Otro año más, la ONU alerta sobre el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, producidos por el consumo de energías fósiles (petróleo, gas y carbón) y que son una especie de cúpula que atrapa el calor del sol y aumenta la temperatura de la tierra y los océanos, provocando fenómenos climáticos extremos: sequías y olas de calor, lluvias torrenciales e inundaciones, sequías, incendios, tormentas, tornados y huracanes.
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lunes, 2 de noviembre de 2026
Emergencia climática sin control
La ONU ha lanzado otra alerta sobre el
aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, en vísperas de otra Cumbre
del Clima (COP 31), la próxima semana en Turquía. Y confirma que la temperatura
ya ha subido +1,5º sobre la era preindustrial, lo que explica el aumento de
los fenómenos climáticos extremos: sequías y las olas de
calor, inundaciones y huracanes, que causan miles de muertos (50.391 sólo en Europa
este verano). El calentamiento global se acelera y se
retroalimenta, advierten, mientras piden mayores recortes de
emisiones: con los recortes propuestos por 146 paises, la temperatura aumentará
+2,6º para 2.100, anticipando una emergencia climática imparable.
No se espera que esta nueva Cumbre tome medidas eficaces, como recortar las
emisiones un 35% para 2035 y electrificar el transporte, los hogares y las
industrias. Por eso, la Comisión Europea ha aprobado que los paises elaboren
Planes de resiliencia para afrontar los graves daños de un calentamiento
extra de 2 a 3 grados. España y el
sur de Europa seremos los más afectados. Dos DANAs en Levante en dos años, un fenómeno agravado por la emergencia climática
Otro año más, la ONU alerta sobre el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, producidos por el consumo de energías fósiles (petróleo, gas y carbón) y que son una especie de cúpula que atrapa el calor del sol y aumenta la temperatura de la tierra y los océanos, provocando fenómenos climáticos extremos: sequías y olas de calor, lluvias torrenciales e inundaciones, sequías, incendios, tormentas, tornados y huracanes.
Según el último informe
de la Organización Meteorológica Mundial (OMT), publicado el 27 de octubre,
el gas más presente en la atmósfera es el
CO2 (responsable del 80,6% del calentamiento global), que ya ha
alcanzado las 426,8 partes por millón en 2025, casi el doble que en la era
preindustrial (1750). Es un gas cuya presencia en la atmósfera se ha
disparado desde 1960 (316,9 ppm) y sobre todo desde 2010 (389,9
ppm), por el mayor consumo de energías fósiles en el suministro de energía (responsable
del 27,4% de las emisiones
en Europa), el transporte (23,8%), la industria (20,3%), los hogares y
comercios (11,9%), la agricultura (10,8%) y los residuos (3,2%). Un gas que
queda la mitad en la atmósfera y el resto en el mar (29%) y en la vegetación
terrestre (21%) y cuyo efecto se mantiene siglos.
El 2º gas más presente en la atmósfera es el
metano (responsable del 12,1% del calentamiento global), generado
en un 60% por actividades humanas (agricultura, ganadería, combustibles fósiles
y vertederos), un gas que se mantiene pocos años (12) pero cuyo potencial de
calentamiento es 80 veces el del CO2. El 3º es el
N2O (óxido de nitrógeno), responsable del 5,3% del calentamiento
global, un gas generado por la quema de biomasa (incendios), fertilizantes y
algunas industrias, que permanece 100 años y tiene un potencial de
calentamiento 270 veces mayor al del CO2. Y quedan los gases fluorados,
responsables del 2% restante del calentamiento global: el último informe de la
ONU llama la atención sobre la presencia
creciente del SF6 (hexafluoruro
de azufre), un gas que se mantiene más de 1.000 años y que tiene un
extraordinario poder de calentamiento de la atmósfera: 24.300 veces
más que el CO2. Es un gas sintético, producido por el hombre al instalar redes eléctricas, fabricar semiconductores y electrónica y
en la metalurgia.
La consecuencia inmediata del aumento de estos
gases en la atmósfera es el aumento del calentamiento global:
los últimos 11 años han sido los 11 años más calurosos del Planeta, según
el reciente informe de la OMM. Otro estudio, publicado en la
revista BioScience, señala que de 16 indicadores sobre “los signos
vitales del Planeta” (analizados desde 2019), 7 están en niveles
récord: niveles de CO2 en la atmósfera (los más altos en los últimos 2
millones de años), temperatura de la atmósfera, la tierra y los océanos, subida
del nivel del mar, pérdida de hielo en Groenlandia o deshielo de los glaciares.
Y sobre todo, el aumento de la temperatura global: aumentó +0,05 grados por
década entre 1.880-1970, +0,19 grados entre 1970 y 2010 y +0,36 grados por
década entre 2010 y 2024. Eso muestra que el calentamiento global
no sólo se ha acelerado sino que se
“retroalimenta” y se amplifica en los fenómenos climáticos
extremos. Y el riesgo, alertan, es que el clima sea incontrolable
(como la IA).
Otro informe de un organismo de la ONU (el Programa
de la ONU para el Medio Ambiente, el PNUMA), publicado
el 21 de octubre, es aún más preocupante: alerta de que el mundo
ha perdido la oportunidad de evitar que la temperatura global suba más de 1,5
grados para 2100, que se planteó como objetivo deseable en la Cumbre
del Clima de París de 2015. Ese aumento de temperatura ya se superó en
2024 (+1,52 grados entre febrero de 2023 y enero de 2024, por el fenómeno
del Niño) y se espera que se alcancen esos 1,5 grados extras de temperatura
(sobre los niveles de 1850 a 1900) de forma sostenida “antes de 2030”,
no para 2100, lo que se traducirá, según
el PNUMA, en más olas de calor, sequías, inundaciones, incendios
forestales, huracanes y tifones (“los fenómenos extremos serán más
frecuentes y más intensos”), que tendrán un alto coste en vidas humanas
y daños económicos en infraestructuras, industrias y hogares.
Ante este panorama, la imposibilidad de conseguir
el objetivo clave de la Cumbre de París (no superar el aumento de
temperatura de 1.5 grados), la ONU (PNUMA) se
plantea un “Plan B”: fijarse un
nuevo objetivo, que la temperatura no suba más de +1,7 o +1,8
grados en las próximas décadas, fijando nuevos recortes de emisiones
a los paises hasta 2040. Y después, si se consigue este nuevo objetivo,
intentar rebajar la temperatura al tope de los +1,5 grados iniciales con técnicas
de captura de CO2, una tecnología que califican de “incierta,
arriesgada y costosa”, aunque se confía en que esta tecnología mejore en las próximas
décadas.
Para que este “Plan B” funcione (que la
temperatura no suba + de 1,7/1,8 grados), la ONU plantea a los paises unos nuevos
recortes de emisiones: -18% para 2030 (sobre las emisiones de
2025), -45% para 2035 y -69% para 2040, lo que implica unos recortes
anuales de las emisiones del -5,7% en la próxima década. Pero esta
propuesta choca con los recortes que proponen hoy los paises, mucho
menores: entre un -5% y un /10% para 2030 y entre un -11% y un -15% para 2035, recortes
que son la tercera parte de lo que se pide, porque la mayoría de
los paises están dispuestos a recortar emisiones, pero no de aquí a 2035, sino
después, sobre todo entre 2040 y 2050 (cuando la mayoría promete “0
emisiones netas”).
Los expertos
de la ONU son tajantes: si los paises mantienen estos recortes hasta
2040 (la tercera parte de los “necesarios”), la temperatura global subirá
2,6 grados para finales de siglo, lo que acarrearía fenómenos climáticos
mucho más graves, además de más muertes y daños económicos y sociales irreparables.
Otro
informe del Secretariado de la Convención marco del Cambio Climático (ONU)
insiste en que los recortes anunciados son insuficientes. Tras analizar los últimos
Planes climáticos presentados a la ONU por 146 paises (de los 193 que
firmaron el Acuerdo de París), los
expertos concluyen que estos paises proponen un recorte de emisiones del
-6% al -9% para 2035, cuando son necesarios recortes del -37% de las
emisiones para 2035 (sobre las de 2019) para que la temperatura no suba 2 grados.
Y con esos Planes, estiman que la temperatura subiría entre 1,7 y 2,3 grados
para 2100.
Avisados
estamos. Las consecuencias de este calentamiento global (+1,5
grados ahora) ya las estamos sufriendo, especialmente este
verano en Europa: sucesión de olas de calor, sequías y grandes ríos
sin agua, incendios descontrolados y
DANAs
e inundaciones, con un alto coste económico y de vidas humanas. Se estima que
entre junio y agosto han muerto en Europa 50.391 personas por las altas
temperaturas (6.824 muertes en España). Y además, este calentamiento global
y el clima descontrolado causan enormes pérdidas: sólo en Europa, las
pérdidas directas por fenómenos meteorológicos extremos ascendieron a 200.000
millones de euros entre 2022 y 2025,
frente a sólo 8.600 millones de pérdidas anuales en la década de los años 80
del siglo XX. Y un estudio británico estima que se han producido 710.000
muertes en el mundo por altas temperaturas desde 2023, mientras los
daños a la economía mundial por la emergencia climática cuestan entre
el 1,7 y el 8% del PIB. Y llegarán al 10-19% del PIB mundial en
2050 si no se toman medidas eficaces.
La emergencia climática ha llegado a tal punto que los
expertos acaban de pedir a la Organización Mundial de la Salud (OMS), en
la revista médica The Lancet, que aborde el problema como “una
emergencia de salud mundial”, que cree un instrumento para abordar
los impactos sanitarios del Cambio Climático, coordinando las actuaciones a
nivel mundial como se hace con las pandemias. Porque, añaden,
las muertes climáticas son sólo la punta del iceberg, ya que la emergencia
climática está provocando también un aumento de enfermedades (enfermedades infecciosas transmitidas por
vectores, dolencias cardiovasculares y respiratorias, trastornos de salud
mental y malnutrición, además de . exacerbar problemas alérgicos),
con gran impacto sobre los sistemas sanitarios.
Ante este preocupante panorama, 197 paises volverán a
reunirse en otra Cumbre Climática, la COP31, que se celebrará
del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía). Con EEUU fuera de la lucha
contra la emergencia climática, el aumento de gobiernos de ultraderecha
(negacionistas) y China, India y otros paises en desarrollo esperando a 2040
para recortar sus emisiones (cuando hayan crecido más), no hay muchas
esperanzas de que los paises hagan el triple de recortes de emisiones
de los anunciados, como pide la ONU. Además, los expertos señalan que las guerras
de Irán y Ucrania han empeorado la situación, al disparar el precio del
petróleo, el gas, los carburantes y la luz, lo que ha llevado a muchos paises
(como España) a subvencionar
el precio de los carburantes y bajar impuestos a la luz, lo que supone
en la práctica subvencionar los combustibles fósiles, “alimentar
la emergencia climática”. De hecho, las subvenciones de los paises a los
combustibles fósiles se han duplicado desde la Cumbre de París (2015) y han
sido 6,20 billones de dólares estos años.
El país anfitrión, Turquía, propondrá
en esta Cumbre que los paises “electrifiquen” sus
economías, que sustituyan petróleo, gas y carburantes por electricidad
generada con renovables (o incluso gas y nucleares): del 23% actual de
energía que aporta la electricidad al 35% que se plantea como objetivo
para 2035. Sería un paso importante, siempre que esa electricidad fuera
mayoritariamente renovable: en España es ahora el 58%. Eso supone un
cambio drástico en los comportamientos del transporte, las industrias y los
hogares. En
España, por ejemplo, sólo el 0,8% del parque automovilísticos son
coches eléctricos, sólo el 35% del consumo industrial lo aporta la electricidad
y sólo el 24% de la calefacción de los hogares se cubre con electricidad, según
la Fundación Renovables.
Así que uno de los caminos para reducir emisiones y
frenar la emergencia climática es seguir aportando por las renovables y
que el transporte, las industrias y los hogares consuman más
electricidad y menos fuel, carburantes, gas y carbón. Todo ello
exige fuertes inversiones en energías renovables y en descarbonizar las
economías, incluyendo ayudas de los paises más ricos a los paises en desarrollo
para que reestructuren su crecimiento. Algo difícil de conseguir mientras las
autocracias (USA, Rusia, China o India) vayan a su aire y en Europa avance
la ultraderecha y los partidos conservadores sean cada vez más
negacionistas.
El panorama climático es tan preocupante
que la Comisión Europea aprobó el pasado martes, 27 de octubre, el nuevo
Marco de Resiliencia Climática, con dos objetivos: que los paises
europeos incorporen los riesgos climáticos a sus políticas económicas y, sobre
todo, que aprueben Planes
para adaptar a Europa a una realidad climática más extrema. “Europa
no está suficientemente preparada y es nuestra responsabilidad minimizar los
costes y el sufrimiento que supone”, señaló
la vicepresidenta Teresa Ribera. La Comisión marca dos escenarios:
que la temperatura suba +2 grados para 2050 y +3 grados para 2100
(incluso estudian que pueda subir hasta +5 grados). Y evalúan los riesgos
que ello conlleva y proponen medidas para anticiparse a los daños.
Al final, ellos dan
las directrices pero será cada país el que tendrá que aprobar un Plan de
resiliencia frente a la emergencia climática, antes de diciembre de
2030. La crítica es que se plantean reaccionar y prepararse para lo que
viene, pero no se aprueban nuevos fondos europeos para adaptarse,
cuando se estima que adaptar la economía europea a la emergencia climática exigirá
invertir 70.000 millones al año. Eso sí, si no se hace, el coste
será mayor: sólo entre abril y septiembre de 2026, las olas de calor han
provocado en Europa 32.300 millones de euros de pérdidas , el 0,17% del
PIB UE. Y estas pérdidas irán a más. Por otro lado, la Comisión señala
que cada euro invertido en descarbonización aporta entre 2 y 10 euros costes evitados y en empleo y empresas que se crean.
En resumen, la ONU y los expertos nos vuelven a alertar que no
estamos ante un “Cambio Climático” sino ante una “emergencia climática”,
algo que hemos vivido de cerca los europeos este verano y con más gravedad (dos
danas) en Levante y Cataluña. Y que los paises siguen sin reaccionar,
mientras el calentamiento supera los 1,5 grados y provoca numerosas muertes y
pérdidas. Y a pasar de los cálculos de los científicos, los Gobiernos
apenas piensan en reducir las emisiones, que aumentan en 2026 tras hacerlo en 2025.
Así que caminamos sin mirar hacia el precipicio medioambiental, incluso
con Gobiernos y partidos que niegan la evidencia y rechazan tomar medidas
eficaces. En España, el riesgo de un Gobierno PP-Vox amenaza con retrocesos
medioambientales, que ya han aprobado en las 4 autonomías donde gobiernan
juntos. Ojo: tenemos un problema climático muy serio, que nos
está afectando seriamente y que se agravará los próximos años. Téngalo muy presente
al votar el 29-N.
Otro año más, la ONU alerta sobre el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, producidos por el consumo de energías fósiles (petróleo, gas y carbón) y que son una especie de cúpula que atrapa el calor del sol y aumenta la temperatura de la tierra y los océanos, provocando fenómenos climáticos extremos: sequías y olas de calor, lluvias torrenciales e inundaciones, sequías, incendios, tormentas, tornados y huracanes.
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jueves, 29 de octubre de 2026
EPA verano 26: poco empleo (récord) y más paro
España siguió creando empleo este verano (+73.600
ocupados), aunque algo menos que los veranos anteriores, según la
última EPA. Pero como siguen aumentando los “activos” que buscan trabajo
(jóvenes, mujeres e inmigrantes), el paro también crece (+95.900
parados), sobre todo en los servicios y el campo. Siguen aumentando los
empleos fijos (los tienen el 84,63% de asalariados), pero también crecen
los contratos a tiempo parcial (por horas o días), sobre todo entre mujeres
y jóvenes, que por eso cobran menos. Seguimos con un empleo récord
histórico (22.852.600 personas trabajan), pero todavía tenemos
el doble de paro que Europa y menos adultos trabajando. Y la economía podría
frenar su crecimiento y el empleo, por las crisis geopolíticas y la
desaceleración mundial y europea. Por eso urge que el próximo Gobierno
apruebe Planes de empleo para jóvenes, mujeres y mayores de 45 años,
los 3 colectivos en peor situación. Y que reforme de una vez las oficinas de
empleo, que no ayudan a los parados. Ahora que crecemos es cuando hay que
tomar medidas. Enrique Ortega
El verano suele ser una buena época para el empleo, por la temporada turística y los contratos en la enseñanza, aunque es peor que la primavera. Este año también: se han creado +73.600 empleos entre junio y septiembre de 2026, según la EPA del martes, menos que el verano anterior (+118.400 empleos) y el menor aumento en este trimestre desde 2019 (+69.400). Con ello, se han creado +465.500 empleos en los últimos 12 meses y +2.885.700 empleos desde antes de la pandemia (diciembre 2019). Y en España hay ahora 22.852.600 personas trabajando, otro récord histórico (hubo un máximo de 20.646.000 ocupados en junio 2008).
En el tercer trimestre, el aumento del empleo ha
sido exclusivamente por los servicios (+235.600 empleos),ya que perdieron empleos
la agricultura (-58.300), la industria (-54.400) y la construcción (-49.300
empleos. El empleo se ha creado únicamente en el sector público
(+89.900, por los contratos en enseñanza y sanidad), mientras caía en el sector privado (-16.300 empleos),
según
la EPA de septiembre. La creación de empleo ha sido casi el doble entre las
mujeres (+46.800 empleos) que entre
los hombres (+26.800 empleos).
Y el nuevo empleo se ha concentrado entre los menores de 25 años (+125.400)
y los mayores de 50 años (+55.900 empleos), cayendo sobre todo entre los 35 y
los 49 años (-112.700 empleos). Esta vez, el nuevo empleo se ha repartido entre
extranjeros (+75.500) y residentes con doble nacionalidad (+148.500
empleos), mientras los españoles han perdido empleo (-150.300). Por autonomías, donde más creció el
empleo fue en Canarias (+38.100) y Baleares (+26.900), por el turismo, seguidas
de Galicia (+21.300 empleos) y Castilla la Mancha (+18.800), mientras cayó el
empleo este verano en Madrid (-49.200) y Andalucía (-24.900).
Esta nueva mejora del empleo en el tercer trimestre (+73.600)
no se traducido en una mejora del paro,
que subió este verano (+95.900),
según la última EPA, más
que el verano pasado (+60.100 parados) y el mayor aumento desde el verano de
2023 (+92.700 parados). Ello se debe a que este verano han aumentado mucho
los españoles “activos”, los que buscan trabajo: han crecido en +169.500, muchos más que el verano anterior (+118.400), probablemente porque se han apuntado al paro muchos
inmigrantes regularizados. Con
ello, España alcanza otro récord histórico, el de personas activas
(que trabajan o buscan trabajo): 25.443.800 personas
“activas”. Un indicador del fuerte dinamismo del mercado laboral,
empujado por los inmigrantes: hay casi 2,5 millones de “activos” más
que antes de la pandemia (había 23,08 millones en el verano de 2019). Y la
tendencia se repetirá los próximos meses: se podrá crear
empleo, pero aumentarán más los que buscan trabajo y puede crecer el paro.
El paro subió en el tercer trimestre (+95.900), por
culpa de los servicios (+54.800 parados) , que despidieron al
final del verano (turismo, hostelería, comercio) a muchos de los contratados en
primavera y verano, la agricultura
(+18.000 parados) y los que habían perdido su primer empleo (16.300
parados), aumentando también en la industria (+14.300) y la construcción
(+4.900 parados). El desempleo creció más entre los hombres (+55.700) que
entre las mujeres (+40.300 paradas), bajando
sólo entre los jóvenes menores de 19 años (-12.700 parados). Por
nacionalidad, los parados extranjeros aumentaron en +24.500 personas, menos
que los parados españoles y con doble nacionalidad (+71.400). Por autonomías, el paro subió en 11
regiones, destacando la Comunidad Valenciana (+31.000 parados), Madrid (+21.200),
Galicia (+19.400) y Cataluña (+18.900 parados), bajando poco en el resto, donde
destacan Baleares (-9.900 parados) y Canarias (-4.200).
Algunos datos preocupantes del paro mejoran, como los hogares con todos sus miembros
en paro: son ahora 786.100
hogares (-4.700 menos que hace un año). Otros empeoran, como el paro
en la mayoría de las 6 regiones con mayor tasa de desempleo, que sigue
alto y muy superior a la media (10,18%): Melilla (18,87% de paro), Ceuta (18,50%), Andalucía (14,91%), Extremadura
(13,01%), Comunidad Valenciana (11,82%) y Castilla la Mancha (11,36% de
paro). Contrastan con 6 autonomías
que tienen una tasa de paro casi europea
, aunque haya subido en la mitad: Baleares (4,63% de paro), País Vasco (7,17%),
Cantabria (7,56%), Castilla y León (7,75%), Madrid (8,18%) y La Rioja (8,63%). Y
otro dato preocupante que mejora: bajan los parados de larga
duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: eran 847.900
parados este verano, el 32,68%
de los parados (-44.600 que en primavera).
Esto mejora la situación de muchos parados de larga duración reduce el número de los que se les
acaba el desempleo y no cobran ya ningún
subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En agosto de
2026, último
dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.896.142
desempleados: algo más de la mitad cobraban un subsidio contributivo (según
lo cotizado) de 1.008 euros de media y el resto (46%) cobraban un subsidio
asistencial de 480 euros. Eso significa que casi tres de cada cuatro parados
(el 73,17%) estimados por la última EPA (2.591.200) cobran
alguna ayuda por desempleo. Y si contamos los registrados
como parados en las oficinas de empleo SEPE (2.379.505), cobran ayudas el 79,68%.
La mejor noticia es que el empleo que se está creando en 2024 sigue siendo menos precario, de más
calidad, gracias
a la reforma laboral aprobada a
finales de 2021, aunque “pierde impulso”: un 42,11% de todos los
contratos firmados entre enero y septiembre (12.154.600) han sido indefinidos
(5.118.700 contratos), un porcentaje superior al de los 9 primeros meses de
2025 (41,40%), aunque inferior al de 2024 (42,39%) y de 2023 (42,8%). Pero
supone un salto tremendo sobre los indefinidos antes de la reforma laboral: en
2021, sólo el 10,9% de los contratos eran indefinidos. Y entre 2014 y 2020, sólo eran
indefinidos entre el 6 y el 8% de
los contratos. Además, en
lo que va de año, más de la mitad de los nuevos contratos (56,32%)
son a tiempo completo, casi un
tercio (30,15%%) a tiempo parcial y el resto, fijos
discontinuos (1.673.800), que son los contratos fijos por periodos
determinados que se hacen a muchos que antes eran temporales en turismo,
hostelería y construcción.
El resultado evidente de la reforma laboral es que aumentan
mes a mes los asalariados con contrato
indefinido, que este verano ya eran el 84,63% de los
asalariados (16,65 millones de trabajadores fijos), frente al 74% de los asalariados fijos hace cuatro
años (septiembre
2021), el 79,81% hace dos años y el
83,42% que eran el verano pasado. Pero todavía tenemos un 15,36% de asalariados con contrato temporal,
el mayor porcentaje en Europa (la media de temporalidad en la UE-27 es del 14,1%).
El problema son los
contratos a tiempo parcial, que se reducen este
verano (-170.800) pero crecen en el último año (+47.900) y superan los 3 millones (3.024.100):
ojo, 2,13 millones son mujeres, que trabajan menos
de la jornada habitual, muchas porque no encuentran otro empleo.
Ahora, a finales de 2026, Gobierno y expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa aunque menos que en 2023
y 2024, porque creceremos algo menos (+2,6% en 2025 y 2026, frente a +3,2% en
2024). La última
previsión económica del Gobierno, del 29 de junio, apostaba porque el
empleo crecería este año un +2,4%: +539.121 empleos, de los que solo se
han creado 389.300 hasta septiembre. Serían menos de los creados en 2025
(+2,7%: +605.400 empleos), aunque más de los creados en 2024
(+468.100 empleos) y menos que en 2023 (+606.200 empleos). Lo
importante es que el ritmo de crecimiento siga alto, gracias al tirón del
consumo, el turismo, las inversiones y el empleo, lo que permite seguir creando
empleo. La previsión del Gobierno es alcanzar
los 23 millones de personas trabajando a finales de 2026 (eran 12,73
millones a finales de 1975). Y bajar la tasa de paro al 9,9% este
año y al 8,5% en 2029.
Todo apunta a que vamos en el buen camino para
lograr ambos objetivos, aunque hay muchas incertidumbres externas,
geopolíticas (si persiste el conflicto de Irán, Europa y España crecerán menos y
se creará menos empleo), y también internas, sobre todo las elecciones
del 29-N. Si hay un cambio de Gobierno y se tarda en tener unos
Presupuestos (llevamos 3 años sin cuentas públicas) , la actividad puede
resentirse. Pero la clave es la política económica que haga el próximo
Gobierno: si llegan a la Moncloa PP y Vox, todo apunta a que aprobarán
bajadas de impuestos (a los más ricos y empresas) y reducirán gastos, harán
recortes, que podrían frenar el crecimiento y el empleo, como pasó
tras los recortes de Rajoy. Y más si las elecciones en Francia, Italia y
Polonia confirman ajustes europeos.
Pase lo que pase, el empleo es el mejor activo de las dos
últimas Legislaturas, ya que se han creado 3,5 millones de empleos entre
junio de 2018 y septiembre de 2026. Y la tasa de paro ha bajado un tercio, del
15,28% al 10,18%. Pero no podemos como país echar las campanas al vuelo, porque
seguimos teniendo la
2ª mayor tasa de paro de Europa (tras el 10,3% de Finlandia), sobre
todo de paro juvenil, y una menor
tasa de empleo, que se traduce en que en España trabaja menos gente de
la que debería si nos homologáramos al resto de paises: aquí trabajan el 72,4%
de los que tienen entre 20 y 64 años, frente al 76,1% que trabajan con esa edad
en la UE-27 y el 81,1% que trabajan en Alemania. A lo claro: España tiene
1 millón menos de personas menos trabajando de las que deberíamos tener
si fuéramos como la media europea. Y trabajan 2,3 millones de españoles menos
de los que deberían trabajar si
tuviéramos la tasa de empleo de Alemania.
Así que queda todavía camino por delante en el empleo.
Y en el paro, el próximo Gobierno tiene pendiente aprobar políticas específicas
para mejorar la
situación de las mujeres (tienen menos empleo, precario, y más paro),
los jóvenes (los menores de 30 años sólo ocupan el 16% de los empleos y
tienen el doble de paro) y los parados mayores de 45 años (1.055.200
parados, el 40,7% del total). Son los tres grupos que menos se benefician de
la buena situación del empleo en España. Precisamente, en septiembre
pasado, el Ministerio de Trabajo
abrió una mesa de diálogo social con patronal
y sindicatos para diseñar dos Planes con políticas activas
de empleo para jóvenes (para que 200.000 consiguieran su primer
empleo entre 2027 y 2028) y parados mayores de 45 años (propone formarles
y contratar orientadores para mejorar su empleabilidad). Ahora, con el Gobierno
en funciones, no se sabe si seguirán las reuniones para aprobar un Plan
de Empleo para 2027.
En definitiva, todos debemos alegrarnos porque haya casi
23 millones de personas trabajando en España (10 millones más que hace 50
años), pero todavía tenemos demasiado paro y trabaja menos gente que en Europa (de
los que están en edad de trabajar) y muchos empleos son todavía precarios,
demasiados a tiempo parcial (sobre todo para jóvenes y mujeres) y con bajos
salarios. Y, sobre todo, muchos
empleos se concentran en los servicios, con altibajos en las
contrataciones, y todavía pocos en la industria, las empresas tecnológicas y
exportadoras, que ofrecen empleos más estables y mejor pagados. Además, no
podemos olvidar que hay
mucha incertidumbre en la economía mundial (por los aranceles de
Trump) y en Europa (estancada) y esto acabará perjudicando al empleo. Así que
habrá que estar vigilantes y dispuestos a tomar medidas para salvar
esos 22 millones largos de empleos y conseguir que sigan
creciendo. Debería ser nuestro gran reto como país.
El verano suele ser una buena época para el empleo, por la temporada turística y los contratos en la enseñanza, aunque es peor que la primavera. Este año también: se han creado +73.600 empleos entre junio y septiembre de 2026, según la EPA del martes, menos que el verano anterior (+118.400 empleos) y el menor aumento en este trimestre desde 2019 (+69.400). Con ello, se han creado +465.500 empleos en los últimos 12 meses y +2.885.700 empleos desde antes de la pandemia (diciembre 2019). Y en España hay ahora 22.852.600 personas trabajando, otro récord histórico (hubo un máximo de 20.646.000 ocupados en junio 2008).
La cifra total de parados EPA sube y queda en 2.591.200 parados estimados a finales de
septiembre 2026, el menor dato del paro en verano desde 2008
(2.600.700 parados). Y la tasa de
paro sube al 10,18% (había bajado al 9,87% en primavera),
según la EPA, aunque es mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en
2019) y la menor tasa de paro desde el
verano de 2008 (11,23%). Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro
europea (6,1% en la UE-27 en agosto) y aún más la alemana (4% de paro),
según
Eurostat. Eso sí, baja la
tasa de paro de los jóvenes (menores
25 años), al 23,3% (la más baja desde 2008), que casi
duplica la europea (15,4%
en la UE-27).
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lunes, 26 de octubre de 2026
Un mundo muy endeudado: vienen recortes
El FMI acaba de lanzar la alerta: el mundo ha
soportado bien las crisis sufridas desde la pandemia, pero los paises
han gastado mucho dinero en ayudas y no tienen “colchón”
para afrontar problemas futuros. Urge reducir los déficits y la deuda
pública, disparada en la última década: supera el 125% del PIB en USA,
el 204% en Japón, el 84% en la UE y el 119% en Francia. Un grave problema
porque los inversores exigen ahora más intereses y eso aumenta
el gasto de los paises. Por eso, Alemania, Francia o Italia ya han
aprobado recortes y exigen también recortes al Presupuesto
europeo 2028-2034. España está mucho mejor (tenemos la mitad del
déficit público que Alemania o Francia y la deuda baja desde 2021), porque crecemos
y recaudamos más, así que no necesitamos recortes. Pero si
PP y Vox ganan las elecciones, podrían recortar el gasto social,
como toda la derecha europea. Y por nuestra experiencia de 2010 a 2014, ya
sabemos el coste económico y social de los recortes.
Enrique Ortega
En menos de 7 años, la economía mundial ha pasado por varias
crisis: pandemia, atascos en la cadena mundial de suministros, guerra
de Ucrania y escalada de precios, aranceles y guerras comerciales, conflicto en
Irán y nueva escalada de precios de la energía…Lo más llamativo, según
el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) es que los
hogares, las empresas, los mercados financieros y los paises han
resistido bien, no ha habido una debacle mundial (como en 2008)
y la economía mundial sigue creciendo, un +3,1% en 2026, gracias
a tres factores: las ayudas públicas contra las crisis (100.000 millones de euros gastados sólo en Europa, 12.000 de ellos en España), la reconversión
de los suministros de energía (más diversificados y con más peso de las energías
renovables) y el tirón de las inversiones tecnológicas, sobre todo en
Inteligencia Artificial (IA).
Pero ahora, el mundo tiene un problema, según
el FMI: los paises tienen demasiada deuda pública y
como los inversores exigen más intereses (ante la mayor inflación y la
incertidumbre geopolítica), les ha subido el coste de esa deuda, con
lo que también les sube el déficit público. Un ejemplo: EEUU pasará de
pagar el 2,8% de su PIB en intereses por su deuda en 2019 (603.120 millones de
dólares) al 5,7% de su PIB en 2031 (1,93 billones de dólares). Y lo mismo el
resto de paises desarrollados: pagarán
el doble o el triple de intereses por su deuda. Y como Occidente
crecerá poco los próximos años, esta “hipoteca” de la deuda les obligará
a gastar menos en otras cosas, sobre todo en servicios públicos y
gastos sociales. Y además, si viene otra crisis (que vendrá), tienen
menos “colchón” presupuestario para aprobar ayudas para salir de ella.
Por eso, el
mensaje del último informe del FMI es claro: hay que
reducir la abultada deuda pública del mundo, que ha crecido en las
últimas décadas, empujada por tipos bajos e incluso al 0% (entre 2008 y 2016). Sus
datos son inapelables: en el año 2.000, la deuda mundial suponía el 62% del
PIB mundial, saltó al 80% entre 2026 y 2019 y tras el repunte de 2021 (el
98% de deuda por la pandemia), se mantiene en el 95% del PIB en 2026. Y esperan que en 2030, la deuda mundial alcance el 100% del PIB, un umbral nunca visto desde la postguerra de la II Guerra Mundial.
Pero la deuda pública es aun más abultada en muchos
paises, sobre todo los más desarrollados, según el
ranking de EBC Finantial Group. El líder en endeudamiento es EEUU
(debe 40.739.000 millones de dólares en 2026), seguido de China
(22.290.000 millones de dólares), Japón (8.951.000 millones $), Reino
Unido (4.418.000 millones $), Francia (4.258.000 millones $), Italia
(3.790.000 millones $), Alemania (3.523.000 millones $), India
(3.464.000 millones $), Canadá (2.776.000 millones $) y en el 10º puesto
Brasil (2.544.000 billones $ de deuda pública). Pero lo más revelador es
el peso de esa deuda en relación a cada economía, el
porcentaje de deuda sobre el PIB, el dato que mejor revela la gravedad
del problema. Y aquí, el ranking lo lidera Japón (204,4% deuda sobre su
PIB), seguido de Singapur (179,1%), Sudán (169,1%), Bahréin (152,4%), Italia
(138,4%), Grecia (136,9%), Senegal (132,3%), Maldivas (129,4%), EEUU (125,8%),
Ucrania (122,6%) y Francia (118,4% deuda/PIB).
Europa está menos endeudada que EEUU (125,8%
PIB), Japón (204,4%) y China (106,9% PIB): tenía una deuda del 82,9%
del PIB en junio de 2026 (3,62 millones de euros), según
Eurostat, algo menos que antes de la pandemia (84,6% deuda en
2017-2021). Los paises europeos más endeudados en junio 2026 (en relación a su
tamaño económico) eran Grecia (140,8% del PIB), Italia (139,9%
del PIB), Francia (119,1%), Bélgica (110,2%) y España
(101,4%), seguidos de lejos por Portugal (96,9% PIB deuda), Finlandia (90,2%),
Austria (83,6%) y Hungría (75,6%), siendo baja la deuda en Eslovenia (64,7%),
Polonia (64,5%), Alemania (63,4%), Paises Bajos (43,7%), Suecia e Irlanda
(35,3%) y Dinamarca (27,1% del PIB de deuda). En el caso de España, en
julio ha bajado su deuda al 99,9% del PIB (1.744.000 millones), según
el Banco de España, bajando por primera vez del 100% de deuda, tras haber
llegado a un máximo del 124% del PIB en 2021 (por la pandemia). Y la Comisión
Europea estima que nuestra deuda siga bajando, al 98,9% en 2027 y
al
89% en 2031 (según FMI),
mientras auguran que crezca la deuda de Italia, Francia, Bélgica y Alemania.
Este alto endeudamiento, sobre todo de Italia
y Francia,
ya ha provocado que los inversores reclamen ahora más intereses
para seguir comprándoles deuda pública, máximo con la incertidumbre
geopolítica, las guerras y las próximas elecciones en varios paises. Así, la
deuda pública de Francia pagaba el
viernes el 5,05% (llegó al 5,082 el jueves), frente al 3,21% que
pagaba el 27 de febrero, antes del ataque a Irán (+1,84%). Italia paga el 4,58%, frente al 3,27% que
pagaba a finales de febrero (+1,31%). La deuda
española paga menos
que la francesa o la italiana, 4,04% (+0,98% que en febrero) y
también ha subido el interés de la deuda de Alemania, al 3,33%
(+0,68% que en febrero). Y se han encarecido mucho la abultada deuda USA,
que cuesta el 4,98% y llegó a cotizar al 5,14 el miércoles (+1,18% que a finales de febrero) y la deuda de Reino Unido, al 5,34% el viernes (+1,04% que
en febrero).
Este encarecimiento de la deuda pública en
todo el mundo, además de crear incertidumbre y bajadas en las Bolsas, dispara
el gasto de intereses de los paises y aumenta su déficit público
a niveles preocupantes. En EEUU,
el déficit fiscal rozaba en septiembre los 2 billones de dólares, un 6%
del PIB. Y en Reino Unido roza el 5,3%. En Europa, los
27 tenían un déficit público del 3,5% del PIB en junio, según
Eurostat, con déficits públicos mucho mayores y preocupantes en
Francia (5,1% del PIB, por eso se dispara el coste de su deuda), Bélgica
(5,3%), Alemania (4,1%), Austria (3,4%), Italia (3,2% del PIB de
déficit), Hungría (7,2%), Polonia (5,9%) o Rumanía (9,2% del PIB de déficit). España
es el
5º país europeo con menos déficit
público (2,2% del PIB en junio), como Grecia (2,2%) y Portugal
(0,8%), ahora con las cuentas más saneadas que Francia, Alemania, Austria o
Bélgica, los paises que en la crisis de deuda de 2010 les llamaban “derrochadores”
(y “PIGS”)…
España es un
modelo en Europa de cuentas públicas saneadas: el déficit público,
que saltó del superávit en 2005, 2006 y 2007 (+1,9% del PIB) al -4,56% en
2008, se disparó con la crisis financiera al -11,6% del PIB en 2012 para
bajar, con los ajustes al -3,1% del PIB en 2017 y mantenerse en el -3,06% en
2019. La pandemia disparó el déficit al -11,1% del PIB en 2021, pero
a partir de ahí ha bajado año tras año, al -4,7% en 2022 y al -2,20%
que cerró en 2025, gracias a que el fuerte crecimiento de la economía y
el aumento extra de la población y del empleo han aumentado mucho la
recaudación: de 213.000 millones ingresados en 2019 a 325.356 millones en
2025 (+51%), según
la Agencia Tributaria. Eso ha permitido distintos Planes de ayudas contra
la crisis (“escudo social) y aumentar pensiones y gasto social, a la vez que
se recortaba el déficit
público: hoy es la mitad del de Alemania y
Francia.
Al margen del bajo
déficit de España (que también reduce su deuda), la mayoría
de los paises desarrollados han visto subir su deuda pública y los intereses
que pagan, así como sus déficits públicos, según alerta el
FMI, que plantea dos tipos de medidas: por un lado frenar
o reducir el gasto público y por otro, intentar aumentar los ingresos
públicos, para lo que sugiere varias medidas: poner una tasa a las empresas
que facturen más de 100 millones de dólares, crear un impuesto digital (como ha
propuesto el Parlamento Europeo) o aprobar otro impuesto nuevo sobre las
apuestas deportivas digitales. Lo importante, según el FMI, es que los
paises saneen sus cuentas públicas, para tener “un colchón” ante futuras crisis.
Pero la mayoría de los paises europeos se quedan sólo con
una parte del consejo, el de recortar costes. Así, el canciller
alemán Metz ha
impulsado 3 paquetes de recortes sociales desde que llegó en 2025,
poniendo en peligro su alianza de Gobierno con los socialdemócratas: un ajuste
de 40.000 millones en sanidad y prestaciones sociales, un endurecimiento
del acceso a los subsidios y a la renta básica y una reducción de ayudas
familiares y sociales, mientras estudia una reforma de las pensiones (para
recortarlas). En paralelo, el gobierno de Francia hace frente a su
crisis de la deuda anunciando
recortes de 54.000 millones de euros en su proyecto de Presupuestos
para 2027, mientras Marine Le Pen (que podría llegar al Elíseo en 2027) propone recortes de hasta 140.000 millones en
6 años y Melenchón (Francia Insumisa) propone gastar 80.000 millones más. Y en el
tercer país con problemas de deuda y déficit, Italia, Meloni
anticipa para 2027 recortes de gasto y no hacer las bajadas de
impuestos prometidas, mientras gastará más en Defensa y energía.
Lo más grave es que Alemania
y los otros paises “frugales” (Austria, Paises Bajos, Finlandia,
Dinamarca y Suecia) exigen recortar el próximo Presupuesto de la UE para
2028-2034, para tener que aportar ellos menos al fondo común y reducir
así sus abultados déficit y deuda. De momento, su presión ha conseguido que Irlanda
(que preside ahora la UE) recorte
un 8% el Presupuesto europeo previsto para los próximos 8 años (de
los 1.760.000 millones de euros iniciales a 1.620.000 ahora), lo que supone recortar
sobre todo los Fondos agrícolas y las ayudas regionales, también algunos
Fondos para competitividad e investigación, mientras aumentan el gasto en
Defensa, propuestas
que no aceptan los paises del sur, con más peso del campo, encabezados por
Italia, Francia, España y Portugal.
En la Cumbre europea del 15 y 16 de octubre no
se alcanzó un acuerdo, pero Alemania y los “frugales” quieren un
recorte mayor del 8%, lo que perjudicaría más a la Europa del sur.
Y además, en un momento en que las
protestas se generalizan en media Europa, mientras crece la
ultraderecha cara a las próximas elecciones en España, Francia, Italia o
Polonia. Parece mentira que cuando la mayoría de europeos sufren cada mes la
crisis energética y las subidas de los carburantes y la luz (ojo: provocadas por las guerras de Putin y Trump), el encarecimiento de la vivienda y unos sueldos que no
permiten llegar a fin de mes, los
líderes europeos vuelvan a hablar de recortes, en lugar
de aprobar nuevas ayudas, como tras la pandemia, y medidas
para relanzar la economía europea, estancada y poco competitiva. Los
europeos, sobre todo los españoles, griegos y portugueses, ya sabemos el
alto coste económico y social de los recortes, porque los
sufrimos entre 2010 y 2014, provocando una recesión, una
enorme pérdida de empleos y deteriorando los servicios públicos.
En España, el hecho cierto de que tengamos unas
cuentas públicas saneadas y una
deuda pública a la baja no debería justificar ningún recorte
del gasto público, sino que debería aprovecharse el mayor crecimiento y la
fuerte creación de empleo para modernizar la economía, con más tecnología y
digitalización, sacando recursos para impulsar inversiones y reforzar
los servicios públicos, en especial la sanidad, la educación y los
servicios sociales, faltos de personal y de recursos. Pero todo va a
depender de las elecciones del 29-N. Porque si el resultado permite
gobernar al PP y Vox, nadie duda que harán recortes (como
han hecho en las autonomías donde gobiernan), aunque no se atrevan ahora
a decirlo. Parece claro que su prioridad no será
reforzar los servicios públicos, sino recortar su gasto y promover la
privatización de la sanidad y la educación, como ya hacen en sus autonomías. Y “reformarán” las pensiones, para frenar el gasto,
mientras aumentarán el gasto en Defensa y Seguridad. Así que mire
bien a quién vota.
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jueves, 22 de octubre de 2026
Exportaciones: más mercancías y más talento
Los aranceles de Trump y las guerras en Irán y Ucrania no
han frenado las exportaciones españolas, que crecen este año 10 veces
más que el pasado, sobre todo a Europa y EEUU. Pero como seguimos
creciendo, también aumentan las importaciones (más), sobre todo
de petróleo, gas y coches, con lo que el déficit comercial sube un 30%,
lo que provoca que el sector exterior nos reste crecimiento
(-0,4%), aunque menos que en 2025. Lo llamativo es el fuerte crecimiento de
las exportaciones de servicios, las que no van en contenedor o barco,
los servicios profesionales, financieros, de ingeniería, informática o telecomunicaciones que venden empresas
españolas a otras de Europa y USA, sobre todo. “Exportación de talento”,
uno de los pilares del crecimiento español, muy importante porque está
creando empleo de calidad y mejor pagado. Ahora, la clave es
seguir “exportando” estos servicios, para lo que España necesita contener
precios y mejorar tecnologías, aunque la clave es que Europa avance
en el mercado interior, quitando barreras y regulación. España exporta cada vez más servicios profesionales a Europa y EEUU
Este martes se publicó el último dato de las exportaciones españolas, en agosto: subieron un +13,3%, con lo que alcanzan los 264.182 millones de euros en los primeros 8 meses del año, un récord histórico y +3,2% que en ese periodo de 2025 (cuando crecieron +0,3%, la décima parte que ahora) y más que en todo 2025 (+0,7%) y que en 2024 (+0,2%). Los aranceles de Trump y las guerras han provocado que España concentre más sus exportaciones en Europa (+3,7%), aunque también aumentan nuestras ventas a USA (+6% estos ocho meses) y China (+0,7%), aunque bajan las exportaciones a Latinoamérica (-7,1%), Oriente Medio (-13%) y Asia (-5,6%). Las exportaciones que más han crecido hasta agosto son las energéticas (+34,2%), materias primas (+23%), maquinaria y bienes de equipo (+4,8%), automóvil (+1,1%) y manufacturas de consumo (+2,5%), aunque han caído las exportaciones de alimentos (-1,9%), productos químicos (-6,4%), medicamentos (-11%) y bienes de consumo (-1,8%).
En paralelo, también han crecido las
importaciones (el doble, +6,5%), para “alimentar”
el crecimiento español, mucho mayor que el del resto de Europa, por el
aumento del consumo y la inversión. Destacan sobre todo las compras de
energía (petróleo y gas), que han aumentado un +25,2% hasta agosto por
el salto en los precios energéticos, y las importaciones de automóviles
(+17,9%), por la mayor entrada de coches chinos (las importaciones chinas han
crecido este año un +11,1%, aunque han caído un -0,1% las importaciones de
EEUU).
Al final, aunque las exportaciones aguantan bien, como las importaciones
crecen el doble, se ha agravado
el déficit comercial de España con el exterior:
el “agujero” era hasta agosto de -45.818 millones de euros, +30,5% que un
año antes. Eso sí, seguimos teniendo un importante superávit comercial con
Europa (+23.224 millones de euros, -11% que en 2025), manteniendo el superávit
(les vendemos más de lo que les compramos) con 12 paises UE, entre
ellos Francia (+11.792 millones), Italia (+1.858), Portugal (+12.921)
y Polonia (+1.044 millones), más Reino Unido (+9.263 millones de superávit). Y tenemos déficit comercial con otros 14 paises UE, en especial
con Alemania (-6.571 millones), Paises Bajos (-6.307), Hungría
(-1723) y República Checa (-1.012), más Turquía (-1.394) y Rusia (-1.037
millones). Y fuera de Europa, tenemos déficit comercial sobre todo con
China (-30.496 millones, dos tercios del déficit total, +13,4% que el
año pasado), EEUU (-8.808 millones, -7,3% que en 2025, a pesar de
los aranceles), Latinoamérica (-5.365 millones, casi el doble que el año
pasado), Vietnam (-3.499 millones), Japón (-2.731 millones), India
(-2.708 millones) y Corea del Sur (-1.695), así como con Nigeria
(-3.700 millones) y Argelia (-2.868), por las compras de petróleo y gas.
En resumen, un
balance comercial con claroscuros, ya que aumentan las
exportaciones en un contexto internacional difícil, pero crecen el doble las
importaciones (para alimentar nuestro mayor crecimiento), que suponen
crear riqueza y empleo fuera de España, no dentro. Por eso, se prevé
que el sector exterior reste
crecimiento este año (-0,4% del +2,6% que se espera crezcamos), aunque restará
menos que en 2025 (-0,7%), después de que las exportaciones hayan sido
decisivas, aportando una parte del crecimiento entre 2021 y 2024.
Pero lo más llamativo es que hay “otras exportaciones”
que siguen creciendo con fuerza y apoyando en positivo al crecimiento: por un
lado las “exportaciones turísticas” (que aportan un 0,23% del
crecimiento del PIB entre 2020 y 2026) y, sobre todo, las “exportaciones
de servicios”, uno de los pilares del actual crecimiento español
(aportan un 0,55% del crecimiento anual entre 2020 y 2026), según
un estudio de CaixaBank. Esto significa que estamos asistiendo a un
cambio estructural en el sector exterior de España: se mantienen las
exportaciones de mercancías, pero lo que más crecen son “exportaciones” de alto
valor añadido, las de los turistas que nos visitan (y
gastan) y, sobre todo, las exportaciones de servicios que prestan las
empresas españolas a otras empresas y paises en el extranjero.
Las “exportaciones
de servicios” son variadas: exportaciones de servicios profesionales
empresariales, desde consultorías a ingenierías (ojo: cerca
del 70% de la facturación de las ingenierías españolas procede de proyectos en
el extranjero, cuando la media en Europa de “ingeniería en remoto" es del 20%),
las exportaciones de servicios informáticos (datos y ciberseguridad) y
telecomunicaciones, servicios de transporte, ingresos por exportación de propiedad
intelectual, los servicios financieros y de aseguradoras, los
servicios culturales y a Gobiernos y administraciones públicas extranjeras.
Todos ellos han pasado de aportar el 4,3% del crecimiento español (PIB)
en 2007 al 7% en 2026, según
CaixaBank Research. Y a aportaron el 0,55% del crecimiento anual del PIB entre
2020 y 2026, más otro 0,23% aportado por los “servicios turísticos”,
compensando que las mercancías no aporten ahora nada al crecimiento. A lo claro:
uno de los motores del crecimiento es la exportación de servicios.
Los servicios que más crecen y ayudan a la economía son los
servicios tecnológicos y profesionales (consultoría profesional y de
gestión, servicios técnicos y profesionales, informática e información y
servicios de telecomunicaciones), que explican ellos solos el 30% del
crecimiento español en el último año, según
Funcas. Y además, su valor se ha duplicado en el último lustro, creciendo
mucho más que las importaciones de servicios, con lo que España, que
tiene un elevado déficit comercial (-45.818 millones hasta agosto) lo
compensa con creces con el elevado superávit en estos servicios no turísticos
(+46.500 millones de superávit en el último año) y con otro superávit aún
mayor en los servicios turísticos (+73.500 millones en el último
año). Así que gracias al turismo y los servicios no turísticos a otros paises, España
tiene superávit con el exterior desde 2013, cuando llevábamos siglos
teniendo un tradicional déficit exterior (y tras la guerra Civil, hasta
2013).
Lo importante es que España “exporta” estos servicios
profesionales (no por contenedor, sino por Internet o in situ) a
los paises más desarrollados: el 51% a los paises europeos y el
resto a EEUU y otros paises avanzados, muchas veces de la mano de filiales en
España de grandes multinacionales. Y son servicios “de alto valor añadido” (caros),
intensivos en conocimiento (“talento”), por lo que generan
empleo muy cualificado y mejor pagado, gracias a que genera altos
márgenes y beneficios en España. De hecho, el empleo “tecnológico” (impulsado
por estos crecientes contratos con otros paises) creció en España el doble (+45,8%)
que el empleo en otros sectores entre 2015 y 2025, según
la Fundación COTEC. Y sus sueldos
oscilan entre los 45.000 y los 52.000 euros brutos, frente a la media salarial
de 29.540 euros (INE).
España está destacando en la “exportación” de servicios
profesionales porque tenemos algunas
“ventajas competitivas”: menores costes laborales y de la
energía, estratégica posición geográfica (entre Europa, América, África y
Oriente Medio), una excelente conexión exterior (gracias al acceso a 30 cables
submarinos) y una generalización de la conectividad (95% del país conectado por
fibra óptica, frente al 69% en la UE), factores que facilitan el trabajo
exterior de nuestras empresas. Y cara al futuro, la
Inteligencia Artificial abre nuevos caminos para estas “exportaciones
de servicios”, un sector que ha resistido mejor que la mayoría las
distintas crisis desatadas tras la pandemia.
Cara al futuro, estas exportaciones españolas
de servicios todavía tienen un alto margen para crecer, dado que
los servicios para desarrollar la IA van a ser los protagonistas del comercio
mundial en los próximos años, según
la OMC. Y también porque España tiene una gran competitividad y
especialización en servicios profesionales, técnicos y de tecnologías de la
información (TIC), aunque tiene menos presencia en la exportación de servicios de
I+D y propiedad intelectual, algo que tiene que ver con el menor gasto de
España en investigación e innovación (el 1,4% del PIB frente al 2,1% de media
en la UE).
Para seguir creciendo en estas exportaciones de servicios, España
tiene que avanzar
en varios retos propios. Uno, mantener los costes más bajos, sobre
todo ahora que sube la inflación, para compensar el retraso tecnológico en
algunos campos, mejorando la competitividad y la innovación. Segundo, hay que
ampliar el espectro de los “exportadores de servicios”, porque ahora está
concentrado en grandes empresas y multinacionales (hay pocas pymes, pocas “empresas gacela”:
el 0,1% frente al 0,5% en la UE). Y además, hay que facilitar financiación a
las empresas especializadas en prestar servicios al extranjero, que no
consiguen acceder a fondos españoles ni europeos como sí lo hacen en EEUU.
Pero no todas las tareas son para España. La
clave para que las empresas de servicios españolas crezcan más fuera es
que
Europa profundice el mercado único, porque actualmente hay
demasiadas barreras regulatorias que dificultan su trabajo. Según los
expertos, persisten en la UE-27 el 60% de los obstáculos detectados hace 20 años
para la prestación de servicios transfronterizos y la movilidad laboral. Y en
paralelo, falta la armonización fiscal y de los mercados de capitales para
facilitar la inversión en estos servicios intereuropeos.
Ya el informe
Draghi, presentado en septiembre de 2024, denunciaba que el exceso
de regulación desincentivaba las inversiones en Europa, también las de los servicios
profesionales. Su objetivo era reducir la burocracia UE al menos un 25%
para 2027. El problema es que hoy, más de 2 años después, los
expertos señalan que sólo
se ha cumplido un 16% del Plan Draghi… Menos de 30 de las 176
propuestas que planteaba. Y lo peor es que este incumplimiento no es sólo por
falta de inversión, sino que la mayoría de tareas pendientes son “por
falta de consenso para acordar cambios normativos” sobre
reducción de trabas administrativas y simplificación regulatoria…
En resumen, España está consiguiendo que crezcan las
exportaciones de mercancías, a pesar de los aranceles y guerras, pero lo
que nos está salvando el crecimiento son las “exportaciones de
servicios turísticos” (quizás 100 millones de turistas este año, que se
gastarán 121.000 millones de euros) y, sobre todo, las “exportaciones de
servicios profesionales y tecnológicos”, que explican casi un tercio
del crecimiento en el último año y crean cada vez más empleo, de calidad y bien
pagado. Así que nos
están salvando las “exportaciones de talento”, las que no
viajan por contenedor sino por Internet, apoyadas en la excelente
conectividad digital de España. Hay que apoyar más a estas empresas y ampliar
estos servicios exteriores a las pymes, para seguir compitiendo en el mundo,
sobre todo en Europa. Para conseguirlo, urge que
Bruselas avance rápido en el mercado único, reduciendo trabas y
regulaciones, para que nuestras empresas vendan mejor sus servicios. De
ello dependerá buena parte del crecimiento y el empleo futuros.
Este martes se publicó el último dato de las exportaciones españolas, en agosto: subieron un +13,3%, con lo que alcanzan los 264.182 millones de euros en los primeros 8 meses del año, un récord histórico y +3,2% que en ese periodo de 2025 (cuando crecieron +0,3%, la décima parte que ahora) y más que en todo 2025 (+0,7%) y que en 2024 (+0,2%). Los aranceles de Trump y las guerras han provocado que España concentre más sus exportaciones en Europa (+3,7%), aunque también aumentan nuestras ventas a USA (+6% estos ocho meses) y China (+0,7%), aunque bajan las exportaciones a Latinoamérica (-7,1%), Oriente Medio (-13%) y Asia (-5,6%). Las exportaciones que más han crecido hasta agosto son las energéticas (+34,2%), materias primas (+23%), maquinaria y bienes de equipo (+4,8%), automóvil (+1,1%) y manufacturas de consumo (+2,5%), aunque han caído las exportaciones de alimentos (-1,9%), productos químicos (-6,4%), medicamentos (-11%) y bienes de consumo (-1,8%).
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lunes, 19 de octubre de 2026
Ciberataques al alza
Vivimos en un mundo cada vez más digitalizado, donde casi
todo pasa por Internet. Y eso facilita el fraude y los ciberataques,
por mafias y particulares que utilizan sistemas muy sofisticados
para robarnos datos, material y dinero. Los ciberdelitos se han
disparado y no afectan sólo a Gobiernos y empresas, sino a
todos nosotros, desde el robo de nuestros datos en una energética o
teleco al corte de la luz en supermercados (Francia) o el robo de dinero
en los bancos, que crece imparable. Tanto que una sentencia del
Tribunal europeo de Justicia acaba de decidir que los bancos deben pagar los
daños sufridos por sus clientes. Europol alerta sobre el aumento de la
cibercriminalidad, mientras en España hay casi tantos ciberdelitos como
hurtos. Urge que Gobiernos y empresas inviertan más en
ciberseguridad, porque el uso de la Inteligencia Artificial (IA) dispara
los ciberataques. Europa quiere reforzar su Directiva contra estos ciberdelitos,
mientras España no ha aprobado la Ley de Ciberseguridad. Todos debemos
defendernos mejor frente a los ciberataques.
La gran desventaja de que todo el mundo funcione hiperconectado
a Internet es que somos muy vulnerables a los ataques, desde
la energía, los transportes o las infraestructuras básicas a los datos sanitarios
o nuestras cuentas bancarias. Y cada
día más. De hecho, se estima que cada segundo se producen 500
ciberataques en el mundo. Y los daños son tales que habrán superado
los 12,5
billones de dólares en 2026, el 1,2% del PIB mundial. Así que la
ciberdelincuencia se ha configurado ya como el primer negocio criminal en
el mundo, por delante de las drogas, la trata de personas o el tráfico
de armas. Un negocio ilegal que tiene dos
ventajas, según los expertos: requiere poca inversión previa y
pocos medios y tiene un enorme “retorno” (el 1.400%). Y en los últimos
años, cuenta además con la inestimable ayuda de la Inteligencia artificial
(IA), que sofistica y mejora los ciberataques.
En 2025, los ciberataques “documentados” en
el mundo crecieron un +42%, alcanzando los 7.979 incidentes (frente
a 5.613 en 2024), según
el informe Ciberinteligencia 2025, de Secure&IT . Y se identificaron
163 grupos de ciberdelincuentes activos a escala internacional (frente a 114 en
2024), de los que 7 grupos concentran el 40% de los grandes ciberdelitos,
destacando el
grupo Qilin (12,7% de los grandes ciberdelitos mundiales), Akira
(8,25% ciberdelitos) y Play
(4,8%). Todos ellos operan bajo esquemas de “Ransomware-as-a-Service
(RaaS)”, un modelo que funciona como una franquicia criminal en la que los
desarrolladores alquilan su malware a afiliados que ejecutan los ataques. Por paises,
EEUU fue el más atacado en 2025 (tuvo el 52% de los grandes
ataques documentados), seguido de lejos por Canadá (5%), Reino Unido y Alemania
(4% cada uno). España quedó en 7ª posición, según
Secure&IT, con 170 grandes ataques, el 10% de los ataques en Europa.
En 2026, los datos revelan un gran salto en los
ciberataques, propiciado por la dependencia de las empresas y
organizaciones de proveedores y plataformas externas (que facilitan la entrada
de virus maliciosos) y, sobre todo, por la mayor utilización de la Inteligencia
Artificial (IA) por los ciberdelincuentes, lo que facilita los ataques a muchos
particulares no profesionales. Los últimos datos disponibles, de septiembre de
2026, revelan que las empresas del mundo han sufrido de promedio 2.803
ataques significativos por semana, +48% que hace un año, según
Check Point Research. Y en España, el mes pasado hubo un promedio de
2.507 ciberataques documentados por semana, un 28% más que hace
un año.
En conjunto, el coste mundial del cibercrimen
ronda este año los 12,5 billones de dólares anuales (10,97 millones
euros) y cada ataque importante cuesta a las empresas y Gobiernos una media de
4,4 millones de dólares, según
el último informe de NTT Data. En el primer semestre de 2026, EEUU
sufrió 18.811 ataques documentados, más de la mitad del total. Y le siguieron,
lejos, India (4.461 ataques), Reino Unido (3.448), Francia (2.750), Indonesia
(1.631), Canadá (1.344). Australia (1.196), Brasil (1.137), Alemania (1.126),
Italia (1.065), México (949) y España,
en el lugar 12º, con 899 ataques graves, +45% que en la primera mitad
de 2025, un aumento mayor que el de Alemania (+31%). Algunos ciberataques en
2026 que han trascendido son los ataques a la plataforma turística Booking
(abril 2026), a Endesa (principios de año, a los datos de clientes de Zara
(mayo), al sistema de la autoridad portuaria de Vigo (marzo),a algunos centros
de salud y a servidores de Ayuntamientos (Valdemoro). Las pymes son el
sector más expuesto (al estar menos protegidas) : un
informe de Kaspersky revela que el 86% de las pymes españolas sufrió
al menos 1 ciberataque en el último año.
El informe más completo sobre los ciberataques en España,
con datos de 2025, lo
publicó en febrero INCIBE (el Instituto Nacional de Ciberseguridad,
con sede en León). Ahí reflejan que intervinieron en 122.223 ciberataques en
2025, un aumento del +26% sobre 2024 (97.348 ciberataques
documentados). La mayoría se dirigieron contra empresas que prestan
servicios esenciales: banca (el 34% de los ataques), transporte
(14%), energía (8%), infraestructuras de los mercados financieros (7%), aseguradoras
y fondos de pensiones (7%). Casi la mitad de los
ataques documentados (55.411) son “malware”(“virus
informáticos), programas diseñados para infiltrarse sin permiso en redes y
ordenadores. Le siguen los incidentes de fraude online (45.445, la
mayoría a clientes de banca). Otros ataques muy generalizados (25.133
incidentes) fueron “phising”, correos y mensajes para robar datos. Y
aunque son menos, los más costosos son los ataques de “ransomware”
(392 importantes en 2025), que bloquean accesos a archivos o Webs a cambio de
dinero (“secuestros digitales”).
Los expertos señalan que este fuerte aumento de los
ciberataques se
debe a varios factores: la mayor exposición digital de empresas y
particulares, la creciente participación en la cadena de datos de terceros
(proveedores y clientes, que acaban siendo el eslabón más débil para
facilitar los accesos ilegales), la mayor sofisticación de los
ciberdelincuentes (que gracias a la IA utilizan plataformas de ciberataques
sin tener una gran formación como “hackers) y, sobre todo, la mayor
conectividad de los usuarios. Un ejemplo: el 85% de los sistemas infectados por
ciberdelincuentes se
producen en dispositivos inteligentes (IoT), como TV,
lavavajillas, robots de limpieza o reproductores multimedia conectados a la red
en nuestras casas. Y también ayuda a la ciberdelincuencia que España sea el
país que recibe más turistas del mundo, lo que multiplica los
ciberataques a plataformas de reservas, hoteles o líneas aéreas.
Otra estadística muy reveladora de los ciberdelitos es la
del Ministerio del Interior, que informa de los ataques informáticos denunciados
por empresas y ciudadanos. En 2025, se
denunciaron 489.248 ciberdelitos, +5,3% que en 2024
pero 6 veces más de los ciberdelitos denunciados en 2016 (70.128). Y casi
se denuncian tantos ciberdelitos como hurtos (633.888 robos sin
violencia en 2025). La mayor parte de estas denuncias (430.493) son estafas
informáticas, siendo sólo 58.755 los otros ciberdelitos (sabotajes, ataques
a la intimidad o a los derechos de autor). Con todo, lo llamativo es que los
ciberdelitos suponen el 20% de toda la criminalidad en España, según Interior.
Sin embargo, el
97% de las estafas informáticas denunciadas quedan impunes, sin
condena de los Tribunales.
Uno de los delitos informáticos que más crece son los
ataques a las cuentas bancarias de los españoles (las tienen el 98%): los
bancos detectan que los intentos de estafa han aumentado un +19%
(se estima que la mitad de clientes han sufrido algún intento de ataque) y el importe
medio sustraído ha crecido un +63%, con una sofisticación
creciente (los ciberdelincuentes clonan Webs y perfeccionan con la IA los mails
y mensajes que envían a los clientes, a veces con sonidos e imágenes de jefes,
amigos o familiares). Por eso, en diciembre de 2025, la patronal de la banca y
las Cajas, junto al Ministerio de Economía, crearon
una Brigada antifraude para impulsar medidas efectivas contra el
fraude digital y para reforzar la seguridad de la operativa online (por eso
ahora recibimos más alertas de los bancos con consejos sobre ciberseguridad).
El problema es que los bancos tratan
de “escaquearse” cuando uno de sus clientes ha sufrido un ataque
informático y le han robado su dinero. Los casos son diarios y muchos
ataques acaban
en los Tribunales, porque el banco se niega a devolver al cliente lo
perdido, alegando que ha sido por su culpa, por dar las claves (por engaño
de los ciberdelincuentes) o no tener sistemas de protección en ordenadores y
móviles. Pero la jurisprudencia está dando la razón a los clientes,
tras la sentencia del Supremo de 9 de
abril de 2025, que obligaba a los bancos a “asumir la responsabilidad de
las operaciones no autorizadas derivadas de la suplantación de identidad”.
Y eso se reforzó la semana pasada, el 15 de octubre, con la sentencia
del Tribunal de Justicia de la UE: obliga a los bancos europeos a
devolver a sus clientes el dinero sustraído en las ciberestafas “aunque el
cliente haya sido negligente”. Así que ahora, el banco devuelve lo perdido
y luego si quiere reclama ante los Tribunales, aunque en este caso tiene
que demostrar una conducta negligente del cliente (algo difícil).
Ante este aumento de los ciberataques a las cuentas
bancarias, el Banco Central Europeo convocó
en abril a los principales bancos europeos a una reunión para pedirles Planes
de contingencia, solicitud que repitió
el 7 de julio, dándoles de plazo hasta el 31 de octubre para
presentarlos al BCE, que va a poner en marcha test y pruebas para
probar su eficacia. El gran temor del BCE es que se disparen los
ciberataques a la banca europea con la utilización por los ciberdelincuentes de
la herramienta Mythos, desarrollada por Anthropic, empresa USA líder de la Inteligencia Artificial (IA).
Precisamente, todos los expertos señalan que la
Inteligencia Artificial (IA) está disparando los ciberataques y lo hará
más en el futuro. De hecho, la IA es ya la
principal herramienta de los ciberdelincuentes, que la utilizan en
el 80% de los correos de “phishing” (robo de datos) y de los despliegues de “ransomware”
(“secuestro informático”), con campañas muy personalizadas que eliminan errores
lingüísticos y evaden los sistemas de detección tradicionales. Además, la
IA facilita a las redes cibercriminales fragmentar y
profesionalizar sus “servicios”, a través de plataformas donde “alquilan”
sus infraestructuras de ataque y virus informáticos a bajo coste,
permitiendo que delincuentes con pocos conocimientos técnicos ejecuten ataques
informáticos sofisticados. Y además, la
geopolítica y los conflictos entre bloques
facilitan también los ataques a infraestructuras críticas como
una forma de “guerra híbrida”, financiada por Gobiernos y grupos que buscan sabotear, desinformar y desestabilizar.
Por todo ello, los ciberataques son una de las
grandes preocupaciones de todos los Gobiernos, también en Europa, donde
el
último informe de Europol (la policía europea) alerta de que la
innovación tecnológica (IA, plataformas cifradas, tecnología blockchain y las
infraestructuras digitales) permite a las redes de delincuentes escalar en sus
actividades criminales, lo que convierte la ciberdelincuencia, el fraude online
y los ciberataques en “las amenazas que más crecen y la prioridad
estratégica de Europol”. Y por eso, la Comisión Europea presentó en enero
de 2026 una propuesta
de nuevo Reglamento para elaborar una nueva Ley de Ciberseguridad
de la UE, que mejore la actual Directiva de
Seguridad (Directiva 2022/2025), conocida como NIS2, aprobada el
14 de diciembre de 2022.
España es uno de los pocos paises europeos que todavía
no ha traspuesto esa Directiva
Europea NIS2, que ahora se va a reforzar. Teníamos de plazo para
hacerlo hasta el 17 de octubre de 2022, pero el Gobierno no aprobó un Anteproyecto de Ley de Ciberseguridad hasta el
14 de enero de 2025, que lleva desde entonces en ronda de consultas por
varios organismos, sin que haya sido aprobada como proyecto de Ley. Por
ello, la
Comisión Europea denunció, el pasado 8 de julio,
a España, Irlanda, Francia y Paises Bajos ante el Tribunal de Justicia
de la UE, lo que puede conllevar una condena y una multa. Máxime cuando ha
acabado la Legislatura y habrá que ver lo que hace el próximo
Gobierno.
La frustrada Ley
de Ciberseguridad establecía la
obligación para entidades y empresas de aprobar Planes de
Ciberseguridad, básicamente en sectores críticos: energía, transporte, banca y
mercados financieros, sanidad, agua, infraestructuras digitales y servicios
tecnológicos, industria nuclear y entidades públicas. La Ley de Ciberseguridad
afectaría a organismos y empresas grandes y medianas (más de 50
empleados y más de 50 millones de euros de negocio), aunque también a
pequeñas empresas de sectores críticos (mensajería, gestión residuos,
químicas, alimentación, proveedores de servicios digitales, seguridad privada e
investigación científica. Y obliga a informar de los ataques e
incidentes significativos y comunicárselo a las personas afectadas, creando el responsable de Ciberseguridad, que elaborará y
supervisará la estrategia de organismos y empresas.
Al no aprobarse la Ley, tampoco se ha podido crear el
Centro Nacional de Ciberseguridad, adscrito a la Presidencia del
Gobierno y máximo organismo de coordinación con la política de
Ciberseguridad de la UE. Un retraso que agrava la vulnerabilidad de
organismos, empresas y ciudadanos Y en paralelo, habría que destinar más recursos
públicos a la Ciberseguridad de organismos e instituciones, así como incentivos
y ayudas para que las empresas se gasten más en ciberseguridad (sobre
todo las pymes, que sólo invierten un 6% en seguridad informática) y contraten
a más expertos (en España hay
3.431 empresas de ciberseguridad, que facturan 6.351 millones de euros
y emplean a 165.000 profesionales), formando mejor a sus empleados (faltan
80.000 especialistas en las empresas) para cerrar las brechas a los
ciberdelincuentes. De hecho, sólo
el 4% de las organizaciones españolas cuentan con infraestructuras
adecuadas para afrontar ataques informáticos sofisticados.
Enrique Ortega
Y luego queda
que nosotros, los internautas, tomemos conciencia de lo
vulnerables que somos, gastemos en antivirus (nos gastamos en
videocámaras y puertas blindadas pero no en proteger ordenadores, tablets y
móviles) y seamos más precavidos en
Internet (descargas, correos, WApp, redes, compras…). Nos jugamos nuestro dinero y nuestra intimidad.
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