Muchas personas que viven de alquiler están preocupadas porque haya llegado 2026, porque saben que les llamará su casero para decirles que tienen que firmar un nuevo contrato de alquiler, ya que han pasado 5 años del que firmaron en 2021. Ya pasó en 2025: se renovaron 568.500 contratos de alquiler firmados en 2020, en plena pandemia, según los datos del Ministerio de Consumo. Y prevé que este año serán más las revisiones de contrato: afectarán a 632.369 contratos, 1 de cada 5 alquileres que hay en España, lo que afectará a 1.600.000 personas, según sus estimaciones. Y la alerta de Consumo es porque estos nuevos contratos pueden disparar el alquiler, porque los precios han subido mucho desde 2021.
Economía a lo claro
Información y comentarios para entender la economía nuestra de cada día
lunes, 12 de enero de 2026
Otra revisión masiva de alquileres
En 2025, más de medio millón de inquilinos
tuvieron que revisar el precio de su alquiler, al cumplirse 5 años del
contrato. Este año 2026, son todavía más los contratos a revisar: 632.369,
1 de cada 5 alquileres. Y como estos 5 años se han disparado los
alquileres, los nuevos contratos subirán una media de 1.735 euros al año,
según Consumo. Y en algunas autonomías mucho más (+2.042 euros en Madrid). Sumar
ha propuesto congelar estos alquileres, pero el Gobierno no lo contempla,
porque necesitaría un Decreto difícil de convalidar. El resto de
alquileres tendrán su revisión anual, el IPC (+3%) o el nuevo índice
IRAV (+2,29%), para los contratos firmados después de mayo de 2023. Los que
buscan un alquiler tendrán más problemas en 2026, porque se ha
reducido la oferta y se espera una nueva subida del +10%, que se suma al
+41,34% que han subido los alquileres desde 2020, el doble que el IPC y el
triple que los salarios. Urge tomar medidas en la vivienda, aunque lo impide el actual bloqueo político. Enrique Ortega
Muchas personas que viven de alquiler están preocupadas porque haya llegado 2026, porque saben que les llamará su casero para decirles que tienen que firmar un nuevo contrato de alquiler, ya que han pasado 5 años del que firmaron en 2021. Ya pasó en 2025: se renovaron 568.500 contratos de alquiler firmados en 2020, en plena pandemia, según los datos del Ministerio de Consumo. Y prevé que este año serán más las revisiones de contrato: afectarán a 632.369 contratos, 1 de cada 5 alquileres que hay en España, lo que afectará a 1.600.000 personas, según sus estimaciones. Y la alerta de Consumo es porque estos nuevos contratos pueden disparar el alquiler, porque los precios han subido mucho desde 2021.
En concreto, un alquiler medio que estaba en 10,6 euros/m2
en enero de 2021 ha cerrado el año 2025 con un precio medio de 14,7 euros/m2,
según
el portal Idealista. Una subida media de +38,7%, que se traduce en 317
euros más al mes por un alquiler de 90 m2.Y esa es la subida media en
España, porque en Madrid la subida del alquiler estos 5 años ha sido del
+56,5% (de 14,5 a 22,7 euros/m2), lo que se traduce en 738 euros más al mes
por un piso de 90 m2. Y en Barcelona, la subida del alquiler ha sido del
+65,2% (de 14,4 a 23,8 euros(m2), lo que se traduce en 846 euros más de
alquiler por un piso de 90 m2.
Con estos datos en la mano, el propietario de un piso en alquiler
tratará de subir eso o algo menos a su inquilino al revisar el contrato que cumple
5 años en 2026. El estudio hecho por el Ministerio de Consumo señala que la
subida de los nuevos alquileres puede ser en algunas zonas hasta +383
euros al mes (+4.596 euros al año), aunque cifran la
media de subida en toda
España en +1.735 euros anuales
por vivienda (+144,5 euros al mes). Pero hay 6 autonomías donde la
subida será mayor: Baleares (+4.615 euros anuales), Comunidad
Valenciana (+2.386), Canarias (+2.267), Madrid (+2.042), Cantabria
(+1.969) y Andalucía (+1.952 euros anuales). Y supondrá menos de 1.000
euros anuales la subida de los nuevos alquileres en Melilla (+329 euros), Ceuta
(+784), Aragón (+832), Castilla y León (+902), Extremadura (+961) y Galicia
(+980 euros anuales). En el caso de Cataluña, los nuevos contratos no
podrán subir más del IPC en las zonas declaradas “tensionadas”, por la Ley de Vivienda.
Y Navarra o el País Vasco quedan fuera de este estudio, por falta de estadísticas.
Esta importante revisión de contratos que se hará en 2026 se
concentra en cuatro autonomías,
según Consumo, que suponen dos tercios del total (632.369
alquileres): Madrid (145.881 contratos a revisar este año), Cataluña (112.728
contratos), Andalucía (85.491 contratos) y Comunidad Valenciana
(65.528 contratos a revisar). Y son muchos menos en el resto, destacando Canarias
(39.974 contratos), Galicia (36.543) y Baleares (24.456 contratos). No se
tienen en cuenta en estas cifras los contratos de alquiler hechos por empresas
(inmobiliarias), que se renuevan cada 7 años (la primera gran revisión será en
2027).
Sumar, que dirige el Ministerio de Consumo, ha hecho
público este informe sobre la importante revisión de alquileres que toca hacer
este año para solicitar al Gobierno que aprobara, antes de finales de
2025, una
congelación de estos alquileres, para que al renovarse no pudieran
ponerse un nuevo precio y sólo subieran el IPC. Trasladaron formalmente esta
petición al Ministerio de Vivienda (en manos del PSOE), que no ha dado
una respuesta oficial, aunque oficiosamente han comentado que la medida (que además
“no les gusta”) exigiría una convalidación posterior en el Parlamento,
algo que consideran ahora imposible.
Así que estos 632.369 inquilinos tendrán que negociar
con su casero lo que les sube el nuevo alquiler que han de firmar en
2026. Y será
una “negociación desigual”, porque si no llegan a un acuerdo, el
propietario tendrá ese mismo día una cola de peticiones de nuevas personas que
quieran alquilar su casa. Y el inquilino sabe que si no cede y acepta una
subida “suficiente”, cuando busque un nuevo alquiler (si lo encuentra) será más
caro que el que le ofrecen.
El resto de los alquileres (hay algo más de 3
millones de casas en alquiler) tendrán que hacer la revisión anual, que
tiene 2
índices de revalorización, según la fecha del contrato. Por un
lado, los contratos de alquiler firmados antes del 26 de mayo de 2023
(la fecha en que entró en vigor la nueva Ley de Vivienda) subirán este año lo que el IPC (generalmente
el IPC anual de dos meses antes a la actualización), en torno al +3%, lo que
supone una subida del alquiler medio de +27 euros al mes (+33,3 euros en
Madrid y +41,6 euros en Barcelona). Pero los contratos más recientes, firmados
después del 26 de mayo de 2023, se revisarán (salvo que en el contrato
estén referenciados al IPC) según un
nuevo índice, el IRAV (índice de referencia arrendamientos
vivienda), que publica el INE y que suele estar por debajo del IPC: en
noviembre era el +2,29%, lo que supone una subida del alquiler medio este año de
+21 euros al mes (+30,52 euros al mes en Madrid y +38,15 euros mensuales
en Barcelona).
Con esta doble subida, la de los alquileres que se
revisan tras 5 años y los que se revisan anualmente, todos los inquilinos
pagarán más este año 2026. Y eso agravará aún más la situación de
muchos de ellos, que tienen que destinar el 40% y más de sus ingresos al
alquiler. Con ello, aumentarán los desahucios por impagos de alquiler,
tras una ligera bajada en los últimos años, por las medidas del Gobierno para
cubrir a los más vulnerables. Entre
enero y septiembre de 2025 hubo 19.347 desahucios, algunos
menos (-6,3%) que en esos mismos 9 meses de 2024 (20.581). Pero el 75%
de esos desahucios son por impago de alquileres, mientras bajan los desahucios
por impago de hipotecas.
Este año 2026 se vuelven a prohibir los desahucios de
vivienda por impagos de familias vulnerables, una
medida acordada por el Consejo de Ministros del 23 de diciembre, tras
acordarlo el día antes el Gobierno con EH Bildu. Sin embargo, esta medida ha de
ser convalidada en el Congreso este mes de enero y queda ver si
será vetada o no por Junts y Podemos, junto a las subidas de las pensiones y el
resto del “escudo social”. De momento, UGT
y distintas entidades sociales han contactado con Junts para que
apoyen la prórroga de prohibición de desahucios a las familias vulnerables,
porque evitará un grave problema social.
Otra medida, un
Real decreto aprobado por el Gobierno el 9 de
diciembre, pretende mejorar la situación de los alquileres,
aumentar su oferta y conseguir que muchos propietarios “pierdan el miedo a
alquilar”: se garantiza con avales públicos que los propietarios cobren el
alquiler en caso de impago de los inquilinos más jóvenes (menores de 35
años) y familias vulnerables. La medida, que será gestionada por las
autonomías (un problema…) cubre al propietario los alquileres impagados,
los suministros debidos y los daños sufridos hasta que vuelva a recuperar su
vivienda, con dos condiciones más para el propietario: que tenga depositada la
fianza legal y que el alquiler que cobre no supere en índice estatal de
referencia. Es un avance para dar “tranquilidad” a los propietarios frente a
posibles impagos, pero debería
ampliarse a todos los inquilinos (no sólo a los jóvenes), como hace el País
Vasco (“Programa
Bizigune”). Y ahora falta que el Congreso no bloquee la medida.
Con todo, el problema no son los desahucios o los impagos.
El gran problema de los alquileres es que no
hay apenas oferta, que apenas salen alquileres al mercado y que
cuando se ofrecen hace decenas de personas pujando, lo que produce dos efectos:
el propietario sube el precio del alquiler y “selecciona” a los
inquilinos, dejando fuera a los jóvenes precarios, los inmigrantes y
hasta las familias con hijos, “elitizando” el alquiler. Y en las
zonas tensionadas, donde se han controlado los precios (gran parte de Cataluña
y municipios de Navarra y el País Vasco más A Coruña), bajan
los precios algo pero sobre todo se reduce más la oferta, con lo que
resulta aún más difícil encontrar un alquiler. Y también hay menos oferta
porque siguen desviándose pisos del alquiler “normal” a los
alojamiento turísticos y a los alquileres de temporada. Y recientemente,
muchos propietarios optan por el
alquiler por habitaciones, cobrando 500 euros y más por
habitación, lo que dispara aún más los precios.
El alquiler seguirá
subiendo este año 2026, en torno a otro +10%, según los
expertos. Una subida que se suma al +41,34% que han subido los alquileres entre
2020 (10,4 euros/m2) y 2025 (14,7euros/m2 en diciembre), una subida
que duplica la inflación en estos 6 años (+23,1%)
y que triplica la subida de los sueldos en convenio (+15,18%).
El problema de fondo que explica estas subidas es la
falta de alquileres, en unos casos porque se desvían a otros usos
(turismo o alquiler de temporada), en otros porque hay miedo a alquilar y en
otros porque no se rehabilitan casas viejas. Y sobre todo, porque no se
construyen pisos nuevos, ni para alquilar ni para vender. El Banco
de España estima que hay
un déficit de 700.000 viviendas, un déficit que crece cada año porque
se crean 330.000 familias anuales. Y sin embargo, apenas se construyen
viviendas. Es más, en 2025 se han iniciado menos viviendas “libres” y
protegidas (VPO) que en 2024: 58.824 viviendas “libres” entre enero y
septiembre (frente a 61.910 en los primeros 9 meses de 2024) y 11.567 viviendas protegidas (frente a
12.355 entre enero y septiembre de 2024), según
datos del Ministerio de Vivienda. Así que la
construcción de vivienda “pincha” cuando más falta hace, porque han
desparecido promotoras, por los altos precios del suelo y la construcción, por
la falta de mano de obra cualificada y por los bajos precios de los módulos de
VPO.
Al final, el problema de los alquileres y la vivienda es
político: el Gobierno central, la autonomías y los Ayuntamientos
son incapaces de trabajar juntos para promover más vivienda, pública y
privada, pactando la promoción de suelo y los planes urbanísticos, la
financiación y la colaboración público privada, que permitiría duplicar las
viviendas construidas (200.000 al año en vez de las 100.000 actuales). Y la
mejor muestra de esta tremenda división política entre los que deben gestionar
la política de vivienda es que el Gobierno ha presentado hace unos meses el nuevo
Plan
de Vivienda 2026-2030 y las autonomías gobernadas por el PP (11 de 17)
dijeron de entrada, sin apenas conocerlo, que “no les gustaba…”. Así que
el
Plan nacerá muerto, aunque cuente con el triple de inversión (7.000
millones) que el Plan 2021-2025.
En resumen, el alquiler será un problema mayor este 2026
para 632.000 familias que tienen que revisar sus contratos tras haber
pasado 5 años, con lo que tendrán fuertes subidas. Y también el resto tendrán
revisiones en su alquiler, del 3 al 2,29%. Pero el mayor problema lo tendrán los
jóvenes y nuevas familias que buscan un alquiler, porque hay pocos y cada
vez más caros, teniendo que superar “el casting” de los propietarios. Y
mientras, los políticos siguen enzarzados en sus peleas, con la derecha que
gestiona las autonomías empeñada en desgastar y echar al Gobierno más que en resolver
la grave situación de los alquileres y la vivienda, el problema que más
preocupa a los españoles. Como si nada.
Muchas personas que viven de alquiler están preocupadas porque haya llegado 2026, porque saben que les llamará su casero para decirles que tienen que firmar un nuevo contrato de alquiler, ya que han pasado 5 años del que firmaron en 2021. Ya pasó en 2025: se renovaron 568.500 contratos de alquiler firmados en 2020, en plena pandemia, según los datos del Ministerio de Consumo. Y prevé que este año serán más las revisiones de contrato: afectarán a 632.369 contratos, 1 de cada 5 alquileres que hay en España, lo que afectará a 1.600.000 personas, según sus estimaciones. Y la alerta de Consumo es porque estos nuevos contratos pueden disparar el alquiler, porque los precios han subido mucho desde 2021.
Etiquetas:
autonomías,
construcción viviendas,
desahucios,
escasez alquileres,
familias vulnerables,
IPC,
nuevos alquileres,
Plan estatal vivienda 2026-30,
revisión alquileres 2026,
subida alquileres
jueves, 8 de enero de 2026
Más control de Bizum y tarjetas
Desde el 1 de enero, Hacienda obliga a los bancos a
enviarle un listado mensual de los movimientos de Bizum que hagan
profesionales y empresas (no los particulares), para controlar
pagos que pretendan evadir al Fisco. Y también están obligados a informar de
las tarjetas de crédito cuyos movimientos superen los 25.000 euros anuales,
para cotejarlas con los ingresos que declaran sus propietarios. Se trata de
medidas para controlar mejor los pagos que se hacen por Bizum y
tarjetas, que se han multiplicado en los últimos años frente a los pagos en
efectivo y las transferencias. Entre tanto, los bancos de España y otros 15 paises
trabajan para crear un Bizum europeo que empezaría a funcionar entre verano
y Navidad de este año 2026, revolucionando los pagos internacionales. Y el BCE
trabaja en crear el “euro digital”, que será realidad a partir de
2029, mientras China opera con el yuan digital desde 2020 y USA apuesta
por las criptomonedas. Entre tanto, los pagos en metálico pierden peso. Enrique Ortega
La forma de comprar y pagar ha cambiado radicalmente, más en los últimos 5 años que en los 50 años anteriores, según VISA, con un mayor protagonismo de los pagos digitales (sin movimiento de efectivo), que se han duplicado desde 2022. Y la consultora PwC prevé que para 2030, los pagos electrónicos se tripliquen en el mundo, hasta superar los 3 millones de operaciones. En España, sólo el 57% de los consumidores siguen usando el dinero en efectivo para pagar sus compras, mientras un 27% utiliza sus tarjetas y un 15% paga con sus móviles, según un reciente informe del Banco de España e Ipsos. Y respecto a los pagos entre particulares, el 57% se hacen en efectivo, pero un 37% se hacen ya por Bizum, un 2% por transferencia bancaria y un 1% por otros medios de pago.
El uso de dinero en efectivo es cada vez menor entre
los más jóvenes y es todavía mayoritario entre los mayores de 45 años, según
el Banco de España. Así, los jóvenes de 18 a 24 años pagan
mayoritariamente por móvil (39% compras), seguido del pago en efectivo (32%) y
con tarjeta (28%), mientras los mayores de 45 años pagan
mayoritariamente en efectivo (el 58% entre 45 y 54 años, el 66% entre 55 y 64
años y el 79% los mayores de 65 años), seguido de los pagos con tarjeta (del 32
al 19%) y con poco peso de los pagos por móvil (del 10 al 2%). Pagan más en
efectivo los hombres (61% compras) que las mujeres (54%) y los
que tienen menos estudios (77% de las compras entre los que tienen sólo
estudios básicos, 53% con estudios medios y sólo el 39% de las compras quienes
tienen estudios superiores).
Con todo, los españoles somos los europeos que
más preferimos pagar con dinero en efectivo, un 26,40% (30,2% los jóvenes),
frente al 21,90% de preferencia en todos los paises de la zona euro, aportando
menos por los pagos con tarjeta (el 48,79% en España frente al 54,82% en la
zona euro) y con un porcentaje similar entre los que no tienen preferencia por ninguno
de estos dos sistemas de pago (23,51% en España frente al 22,85% en la zona
euro), según
el informe SPACE del BCE, que también revela que dos tercios de españoles
(63%) y europeos consideran importante mantener el efectivo como medio de pago
en el futuro.
La realidad es que se imponen los pagos digitales, sobre
todo por tarjeta y móvil, mientras bajan los pagos en efectivo. Los datos revelan
un salto tremendo en el número de tarjetas en circulación, que ya rondan los
100 millones en España. Las tarjetas de crédito han pasado de 16,06
millones en el año 2000 a 44,82 millones en 2008 y un máximo de 52,35 millones
en 2017, para bajar después a 37,25 millones en 2019 y 43,10 millones en 2024, según
el Banco de España. Y las tarjetas de débito han pasado de 29,74
millones en el año 2000 a 31,57 millones en 2008, 48,35 millones en 2019 y
51,42 millones en 2024. En conjunto, había 94,52 millones de tarjetas en 2024 y
95,43 millones en septiembre de 2025, casi 2 tarjetas por habitante (y casi
3 tarjetas por adulto).
En contrapartida, los españoles utilizamos menos el
cajero y sacamos menos dinero en efectivo, según
los datos del Banco de España: en el año 2002, se hicieron 899
millones de operaciones en cajeros, por
un importe de 82.024 millones de euros, un importe que marcó un máximo en 2019
(125.188 millones retirados en 908 millones de operaciones) para estancarse
después en 127.485 millones retirados en 2024 (en 683 millones de
operaciones). En contrapartida, los pagos con tarjeta en comercios (a
través de TPV) se han disparado en este siglo, según
el Banco de España: de los 46.828 millones pagados por TPV en 2002 (en 991
millones de operaciones) se pasó a 94.414 millones pagados en 2008, a 161.343
millones pagados en 2019 (en 4,536 millones de operaciones) y 271.528 millones
pagados por TPV en 2024 (en 9.208 millones de operaciones). Así que los pagos
por tarjeta (o móvil) se han triplicado desde 2008, mientras las operaciones se
cuadruplicaron. Y este
año 2025, ya se han pagado en TPV de comercios 210.700 millones de enero a septiembre, otro
récord.
Y queda hablar de otro sistema de pago electrónico que bate
todos los récords: el pago por Bizum:
se lanzó en 2016 y ya tiene casi 30 millones de usuarios en España, que
han realizado 4.210 millones de
operaciones. Es el sistema de pago que más utilizan el 80% de los jóvenes y se
puede pagar con Bizum en 90.000 comercios españoles.
El auge de los pagos digitales por tarjeta, móvil o
Bizum preocupa a Hacienda, porque puede ser una vía de pagos que esconden
ingresos y evaden impuestos, básicamente el IVA. Por eso, el Gobierno
aprobó el 1 de abril de 2025 el
Real Decreto 253/2025 (BOE 2 abril) por el que se modifican las
obligaciones de información de los bancos sobre tarjetas y Bizum de sus
clientes, un cambio que ha entrado en vigor el 1 de enero de 2026.
La nueva norma tiene dos partes. Una afecta a las operaciones
hechas a través de Bizum: se obliga a los bancos a informar
mensualmente a la Agencia Tributaria de la facturación acumulada cada mes y realizada a través de Bizum por empresarios
y profesionales. Así, en febrero, los bancos deberán informar ya de las operaciones
realizadas este mes de enero de 2026, detallando el importe mensual facturado
(no operación a operación) e identificando la cuenta bancaria a través de la
que se efectuaron los pagos. Ante los bulos de que el Fisco iba a
controlar todos los Bizum, Hacienda
ha publicado una nota donde aclara que los bancos no deben informar
de los Bizum entre particulares, sólo los de profesionales y empresas. Se
pretende así evitar que un fontanero, por ejemplo, cobre un servicio por Bizum
y trate así de esconder este ingreso (y el IVA).
La otra parte de la norma afecta a las tarjetas de crédito
y débito: se obliga ahora a los bancos a informar anualmente a
Hacienda sobre todas las
tarjetas cuyos movimientos superen los 25.000 euros al año, ya sea
en gasto total (suma de pagos en comercio o retirada de efectivo) o en abonos
totales (dinero recibido en la tarjeta por devoluciones y cargos). Así,
Hacienda controlará a los que gasten más de esos 25.000 euros al año, porque el
banco estará obligado a informar de que es el titular de esa tarjeta y del
gasto que ha realizado. El objetivo no es recaudar por este gasto, sino tener
el dato para contrastarlo con los ingresos declarados. Así, si
alguien gasta mucho más de lo que dice ingresar, el dato le salta a Hacienda y
puede investigarlo fiscalmente.
Aunque el Decreto habla sólo de tarjetas y cobros
profesionales a través de Bizum, hay que recordar que sigue
vigente otro control, el de transferencias: los bancos deben
reportar movimientos sospechosos o superiores a 10.000 euros y préstamos
superiores a 6.000 euros (según el modificado artículo 38 del Decreto Ley).
Esta es una vía para evitar fraudes, como que un padre haga una transferencia a
su hijo para pagar un coche o la entrada de un piso, que deben formalizarse
como donación o como crédito entre particulares para evitar una sanción de Hacienda.
En definitiva, Hacienda trata con estos cambios de controlar
mejor los pagos por tarjeta o móvil, para reducir el fraude facilitado
por las nuevas formas de pago, básicamente de empresas y profesionales, porque
no afecta a los particulares (salvo que controlarán más a los que gasten en
tarjetas más de lo que teóricamente ganan). Pero en el futuro, los pagos
digitales irán en aumento y con ello las nuevas formas de fraude. En un
futuro, ganarán peso las nuevas tarjetas sin banda magnética (gracias
a la tokenización,
un código aleatorio que sustituye al PIN y reduce el fraude), la
autentificación biométrica, el monedero digital, las divisas digitales o el
open banking (abrir los sistemas financieros a terceros).
Ahora, lo más inmediato va a ser la
creación del Bizum europeo, un sistema de pago en todo el continente que
están ultimando los grandes bancos europeos. El actual Bizum es un
sistema de pago promovido por España, Andorra, Portugal e Italia, al que se
han sumado en una segunda fase Grecia, Polonia, Noruega, Suecia, Dinamarca
y Finlandia. Y esta plataforma trabaja ahora con la iniciativa EPI, integrada
por Francia, Alemania, Bélgica, Paises Bajos y Luxemburgo, para alumbrar un
Bizum europeo, promovido por los bancos de estos 16 paises y que permitirá
el pago por móvil a 390 millones de europeos. La
idea es lanzarlo en el tercer trimestre de 2026, y si se retrasa, en las
próximas Navidades. Primero para los pagos entre particulares y después para
compras online (en 2027) y para pagar con el móvil en comercios físicos (para 2028).
Este Bizum europeo será una revolución total para los
pagos entre particulares y en comercios online y físicos, facilitando y
disparando las operaciones en el continente. Y se adelanta al lanzamiento
del euro digital, que va muy retrasado y que el
BCE prevé lanzar “a partir de 2029”, con el objetivo de facilitar
los pagos en la zona euro (a falta de una verdadera unión financiera, todavía
pendiente), algo que permitirá una mayor autonomía estratégica de Europa
frente a la dependencia actual de los medios de pago USA (Visa y MasterCard).
Este euro digital (emitido por el BCE) debería reforzar la unidad
financiera y económica de Europa, potenciando la competencia e innovación,
aunque tiene también riesgos de ciberseguridad, privacidad de las operaciones y estabilidad financiera.
Pero Europa también va retrasada en la digitalización del
euro, porque hay
ya 60 paises del resto del mundo que se encuentran muy avanzados en la
digitalización de sus monedas, desde China, India o Japón a Reino Unido,
Canadá, Corea del Sur, Brasil o Emiratos Árabes. La llegada de Trump a la Casa
Blanca ha
prohibido el desarrollo del dólar digital para promover como
alternativa las criptomonedas, el gran objetivo de los magnates
tecnológicos y del nuevo poder en USA. Mientras, China
está en cabeza de esta digitalización
monetaria: ya en 2020 lanzó a prueba el “yuan digital”,
respaldado por el Estado, y en 2025 ha creado en Shanghái un Centro de
operaciones internacionales para los pagos digitales que ya realiza pagos con
Singapur, Tailandia, Hong-Kong, Emiratos y Arabia Saudí. Un intento de que el “yuan
digital” sea una verdadera alternativa al dólar en Asia.
En resumen, los pagos digitales tienen una gran peso
en España y en el mundo y cobrarán más importancia en el futuro, donde será
algo raro pagar con monedas y billetes. Eso facilitará
las compras y transacciones, tanto dentro de Europa como en el
resto del mundo, en beneficio de la economía, empresas y consumidores. Pero también
hay riesgos, no sólo de ciberseguridad sino de evasión fiscal, de
que muchos utilicen la tecnología para evadir impuestos (más de lo mucho que ya
evaden). En España, Hacienda
intenta ahora un mayor control de los pagos por tarjeta y Bizum, para evitar
fraudes e impago de impuestos. A muchos no les gusta este mayor control, pero
se hace para controlar a los que defraudan, no a los que hacen un Bizum a un
hijo o a un amigo o a los que pagan con tarjetas sus compras. Más control no
es más “vigilancia”, debería ser menos fraude y más recaudación.
La forma de comprar y pagar ha cambiado radicalmente, más en los últimos 5 años que en los 50 años anteriores, según VISA, con un mayor protagonismo de los pagos digitales (sin movimiento de efectivo), que se han duplicado desde 2022. Y la consultora PwC prevé que para 2030, los pagos electrónicos se tripliquen en el mundo, hasta superar los 3 millones de operaciones. En España, sólo el 57% de los consumidores siguen usando el dinero en efectivo para pagar sus compras, mientras un 27% utiliza sus tarjetas y un 15% paga con sus móviles, según un reciente informe del Banco de España e Ipsos. Y respecto a los pagos entre particulares, el 57% se hacen en efectivo, pero un 37% se hacen ya por Bizum, un 2% por transferencia bancaria y un 1% por otros medios de pago.
Etiquetas:
bancos,
Bizum,
Bizum europeo,
China,
criptomonedas,
dinero en efectivo,
dólar digital,
EEUU,
euro digital,
Hacienda,
pagos digitales,
tarjetas,
tarjetas de crédito,
yuan digital
lunes, 5 de enero de 2026
La cuesta de enero: subidas y ayudas
Tras la resaca de compras de estas Navidades,
llega la dura realidad de afrontarlos, de hacer frente a tarjetas y pagos.
En un mes, enero, donde muchas empresas aprovechan para subirnos
casi todo: teléfono e Internet, luz, agua, basuras, billetes de avión,
autopistas, taxis, alquileres, tabaco, paquetes y sellos de Correos, seguros…Así
que este enero será más difícil llegar a fin de mes. La contrapartida es que también
suben los ingresos de casi 10 millones de pensionistas (más
los que menos cobran), 3 millones de funcionarios, 2,4 millones
de trabajadores que cobran el salario mínimo y las ayudas del ingreso
mínimo vital (IMV) que cobran 785.000 hogares, pensiones, sueldos y
ayudas públicas que se revalorizan desde el 1 de enero. Y también
aumentan las ayudas al transporte, manteniendo las actuales y
creando una tarifa plana que permite viajar barato. Ahora, la clave es ver
lo que suben los sueldos este año, porque los precios de los alimentos,
la vivienda y la energía seguirán altos en 2026. Enrique Ortega
Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).
Otra subida que notaremos será la del próximo recibo de
la luz, que será diferente según el contrato que tengamos. Los que tienen
un contrato de luz en el mercado “libre” (20 millones de
clientes) tendrán
subidas del 4 al 7% cuando les toque la revisión anual de su
contrato, subidas que ya han anunciado Iberdrola, Endesa o las filiales de
Repsol, argumentando que a ellos les ha subido la luz en 2025 (y ahora) porque
Red Eléctrica obliga a mantener centrales de gas de guardia (más costosas) para
evitar un nuevo apagón como el de abril pasado. El resto de clientes, los que
están en el mercado regulado (8,4 millones) ya han sufrido en
2025 esta subida y la seguirán pagando en 2026. Y todos pagarán más este año
por la
subida de los peajes (un tercio del recibo) que fija la
Administración: los peajes de acceso subirán un +4,1% y habrá que pagar
en el recibo los demás cargos, que también suben.
Si sube la luz, también subirá la
factura del agua que pagamos. En Madrid, el
Canal de Isabel II ya anunció una subida de la factura del agua del 3%
anual hasta 2030, debido a que lleva años sin subirse y tienen que acometer
nuevas inversiones. Aigües
de Barcelona también ha anunciado una subida del +2,9% para
2026, mientras otros municipios de su área metropolitana también subirán el
agua, hasta el 5,8%. Y Aguas
de Bizkaia ha anunciado subida de tarifas del 4% en 2026, lo mismo
que muchas ciudades de media España.
También subirán en 2026 las
tasas de basuras de la mayoría de municipios, que ya han aplicado en
2025 sus nuevas tarifas, mucho más altas que los anteriores, que volverán a
subir este año, para ajustarlas paulatinamente a las
nuevas exigencias de recogida de residuos.
Y también pagaremos más al viajar en avión, porque
las aerolíneas nos cargarán en los billetes la subida del canon aeroportuario que
les ha hecho AENA el 1 de enero,
un aumento del +6,44% para afrontar las inversiones en los aeropuertos
españoles. También será más caro viajar en coche por autopista: los
peajes subirán este año un +2,61%
al menos, aunque en las autopistas rescatadas por el Estado subirán menos, un +2%.
También podría subir este año el impuesto que paga el gasóleo, porque la
Comisión Europea obliga a igualarlo con el de la gasolina, aunque el
Gobierno no logró aprobar en 2024 el Decreto que los equipara, por el
rechazo del PP, Vox, UPN y Podemos. Pero es una reforma exigida para recibir
460 millones de Fondos europeos, por lo que el Gobierno se ha comprometido a
intentar aprobar la equiparación antes de finales de marzo. De conseguirlo, el
gasóleo subiría 7 céntimos por litro.
El tabaco ya ha subido el 1 de enero, con nuevos
precios para los paquetes de cigarrillos, cigarros y picadura (ver
nuevo listado de precios por marcas), aunque todavía fumar es más barato en
España que en la mayoría de Europa. Y también han
subido ya las tarifas de Correos, tanto los sellos (+7,9%: el
franqueo ordinario cuesta 96 céntimos, el doble que en 2015), los certificados
y los paquetes (+5,5%). Y han subido también los taxis en la mayoría de
España, desde Madrid
(+2,36%) y Barcelona
(+2,3%) a Sevilla,
Málaga, Valladolid, Ferrol o Salamanca, lo que se trasladará también a los
vehículos VTC.
Con todo, lo más preocupante volverá a ser la subida de
la vivienda, tanto para alquiler como para compra. Se espera
otra subida de los alquileres del +10% en 2026, que se sumaría a las
fuertes subidas de los años anteriores: +40,3% han subido los alquileres
de media en España desde 2019 (+50% en Madrid y +46,15% en Barcelona, según
Idealista).. Además, muchos contratos de alquiler (por 5 años) se terminan
en 2026, con lo que los propietarios intentarán revisar bastante al alza los
nuevos alquileres, con lo que se espera “un aluvión de subidas”. Y en cuanto a
los precios de compraventa, están ya en niveles prohibitivos: 2.605
euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en
Madrid. Y podrían subir otro 15% más este año, según Idealista.
Y luego hay dos subidas aseguradas para 2026, aunque todavía
no podamos decir cuánto. Una es la
subida de los seguros, desde el seguro del automóvil y del hogar al
seguro de salud, que llevan años subiendo mucho y que volverán a subir bastante este año, justificándose en
el aumento de costes de los talleres y reparaciones, los siniestros en casa y
el aumento de los costes médicos en los hospitales privados. Y también están “cantadas”
nuevas
subidas de los alimentos: frutas y verduras (muy afectadas por el
cambio climático y las cosechas), las carnes, los huevos, el café y el
chocolate, más la bollería y las bebidas.
En cambio, hay otro gasto importante, el transporte
público, que se modera o baja en 2026, por las ayudas
que ha
prorrogado o ampliado el Gobierno. Por un lado se prorrogan
los actuales descuentos al transporte en tren y autobús, manteniendo
los descuentos actuales en Cercanías, corta y media distancia y autobús, a los
que se añaden un nuevo abono trimestral y un abono de 10 viajes para Cercanías,
manteniéndose la gratuidad de todos los viajes para los menores de 14
años (para educar a los menores en el transporte público). Por otro lado, se
crea
un nuevo bono transporte de 60 euros mensuales (30 euros para menores
de 26 años) que permite viajes ilimitados en Cercanías y media distancia de
Renfe, además de las líneas estatales de autobuses. Un bono que convive con el
resto de ayudas al transporte.
Estas ayudas
van a permitir que millones de personas gasten hasta un 75% menos en
transporte público en 2026, ahorrándose este año 1.371 millones de
euros (el coste de las ayudas). Unas ayudas públicas al transporte que han sido
claves estos años, desde 2018 a finales de 2025, en que el Gobierno ha
destinado más de 11.000 millones de euros (7.200 millones desde 2022) a subvencionar los billetes de Cercanías,
trenes de media distancia y Avant y los autobuses de líneas estatales, según
datos de Transportes.
Un ahorro en transportes que no compensa el rosario de las
otras subidas de precios, unas anunciadas y otras silenciosas, que
afectarán a nuestros bolsillos en este año 2026. Menos mal que hay colectivos
que van a tener también un aumento de ingresos para afrontarlas,
básicamente pensionistas, funcionarios y los más desfavorecidos que reciben
ayudas públicas, que también se han revalorizado el 1 de enero.
Empecemos por los
pensionistas, 9,42 millones de personas que cobrarán algo más por sus
pensiones (10,42 millones) ya desde este mes de enero. La subida media de las
pensiones es del +2,7% (la subida de la inflación anual de noviembre
2024 a noviembre 2025), lo que supondrá cobrar unos 40 euros más al mes (una
jubilación media de 1.512 euros en 2025). Pero los 2,12 millones de
pensionistas que cobran pensiones muy bajas, con complementos de mínimos, tendrán
una subida mayor: +11,4% para los pensionistas con cargas familiares
(y las viudas) y +7% para los que no las tienen. Y para los 471.000
pensionistas que cobran una pensión no contributiva (dos tercios son mujeres),
la subida es del +11,4%.
Los 3 millones de personas que trabajan para la
Administración Pública cobrarán un +2,5% de subida retroactiva por
2025 y otro +2%
de subida salarial en 2026, más otro +4,5% en 2027 y un 2% de subida en
2028, según el acuerdo pactado por el Gobierno, que supone una subida acumulada
(por el efecto arrastre) del +11,4%
entre 2025 y 2028, un aumento superior a la inflación esperada estos
años, para recuperar parte del poder adquisitivo perdido por los funcionarios.
También volverá a subir este año el salario mínimo
interprofesional (SMI), que cobran unos 2,4 millones de trabajadores,
especialmente mujeres, jóvenes e inmigrantes que trabajan en el campo. De
momento, en enero se ha prorrogado el salario mínimo actual (1.184 euros en 14
pagas), a la espera de que el Gobierno apruebe este mes la nueva subida, que se
cobrará con efecto retroactivo desde el 1 de enero: los
expertos consultados han propuesto que suba entre 37 y 56 euros
al mes, mientras la
patronal propone una subida de 18 euros (+1,5%) y los sindicatos
piden subir 89 euros (+7,5%).
Y también sube el importe del ingreso mínimo vital (IMV)
que reciben las familias más vulnerables, actualmente 785.722 hogares (beneficiando
a 2,4 millones de personas). En 2025 cobraban entre 658,81 euros un adulto
solo y 1.449 euros mensuales las familias numerosas, importes que han
subido un 11,4% el 1 de enero, entre 75 y 170 euros más al mes. El problema
es que esta ayuda (IMV) sólo llega a la mitad de las personas que están en pobreza
severa (4,3
millones, según Cáritas). Y que muchas autonomías han aprovechado el
IMV para suprimir o reducir su ayuda, las rentas mínimas de inserción:
en los últimos 3 años se han reducido
más de 170.000 beneficiarios y 13 autonomías (Madrid y Aragón en
cabeza, un -95%, seguidas de Castilla la Mancha, Castilla y León, Andalucía, la
Rioja, Cantabria, Extremadura, Murcia, Asturias, Galicia, Cataluña y Navarra) han
reducido su gasto en estas ayudas autonómicas, que sólo llegan a 532.700
personas, el 6,1% de quienes viven en el umbral de la pobreza, según
los Directores y Gerentes de Servicios Sociales.
Ahora, la clave para afrontar las nuevas subidas de precios va
a estar en los salarios, en la subida que se pacte para 2026. Todo
indica que la patronal no ofrecerá una subida por encima del 2% (la
inflación subirá el 2,1%, según el Gobierno) y que los sindicatos
pedirán una subida mínima del 3,5%, para recuperar parte del poder
adquisitivo perdido en los últimos años (los sueldos han subido un
13,45% entre 2022 y 2025 y la inflación un 15,4%). Y, sobre todo, pedirán que
suban más los sueldos más bajos, porque el 30% de trabajadores
ganan menos de 1.582 euros brutos al mes (y otro 40% ganan entre 1.582 y
2.659 euros brutos), según el Decil de salarios
de la EPA 2024. Estos bajos salarios explican que casi la mitad de españoles (el 47,4% de los
hogares, según el INE) lleguen con dificultad a fin de mes. Y más ahora,
con la oleada de subidas de enero.
En definitiva, volvemos
a sufrir subidas de precios en múltiples servicios y gastos, sin
que tengamos claro lo que van a subir nuestros ingresos este año, lo que
explica que muchos españoles no vean bien su economía (según
el CIS) aunque España crezca más que la mayoría de paises occidentales. Eso
debería obligar a tomar medidas para “repartir
mejor el crecimiento”, controlando las subidas más impopulares
(alimentación, energía, servicios públicos) y aumentando las ayudas a los más
vulnerables, con medidas fiscales para que paguen más los que más ganan y menos
los que menos ingresan y viven de un sueldo. Y promover una negociación
colectiva que suba más los sueldos más bajos, ahora que muchas empresas pueden hacerlo,
porque llevan 5 años mejorando ventas y beneficios. Esas son las claves
para que el crecimiento lo noten la mayoría de españoles.
Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).
Lo que también subirá en 2026 serán las nuevas hipotecas, no sólo porque hay que pedir un mayor importe (el 80% del precio de venta) para afrontar los altos precios, sino porque el Euribor lleva 5 meses consecutivos subiendo (del 2,079% en julio al 2,267% en diciembre), con lo que los bancos cobrarán este año tipos más altos, en torno al 3,5%. Eso sí, los 4 millones de familias que están pagando una vieja hipoteca no tendrán un susto en la próxima revisión anual, porque el Euribor esperado para 2026 (por debajo del 2,5%) será todavía inferior al de 2025.
Etiquetas:
alquileres,
basuras,
billetes avión,
gasóleo,
pensiones,
salarios,
seguros,
subida alimentos,
subida luz,
subida peajes,
subidas 2026,
subidas de precios,
subidas enero,
subidas telecos,
tabaco,
taxis
jueves, 1 de enero de 2026
2026, otro año de mayor crecimiento
2025 ha sido mejor de lo esperado hace
meses, cuando se temía una recesión mundial por los aranceles de Trump y los
conflictos geopolíticos. A final, el mundo ha crecido casi como en 2024 y
Europa languidece, mientras España crece casi el doble que la UE, por
5º año consecutivo. Y todo apunta a que en 2026, la economía
mundial crecerá como en 2025, sin sobresaltos, salvo la incertidumbre por las
guerras y conflictos o el temor a una crisis bursátil por la burbuja de
la Inteligencia Artificial. España volverá a crecer más que el resto
de Europa, empujada por el aumento de la población (inmigrantes) y el
empleo, que tirarán del consumo, junto a las mayores inversiones
por los Fondos europeos (que se acaban).Pero este fuerte crecimiento no
puede hacernos olvidar los problemas pendientes: subida de alimentos,
alquileres por las nubes, sueldos bajos, jóvenes sin horizonte, deterioro de
los servicios públicos (sobre todo la sanidad) y demasiada pobreza y
desigualdad. Hay que repartir el crecimiento.
¡Feliz 2026¡
El año 2025 se ha cerrado con la sensación de que ha sido mejor de lo esperado, como ya pasó en 2023 y 2024, sin que los aranceles de Trump o los conflictos geopolíticos nos hayan sumido en una recesión, como algunos temían en primavera. El crecimiento mundial habrá sido del +3,2%, según el FMI, parecido al de 2024 (+3,3%), aunque con diferencias entre Europa (+1,3%), EEUU (+2%) y Asia (+4,5%). Al final, la economía internacional no ha caído en recesión porque los aranceles se han retrasado y suavizado sobre la amenaza inicial, por la capacidad de paises y empresas para reaccionar y adaptarse, por las bajadas de tipos (que reanimaron la inversión y el consumo) y por el alivio de la energía, con precios bajos del petróleo y el gas tras los sustos de años anteriores. Eso sí, en 2025 vimos un mundo más fragmentado, de bloques comerciales y políticamente dividido. Este año 2026 se presenta bastante parecido, con un cierto dinamismo en la economía mundial, que podría crecer casi lo mismo (+3,1% prevé el FMI), con un crecimiento similar al de 2025 en EEUU (+2,1%), Europa (+1,4%) y China (+4,2%). Por un lado, se notarán más este año los aranceles de Trump, pero también avanzará la búsqueda de nuevos mercados por parte del resto del mundo. Y se esperan tipos bajos y energía barata, con el petróleo rozando los 62 dólares por barril, el precio más bajo desde febrero de 2021. Y se espera además que la inversión siga fuerte, empujada por la Inteligencia Artificial (IA), que movilizó 1,5 billones de dólares en 2025. Precisamente, el auge de la IA es un factor que puede contribuir a un salto de la productividad y el crecimiento, sobre todo en EEUU y China, pero también es un factor de incertidumbre: muchos expertos temen que la burbuja de la IA estalle en 2026 y provoque una debacle de las Bolsas, que han batido todos los récords en 2025.
Pero hay otras
incertidumbres en el panorama internacional para 2026, en
especial los conflictos geopolíticos (a Ucrania y Gaza de podría
sumar Venezuela), la guerra comercial entre USA y China, el aumento de la
deuda en EEUU y en todo el mundo (que podría llevar a recortes de gasto y a
subidas de tipos), el gasto en Defensa (que impide otros gastos sociales), el
progresivo envejecimiento de la población en Occidente y la
emergencia climática, que no se afronta con decisión por el auge del
negacionismo climático y causará nuevas y costosas emergencias (inundaciones, huracanes, incendios, sequías…).
En Europa, el año 2026 se presenta algo mejor,
según
las previsiones de otoño de la Comisión Europea: se espera un crecimiento
del +1,4% en la UE-27, el mismo que en 2025, pero con una cierta
recuperación en Alemania, el motor del continente (espera
crecer +1,2%, tras crecer sólo un +0,2% en 2025 y caer un -0,5% en 2024). Francia
también crecerá algo más (+0,9% frente a +0,7% en 2025) e Italia (+0,8%,
el doble que en 2025), aunque eso se contrapone con un elevado déficit
público en los tres paises para 2026 (-4,0% del PIB Alemania, -4,9% Francia
y -2,8% Italia), que dificultará reanimar más estas economías, máxime con el
estancamiento político en Francia y los enfrentamientos en Italia.
Pero este ligero
crecimiento de la UE y de sus tres mayores economías es muy
importante para España, porque son nuestros mayores clientes
(allí van el 33% de todas nuestras exportaciones) y los europeos que más
vienen como turistas (el 31,6% vienen de estos 3 paises europeos). Esto nos
ayudará más a crecer en 2026, un año en que la Comisión augura un crecimiento
para España del +2,3%, casi el doble que el de la UE-27 (1,4%) y Alemania
(1,2%). Con ello, será el 6º año consecutivo (de 2021 a 2026) en
que España crecerá más que la media europea: hemos crecido +11,1%
entre 2021 y 2025, más del doble de lo que han crecido estos años la UE-27 (+5,2%).
Y eso gracias al mayor aumento de la población y del empleo, al turismo, a las
exportaciones y a las inversiones promovidas por los Fondos UE.
Este año 2026, el mayor crecimiento español se
asentará en dos motores, según
las previsiones del Gobierno. Uno, el consumo de las familias, que
ha crecido ya en 2025, por el aumento de la población (+475.000 habitantes, por
la inmigración) y del empleo (se habrán creado unos 600.000 empleos el año
pasado), que han gastado más (y ahorrado menos), también porque los sueldos han
subido algo más (+3,49%) que la inflación media esperada (+2,8%) y porque la
bajada de tipos ha ayudado a los que tienen una hipoteca o un préstamo. El otro
motor del crecimiento, en 2025 y 2026, será la inversión (pública y
sobre todo privada), que crece gracias a la inyección de los fondos europeos
y a la renovación tecnológica de las empresas, ayudada por la bajada de
tipos.
El fuerte consumo de los hogares y la inversión empresarial
no sólo tiran del crecimiento sino que reflejan la confianza de empresas
y familias en la economía española, reforzadas por una
enorme confianza en España de los inversores internacionales, que se
demuestra en el aluvión de inversiones en el sector inmobiliario o energético
(renovables), pero también en hoteles, turismo, empresas, tecnología y centros
de datos. Una confianza que se traduce en que la prima de riesgo,
lo que tenemos que pagar de más como país para financiarnos (deuda a 10 años) respecto
a Alemania es menor en España (+0,44%) que el extra que tienen que pagar
Francia (+0,72%) o Italia (+0,67%).
Todo apunta a que 2026 será el 6º año consecutivo en
que España crecerá por encima de su potencial (+1,6%), gracias a una
serie de factores que aportan un crecimiento extra, según
el análisis de CaixaBank Research: los fondos UE (+0,6% adicional),
el aumento de población (+0,5%), los bajos tipos de interés
(+0,3%), el alivio de los precios energéticos (+0,1%), el mayor consumo
privado (+0,1%) y la mayor inversión en vivienda (+0,1% adicional).
Y hay otros factores que restarán crecimiento este año 2026: el menor
crecimiento de las exportaciones (restará -0,4% al PIB), el efecto negativo
de los aranceles USA (-0,1%), la incertidumbre geopolítica mundial
(-0,3%) y la política fiscal contractiva para seguir bajando el déficit
público (-0,2%) y otros factores (-0,1%). Ayudas y frenos que se suman al
crecimiento “normal” para conseguir ese +2,1% de crecimiento previsto para
2026.
Un crecimiento que no sólo es destacable por superar al de
la mayoría de paises sino porque es
“más sano” que el fuerte crecimiento de España en los años 90 o al
principios de este siglo. Porque España crece con una inflación moderada
(3%), creando mucho empleo (+600.000 en 2025), recortando el déficit
público (-2,1% en 2026 frente al -3,2% en 2024) y dejándolo por debajo del
déficit de Alemania, Francia o Italia, con menos deuda pública (que paga
tipos muy bajos) y, sobre todo, con un superávit
con el exterior (gracias a los ingresos por turismo, a las
exportaciones y a las inversiones extranjeras), algo inédito en el último
siglo.
Pero este crecimiento, alto y más sano, no puede esconder los
problemas económicos de España que siguen pendientes en
2026. El primero, la sensación que tienen muchos españoles de que “no
notan este crecimiento”, porque la mitad tienen problemas para llegar a
fin de mes (el 47,4% de
los hogares, según el INE), debido a que las subidas de precios se
han comido sus sueldos y pensiones. El problema es que arrastramos la alta
inflación de los años pasados (+15,4% subió el IPC entre 2022,2023, 2024 y
hasta noviembre de 2025), que ha superado la subida de los salarios (+13,45%
en estos 4 años), con lo que los españoles han perdido poder adquisitivo. Y han
perdido más los que menos ganan y gastan
más en alimentos (subieron +29% estos 4 años), vestido, calzado y
vivienda.
Precisamente, la vivienda es otro de los grandes
problemas para 2026, porque tiene unos precios prohibitivos tanto para comprar
( 2.605
euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en
Madrid) como para
alquilar: 14,6 euros/m2 de media (1.314 euros por un piso de 90m2), una
subida del 40,38% desde 2022, pero 24 euros/m2 en Barcelona (2.160 euros de
alquiler) y 22,8 euros/m2 en Madrid (2.052 euros). Esto deja fuera a
muchos jóvenes y familias o las obliga a dedicar la mitad de sus
ingresos o más al pago de un techo, mientras las autonomías
y el Gobierno son incapaces de pactar unas medidas para promover la
construcción de muchas más viviendas para alquiler y venta.
Otro gran reto para 2026 es el deterioro
de los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, servicios
sociales, transportes), que suponen serios problemas para la mayoría y un
gasto creciente, que también les dificulta llegar a fin de mes, ya sea
en un seguro privado, en la cuota de las guarderías privadas y los colegios
concertados, en las Universidades privadas (porque no han conseguido plaza en
las públicas, también con matrículas caras), en contratar a una persona para
cuidar de los mayores o en pagarles una residencia, en el bono transporte o en
los carburantes, los peajes y los seguros.
El mayor problema sigue siendo la
sanidad, cada vez más deteriorada por falta de profesionales y
recursos, lo que se traduce en que la demora media para ir al médico de
cabecera son casi 10 días (9,78), según
el último Barómetro del CIS, y una lista de espera de 128 días para el
especialista y 118 días para operarse (donde esperan 832.278 pacientes, según
Sanidad). Un deterioro que exige más gasto en Sanidad de las autonomías,
sobre todo de las que menos gastan por habitante: Murcia (1.511 euros),
Cataluña (1.516 euros), Comunidad de Madrid (1.537 euros), Andalucía (1.871
euros), Castilla la Mancha (1908 euros) y Baleares (1.981 euros) , las 6 por
debajo del gasto medio en España (2.013 euros/habitante), según
los Presupuestos autonómicos para 2026.
Otro gran problema para 2026 es ejecutar los Fondos
europeos recibidos y conseguir
las subvenciones y créditos pendientes: son 25.000 millones de ayudas a
fondo perdido y otros 6.800 millones en créditos, cuya recepción está
condicionada a que España apruebe 230 hitos y reformas este año, porque el 31
de agosto se acaban los Fondos europeos. Y no lo vamos a tener fácil, porque al
Gobierno Sánchez le faltan apoyos para aprobar en el Parlamento muchas de
esas reformas. Y si no se aprueban, no hay Fondos europeos, que han sido
y son uno de los factores claves para el crecimiento y el empleo logrados por
España.
Otro problema a afrontar en 2026 es reducir la desigualdad
y la pobreza, que en 2024 afectó a 9,6
millones de españoles, los que ingresaron menos del 60% de la media (personas
que ganan menos de 827 euros al mes en 14 pagas o familias con dos niños que
ingresan menos de 1.737 euros mensuales). Son el 19,7% de la población y el
objetivo del Gobierno es que este porcentaje baje al 19,4% en 2026 (serían más
“pobres”, porque sube la población). Y es especialmente preocupante la pobreza
“severa” (los que ingresan menos del 40% de la media), que afecta
a 4,3 millones de españoles, en especial mujeres solas con niños (hay
2,5 millones de niños y niñas que viven en “hogares pobres”, según
Save the Children), jóvenes, mujeres e inmigrantes.
Y seguimos teniendo el reto del paro, que es el
más elevado de Europa, tanto el global (10,5% frente al 6% en la UE-27 y el
3,8% en Alemania) como el paro juvenil (25,3% en España y 15,2% en Europa). Un
problema que exige Planes de empleo específicos para jóvenes y mujeres,
así como para mayores de 45 años (1.061.100 están parados, el 40,6% de
todos los parados, y muchos no van a encontrar ya trabajo nunca). Y también urge
reformar de una vez las oficinas de empleo autonómicas (SEPE), que
no utilizan las empresas para contratar (acuden a ETTS y conocidos) y tampoco ayudan
a los parados a encontrar empleo.
En resumen, 2026 puede ser otro año con una economía
internacional que mantenga su crecimiento en medio de la incertidumbre, una
economía europea que salga del túnel (débilmente) y una economía
española que siga creciendo más que el resto, lo que permitirá llagar a los
23 millones de empleos. Pero hay que resolver los problemas de los precios
de los alimentos y la vivienda (alquileres y venta), mejorando los
sueldos de una gran mayoría que los tiene bajos y se los come la inflación.
Y además, hay que mejorar los servicios públicos, que afectan a la
mayoría y a su bolsillo. Pero sobre todo, hay que repartir
mejor el crecimiento, que no nota mucha gente, porque existe
todavía una gran desigualdad, que sólo pueden corregir los impuestos, las
ayudas y las políticas públicas. Pero eso resulta difícil con el actual enfrentamiento
político, que impide acuerdos para mejorar la vida de la gente. Algo
que se complica mucho más en un año electoral, donde las
tensiones políticas podrían afectar negativamente a la recuperación de la
economía. Al final, ese es nuestro mayor riesgo.
Con todo, que tengan un buen año. ¡Feliz 2026¡
El año 2025 se ha cerrado con la sensación de que ha sido mejor de lo esperado, como ya pasó en 2023 y 2024, sin que los aranceles de Trump o los conflictos geopolíticos nos hayan sumido en una recesión, como algunos temían en primavera. El crecimiento mundial habrá sido del +3,2%, según el FMI, parecido al de 2024 (+3,3%), aunque con diferencias entre Europa (+1,3%), EEUU (+2%) y Asia (+4,5%). Al final, la economía internacional no ha caído en recesión porque los aranceles se han retrasado y suavizado sobre la amenaza inicial, por la capacidad de paises y empresas para reaccionar y adaptarse, por las bajadas de tipos (que reanimaron la inversión y el consumo) y por el alivio de la energía, con precios bajos del petróleo y el gas tras los sustos de años anteriores. Eso sí, en 2025 vimos un mundo más fragmentado, de bloques comerciales y políticamente dividido. Este año 2026 se presenta bastante parecido, con un cierto dinamismo en la economía mundial, que podría crecer casi lo mismo (+3,1% prevé el FMI), con un crecimiento similar al de 2025 en EEUU (+2,1%), Europa (+1,4%) y China (+4,2%). Por un lado, se notarán más este año los aranceles de Trump, pero también avanzará la búsqueda de nuevos mercados por parte del resto del mundo. Y se esperan tipos bajos y energía barata, con el petróleo rozando los 62 dólares por barril, el precio más bajo desde febrero de 2021. Y se espera además que la inversión siga fuerte, empujada por la Inteligencia Artificial (IA), que movilizó 1,5 billones de dólares en 2025. Precisamente, el auge de la IA es un factor que puede contribuir a un salto de la productividad y el crecimiento, sobre todo en EEUU y China, pero también es un factor de incertidumbre: muchos expertos temen que la burbuja de la IA estalle en 2026 y provoque una debacle de las Bolsas, que han batido todos los récords en 2025.
Etiquetas:
2026,
año 2026,
Comisión Europea,
consumo,
Crecimiento,
economía 2026,
economía española,
economía europea,
economía internacional,
FMI,
Fondos europeos,
Gobierno,
inversión,
previsiones 2026,
reformas
lunes, 29 de diciembre de 2025
España no pierde el tren de la IA
La Inteligencia Artificial (IA) avanza imparable, con
1,5 billones de inversión, sobre todo en USA y China, alimentando una “burbuja”
bursátil que se teme estalle en 2026. Europa está muy rezagada
en tecnología e inversiones, pero 1 de cada 3 europeos utilizan ya las
herramientas de IA, que aplican en sus negocios 1 de cada 5 empresas
europeas. España no ha perdido este tren tecnológico e
incluso usan la IA más empresas que en Francia, Italia o Irlanda, más las grandes
empresas y poco las pymes. Y somos uno de los tres paises europeos, con
Alemania y Polonia, con 2 centros de supercomputación para desarrollar la IA,
al amparo de una Estrategia Nacional que gasta fondos europeos. El temor
es la pérdida de empleos que acarrea la IA, como se ha visto en Microsoft,
Amazon y Telefónica. Por eso, los sindicatos piden negociar su
aplicación en las empresas y que la IA pague impuestos para compensar cotizaciones
e ingresos perdidos. Y más formación, para no quedarse fuera.
La Inteligencia Artificial (IA) sacude los mercados y es un imán para los inversores, llevando al máximo a las Bolsas. Este año 2025, el gasto mundial en IA supondrá ya 1,5 billones de dólares, según la consultora Gartner, frente a los 987.904 millones invertidos en 2024. Y apuestan por que se superarán los 2 billones de dólares de inversión en 2026, sobre todo en EEUU y en China, impulsada por la integración de esta tecnología en dispositivos como teléfonos inteligentes, ordenadores y tablets, así como en la necesaria infraestructura de Centros de Datos (CPDs). Sólo las grandes tecnológicas USA tienen previsto invertir en partidas relacionadas con la IA cerca de 3 billones de dólares hasta 2030, nada menos que el 10% del PIB estadounidense. Una cifra que marea y que está creando una “burbuja inversora” que podría estallar si los beneficios no llegan pronto. Europa está retrasada en esta carrera por la IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de 16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según los datos recientes de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el 25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro Europa (56,3% en Noruega, 48,4% en Dinamarca, 47% en Suiza, 46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42% en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un 37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania (32,3%) e Italia (19,9%).
En cuanto a las empresas, 1 de cada 5 empresas europeas
(20%) con más de 10 empleados utilizaron tecnologías de IA para sus
negocios en 2025, según
Eurostat, lo que supone un gran salto: en 2021 utilizaban esta tecnología
el 7,7$, el 8,1% en 2023 y el 13,5% en 2024. Otra vez, los paises con más
empresas utilizando la IA son los nórdicos y centro Europa: Dinamarca (42% de
las empresas), Finlandia (37,8%), Suecia (35%), Bélgica (34,5%), Luxemburgo
(33,61%), Paises Bajos (33,21%), Austria (29,95%), Noruega (28,89%) y Alemania
(25,97%). España (con el 20,7% de empresas utilizando la IA) ocupa el
puesto 13º en este ranking empresarial, por delante de Irlanda (19,64%),
Francia (18,16%) e Italia (16,40%).
El uso empresarial más común de la IA es para
analizar el lenguaje escrito (11,8% empresas), seguido de su utilización
para generar imágenes y vídeos (9,5%), para generar lenguaje escrito o
hablado (8,8%) y para convertir el lenguaje hablado en formato legible para una
máquina (7,2%), según
Eurostat. Los sectores que más lo están utilizando son las
empresas de información y comunicación y los servicios profesionales y
científicos, sobre todo en las empresas europeas grandes (el 55,3% utilizan la
IA) y menos en las medianas (el 30,6%) y en las pequeñas (usan la IA sólo el
17%). Y su utilización es básicamente para tareas de marketing y ventas
(34,7%) y para organización de procesos o gestión (31,05%), destinándose
sólo un 6,08% para tareas logísticas.
En España, la utilización de Inteligencia Artificial
(IA) ha dado un enorme salto en 2025, sobre todo en las grandes empresas,
como Amadeus, Indra, Telefónica o Grifols, que están desplegando la IA en
procesos críticos. De momento, la IA afecta ya a 2 de cada 10 empleos en
España (entre el 18 y el 22%), según
un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Valencia. Su mayor o
menor utilización depende de sectores y territorios: se utiliza más en
servicios avanzados, comercio, educación, sanidad e información y comunicación,
especialmente en Madrid y Barcelona (21,5%), siendo baja la exposición en Castilla
y León, Castilla la Mancha y Aragón, por el mayor peso de la agricultura, la construcción
y la industria tradicional. Y están más “expuestos” a la IA los empleos
femeninos, porque se concentran en sectores con más uso de la IA
(educación, sanidad, servicios administrativos, comercio y actividades
sociales).
El estudio
revela que la IA puede aumentar la productividad de las
empresas, mejorar los servicios públicos y generar oportunidades de empleo
cualificado, aunque también reconoce que puede intensificar las
desigualdades entre trabajadores y empresas. Y, sobre todo, el gran
temor que acarrea la IA es que suponga pérdida
de empleos, como se ha visto recientemente en Microsoft, Amazon y
Telefónica (el
ERE se ha justificado por la IA). De hecho, un
estudio del FMI (2024) revelaba que el 40% de los empleos del mundo
(1.320 millones) se verán afectados por la IA, perdiéndose
algunos y modificándose otros. Y
otro estudio de 2025, del World Economic Forum, vaticina que se perderán
92 millones de empleos en esta década por la IA, aunque también se crearán
170 millones de empleos, lo que dará un aumento del empleo neto de 78 millones para
2030.
La pérdida o ganancia de empleo va a depender del tipo de
empresas y empleos que tenga cada país y de las políticas de formación y
reciclaje que se apliquen. En España, un
estudio de Randstad (febrero 2024) estimó el coste laboral de la IA en
una década (2023-2033): se perderán 2 millones de empleos (casi el
10%) y se crearán 1,61 millones de empleos nuevos, con un saldo neto de 390.000
empleos perdidos. Profundizando más,
el informe de Randstad refleja que el 9,8% de los empleos actuales (2
millones) corren el riesgo de ser automatizados, mientras otro 15,9% de
empleos (3,25 millones) se mantendrán (aumentando su productividad,) y la
mayoría (el 74,3% restante, 15,19 millones de empleos) no tendrán cambios
significativos por la aplicación de la IA.
El informe concreta los
sectores que se verán más afectados negativamente por la IA:
el comercio (perderá 158.415 empleos netos), las actividades
administrativas (-147.915 empleos netos), hostelería (-112.770) y transporte
y almacenamiento (-47.490), teniendo un menor impacto negativo la
agricultura, ganadería y pesca, industria y construcción. Y los sectores más beneficiados por la IA
en España, que ganarán empleo neto, serán la programación y consultoría
(+76.364 empleos netos), actividades científicas y técnicas (+48.816), telecomunicaciones
(+8.995), medios y publicaciones (+3.576) . Mientras, la IA aumentará
la productividad del 15,9% de empleos, sobre todo en programación y
consultoría (mejorará el rendimiento del 40% de los empleos), los seguros (37%
empleos) y finanzas (36%), medios y publicaciones (33%), actividades
científicas y técnicas (27%) y telecos (subirá productividad 25% empleos).
El problema es que la IA va muy rápido y los
trabajadores tienen menos tiempo para adaptarse que en las revoluciones
tecnológicas anteriores, según otro
estudio de la consultora Oliver Wyman. Lo que parece claro, añaden, es que
la Inteligencia Artificial (IA) “cambiará el papel de los trabajadores”:
serán “un complemento” de los ordenadores y robots en la gestión de
equipos, transmisión de mensajes y gestión de las emociones, desempeñando un
papel más “humano y asistencial”. Parece claro que las máquinas necesitarán al
hombre para ser “inteligentes” y que el trabajador seguirá siendo clave en las
empresas, pero en muchos casos su papel cambiará radicalmente y en otros serán
suplantados por la IA.
De momento, los ajustes laborales en España por la IA
van despacio: el 89,66% de las empresas confirman que la IA no ha
tenido ningún impacto significativo en la contratación de nuevos trabajadores
ni en el despido de los actuales, según
un reciente informe de Adecco e Infoempleo. Pero revela dos cuestiones
preocupantes. Una, que el 67,19% de las empresas encuestadas reconocen
“no estar preparadas para la IA” (aunque el 53,1% “están en ello”).
Y la otra, que 9 de cada 10 trabajadores dicen “no han recibido
formación sobre el uso de la IA” (aunque al 69,32% “les gustaría”). Y
sólo 1 de cada 4 parados reconoce que ha utilizado la IA para buscar trabajo.
En general, las empresas españolas que utilizan la IA lo
hacen para automatizar tareas administrativas (47,8%), para automatizar
la atención al cliente (34,7%), para analizar datos (34,7%), automatizar
procesos productivos (28,2%), hacer control de calidad (10,8%) y
para selección de personal (el 2,17%).
Aunque las empresas y los europeos usan cada vez más la IA, queda
mucho por hacer para no perder el tren de EEUU y China. De hecho, la
Comisión Europea ha aprobado una Estrategia
de digitalización cuyo objetivo es que el 75% de las empresas
europeas utilicen la IA en 2030 (ahora son el 20% de las empresas
europeas, según Eurostat). Un salto enorme que exigirá inversiones en
tecnología, aplicaciones y formación, cuestiones incluidas en las ayudas del
Fondo de Recuperación “Next Generation”.
En el caso de España, en diciembre de 2020 se aprobó la
Estrategia Nacional de IA (ENIA), un Plan para destinar 600
millones de fondos europeos a proyectos de Inteligencia Artificial. Y en 2024,
se añadieron 1.500 millones más (de Fondos UE) para potenciar los Centros de
computación españoles. España ha sido el primer país en crear una oficina
para garantizar el uso ético de la IA (en
septiembre de 2023, en A Coruña), además de dedicar 10 millones de euros a
la creación de un modelo de IA en español, catalán, vasco, gallego, así
como la creación de un “chatbot” interno para la Agencia Tributaria (para
automatizar la atención al cliente) y un sistema de consulta en el Sistema Nacional
de Salud para el diagnóstico precoz de insuficiencias cardiacas. Y somos
uno de los 3 paises europeos (con Alemania y Polonia) en contar con dos
grandes Centros de Supercomputación: el MareNostrum de Barcelona
(uno de los 15 centros europeos elegidos por la Comisión Europea para el
desarrollo de la IA) y la Factoría de IA que acogerá Santiago para la innovación
en salud.
Todo indica que España no está perdiendo el tren de la
Inteligencia Artificial y que incluso somos un país “proactivo”,
que cuenta con 2.800
empresas nacidas para desarrollar esta
tecnología, que emplean ya a 100.000 trabajadores especializados.
España cuenta además con dos ventajas estratégicas de partida, debido a
su extensa red de fibra óptica de banda ancha (la
tercera del mundo, tras Corea y Japón, superior a la de Francia, Alemania y
Reino Unido juntos) y 5G, además de contar con la electricidad más barata de
Europa, clave para la instalación aquí de Centros de Datos (CPDs),
que ya
están proliferando. Pero falta avanzar en dos cuestiones básicas:
la penetración de la IA en las pymes y realizar un
gran esfuerzo en formación de gestores y trabajadores.
Pero el reto merece la pena porque España es un país de
servicios, un sector donde la aplicación de la IA supondrá
una mejora de productividad, que debería traducirse en un mayor
crecimiento y mejores salarios. Pero la IA tiene dos consecuencias negativas
que hay que anticipar y minimizar: su coste
medioambiental (los CPDs, que se van a multiplicar, consumen mucha
electricidad y agua) y su coste
laboral: es evidente que muchos de los empleos actuales van a
desaparecer por culpa de la IA, aunque se creen otros. Y eso obliga a
contemplar políticas de reciclaje y ayudas públicas a los futuros parados.
Por eso, los sindicatos piden participar en el
proceso de integración de la Inteligencia Artificial en las empresas, para que
se tenga en cuenta su coste laboral y social, por lo que exigen que su introducción
se negocie en las empresas. La propia Confederación
Internacional de Sindicatos (CSI) acaba de denunciar que la IA se
está aplicando sin consultar a los trabajadores y socavando derechos laborales
(horarios, salarios y despidos), exagerando en muchos casos las ganancias de
productividad y creando tremendas desigualdades entre trabajadores y paises. En
España, los
sindicatos reclaman participar en la introducción de la IA en las
empresas a través de la negociación colectiva, en los convenios.
Otros expertos alertan de que la IA va a exigir un alto
volumen de ayudas a los que se queden fuera (incluso se habla de un
ingreso mínimo vital para compensarles) y un enorme gasto en
formación y reciclaje, que los Estados van a tener que abordar. Y además, si
se reduce el empleo por máquinas, se reducirán también los ingresos por
cotizaciones e impuestos, mientras aumenta el gasto público en ayudas y
formación. Por eso proponen cobrar
impuestos a la IA, a través de un aumento de los impuestos al
capital, reducidos en las últimas décadas: el impuesto de sociedades
ha pasado en la OCDE del 33% (año 2000) al 25% actual, mientras la fiscalidad sobre el trabajo (cotizaciones más IRPF) apenas bajó (del 36,2% al 34,9%). A lo
claro: se ha incentivado a las empresas para que inviertan más en
automatización que en empleo. Y con la IA, se agudiza esta tendencia.
En resumen, la Inteligencia Artificial es la nueva
panacea de la economía y muchos apuestan por su futuro, invirtiendo cifras
billonarias que hacen temer otra crisis bursátil. Pero la
IA ha venido para quedarse y puede suponer un salto económico
para el mundo, como lo fue la electricidad , los ordenadores o Internet.
Pero una innovación así, además de mejorar la productividad, tiene
también costes, en particular el
empleo de mucha gente que puede quedar fuera. España no puede perder
este tren de la IA, como tampoco Europa, pero aplicándola de una forma proporcionada,
sostenible y justa.
La Inteligencia Artificial (IA) sacude los mercados y es un imán para los inversores, llevando al máximo a las Bolsas. Este año 2025, el gasto mundial en IA supondrá ya 1,5 billones de dólares, según la consultora Gartner, frente a los 987.904 millones invertidos en 2024. Y apuestan por que se superarán los 2 billones de dólares de inversión en 2026, sobre todo en EEUU y en China, impulsada por la integración de esta tecnología en dispositivos como teléfonos inteligentes, ordenadores y tablets, así como en la necesaria infraestructura de Centros de Datos (CPDs). Sólo las grandes tecnológicas USA tienen previsto invertir en partidas relacionadas con la IA cerca de 3 billones de dólares hasta 2030, nada menos que el 10% del PIB estadounidense. Una cifra que marea y que está creando una “burbuja inversora” que podría estallar si los beneficios no llegan pronto. Europa está retrasada en esta carrera por la IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de 16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según los datos recientes de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el 25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro Europa (56,3% en Noruega, 48,4% en Dinamarca, 47% en Suiza, 46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42% en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un 37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania (32,3%) e Italia (19,9%).
Etiquetas:
burbuja IA,
Centros de Datos,
despidos por IA,
digitalización,
empresas usan IA,
Europa,
formación en IA,
IA,
impuestos a IA,
inteligencia artificial,
pérdida empleos IA,
Telefónica,
uso IA
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)