Y lo peor: un 9% de los más jóvenes (15-24 años) se
ha emborrachado en el último mes (y el 7,5% de los que tienen entre
25 y 34 años), sobre todo en la mitad norte de España, Murcia y las islas. Y se
han dado “un atracón” de alcohol (más de 5 bebidas en 2 horas, la
mayoría cerveza y combinados de botellón) el 18% de los jóvenes de 15 a 19 años
y el 24% de los jóvenes de 20 a 24 años (el 27% de los chicos de esa edad y el 20%
de las chicas). Y un tercio de los jóvenes de 15 a 24 años hacen “botellón”.
Cuando
se les pregunta a los jóvenes por qué beben alcohol, el 52,8%
contesta que “porque es divertido y anima las fiestas”, el 35,1% porque “les
gusta cómo se sienten después de beber “, el 14% porque creen que “es
saludable” y otro 13,6% “para no sentirse excluido y encajar mejor”.
Pero si este consumo de alcohol entre los jóvenes es
preocupante, lo son más los datos de consumo entre los menores de edad, reflejados
en Estudes 2023: 3 de cada 4 menores (de 14 a 18 años) han
bebido alcohol en el último año, el 56,6% lo han bebido en el último mes y
un 28% lo han hecho en modo “atracón” (5 bebidas en 2 horas). Y todavía peor: 1
de cada 3 niños de 12 y 13 años han bebido alguna vez alcohol, según Estudes
2023. Los médicos ya han alertado que cada vez hay más ingresos en
urgencias de menores y jóvenes, por intoxicación etílica. De hecho, en
Castilla y León ingresaron 110 jóvenes en urgencias por alcohol en 2022 y de
ellos, 20 eran menores de 14 años. Y en Madrid, ingresaron en urgencias por
alcohol 1.936 jóvenes en 2023, el 8,3% de ellos menores de edad…
El alcohol es un grave problema de salud pública en
Occidente, según la OMS,
para quien el consumo excesivo de alcohol
está detrás de más de 200 enfermedades y de muchos accidentes y traumatismos.
Consideran probado que el consumo excesivo causa o agrava muchas enfermedades
hepáticas, otras infecciosas (tuberculosis y VIH), enfermedades
cardiovasculares, distintos tipos de cáncer (hígado, mama, esófago,
colorrectal, cabeza y cuello), trastornos de salud mental y comportamiento
(depresión, ansiedad, trastornos alimentarios), así como accidentes
de tráfico (en
un tercio de muertes hay alcohol por medio) y problemas laborales,
sociales y económicos. En España, se tratan unos 25.000 pacientes al
año por alcoholismo, pero algún
experto asegura que el problema es mucho más grave y que “hay 1
millón de españoles que abusan del alcohol”.
Pero si el alcohol es “una droga” social, que
provoca enfermedades y muertes entre los que lo consumen en exceso, es
aún más peligroso para los menores y los jóvenes. La razón, según
los médicos, es que la formación del sistema nervioso central tarda tiempo en
los humanos y el cerebro de un joven no se termina de formar hasta los 21 o 23
años: el alcohol en edades tempranas
afecta a su “córtex cervical” y deteriora sus neuronas y su capacidad cognitiva,
dañando sus capacidades (son “más torpes”). Además, les afecta también más al
corazón, generando “cardiopatías” en edades tempranas. Y este
daño mental y físico se
agrava si los jóvenes consumen también drogas junto al alcohol, en
especial marihuana, cocaína o éxtasis. De hecho, el consumo del alcohol “desinhibe”
y “normaliza” el uso de otras drogas (y también
tabaco), dañando más la salud de los jóvenes. Una cuestión preocupante
porque un
tercio de los jóvenes reconocen “policonsumo” de 2 o 3 sustancias
(alcohol, marihuana y cocaína) en el último mes.
Cada cierto tiempo, el elevado consumo de alcohol entre los
jóvenes salta a la actualidad y el Gobierno de turno se plantea “tomar medidas”.
En este siglo, ha habido 3 intentos “fallidos”. El primero, en
2002, con el Gobierno Aznar, cuando su ministro Rajoy
(Interior) presentó un proyecto de Ley para frenar el consumo de alcohol
entre los jóvenes, Se aprobó, pero la normativa concreta, vigilancia y control
quedó en manos de las autonomías (17 estrategias diferentes y poco eficaces).
La segunda, en 2007, cuando el Gobierno
Zapatero retiró una Ley para reducir el consumo de alcohol “para
evitar que fuera un instrumento de confrontación electoral”. Y la tercera, en
2018, cuando la moción de censura y la caída del Gobierno Rajoy impidieron
aprobar una Ley ya pactada contra el botellón y el consumo de alcohol entre
los jóvenes. Ahora, el Gobierno Sánchez hace el 4º intento, con la
aprobación (Consejo
de ministros 13 marzo) de la Ley de prevención del consumo de alcohol en
menores.
Esta Ley, presentada tras 7 meses de consultas y
alegaciones, tiene tres
puntos básicos. Uno, que prohíbe el consumo de alcohol a menores
de 18 años, algo que ahora sólo está regulado en la mitad de autonomías (es
ilegal su venta, pero no su consumo). Significa que ahora habrá (si se aprueba
la Ley en el Parlamento) una prohibición estatal al consumo, con fuertes multas
a los infractores y que habilita a las fuerzas de seguridad a hacer controles para
hacer cumplir esta prohibición. El 2º cambio es que no se podrá vender alcohol
(ni a adultos) en centros educativos (salvo Universidades) o de ocio que tengan
como público mayoritario a menores de edad. Y el 3º, que se restringe aún
más la publicidad del alcohol: prohibida en la vía pública y en locales
(terrazas, mesas, toldos…) próximos (150 metros) a colegios y lugares donde
haya menores, así como la publicidad y el patrocino de las bebidas “00 alcohol”
(Tanqueray 00 ha sido patrocinador
del Atlético de Madrid…), salvo la cerveza y el vino 00.
Otra novedad de la Ley es que incluye
programas de prevención y rehabilitación para los menores que consumen
alcohol (y sus familias), incluyendo un protocolo para los hospitales
que detecten intoxicación etílica en menores (tendrán que informar de ello y
podría incluirse en la historia clínica del menor), algo que ahora no se hace.
Y también contempla la Ley programas de concienciación sobre los
peligros del alcohol para incluirlos en el sistema educativo, desde el colegio
hasta la Universidad. Pero hay
una pega: la Ley no contempla recursos ni inversiones para
poner en marcha estas medidas, que se tendrán que aplicar “sin aumentar el
gasto sanitario y educativo”, para no enfrentarse a las autonomías…
Los médicos y expertos ven
un gran avance en esta Ley, si finalmente se consigue aprobar en
el Parlamento, algo que el Gobierno Sánchez espera, porque está basada en un
informe aprobado por unanimidad de todos los partidos en abril de 2018, en la
Comisión Mixta Congreso-Senado, informe que era la base de la Ley de 2018 que cayó
por la moción de censura (pero ojo: la polarización podría bloquear ahora la
Ley). Pero critican
que se ha quedado corta en varios puntos. Por un lado,
mantiene lo del “consumo responsable”, que es una falacia (se
mantiene por exigencia de las normas europeas), y no se obliga a incluir mensajes
de advertencia claros sobre los daños a la salud en las botellas (como
se hace con el tabaco). Además, no queda claro cómo se controlará la publicidad
en Internet y los influencers (algunos de ellos reiteran las “ventajas” del alcohol). Y, sobre todo, no se suben los impuestos al alcohol,
la medida básica propuesta por la OMS.
Y la realidad es que España tiene los impuestos al
alcohol más bajos de Europa, lo que es un gran aliciente para el
consumo. En el caso de bebidas con 40% alcohol, el
impuesto medio en la UE-28 era (en 2021) de 5,13 euros por botella
(700 ml), el doble que en España (2,69 euros por botella), el 6º país
por la cola en impuestos al alcohol (sólo menos que Chipre, Hungría,
Croacia, Rumanía y Bulgaria), la quinta o sexta parte del impuesto que paga el
alcohol en Finlandia (14,10 euros por botella), Suecia (13,80), Irlanda
(11,92), Reino Unido (9,05). Y muy por debajo también del impuesto en Bélgica
(8,38 euros por botella), Grecia (6,86), Francia (5,05), Paises Bajos (4,72),
Portugal (3,88), Alemania (3,65) e
Italia (2,90). En el caso de la
cerveza , la media europea son 0,14 euros de impuestos (por
botella 330 ml) y en España son 0,03 euros (como Alemania), lejos de los
o,63 euros de Finlandia y los 0,13 de Francia. Y también en el vino,
España cobra el mínimo impuesto europeo permitido.
Los expertos que asesoraron a Hacienda para elaborar una
reforma fiscal (pendiente) ya apostaron por subir el impuesto al alcohol, la cerveza
y el vino, no sólo para frenar el consumo sino para aumentar la recaudación: España
recaudaría 1.000 millones de euros más al año si gravara el alcohol con la
media de impuestos que tiene en Europa. Un dinero que permitiría gastar
más en prevención y tratamientos, porque apenas hay unidades de tratamiento del
alcoholismo en los hospitales públicos. Y esta
“adicción” apenas se trata en los Centros de Salud, porque
faltan protocolos y porque la mayoría de pacientes afectados no reconocen
que beben demasiado, porque supone “un estigma social”.
En resumen, que tenemos un problema de salud pública, el consumo
excesivo de alcohol, algo que está
“normalizado” socialmente y que provoca o agrava numerosas enfermedades y
muertes. Pero el problema más grave lo tenemos con los jóvenes, que beben
cada vez antes y de forma acelerada, con miles
de botellones en toda España y cada vez más accidentes o visitas a
urgencias. Urge aprobar cuanto antes la Ley para que haya una misma
regulación en toda España, pero hay que ser firme en aplicarla y dotar de
recursos a las autonomías para que hagan políticas de prevención y rehabilitación,
sin dejarse presionar por la industria de las bebidas, los
hosteleros y los publicitarios. Y tenemos que subir los
impuestos al alcohol, para que España no siga siendo el
destino turístico preferido de los bebedores europeos. También necesitamos campañas
públicas para que los jóvenes y el resto entendamos que se puede
disfrutar sin emborracharse.
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