Acuerdo UE-Mercosur: una gran oportunidad
Este sábado se firma en Asunción (Paraguay) el Acuerdo
comercial entre Mercosur y la Unión Europea, que se empezó a negociar en
1999. Se crea así la zona de libre comercio más grande del mundo,
con 720 millones de consumidores y la cuarta parte del PIB mundial. Ahora, ambos
bloques bajarán aranceles, con lo que los productos industriales
europeos se venderán mejor en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay y estos
paises nos venderán mejor sus productos, sobre todo alimentos. “Vacas por
coches”, resumen algunos, lo que ha provocado protestas de agricultores
en toda Europa, que temen la invasión de carnes y alimentos
latinoamericanos más baratos y de peor calidad. Pero el acuerdo tiene cupos
de importación y cláusulas de salvaguarda. Los expertos creen que va
a disparar el comercio y la inversión entre los dos lados del Atlántico,
siendo España uno de los paises más beneficiados. Además, el Acuerdo
permite a Europa sellar alianzas geopolíticas en un mundo que se
reparten China y EEUU. Tiene más ventajas que inconvenientes.
Protestas agricultores contra Acuerdo UE-Mercosur EFE
Este Acuerdo
comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil,
Argentina, Uruguay y Paraguay) parecía que no iba a llegar nunca.
Se empezó a negociar en el siglo pasado (en 1999) y hasta 2019 no hubo un
principio de acuerdo, que no cristalizó en un texto firmado por Mercosur y la
Comisión Europea hasta el
6 de diciembre de 2024. En principio, el brasileño Lula da Silva, el
gran impulsor de este Acuerdo, pretendía firmarlo por todo lo alto en Iguazú
(Brasil) el 20 de diciembre, pero unos días antes, la presidenta de la Comisión
le
anunció que no iba a ser posible y que había que dejarlo para enero.
El problema: Francia e Italia, más Polonia, no estaban dispuestos
a firmar el Acuerdo, por la presión de sus agricultores. Lula les
hizo ver que “estaban hartos de esperar a Europa” y las negociaciones internas
en la UE-27 se multiplicaron estas Navidades, hasta que el 9 de enero, un
Consejo de la UE consiguió la luz verde, por mayoría cualificada: el
apoyo de 15 de los 27 paises UE, la oposición de Francia, Polonia,
Austria, Hungría e Irlanda, más la abstención de Bélgica.
El Acuerdo ha sido finalmente posible por las
concesiones hechas a Italia (mecanismo de protección para productos
sensibles, creación de un Fondo de compensación ante posibles desequilibrios del
mercado, refuerzo de los controles fitosanitarios en las fronteras a los
alimentos de Mercosur y promesa de reorganizar los pagos de la política
agraria, la PAC). Pero todavía hay
dos obstáculos internos al Acuerdo en Europa. Uno, que la extrema
derecha europea (grupo “Patriots”) ha prometido denunciar el Acuerdo ante el
Tribunal de Justicia de la UE (lo que podría retrasar su entrada en vigor). Y
el otro, que el Acuerdo tiene que se ratificado por el Parlamento Europeo,
donde se espera una votación ajustada. En cualquier caso, la Comisión sigue
adelante y quiere dar una imagen de decisión política (tras su
paralización ante las amenazas de Trump) firmando
el Acuerdo este sábado en Asunción (Paraguay). En el otro lado, la
incertidumbre está en el futuro papel del ultraderechista Milei en este
Acuerdo.
La esencia de este
Acuerdo comercial entre la
UE y Mercosur es la creación de la mayor zona de libre
comercio del mundo, entre los 27 paises de la UE y los 4 de Mercosur: un
inmenso mercado con 720 millones de consumidores (270 millones
latinoamericanos) y el 25% del PIB mundial. Para ello, ambas partes se
comprometen a reducir drásticamente sus aranceles actuales, la
mayoría en un plazo de 10 años: Mercosur liberalizará el 91% de sus importaciones
de Europa y la UE el 92% de las suyas desde Mercosur. Eso supondrá que los
productos de ambas zonas pagarán muchos menos aranceles (hasta quedarse en cero
en unos años) por sus compras y ventas, lo que en el caso de Europa supondrá un
ahorro de aranceles de 4.000 millones de euros anuales.
La reducción
conjunta de aranceles varía, en porcentajes y plazos, según los
productos. En el sector industrial, Mercosur eliminará progresivamente
aranceles (en 10 años la mayoría) al 92%
de sus importaciones procedentes de la UE-27. Esto beneficiará la entrada en
Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay de productos europeos que hoy se venden
allí con elevados aranceles : automóviles y componentes (35% de arancel),
bienes de equipo y maquinaria (20%), productos químicos y plásticos
(18% de aranceles) y productos farmacéuticos (14%), sobre todo. Además, también
bajarán los aranceles que hoy pagan muchos alimentos elaborados europeos
en estos paises de Mercosur: quesos (arancel del 28%), vino (27%), aceite, bebidas
alcohólicas y lácteos.
A cambio, Europa liberalizará el 82% de las importaciones
agroalimentarias que vienen de los paises de Mercosur, rebajando los
aranceles que ahora tienen en un plazo de 7 años: los que tienen un arancel
inferior al 5% se eliminarán inicialmente, los que pagan entre 5,1 y 10% se
reducirán en 4 años y los que pagan más del 10% se liberalizarán en 7 años, un
plazo en el que entrarán casi libremente las frutas y hortalizas
de Mercosur. También bajan los aranceles a las carnes de Mercosur,
pero con varias
“salvaguardias” para defender a los ganaderos europeos. Una, que
se establece un límite máximo (cuotas) a la cantidad de carnes
que se pueden importar desde Mercosur con bajos aranceles: 99.000 Tm de vacuno
(el 1,5% de la producción total de la UE), 25.000 Tm de carne de cerdo (el 0,1%
de la producción UE) y 180.000 Tm de aves de corral (el 1,3% de la producción
UE). La segunda, que se vigilará el comercio de estos alimentos y si
crece demasiado, se revisará el Acuerdo. Y tercera, que los alimentos
que se importen de paises Mercosur deben cumplir con los estándares de
seguridad alimentaria que exige la UE (se controlará aleatoriamente en las fronteras).
Hasta aquí, el Acuerdo parecería un intercambio de “coches
por vacas”, como resumen las quejas
de los agricultores, que protestan por toda Europa porque saben que
en Mercosur hay explotaciones agrarias y ganaderas muy grandes, con menores salarios
y costes, que utilizan productos fitosanitarios en exceso y podrían
invadir Europa de carnes y alimentos más baratos, pero de baja calidad.
La Comisión
Europea insiste en que la rebaja de aranceles afecta sólo a cupos de
carnes, que se va a vigilar el flujo de entradas (el Acuerdo contempla
frenarlas si se disparan) y que estos alimentos tendrán la misma seguridad
alimentaria que el resto. Y además, añaden que los agricultores europeos podrán
vender en Mercosur los
productos con denominación de origen (357 en toda Europa, 59 en
España), manteniéndola allí, lo que les permitirá vender a precios más altos
desde aceite y jamón español a quesos italianos o vino francés.
Pero el
Acuerdo UE-Mercosur es mucho más que “coches por vacas”. El
Acuerdo abre los paises de Mercosur a los servicios europeos, que
ahora tienen problemas para operar allí, desde los servicios financieros y
las telecomunicaciones, correo y mensajería, los transportes (incluido el
transporte marítimo internacional), el comercio electrónico y todo el negocio
relacionado con las nuevas energías y el medio ambiente. Y algo también muy
importante: el Acuerdo abre los paises Mercosur a los mercados de
contratación pública, que ahora discriminaban a las empresas extranjeras
sobre las locales (para construir una linea de metro o una autopista, por
ejemplo). En tercer lugar, el Acuerdo permite a Europa acceder a minerales y
materias primas críticas (litio) de los paises de Mercosur, un sector
estratégico que hasta ahora intenta copar China (y también Trump).
Y como colofón, dos
cuestiones más de interés.
Una, que el Acuerdo contempla cumplir los objetivos climáticos del
Acuerdo de París (con un compromiso contra las talas masivas y la
deforestación). Dos, que se reducen la burocracia y los procedimientos
aduaneros para el comercio entre los dos bloques, con ayudas para las
pymes europeas, que deberían así aumentar su presencia en los paises de Mercosur.
Las manifestaciones
de agricultores por toda Europa han hecho que la opinión pública dude
de las ventajas del Acuerdo UE-Mercosur. Pero todos los estudios económicos
señalan que el Acuerdo aumentará el comercio entre ambos bloques, con una
mejora de las inversiones, el crecimiento y el empleo, en Europa y en
Mercosur. De entrada, el Acuerdo es también una oportunidad para los agricultores
europeos, porque se abrirá la posibilidad de que vendan más alimentos en
Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, paises que hoy están “cerrados”, por
sus altos aranceles a los alimentos importados (entre el 10 y el 55%), lo que
explica que los productos agroalimentarios sólo suponen el 5% de las
exportaciones UE a Mercosur.
El ejemplo de España es claro: en 2024, sólo
conseguimos exportar productos agroalimentarios a los paises de Mercosur por
valor de 463 millones de euros, mientas las importaciones de Mercosur a España
fueron casi 10 veces más (4.118 millones de euros), según
Agricultura. Ahora, con el acuerdo, la
industria agroalimentaria española espera vender allí más aceite, vino,
quesos, frutas y hortalizas y porcino, aunque también nos llegarán de Mercosur
más carnes y azúcar (Ojo: con cuotas), maíz, miel, frutas y zumos de frutas.
Lo que busca este Acuerdo UE-Mercosur es dinamizar el
comercio y las inversiones entre los dos lados del Atlántico. El
comercio entre ambas zonas podría aumentar en una tercera parte a largo
plazo, según
el Banco de España, mientras la Comisión estima que las exportaciones
europeas podrían aumentar en 84.000 millones de euros y generar
756.000 empleos adicionales. Y otro estudio de
Fedea señala que España será uno de los paises europeos
que más gane con el Acuerdo: el aumento de los flujos
comerciales España-Mercosur podría ser el doble que para toda la UE, por nuestra
excelente posición como nexo entre ambos continentes. Además, se
espera un impulso de las inversiones europeas en Mercosur (y viceversa):
actualmente, la UE es ya el primer inversor extranjero en Mercosur, con
390.000 millones de euros invertidos hasta la fecha.
Con todo, hay un factor clave más de este
Acuerdo UE-Mercosur: Europa reacciona y busca su hueco en la pelea geopolítica
por el reparto del mundo entre EEUU, Rusia y China, sobre todo ahora que
asistimos al furor imperialista de Trump en Latinoamérica. Es
una oportunidad histórica para que Europa influya comercial y
económicamente en esta zona del mundo donde ahora tiene poca presencia:
Mercosur es el 10º socio comercial de la UE (con sólo 55.200 millones
exportados allí en 2024), a pesar de que la UE es el 2º socio comercial de Mercosur
(tras EEUU), con 56.000 millones importados de allí en 2024.
En el caso de España, el desequilibrio comercial
con Mercosur es aun mayor : en 2024 exportamos a estos 4 paises
productos por valor 4.405 millones de euros, lo que supone sólo el
1,14% de todas nuestras exportaciones
(el 1,20% de enero a octubre de 2025), según los datos de Comercio. A lo claro:
exportamos menos a Mercosur (1,2% del total) que a Suiza (1,5% del total),
China (1,9%), Marruecos (3,3%) y EEUU (4,7% del total). Y aunque importamos
de Mercosur más del doble (10.481 millones en 2024), esas compras
suponen sólo el
2,46% de todas nuestras importaciones
(2,25% de enero a octubre de 2025). O sea, que les compramos menos (2,25% del
total) que a Bélgica (2,4% del total), Marruecos (2,3%), Reino Unido (2,4%),
EEUU (6,6%) y China (10,6%).
En definitiva, que si todo va bien, nuestras
exportaciones a Mercosur se pueden disparar y ser un mercado
clave, no sólo para vender coches y alimentos sino para vender
servicios y conseguir contratos públicos, aumentando la inversión española en
la zona, aprovechando nuestro idioma y nuestra posición geográfica de “puente”
con Europa. Por eso, España
tiene mucho que ganar con este Acuerdo, aunque se entiende el
recelo de algunos agricultores y ganaderos a que nos invadan las
carnes, el azúcar y las frutas de Mercosur. De hecho, el estudio de Fedea
señala que nuestra economía crecerá un +0,14% extra el primer año del acuerdo,
un +0,17% el 5º año y un +0,23% extra el año 16º, no sólo por el aumento del
comercio sino también por las inversiones y el acceso a los contratos públicos.
Y hay otra
ventaja geopolítica: se abre una nueva zona económica internacional para
que las empresas españolas (y europeas) completen
su “cadena de producción”, instalando parte de sus procesos de aprovisionamiento
y fabricación y diversificando riesgos al salir de las deslocalizaciones
actuales en Asia y norte de África.
En resumen, que “el parto” del Acuerdo de Mercosur ha
sido tardío y complejo y la criatura nace en medio de tractoradas por toda
Europa. Pero hay que reconocer que es el primer movimiento de los
dirigentes europeos para buscar una salida a su aislamiento económico y
comercial en medio de la guerra entre EEUU y China. Y que tenemos mucho
más que ganar que perder, sobre
todo España, aunque hay que estar vigilantes para no dañar al campo
europeo (y protegerlo y compensarlo por los efectos negativos). No se trata de
un nuevo “Descubrimiento de América”, sino de buscar unos
socios complementarios y fiables con quienes intercambiar productos,
servicios e inversiones. “Descubrirnos” mutuamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario