más bajos. Esta negociación es clave porque los sueldos son entre un 15% y un 25% más bajos que en Europa y han perdido poder adquisitivo tras la pandemia (-6,85%), lo que explica que muchas familias no lleguen a fin de mes y que tengamos 3 millones de trabajadores “pobres. Es hora de acordar mayores subidas de sueldos, sobre todo los más bajos, porque las empresas llevan 5 años mejorando ventas y beneficios: en 2025, los márgenes empresariales subieron un +13% y los salarios un +3,5%. Subir más los salarios es una cuestión de justicia y de economía, para repartir el crecimiento y mantener el consumo, el crecimiento y el empleo. Nos afecta a todos.

                            Enrique Ortega

En enero ha habido un rosario de subidas (teléfono e Internet, luz, peajes, agua, basuras, alquileres, taxis, billetes de avión, tabaco, seguros…) que han complicado más llegar a fin de mes. Pero el resto de 2026 tampoco será fácil, porque los alquileres, alimentos y muchos servicios siguen subiendo, más que los sueldos. De hecho, casi la mitad de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE: un 8,7% de los hogares llegan con “mucha dificultad”, otro 12,4% con “dificultad” y el 24,3% con “cierta dificultad”. Y el problema no es sólo la inflación (ahora más moderada, un 3% en 2025), sino en que muchas familias ingresan sueldos muy bajos, que no les permiten afrontar gastos crecientes.

En España, el salario medio mensual es de 2.385 euros brutos (2.027 netos), según el decil de salarios 2024 publicado por el INE, un sueldo más bajo para las mujeres (2.163 euros brutos) que para los hombres (2.593 euros brutos). Pero este sueldo es una media, porque hay muchos trabajadores que ganan mucho menos. Así, el 30% de los asalariados (5,6 millones de trabajadores) ganan menos de 1.582 euros brutos (1.345 euros netos), un sueldo tan bajo que complica llegar a fin de mes. Y otro 40% de asalariados (7,5 millones de trabajadores) ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos (entre 1.345 y 1.995 euros netos), con lo que también tienen problemas para afrontar los gastos esenciales. Y sólo el 30% restante (5,6 millones de trabajadores) ganan más de 2.659 euros brutos (1.995 netos).

Unos sueldos que son mucho más bajos que la media de sueldos en el resto de Europa. Si miramos el salario por hora en 2024 (ultimo dato de Eurostat), en España se ganan 18,9 euros por hora, un 26,75% menos que la media en Europa (25,8 euros en la UE-27) y aún menos que Dinamarca (43,6 euros por hora), Bélgica (37,1 euros), Paises Bajos (34,3 euros), Alemania (33,3 euros), Austria (32,3),  Francia (29,7 euros) o Suecia (27,5 euros), aunque superamos a Italia (22,3 euros/hora), Portugal (14,7), Grecia (13,3 euros) y los paises del Este.

Además, el problema es que esta “brecha salarial” de España con Europa se ha agravado, porque los sueldos han crecido menos en los últimos 10 años: +26,2% en España (el 6º país UE donde han crecido menos) frente al +35,5% que han subido en el conjunto UE. Con ello, el salario medio bruto en 2024 de España (último dato de Eurostat) era de 33.700 euros anuales, un 15% inferior a la media europea (39.808 euros brutos) y muy por debajo del sueldo medio de Dinamarca (71.575 euros brutos), Irlanda (61.051), Bélgica (59.632),  Alemania (53.751), Francia (43.790), ocupando el puesto 11º en el ranking salarial, sólo por delante de Italia (33.523 euros brutos), Polonia (21.246) y los paises del Este.

Otro problema, que agrava estos salarios bajos, es que la inflación de los últimos años ha subido más que los sueldos, con lo que los asalariados han perdido poder adquisitivo. Los datos son claros. La subida salarial de los convenios ha sido de +16,65% entre el año 2.000 y el 2025, según Trabajo, mientras la inflación ha subido un +23,5% entre 2000 y 2025, según el INE.  Eso supone una pérdida de poder adquisitivo del -6,85% en estos últimos 6 años. Y muchos trabajadores sin convenio (sólo lo firman unos 11 millones de los 19 millones de asalariados) han tenido incluso subidas salariales menores, con lo que han perdido todavía más. La pérdida de poder adquisitivo se concentró sobre todo en 2021 (+3,1% de inflación media y +1,45% de subida salarial) y 2022 (+8,4% de inflación y +3,02 de subida salarial), mientras los salarios han crecido ligeramente más que los precios en 2023 (+3,61% frente a 3,5%), 2024 (3,32% frente a 2,8%) y 2025 (los convenios han subido un 3,53%, frente a una inflación media del 2,70%).

Pero además, hay gastos básicos de las familias que han subido mucho más que los sueldos (+16,65%) en estos últimos 6 años (2020-2025). Es el caso de los alimentos (han subido jun 37,7%, según el INE), la vivienda (+24,5%), el vestido y calzado (+25,3%), los hoteles y restaurantes (+28,3%) y, sobre todo, los alquileres: han subido de media un 41,34% (de 10,4 euros/m2 a 14,7 euros/m2), según Idealista, y algo más en el caso de Barcelona (+48,75% entre 2020 y 2025) y Madrid (+48,75%).

Mientras, los márgenes y beneficios empresariales han subido mucho más que los salarios en estos años y en lo que va de siglo. Así, entre 2020 y 2025, los beneficios brutos de las empresas han crecido un +58%, mientras la masa salarial que han pagado a sus trabajadores (incluye cotizaciones y otros costes no salariales) crecía un +37,9%. Una tendencia que se viene dando desde el año 2.000: los beneficios brutos de las empresas se han multiplicado por 2,9 y los beneficios netos por 2,7 (de 113.000 a 306.000 millones), un aumento del +170%, según este estudio de Funcas. Y desde 2019, el beneficio de las empresas del IBEX ha aumentado un +139%, mientras cuadruplicaban los dividendos que repartían a sus accionistas. También es clarificador lo que ha pasado en 2025: el margen de las empresas aumentó un 13% y los sueldos en convenio un 3,53%.

Así que los sueldos en España son muy bajos y crecen poco mientras mejoran sensiblemente las ventas, márgenes y beneficios de las empresas, que además reparten a sus accionistas dividendos récord (42.671 millones repartieron las empresas cotizadas en 2025), mucho más elevados que en Europa. Pero además de sueldos bajos, tenemos otro problema: los sueldos son muy desiguales. Ya no sólo entre hombres ( 2.593 euros brutos) y mujeres (2.163 euros), sino por edades (1.372 euros brutos de 16 a 24 años y 2.131 de 25 a 34 años, frente a 2.591 de 45 a 54 años), por formación (1.594 euros los trabajadores con poca formación y 2.982 los que tienen estudios superiores), los que trabajan a tiempo parcial (el 87% ganan menos de 1.582 euros brutos) y en sectores peor pagados (en el servicio doméstico, el campo, la hostelería, administrativos y auxiliares  ganan entre 1.138 y 1.674 euros brutos), los empleados en pymes (el 54% ganan menos de 1.582 euros) o los que trabajan en autonomías más pobres (en Canarias ganan 2.051 euros brutos, en Murcia 2.120 y en Extremadura 2.127, frente a 2.809 euros de media en País Vasco o 2.761 en Madrid).

Y otro dato de desigualdad salarial que clama el cielo, las diferencias entre el sueldo de los altos directivos y sus trabajadores: en las 40 mayores empresas españolas, sus directivos cobran 111 veces más que la nómina media de sus empleados, según un reciente informe de Oxfam Intermón, que refleja que la media de ingresos de estos directivos es de 4,4 millones anuales (una cantidad que sus trabajadores sólo ganarían en un siglo). Una desigualdad que también es mayor en España que en Europa: en la UE, el 10% de los trabajadores con más ingresos ganan 7,5 veces más que el 10% con menos ingresos, mientras en España esa proporción sube a 9,6 veces.

Con este panorama salarial (sueldos bajos y muy desiguales) se inicia la negociación salarial para 2026-2028, dentro del VI Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva (AENC), que se empezó a negociar en 2010. El anterior, el V AENC, pactó unas subidas salariales del +4% para 2023 y de +3% para 2024 y 2025, más una cláusula de revisión del 1%, subidas que han sido básicamente respetadas en los convenios (han subido +10,46% en estos 3 años). Ahora, con una perspectiva de menor inflación  en 2026 (se prevé una subida media del +2,4%, frente al 2,7% en 2025), la negociación se espera difícil, porque los empresarios no quieren subir los sueldos más del +3% y los sindicatos ya han pedido una subida anual del +4%, más una subida adicional del 1 al 3% para los sueldos más bajos: +1% para los que tienen un sueldo un 10% inferior a la media del país (son 10,4 millones de trabajadores), un +2% adicional para los que ganan un 20% menos que la media (8,5 millones de trabajadores) y un +3% adicional para los que tienen sueldos un 30% inferiores a la media (son 6 millones de trabajadores).

Además, los sindicatos piden el mantenimiento de la cláusula de revisión salarial, para que todos los salarios suban un 1,5% adicional si el IPC en diciembre es superior a la subida pactada. Y además piden que las empresas estudien el pago de complementos salariales en convenios de zonas afectadas por una fuerte subida de alquileres o que se negocien soluciones para los sectores más afectados por la falta de alquileres asequibles, lo que afecta sobre todo a los trabajadores de la hostelería, el turismo y la construcción.

Con estas peticiones sindicales, tan distanciadas de la patronal, se espera una negociación difícil y conflictiva. La tesis de los sindicatos es que “las empresas están ganando mucho dinero y es hora de repartirlo”, según señalan UGT y CCOO. Y recuerdan, además, que es hora de compensar a los trabajadores por la pérdida de poder adquisitivo en los últimos años. Además, creen que es el momento, con la economía creciendo mucho, de repartir el crecimiento y aprovechar para subir más los sueldos más bajos, que condenan a muchos trabajadores a la pobreza: son casi 3 millones, el 13,7% de los empleados los que están en situación de pobreza (ganan menos del 60% de la media), según Oxfam Intermón, especialmente inmigrantes, mujeres y jóvenes, sobre todo los que trabajan en el campo, el hogar y la hostelería o con contratos a tiempo parcial.

Hay que estar atentos a esta negociación salarial para 2026, 2027 y 2028, no sólo porque afecta a millones de trabajadores (11 millones de asalariados están cubiertos por convenios, aunque otros 8 millones quedan fuera) sino también porque afecta decisivamente a la economía. Si los salarios no suben algo más que la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno de los motores del crecimiento y el empleo. Así que mejorar los salarios, para que sean más “europeos”, no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los trabajadores están por debajo del salario medio, según los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Y las empresas deben entender que si quieren mejorar sus ventas y mantener sus beneficios, han de pagar más para que les compremos más.

España lleva décadas compitiendo en el mundo gracias a nuestros bajos sueldos. Es hora de dejar de ser “la China de Europa y empezar a competir más en innovación, tecnología y bajando otros costes (la energía, por ejemplo, gracias a las renovables), aumentando el peso de la industria y los sectores de futuro, que conllevan más productividad y mejores sueldos. Las empresas llevan 5 años mejorando ventas y márgenes, aumentando sus beneficios, y es hora de que también los trabajadores se beneficien de la recuperación, con mejores sueldos, sobre todo los que menos ganan. Unos sueldos más decentes son además la base de un mayor consumo, mayor crecimiento y más empleo. Hay que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.