En enero ha habido un rosario de subidas (teléfono e Internet, luz, peajes, agua, basuras, alquileres, taxis, billetes de avión, tabaco, seguros…) que han complicado más llegar a fin de mes. Pero el resto de 2026 tampoco será fácil, porque los alquileres, alimentos y muchos servicios siguen subiendo, más que los sueldos. De hecho, casi la mitad de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE: un 8,7% de los hogares llegan con “mucha dificultad”, otro 12,4% con “dificultad” y el 24,3% con “cierta dificultad”. Y el problema no es sólo la inflación (ahora más moderada, un 3% en 2025), sino en que muchas familias ingresan sueldos muy bajos, que no les permiten afrontar gastos crecientes.
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lunes, 2 de febrero de 2026
Salarios 2026: hay que repartir el crecimiento
En las próximas semanas, sindicatos y patronal van a negociar
las subidas salariales para 2026, 2027 y 2028, como han hecho
desde 2010. Pero este VI Acuerdo Salarial (AENC) no será fácil: los
empresarios defienden subidas inferiores al 3% y los sindicatos piden
un +4% anual, más un extra del 1 al 3% para los sueldos más bajos.
Esta negociación es clave porque los sueldos son entre un 15% y un 25% más
bajos que en Europa y han perdido poder adquisitivo tras la
pandemia (-6,85%), lo que explica que muchas familias no lleguen a fin de mes y
que tengamos 3 millones de trabajadores “pobres”. Es hora de acordar
mayores subidas de sueldos, sobre todo los más bajos, porque las empresas
llevan 5 años mejorando ventas y beneficios: en 2025, los márgenes empresariales
subieron un +13% y los salarios un +3,5%. Subir más los salarios es una
cuestión de justicia y de economía, para repartir el crecimiento
y mantener el consumo, el crecimiento y el empleo. Nos afecta a todos. Enrique Ortega
En enero ha habido un rosario de subidas (teléfono e Internet, luz, peajes, agua, basuras, alquileres, taxis, billetes de avión, tabaco, seguros…) que han complicado más llegar a fin de mes. Pero el resto de 2026 tampoco será fácil, porque los alquileres, alimentos y muchos servicios siguen subiendo, más que los sueldos. De hecho, casi la mitad de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE: un 8,7% de los hogares llegan con “mucha dificultad”, otro 12,4% con “dificultad” y el 24,3% con “cierta dificultad”. Y el problema no es sólo la inflación (ahora más moderada, un 3% en 2025), sino en que muchas familias ingresan sueldos muy bajos, que no les permiten afrontar gastos crecientes.
En España, el salario medio mensual es de 2.385
euros brutos (2.027 netos), según el decil de salarios
2024 publicado por el INE, un sueldo más bajo para las mujeres (2.163 euros
brutos) que para los hombres (2.593 euros brutos). Pero este sueldo es una
media, porque hay muchos trabajadores que ganan mucho menos. Así, el 30% de
los asalariados (5,6 millones de trabajadores) ganan menos de 1.582
euros brutos (1.345 euros netos), un sueldo tan bajo que complica llegar a
fin de mes. Y otro 40% de asalariados (7,5 millones de trabajadores) ganan
entre 1.582 y 2.659 euros brutos (entre 1.345 y 1.995 euros netos), con lo
que también tienen problemas para afrontar los gastos esenciales. Y sólo el 30%
restante (5,6 millones de trabajadores) ganan más de 2.659 euros brutos (1.995
netos).
Unos sueldos que son mucho más bajos que la media de
sueldos en el resto de Europa. Si miramos el salario por hora en 2024 (ultimo
dato de Eurostat), en España se ganan 18,9 euros por hora, un 26,75%
menos que la media en Europa (25,8 euros en la UE-27) y aún menos que
Dinamarca (43,6 euros por hora), Bélgica (37,1 euros), Paises Bajos (34,3
euros), Alemania (33,3 euros), Austria (32,3), Francia (29,7 euros) o Suecia (27,5
euros), aunque superamos a Italia (22,3 euros/hora), Portugal (14,7), Grecia
(13,3 euros) y los paises del Este.
Además, el problema es que esta “brecha salarial”
de España con Europa se ha agravado, porque los sueldos han
crecido menos en los últimos 10 años: +26,2% en España (el 6º país UE donde
han crecido menos) frente al +35,5% que han subido en el conjunto UE. Con ello,
el salario medio bruto en 2024 de España (último
dato de Eurostat) era de 33.700 euros anuales, un 15% inferior
a la media europea (39.808 euros brutos) y muy por debajo del sueldo
medio de Dinamarca (71.575 euros brutos), Irlanda (61.051), Bélgica (59.632), Alemania (53.751), Francia (43.790), ocupando
el puesto 11º en el ranking salarial, sólo por delante de Italia (33.523 euros
brutos), Polonia (21.246) y los paises del Este.
Otro problema, que agrava estos salarios bajos, es que la
inflación de los últimos años ha subido más que los sueldos, con lo que
los asalariados han perdido poder adquisitivo. Los datos son claros. La subida
salarial de los convenios ha sido de +16,65% entre el año 2.000 y el
2025, según
Trabajo, mientras la inflación
ha subido un +23,5% entre 2000
y 2025, según el INE. Eso supone una pérdida
de poder adquisitivo del -6,85% en estos últimos 6 años. Y muchos
trabajadores sin convenio (sólo lo firman unos 11 millones de los 19 millones
de asalariados) han tenido incluso subidas salariales menores, con lo que han
perdido todavía más. La pérdida de poder adquisitivo se concentró sobre
todo en 2021 (+3,1% de inflación media y +1,45% de subida salarial) y
2022 (+8,4% de inflación y +3,02 de subida salarial), mientras los
salarios han crecido ligeramente más que los precios en 2023 (+3,61% frente
a 3,5%), 2024 (3,32% frente a 2,8%) y 2025 (los convenios han
subido un 3,53%, frente a una inflación media del 2,70%).
Pero además, hay gastos básicos de las familias que
han subido mucho más que los sueldos (+16,65%) en estos últimos 6 años (2020-2025).
Es el caso de los alimentos (han subido jun 37,7%, según
el INE), la vivienda (+24,5%), el vestido y calzado (+25,3%), los
hoteles y restaurantes (+28,3%) y, sobre todo, los alquileres: han
subido de media un 41,34% (de 10,4 euros/m2 a 14,7 euros/m2), según Idealista, y
algo más en el caso de Barcelona (+48,75% entre 2020 y 2025) y Madrid
(+48,75%).
Mientras, los márgenes
y beneficios empresariales han subido mucho más que los salarios en
estos años y en lo que va de siglo. Así, entre 2020 y 2025, los beneficios
brutos de las empresas han crecido un +58%, mientras la masa
salarial que han pagado a sus trabajadores (incluye cotizaciones y otros
costes no salariales) crecía un +37,9%. Una tendencia que se viene dando
desde el año 2.000: los beneficios brutos de las empresas se han multiplicado
por 2,9 y los beneficios netos por 2,7 (de 113.000 a 306.000 millones), un aumento
del +170%, según
este estudio de Funcas. Y desde 2019, el beneficio de las empresas del
IBEX ha aumentado un +139%, mientras cuadruplicaban los dividendos que
repartían a sus accionistas. También es clarificador lo que ha pasado en 2025:
el margen de las empresas aumentó un 13% y los sueldos en convenio un 3,53%.
Así que los sueldos en España son muy bajos y crecen poco
mientras mejoran sensiblemente las ventas, márgenes y beneficios de las
empresas, que además reparten a sus accionistas dividendos
récord (42.671 millones repartieron las empresas cotizadas en 2025),
mucho más elevados que en Europa. Pero además de sueldos bajos, tenemos otro
problema: los sueldos son
muy desiguales. Ya no sólo entre hombres ( 2.593 euros brutos) y mujeres
(2.163 euros), sino por edades (1.372 euros brutos de 16 a 24 años y
2.131 de 25 a 34 años, frente a 2.591 de 45 a 54 años), por formación
(1.594 euros los trabajadores con poca formación y 2.982 los que tienen estudios
superiores), los que trabajan a tiempo parcial (el 87% ganan menos de
1.582 euros brutos) y en sectores peor pagados (en el servicio
doméstico, el campo, la hostelería, administrativos y auxiliares ganan entre 1.138 y 1.674 euros brutos), los empleados
en pymes (el 54% ganan menos de 1.582 euros) o los que trabajan en
autonomías más pobres (en Canarias ganan 2.051 euros brutos, en Murcia
2.120 y en Extremadura 2.127, frente a 2.809 euros de media en País Vasco o
2.761 en Madrid).
Y otro dato de desigualdad salarial que clama el cielo, las
diferencias entre el sueldo de los altos directivos y sus trabajadores:
en las 40 mayores empresas españolas, sus directivos cobran 111 veces más
que la nómina media de sus empleados, según
un reciente informe de Oxfam Intermón, que refleja que la media de ingresos
de estos directivos es de 4,4 millones anuales (una cantidad que sus
trabajadores sólo ganarían en un siglo). Una desigualdad que también
es mayor en España que en Europa: en la UE, el 10% de los
trabajadores con más ingresos ganan 7,5 veces más que el 10% con menos
ingresos, mientras en España esa proporción sube a 9,6 veces.
Con este panorama salarial (sueldos bajos y muy desiguales)
se inicia la negociación salarial para 2026-2028, dentro del VI
Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva (AENC), que se empezó a
negociar en 2010. El anterior, el
V AENC, pactó unas subidas salariales del +4% para 2023 y de +3% para 2024
y 2025, más una cláusula de revisión del 1%, subidas que han sido básicamente
respetadas en los convenios (han subido +10,46% en estos 3 años). Ahora, con
una perspectiva de menor inflación en 2026 (se prevé una subida media del +2,4%, frente al 2,7% en 2025), la
negociación se espera difícil, porque los empresarios no quieren
subir los sueldos más del +3% y los
sindicatos ya han pedido una subida anual del +4%, más una
subida adicional del 1 al 3% para los sueldos más bajos: +1%
para los que tienen un sueldo un 10% inferior a la media del país (son 10,4
millones de trabajadores), un +2% adicional para los que ganan un 20% menos que
la media (8,5 millones de trabajadores) y un +3% adicional para los que tienen
sueldos un 30% inferiores a la media (son 6 millones de trabajadores).
Además, los
sindicatos piden el mantenimiento de la cláusula de revisión salarial,
para que todos los salarios suban un 1,5% adicional si el IPC en diciembre es
superior a la subida pactada. Y además piden que las empresas estudien el pago
de complementos salariales en convenios de zonas afectadas por
una fuerte subida de alquileres o que se negocien soluciones para los
sectores más afectados por la falta de alquileres asequibles, lo que afecta
sobre todo a los trabajadores de la hostelería, el turismo y la
construcción.
Con estas peticiones sindicales, tan distanciadas de la patronal, se espera una negociación difícil y
conflictiva. La
tesis de los sindicatos es que “las empresas están ganando mucho
dinero y es hora de repartirlo”, según señalan UGT y CCOO. Y
recuerdan, además, que es hora de compensar a los trabajadores por la pérdida
de poder adquisitivo en los últimos años. Además, creen que es el momento, con
la economía creciendo mucho, de repartir el crecimiento y
aprovechar para subir más los sueldos más bajos, que condenan a muchos
trabajadores a la pobreza: son casi 3 millones, el 13,7% de los empleados
los que están en situación de pobreza (ganan menos del 60% de la
media), según
Oxfam Intermón, especialmente inmigrantes, mujeres y jóvenes, sobre todo
los que trabajan en el campo, el hogar y la hostelería o con contratos a tiempo
parcial.
Hay que estar atentos a esta negociación salarial
para 2026, 2027 y 2028, no sólo porque afecta a millones de trabajadores (11 millones de asalariados están cubiertos por convenios, aunque otros 8
millones quedan fuera) sino también porque afecta
decisivamente a la economía. Si los salarios no suben algo más que
la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno de los
motores del crecimiento y el empleo. Así que mejorar los salarios, para que
sean más “europeos”, no sólo es una cuestión de justicia (el 64%
de los trabajadores están por debajo del salario medio, según
los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar
los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Y
las empresas deben entender que si quieren mejorar sus ventas y mantener sus
beneficios, han de pagar más para que les compremos más.
España lleva décadas compitiendo en el mundo
gracias a nuestros bajos sueldos. Es hora de dejar
de ser “la China de Europa” y empezar a competir más en innovación,
tecnología y bajando otros costes (la energía, por ejemplo, gracias a las
renovables), aumentando el peso de la industria y los sectores de futuro, que
conllevan más productividad y mejores sueldos. Las empresas llevan 5 años
mejorando ventas y márgenes, aumentando sus beneficios, y es hora de que
también los trabajadores se beneficien de la recuperación, con mejores
sueldos, sobre todo los que menos ganan. Unos sueldos más decentes son
además la base de un mayor consumo, mayor crecimiento y más empleo. Hay que
conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir
mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios
en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.
En enero ha habido un rosario de subidas (teléfono e Internet, luz, peajes, agua, basuras, alquileres, taxis, billetes de avión, tabaco, seguros…) que han complicado más llegar a fin de mes. Pero el resto de 2026 tampoco será fácil, porque los alquileres, alimentos y muchos servicios siguen subiendo, más que los sueldos. De hecho, casi la mitad de los españoles tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE: un 8,7% de los hogares llegan con “mucha dificultad”, otro 12,4% con “dificultad” y el 24,3% con “cierta dificultad”. Y el problema no es sólo la inflación (ahora más moderada, un 3% en 2025), sino en que muchas familias ingresan sueldos muy bajos, que no les permiten afrontar gastos crecientes.
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jueves, 29 de enero de 2026
EPA 2025: más empleo y paro inferior al 10%
El empleo cerró 2025 con la creación de 605.400 nuevos
empleos, la 3ª mayor subida anual, tras
2021 (+840.600 empleos) y 2023 (+783.000). Y lo más llamativo: el
paro bajó del 10% (9,93%), la menor tasa desde marzo de 2008.
Además, el empleo es de calidad: el 84,86% de los asalariados tienen
ahora un contrato indefinido. Pero no podemos olvidar dos datos que
pesan como una losa: España es el país con más paro de Europa y la OCDE y
tenemos una baja tasa de empleo, por lo que necesitamos que trabajen otro
millón largo de españoles más. No podemos “dormirnos en los laureles”. Hay que
seguir modernizando la economía e invirtiendo para que trabaje más gente y baje
más el paro. Habría que aprobar dos medidas: un Plan de choque
para los parados mayores, mujeres, jóvenes y 6 regiones con alto paro y una reforma
a fondo de las oficinas de empleo, gestionadas por las autonomías y que no
funcionan. Pero ambas medidas exigen algo hoy imposible: acuerdos políticos. Enrique Ortega
Otro año más, las Navidades han sido buenas para el empleo, que creció en +76.200 personas en el 4º trimestre, algo más del doble que el año pasado (+34.800) y bastante mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Y como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+503.300 empleos en el 2º trimestre), 2025 se cerró con 605.400 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 22.463.300 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (diciembre 2019), España ha creado ya casi 2,5 millones de nuevos empleos (+2.496.400 ocupados en estos 6 años).
En 2025, el aumento del empleo (+605.400 ocupados) se
ha dado más entre las mujeres (+306.200) que entre los hombres (+299.200),
concentrándose sobre todo en los mayores de 50 años (+383.300
empleos, el 63% del total) y entre los jóvenes (+275.400 empleos
entre los 20 y 29 años), cayendo sólo la ocupación entre 40 y 49 años (-45.100)
y entre los menores de 20 años (-8.300 ocupados). Un dato relevante
es el fuerte aumento porcentual del empleo entre los extranjeros (+257.900
empleos, +7,7%), aunque crece más numéricamente entre los
españoles (+341.700 empleos, +1,97%). Y con ello, el 15,91% de los
ocupados en España (3.575.900 trabajadores) tienen nacionalidad extranjera.
La mejora
del empleo en 2025 se ha debido casi toda al sector privado (+553.300
empleos) y apenas creció el empleo público (+50.100 ocupados). El motor del
empleo volvieron a ser los servicios (+369.900 empleos), sobre
todo por el turismo, la hostelería y el comercio, creciendo también en la
industria (+112.200), la construcción (+79.500) y en el campo
(+43.800 ocupados en agricultura). Por autonomías, el mayor aumento
porcentual del empleo se ha dado en Ceuta (+9,81%: +3.000 empleos), Murcia
(+5,89%: +39.600 empleos), Extremadura (+4,58%: +19.100 empleos) y Castilla la Mancha (+4,26%: +38.800
empleos), aunque en cantidad total, quienes crearon más empleo fueron Andalucía
(+138.400), Comunidad Valenciana (+98.800). Madrid (+78.800) y Cataluña (+57.300),
cayendo sólo en Melilla (-600 ocupados).
La mejora del empleo (+605.400) ha sido mayor que la bajada del paro,
que se ha reducido en -118.400 personas en todo 2025, menos que en 2024
(-265.300 parados) debido a que han vuelto a subir “los activos”,
las personas que se han “animado” a buscar trabajo (han crecido en +487.100),
alcanzando otro récord histórico (24.940.400 “activos”). Eso puede
deberse a una mayor entrada de extranjeros y a que hay más mujeres y jóvenes
que buscan ahora trabajo. Con todo, tenemos una cifra de parados de las más
bajas de nuestra historia: 2.477.100 parados a finales de 2025. Y la
tasa de paro baja del 10%, hasta
el 9,93%, la más baja desde 2008
(9,6% de paro en marzo), a años luz del paro disparado de 2013 (26,94% en marzo) aunque todavía lejos del “suelo” de junio de 2007
(cuando la tasa de paro era del 7,93%).
El paro en 2025 ha bajado más entre los hombres (-79.500)
que entre las mujeres (-38.800), también hay más paradas (1.323.800
frente a 1.153.300 parados) y tienen una mayor tasa de paro (11,24%
frente al 8,76% los hombres). Y el
paro ha bajado más entre los que tienen de 25 a 54 años (-87.700
parados, el 74% de la bajada total), bajando mucho menos entre los menores de
24 años (-39.700 parados) y subiendo entre 20 y 24 años (+13.100 parados). Con
ello, baja el paro entre los menores de 25 años (del 24,9 al 23%),
aunque sigue siendo altísimo y casi
duplica al paro juvenil en Europa (15,1% en la UE-27),
cuadruplicando el alemán (6,8%). El paro ha bajado sobre todo en
los servicios (-43.200 parados), entre los que perdieron su empleo hace
más de un año (-63.200 parados) y entre los que lo buscan por 1ª vez (-14.100
parados), también en el campo (-4.700 parados), subiendo en la industria
(+4.200 parados) y en la construcción (+2.600). Y destaca la bajada del
paro en Cantabria (-17,56%, -4.100 parados), Madrid (-17,45%,
-57.300), Murcia (-14,91%,-15.500) y Comunidad Valenciana (-14,12%, -47.100),
mientras subió el paro en 7 regiones, sobre todo en Canarias (+12.500),
Castilla la Mancha (+7.600) y Navarra (+5.600 parados), según
la EPA.
La histórica bajada del paro por debajo del
10% de los activos no puede hacernos olvidar que hay 6 regiones con
una tasa de paro muy superior: Melilla (23%), Ceuta (22,21%), Andalucía
(14,66%), Extremadura (13,42%), Canarias (12,63%) y Castilla la Mancha (12,05%
de paro), mientras hay otras 9 autonomías que tienen una tasa de paro
“casi europea” (6% es la tasa paro UE-27): Madrid (7,04%), País Vasco
(7,50%), Aragón (7,70%), Baleares (7,80%), La Rioja (8%), Navarra (8,10%),
Cataluña (8,24%), Galicia (8,26%) y Asturias (8,42% de paro), según
la EPA. Tampoco podemos olvidar que hay 772.300 hogares (el 3,9% del
total) con todos sus miembros en paro (aunque es la cifra más baja desde
2007).
Pero hay otros datos del paro que son muy
positivos. Uno, que ha subido el número de parados que reciben un
subsidio, tras la reforma del desempleo en 2024: son 1.838.267 beneficiarios,
el 76,31% de los parados registrados (eran el 61,53% en 2019) los que se benefician de alguna ayuda, según
Trabajo (869.966 cobran un subsidio contributivo que ya está en 1.029 euros
mensuales y el resto reciben un subsidio asistencial de 480 euros). Y otro, que siguen bajando los parados de larga
duración, quienes llevan más de un año sin encontrar trabajo: eran 900.800
parados a finales de 2025 (-98.900), el 36,36% de todos los parados, la mayoría
de ellos parados mayores de 45 años y mujeres (500.900).
Junto a la bajada histórica de la tasa de paro (al 9,93%), el otro gran
dato relevante de esta EPA 2025 es la calidad del empleo que tenemos, no
solamente que la cantidad (22.463.300 ocupados) sea récord. Así, gracias
a la reforma laboral (que entró en vigor en marzo de 2022), en 2025 no sólo
trabajó mucha más gente sino que sigue aumentando el número de asalariados
con contrato indefinido: eran 16.260.000
trabajadores, el 84,86% del total, cuando eran el 83,50% a
finales de 2023 (y el 74,6% a finales de 2021). Además, han subido
algo los ocupados a tiempo completo (del 86 al 86,24%) y bajan ligeramente
los trabajadores a tiempo parcial (del 14 al 13,75%), que superan
los 3 millones (de esos 3.089.000 empleos parciales, 2.250.000
los tienen mujeres).
Ahora, en 2026, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en
2023 (+783.000), 2024 (+468.100) y 2025 (+605.400 empleos), porque creceremos
algo menos (+2,2%,
frente al +2,9% en 2025). La previsión
enviada por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear
1,6 millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han
creado +468.100), 2025 (548.645 empleos,
aunque se han creado 605.400) y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo
de que España roce
los 23 millones de ocupados en 2026 (22.989.350) y baje su tasa de
paro del 10% en 2026 (ya conseguido en 2025).
Los datos de la EPA 2025 indican que estamos en el buen
camino para lograr ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede
“lanzar las campanas al vuelo” con el empleo y el paro, por dos
razones. Una, porque seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises)
con la mayor tasa de paro: 9,93% en España frente al 6%
en la UE-27 y el 4,8%
en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja
que en Europa: a finales de 2024 trabajaban aquí el 71,4% de los que tienen
entre 20 y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en
Francia o el 81,3% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene 1,2 millones de personas menos
trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como la media europea.
Y que trabajan 2,5 millones de españoles menos de los trabajarían si tuviéramos
la tasa de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto como país: modernizar
la economía para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones
más) y que eso permita reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En
eso deberíamos centrarnos a medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y más
con un
contexto internacional tan incierto. Eso implica tomar 2
medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político
económico y social. Una, aprobar un
Plan de empleo, para fomentar la contratación de parados mayores de 45
años, mujeres y jóvenes, sobre todo en esas 6 regiones con más paro que la
media, canalizando inversiones públicas y privadas e incentivos a las contrataciones.
En resumen, España crece y crea más empleo que el resto de
Europa, pero no podemos quedarnos en los récords. Seguimos con el
grave problema de fondo: trabaja menos gente y tenemos más paro que en
Europa. Ese debe ser el gran reto y el primer objetivo de todo lo que
hagamos, porque es la clave para mejorar el futuro. Y no podemos hacerlo sin
grandes acuerdos económicos, políticos y sociales, hoy imposibles.
Otro año más, las Navidades han sido buenas para el empleo, que creció en +76.200 personas en el 4º trimestre, algo más del doble que el año pasado (+34.800) y bastante mejor que en las Navidades de 2023 (-19.000 empleos) y 2022 (-81.900 empleos). Y como el resto del año fue bueno para el empleo, sobre todo la primavera (+503.300 empleos en el 2º trimestre), 2025 se cerró con 605.400 personas más trabajando en España, según la EPA publicada el martes. Es el tercer mejor año para el empleo desde la pandemia, tras los anteriores récords de 2021 (+840.600 ocupados) y 2023 (+783.000 ocupados). Con este nuevo aumento, ya trabajan en España 22.463.300 personas, otro récord histórico, que supera con creces el mejor dato de nuestra historia, las 20.646.000 personas que trabajaban en junio de 2008. Y desde antes de la pandemia (diciembre 2019), España ha creado ya casi 2,5 millones de nuevos empleos (+2.496.400 ocupados en estos 6 años).
Y la otra medida,
reformar
de verdad las oficinas de empleo, porque no ayudan a los parados a
recolocarse. Pronto van a cumplirse 3 años de la
Ley de Empleo (entró en vigor el 2 de marzo de 2023) y no ha
funcionado: ni se hace un perfil de los parados ni se les ayuda individualmente
a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo colocan
a menos del 3% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen
cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay
registradas 89.977 empresas y 28.977 ofertas de empleo. Urge cambiar la
operativa y dotar de medios a estas oficinas de empleo, gestionadas desigualmente
por las autonomías.
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lunes, 26 de enero de 2026
El deterioro de los servicios públicos
El Foro de Davos alerta que 1 de los 3 mayores riesgos
de España es “la insuficiencia de los servicios públicos”. Mientras, en
España se multiplican las quejas sobre las deficiencias en sanidad,
educación, Dependencia y servicios sociales, que fuerzan a pagar servicios
privados. Un deterioro del Estado del Bienestar que se explica
con un dato: España gasta menos que Europa (-43.000 millones anuales) en
financiar los servicios públicos fundamentales. Y se agrava porque dos
tercios los financian las autonomías, con grandes diferencias en
el gasto social: Navarra, País Vasco, Extremadura y Asturias son las que más
gastan por habitante y las que menos Madrid, Cataluña, Andalucía y Murcia.
Las autonomías se quejan de falta de recursos, mientras muchas bajan impuestos.
Ahora, el Gobierno propone un nuevo sistema de financiación, que
les aportaría 21.000 millones más para mejorar los servicios públicos.
Pero las autonomías rechazan el sistema, dentro del acoso político al
Gobierno. Y han aprobado Presupuestos para 2026 que apenas refuerzan
los servicios públicos. No mejorarán mientras los políticos no pacten cambios. Enrique Ortega
En los últimos meses, crece la preocupación de los españoles por el deterioro de los servicios públicos, desde los cribados de cáncer de mama en Andalucía a las Universidades públicas en Madrid, los 32.704 ancianos que murieron en 2025 sin recibir las ayudas a la Dependencia o las familias vulnerables que no reciben el ingreso mínimo vital o las rentas mínimas (sin olvidar los transportes). Un deterioro que ha llevado al Foro de Davos a señalar que 1 de los 5 principales “riesgos” de España es “la insuficiencia de los servicios públicos” , junto a la polarización social, la escasez de talento y mano de obra especializada, la elevada deuda pública y la falta de oportunidades para los desempleados.
Los servicios públicos en España han pasado por múltiples
vaivenes en la historia reciente. Durante el franquismo, los españoles
teníamos pocos servicios públicos, a cambio de que también pagábamos pocos
impuestos. Con
la democracia, aumentó la demanda ciudadana y hubo un fuerte aumento del
gasto público hasta 2009 (+5,1% anual), que se truncó con la crisis financiera y
europea, que provocó fuertes recortes del Estado de Bienestar en España.
A partir de 2014, el gasto público se recupera lentamente (+1,8% anual) hasta
2020, cuando el COVID obliga a un mayor gasto público, situación agravada después
por la hiperinflación de 2022 y 2023, tras la invasión de Ucrania. Y ahora
llevamos dos años (2024 y 2025) con menores aumentos del gasto social, también
por la falta de Presupuestos.
Con todos estos vaivenes, el gasto público primario
(sin contar el pago de intereses de la deuda) ha crecido este siglo, del 36%
del PIB en 2002 al 43% en 2024. Pero seguimos, antes y ahora, con un
gasto público muy inferior al del resto de Europa, que fue el 47,3%
de su producción (PIB) en 2024, según
un reciente estudio de Ivie, un porcentaje que es mucho mayor en Francia (el
55% de su PIB), Italia (50,3% del PIB) o Alemania (47.5% del PIB). Y si
analizamos qué parte del gasto público se destina a servicios públicos
fundamentales (sanidad, educación, servicios sociales, pensiones y
desempleo), España también gasta menos: el 26,4% del PIB, frente al 28,2%
que gasta la UE-27, el 34,2% de Francia, el 29,6% de Italia y el 27,6% de
Alemania.
Veamos las diferencias por tipo de gasto, según
el informe de Ivie. En sanidad, España gasta (2024) un 6,6%
del PIB, frente al 7,3% que gasta la UE-27, el 8,8% de Francia, el 7,5%
de Alemania y el 6,5% de Italia. En educación, España gasta el 4,2% del
PIB, frente al 4,7% la UE-27, el 5% de Francia, el 4,5% de Alemania y el
3,9% de Italia. Y en servicios sociales (políticas de inclusión social,
familia, infancia y vivienda social), España gasta el 1,7% del PIB,
casi la mitad que la UE-27, mucho menos que Francia (4,3%) y por debajo de
Alemania (2,8%) e Italia (2,3%). Esto significa, a lo claro, que si
gastáramos “como europeos”, tendríamos que destinar 43.000 millones más
cada año a sanidad (+11.160 millones), educación (+7971 millones)
y servicios sociales (+23.914 millones).
El problema no es sólo que España gaste menos que la
mayoría de Europa sino que ha
habido un cambio en ese gasto: en 2002, era el Estado central el
que más gastaba (51,6%), mientras ahora (2024) son las autonomías quienes
aportan el 53,6% de gasto, con las transferencias del Estado y sus propios
recursos. Y además, los recortes hechos principalmente por el Gobierno
Rajoy en el gasto público (-62.659 millones entre 2009 y 2013) se concentraron
en las autonomías (se llevaron el 99,8% del recorte), según
el informe de Ivie, lo que se tradujo en menos recursos para los servicios
públicos. Posteriormente, el fuerte aumento de población (hay 2,25
millones más de habitantes que en 2019) ha disparado la demanda de servicios,
sin que las autonomías hayan disparado sus recursos.
Y esto nos lleva a la situación actual, donde la
sanidad, la educación, los servicios sociales y la Dependencia (un 4º pilar
del Estado de Bienestar, que ha atendido a 4 millones de mayores y
dependientes desde 2007) sufren
problemas, básicamente de falta de medios y personal, porque la
demanda ha crecido más que la financiación. Y como estos servicios públicos
los gestionan las autonomías, su nivel y calidad dependen en gran medida de los
recursos que destine cada una. Y el problema es la enorme disparidad en
el gasto en servicios públicos entre las autonomías, que condiciona la
sanidad, la educación , los servicios sociales o las ayudas a la Dependencia que
recibimos según donde vivamos.
El estudio
de Ivie, con datos de 2024, revela que en sanidad, hay autonomías
que gastan mucho más que la media (como Murcia o Navarra) y otras mucho menos
(como Andalucía, Galicia y Madrid, las tres que menos gastan). En educación,
gastan por encima de la media País Vasco, Cantabria, Castilla León y Galicia y
están a la cola del gasto Madrid (otra vez el “farolillo rojo”), Murcia,
Cataluña y Baleares. Y en protección social, también gastan por encima
del resto Navarra y País Vasco, siendo Galicia la que menos gasta (Madrid
vuelve a gastar por debajo de la media). Globalmente, las autonomías que más
gastan en servicios públicos fundamentales son País Vasco,
Navarra, Canarias y Extremadura, mientras están a la cola de este
gasto Madrid, Andalucía, Galicia y Asturias (ver cuadro).
Otro estudio,
de los Directores de Servicios Sociales, pone cifras más concretas a esta
desigualdad autonómica en el gasto social. En 2024, el gasto autonómico en políticas
sociales fue de 3.277 euros/habitante, con grandes diferencias entre
las que más gastaron (Navarra 4.500 euros, País Vasco 4.343 y Extremadura
4.124 euros/habitante) y las que menos (Madrid 2.702 euros, Cataluña
2.940, Andalucía 3.158 y Murcia 3.259 euros/habitante). Si se
desglosa, el gasto medio en sanidad fue de 1.717 euros/habitante, con
grandes diferencias entre los que más gastaron (2.318 euros Asturias, 2.222
País Vasco. 2.170 Navarra, 2.164 euros/habitante Extremadura) y los que menos
(1.415 euros Madrid, 1.457 Cataluña, 1.602 euros Murcia, 1.623 Comunidad
Valenciana y 1.639 euros Andalucía). En educación, superan el gasto
medio de España (1.126 euros/habitante) País Vasco (1.608 euros), Navarra
(1.492), Extremadura (1.300) y Murcia (1.264 euros/habitante), mientras
encabezan la cola del menor gasto Madrid (910 euros), Asturias (1.034),
Cataluña (1.042) y Galicia (1.055 euros/habitante). Y en servicios sociales,
el gasto medio en 2024 fue de 433 euros/habitante, superado por Navarra
(837 euros), Extremadura (659), Asturias (608), la Rioja (560) y País Vasco
(512 euros/habitante), mientras a la cola del gasto están Baleares (273 euros),
Canarias (327), Andalucía (368 euros) y Madrid (377 euros/habitante).
Estas tremendas diferencias autonómicas se dan también en
el gasto en Dependencia, una prestación clave pero con problemas
por falta de recursos: a finales de 2025, había 258.167 dependientes en
listas de espera (esperando una prestación reconocida o ser valorados), lo
que provocó que 32.704
mayores murieran esperando una ayuda en 2025. Y los que sí reciben alguna
prestación (1.635.000 en diciembre 2025), la mayoría perciben “ayudas low
cost” (una ayuda a la familia de 180 a 455 euros al mes, teleasistencia
o pocas horas de ayuda a domicilio). Las autonomías aportan el 73% del gasto en
Dependencia y muchas tratan de recortar este gasto, retrasando o revisando
ayudas. Y su gasto es también muy desigual, según
el informe de los Directores de Servicios Sociales: si la media es 8.592
euros por beneficiario atendido, en el País Vasco gastan 13.554, 12.670 en
Navarra y 11.395 euros en Extremadura, mientras a la cola de gasto están
Andalucía (7.173 euros), Aragón (7.125) y Murcia (7.455), ocupando Madrid el 8º
lugar por la cola (8.894 euros/beneficiario).
Cara a este 2026, no parece que las autonomías vayan a hacer un esfuerzo especial por gastar más en servicios públicos, a pesar de su deterioro. Un ejemplo es el gasto en sanidad, según los Presupuestos aprobados o prorrogados: el gasto por habitante será de 2.013 euros, sólo un +3,5% que en 2025. Y el País Vasco, Extremadura o Navarra gastarán entre 2.373 y 2.288 euros por habitante, un 50% más que el gasto sanitario de Madrid (1.537 euros/habitante), el tercero más bajo, tras Murcia (1.511 euros) y Cataluña (1.516 euros/habitante).
Así que la financiación de los servicios públicos depende
básicamente de las autonomías, que gastan más o menos según quien
gestione y sus políticas, no según sus ingresos: hemos visto como Madrid
y Cataluña están a la cola de gasto, aunque sean más ricas. Lo que ha
pasado estos últimos años es que muchas autonomías (sobre todo
las gestionadas por el PP) han
reducido el peso del gasto social, como reveló un estudio de los
Directores de Servicios Sociales: en 2024, las autonomías gastaron 2.364
millones menos en sanidad, educación, Dependencia y servicios sociales,
además de reducir el peso de este gasto social en sus Presupuestos desde 2019,
gastando más en infraestructuras, personal y deuda, además de favorecer
en muchos casos la sanidad y la educación privadas.
Muchas autonomías se quejan de falta de recursos para
justificar que no destinen más medios a sanidad, educación, Dependencia o
gastos sociales. Pero es una “cortina de humo”, porque hay autonomías con pocos
recursos (como Extremadura o Castilla y León) que gastan relativamente más en
servicios públicos que otras ricas. Y además, en los últimos años, la recaudación
fiscal de Hacienda ha batido récords año tras año, siendo también récords
las transferencias del Estado a las autonomías (por el 50% del IRPF o
del IVA y el 58% de los impuestos especiales). Así, en
2025, Hacienda transfirió a las autonomías 158.167 millones, una cifra
récord como en 2023 y 2024. Y en
2026 recibirán 170.300 millones, +7,7%
que en 2025. Incluso cuando el Estado aumentó su aportación para Dependencia,
hubo autonomías que “hicieron caja”, recortando su Presupuesto. Y cuando el
Estado creó el ingreso mínimo vital, algunas autonomías aprovecharon para
recortar sus rentas mínimas…
En cualquier caso, lo que está claro es que España gasta
menos en servicios públicos esenciales que Europa, a pesar de que cada vez
tenemos más habitantes (en 2030 seremos 2 millones más que ahora)
y más envejecidos (más gasto en sanidad y Dependencia). La causa de esta
situación está en que España también recauda menos que Europa, según
destaca el estudio de Ivie: en 2024, los ingresos públicos en España eran
el 42,3% del PIB, frente al 46% de media UE-27, el 51% de
Francia, el 46,8% de Alemania y el 47,1% de Italia. A lo claro: que recaudamos
59.000 millones menos cada año que la media de los europeos. Por eso
gastamos menos en los servicios públicos que tanta falta nos hacen.
¿Solución? Recaudar más, para lo que urge
poner en marcha una reforma fiscal, como la que propusieron
el Comité de Sabios en 2022: armonizar los impuestos autonómicos
(evitar la pelea por ver quien baja más los impuestos), reformar el IVA y quitar
la mayoría de los tipos reducidos, revisar las deducciones en el IRPF y en
sociedades (muy abultadas), aumentar la fiscalidad ambiental (carburantes) y al
alcohol y tabaco, además de una mayor lucha contra el fraude y la “elusión”
fiscal de los más ricos y grandes empresas.
Y además de recaudar más, hay que reformar el sistema
de financiación autonómica, para que las transferencias que
reciben las autonomías aumenten y se distribuyan con nuevos criterios
(porcentaje de mayores y población joven, dispersión geográfica y renta) no
sólo el de población. El actual sistema de financiación es de 2009 y
lleva pendiente de reforma desde 2014, cuando prometió hacerlo Rajoy. Es una
reforma clave, porque el
sistema actual provoca que 6 autonomías reciban menos recursos por
habitante que la media: Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla la
Mancha, Aragón y Madrid (muy poco menos), beneficiándose las 9 restantes
(el País Vasco y Navarra tienen un régimen foral que les beneficia sobre el
resto, un privilegio histórico difícil de corregir). Pero además de esta
reforma, urge frenar
las bajadas de impuestos en cadena que llevan años promoviendo las
autonomías gobernadas por el PP, porque son injustas (benefician más a
quien más tiene) y porque reducen ingresos que impiden gastar más en
sanidad, educación, servicios sociales o Dependencia (caso muy evidente de
Madrid).
A principios de año, el 9 de enero, el Gobierno ha hecho una
propuesta para aprobar un
nuevo modelo de financiación autonómica, forzado por sus acuerdos
con ERC y Junts. Pero el nuevo sistema aumenta el porcentaje del IRPF (al 55%)
y el IVA (al 56,5%) que se transfiere a las autonomías, junto a una mayor
aportación del Estado, con lo que las autonomías recibirían 20.975 millones
extras en 2027. Una
ganancia para todas, sobre todo para Andalucía (+4.846 millones), Cataluña
(+4.686 millones), Comunidad Valenciana
(+3.669), Madrid (2.555) y Castilla la Mancha (+1.248 millones). Pero la
propuesta ha sido rechazada por todas las autonomías, salvo Cataluña, más por
causas políticas que económicas o fiscales.
En los últimos meses, crece la preocupación de los españoles por el deterioro de los servicios públicos, desde los cribados de cáncer de mama en Andalucía a las Universidades públicas en Madrid, los 32.704 ancianos que murieron en 2025 sin recibir las ayudas a la Dependencia o las familias vulnerables que no reciben el ingreso mínimo vital o las rentas mínimas (sin olvidar los transportes). Un deterioro que ha llevado al Foro de Davos a señalar que 1 de los 5 principales “riesgos” de España es “la insuficiencia de los servicios públicos” , junto a la polarización social, la escasez de talento y mano de obra especializada, la elevada deuda pública y la falta de oportunidades para los desempleados.
Cara a este 2026, no parece que las autonomías vayan a hacer un esfuerzo especial por gastar más en servicios públicos, a pesar de su deterioro. Un ejemplo es el gasto en sanidad, según los Presupuestos aprobados o prorrogados: el gasto por habitante será de 2.013 euros, sólo un +3,5% que en 2025. Y el País Vasco, Extremadura o Navarra gastarán entre 2.373 y 2.288 euros por habitante, un 50% más que el gasto sanitario de Madrid (1.537 euros/habitante), el tercero más bajo, tras Murcia (1.511 euros) y Cataluña (1.516 euros/habitante).
Y así, con esta imposibilidad política de llegar a
acuerdos para pactar una reforma fiscal y una reforma de la
financiación autonómica, los ciudadanos seguiremos sufriendo las consecuencias
de una financiación escasa y mal repartida de nuestros servicios públicos
esenciales. Y cada
vez tendremos más problemas en la sanidad, la educación, la Dependencia
o los servicios sociales, porque el deterioro se acumula y somos más habitantes.
Lo grave es que la incapacidad de los políticos para buscar acuerdos
perjudica nuestra vida diaria.
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jueves, 22 de enero de 2026
FITUR 2026: llegarán los 100 millones de turistas
Hasta el domingo se celebra en Madrid FITUR, la Feria del turismo más importante del mundo. El sector sigue eufórico, tras
batirse otro récord en 2025: 97 millones de turistas (el
doble que el año 2000) y 134.710 millones de gasto (cuatro veces más que
al principio del siglo). Y el año 2026 ha empezado con fuerza, en
reservas de viajes y estancias, con lo que se espera alcanzar los 100
millones de turistas este año, a pesar de los conflictos geopolíticos,
el bajo crecimiento europeo y los altos precios turísticos en España. La duda
es si esos 100 millones es una cifra “sostenible”, dada la
saturación de muchos destinos. Lo positivo es que el Gobierno y el sector han
aprobado una Estrategia turística 2030, una hoja de ruta para reconvertir
y modernizar el sector, para conseguir un turismo sostenible,
equilibrado e inclusivo, para evitar “morir de éxito”. Se trata
de transformar destinos, digitalizar la gestión, mejorar la formación y
diversificar ofertas y turistas al margen del tradicional sol y playa. FITUR 2026, el escaparate de un turismo que atraerá a 100 millones en 2026
En todo el mundo sigue “la fiebre por viajar”, tras la pandemia: en 2025 se superaron los 1.500 millones de turistas en el mundo, según la Organización Mundial de Turismo (OMT),sobrepasándose por primera vez los turistas que hubo en 2019, antes de la pandemia (salvo en América y Asia Pacífico, que siguen por debajo). Algo más de la mitad de este turismo mundial es de Europa, la región del mundo con más turismo, con 1.200 millones de viajes realizados por los europeos en 2025, según Eurostat. El 71% de estos viajes de los europeos fue dentro de su país, pero un 21% fueron a otro país europeo (sobre todo a España, Italia y Francia) y el 8% restante fueron viajes fuera de Europa.
España se consolida como el 2º destino
turístico del mundo, ya cerca de Francia, con 97 millones de
turistas extranjeros recibidos en 2025, según
la estimación del ministro de Industria y Turismo, 3,2 millones más que en
2024 (93.799.505 turistas). Es un aumento del +3,4%, algo menor que
el aumento de 2024 (+10,1%), porque en el verano se ha ralentizado el
fuerte aumento del turismo extranjero del primer cuatrimestre, con una ligera caída del turismo
francés (-0,5% de enero a noviembre) o belga (-0,1%) y un mínimo
aumento del turismo alemán (+0,9%) y nórdico (+1,2%) . Con todo, es un
récord histórico de turistas (duplica con creces los 46,40
millones del año 2.000). Y lo más importante: ha crecido mucho más (el +6,8%)
el gasto que estos turistas hicieron en España, otro
récord histórico: 134.710 millones de gasto turístico, cuatro veces el
del año 2.000 (33.000 millones). En definitiva: vienen más turistas y se gastan
cada vez más en España.
Además del doble récord, de turistas y gasto, el año
2025 revela que el crecimiento turístico ha sido “más sano”, según
el análisis del Gobierno. Primero, porque el turismo ha crecido más
fuera de la temporada alta, fuera del verano, en enero (+6,1%), febrero
(+7,7%), marzo (+3,8%) abril (+10,1%), octubre (+3,2%) o noviembre (+2,1%), por
delante del crecimiento de turistas en julio (+1,6%), agosto (+2,9%) y
septiembre (+0,8%), según el INE. Segundo, porque ha habido una cierta
desconcentración del turismo, tanto en el origen (los turistas
de EEUU, Latinoamérica y Asia han crecido más que los europeos) como en
destino (ha crecido más el turismo y su gasto en algunas zonas que no son
de sol y playa). Y tercero, porque los turistas que vienen a España se vuelven muy
contentos: el 97% se muestran satisfechos (30,9%) o muy
satisfechos (66,2%) de su estancia, según
la última Encuesta de Satisfacción de Turespaña.
Las empresas turísticas han hecho un
balance muy optimista de 2025, aunque el sector turístico ha crecido algo
menos que la economía: +2,5%, frente a un aumento del PIB global del
2,9%, tras crecer más que la economía en 2023 (+10,5% frente a 2,5%) y
2024 (+5,5% frente al 3,5% el país). Con todo, el turismo ha facturado
218.459 millones de euros en 2025, aportando el
13% del PIB español, lo que le revalida como la primera industria
del país. Y le ha permitido crear 47.815 nuevos afiliados a la
Seguridad Social, lo que supone otro récord de empleo: 2,75
millones de personas trabajan en el turismo, el 12,7% de todo el empleo
y 375.000 afiliados más que antes de la pandemia. Además, el 80,9% de
estos trabajadores del sector turístico tienen
un contrato indefinido y su sueldo ha subido más en 2025
(´3,9%) que el del conjunto de trabajadores (+3,4% de subida).
La mayor llegada de turistas extranjeros en 2025 (+3,2
millones) ha compensado el relativo estancamiento del turismo nacional,
que creció poco, según
la patronal Exceltur. Y gracias a ese mayor turismo extranjero, las
empresas turísticas han aumentado sus ventas un +4% (+7,9% el negocio
con extranjeros), por el mayor gasto de estos turistas y al aumento de precios.
Las zonas con más aumento de ventas para el sector turístico han sido Murcia
(+9%), País Vasco (+7,8%), Baleares (+7,4%), Aragón
(+7,2%), Madrid y la Rioja (+7% de ingresos), por delante del aumento de
ventas en las zonas tradicionales de sol y playa. Y además, las empresas
turísticas han aumentado sus beneficios (+5,6%) más que sus ventas
(+4%), según Exceltur, sobre todo las de transporte (+13,5%), empresas
ligadas al ocio (+7,2%), hoteles de
costa(+6,2%) y empresas de alquiler de coches (+4.1%).
Un factor que explica este fuerte aumento de beneficios para
el sector turístico es que ha seguido la fuerte subida de precios,
iniciada en 2023. Los hoteles han subido un +8,7% en 2025, según el INE, tras una
subida de precios del +37.1% desde 2019, con un precio medio de 172
euros por habitación, según Exceltur. Y los vuelos internacionales han
subido también un +7,4%, aunque los nacionales subieron sólo el +4,8%,
por la competencia del tren. Y los bares y restaurantes, otro
gasto turístico clave, han subido una media del +4,2%.Estas subidas
preocupan porque España aumenta su “brecha
de precios” con otros paises competidores, como Grecia, Turquía, Croacia,
Egipto, Marruecos o Túnez.
Otro factor que ha ayudado al buen ejercicio de las empresas
turísticas en 2025 ha sido la menor competencia de los apartamentos
turísticos, sobre todo tras obligarlos el Gobierno a registrarse en una ventanilla
única desde el 1 de julio, lo que ha reducido la oferta, junto al mayor
control y las limitaciones de algunos Ayuntamientos y autonomías. El resultado
es que en 2025 había 366.000 apartamentos turísticos disponibles en
las 25 principales ciudades, 15.963 menos que a principios del año
(-4,1%), según
Exceltur, con una caída importante de la oferta en Ibiza (-40,8%), Madrid (-7,8%),
Santiago (-17,5%) o San Sebastián (-5,7%), aunque subieron en Barcelona
(+3,8%).
Tras el nuevo récord de turistas e ingresos de 2025, el
sector estima que España conseguirá alcanzar en 2026 los 100 millones de turistas esperados en
2025. A favor está el crecimiento económico esperado en Europa,
similar al de 2025 (+1,4% en UE-27) pero con una recuperación esperada en
Alemania, Francia e Italia, los tres paises desde los que vienen más
turistas europeos. Y como el empleo sigue creciendo y los salarios crecen algo
más que los precios, se espera una mejora del consumo, en Europa y en
España, que ayudarán a aumentar turistas y gasto. Además, la bajada del
crudo puede abaratar los precios del transporte (y los billetes de avión),
ayudando también una esperada revalorización del euro, que facilitaría
la llegada de turistas con otras monedas. Pero también hay incertidumbres,
como los problemas geopolíticos y Trump. Y no ayudarán los precios
turísticos al alza.
Con todo, la patronal Exceltur espera que los ingresos
del sector turístico crezcan
en 2026 como el año pasado (+3,9%
frente al 4% en 2025) y los beneficios suban algo más (+5,9% frente a
+5,6%), sobre todo en los hoteles de costa, las empresas de ocio y las
agencias de viaje. Y esperan una mayor mejoría este año en la Comunidad
Valenciana (+9,9% de ventas), Murcia (+9,8%) y Baleares
(+6,6%), así como en Castilla la Mancha (+5,5%) y País Vasco
(+5,3%), con menores aumentos de ingresos en Madrid (+1,8%), Cataluña (+2,8%),
Galicia y Andalucía (+4%), apoyados en las fuertes inversiones hechas estos
años en los hoteles, en la mayor digitalización de las empresas, las menores
viviendas turísticas, las oportunidades de la Inteligencia artificial y la
oferta de calidad y seguridad que ofrece España.
Un elemento clave de futuro es la tremenda fidelidad
de los turistas extranjeros que visitan España, según revelan estos datos:
en 2024, más del 74% de los turistas internacionales que vinieron a
España nos habían visitado ya antes. Y más de la tercera parte de
ellos (el 38%) habían venido antes en 10 ocasiones o más, según
las Encuestas de Turespaña. Y por si
fuera poco, el 69% de los turistas que nos visitaron en 2024 indicaron
que tenían intención de volver a España en los próximos 12 meses…
Con todo, España sigue con un problema de concentración
turística estructural, tanto porque el grueso del turismo se
concentra en los meses de verano, aunque haya mejorado algo (esos 3 meses
llegaban el 34,5% de los turistas extranjeros en 2019 y han llegado el 33% en
2025) como por su origen (el 84% de los turistas que vinieron en 2025
eran europeos) y su destino dentro de España: el 90,44% de los
turistas y su gasto se
concentran en 5 autonomías: Cataluña (19,06%), Baleares
(15,51%), Canarias (14,24%), Andalucía (13,77%) y Comunidad
Valenciana (11,71%). Y este desigual reparto del turismo agrava los
problemas de saturación turística en muchos destinos de sol y
playa y en bastantes ciudades, provocando protestas de los residentes y una subida
generalizada de precios, además de problemas en las infraestructuras
(aeropuertos, accesos, aparcamientos) y en los servicios (agua,
saneamiento, basuras, sanidad, policía…).
España roza los 100 millones de turistas para
2026, pero eso provoca una pregunta: ¿es
sostenible esta masificación turística? Muchos expertos y hasta
empresarios del sector creen que ha llegado el momento de parar y reflexionar,
de evitar “morir de éxito”. Urge perfilar un turismo
sostenible, no sólo para los propios españoles residentes sino para los
turistas nacionales e internacionales, que pueden buscar otros destinos si se “agobian”
en España, si nos identifican con “colas” en aeropuertos, carreteras, playas y
restaurantes, con precios superiores a viajar a destinos más exóticos y lejanos…
Esta reflexión sobre el futuro del turismo en España se ha
plasmado en la “Estrategia
España Turismo 2030”, una “hoja de ruta” para el futuro aprobada por el Gobierno el 21 de octubre de
2025, tras muchos meses de debate con 200 entidades públicas y privadas del
sector turístico. El
objetivo es “transformar el turismo español hacia un modelo sostenible,
equilibrado e inclusivo”, que se pretende conseguir con 5 programas (sobre
destinos, empresas, trabajadores, residentes y turistas) que incluyen 15 metas, entre ellas,
transformar los destinos turísticos, fomentar el turismo verde y de interior, innovar
y digitalizar empresas y aplicar criterios sostenibles para el medio ambiente,
formación continua de los trabajadores, armonizar el turismo y la vida local de
los destinos turísticos (elaborando un Atlas de “intensidad turística”)
y promover un marketing de España como destino sostenible.
Muchas de estas acciones están en marcha dentro de programas
turísticos aprobados con Fondos europeos, de los que 3.400
millones se han destinado a la reconversión y digitalización del sector
turístico, además de acciones medioambientales y campañas de marketing para
conseguir una diversificación geográfica, temporal y motivacional de los
turistas, para promover el turismo de negocios, verde, cultural, gastronómico o
deportivo, no sólo nuestro sol y playa. En paralelo, las
empresas han realizado fuertes inversiones en hoteles,
infraestructuras, digitalización, energía y medio ambiente, así como en
múltiples ofertas de servicios, lo que permite en muchos casos no cerrar
tras el verano y mantener un turismo permanente.
En resumen, que FITUR 2026 vuelve a ser un escaparate
de España como potencia turística, del potencial de nuestra primera
industria, que ha sido y sigue siendo el
primer motor de nuestro crecimiento y nuestro empleo, junto a los
inmigrantes y los Fondos europeos. Pero no podemos dormirnos en los laureles
y crecer por crecer, alcanzar los 100 millones de visitantes como si
nada: urge una reflexión sobre el futuro y aplicar esa hoja de ruta aprobada,
con medidas e inversiones que nos permitan conseguir “un nuevo turismo”
para 2030, más sostenible y asumible para españoles y extranjeros. No
podemos “morir de éxito”.
En todo el mundo sigue “la fiebre por viajar”, tras la pandemia: en 2025 se superaron los 1.500 millones de turistas en el mundo, según la Organización Mundial de Turismo (OMT),sobrepasándose por primera vez los turistas que hubo en 2019, antes de la pandemia (salvo en América y Asia Pacífico, que siguen por debajo). Algo más de la mitad de este turismo mundial es de Europa, la región del mundo con más turismo, con 1.200 millones de viajes realizados por los europeos en 2025, según Eurostat. El 71% de estos viajes de los europeos fue dentro de su país, pero un 21% fueron a otro país europeo (sobre todo a España, Italia y Francia) y el 8% restante fueron viajes fuera de Europa.
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lunes, 19 de enero de 2026
Se dispara la pobreza energética
Enero está siendo un mes muy frío en toda España y
eso aumentará los problemas de las familias que tienen dificultades para
calentar su vivienda: 8,5 millones de personas sufren “pobreza energética”
en España, un 17,5% de la población, casi el doble que la media europea y el
triple que en 2008 (5,9%). Aunque el Gobierno ha aumentado las ayudas
a estas familias, con el bono social eléctrico y térmico, sólo las reciben
1,7 millones de personas, la quinta parte de los que tienen problemas
para calentarse y pagar la luz. Este año, la luz seguirá cara y lo mismo la
calefacción, por lo que el Gobierno ha prorrogado estas ayudas a las
familias en situación de pobreza energética. Pero la medida, que se incluye
dentro del Decreto de revalorización de pensiones y prórroga del “escudo social”
está pendiente de convalidarse en el Congreso y tanto la
derecha como Junts amenazan con no aprobarla. Urge tomarse en serio este grave
problema, que tantas familias no puedan pagar la energía. 8,5 millones de españoles sufren "pobreza energética"
En 2025 volvió a subir la luz, como en 2024 y 2023, aunque el recibo no dio los sustos de 2022, tras la invasión de Ucrania. En el mercado mayorista en origen, el precio medio ha sido 65,52 euros MWh, una subida del +4,2% sobre el precio medio de 2024 (62,90 euros MWh), por el aumento del precio del gas en la primera parte del año y la subida de los costes del CO2, aunque han evitado una mayor subida las lluvias de primavera y el aumento de la generación fotovoltaica. A partir de este precio en origen, el recibo de la luz que pagan los consumidores con tarifa regulada (8,5 millones) ha subido +12%, hasta una factura media de 69,34 euros mensuales (frente a 61,88 euros en 2024 y 60,34 euros de 2023, muy lejos ambas de los 105,48 euros que pagamos en 2022), según la OCU. Y en cuanto a la calefacción, la media del recibo subió un 13% en 2025 (a 640 euros anuales).
Ahora, en 2026, se espera otra subida del recibo de
la luz, aunque puede bajar en origen hasta un 12%, dado que los futuros prevén
un precio medio en el mercado mayorista de 56,70 euros MWh (que volvería a
bajar a 54,25 euros MWH en 2027), según estimaciones
de OMIP. Sin embargo, el recibo que pagamos podría subir este año.
A los que tienen tarifa reducida, por la subida de peajes (cargos
aprobados por el Gobierno) y, sobre todo, porque REE seguirá manteniendo “de
guardia” varias centrales de gas, para
evitar apagones, lo que supone un recargo
en la factura. Y los que tienen una tarifa “libre” (20
millones de consumidores) verán como en la revisión anual de tarifas le
suben, por estos cargos, al menos un 10%. Eso sí, la tarifa regulada del gas
para calefacción baja más del 5%.
En definitiva, pagar este año la luz y la calefacción será
caro, aunque puede haber algunos ahorros (ya también subidas si hay más
conflictos geopolíticos). Y como el invierno está siendo frío, todo apunta a
que la factura de la luz y la calefacción será un coste importante para
muchas familias, junto a los alquileres (o hipotecas), la alimentación
y el transporte. Por eso preocupa que aumenten las personas con problemas para
calentar su casa o pagar la luz: el pasado invierno (2024-2025), el 17,5%
de los españoles no pudieron calentar correctamente sus casas,
según
Eurostat. Eran más de 8,5 millones de personas con “pobreza
energética”, el
triple que en 2008 (entonces eran el 5,9% de la población).
España (con ese 17,5%) es el 4º país con más “pobreza
energética” de Europa, sólo por detrás de Bulgaria y Grecia (19% de
personas con pobreza energética) o Lituania (18%) y duplica la media europea
(9,2% de población con pobreza energética), según
Eurostat, quedando muy por delante de Alemania (6,3%), Francia
(11,8%), Italia (8,6%), Polonia (3,4%), Suecia (4,1%), Dinamarca
(4,4%) o Finlandia (2,7%), paises mucho más fríos que España. Además, 1
de cada 3 familias españolas tuvo que retrasar el pago de sus facturas
energéticas el invierno pasado, según otro Informe
sobre pobreza energética 2024. Y existe una “pobreza energética “oculta”:
un 15% de las familias tuvieron que recortar otros gastos básicos,
como la compra de alimentos, para pagar las facturas de calefacción.
Esta pobreza
energética en España es desigual, según
el estudio. Afecta mucho más a las familias que viven de alquiler (un 33%
sufren “pobreza energética”, casi el doble de la media española) que a los que
tienen su casa en propiedad (17,5% de pobreza energética). Y hay una gran
diferencia por autonomías: en Canarias y en las regiones más ricas
(Madrid, Cantabria, País Vasco, Navarra, la Rioja, Cataluña y Baleares) baja la
tasa de pobreza energética (al 9%) y sube en las más pobres (al 23% en Extremadura,
el 14,3% en Andalucía o el 12,3% en Murcia). Y además, preocupa el alto
porcentaje de la pobreza
energética “ severa” : un 9,35% de las familias (4,5
millones de personas) que dedican un porcentaje excesivo de sus ingresos a las
facturas, incurren en retrasos severos de pago o no pueden mantener
temperaturas adecuadas (por debajo de 18°C-21°C).
Frente a este grave problema de la pobreza energética, el
Gobierno Zapatero creó en 2009 una ayuda, el bono social eléctrico,
que se reformó en 2017 y se amplió en octubre de 2018, con el Gobierno Sánchez,
que creó el bono social térmico. Dos formas de ayuda frente a la
pobreza energética que son un avance pero que sólo ayudan a 1.703.511
personas, 1 de cada 5 afectados por la pobreza energética (8,5 millones). Veámoslas
con detalle.
El bono
social eléctrico es un descuento en la factura de la luz que beneficia
a las familias más vulnerables, que tienen problemas serios para pagar el
recibo. El descuento varía según los ingresos del beneficiado: se rebajaba
un -42,5% la factura eléctrica (descuento vigente del 30 de junio al 31 de
diciembre de 2025) a los consumidores “vulnerables” (ingresan menos de
12.600 euros al año los solteros, 19.320 euros las parejas con un niño y menos de 23.500 euros
las familias con dos niños) y el descuento era del -57,5% para los consumidores
“vulnerables severos” (ingresan menos de 6.300 euros al año los
solteros, menos de 9.660 euros las parejas con 1 hijo, menos de 11.760 las
familias con dos hijos, menos de 16.800 euros anuales las familias numerosas y
menos de 16.800 euros los pensionistas). Además, hay un tercer grupo de
beneficiados, los consumidores “en exclusión social” (atendidos
por los servicios sociales de Ayuntamientos y autonomías) que no tienen que
pagar nada de luz (ni se la pueden cortar) y a quien esas administraciones
pagan el 50% del recibo.
Este bono social eléctrico, esos descuentos en el recibo de
la luz, los solicitan los beneficiarios potenciales a su compañía eléctrica,
que se los aplicará si cumplen los requisitos, aunque realmente cargan
después este coste al resto de los consumidores (a través del concepto “financiación del
bono social” incluido en las facturas de la tarifa regulada, aunque los consumidores con contrato “libre” lo
acaban pagando también). En 2025 había 1.703.511
consumidores beneficiados por el bono social eléctrico,
medio millón más que antes de dispararse los precios de la energía por la invasión
de Ucrania (1.218.120 beneficiarios en 2021). Más de la mitad de estas ayudas
se concentran en Andalucía (348.435 beneficiarios), Comunidad Valenciana
(223.306), Cataluña (189.705) y Madrid (187.639).
El bono
social térmico, la otra ayuda complementaria disponible, es un
pago anual único para ayudar al pago de los gastos de calefacción,
agua caliente y cocina. Su cuantía depende de la zona climática donde vive
el beneficiario (más en Ávila que en Canarias), del grado de vulnerabilidad
(ingresos) y de lo que aporte opcionalmente la autonomía a esta ayuda, que se
financia con los Presupuestos del Estado (su coste fue de 312 millones en 2025,
frente a 75 millones abonados en 2019). En 2025, la ayuda del bono social
térmico variaba entre 40 y 373 euros anuales. Esta ayuda se abona en
cuenta entre enero y agosto a todos los que disfruten del bono social
eléctrico en diciembre del año anterior, pero este abono lo
gestionan las autonomías y eso supone una gran descoordinación y retraso
en las ayudas, por lo que algunos
dicen que existen “17 bonos sociales térmicos”. En 2025, los beneficiarios
del bono social térmico fueron 1.649.625
personas, medio millón más que en 2019.
Estas dos ayudas a los gastos energéticos se han ido
prorrogando en los últimos años, la última vez hasta el 31 de diciembre de
2025. Unos días antes de vencer el plazo, el 22 de diciembre pasado, El Gobierno
llegó a un pacto con EH Bildu para prorrogar estas dos ayudas
durante todo 2026. Y al día siguiente, en el Consejo de Ministros
del 23 de diciembre, el
Gobierno aprobó formalmente la prórroga, en un Real Decreto
que incluyó también la prohibición de desahucios y el mantenimiento del “escudo social” más la revalorización de las pensiones. Ahora, todas
estas medidas, incluida la prórroga de las ayudas a la pobreza energética, han
de ser convalidadas en el Congreso, algo problemático dado
que Junts asegura que no va a apoyar ningún Decreto del Gobierno, como PP y Vox.
Tenemos un antecedente de lo que puede pasar: hace
un año, el Gobierno llevó al Congreso un Decreto semejante, para
prorrogar el escudo social y revalorizar las pensiones y Junts lo tumbó, con
PP y Vox, para ratificarlo unos días más tarde con algunos cambios y la
partición del Decreto en dos (pensiones y otras ayudas). Ahora, PP, Vox, Junts
y PNV no confirman si apoyarán este Decreto y critican que el Gobierno haya
mezclado la revalorización de pensiones con la prórroga de ayudas contra la
pobreza energética, la prohibición de coste de suministros básicos (luz, gas o
agua) o la prohibición de los desahucios.
Mientras se concreta esta nueva “pelea política”
lo que está en el aire son la prórroga de las ayudas a 1.7 millones de personas
que tienen problemas para pagar la luz y calentar su casa, junto a la prohibición
de que les corten los suministros. El bono social eléctrico y térmico es una
ayuda importante para muchas familias, pero resulta
insuficiente a la vista de
los datos: 4 de cada 5 afectados por la pobreza
energética no reciben ninguna ayuda. Los expertos lo achacan al exceso
de requisitos y a la burocracia, que llevan a que muchos potenciales
beneficiarios de las ayudas ni siquiera las pidan. Y también hay
una gran descoordinación entre Administraciones, por lo que las
ONGs piden más implicación de los servicios sociales de los Ayuntamientos,
para atender mejor las necesidades energéticas.
En paralelo a las ayudas, la Comisión Europea ha pedido a
los paises otras medidas para paliar la pobreza energética, como
potenciar las ayudas a la rehabilitación de viviendas, para que
estén mejor aisladas y las familias puedan gastar menos en luz y calefacción.
En este tema, España
está retrasada, a pesar de las importantes ayudas a la rehabilitación
energética con Fondos europeos: se rehabilitan energéticamente el 0,8% de
las viviendas, cuando la Comisión Europea considera que deberían
rehabilitarse el 2% cada año.
Ahora, el Gobierno debe aprobar finalmente la
Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2026-2030, cuyo borrador
presentó en septiembre de 2025. El Plan tiene 4 ejes de actuación
(caracterización de la pobreza energética y creación de un Observatorio,
protección de los consumidores, mejoras estructurales de las viviendas y mayor
coordinación de las distintas Administraciones), concretados en 12
medidas: aumento del bono social, mejora y ampliación del bono
social térmico (incluido en verano), concesión directa ayuda a los
beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital, prohibición de cortes de suministro e
integrar medidas de descarbonización en la protección social energética.
Algunas organizaciones sociales y ONGs creen que habría que ser más ambiciosos
en esta nueva Estrategia, para cubrir a más personas energéticamente
vulnerables, en colaboración con Ayuntamientos, autonomías y las propias
compañías eléctricas. Y algunos
proponen crear un Banco de Energía, al estilo de los Bancos
de Alimentos, para canalizar donaciones (de energía o de dinero) a las familias
más vulnerables.
En resumen, el pago de la luz y la calefacción supone
cada vez un coste mayor para muchas familias, que no pueden afrontarlo,
con lo que no pueden calentar sus hogares o lo hacen a costa de reducir otros
gastos. Y España, al igual que en la pobreza general, es también líder en
Europa en esa pobreza energética, que afecta a casi 1 de cada 6
españoles (17,5%). Urge ayudarles este mes de enero, con la convalidación
en el Congreso de la prórroga del bono social eléctrico y térmico. Y
después, habría que acordar
un sistema de ayudas más eficaz, que llegara a la mayoría de los
afectados (ahora 4 de cada 5 están desatendidos), no sólo con descuentos y
ayudas en las facturas sino con medidas estructurales para rehabilitar las
viviendas y reducir el gasto energético. Un gasto que angustia cada invierno
a muchas familias.
En 2025 volvió a subir la luz, como en 2024 y 2023, aunque el recibo no dio los sustos de 2022, tras la invasión de Ucrania. En el mercado mayorista en origen, el precio medio ha sido 65,52 euros MWh, una subida del +4,2% sobre el precio medio de 2024 (62,90 euros MWh), por el aumento del precio del gas en la primera parte del año y la subida de los costes del CO2, aunque han evitado una mayor subida las lluvias de primavera y el aumento de la generación fotovoltaica. A partir de este precio en origen, el recibo de la luz que pagan los consumidores con tarifa regulada (8,5 millones) ha subido +12%, hasta una factura media de 69,34 euros mensuales (frente a 61,88 euros en 2024 y 60,34 euros de 2023, muy lejos ambas de los 105,48 euros que pagamos en 2022), según la OCU. Y en cuanto a la calefacción, la media del recibo subió un 13% en 2025 (a 640 euros anuales).
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