Asegurar el pago de las pensiones futuras es uno de los mayores retos de todos los paises occidentales, donde aumenta la esperanza de vida y el envejecimiento de la población mientras cae la población joven que trabaja. El problema es mayor en España, uno de los paises más envejecidos del mundo y donde sigue cayendo la natalidad, con un déficit de activos que cubren los inmigrantes. Eso ha disparado la factura de las pensiones, que era de 40.000 millones de euros el año 2.000 y superará los 200.000 millones en 2026. Y hemos pasado de 7,6 millones de pensiones a principios de siglo (4,6 millones de jubilación) a 10,4 millones de pensiones este año (6,6 millones de jubilación), que se dispararán a 15,6 millones de pensiones en 2050, con un gasto (16,8% del PIB) que será el mayor de Europa, según la OCDE y la UE.
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jueves, 17 de septiembre de 2026
Más incentivos a retrasar la jubilación
Desde el 26 de agosto hay más incentivos para que un empleado
retrase su jubilación y siga trabajando (jubilación demorada) y
también para que un jubilado decida volver a trabajar y compagine sueldo y
pensión (jubilación flexible). Son medidas que pactaron en 2024
el Gobierno, sindicatos y patronal, para frenar el gasto en pensiones, que superará
los 200.000 millones de euros en 2026. Además, se mantienen otras medidas
para penalizar la jubilación anticipada y facilitar la jubilación activa
(cobrar parte de pensión mientras se trabaja). Gracias a esto, han bajado las
jubilaciones anticipadas (el 31,4%) y se demoran muchas jubilaciones
(el 11,8%), aunque todavía son pocos los jubilados que compatibilizan pensión
y trabajo: 79.475, de 6,5 millones de jubilados. Los expertos piden reducir
las exigencias para facilitar que muchos jubilados trabajen y campañas
de información para divulgarlo. Es importante porque a partir de 2027 se
jubila el grueso de la generación del baby boom (1958-1977) y en
2050 habrá 15,6 millones de pensiones, frente a 10,4 millones ahora. Enrique Ortega
Asegurar el pago de las pensiones futuras es uno de los mayores retos de todos los paises occidentales, donde aumenta la esperanza de vida y el envejecimiento de la población mientras cae la población joven que trabaja. El problema es mayor en España, uno de los paises más envejecidos del mundo y donde sigue cayendo la natalidad, con un déficit de activos que cubren los inmigrantes. Eso ha disparado la factura de las pensiones, que era de 40.000 millones de euros el año 2.000 y superará los 200.000 millones en 2026. Y hemos pasado de 7,6 millones de pensiones a principios de siglo (4,6 millones de jubilación) a 10,4 millones de pensiones este año (6,6 millones de jubilación), que se dispararán a 15,6 millones de pensiones en 2050, con un gasto (16,8% del PIB) que será el mayor de Europa, según la OCDE y la UE.
Para afrontar este reto estructural, que se agravará
en los próximos años, los distintos Gobiernos han aprobado varias
reformas del sistema de pensiones. En 2011, el Gobierno Zapatero aprobó una primera reforma, con el
apoyo de sindicatos y patronal, para frenar el crecimiento del gasto en
pensiones, aumentando la edad de jubilación (hasta los 67 años en 2027: este
año son 66 años y 10 meses) y endureciendo los requisitos sobre años cotizados
para acceder al 100% de pensión. En 2013, el
Gobierno Rajoy aprobó una 2ª reforma, en solitario (sin el apoyo de
las fuerzas sociales), que apenas revalorizó las pensiones y estableció un
mecanismo para reducir las nuevas pensiones futuras (que se retiró en 2018). La
3ª reforma se pactó en noviembre de 2020, en el Pacto de Toledo, entre
sindicatos, patronal y la mayoría de partidos (sólo Vox votó en contra), con un
abanico de 20 medidas: pago por el Presupuesto de las pensiones no contributivas,
subida anual del IPC, creación Fondo de Reserva (“hucha”), revisión
cotizaciones y periodos exigidos, así como medidas para penalizar las
jubilaciones anticipadas y promover la compatibilidad entre trabajo y pensión.
En 2019, un 40% de los jubilados se retiraban
anticipadamente. Con las penalizaciones aprobadas a partir de 2020, esta
tendencia se ha frenado, porque la jubilación sólo se puede anticipar 2 años y se recorta la pensión entre el -3,26% (si se
anticipa 1 mes) y el -21% si se anticipa 24 meses (el recorte es menor para los
que han cotizado más de 38 años y 6 meses: un máximo del -19%). El efecto de
este cambio ha sido eficaz en poco tiempo: en
2025 hubo 104.655 jubilaciones anticipadas, un 27,9% del total de
jubilaciones (375.324 altas), bastante menos que en 2019 (40% altas).Y en
2026, hasta agosto, son el 31,4% de las jubilaciones.
La otra medida aprobada en los últimos años, favorecer el
retraso en la jubilación (“jubilación demorada”) también ha dado
sus frutos, gracias a los incentivos aplicados: aumento del 4% en la pensión
futura por cada año de retraso en la jubilación o pago único de un cheque de
4.400 euros a 13.800 por cada año de retraso o un incentivo mixto cuando se
retrasa más de 2 años . En
2025 hubo 40.952 jubilaciones demoradas, un 11,1% de las
altas de jubilación, más del doble que en 2019 (4,8% de altas demoradas,
apenas 14.000). Y este año, hasta agosto, son 25.762 altas demoradas, el 11,8%
del total de jubilaciones.
Como consecuencia de ambas medidas (penalizar la jubilación
anticipada y favorecer el retraso de la jubilación), se ha conseguido reducir
la edad efectiva de jubilación, a 65,3 años de media en 2025 y a 65,4
años en 2026, un año más tarde que en 2019 (64,4 años). Y todo apunta a
que esta tendencia seguirá en el futuro, frenando algo el gasto en pensiones.
Hasta esta última reforma de las pensiones, a partir de 2021,
la casi totalidad de los trabajadores se jubilaba a la edad que les tocaba
(65 años si ha cotizado 38 años y 6 meses y a los 66 años y 10 meses en 2026 si
ha cotizado menos). Ahora, los trabajadores pueden elegir entre 4
tipos de jubilación. La primera, la jubilación parcial: a partir
de los 60-62 años, permite reducir la jornada y el salario antes de la
jubilación cobrando la parte proporcional de la pensión, cotizando a tiempo
parcial hasta la jubilación total. Y se cobra de pensión el porcentaje de
jornada que se reduce, muchas veces vinculada a la contratación de un joven (contrato
“de relevo”). La segunda es la jubilación demorada: el trabajador
retrasa su jubilación y sigue trabajando y cotizando, con vistas a cobrar una
bonificación en su pensión cuando finalmente se jubile. La tercera, la
jubilación activa: permite seguir trabajando (tras llegar a la edad legal
de jubilación), a jornada completa o parcial, mientras se cobra una parte de la
pensión (el 50%, que llega al 100% si es un autónomo con un empleado). Y la
cuarta opción, la jubilación flexible: permite a la persona jubilada volver
a trabajar, cobrando una pensión proporcional a su jornada de trabajo (del
50 al 75% de la jornada) y recuperando su pensión total cuando deje de
trabajar.
De momento, estas nuevas modalidades de jubilación son
minoritarias, menos usadas en España que en el resto de Europa.
Así, en julio de 2026, eran
79.475 los trabajadores que compatibilizaban salario y pensión,
a través de la jubilación activa y flexible, lo que supone sólo el 1,22% de
todos los jubilados (6,5 millones pensionistas cobran una jubilación),
aunque hace unos años la cifra era ínfima. Pero para impulsar estas
jubilaciones compatibles con trabajar, que ayudan al sistema de pensiones
(reducen la factura de las pensiones y aumentan las cotizaciones), el
Gobierno aprobó el 26 de mayo dos cambios, pactados en 2024 con los
sindicatos y la patronal, para incentivarlas, cambios
en vigor desde el 26 de agosto.
El primer cambio mejora
la jubilación flexible. Por un lado, se permite que puedan solicitarla
también los jubilados que vuelvan a trabajar como autónomos, cuando hasta
ahora sólo podían beneficiarse los que volvían a un trabajo asalariado a tiempo
parcial. Y además, se amplía la jornada en la que pueden trabajar, entre
el 33 y el 80% de la jornada habitual (ahora era del 25 al 75%), aumentando la
pensión entre un 15 y un 25% según jornada.
El segundo cambio que ha entrado en vigor el 26 de agosto mejora
además la jubilación demorada. Por una parte, se mejora el
incentivo, ya que ahora computará por los semestres que se retrase la
jubilación, no por años como hasta ahora. Y para las carreras más largas,
los que demoren la jubilación 9 o 10 años, se establece un sistema fijo de
incentivos: cobrarán un 4% más de pensión anual durante 5 años y otro 2%
adicional cada 6 meses.
Las medidas adoptadas para que los mayores sigan trabajando
y compatibilizando pensión y salario han provocado, junto a la mayor actividad
de las mujeres y el aumento de la esperanza de vida, que aumenten los
trabajadores mayores en España, según un
estudio de Funcas. En 2025, el
53% de los que tenían entre 60 y 64
años trabajaban, la tasa
más alta desde los años 80. El salto se ha dado en las mujeres (de
trabajar el 10% con esa edad en 1970 se ha pasado al 48% en 2025), mientras baja
entre los hombres mayores (del 70% en 1970 han bajado al 58% trabajando en
2025). A pesar de este aumento, España tiene una tasa de empleo entre 60 y 64
años inferior a
la mayoría de Europa (donde hay 7 paises, Alemania entre ellos,
donde trabajan más del 70%, con un 45% en Francia y un 60% en Italia).
También han crecido los españoles que trabajan con 65 a
69 años: trabajan el 14%, la tasa más alta desde 1981, cuando en el año
2.000 trabajaban sólo el 2,5% de estos mayores. Y en esta edad, son más los
hombres que trabajan (el 13,5%) que las mujeres (11%). En este caso, España
también está a la cola de Europa en trabajadores de 65 a 69 años, sólo
por detrás de Rumania, Croacia, Francia (10%) y Bélgica, lejos de Alemania (el
28% de las personas de 65 a 69 años trabajan) e Italia (trabajan el 23%), según
Funcas.
Así que todavía hay
margen en España para aumentar el trabajo de los mayores, tanto de los
que tienen entre 60 y 64 años (que no pueden jubilarse y no encuentran empleo)
como los de 65 a 69 años (retrasando su jubilación o compatibilizándola con el
trabajo). Eso aumentaría la tasa de empleo (tenemos 1 millón largo de
ocupados menos que la media europea) y frenaría el crecimiento de los
pensionistas y el gasto en pensiones. El problema es resolver
el salto de la actividad a la inactividad, que en Europa es más
progresivo y en España es más brusco: a los 60 años trabajan el 71% de los
hombres y el 55,5% de las mujeres, pero el porcentaje cae a la mitad a los 64
años (trabajan el 37,5% de los hombres y el 31,6% de las mujeres) y el trabajo es
“testimonial” a los 69 años (trabajan el 5,5% de los hombres y el 2,8% de las
mujeres), según el
estudio de Funcas.
Ahora, con las 4 modalidades de jubilación y las recientes
mejoras en la jubilación flexible y demorada, se espera conseguir que más
trabajadores alarguen su vida laboral (retrasen su jubilación) y que una parte
creciente de los jubilados vuelvan a trabajar. Para conseguirlo, la OCDE
recomendó a finales de 2025 a
España que “suprima los obstáculos que todavía persisten para que los
trabajadores de más edad se mantengan en su empleo”, señalando que hay
problemas de burocracia y exigencias administrativas, además de una falta de
información a los mayores y jubilados sobre las ventajas de seguir trabajando. Otro
estudio, de Santa Lucía, propone que se unifiquen criterios y
requisitos, que ahora crean confusión, para facilitar que más mayores sigan
trabajando. Sobre todo en actividades de baja carga física y trabajos “intelectuales”
como educación, sanidad, consultoría o distintos profesionales.
Es importante que esta parte de la reforma de
pensiones (retrasar voluntariamente jubilación y compatibilizarla con
el trabajo) funcione y se utilice más, porque vienen unos años
donde se disparará el gasto en pensiones, al jubilarse a partir de 2027
el grueso de la
generación del baby boom, los nacidos entre 1957 y 1.978 :
más
de 600.000 nacidos cada año en esos 22 años, frente a los 321.164 nacidos
en 2025 y los 350.000 que nacerán hasta 2075. El pico de estas jubilaciones se dará entre 2040 y 2045, disparando el
gasto en pensiones. Y como aumenta el envejecimiento y la esperanza de vida (de
84 años ahora a 87 años en 2050), aumentarán drásticamente las pensiones, de
los 10,4 millones actuales (6,5 millones de jubilación) a 15,6
millones de pensiones en 2050.
Se podrán pagar, pero eso exigirá aumentar ingresos y
cotizaciones, así como frenar el número de pensionistas alargando los años de
trabajo, porque mucha gente puede trabajar después de los 67 años. Claro que
eso exige un cambio de actitud de las empresas (que no
quieren “trabajadores mayores”) y compatibilizar esta demora
de la vida laboral con más
trabajo para los jóvenes. Un reto difícil que obligará a más
acuerdos sobre el futuro de las pensiones.
Asegurar el pago de las pensiones futuras es uno de los mayores retos de todos los paises occidentales, donde aumenta la esperanza de vida y el envejecimiento de la población mientras cae la población joven que trabaja. El problema es mayor en España, uno de los paises más envejecidos del mundo y donde sigue cayendo la natalidad, con un déficit de activos que cubren los inmigrantes. Eso ha disparado la factura de las pensiones, que era de 40.000 millones de euros el año 2.000 y superará los 200.000 millones en 2026. Y hemos pasado de 7,6 millones de pensiones a principios de siglo (4,6 millones de jubilación) a 10,4 millones de pensiones este año (6,6 millones de jubilación), que se dispararán a 15,6 millones de pensiones en 2050, con un gasto (16,8% del PIB) que será el mayor de Europa, según la OCDE y la UE.
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lunes, 14 de septiembre de 2026
La inflación se come los salarios
El verano ha dejado una inflación récord, el 4,3%
en agosto, la mayor subida anual desde hace tres años y medio. La culpa la
tiene la guerra en Oriente Medio, que ha disparado el petróleo y los
carburantes, subiendo también el gas, lo que ha encarecido la luz. Y
todo apunta a que los precios seguirán altos hasta fin de año,
salvo que se resuelva el conflicto con Irán, lo que provocó el jueves una 2ª
subida de tipos del BCE, al 2,5%, que podría aprobar otras 2 subidas más
este año, encareciendo las hipotecas. Mientras, los salarios
de convenio suben sólo un 3,04%, con lo que los trabajadores
pierden poder adquisitivo, como ha pasado en los últimos 6 años. Ahora,
la patronal tiene paralizadas las conversaciones para negociar los
salarios de 2026 a 2028, mientras los sindicatos piden subidas
del 4% anual, argumentando el estancamiento de los salarios
mientras suben los márgenes empresariales. Con los salarios bajos
y la inflación subiendo, peligra el consumo y el crecimiento. La subida de carburantes ha provocado un tercio de la subida del IPC
El verano ha disparado la inflación, del 3,2% que estaba en abril, mayo y junio al 3,6% en julio y el 4,3% en agosto, la inflación anual más alta en España desde febrero de 2023 (6%), un año después de la invasión de Ucrania. Ahora, la guerra en Oriente Medio (iniciada el 28 de febrero de 2026) ha disparado los precios de la energía y la inflación en todo el mundo y en Europa, aunque ha subido más en España: del 2,3% en febrero al 4,3% en agosto, mientras en la zona euro subió la inflación al 3,3% en agosto, con subidas menores en Francia (+2,4%) y Alemania (2,9%), equiparándose en Italia (+3,3% inflación en agosto).
Un tercio de la actual subida de precios lo
explica la subida de los carburantes, sobre todo el gasóleo,
por la subida del petróleo: pasó de costar 70,75 dólares
barril el 26 de febrero a un máximo de 118,35 dólares el 31 de marzo (+67,22%),
para volver a bajar por debajo de los 100 dólares en la mayor parte de abril,
mayo, junio, julio y agosto (entre 85 y 95 dólares en verano), y superar los 100 dólares en septiembre (ver
evolución), ante la reanudación de los ataques (costaba 104,65 dólares/barril
el viernes). Esta subida del crudo ha disparado el precio de los carburantes,
más
el gasóleo (ha subido un +24% desde el inicio del verano) que la
gasolina (+20% de subida este verano), debido a la falta de refino de gasóleo
en las refinerías europeas (salvo en España), que han disparado las
importaciones, en unos meses donde se han frenado las exportaciones de gasóleo
de Rusia y China, los dos grandes refinadores mundiales.
En España, el gasóleo ha llegado a superar los 2
euros/litro y la gasolina los 1,85 euros/litro, a
pesar de las ayudas aprobadas por el Gobierno en marzo, que
rebajó el IVA del 21 al 10% hasta el 30 de junio. En julio, el IVA volvió al 21%,
pero se aprobó un descuento de 15 céntimos por litro, que se redujo a 10
céntimos por litro en agosto y volvió a bajar a 5 céntimos para la gasolina en
septiembre pero subió
de 10 a 20 céntimos para el gasóleo. A pesar de estas ayudas, la
subida de los carburantes este verano explica al menos un tercio de la actual
inflación, según un estudio de CCOO, y ha permitido a las petroleras
españolas aumentar un 28% su margen sobre ventas, disparando
sus beneficios (2.221 millones en el primer semestre Repsol y 641
millones Moeve, mucho más que en todo 2025).
Otro culpable de la subida de precios de este verano es la
factura de la luz. Hasta junio, tuvimos un cierto alivio en el recibo,
gracias al efecto de las medidas
tomadas por el Gobierno en marzo: rebaja del IVA del 21 al 10%, bajada del
impuesto especial a la electricidad del 5,11% al 0,5% y suspensión temporal del
impuesto sobre la producción eléctrica (7%). Pero desde el 1 de junio, los
impuestos volvieron a su porcentaje anterior, aunque un real decreto
aprobado a finales de junio introdujo una eliminación progresiva del impuesto
sobre la producción eléctrica (desde 2026 a 2028). Sin ayudas, el coste
de la electricidad en el mercado mayorista subió de 69,59 euros/MWh en
junio a 104,75 en julio y 118,25 euros/MWh en
agosto. Y aunque se produjo mucha electricidad con energía renovable (el
55,36% entre junio y agosto), hubo que echar mano de las centrales de gas
natural, para atender los picos de demanda y el enorme consumo de aire
acondicionado. Y el gas natural ha disparado también su precio con la
guerra en Oriente Medio: de costar 44,50 euros en marzo a 59 euros a finales de
julio, 69,80 euros en agosto y 81,50 euros el viernes (ver
evolución precios).
Al final, los 8,3 millones de consumidores que tienen
la tarifa regulada (vinculada a la evolución diaria de los precios
mayoristas) han visto subir su recibo este verano: de 66,63
euros de media en junio a 85,68 euros en julio y 88,81
euros en el recibo de agosto. Y
los 22,2 millones de consumidores que tienen contratada la luz en el mercado
“libre” sufrirán esta subida cuando les toque revisar su tarifa
(semestral o anualmente). Y todo apunta a que unos y otros verán
subir más los recibos en otoño e invierno (cuando aumentará la
demanda, por las calefacciones), dado que el conflicto de Irán mantiene unos altos
precios del gas natural para las centrales térmicas, está subiendo el impuesto al
CO2 (que las eléctricas repercuten) y seguimos pagando más “costes del
sistema” para evitar apagones.
Ahora, el temor es que las subidas del
petróleo y el gas, trasladadas a los carburantes y la electricidad, acaben
contagiando al resto de la economía, sobre todo al transporte y a los
alimentos, lo que mantendría una alta inflación en lo que queda de año. Además,
la mala climatología de esta primavera (lluvias y granizos) y
el calor desmesurado del verano van a repercutir en las cosechas
y antes o después en los alimentos, sobre todo en la subida
de frutas, verduras, huevos, carnes y pescados, en
el precio de los alimentos frescos, que ya se dispararon en
agosto (+4,5%), por el mayor consumo del turismo. Preocupa que
ahora, en otoño e invierno, los supermercados
y comercios suban sus precios y sea difícil bajar la
inflación del 4%. De momento, el Banco de España estima una inflación del 3,6%
para todo el año 2026, tras cerrase 2025 con una inflación del
2,9%.
El Banco Central Europeo (BCE) también teme que la
inflación europea (3,3% en la zona euro, muy por encima del objetivo del 2%) no
amaine en lo que queda de año y contempla
tres escenarios. Uno muy malo, con el petróleo y el
gas en 130 dólares, que llevaría la inflación al 5,8% a fin de año y a la
economía europea a la recesión. Otro muy optimista, con el
petróleo en torno a los 70 dólares y el gas en menos de 50 euros, que dejaría
la inflación europea en el 3,4%. Y uno intermedio, con el petróleo
en 99,2 dólares/barril y el gas en 77,1 euros, que dejaría la inflación europea
en el 4% y permitiría sólo un bajo crecimiento europeo (+0,2%). Para intentar
frenar la inflación, el
BCE subió por 2ª vez los tipos el jueves (la 1ª fue en junio, por
primera vez en 3 años), un +0,25%, hasta el 2,50%.
La subida
del BCE es otro error de los fundamentalistas de Frankfort y
difícilmente bajará la inflación, que sube por la energía y la guerra en Irán.
Pero lo que sí hará es encarecer las hipotecas: el Euribor ya supera el 3%,
lo que sufrirán los 4 millones de españoles hipotecados, que pagarán más en su
próxima revisión. Y frenará el crecimiento europeo, ya débil.
Pero lo peor es que la inflación ha subido mucho
y seguirá alta mientras los sueldos de los trabajadores apenas suben:
hasta agosto, la subida de los convenios con vigencia para este año ha
sido del +3,04%, según
Trabajo, por debajo de la inflación anual en agosto, el +4,3%.
Incluso los salarios crecen por debajo de la inflación media de enero a
agosto, el +3,19%. Y esta es la subida para los 8,8
millones de trabajadores que tienen un convenio firmado, ya que la
mayoría de los asalariados (hay 19,58 millones) no tienen convenio
firmado y muchos han tenido subidas de sueldo inferiores a ese 3,04%.
Así que todos los trabajadores están perdiendo este año poder
adquisitivo (un -1,2% de momento), situación que se ha repetido en
España en los últimos 6 años. Los datos son claros. La subida salarial
de los convenios ha sido de +16,65% entre el año 2.020 y el 2025, según
Trabajo, mientras la inflación
ha subido un +23,5% entre 2020 y 2025, según el INE. Eso supone una pérdida de poder
adquisitivo del -6,85% en estos últimos 6 años. Y muchos trabajadores sin
convenio (sólo lo firman unos 11 millones de media de los 19,5 millones de
asalariados) han tenido incluso subidas salariales menores, con lo que han
perdido todavía más. La pérdida de poder adquisitivo se concentró sobre
todo en 2021 (+3,1% de inflación media y +1,45% de subida salarial) y
2022 (+8,4% de inflación y +3,02 de subida salarial), mientras los
salarios crecieron ligeramente más que los precios en 2023 (+3,61% frente a
3,5%), 2024 (3,32% frente a 2,8%) y 2025 (los convenios subieron
el año pasado un 3,53%, frente a una inflación media del 2,70%).
Pero además, hay gastos básicos de las familias que
han subido mucho más que los sueldos (+16,65%) en estos últimos 6 años
(2020-2025). Es el caso de los alimentos (han subido jun 37,7%, según
el INE), la vivienda (+24,5%), el vestido y calzado (+25,3%), los
hoteles y restaurantes (+28,3%) y, sobre todo, los alquileres: han
subido de media un 41,34% (de 10,4 euros/m2 a 14,7 euros/m2), según Idealista,
y algo más en el caso de Barcelona (+48,75% entre 2020 y 2025) y Madrid
(+48,75%).
Mientras, los márgenes
y beneficios empresariales han subido mucho más que los salarios en
estos años y en lo que va de siglo. Así, entre 2020 y 2025, los beneficios
brutos de las empresas han crecido un +58%, mientras la masa
salarial que han pagado a sus trabajadores (incluye cotizaciones y otros
costes no salariales) crecía un +37,9%. Una tendencia que se viene dando
desde el año 2.000: los beneficios brutos de las empresas se han multiplicado
por 2,9 y los beneficios netos por 2,7 (de 113.000 a 306.000 millones), un
aumento del +170%, según
este estudio de Funcas. Y desde 2019, el beneficio de las empresas del
IBEX ha aumentado un +139%, mientras cuadruplicaban los dividendos que
repartían a sus accionistas. También es clarificador lo que ha pasado en 2025:
el margen de las empresas aumentó un 13% y los sueldos en convenio un 3,53%.
En 2026, mientras los sueldos suben menos que la inflación, los
márgenes empresariales siguen subiendo más: en el 2º trimestre, el
margen medio sobre ventas de las empresas españolas fue del 12,5%, frente al
10,5% de media entre 2009 y 2021, según
el Observatorio de Márgenes Empresariales. Pero hay muchos sectores que
tienen unos márgenes mucho más altos, como el refino (28,4%, un máximo
histórico), el sector energético (24,5% eléctricas y petroleras), el sector
inmobiliario (31,1%), la banca (29%) y las industrias extractivas (22,3%).
Además, en los últimos años (desde 2018), la productividad por empleado
ha aumentado un +44% mientras sus salarios han crecido un +33% y los
márgenes empresariales brutos por cada asalariado han aumentado un +55%, según un
estudio de CCOO.
Por esto, los sindicatos creen que es hora de “repartir
mejor el crecimiento de la economía”, que crezcan más los
salarios dado lo que están creciendo los márgenes y beneficios empresariales.
Y para recuperar poder adquisitivo ahora que tenemos una alta inflación.
El problema ya no es que la inflación se esté comiendo
el sueldo de muchos trabajadores, otro año más, sino que la patronal
no tiene ninguna prisa en sentarse a negociar las subidas salariales
que deberían hacerse este año y los siguientes. El último acuerdo salarial
entre empresas y sindicatos (el V Acuerdo para
el Empleo y la Negociación Colectiva, el AENC) terminó su vigencia en
diciembre de 2025 y todavía no han conseguido sentarse para alcanzar el VI
AENC, que debería
haberse firmado en mayo (como el V AENC). La patronal CEOE no tiene
ninguna prisa, preocupada sólo por sus elecciones
internas del 1 de octubre, aunque sólo hay un candidato, el actual
presidente, Antonio Garamendi. Así que se retrasa un nuevo acuerdo de salarios
para 2026 a 2028, por lo que los sindicatos anuncian movilizaciones.
En definitiva, los trabajadores y sus familias sufren una
alta inflación pero las empresas no tienen prisa por subirles los sueldos,
que en su mayoría son
bajos (dos tercios de los trabajadores, 12,45 millones de
asalariados ganan menos de 1.711 euros netos al mes en 14 pagas).
Y además, no quieren subirles más del 3%, con lo que volverían a perder
poder adquisitivo, mientras crecen los beneficios empresariales. Ojo: los
bajos salarios son un problema, no sólo para los trabajadores que
los cobran sino para
el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que
la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno
de los motores del crecimiento y el empleo.
Así que mejorar los salarios españoles, para que sean más
“europeos” (26,2 euros/hora se paga en la UE-27 y 19,5 euros/hora
en España) no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los
trabajadores están por debajo del salario medio, según
los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar
los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay
que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir
mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios
en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.
El verano ha disparado la inflación, del 3,2% que estaba en abril, mayo y junio al 3,6% en julio y el 4,3% en agosto, la inflación anual más alta en España desde febrero de 2023 (6%), un año después de la invasión de Ucrania. Ahora, la guerra en Oriente Medio (iniciada el 28 de febrero de 2026) ha disparado los precios de la energía y la inflación en todo el mundo y en Europa, aunque ha subido más en España: del 2,3% en febrero al 4,3% en agosto, mientras en la zona euro subió la inflación al 3,3% en agosto, con subidas menores en Francia (+2,4%) y Alemania (2,9%), equiparándose en Italia (+3,3% inflación en agosto).
Por eso, UGT y CCOO proponen subir
los salarios un 4% anual en 2026, 2027 y 2028, más una cláusula de revisión
del 1,5% si la inflación sube estos años más de lo esperado (ojo: sólo 4 de
cada 10 trabajadores con convenio tienen cláusula de garantía salarial por si se
dispara la inflación). Y que el salario
mínimo interprofesional suba más del 5%
en 2027.
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jueves, 10 de septiembre de 2026
Curso escolar 2026-27: la enseñanza, al límite
Esta semana han vuelto a colegios e institutos 8,2
millones de niños y adolescentes, una cifra de alumnos que cae
por tercer año consecutivo, por la caída de la natalidad. Y han
encontrado unos profesores hartos de su precaria situación
laboral y que también protestan por no poder atender unas aulas cada vez más complejas, con
muchos alumnos inmigrantes (el 13,5% y en algunas provincias hasta el 30%) y alumnos
“con necesidades especiales” (el doble que hace 6 años). Por todo ello, los
docentes han convocado huelgas en Madrid, Cataluña y Andalucía, que podrían
extenderse este curso a otras 6 autonomías más. Los profesores piden más
medios, más docentes y más gasto educativo, muy desigual entre
autonomías. Y una bajada de los alumnos por clase, unos ratios
muy diferentes entre autonomías. Este curso, la enseñanza no universitaria
está al límite, mientras sigue la apuesta de muchas autonomías del PP por
promover la enseñanza concertada y privada. Urgen medidas para
mejorar la calidad de nuestra enseñanza, “manifiestamente mejorable”.
Este es el tercer curso consecutivo en que bajan los alumnos de colegios e institutos
Este curso escolar 2026-2027 es el tercer año consecutivo en que se reducen los alumnos de las enseñanzas no universitarias, desde Infantil a Bachillerato y Formación Profesional (FP): serán unos 8.200.000 niños y adolescentes, 49.000 menos que el curso pasado, cuando ya bajaron en 67.425 alumnos (-43.024 chicos y -24.401 chicas), tras reducirse otros 17.425 alumnos el curso 2024-25, por la caída de la natalidad. El curso pasado (2025-2026), el último con datos oficiales, estudiaron 8.249.174 alumnos en los 28.633 colegios e institutos españoles, dos tercios en colegios públicos (que perdieron 53.765 alumnos) y un tercio en colegios privados (que perdieron sólo 13.660 alumnos). La caída de alumnos se nota sobre todo en Primaria (-48.773 el curso pasado), el 2º ciclo de infantil (-26.266 alumnos de 3 a 6 años) y en la ESO (-24.766), cayendo menos en Bachillerato (-3.713alumnos el curso pasado), mientras crecen los alumnos en el primer ciclo de Infantil (+3.268 alumnos de 0 a 3 años), en educación especial (+2.357) y, sobre todo, en Formación Profesional, la enseñanza que más crece en España (+30.185 alumnos el curso pasado).
Al haber nacido menos niños, los
alumnos que se esperan este curso (8.200.000) serán casi los mismos que en
el curso 2018-2019 (8.217.330). Los más pequeños (de 0 a 3 años) irán al primer
ciclo de educación infantil (488.543 el curso pasado), una enseñanza no
obligatoria que ya cubre a la mitad de estos niños (50,2% en 2025-26), una de
las tasas más altas en Europa. En el 2º ciclo de Infantil (3 a 6 años)
se matricularon el año pasado 1.079.663 niños. Y en Primaria (6-11 años)
está el grueso de los alumnos, 2.711.025 el curso pasado. Crecen los alumnos de
“educación especial”, hasta 45.725 estudiantes. Y el otro gran bloque de
alumnos, 2.090.250 en 2025-26, estudiaron la ESO (12-15 años). Y Bachillerato
(16-17 años) otros 741.280 alumnos, el 8% “a distancia” (online). Quedan los
alumnos de Formación Profesional (FP), 1.211.062 el curso pasado,
un récord histórico y el mayor salto en la enseñanza no universitaria,
dado que sólo 582.576 alumnos estudiaban FP hace 6 años.
La pérdida de alumnos en las enseñanzas no
universitarias, de Infantil a Bachillerato, sería mucho mayor si no fuera por los
hijos de los inmigrantes, cuya presencia en las aulas se ha disparado:
eran sólo 207.112 a principios de siglo (curso 2001-2002), el 3% de todos
los alumnos, y subieron hasta el 10% en el curso 2021-22 (857.175 alumnos sin
nacionalidad española) para alcanzar
el curso pasado (2025-26) la cifra de 1.175.063 alumnos
extranjeros, el 13,5% del total de estudiantes de enseñanzas no
universitarias, según los datos de Educación. Un tercio son alumnos nacidos en Latinoamérica,
un 23,7% son de origen europeo y otro 21,8% africanos, destacando por
paises Marruecos (193.809 alumnos), Colombia (128.612), Rumanía
(93.821), Venezuela (85.273), Perú (67.938), China
(44.896) y Ucrania (44.311 alumnos). Con todo, hay una gran
diferencia entre autonomías: el mayor porcentaje de alumnos extranjeros se
da en los centros de la Comunidad Valenciana (19,9%), Baleares (19,3%), la
Rioja (18,6%), Aragón (17,6%), Cataluña (17%), Madrid (16%) y Murcia (15,8%),
mientras es bajo en Extremadura (5%), Galicia (6,6%) y Andalucía (7,9%). Eso
sí, el
74,7% de estos alumnos extranjeros estudian en centros públicos.
Este curso 2026-27 no habrá grandes novedades educativas,
salvo que será el 5º Curso en que se aplique la nueva Ley de Educación, la
Lomloe (aprobada en 2020 y que se empezó a implantar en el Curso
2022-2023), con lo que se
graduarán de la ESO los segundos estudiantes educados con la nueva Ley,
que pretende una educación menos “memorística” y más basada en potenciar
habilidades, como defienden los expertos educativos y el Informe PISA,
aunque los expertos creen que apenas se notará el cambio, porque hará falta más
tiempo y el reciclaje de los profesores. También será el 2º año en que se
mantendrán las prohibiciones
y limitaciones al uso de móviles en las aulas, generalizadas en
toda España, aunque el País Vasco y la Rioja dejan que lo regulen los propios centros
educativos.
La gran novedad de este curso escolar es el clima
de preocupación y tensión con el que han vuelto a clase los
profesores de colegios e institutos (806.153 docentes el curso pasado),
sobre todo los que trabajan en centros públicos (589.058
profesores), aunque también los que trabajan en la enseñanza concertada
(200.000 docentes). Ya en los últimos meses del curso
pasado hubo destacadas protestas de profesores en media España y
ahora se han convocado
ya huelgas de docentes en Madrid (indefinida a partir
del 14 de octubre), Cataluña (el 8 de septiembre) y Andalucía (el
11 de noviembre), mientras hay tensiones entre el profesorado y los gobiernos de
la Comunidad Valenciana, Cantabria, Aragón, Baleares, Navarra y Castilla y
León, que podrían terminar en más paros de docentes.
El clima de hartazgo este curso entre la
mayoría del profesorado se debe a una combinación
de factores, laborales y educativos. En primer lugar, los
profesores se quejan de la precariedad de su trabajo y sus bajos sueldos.
Por un lado, el
31% de los docentes tienen un contrato temporal (llega incluso al 43,4% en Cataluña,
al 41,3% en Canarias y al 37% de los docentes en Cataluña) y muchos sufren cada
año que les despidan en junio y los contraten otra vez en septiembre. Junto a
esta inestabilidad laboral, que se une a sufrir muchos cambios de
centros, están sus bajos
salarios: el sueldo neto de un profesor de Primaria oscila
entre 1.700 y 2.200 euros, según antigüedad. Y el sueldo neto en Secundaria
oscila entre 2.000 y 2.700 euros. Y en la reciente huelga, las cuidadoras
de educación infantil denuncian sueldos de 1.100 euros a jornada
completa…
Pero los profesores de colegios e institutos no se quejan
sólo de su situación laboral, también protestan porque no pueden formar
como quieren a sus alumnos, por falta de medios y personal. Su
mensaje es claro: las aulas son ahora más diversas y complejas y
no pueden dedicar a sus alumnos la atención que necesitan, lo que deteriora la
calidad de la enseñanza. Por un lado destacan el cambio en el alumnado.
Primero, por el
mayor peso de alumnos extranjeros: el curso pasado, señalan, en
los centros públicos de 17 provincias, al menos 1 de cada 5 alumnos eran
extranjeros (el 30% en Alicante), lo que exige más dedicación, tanto para
que aprendan la lengua (en ocasiones, además, la autonómica) como para que se
adapten a una nueva formación, con el agravante de que muchos alumnos proceden de
familias desfavorecidas (un tercio de los menores están en situación de
pobreza) y eso dificulta su formación y reduce la ayuda en casa, obligando a
una mayor atención docente.
Además, los profesores se
quejan de que cada vez tienen más tareas burocráticas, “papeleo”
(desde rellenar informes a protocolos), lo que les impide aumentar las horas
docentes para atender a los alumnos que necesitan más atención. Y, sobre todo,
luchan porque los centros (públicos y concertados) aumenten recursos y
plantillas, que consideran insuficientes. El sindicato CCOO considera que haría
falta contratar a 80.000 nuevos profesores en colegios e
institutos, sobre todo docentes para materias específicas, como matemáticas,
filosofía, idiomas y FP, así como a profesores de refuerzo. Y además, piden un cambio
radical en las oposiciones de docentes, denunciando
falta de objetividad, disparidad de criterios entre tribunales y el alto
volumen de suspensos en las últimas oposiciones.
La “marea
verde” de profesores, que ha protagonizado las últimas protestas y
está detrás de las próximas huelgas (muchas
veces al margen de los sindicatos tradicionales) plantean sus
reivindicaciones a las distintas autonomías, que gestionan la educación,
pero también tienen una serie de exigencias
al Ministerio de Educación. La primera, que complete la bajada
de alumnos por clase (ratios) en toda España, dado que cada
autonomía tiene un tope distinto de alumnos por clase en cada etapa escolar (ver
mapas). En abril de 2012, el Gobierno Rajoy subió los ratios
en las aulas (de 25 a 30 en Primaria, de 30 a 36 en la ESO y de 35 a 40 alumnos
en Bachillerato) para poder imponer sus recortes en el gasto educativo.
En marzo de 2019, el Gobierno Sánchez revertió la
medida a los ratios anteriores. Y posteriormente, las autonomías los
han bajado algo, de forma desigual. Por eso, el Gobierno aprobó en abril de 2026
una Ley
para homogeneizar los ratios en toda España: 22 alumnos por clase en
Primaria (frente a los 25 actuales) y 25 en la ESO (frente a 30 ahora). El
problema es que esta Ley no se ha aprobado todavía en el Congreso,
aunque el Gobierno confía en conseguirlo y aplicar las nuevas ratios
progresivamente, desde el curso 2027-28 al curso 2031-32. Y mientras,
ha pactado con los sindicatos rebajar,
por decreto, los ratios en educación infantil (de 8 a 4 niños
en 0 años, de 13 a 6 en 1 año y de 20 a 8 en 2 años), la reivindicación clave
de la huelga de las escuelas infantiles. Se aplicarán en el curso 2027-28.
La 2ª exigencia de los profesores es que
el Gobierno apruebe una normativa para exigir “unos parámetros
mínimos de calidad” a los centros privados de Formación Profesional, que
están proliferando por toda España (ya cuentan con un tercio de todos los
alumnos) ante la falta de plazas en los centros públicos de FP. Los sindicatos
creen que faltan 100.000 plazas en centros públicos de FP y eso
ha promovido la creación de academias y “chiringuitos”
de FP, con altos precios y financiados por inversores y Fondos extranjeros. Este
boom de la FP privada se concentra en
el País Vasco (43,8% alumnos), Madrid (37,6%), Cataluña (35,9%) y Andalucía (33,1%),
con el agravante de que consiguen más prácticas en empresas que los centros públicos.
La 3ª exigencia de la marea verde es que el Gobierno impulse
y financie con las autonomías un Plan
para la climatización de las aulas, dado que los alumnos sufren unas aulas sobrecalentadas
varios meses del curso escolar (y otras frío en invierno). Además, plantean
que el Gobierno regule
la Inteligencia Artificial (IA) en la educación y facilite a
profesores y alumnos una plataforma pública de IA que puedan usar en clase.
Por último, la marea verde de la enseñanza insiste en
criticar que muchas autonomías (las gobernadas por el PP) están fomentando
la enseñanza concertada y privada en perjuicio de la enseñanza
pública, que es la que concentra más alumnos inmigrantes y con necesidades
especiales o de familias con menos recursos. Son los famosos “conciertos”
educativos, el dinero público que las autonomías transfieren cada año a los
centros concertados. El gasto en conciertos ha pasado de 5.768 millones en 2014
a 8.342
millones en 2024, el 11,7% del gasto público total. Y eso
provoca que los centros concertados ganen en alumnos, sobre todo en algunas
autonomías que los apoyan más. Así, los 8.249.174 alumnos matriculados en
infantil, primaria, ESO, Bachillerato y FP, el
66,7% acuden a centros públicos, pero un 24,6% acuden ya a centros
concertados y un 8,7% a centros privados. Y hay autonomías con mucho más
peso de la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (48,6%) o Madrid
(46%), también Cataluña (35,3%) y Baleares (35,1%).
Al final, estos y otros problemas de fondo de la enseñanza
no universitaria en España conducen a unos resultados educativos preocupantes,
que les “duelen” especialmente a los profesores. Lo dejan claro los
estudios PISA, que relegan a los alumnos españoles en matemáticas y
comprensión lectora. Y varios datos incontestables. Uno, el alto porcentaje de repetidores:
el 2,1% en primaria (1,2% en la UE-25) y el 7,8% en secundaria 1ª etapa (2,2%
en la UE-25) y un 6,5% en la 2ª etapa. Otro, el
abandono escolar temprano, el alto porcentaje de jóvenes que dejan sus
estudios sin acabar el Bachillerato o la FP: 12,8% en 2025 frente al 9,4% en la
UE-25. Y el tercero, el elevado porcentaje de jóvenes “ni-nis”
(ni estudian ni trabajan): 11,5% en España y 11% en Europa.
¿Qué se puede hacer? Parece evidente que hay que gastar
más en educación, desde infantil a Bachillerato y FP, sobre todo en
centros públicos y en las
autonomías que menos gastan por habitante (Madrid, Asturias, Cataluña,
Galicia, Canarias, Castilla la Mancha y Baleares). Pero no se trata sólo de
gastar más sino de gastar
“de otra manera”, concentrando el gasto en los centros y
ciudades donde hay más problemas (barrios con más familias vulnerables y
más inmigrantes), reforzando la enseñanza de quienes lo más lo necesitan,
con clases de refuerzo, desdobles y profesores de apoyo. Y en paralelo, reforzar
las plantillas docentes, estabilizando sus contratos y mejorando sus sueldos y
su formación (con esa buena idea del MIR
educativo, para los profesores que empiezan).
Este curso escolar 2026-2027 es el tercer año consecutivo en que se reducen los alumnos de las enseñanzas no universitarias, desde Infantil a Bachillerato y Formación Profesional (FP): serán unos 8.200.000 niños y adolescentes, 49.000 menos que el curso pasado, cuando ya bajaron en 67.425 alumnos (-43.024 chicos y -24.401 chicas), tras reducirse otros 17.425 alumnos el curso 2024-25, por la caída de la natalidad. El curso pasado (2025-2026), el último con datos oficiales, estudiaron 8.249.174 alumnos en los 28.633 colegios e institutos españoles, dos tercios en colegios públicos (que perdieron 53.765 alumnos) y un tercio en colegios privados (que perdieron sólo 13.660 alumnos). La caída de alumnos se nota sobre todo en Primaria (-48.773 el curso pasado), el 2º ciclo de infantil (-26.266 alumnos de 3 a 6 años) y en la ESO (-24.766), cayendo menos en Bachillerato (-3.713alumnos el curso pasado), mientras crecen los alumnos en el primer ciclo de Infantil (+3.268 alumnos de 0 a 3 años), en educación especial (+2.357) y, sobre todo, en Formación Profesional, la enseñanza que más crece en España (+30.185 alumnos el curso pasado).
Los profesores no sólo se quejan por la complejidad de
tener más alumnos extranjeros sino también porque han
aumentado los alumnos “con necesidades especiales”, desde
alumnos con autismo (TEA) a estudiantes con déficit de atención
(TDH), discapacitados y alumnos que se han incorporado tarde a la
escuela. Los últimos datos oficiales (curso 2024-25) reflejan que los centros
educativos acogieron a 422.631 alumnos con necesidades especiales en
Primaria y 298.915 en la ESO, el doble que 4 años antes. Y si
embargo, los centros no han duplicado medios, aulas ni profesores.
Y sobre todo, urge
un Pacto educativo, entre el
Gobierno central, las autonomías, los profesores y las familias, para asegurar
una financiación suficiente y acordar medidas para mejorar la calidad
de la enseñanza. Pero aquí nadie busca consensos y por ello se
avecina un otoño de huelgas en la enseñanza. Lo pagarán nuestros
niños y jóvenes, el futuro del país.
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lunes, 7 de septiembre de 2026
Verano 2026: emergencia climática y migratoria
Hemos sufrido el verano más caluroso y seco de
la historia. Europa ha sido la “zona cero” de esta “emergencia
climática”, con 35.000 muertes por calor, grandes incendios, sequía y ríos sin
agua, aunque en España ha sido peor: 5.235 muertes, la mitad de
las hectáreas quemadas en Europa, y daños en infraestructuras, cultivos y
ganado, que encarecerán los alimentos. La otra emergencia del verano, la
migratoria: 80.000 inmigrantes “invadiendo” Ceuta, ante la desatención de
Europa, un problema sin fácil solución ante millones de jóvenes africanos sin
futuro. España debería acordar un Pacto de Estado frente a la emergencia
climática y la inmigración ilegal, pero PP y Vox son cada vez más
negacionistas y xenófobos, como muchos políticos en Europa. También urge un
Pacto para resolver el grave problema de la vivienda y acordar una nueva
financiación autonómica que refuerce sanidad, educación y servicios
públicos. Pero seguirá el bloqueo político y los problemas sin
resolver. Menos mal que la economía va bien, aunque muchos españoles no
lo noten. Será un otoño complicado. Las olas de calor han provocado en España 5.235 muertes este año
La “emergencia climática” se ha mostrado con virulencia este verano en Europa, sobre todo en el sur, con temperaturas nunca vistas antes, tremendas sequías y múltiples incendios. Las olas de calor han provocado 35.000 muertes en el continente, mientras la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los grandes ríos europeos (como el Rin y el Danubio), dificultando el importante transporte fluvial y cerrando centrales nucleares (por falta de agua para refrigerarlas) en Hungría y Rumanía. Además, la sequía y el calor han multiplicado los grandes incendios en Europa, sobre todo en España, Francia, Portugal, Italia y Grecia, con 7.682 incendios y 666.704 hectáreas quemadas, según Copernicus. Y han dañado los cultivos europeos (maíz, arroz, trigo y soja) y la ganadería.
España ha sido el país europeo que más ha
sufrido esta emergencia climática, con una temperatura récord (+2,5
grados que la media) y una sequía sin precedentes, que han provocado 5.232
muertes (un récord histórico, según
la estadística MoMo) y miles de incendios que han quemado 308.081
hectáreas, casi la mitad (46,2%) de toda la superficie quemada en Europa,
muy por delante de Francia (106.042 Has. quemadas), Italia (95.234 Has),
Portugal (70.519 Has) y Grecia (31.872 Has), según
Copernicus, con 5 (Huelva, Ávila, Guadalajara, Huesca y Madrid) de los 10
grandes incendios europeos. Un clima que, además de encarecer la factura eléctrica,
ha provocado enormes
pérdidas en la agricultura y la ganadería, muy afectadas por las
lluvias y borrascas (enero y febrero), las heladas (marzo) y el granizo (abril),
el calor extremo (de mayo a agosto) y la falta de pastos, más los incendios, que
han dañado a 15.800 hectáreas de cultivos (según
Agroseguros), sobre todo cereal, viñedos, olivares, cítricos, frutos secos
y ganado, lo que encarece muchos alimentos.
Todos estos problemas, desde las muertes por calor a los grandes
incendios y la pérdida de cultivos no son un problema coyuntural,
de este verano, sino algo
estructural, derivado de la “emergencia climática”, que
irán a más en el futuro. Por eso, el presidente Sánchez pidió, en medio del
incendio de Guadalajara, un
gran Pacto de Estado sobre la emergencia climática, con
medidas para reducir las emisiones, potenciar las energías renovables y mejorar
la prevención contra los incendios en invierno, dado que España
invierte 4 veces más en apagar incendios (cuesta 10.000 euros/Ha) que en limpieza
y prevención (cuesta 3.000 euros por Ha). Los expertos creen que bastaría
actuar sobre el 5% de los 27 millones de hectáreas forestales para
reducir drásticamente el riesgo de incendios. Pero el PP, que gobierna en 11
autonomías (en 4 con Vox), no
quiere ningún Pacto climático, mientras defienden posturas negacionistas y contra
el Pacto verde europeo.
La otra gran emergencia del verano ha sido la
migratoria: a finales de julio, unos
80.000 inmigrantes cruzaron ilegalmente la frontera de Ceuta,
convocados por las redes sociales y ante la inacción de Marruecos (o su intervención activa, según un informe policial español), alentados por
webs ligadas a Rusia, Israel y la ultraderecha USA, interesados en atacar al
gobierno Sánchez y dividir Europa. Una
crisis que ha colapsado Ceuta, por la tardía e ineficaz respuesta del
Gobierno y porque hay que cumplir las leyes (españolas y europeas) para “expulsar”
y acomodar a adultos y menores inmigrantes. Lo suyo sería un acuerdo
político para resolver este grave problema migratorio, pero el PP (y
Vox) lo están utilizando para dar la puntilla al Gobierno y apuntalar sus
políticas antinmigración cara a las próximas elecciones, obviando que la inmigración
ilegal ha bajado en España en los últimos años y es inferior a la de otros
paises, según
Frontex: 240.714 inmigrantes ilegales entre enero 2021 y junio 2026 en
España, frente a 479.161 por Italia, 342.828 por los Balcanes occidentales (Bulgaria,
Rumanía, Hungría y Croacia) y 262.718 entradas irregulares por Grecia.
Al margen del problema concreto de Ceuta, estamos ante
otra emergencia “estructural”, que va a continuar, empujada por dos
factores. Uno, la enorme diferencia de renta entre España (34.210
euros/habitante) y paises como Marruecos (3.972 euros/habitante) o Somalia (681
euros/habitante), el verdadero “efecto llamada”. Y el otro, que África es un
continente con millones de jóvenes sin futuro, dispuestos a todo por saltar a
Europa (a través de España): el 23% de los marroquíes tienen de 15 a 29 años
y en
los paises del Sahel (Mauritania, Mali, Níger, Burkina Fasso y Chat), el
70% de la población tiene menos de 24 años… Una “bomba demográfica”
que no se puede parar en ninguna frontera. Y que exige, no sólo muros y
barreras, sino una política de ayudas económicas y colaboración con los
paises de origen, acuerdos para traer temporalmente cupos de
inmigrantes y más recursos para la atención e integración de menores e inmigrantes
con derecho de asilo.
Las dos emergencias (climática y migratoria) no
son un problema específico de España, aunque aquí sean más graves, por
el mayor calentamiento del Mediterráneo y por ser el país frontera con Africa.
Pero la emergencia climática y migratoria son dos
de los grandes retos de Europa este siglo, junto a la demografía y la
tecnología. Por eso, urgen políticas y medidas para todo el continente. Pero en
los últimos años, la nueva Comisión Europea está dado marcha atrás en ambas
políticas, forzada por la extrema derecha y la radicalización de la derecha
tradicional: crecen
las posturas negacionistas y se devalúa el Pacto Verde, mientras se
deteriora la política migratoria europea, con propuestas como desviar
inmigrantes a campos en terceros paises (como Italia en Albania). Sólo la
vicepresidenta europea, la española Teresa
Ribera, ha propuesto emitir deuda europea y crear un
impuesto a las petroleras para financiar inversiones climáticas. Y en
el tema migratorio, la Comisión y 22 paises criticaron a España por la invasión de Ceuta, sin aportar ayudas de Frontex para afrontar un
problema que es tan europeo como español, porque Ceuta es la frontera sur de Europa.
Ante este nuevo curso político, hay otra
emergencia pendiente, junto a la climática y migratoria: la
vivienda. Su precio se ha vuelto a disparar en agosto (+15,6% anual),
alcanzando los 3.166 euros por m2 (253.270 euros un piso de 90m2), según
Fotocasa, un precio que sube a 6.624 euros/m2 en Madrid, 5.375 en
Barcelona, 5.250 euros en Palma, 4.387 en Málaga y 4.226 en Bilbao. Eso obliga
a contratar hipotecas de más importe, que además son más caras
porque sigue subiendo el Euribor: 2,952% en agosto (2.114% en agosto
de 2025), lo que encarece en 70 euros al mes una hipoteca tipo de 178.000
euros. Y si hablamos del alquiler, sigue subiendo (+5,8% anual en agosto),
hasta 15,10 euros /m2 (1.359 euros un piso de 90 m2), según
Idealista, que se disparan hasta 23,3 euros/m2 en Madrid o 20,2 euros en
Barcelona.
La mayoría de las autonomías, gobernadas por el PP (y Vox)
no aplican los topes al alquiler que permite la Ley de Vivienda
en las zonas “tensionadas”, topes
que se aplican ahora en 317 municipios de Cataluña (302), Navarra (21),
País Vasco (11) y Galicia (2), con algunas bajadas
en 22 de ellos, a costa de una menor oferta. Ahora queda ver el efecto del nuevo
Plan
de Vivienda 2026-2030, aprobado por el Gobierno en abril y que ha sido
criticado por las autonomías gobernadas por el PP, aunque han aceptado recibir
las ayudas que contempla (4.200 millones de fondos estatales, a cambio de que
las autonomías inviertan otros 2.800). El 28 de agosto, el
Gobierno transfirió el primer pago a las autonomías, de 800 millones,
destinado a promover vivienda protegida y rehabilitación.
En paralelo, Sumar trabaja para negociar con los grupos políticos
un decreto
de vivienda que el Gobierno presentará este mes de septiembre. Incluirá
una prórroga extraordinaria de los contratos de alquiler (2 años
más para los que venzan antes 30 junio 2028), una subida del IVA (del 10 al
21%) a los pisos turísticos y el endurecimiento de las multas por publicidad,
normas para frenar los abusos en los alquileres de temporada y por habitaciones
y beneficios fiscales a los caseros que bajen la renta a sus inquilinos. El
problema está en salvar
el doble veto al decreto por parte de Junts y de Podemos, que persiste
en la retirada de la reforma de la Ley del Suelo (imprescindible para agilizar
muchos planes urbanísticos).
Mientras las peleas políticas impiden pactar
una política de vivienda que aumente el suelo urbanizable y la financiación de
viviendas protegidas, también dificultan resolver otro reto pendiente: la
mejora de la sanidad, la educación, la Dependencia y los servicios públicos,
gestionados por las autonomías, que se quejan de falta de recursos. Para
paliarlo, el Gobierno volvió a presentar el viernes 4 su propuesta del nuevo
sistema de financiación autonómica, para sustituir al vigente (de 2009).
El nuevo modelo cambia los criterios de pago por población
ajustada, amplía la autonomía fiscal de las comunidades, blinda la solidaridad
interterritorial y consigue que nadie ingrese menos que ahora, con un aumento
global de la financiación a las autonomías de 20.975
millones sobre el modelo actual.
Pero las autonomías del PP rechazan también el nuevo sistema, a
pesar de que el
actual perjudica a 4 autonomías, que reciben menos de la media (Murcia,
Comunidad Valenciana, Andalucía y Castilla la Mancha). El Gobierno aprobó el viernes el nuevo sistema, sólo con el apoyo de Cataluña y
Canarias, y pretende que entre en vigor el 1 de enero, aunque necesita que lo apruebe antes el Congreso (?).
Otro reto de los próximos meses será el Presupuesto para
2027, tras 3 años con Presupuestos prorrogados (2024, 2025 y 2026). El
presidente Sánchez
reitera que van a presentarlos en septiembre o en octubre, pero parece
imposible que cuente con los apoyos necesarios para aprobarlos. Entre
tanto, el Gobierno busca “atajos” para mantener la maquinaria del Estado y las
ayudas a la economía: son las
“modificaciones de crédito”, retoques que hace a las partidas del
Presupuesto 2023, aumentando algunos gastos a costa de recortar otros. En el
primer semestre de 2026, estos “cambios” han sido de 77.281 millones de euros,
más que en todo 2025 (76.943 millones) y 2024 (52.300 millones), cambios
destinados a cubrir más gastos en deuda (sube el pago de intereses), pensiones,
Defensa e incentivos empresariales.
A pesar del bloqueo político y la incapacidad total de
pactar acuerdos que afronten la emergencia climática o migratoria, el grave
problema de la vivienda, la mejora del Estado del Bienestar y los servicios
públicos o la financiación autonómica, la realidad es que la economía española
sigue creciendo, mucho más que la del resto del continente y la de muchos
paises del mundo: el PIB español creció un 0,7% entre abril y junio, según
publicó el INE el 30 de julio, una décima más que en el primer trimestre
(+0,6%), lo que supone un crecimiento anual del +2,7% (cercano al 2,8%
que crecimos en 2025), frente al +1,2% que crece la UE-27, empujados
por el turismo, la inversión y el consumo privado (ahora algo más débil).
Eso sí, España crece más que la mayoría de
paises por el gran aumento de la población (somos 2.775.351
habitantes más que en 2019), gracias a los inmigrantes, que han aportado casi
la mitad del crecimiento económico español (el 47%) entre 2022 y 2025, según
Funcas. Crecemos más, pero porque hay más gente trabajando (+3.301.000
ocupados que en 2019), con lo que no crece tanto el PIB por habitante,
la riqueza que se crea por cada español y que mide nuestro nivel de vida.
En 2025, este PIB/riqueza por habitante fue de 38.272 euros, el
92% de la media de la UE-27 (41.600 euros/habitante), según
Eurostat. Eso explica que España, la cuarta mayor economía de la UE (por
PIB) baje al puesto 15º por el PIB por habitante, por detrás de los
grandes paises de la UE y de otros menores como Irlanda, Malta, Chipre o
Chequia. Así que crecemos
más, pero producimos menos por habitante, porque tenemos una baja
productividad, un reto histórico pendiente.
Por esto, los
españoles notan menos el fuerte crecimiento, porque al producir menos por
habitante, los sueldos y el nivel de vida son más bajos que en Europa: el
salario hora en España es de 26,4 euros, frente a una media de 34,9
euros en la UE-27, 45 euros en Alemania, 44,3 euros en Francia y 32
euros/hora en Italia, según
Eurostat. Y encima, tenemos más inflación que la media europea, en general
y ahora, con lo que los españoles pierden poder adquisitivo, al subir menos los
salarios (+3,02% hasta julio) que los precios: la inflación se ha disparado en
España al +4,3%
en agosto (por la subida de los carburantes y la luz), mientras la inflación en la zona euro es del 3,3% , con menores subidas en Francia
(2,4% en julio), Alemania (2,8%) e Italia (2,9%), según Eurostat.
En definitiva, los españoles volvemos a la rutina
con un país obsesionado por Ceuta y que no ha interiorizado el
tremendo verano de calor e incendios que hemos sufrido, como si
fuera algo “normal e inevitable”. Y sin exigir a los políticos que se pongan
de acuerdo en lo fundamental, en frenar las muertes por calor y los incendios,
la llegada de inmigrantes irregulares o la imposibilidad de encontrar una vivienda.
Y seguiremos sufriendo las esperas para conseguir una cita del médico de
cabecera o del especialista, porque hay autonomías que apenas gastan en sanidad,
como tampoco en educación, mientras presumen de bajar impuestos (a los
más ricos). Y llevamos 7 años con un sistema de financiación autonómica
caducado, que agrava las desigualdades entre regiones. Y 3 años sin
Presupuestos, por la imposibilidad de pactar prioridades de gastos e
ingresos. Y con una economía que crece, pero que muchos españoles no notan,
por sus bajos salarios y la alta inflación. Un otoño complicado…
La “emergencia climática” se ha mostrado con virulencia este verano en Europa, sobre todo en el sur, con temperaturas nunca vistas antes, tremendas sequías y múltiples incendios. Las olas de calor han provocado 35.000 muertes en el continente, mientras la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los grandes ríos europeos (como el Rin y el Danubio), dificultando el importante transporte fluvial y cerrando centrales nucleares (por falta de agua para refrigerarlas) en Hungría y Rumanía. Además, la sequía y el calor han multiplicado los grandes incendios en Europa, sobre todo en España, Francia, Portugal, Italia y Grecia, con 7.682 incendios y 666.704 hectáreas quemadas, según Copernicus. Y han dañado los cultivos europeos (maíz, arroz, trigo y soja) y la ganadería.
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lunes, 3 de agosto de 2026
Libros de geopolítica, vivienda y economía
El verano tenemos más tiempo para leer, así que aprovecho
para aconsejarles 5 libros recientes, que ayudan a explicar temas
económicos de actualidad, desde los conflictos geopolíticos a la vivienda,
pasando por las élites que dominan el poder político y económico en España. El
primero es una especie de Atlas visual que explica con mapas y gráficos
las tensiones geopolíticas en el mundo, desde la energía a las tierras
raras. El segundo libro explica la llegada al poder de “los depredadores”,
desde Trump y Milei a Putin, apoyados en los nuevos conquistadores
tecnológicos. El tercero se centra en el grave problema de la vivienda,
planteando el conflicto entre caseros e inquilinos y algunas soluciones
heterodoxas. El cuarto repasa nuestra historia, desde Al Ándalus
hasta hoy, explicando cómo las distintas oligarquías han “chupado” del
Estado y de los españoles. Y se complementa con un 5º libro, que analiza las élites que han
controlado el poder económico en España desde 1939 hasta hoy. Espero que
alguno les interese. ¡Buen verano¡
El primer libro, “Las fuerzas que mueven el mundo: la geopolítica y la economía mundial en mapas” es más un Atlas que un libro al uso, porque consta de múltiples mapas que ayudan a explicar los principales problemas geopolíticos actuales, desde el reparto del petróleo y el gas por paises a las tierras raras o los chips. Su autor es un colectivo, el Orden Mundial, un equipo especializado en el análisis de la economía internacional. A lo largo de sus 205 páginas, en gran formato, aportan múltiples mapas con leyendas, textos y datos que sirven para entender “de un vistazo” los grandes problemas económicos y geopolíticos del mundo actual. Tras una introducción donde resumen como está cambiando el mundo desde la pandemia (siempre con mapas), analizan los nuevos rumbos políticos, los gigantes tecnológicos, la crisis climática y los problemas comerciales globales, explicando la reorganización de los flujos de mercancías. Es muy importante el bloque que dedican a los recursos que sustentan la economía mundial y su distribución, desde el petróleo al uranio, las tierras raras y los chips, sin olvidar los recursos pesqueros y los alimentos. Otro apartado informa sobre los conflictos en el mundo y los puntos problemáticos, desde el mar de China al Ártico. También detalla la emergencia climática (en mapas) y el declive de la democracia en el mundo, anticipando las “nuevas fronteras”: los polos, los océanos y el espacio. Y destina un capítulo al papel de España en el mundo, también con múltiples mapas y datos, incluido un mapa sobre el uso del español en el mundo.
Tras este Atlas sobre la geopolítica actual, un libro que analiza
los cambios en el poder mundial: “La
hora de los depredadores”, de Giuliano de Empoli, un ensayo de
un sociólogo y asesor político italiano que conoce muy bien los entresijos de
la política internacional y que escribió en 2023 una novela imprescindible, “El
mago del Kremlin”, sobre Rusia y el poder de Putin. En este libro
explica la llegada al poder en el mundo actual de los nuevos líderes
(los “depredadores”) , que no respetan las reglas ni las instituciones y
ejercen el poder a su antojo mediante la fuerza bruta, el engaño y la
colaboración de los tecno oligarcas que controlan las redes sociales y la
inteligencia artificial.
El libro de Empoli, que es un ensayo pero se lee como una
novela, explica el acceso de estos lideres tecnológicos y políticos al
poder, con ejemplos concretos: el príncipe Mohamed bin Salman en Arabia
Saudita, Bukele en El Salvador, Trump en EEUU y el escándalo de Cambridge Analitics,
Elon Musk y su apoyo a la extrema derecha alemana, Sam Altman y el acenso de
OpenAI… El autor, que se ha movido en la ONU y foros internacionales
como asesor político del italiano Mateo Renzi explica los entresijos de cómo
actúan estos personajes en las instituciones internacionales y con los
demás gobiernos, detallando las claves de cómo gana terreno su “nuevo
orden”, que está llevando al mundo al caos.
Tras estos dos libros, que pueden ayudarnos a entender mejor
el complejo mundo que tenemos, un tercer libro sobre el mayor problema de los
españoles, la vivienda: “Generación
inquilina”, de Javier Gil, un sociólogo investigador del CSIC
que trata de explicar qué pasa con la vivienda y plantea alternativas de
solución, ciertamente heterodoxas. La primera parte del libro analiza
el problema de fondo de la vivienda, que considera estructural y político, no
coyuntural: la vivienda ha generado una “economía rentista”,
donde la vivienda es una inversión para unos caseros con altos ingresos,
inmobiliarias y fondos de inversión, que controlan las Leyes y normativas en su
beneficio, perjudicando a una “generación inquilina” que no tiene ningún
poder ni influencia y que vive cada vez peor porque les transfiere una
parte creciente de su renta, aumentando la desigualdad en España.
En definitiva, señala Gil, la vivienda no sube por
factores demográficos (más jóvenes y familias) o de escasez (faltan
viviendas) sino porque es un activo financiero con el que se
especula. Y sube porque hay mucha liquidez y una creciente demanda
especulativa que dispara los precios. Y explica el comportamiento de los
Fondos de inversión, inmobiliarias, grandes fortunas o ahorradores,
que han convertido la vivienda en un activo muy lucrativo (más que la Bolsa o
la deuda). Así que cuanto más suba la vivienda y el alquiler, más
rentabilidad y más demanda, alimentando la especulación. Por eso cree
que la solución no es construir más viviendas: eso alimentará la especulación.
Bueno, confío en que alguno de estos 5 libros le interese. ¡
Buen verano y hasta septiembre !
El primer libro, “Las fuerzas que mueven el mundo: la geopolítica y la economía mundial en mapas” es más un Atlas que un libro al uso, porque consta de múltiples mapas que ayudan a explicar los principales problemas geopolíticos actuales, desde el reparto del petróleo y el gas por paises a las tierras raras o los chips. Su autor es un colectivo, el Orden Mundial, un equipo especializado en el análisis de la economía internacional. A lo largo de sus 205 páginas, en gran formato, aportan múltiples mapas con leyendas, textos y datos que sirven para entender “de un vistazo” los grandes problemas económicos y geopolíticos del mundo actual. Tras una introducción donde resumen como está cambiando el mundo desde la pandemia (siempre con mapas), analizan los nuevos rumbos políticos, los gigantes tecnológicos, la crisis climática y los problemas comerciales globales, explicando la reorganización de los flujos de mercancías. Es muy importante el bloque que dedican a los recursos que sustentan la economía mundial y su distribución, desde el petróleo al uranio, las tierras raras y los chips, sin olvidar los recursos pesqueros y los alimentos. Otro apartado informa sobre los conflictos en el mundo y los puntos problemáticos, desde el mar de China al Ártico. También detalla la emergencia climática (en mapas) y el declive de la democracia en el mundo, anticipando las “nuevas fronteras”: los polos, los océanos y el espacio. Y destina un capítulo al papel de España en el mundo, también con múltiples mapas y datos, incluido un mapa sobre el uso del español en el mundo.
Para el autor, la solución al problema de la vivienda no es
edificar más sino reordenar el mercado y acabar con la economía rentista,
frenar la demanda especulativa y proteger la demanda residencial, facilitando
el acceso a la vivienda a los que no tienen un techo y frenando las compras
especulativas de viviendas. Pero duda que el Gobierno (este y cualquier
otro) se ponga del lado de los inquilinos, que tienen menos peso
político y numérico que los propietarios, Fondos y empresas
inmobiliarias, con lo que no se atreven a imponer controles y cambiar el
modelo de la economía rentista por uno que considere la vivienda como un
derecho y un bien social. Por eso, propone que los inquilinos se organicen
(Javier Gil es miembro y asesor del Sindicato de Inquilinos) y que multipliquen
sus protestas contra los abusos en la vivienda, con la propuesta de una
posible huelga de pago de alquileres, como medida de presión para que
la vivienda sea un bien social.
El 4º libro, “El
Estado pesebre”, de Carlos Arenas Posadas, un historiador
económico de la Universidad de Sevilla, es un libro de historia, pero de
otra historia: de cómo las élites y las oligarquías han “parasitado” las
cuentas públicas (se lo han “llevado crudo” de forma “legal”) en
España, desde la época de Al Ándalus al franquismo y la transición democrática.
Es una nueva versión (desconocida) de cómo las élites sociales y los grandes
negocios han prosperado siempre en este país a la sombra del Estado. O más
bien, cómo el Estado ha sido “parasitado” por las oligarquías, ha sido el
verdadero “pesebre” de nuestra historia. Un demoledor repaso
histórico de quienes han sido los sucesivos depredadores del dinero
público, desde la Edad Media, el imperio, la reconversión liberal, la
Restauración, la República, el franquismo y la transición demográfica, con
distintos nombres y similares comportamientos.
El historiador hace un detallado repaso de nuestra historia
para revelar como los estamentos nobiliarios, eclesiásticos, militares,
plutócratas y oligarcas se han enriquecido en el pesebre de los distintos
Estados y Gobiernos, utilizando la violencia física, material y moral, la
impunidad, las patrañas, los falsos victimismos, trampantojos y bulos dirigidos
a legitimar su poder. Y a lo largo los distintos siglos y épocas, desfilan por
el libro los protagonistas de lo que el autor llama “el gran Comedero”:
señores, frailes, obispos, inquisidores, virreyes, militares, usureros, aristócratas,
burgueses, asentistas, reyes, políticos, altos cargos de la Administración, agricultores,
industriales, lobistas, banqueros, comisionistas, fondos buitres… Y así hasta
hoy, con los casos de corrupción repetidos en el siglo XXI. ¿Y
ahora qué? El autor responde que cambiar una trayectoria milenaria no es
sencillo, pero aboga por una mayoría social que promueva reformas para lograr un
cambio verdadero. Nada fácil…
El 5º libro, “Las
élites que dominan España”, ahonda en este tema de los que
controlan el poder, con un análisis centrado entre 1939 y hoy,
del franquismo a la democracia. Su autor es Andrés Villena Oliver, un
sociólogo y profesor de Economía en la Complutense, cuyo libro tiene una
reveladora historia: iba a ser publicado por Ariel (Planeta), pero fue
descartado en el último momento por la editorial (no se sabe la razón) y se ha
publicado en otra (Libros del KO), con una “aureola” de libro “medio prohibido”
que ha disparado sus ventas. La tesis del autor es que la élite española
de poder se compone de tres elementos (capital, empresas y Estado) que
llevan décadas conectados entre sí por puertas giratorias. Es más, sostiene que
la estructura de poder que se generó en la España franquista
se ha mantenido en lo fundamental, con pocos cambios en los grandes
poderes, tanto la banca y las grandes empresas como los grandes cuerpos de
funcionarios que controlan el Estado, algo que trata de justificar a lo largo
del libro, desde 1.939 hasta hoy, con una investigación documentada sobre lobbies
empresariales, bancos, sagas familiares, instituciones políticas y medios de
comunicación. Setenta años de historia en los que tecnócratas, financieros,
altos funcionarios y empresarios actúan “como piezas de una misma
maquinaria, diseñada para que nada esencial cambie”.
El libro analiza la estructura del poder en tres bloques.
El primero, la dictadura y las redes del poder durante el franquismo,
con los cambios de la tecnocracia a partir de 1959. Luego, los cambios de poder
en la transición, con las crisis bancarias y los cambios en las grandes
empresas. El segundo bloque detalla los cambios en la estructura del poder con la
llegada del PSOE en 1982, que supuso la renovación del capitalismo español.
Después analiza la llegada de Aznar, las privatizaciones, el
clientelismo y el “milagro inmobiliario”. En el tercer bloque, analiza la época
tecnocrática de Zapatero, la crisis política del 15-M y el final del
bipartidismo, hasta el ascenso de Sánchez y la evolución de su Gobierno.
Como conclusión, dice que “la
democracia ha operado como una carcasa, gracias a la cual las élites han
maximizado beneficios y poder”. Y plantea que sólo los colectivos sociales pueden generar nuevas oportunidades. Que la
respuesta está “en la gente”.
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