lunes, 5 de diciembre de 2022

El "pinchazo" de las tecnológicas

En noviembre estalló la crisis de las grandes empresas tecnológicas, desde Meta (Facebook) a Twitter y Amazon, que han anunciado despidos masivos para afrontar una gran caída de ingresos y beneficios, mientras sus acciones se han desplomado en Bolsa (perdieron 500.000 millones de euros en una semana). Se “pincha” así “la burbuja” de las grandes tecnológicas, que hicieron su agosto con la pandemia, disparando en 2020 y 2021 sus plantillas, inversiones y beneficios. Pecaron de optimismo y ahora les toca el ajuste interno, “desinflar” la burbuja. Pero no se trata de una crisis de fondo, porque estas empresas siguen siendo las mayores del mundo y las que tienen más futuro. Eso sí, tendrán que hacer cambios en su modelo de negocio, afrontando una mayor regulación de los Gobiernos y más competencia, así como unas relaciones laborales más conflictivas (ya les han  llegado los sindicatos y las huelgas). Así que estamos ante una crisis coyuntural de las tecnológicas, para reajustarse antes del próximo salto.

Enrique Ortega

Las grandes empresas tecnológicas ligadas a Internet han tenido un crecimiento imparable en este siglo, superando con creces la crisis de las “punto.com” , que estalló en marzo de 2000 (y provocó una caída del Nasdaq del -78% en año y medio). A partir de esa primera “purga”, se fueron consolidando las empresas más competitivas del sector. Y en 2020, las tecnológicas eran ya las mayores empresas del mundo, superando a las empresas líderes del siglo XX, las petroleras, automovilísticas y bancos: Apple sobrepasó a la petrolera saudí Aramco como la empresa con más valor en Bolsa del mundo en 2020. Y en 2021, 7 de las 10 mayores empresas del mundo (por capitalización en Bolsa) eran tecnológicas: Apple (1ª, con 2,60 billones de euros de valor, más del doble del PIB español), Microsoft (2ª, con 2,27 billones de euros), Alphabet-Google (3ª, con 1,65 billones), Amazon (5ª, tras la petrolera Aramco, con 965.073 millones de euros de valor), Meta-Facebook (7ª, tras Tesla, con un valor de 844.003 millones de euros), Nvidia (circuitos y procesadores, la 8ª en el ranking, con 663.563 millones € de valor) y la taiwanesa TSCM (semiconductores), la única gran tecnológica no estadounidense (10ª en el ranking, tras la financiera Berkshire, con 510.577 millones de euros de valor).

Si las tecnológicas ya eran grandes en 2019, la pandemia les permitió dar un salto de gigante, gracias a que los confinamientos dispararon la conectividad y el uso de Internet, el ocio digital y, sobre todo, el comercio online. Eso provocó un fuerte aumento de sus inversiones y de sus plantillas, a lo largo de 2020 y 2021. Un ejemplo: Amazon duplicó su plantilla en 2020, pasando de 798.000 empleados a 1,6 millones. Y gracias a este “tirón del negocio” por la pandemia, las tecnológicas duplicaron también ingresos y beneficios, disparando su valor en Bolsa. Otro ejemplo: Apple pasó de valer en Bolsa 1,16 billones de euros en 2019 a 2,60 billones de euros a finales de 2021… Y conjuntamente, las cinco grandes tecnológicas (Apple, Microsoft, Google, Amazon y Facebook) duplicaron con creces su valor en Bolsa entre 2019 (4,76 billones) y 2021 (10,13 billones de euros), según Bloomberg.

Así que las tecnológicas construyeron “otra burbuja” con la pandemia, que estalló en la primera semana de noviembre, al presentar sus resultados de 2022 (enero-septiembre). La nota común era una fuerte caída de ingresos, que también lo era de beneficios. En conjunto, las 5 grandes tecnológicas USA (Apple, Microsoft, Google, Amazon y Meta/Facebook) ganaron un 19,3% menos que en los 9 primeros meses de 2021, pese a que sus ingresos aumentaron globalmente un 9,2% (menos que el año pasado). Todas ganaron menos, pero el mayor recorte de beneficios lo tuvieron Amazon (pérdidas de -3.015 millones, las primeras desde 2015, frente a 19.137 millones ganados entre enero y septiembre de 2021), Meta (18.641 millones de beneficio, una caída del -36,2% este año), Google (46.582 millones de beneficio, una reducción del  -16,3%), Apple (65.502 millones, una caída del -1,1%) y Microsoft (51.186 millones de beneficio, una caída del 0,9% sobre el año pasado).

A raíz de estos resultados, los inversores se lanzaron a vender y las acciones tecnológicas se desplomaron en Bolsa (Nasdaq): el valor de los cinco gigantes (FAANG) cayó en 500.000 millones de euros sólo en la primera semana de noviembre. Y al 10 de noviembre, la cotización de las tecnológicas caía entre un -20% y un -54% desde enero de 2022. Y la caída bursátil ya revelaba que los inversores seleccionaban sus ventas, porque el desplome no ha sido igual para todos: los que más han sufrido la caída de cotización han sido Shopify (empresa canadiense de comercio electrónico : cayó un -74%), Peloton (la empresa de bicicletas estáticas que se hizo de oro con la pandemia: cayó un -71%), Meta (Facebook, WhatsApp, Instagram, con una caída de cotización del -67%), Zoom (la App de videochats cae un 55%), PayPal (pagos online: -55%), Netflix (-54%), Nvidia (microprocesadores: -48%), Intel (-44%), Amazon (-43%) y Google (su cotización cayó un -35%), siendo las que menos han perdido en Bolsa este año Microsoft (-27%) y Apple (-20%), según Bloomberg. Twitter fue sacada de Bolsa por Elon Musk el 27 de octubre, antes de la debacle, pero aun así perdía un -30% de su valor sobre el máximo que alcanzó en marzo de 2021.

Ante este desplome en Bolsa, las tecnológicas más afectadas se apresuraron a anunciar despidos en sus plantillas, para “calmar a los mercados”. El primero en anunciar un drástico ajuste fue Twitter, que se descolgó con el despido de 3.700 empleados (la mitad de la plantilla) y condiciones laborales más duras para el resto. Luego Meta anunció el despido de 11.000 empleados, el 13% de la plantilla. Y Amazon no desmintió la información periodística de que va a despedir a 10.000 empleados (el 3% de sus trabajadores fijos y un 1% de la plantilla total). Pero ojo: otras tecnológicas ya están despidiendo desde el verano, sobre todo en octubre: suman ya 137.000 despidos, en 859 compañías, entre ellas Peloton (4.000 despidos), la aplicación de mensajería Snapchat (1.000 despidos, el 20% de la plantilla), la plataforma de comercio electrónico Stripe (1.000 despidos), Microsoft (otros 1.000), Netflix (500 despidos) o Lyft (rival de Uber, 700 despidos más)…

¿Qué ha pasado para que estalle esta burbuja? Hay varias causas. La primera y fundamental, el final de la pandemia (de lo peor al menos) y la crisis provocada por la inflación y la guerra de Ucrania, que han reducido las compras (sobre todo el comercio electrónico) y el gasto tecnológico de particulares y empresas, desde el menor uso de los videochats o la TV a la carta a la venta de software, productos y servicios. Otro factor clave ha sido la caída del mercado publicitario online (la base del negocio, sobre todo de Google y Meta) por un menor gasto de los anunciantes (agobiados por la inflación y los costes) en webs y redes sociales y por el menor crecimiento del comercio electrónico. Una caída publicitaria agravada por la decisión de Apple de bloquear las cookies de terceros en sus dispositivos (usados por 860 millones de personas), a la que se unirá Google con Chrome en 2024.

Junto al final del “tirón” por la pandemia y “la vuelta a la normalidad”, otro factor que ha sido clave en esta crisis es la subida de los tipos de interés. Las grandes tecnológicas se han beneficiado más que nadie (junto a las inmobiliarias) del dinero barato (tipos cero) que hemos tenido desde 2008 y más recientemente desde 2020. Y eso porque el valor de las tecnológicas se calcula sobre sus previsiones de ingresos a medio plazo y esos ingresos potenciales se reducen cuando suben los tipos. Además, estos años pasados, con los tipos bajos, las tecnológicas han sido una atractiva inversión, que se reduce si suben los tipos y hacen más atractivas otras inversiones, como energéticas o banca. Y además, si suben los tipos, se encarece el capital, lo que obliga a las tecnológicas a recortar sus proyectos futuros. Por todo ello, las 6 subidas de tipos en EEUU este año (la primera en marzo y la última en noviembre), del 0 al 4%, ha sido “la puntilla” para las tecnológicas.

Además de estas causas globales, hay factores concretos que explican la mayor o menor crisis de algunas tecnológicas. Es el caso de Meta (Facebook, WhatsApp e Instagram), donde los inversores no acaban de entender “la apuesta por el Metaverso” y que se siente especialmente dañada por la caída de la publicidad online y la creciente competencia de la red china TikTok. En el caso de Twitter, el revuelo y la desorganización desatada por su nuevo dueño, Elon Musk, hace dudar sobre su viabilidad futura y está provocando que muchos usuarios busquen redes alternativas. Máxime tras la reciente advertencia de la Comisión Europea que exige  a Twitter, para cumplir las normas UE,  contar con más personalpara reforzar la moderación de contenidos y proteger la libertad de expresión”.

En el caso de Amazon, se ha visto especialmente afectada por la caída generalizadas del consumo (por la inflación) y   el aumento de costes derivado de la energía, así como por el desplome de Rivian, la fabricante de vehículos eléctricos USA donde participa. Y también le afecta la mayor competencia en su negocio internacional de instalaciones en la nube (AWS), donde se están volcando Google y Microsoft, que también sufren ahora el recorte mundial de clientes en la nube. Apple sufre la menor demanda de sus dispositivos (por la crisis) y los problemas de escasez de semiconductores y la menor operatividad (por la política de COVID cero) de sus plantas en China. Google ha conseguido mejorar sus ingresos publicitarios, a pesar de la caída generalizada, pero sufre el aumento de sus costes operativos y la falta de ingresos extraordinarios que ha tenido en el pasado. Y Netflix trata de recuperarse de la pérdida de suscriptores introduciendo publicidad.

¿Y ahora qué? Los expertos creen que el “pinchazo” de las tecnológicas va a ser pasajero, que van a tratar de reajustar” su negocio, tras dos años en que “han pecado de optimismo”. Pero casi nadie piensa que se trate de una crisis de fondo. Y la mayoría de expertos creen que el sector tecnológico se va a recuperar, tras unos meses de “duro aterrizaje” en la nueva realidad, que costará beneficios y despidos. El argumento clave es que la tecnología va a seguir siendo clave para la economía a medio plazo y que tanto los consumidores como las empresas seguirán confiando en las tecnológicas en el futuro. Eso sí, tendrán que hacer cambios en su modelo de negocio.

El primer gran cambio que saldrá de esta crisis es que aumentará la competencia, ya no podrán seguir como “monopolios intocables”, que imponen sus condiciones al mercado y cuando alguien les hace sombra lo compran. Seguirán intentando imponer su poder, pero cada vez tendrán enfrente más competidores. Es algo que ya sucede, porque el sector acapara el interés de muchos inversores. Un dato: ya hay 332 empresas tecnológicas que son “unicornios”, con un valor que supera los 1.000 millones de dólares. Muchas de ellas desaparecerán por el camino, pero alguna sobrevivirá y hará la competencia a las Apple, Amazon, Google, Meta o Microsoft de ahora. Y esa creciente competencia les va a obligar a gestionar su negocio de otra manera, con menos “prepotencia”.

Otro cambio que va a cambiar el negocio es la creciente regulación de los Gobiernos  sobre las tecnológicas. Ya hoy, los grandes de Internet están siendo vigilados de cerca por el Gobierno norteamericano y el Congreso, mientras Europa ha aprobado una regulación mucho más intrusiva que la norteamericana, proliferando los expedientes y multas a las tecnológicas. Y esto va a ir a más, en un intento de “poner coto” a su inmenso poder. Eso va a condicionar su operativa y su modelo de negocio, esperemos que en nuestro beneficio. Porque la actitud de los usuarios es de mayor vigilancia hacia su operativa, hacia la utilización en su beneficio de  nuestros datos, hacia una mayor defensa de nuestra privacidad.

Y un tercer cambio clave tendrá que darse en su modelo de relaciones laborales, hasta ahora basado en “el buenismo” (son empresas que presumen de "cuidar" a sus empleados y ponerles zonas de ocio en el trabajo) y la falta total de derechos laborales: ni sindicatos, ni contratos en muchos casos (muchos temporales) y cláusulas de confidencialidad abusivas. Esto se ha visto claramente con los últimos despidos, donde Twitter , por ejemplo, no ha respetado preavisos ni normas laborales. Son millones de trabajadores casi sin derechos, controlados por algoritmos, que han empezado a defenderse y que antes o después se organizaran globalmente, como sus empresas. De hecho. Amazon ha sufrido este Black Friday la primera “huelga mundial, convocada en 40 países

A partir de ahora, las tecnológicas tendrán que relacionarse de otra forma con sus trabajadores, al igual que con las empresas de la competencia, los Gobiernos y los inversores, con menos prepotencia y más visión a largo plazo. El futuro es suyo, pero no está asegurado: tienen que destinar recursos y medios a investigar, a innovar, cambiando estrategias cuando sea necesario y sin trampas para hundir a la competencia, sin abusar de los clientes. Y sabiendo que sólo los más agiles y mejor preparados sobrevivirán en este camino, donde las grandes tecnológicas del futuro quizás no hayan nacido aún. Porque sería peligroso que a mediados de este siglo XXI, las grandes empresas del mundo fueran las mismas que ahora.

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