jueves, 28 de enero de 2021

La EPA desigual de la pandemia


Hoy se ha conocido el balance del empleo y paro en el primer año de pandemia, la EPA 2020. Y los datos son malos pero no tanto como podía esperarse, porque el empleo y paro mejoraron en el 4º trimestre, a pesar de los rebrotes. Pero la pandemia ha causado la pérdida de 622.600 empleos, cifra que sería mucho peor sin los ERTEs (donde hay “embolsados” 750.000 trabajadores). Y tenemos 527.900 parados más, una tasa del 16,13%,  más del doble que Europa. Lo que revela la EPA es que los daños de la pandemia son muy desiguales: el paro y la pérdida de empleo se ha “cebado” en las mujeres, los jóvenes, los servicios, Canarias y Baleares, mientras apenas ha afectado al empleo de los mayores, la construcción, el campo y buena parte de España. Todo apunta a que la mayor factura de la pandemia, en empleo y paro, llegará en 2021. Urge aprobar un Plan de choque que ayude a los parados más afectados. 


Enrique Ortega
 

La pandemia ha roto en 2020 la racha de 6 años consecutivos de creación de empleo: entre 2014 y 2019 se crearon en España +2.831.700 empleos, todavía un millón menos de los destruidos entre 2007 y 2013. Pero 2020 se ha cerrado con una pérdida de -622.600 empleos netos, según la EPA, una cifra que podría haber sido mucho peor de no ser por la mejoría del empleo en el tercer trimestre (+596.600 empleos), por la desescalada, y en el cuarto trimestre (+167.400 empleos), a pesar de la 2ª y 3ª ola de contagios (o “gracias” a ellas). Una creación de empleo que no pudo compensar la pérdida de empleo en el primer trimestre (-285.600) y, sobre todo, en el 2º trimestre (-1.074.000 empleos).

Al final, este balance del empleo en el primer año de la pandemia no es tan malo como podía esperarse (en 2012 se perdieron -850.000 empleos) gracias a dos factores. Uno, que un gran número de trabajadores han mantenido su empleo al ser incluidos en un ERTE o programa de ayuda para autónomos, donde cobran un 70% de su sueldo en activo (se lo paga el SEPE y le descuenta el pago de su cotización a la SS). En el peor momento, en abril, había 3,4 millones de asalariados en ERTE y 1,1 millones de autónomos con ayudas por cese temporal de actividad (que cobran unos 800 euros de media), 4,5 millones de empleos “aparcados” y salvados momentáneamente. A finales de 2020, los asalariados en ERTE eran sólo 755.613, más  otros 350.000 autónomos, en total 1.100.000 empleos que se han salvado en 2020, aunque con un alto coste en sueldos y cotizaciones: 30.000 millones de euros. Y ahora, en 2021, los ERTEs y ayudas a autónomos se han prorrogado hasta el 31 de mayo.

El otro factor que ha evitado una mayor caída del empleo ha sido el teletrabajo. A lo largo de 2020, casi 1 de cada 10 trabajadores ocupados (1.923.800 personas, el 9,95%) han trabajado desde casa más de la mitad de los días de la semana, según revela la EPA de hoy, lo que ha evitado su despido. Y también ha ayudado que el conjunto de ocupados han trabajado menos horas (menos horas y menos días), lo que ha evitado más ajustes: los ocupados han trabajado 36,1 horas de media a la semana, frente a 36,6 horas en 2019.

Lo que revela la EPA de 2020, en este primer año de la pandemia, es su desigual balance sobre el empleo. Ha sido casi igual la pérdida por sexo (-3,13% de empleo han perdido los hombres y -3,09% las mujeres) pero han sufrido mucho más la pérdida los jóvenes: de todos los empleos perdidos el año pasado (-622.600, un -3,12%), casi la mitad los han perdido los menores de 30 años (-288.900 empleos, un -10,4%). Y dentro de ellos, la mayor caída la han sufrido los más jóvenes (16 a 24 años), que han perdido -200.100 empleos (-19%). Eso contrasta con el efecto de la pandemia entre los mayores de 55 años, donde creció el empleo en 2020 (+166.100 empleos), como entre los de 45 a 49 años (+9.100 empleos).

También es desigual la pérdida de empleos por sectores y autonomías. Casi 9 de cada 10 empleos perdidos con la pandemia han sido en los servicios (hostelería, turismo, comercio y servicios varios): -577.100 (-3,5%). Apenas se perdió empleo en la construcción (-3.700) y en el campo (-11.800) y poco en la industria (-70.100). Y por regiones, han sufrido la mayor caída de empleo Canarias (-112,.800, un -12%) y Baleares (46.300, un -8,12%), siendo comparativamente menor en Cataluña (-137.600 empleos, una pérdida de sólo el -3,95%), Madrid (-107.100 empleos, -3,39%) y la Comunidad Valencia (-72.500, -3,44%). Y hay 3 autonomías donde ha crecido el empleo en el año de la pandemia: Extremadura (+5.500 empleos, +1,44%), Melilla (+4.500 empleos, +16,62%) y La Rioja (+400 empleos, +0,26%), según la EPA 2020 publicada hoy por Estadística.

El balance del empleo es de una pérdida global neta de -622.600 puestos de trabajo en 2020, pero el año pasado se firmaron casi 16 millones de contratos, 6,5 millones menos que el año anterior por la menor actividad durante la pandemia. Y los datos de Trabajo revelan que, con pandemia, la precariedad en los empleos que se crean sigue igual: sólo el 9,69% de los contratos firmados en 2020 fueron indefinidos, mientras el 91,31% fueron temporales. Y casi un tercio (el 31,29%) fueron contratos a tiempo parcial, por horas. Sin embargo, como se han hecho menos contratos, el peso de los asalariados con contrato temporal ha bajado un poco, del 26,10% en 2019 al 24,6% en 2020, aunque todavía son más de 4 millones de asalariados precarios (4.000.700), casi la cuarta parte, un porcentaje más del doble que en Europa.

El paro ha crecido en 2020 en +527.900 desempleados, según la EPA, rompiendo también una racha de 7 años en que estaba bajando el paro (entre 2013 y 2019, el paro se redujo en -2.812.700 personas). Otra vez, lo llamativo es que el paro ha bajado en el cuarto trimestre (-3.100), tras subir en el primero (+121.100), en el 2º (+55.000) y sobre todo en el tercer trimestre (+354.900), porque durante el verano aumentaron los que buscaban trabajo, lo mismo que ha vuelto a pasar en el último trimestre, por la Navidad, aunque mucho menos (y por eso bajó el paro). Aquí, vuelve a pasar lo mismo que con el empleo: el aumento del paro es muy desigual por sexo, edad, sectores o regiones.

Aquí sí que las mujeres han sufrido más el aumento del paro por la pandemia: +305.600 mujeres paradas en 2020 (+18,31%) frente a +222.000 parados hombres (+14,96%). Y casi todo el paro se ha concentrado otra vez en los servicios (+279.500 parados, +23,91%), mientras apenas creció en el campo (+500 parados en la agricultura, +0,27%) y en la construcción (+7.900 parados, +5,42%) y algo más en la industria (+31.900 parados, +19,78%). Y por regiones, donde más sube el paro (en porcentaje) es en Baleares (+75,2%, +47.200 parados), Madrid (+36,2%, +127.700 parados), Cataluña (+32,56%, +132.100 parados), Navarra (+28,85%, +8.200 parados) y Canarias (+28,33%, +61.600 parados). Y hay 3 autonomías donde ha bajado el paro con la pandemia: Extremadura (-12.200 parados), Murcia (-5.500 parados) y Galicia (-3.200 parados)

A pesar de esta subida desigual del paro, la pandemia no ha cambiado el hecho de que haya 2 Españas para el desempleo. Una España con una tasa de paro insoportable, superior al 20% de personas en edad de trabajar sin empleo en diciembre de 2020: Ceuta (26,74% de paro), Canarias (25,22%),  Melilla (23,63%), Andalucía (22,74%) y Extremadura (21,32%). Y otra España con un nivel de paro europeo: País Vasco (9,96% de paro), La Rioja (10,365), Castilla y León (11,61%), Navarra (11,65%), Galicia (11,66%) y Cantabria (11,79%), según la EPA.

La pandemia ha agravado un problema congénito del paro en España: casi la mitad de los parados EPA no cobran ningún subsidio. Así, a finales de 2020, había 2.381.723 parados que cobraban alguna ayuda (el 52% un subsidio contributivo de 862,5 euros mensuales y el 48% restante un subsidio asistencial de 430 euros). Pero si descontamos las 755.613 personas que estaban en ERTE (y les paga el SEPE), podemos estimar que sólo 1.626.610 parados cobraban el desempleo, el 50,96% de los parados que refleja la EPA.  Y menos que los 1.964.132 parados que cobraban alguna ayuda (el 61,5% de los parados) en 2019.

Esto se debe a que muchos parados han agotado las ayudas por desempleo porque llevan mucho tiempo sin trabajar. De hecho, a finales de 2020, un 40,88% de todos los parados llevaban más de un año sin trabajar, 1.521.000 parados, según la EPA. De ellos, 635.600 llevan entre 1 año y 2 años en paro y otros 885.400 llevan más de 2 años. Y aunque este porcentaje de parados de larga duración ha mejorado algo (eran el 43,45% de los parados en 2019), es todavía un porcentaje demasiado alto y muy preocupante. Primero, porque estos parados tienen menos posibilidades de recolocarse, porque las empresas buscan parados menos “desconectados”. Segundo, porque la gran mayoría de estos parados tienen una baja formación: el 42% de estos parados de larga duración tiene sólo estudios primarios (o ni eso) y otro 28,57% tiene sólo la ESO, según un informe de Trabajo, con lo que el 70% están poco formados, una rémora para colocarse. Y un tercer problema es su edad: el 70% de los parados de larga duración tienen más de 45 años (y lo peor: un 39,8% tienen más de 55 años: no pueden trabajar ni jubilarse).

Visto el panorama que nos deja el primer año de la pandemia, el temor ahora es que el nuevo rebrote de contagios y la 3ª ola agraven la recesión y España crezca poco o nada en este primer trimestre de 2021 y apenas se recupere el empleo. Y que si no se llega a tiempo con las vacunas, se pierda el verano para el turismo, lo que agravaría el problema del empleo y el paro, forzando a ampliar los ERTEs y las ayudas a los autónomos después de mayo. Y habría que mantener las ayudas y la prohibición de despedir (ligada a los ERTES). En cualquier caso, todas las previsiones estiman que apenas se creará empleo en 2021 y que incluso aumentará el paro, porque habrá más personas buscando trabajo.

En cualquier caso, mientras se clarifica el futuro de los contagios y las vacunas, debería aprobarse un Plan de choque contra el paro, que tenga en cuenta la desigual factura de la pandemia en el empleo y el paro. Eso obliga a poner en marcha un Plan centrado en dos frentes. Uno, mejorar la situación de los parados actuales, ampliando los subsidios a los que no cobran nada (en coordinación con el Ingreso Mínimo Vital, que funciona mal) y multiplicando los cursos de formación y las tareas de asistencia personalizada a los parados que lleven más tiempo sin trabajar, para ayudarles a recolocarse a través de las oficinas de empleo (que están saturadas y necesitan más personal y medios). Y el otro frente, articular medidas y bonificaciones para fomentar el empleo de las mujeres, jóvenes y mayores en Canarias, Baleares, Madrid y Cataluña, sobre todo en la hostelería, el turismo, el comercio y las actividades de ocio y cultura, los colectivos, sectores y regiones más dañados por la pandemia. Hacen falta dinero y programas concretos, pactados con las autonomías.

Al final, el primer año de la pandemia ha dejado una factura en empleo y paro, pero no ha sido tan grande como lo es la recesión (se han perdido menos empleos que en 2012) porque se han aprobado ayudas y por el teletrabajo. Pero si la pandemia no se frena y las ayudas se reducen, se disparará la factura y perderemos mucho más empleos en 2021, algo que no podemos permitirnos con más del doble de paro que Europa. Así que Gobierno, autonomías, empresas y sindicatos han de volcarse en no perder más empleos y en empezar a crearlos como sea. Pero para ello, la clave es doblegar los contagios (tenemos que confinarnos en casa dos o tres semanas) y acelerar las vacunas. Dos prioridades sanitarias para salvar vidas y para salvar empleos.

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