jueves, 7 de mayo de 2015

Tope de gasto a los medicamentos


Montoro tiene preparado “un regalo envenenado” a los Gobiernos autonómicos que salgan de las elecciones del 24-M: prestarles dinero sin interés para que financien la sanidad a cambio de que recorten el gasto farmacéutico, poniéndole un tope en otoño. Lo justifica porque ha subido la factura farmacéutica en 2014, tras cuatro años cayendo y a pesar del copago implantado en 2012. El mayor gasto se debe al envejecimiento, a que hay 120.000 nuevos mayores cada año que gastan más en medicinas, aunque paguen 8 ó 18 euros al mes. España ya gasta en medicamentos menos que Europa y no se debía recortar más ni rebajar  drásticamente el precio de las medicinas, de las más baratas de Europa. Porque cuando los medicamentos cuestan lo que una cerveza, los laboratorios no investigan y se exportan (legal e ilegalmente) a otros  países donde pagan más, faltando en España. Hay que huir del recorte fácil y apostar por una medicación responsable, que evite el despilfarro.
 
enrique ortega

Ha subido el gasto farmacéutico, en 2014 y en 2015, tras cuatro años de fuertes recortes. En 2014, aumentaron un 1,05% las recetas prescritas (868,63 millones, 18,6 por español al año) y un 1,92% el gasto en recetas, que fue de 9.359,97 millones de euros, según Sanidad. Los mayores aumentos del gasto farmacéutico se dieron en Melilla (+8,96%), Extremadura (+5,96%), Madrid (+5,39%), Ceuta (+4,77%) y Navarra (+4,10%), bajando solo en el País Vasco (-3,80%) y Galicia (-1,64%). Y en 2015 sigue aumentando  la factura farmacéutica en recetas: 2.374,8 millones entre enero y marzo, un 1,84 % más que en 2014. Además ha que sumar el gasto farmacéutico en hospitales públicos, que también subió un 1,2%, hasta los 4.658 millones, en 2014. Y Farmaindustria prevé que crezca otro 2,8% este año 2015 (más del triple que el gasto en recetas).

El aumento del gasto farmacéutico se debe, sobre todo, al envejecimiento de la población, a que aumenta el número de españoles mayores de 65 años, que suelen gastar más en medicamentos. Así, en enero de 2015 había 8.572.779 españoles mayores de 65 años, 641.615 más que en enero de 2010. Y no es sólo que haya 120.000 nuevos jubilados cada año, que “tiran” más de recetas. Es que casi un tercio de todos los jubilados son mayores de 80 años (2.726.024 españoles), los que porcentualmente necesitan más medicinas. Además, los nuevos medicamentos (sobre todo hospitalarios)  también son más costosos. Y, sobre todo, se ha difuminado el “efecto ahorro” inicial del copago implantado por el Gobierno Rajoy en julio de 2012: al principio, los jubilados (y los activos) se “cortaron” un poco de pedir recetas, al tener que pagar una parte, pero luego volvió a aumentar el gasto (y el despilfarro en muchos casos), porque se habían “acostumbrado” a pagar (entre 8 y 18 euros al mes la mayoría de los jubilados).

Con ello, se ha roto la rebaja del gasto farmacéutico, la mayor hecha en Europa (salvo Grecia), al reducirse la factura en recetas en 3.322,4 millones entre 2009 (el año récord de gasto, con 12.505 millones) y 2013 (9.183,2 millones de gasto). Un ahorro del 27% en cuatro años, forzado por varias medidas tomadas primero por Zapatero (imposición de rebajas de precios a laboratorios y descuentos a farmacias) y luego por Rajoy: copago a los pensionistas (10%) y a los activos (40-60%) y retirada de medicamentos financiables por el SNS (el 1 de septiembre de 2012 salieron 412 fármacos de la financiación pública, “el medicamentazo”). Además, el gasto por receta es también menor por la creciente penetración de los genéricos más baratos (47,9% de las medicinas en valor y 78,3% en unidades dispensadas)  y por las sucesivas rebajas de precios impuestas a los laboratorios, la última en septiembre de 2014. Eso sí, mientras, el gasto farmacéutico en hospitales no ha dejado de crecer, pasando de 4.380 millones (2010) a 4.658 (en 2014).

Ahora, la subida del gasto farmacéutico preocupa al Gobierno y sobre todo a las autonomías, porque muchas no están pagando las recetas a sus farmacias, a las que adeudan varios meses por falta de liquidez. Es el caso de Cataluña, Murcia, Valencia, Baleares, Canarias y Extremadura, donde han tenido que destinar 1.683 millones del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) concedido por Hacienda a pagar recetas. Ahora, el ministro Montoro promete destinar más dinero (sin interés) en 2015 a un Fondo para financiar la sanidad y los fármacos, pero con una condición: que las autonomías pongan un tope al gasto farmacéutico, que no podrá crecer más que la economía (+2/2,5% este año).

Y ya lo han aprobado, vía una enmienda a las Leyes de financiación de las comunidades, aprobada en solitario por el PP el 9 de abril en el Congreso (con el voto en contra de todos los demás partidos). Con ello, las autonomías tendrán que enviar antes del 30 de junio sus datos de gasto farmacéutico (y sanitario) entre enero y mayo de 2015. Y si ha crecido más que la economía, la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos les aprobará medidas para recortar el gasto (farmacéutico y sanitario), que deberán aplicar si no quieren perder dinero del futuro Fondo sanitario. Los partidos se han quejado de que es una injerencia “anticonstitucional” del Gobierno en la gestión autonómica. Y los médicos (OMC) han  criticado con dureza este tope al gasto farmacéutico, ligado a la economía y no a la salud. Mientras, la industria farmacéutica va a firmar (a finales de mayo) un pacto con Hacienda (no con Sanidad), aceptando este tope de gasto, porque prefieren asegurarse un crecimiento a medio plazo (el de la economía) que estar al albur de rebajas y recortes según vaya el gasto ( y además, les han prometido a cambio acelerarles el plazo de autorización de nuevos medicamentos, más caros).

Nadie está en contra en poner orden en el gasto farmacéutico, donde hay todavía despilfarro: muchos pensionistas que “tiran de receta” (con la colaboración de algunos médicos y las consultas “a minuto”) y acumulan medicamentos sin usar o caducados. El problema es que Gobierno y autonomías están utilizando el gasto farmacéutico (14,5% del gasto sanitario) como la vía fundamental para recortar el gasto sanitario: el 79% del ajuste sanitario se ha hecho en los medicamentos. Y al hacerlo, el Gobierno “se ha pasado de frenada: si hasta 2010 había mucho despilfarro, hoy España tiene un gasto en recetas por debajo de la media europea (0,88% del PIB, inferior al 1% que propone Bruselas). Y el gasto farmacéutico público total por habitante era en España de 232 euros (2002), un 23% inferior a la eurozona (301 euros) y aún más bajo que el de Francia (383,6 euros) y Alemania (384,7 euros), según Eurostat. Y en 2014 subió a 300 euros por habitante (recetas y hospitales), un gasto menor que en Europa y similar al de España 2005, según Farmaindustria.

¿Cuál es el problema de este drástico recorte del gasto farmacéutico?  Los bajos precios de los medicamentos, forzados por las sucesivas rebajas impuestas a los laboratorios desde 2010. Con ello, el precio medio de las medicinas en España está un 15% por debajo de la media de la eurozona (y un 31% más bajo que en Alemania), según Farmaindustria. Y con los últimos precios de referencia, implantados en septiembre de 2014, el Gobierno ha obligado a los laboratorios a que apliquen el precio del país que lo tenga más bajo en Europa. O sea que si ya teníamos los fármacos más baratos tras Portugal, Eslovaquia y Estonia, ahora acabarán siendo los más baratos de Europa. Algo que suena bien, pero tiene dos problemas.

El primer problema es que si caen drásticamente los precios de los medicamentos, los laboratorios tienen menos incentivos para investigar y descubrir otros nuevos. De hecho, el gasto en I+D+I de la industria farmacéutica (líder en investigación) ha caído desde 2010. Y sólo 2 de cada 10 medicamentos autorizados son innovadores, lo que tiene mucho que ver con que cada vez se venden medicamentos más baratos: un 51% cuestan menos de 3,5 euros y sólo un 14% valen más de 20 euros, habiendo bajado drásticamente la cuota de los medicamentos innovadores (del 4,1% en 2010 al 2,8% en 2014).

El segundo problema es que si cae drásticamente el precio de los medicamentos en España, los laboratorios tenderán a exportarlos fuera, a países como Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y países del Este, donde los precios están hasta un 30% más altos. Y también se exportan medicamentos ilegalmente, a través de redes de farmacias (que “distraen” medicamentos y vacunas destinados a los españoles) y almacenes que exportan ilegalmente, con un 80-150% de beneficio: ya hay 80 imputados (entre boticarios y almacenes) y más de 200 farmacias investigadas, en distintas operaciones desde 2014. Ahora, la Agencia del Medicamento ha preparado un Plan para cruzar datos de compras y ventas y reducir este fraude, que además va a ser perseguido con más penas: el 1 de julio entra en vigor el nuevo Código Penal, que establece de 1 a 4 años de prisión e inhabilitación profesional para un delito que hasta ahora sólo tenía sanciones administrativas.

La consecuencia de tener medicamentos con precios muy bajos, que cuestan lo que una cerveza, es que se exportan más (legal e ilegalmente) y eso provoca desabastecimientos de algunas medicinas en España, en farmacias y en los hospitales, sobre todo algunas vacunas, anticancerígenos y fármacos contra los efectos de la quimioterapia, los trasplantes, la leucemia, la epilepsia y el Parkinson. Actualmente, existen 185 medicamentos “en falta”, según esta lista que publica cada día la Agencia Española del Medicamento. La mayoría se sustituyen por otros, pero eso causa incertidumbre a muchos pacientes.

Otro efecto de esta carrera (inútil) por rebajar como sea la factura farmacéutica es que se está cargando muchas farmacias, cuyas cuentas no les salen por el doble efecto de la caída de ventas (más recetas con menos gasto) y el aumento de los descuentos forzados, más la morosidad de muchas autonomías. Con ello, la caída de márgenes ha sido del 34% en los últimos cinco años y eso lleva a que un 20% de las 21.559 farmacias españolas estén con problemas y un 5% (más de 1.000) en riesgo de cerrar, según Cofares, poniendo en peligro un eslabón clave de la asistencia sanitaria en España. Y en cuanto a los usuarios, el recorte se está dando en los medicamentos financiados, que son cada día menos. Y por el resto, los medicamentos “libres” (39% ventas, casi la mitad de las unidades vendidas), cada vez pagamos más. De hecho, la Cruz Roja ha advertido que un tercio de las familias que les piden ayuda es para comprar medicinas que no cubre la sanidad pública.

Hay que poner orden en el gasto sanitario, eso es indudable. Pero no con un tope ligado a lo que crezca la economía. Hace falta un gran acuerdo con los médicos para que receten menos, lo imprescindible, porque se abusa de los medicamentos (sobre todo de los antibióticos) y muchos de los nuevos fármacos que sacan los laboratorios no son innovadores (no aportan ventajas y si un mayor precio). Y hace falta una campaña de mentalización a los pacientes, sobre todo a los mayores, para evitar el abuso y el despilfarro. Sin olvidar los hospitales, que tendrían que vigilar más su gasto farmacéutico,  sin amenazar con copagos a los pacientes. Pero luego, habrá que pagar los medicamentos por lo que valen, sin racanear en el pago para rebajar el déficit a costa de que no se investigue o se exporte y falten medicinas en España. Esto es muy serio y no puede decidirse con criterios contables. La salud no tiene precio.

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