miércoles, 6 de marzo de 2013

Se dispara la factura del petróleo


En plena recesión, España consume más energía que nunca: en 2012 nos hemos gastado 45.500 millones en importar petróleo y gas, la mayor factura de nuestra historia. Y no sólo eso: gastamos en energía siete veces más que en 2005, importamos las tres cuartas partes (y el 99,8% del petróleo y gas) mientras Europa importa sólo la mitad  y la gastamos peor, con menos eficiencia que los países con los que competimos. Bruselas está obsesionada con que Europa ahorre un 20% de energía para 2020, pero el Gobierno Rajoy está haciendo recortes en los planes de ahorro y no cumple con las Directivas europeas. La factura energética, 125 millones al día, es un lastre para salir de la crisis. Hay que ahorrar energía (en transporte, coches, industria y viviendas) y fomentar energías propias (hidráulica, nuclear y renovables), para que la factura energética no se coma lo que ingresamos por turismo.
 
enrique ortega

España ha sufrido 5 crisis energéticas serias (1973, 1979, 1990, julio 2008 y febrero 2011), pero sigue consumiendo energía como si nada. En 2012, hemos importado petróleo, gas, carbón y electricidad por valor de 61.948 millones de euros, la cuarta parte de todas las importaciones españolas. Y contando la energía exportada, el agujero, la factura energética ha sido de 45.507 millones de euros, un 13,9% más que en 2011. Un récord histórico, causando porque hemos importado más petróleo (+12,5% en Tm) antes que porque se haya disparado su precio (subió 2,5 dólares/barril en 2012). Con ello, la energía nos cuesta ya más que la educación (44.000 millones), casi el doble que el desempleo (28.800 millones) y cerca del coste de la sanidad (55.000 millones). Y dedicamos a pagarla más divisas de las que ingresamos por el turismo (43.307 millones netos en 2012).

El problema no es sólo que la energía suponga una factura desorbitada. Además, se ha disparado en las dos últimas décadas: de 5.810 millones en 1995 a 33.815 millones en 2007 y 45.503 en 2012. O sea, se ha multiplicado por 7,8 veces, cuando la economía sólo ha duplicado su tamaño (PIB: +49,1%). Y España tiene un déficit energético del 4,5% de su producción (PIB), el doble que la media europea (2,2%). Y eso, porque, a pesar de la crisis, importamos el mismo petróleo que en 2008 (58.697 Tm) y lo pagamos al triple de precio (112 dólares a finales 2012 frente a 36 dólares a finales 2008).

Otro problema es que además de consumir mucha energía y cara, las tres cuartas partes viene de fuera, hay que importarla: un 75,6% (2011), mientras que en Europa sólo importan un 50%. Eso se debe a que algunos países tienen petróleo (Reino Unido, países nórdicos) o gas (Holanda, Noruega) y en otros hay un mayor peso de energías propias, ya sea nuclear (41,2% de la energía en Francia), renovables (24,8% en Austria) o un mix de ambas (Alemania, Suecia). Pero en España, el petróleo y el gas suponen un 70 % de la energía consumida y se importan en un 99,8%. Con ello, somos el quinto país europeo con más dependencia energética del exterior. Y además, estamos en manos de países geopolíticamente peligrosos: importamos un 58% del petróleo y un 71% del gas de África (Nigeria, Libia, Argelia) y Oriente Medio (Arabia Saudí, Irak, Irán y Quatar), dos zonas potencialmente conflictivas.

El tercer problema es que además de consumir mucha energía importada, la gastamos mal: necesitamos más energía que el resto de Europa para producir lo mismo, somos un 15% más ineficientes que la media UE. Y las industrias españolas consumen tres veces más energía que las de los grandes países con los que competimos (Alemania, Francia o Italia).

Una factura energética desmesurada e ineficiente que no se va a rebajar en los próximos años vía precios: se espera que el consumo de energía siga creciendo en el futuro (por la mayor demanda de China y países emergentes), con lo que el petróleo (y el gas) seguirá subiendo, hasta los 200 dólares barril en 2030 (ahora está en 112), según la AIE.

Sólo quedan dos caminos para rebajar la factura energética: gastar menos (ahorrar energía) y fomentar las energías propias (hidráulica, nuclear y renovables: solar, eólica, biomasa…). Bruselas está obsesionada con que Europa ahorre y ha trazado un objetivo: recortar un 20% el consumo para 2020. El Gobierno Zapatero se despidió (julio 2011) aprobando un Plan de Ahorro 2011-2020, que pretendía ahorrar 7.800 millones al año invirtiendo 4.500 en ahorro y eficiencia (500 la Administración). Un Plan modesto que el Gobierno Rajoy está frenando con sus recortes: en enero y febrero ha suprimido 200 millones de ayudas a programas de ahorro y ha quitado otros 150 millones a otros cofinanciados con las autonomías. Además, boicotea las normas europeas de ahorro: no ha traspuesto la Directiva europea que obliga a las viviendas a tener una etiqueta de eficiencia energética desde 2007 (Bruselas ha llevado a España al Tribunal de Luxemburgo) y en octubre de 2012 votó en contra de una nueva Directiva de eficiencia en edificios públicos, alegando el déficit público.

La consecuencia es que está ahogando a una incipiente industria, las empresas de eficiencia energética, que ofrecen su servicio sin coste: hacen planes de ahorro y cobran de lo que se ahorren de luz, gas y petróleo la Administración, empresas y particulares. Si el Estado no apuesta por el ahorro y la eficiencia energética, menos las empresas y los particulares, ahogados con la recesión. Y menos si el Gobierno no fomenta el ahorro de electricidad, para proteger a las eléctricas: si se reduce el consumo de luz, el sistema ingresa menos y sube el déficit de tarifa, con lo que el Gobierno tendría que subir la otra mitad del recibo (los costes regulados) para compensarlo. Y no es políticamente correcto. Así que si no baja el consumo de luz, mejor porque así el Gobierno tiene que subirla menos.

Para ahorrar energía, hay que ver quién la consume: un 39,3 % el transporte, un 30% la industria, un 17% las viviendas, un 10% los servicios y un 3,7% la agricultura. El mayor esfuerzo hay que hacerlo en el transporte, no sólo porque gaste más, sino porque el 95,9% de su consumo es petróleo (99,8% importado). Las medidas a tomar son claras: menos camiones (83% transporte mercancías en España y 45% en la UE-27), más tren (3% frente a 10,7% en Europa) y más barco (10% frente a 37,2% en la UE), además de renovar el parque de automóviles (40% tienen más de 10 años y consumen un 15% más) y potenciar las flotas públicas y empresariales de coches híbridos y eléctricos. En las industrias, más ayudas a la reconversión energética. En las viviendas, subvenciones al aislamiento, bombillas y electrodomésticos de bajo consumo. Y en las administraciones y el alumbrado público, planes decididos de ahorro. En todos los casos, la inversión se paga con el ahorro conseguido.

Hay que tomarse en serio la cruzada contra el gasto de energía: no podemos gastar 125 millones al día en comprar fuera petróleo, gas y electricidad. Es un lastre para el Estado, las empresas y los consumidores que nos dificultará aún más salir de la crisis. Hace falta un pacto político para rebajar la factura energética, tan necesario como los pactos por el empleo y la defensa del Estado del Bienestar (sanidad, educación y dependencia). Y hay que hacerlo ya, porque las medidas surten efecto en diez o veinte años. Y si no lanzamos ya esta cruzada energética, la sexta crisis energética (que llegará) nos pillará a contrapié. Y será tan grave como la de las hipotecas basura o la del ladrillo. Ya la sufrimos en 1973 y 1979. Evitémos que sea peor esta vez. 

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