miércoles, 20 de febrero de 2013

En busca de la industria perdida


Esta crisis que nos asfixia es fruto del estallido de dos burbujas: una internacional, la burbuja financiera con epicentro en EEUU  y otra española, la burbuja del ladrillo. Mientras el mundo se recupera (lentamente) de la primera, España no busca un nuevo modelo de crecimiento, que sea una alternativa a la construcción. Salir de la crisis pasa por reanimar la industria, la gran pagana del “milagro español” de los últimos 25 años: pasó de ser el 23% de la economía al 12%. Hay que recuperar la industria perdida, porque es la base de la riqueza y el empleo, como demuestran Alemania y el País Vasco, con más industria que el resto. Eso obliga a gastar más en formación y tecnología, dar más créditos y ayudas a industrias con futuro, promover  empresas más grandes y apostar por el diseño y la calidad. Cambiar el ladrillo por la industria y la tecnología, los motores para salir de la crisis.
enrique ortega

En los últimos 25 años (1985-2010), España ha duplicado su producción, gracias a una fuerte inversión en vivienda e infraestructuras, que hemos pagado con una enorme deuda que todavía nos ahoga (2,8 billones, de los que aún debemos casi un billón). Los motores del “milagro español” han sido la vivienda (35% de la inversión) y las infraestructuras (30%), que explican por sí solas más de la mitad del crecimiento, repartiéndose el resto a medias entre el comercio y la hostelería y los servicios públicos (Estado del Bienestar). Un crecimiento apoyado en el cemento, el ladrillo y los servicios que ha marginado a la industria, hundida en el proceso: pasó de aportar el 23% del crecimiento en 1985 al 12,3% en 2010, según el interesante libro sobre nuestro modelo de crecimiento escrito por tres economistas de CCOO (descargar gratis aquí).

La industria fue, con el turismo, la protagonista del anterior milagro español, el desarrollismo de sesenta, empujada por grandes empresas públicas de automoción (SEAT), siderurgia (ENSIDESA), naval (Astilleros), defensa (Bazán, Santa Bárbara), electricidad (ENDESA), energía (INH-Repsol), aluminio (ENDASA), celulosa (ENCE), fertilizantes(ENFERSA) o turismo (ENTURSA),englobadas en el INI. En 1970, la industria representaba un 40% de la economía. Pero llegaron las crisis energéticas de 1973 y 1979 y el gigantismo industrial del franquismo hizo aguas, obligando a una dolorosa  reconversión industrial a partir de 1983. Y después, su protagonista, el ministro Solchaga, ya en Economía, puso en marcha un modelo de desarrollo especulativo (“España es el país donde más dinero se puede ganar a corto plazo”, dijo en febrero de 1.988) que sentó las bases de una economía apoyada en el cemento (infraestructuras públicas), el ladrillo y las finanzas. Y la industria cayó a la mitad, aportando sólo el 23 % del crecimiento en 1.985 (25,6% con la energía).

Tras dos burbujas del ladrillo (1.985-1.991 y 1.998-2008), el peso de la industria volvió a caer otra vez a la mitad, aportando un 12,9% en 2007 (15,5% con la energía), mientras la superaba la construcción (pasó de suponer un 6,3% de la economía en 1985 al 12,4% en 2007) y seguía aumentando el peso de los servicios (del 51 al 59,4% en 2007). La crisis fue la puntilla a la industria, en toda Europa pero más en España, donde la producción industrial ha caído en cuatro de los últimos cinco años (-38,1%). Y así, en 2011, el peso de la industria era del 12,3% (15,5% con la energía), por debajo de la media europea (18,3%) y muy alejado del peso de la industria en Alemania (23,5%), Italia (18,8%) o Suecia (19,7%).

Con la crisis, han cerrado una de cada cinco industrias y sólo un 7% de empresas se dedican a actividades industriales. Algo especialmente grave, porque la industria es un sector con más ventajas económicas que el resto, como resume un informe de PWC: crea más riqueza por empleado (68.000 €, frente a 50.000 en los servicios), ha perdido menos empleo (-895.500, uno de cada cuatro, frente a -1.619.100, dos de cada cuatro en la construcción), con menos paro (un 12,3%, frente al 26% de la economía) y empleos de más calidad (83,2% son fijos, frente al 73% global), es un sector muy exportador (aporta el 88,6% de las exportaciones españolas), el que más invierte en tecnología (casi la mitad del total en I+D+i, cinco veces lo que el resto por cada euro ingresado) y tiene un gran efecto de arrastre sobre el resto de la economía, especialmente los servicios.

Por ello, se cumple el axioma de que a más industria, más riqueza. Es el caso de Alemania y en España, de dos autonomías con más industria que el resto: País Vasco (27% industria) y Navarra (23%), que tienen casi la mitad de paro (15,93% Euskadi y 17,15% Navarra), los salarios más altos, las mejores pensiones y la mayor renta per cápita (31.288 € y 30.068, frente a 23.271 € de media en España), básicamente por su mayor desarrollo industrial y tecnológico (también por el concierto económico), que contrasta con la escasa industrialización de Canarias (7% industria), Andalucía o Extremadura (10%), las autonomías con más paro y menos renta, no por casualidad.

Para salir de la crisis, España tiene que cambiar su modelo productivo y recuperar la industria, como motor de la recuperación. Ello exige tomar distintas medidas. La principal, apoyar a la industria desde el Estado con formación y tecnología: España gasta menos en I+D+i que el resto de Europa (1,39% del PIB frente al 2,09) y, sobre todo, las empresas españolas gastan en tecnología la mitad que las europeas. Además, la industria necesita para sus inversiones ayudas y financiación (créditos ICO), hoy cara y escasa. Y  hay que ayudarlas con la exportación y los costes, no sólo salariales (se han moderado desde 2010), sino los demás, desde la burocracia y la logística (ferrocarril, puertos) hasta la energía, un verdadero problema para la mitad de las industrias, porque es un 15% más cara que en Europa. Y moderar los precios (márgenes), que han subido en España (1.992-2011) un 18,4% más que en la zona euro, donde exportamos dos tercios de nuestros productos.

Otro punto clave es conseguir unas industrias más grandes: en España hay demasiadas pymes (95% empresas con menos 10 empleados) y pocas grandes empresas (sólo el 0,2% tienen más de 200 empleados). Sólo tenemos 3.305 empresas con más de 250 trabajadores (0,1%) cuando en Alemania hay 8.995 (0,5%). Y este raquitismo empresarial tiene negativas consecuencias, porque las grandes empresas son más productivas, más innovadoras, más propensas a exportar y con empleo más estable. La prueba es que si España tiene un 20% menos de productividad que Alemania es por las pymes, ya que nuestras grandes empresas son más más productivas que las alemanas, según un estudio de La Caixa. Para conseguir industrias más grandes, el Gobierno debe modificar la inspección fiscal (se vigila más a las más grandes), el régimen de ayudas (muchas se pierden por tener más de 250 empleados) y facilitar con créditos y fiscalidad la fusión de empresas.

Al final, la Comisión Europea acaba de descubrir que hace falta reindustrializar Europa para salir de la crisis, lanzando como objetivo que alcance un 20% de peso en la economía. En España, el Gobierno Rajoy no tiene política industrial (liberales ellos, piensan que “la mejor política industrial es la que no existe”) y lleva dos años recortando el presupuesto de Industria (-25% entre 2012 y 2013). Pero no hay país cuya industria avance sin un empujón público. Hay que ayudar a los sectores clásicos: automóvil (España es el 2º fabricante europeo), bienes de equipo, metal y máquina herramienta (terceros fabricantes de Europa), industria química y farmacéutica, textil, calzado y cerámica… Y, sobre todo, apoyar a nuevos sectores con futuro: aeroespacial (somos 5º fabricante europeo), biotecnología, TIC y contenidos digitales, industrias del agua y medioambientales, energías renovables, agroalimentación, material de transporte (AVE), industria de la salud y nuevos materiales

Es hora de apostar de verdad por la industria para salir de la crisis, buscando nuestro hueco en Europa y en el mundo. Tapar el hueco del cemento y el ladrillo con industrias sostenibles, que recuperen los 3,5 millones de empleos perdidos y creen más para las nuevas generaciones. No podemos ser un país de turismo y servicios. Sin industria no hay futuro.

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