Anuncio de la farmacéutica Lilly para promocionar su inyectable contra la obesidad
El mundo asiste impasible a una silenciosa pandemia: el auge del sobrepeso y la obesidad. En 2025, según el Atlas Mundial de Obesidad, casi 3.000 millones de personas en el mundo (el 36,5% de la población) tenían sobrepeso: un índice de masa corporal, IMC (que se obtiene dividiendo el peso por el cuadrado de la altura, en metros: kg/m2) de 25 a 30. Y de ellos, 1.100 millones de personas (el 13,3% de la población total) tienen obesidad: un índice de masa corporal (IMC) superior a 30, según los estándares de la OMS. Y lo más preocupante: 1 de cada 5 niños en edad escolar (5 a 19 años), 376 millones, tienen ya sobrepeso (y serán 507millones en 2040), mientras la mitad (1 de cada 10, 188 millones) padece obesidad), siendo ya más los niños obesos en el mundo que los que tienen un bajo peso.
Hasta ahora, el sobrepeso y la obesidad eran males de
paises ricos, pero en los últimos años, el problema se ha extendido también
a paises en desarrollo e incluso pobres, donde también se ha trastocado
la dieta y se consuma demasiada “comida basura”. EEUU es el paraíso de
las personas con sobrepeso (el
70% de la población adulta lo padece) y obesidad (36,4% de la
población, en torno al 20% de los niños y adolescentes), también Reino Unido
(65% de la población con sobrepeso y 28% con obesidad). Entre tanto, la
pandemia es menos grave en Europa, pero se ha estancado e incluso crecido en
los últimos años. Así, en 2025, más de la mitad de los europeos (51,7%)
tenían sobrepeso (51,1% en 2014), según
el último dato de Eurostat, mientras el 16,3% de los europeos son obesos (15,4%
en 2014).
España es el
5º país europeo con menos sobrepeso (el 51,2% de los adultos), por delante
de Italia (38,3%), Francia (48,1%),
Paises Bajos (48,6%) y Luxemburgo (49,9% sobrepeso), algo menos que la media
(51,7% UE-27) y bastante menos población con sobrepeso que Malta (62,3%), Finlandia
(61,7%), Portugal (55,2%) o Alemania (53,6%), según Eurostat. Y a la vez, somos
el
4º país europeo con menos obesidad (14,9% de los adultos), por delante
de Italia (7% población), Grecia (12,8%) y Rumanía (12,9%), pero por detrás de
la media europea (16,3% población adulta son obesos, 17,4% los hombres y 15,3%
las mujeres) y de paises como Paises Bajos (15% obesos), Francia (16,3%),
Portugal (17%), Suecia (17,5%), Dinamarca (20,5%), Alemania (20,8%) o Malta
(26,6% obesos).
Aunque los españoles estamos mejor en sobrepeso y
obesidad que la mayoría de los europeos, la gran preocupación son los niños
y adolescentes: tenemos un 20,2% de niños (6 a 9 años) con sobrepeso frente al
25% en la UE-27, pero tenemos más niños obesos, un 15,9% en
España frente al 11% de media en Europa. El último
estudio Aladino (2024) reveló que el 21,2% de los niños españoles de
12 años tienen sobrepeso y el 22,6% de las niñas, mientras a los 14 años
lo tienen el 20,10% en niños y el 19,8% en niñas. Y tienen obesidad el
8,1% de niños y el 8,7% de niñas de 12 años, manteniéndose a los 14 años el
8,4% de niños y el 6,8% de niñas. Incluso tienen obesidad severa el
1,75% de niños y niñas de 12 años.
El sobrepeso y la obesidad es un grave problema sanitario y
económico. Los expertos alertan de los 12
riesgos para la salud que comporta el sobrepeso, en especial enfermedades
cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2, dislipemia, enfermedades
coronarias y cerebro-vasculares, enfermedades renales crónicas, enfermedad de
Crohn, Parkinson y hasta depresión, según un estudio publicado en The
Lancet. Y todo apunta a que el sobrepeso está detrás de un tercio de las
muertes en Europa. Además, un
estudio de la OCDE (en 2019) sobre los costes de la obesidad en 52 paises
reveló los costes para España: supone una reducción de 2,6 años en la
esperanza de vida, provoca el 9,7% del gasto sanitario, reduce la productividad
laboral (el equivalente a 479.000 jornadas laborales anuales) y supone en
conjunto una reducción del PIB del -2,9%% (48.800 millones de euros en 2025). Y
añadían que para cubrir estos costes de la obesidad, cada español paga 265
euros al año de impuestos. Frente a estos altos costes , la
OCDE proponía tomar medidas porque es algo muy rentable: por cada
euro invertido contra la obesidad en España, recuperaríamos 6 euros…
El “motor” del sobrepeso y la obesidad en el mundo son los
alimentos ultraprocesados, que dañan gravemente la salud, según
denuncia la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos alimentos
ultraprocesados (“comida basura”) son “aquellos que han pasado
un proceso de transformación industrial muy intensivo donde se añaden
conservantes, colorantes, saborizantes, edulcorantes, emulsionantes y otros
compuestos para mejorar su aspecto y hacerlos más atractivos al paladar, más
fáciles de consumir o para alargar su vida útil”, según
la Academia Española de Nutrición. A menudo, estos alimentos tienen un alto
contenido de azúcares añadidos, grasas saturadas o grasas trans,
“los 3 jinetes del Apocalipsis” relacionados con la obesidad, la
diabetes 2 y las enfermedades cardiovasculares.
Cada vez que vamos a la compra, cargamos el carrito con más alimentos
ultraprocesados, que llenan
las estanterías de los supermercados: cereales de desayuno azucarados o
chocolatados, bollería industrial, snacks fritos, productos cárnicos envasados
(salchichas o hamburguesas), salsas industriales (kétchup), bebidas
refrescantes, yogures y leches fermentadas, muchos platos preparados y bebidas
alcohólicas. Sólo en España, el
consumo de alimentos ultraprocesados se ha triplicado en los últimos 30 años
y ya suponen casi un tercio de la ingesta diaria de calorías de los españoles,
con el consiguiente abuso de grasas, azúcares y sales a lo que nos hemos acostumbrado
en los últimos años.
Lo más grave es que estos alimentos ultraprocesados y
procesados suponen ya el
40% de los ingresos totales de la industria alimenticia mundial, un
gran negocio que en los paises desarrollados representa hasta el 70% de las
ventas de los supermercados (en EEUU y en Reino Unido) y más de la mitad
de la ingesta de la población en Occidente. En los paises en
desarrollo, su peso es menor, pero es la comida que más crece, desplazando a la
comida tradicional. Y como muchos de estos alimentos los producen y
comercializan multinacionales, el comercio
mundial de ultraprocesados se ha triplicado en las últimas décadas
y los paises desarrollados destinan el 48% de su gasto alimenticio a
importarlos.
El negocio mundial de los alimentos ultraprocesados mueve 8,2
billones de dólares anuales en el mundo, sin que nadie proteste por los
daños que provoca impunemente, como pasó durante años con la industria del tabaco.
El negocio se basa en la producción y comercialización masiva de alimentos
ultraprocesados diseñados para generar un consumo repetitivo y muy
rentable a través de estrategias científicas y de marketing. Una
producción muy rentable porque tiene costes de producción
bajos (se utilizan ingredientes de menor calidad, producción en cadena y
que se pueden almacenar mucho tiempo, facilitando el transporte), porque las
empresas calculan exactamente en laboratorios la combinación exacta de sal,
azúcar y grasas para maximizar su atractivo para el consumidor y porque el uso
de aditivos y potenciadores de sabor enmascaran la baja calidad de los
ingredientes y los hacen atractivos al paladar.
Se estima que el negocio de los ultraprocesados y la comida
basura mueven más de 3
billones de dólares anuales, repartiéndose entre los ultraprocesados
(que mueven entre 2,18 y 2,20 billones de dólares anuales), controlados por
multinacionales como Nestlé, PepsiCo (Lays, Doritos Cheetos, Pepsi), Coca-Cola,
Mondelez Internacional (Oreo, Milka, Tobletone, galletas, confitería), Mars Inc.
( M&M´s, Snickers, barras de chocolate…) Kraft Heinz o Unilever, y las
cadenas y restaurantes de comida
rápida, que mueven un negocio
anual de 800.000 a 940.000 millones de dólares anuales y que está controlado
por multinacionales y franquicias como McDonalds, Yuml Brands (KFC, Pizza Hurt,
Taco Bell), Brands International (Burger King y Popeyes), Dominós Pizza, Pizza
Hut o Subway.
En España, la industria ha conseguido que los
consumidores apuestan cada vez por los ultraprocesados: se estima que el
23% de todos los alimentos son ultraprocesados y en las últimas décadas, el
consumo de ultraprocesados ha pasado de representar el 11% al 32% del aporte
calórico diario, según un estudio de 43
expertos publicado en The Lancet. Y este tipo de “alimentos” está
desplazando cada vez más a la comida tradicional, mientras los españoles
apuestan también por la comida rápida, tanto la preparada que venden los súper
como la que consumen o se llevan de los restaurantes y tiendas de comida
rápida. En España, además de las grandes multinacionales, el mercado de
ultraprocesados lo controlan empresas como El Pozo, Campofrío, Corporación
Alimentaria Guissona (BonÁrea) o Mondelez Internacional. Y la comida
rápida movió en España 6.100 millones de euros en 2025, con 6.000
establecimientos, controlados por McDonalds (2.000 millones de facturación),
Burger King (1.520 millones), KFC (408 millones) Dominós (294 millones) y Telepizza(150 millones).
Como se ve, fabricar y proveer al mundo de alimentos
ultraprocesados es un gran negocio y va a ir a más, dado que los
expertos estiman que habrá 4.000 millones de personas con sobrepeso en el mundo
en 2035 (el 45% de todos los habitantes). Pero en los últimos años, el
sobrepeso y la obesidad están alimentando otro
negocio, el farmacéutico: en 2024, la venta de medicamentos
para adelgazar supuso unos ingresos de 15.000 millones de dólares, pero se
doblaron en 2025 y para 2035 podría suponer ya 150.000 millones de dólares de
ventas, según Morgan Stanley. La multinacional danesa Novo Nordisk se ha hecho con una parte de este mercado con
sus inyecciones Ozempic, que han estado 3 años en falta en España, por
la alta demanda para adelgazar aunque sea un medicamento para los enfermos de
diabetes 2. La norteamericana Eli Lilly ha seguido sus pasos y otros
laboratorios van a la zaga, en un negocio que ha movido ya 61.800 millones de
dólares en compras e inversiones.
Los “productos
milagro” para adelgazar son el penúltimo descubrimiento de negocio
de la industria farmacéutica, que aprovecha el auge del sobrepeso y la
obesidad. En España hay múltiples ofertas en las farmacias, aunque sólo un
producto está financiado por la sanidad pública, las inyecciones de Ozempic
(ojo: con receta y visado, teóricamente sólo para enfermos de diabetes
2), pero se puede comprar (con receta) si se encuentra (177,89 a 204,83 euros).
El mismo laboratorio, Novo Nordisk vende Wegovy (inyecciones con receta
y no financiado: 179 a 223 euros) o Saxenda (inyecciones, con receta y
no financiado: 170 a 190 euros), mientras Eli Lilly comercializa Mounjaro
(inyecciones con receta y no financiado: 207 a 446 euros) y otros laboratorios
comercializan Xenical (Orlistat), unas cápsulas que inhiben la absorción de la grasa intestinal
(con receta y no financiadas: de 50 a 75 euros) o Rybelsus, otras pastillas
de Novo Nordisk (con receta, no financiadas salvo para diabetes 2 y con un
precio de 123 euros). Actualmente, todos estos medicamentos “se venden
mucho”, según algunos farmacéuticos, sobre todo para pacientes entre 35
y 60 años que buscan adelgazar.
El auge de los medicamentos para adelgazar dibuja, según la
revista Science, un
futuro distópico, dominado por los intereses cruzados de dos poderosas
industrias: la alimenticia, que dispara sus beneficios con los alimentos
ultraprocesados y la comida basura, y la industria farmacéutica, que nos vende
la posibilidad de adelgazar si engordamos demasiado, un parche individual para
atajar una enfermedad compleja y peligrosa, el sobrepeso, el “atajo” de
picharse frente a llevar una dieta sana y hacer ejercicio.
La solución al sobrepeso y la obesidad que asola el
mundo no
está en las farmacias sino en los supermercados, en dejar de
comprar productos ultraprocesados y comida basura (que nos crea “dependencia” y
apostar más por los alimentos frescos y naturales, aunque sean más caros. La receta
de la OMS y los expertos es clara: mejorar nuestra dieta con
un consumo adecuado de proteínas y fibra, sustituyendo los alimentos
ultraprocesados y las bebidas azucaradas por alimentos y bebidas naturales
(sobre todo a los niños y adolescentes), además de aumentar la actividad
física, reducir el estrés y mejorar el sueño (problemas que
aumentan la comida compulsiva). Y además, piden a los Gobiernos políticas
públicas de prevención y tratamiento del sobrepeso y la obesidad,
regulando el etiquetaje y la publicidad de la “comida basura” (sobre todo entre
los menores) y facilitando el ejercicio físico.
España ya aprobó en 2022 un Plan
nacional 2022-2030 para la reducción de la obesidad infantil, con el
objetivo de reducir el sobrepeso de los menores un 25% para 2030. Es un Plan
con 200
medidas, que van desde la enseñanza de nutrición en la escuela al aumento
de zonas deportivas o la reducción del uso de “pantallas” (que favorecen el
sobrepeso). En 2021, el Gobierno
subió el IVA de las bebidas azucaradas del 10 al 21% y en 2026 aprobó
la prohibición
de bebidas azucaradas y bollería en comedores escolares, ampliando después la
prohibición a desayunos
y meriendas escolares, así como la venta de ultraprocesados en
hospitales y residencias de ancianos.
El mundo asiste impasible a una silenciosa pandemia: el auge del sobrepeso y la obesidad. En 2025, según el Atlas Mundial de Obesidad, casi 3.000 millones de personas en el mundo (el 36,5% de la población) tenían sobrepeso: un índice de masa corporal, IMC (que se obtiene dividiendo el peso por el cuadrado de la altura, en metros: kg/m2) de 25 a 30. Y de ellos, 1.100 millones de personas (el 13,3% de la población total) tienen obesidad: un índice de masa corporal (IMC) superior a 30, según los estándares de la OMS. Y lo más preocupante: 1 de cada 5 niños en edad escolar (5 a 19 años), 376 millones, tienen ya sobrepeso (y serán 507millones en 2040), mientras la mitad (1 de cada 10, 188 millones) padece obesidad), siendo ya más los niños obesos en el mundo que los que tienen un bajo peso.
Son avances, pero la gravedad del
problema exigiría un gran acuerdo con la industria alimentaria para
reducir el peso de los alimentos ultraprocesados y la comida basura en las
tiendas, además de exigir un etiquetado más estricto, que señale claramente los
productos que más engordan. Y nosotros, que ya los sabemos, deberíamos cambiar
de hábitos de compra, sobre todo por los niños y jóvenes. Porque estamos
alimentando una epidemia peligrosa y costosa, el sobrepeso y la
obesidad. Hagamos algo.
