miércoles, 28 de marzo de 2012

Y luego dicen que el pescado es caro


España es la primera potencia pesquera de Europa y el quinto consumidor de pescado del mundo. Pero no hay peces, ni en aguas europeas ni en la mayor parte de los mares, porque se han esquilmado las especies. Y porque los países venden caro pescar en sus caladeros o nos echan, como ha pasado en Marruecos y va a pasar en Mauritania. Con todo, el mayor problema es que la Comisión Europea quiere recortar un 40% las capturas en aguas comunitarias y un tercio las ayudas a las flotas, lo que va a perjudicar sobre todo a España. Con ello, el pescado va a ser cada vez más caro y de importación o piscifactoría.

enrique ortega

La flota española que faena en Marruecos, 70 barcos andaluces y canarios, llevan ya más de tres meses amarrados a puerto, cobrando ayudas (100 € diarios los armadores y 45 los 600 tripulantes), al haber vetado el Parlamento europeo la prórroga del acuerdo pesquero, por su alto coste y para defender los intereses saharauis. Lo mismo pasará en julio con la flota que faena en Mauritania, al haberse roto en diciembre las negociaciones para renegociar un acuerdo que afecta a 61 buques gallegos, andaluces y canarios.

Son sólo dos ejemplos de un problema que se agrava: cada día es más difícil llegar a acuerdos con terceros países para pescar en sus aguas, desde que en 1994, la ONU creara las Zonas Económicas Exclusivas (ZEE), 200 millas de pesca exclusiva alrededor de cada país. La Unión Europea mantiene acuerdos con más de 20 países, que benefician sobre todo a la flota industrial española, la mayor del continente, con 424 barcos que pescan en los trópicos, el Atlántico Norte y la costa oeste africana (Marruecos, Mauritania, Senegal, Namibia y Guinea Bissau), el Atlántico Sur, Indico y Pacífico.

El mayor problema es que no hay peces en los mares: el 77% de las poblaciones están sobrexplotadas o completamente explotadas, según la FAO. Y en Europa, el 83% de las especies del Mediterráneo y el 63% del Atlántico están sobrexplotadas, con una tercera parte de especies en peligro, como el bacalao o el atún rojo (por la fiebre del sushi). Con ello, la producción comunitaria de pescado ha caído casi a la mitad (de 10,6 millones de Tm en 1988 a 6,5 en 2009), con una pérdida del 50% de los barcos y del 47% de los empleos.

Una crisis especialmente grave para España: tenemos la primera flota pesquera de Europa (10.600 barcos, con sólo un tercio de sus capturas en aguas comunitarias) y somos el quinto país consumidor de pescado del mundo y el segundo de Europa (tras Portugal), con 44,8 kilos persona/año (frente a 22,1 kg. en Europa y 17,1 de media mundial). Los españoles comemos pescado 18 días al mes: 9 días fresco, 5,7 días congelado y 3,5 días preparado, según un estudio del Ministerio de Agricultura.

Como no hay peces en Europa y resulta difícil pescarlos en terceros países, dos terceras parte del consumo se cubre con importaciones, cuando en 1990 era la mitad. España es el tercer importador del mundo de pescado, por detrás de Japón y EEUU: importamos 1,6 millones de Tm de pescado, por  5.000 millones de euros, mucho congelado, sobre todo de Argentina, Namibia, Sudáfrica, Mauritania, Marruecos. Y peces cultivados de Asia, sobre todo panga de Vietnam y China, un pescado que EEUU ha prohibido importar por razones sanitarias y en el que se han encontrado bacterias en España.  

Otra vía de cubrir la demanda es la pesca ilegal, que mueve 10.000 millones de euros al año, en la mayoría de los mares, con barcos de bandera de conveniencia, también europeos (y la mitad españoles). En aguas europeas se estima que el 66% de las capturas del Mar del Norte y la mitad de los desembarques de atún y pez espada del Mediterráneo son pescados ilegalmente, sin respetar normas y cuotas. Y la flota española es de las que tienen peor fama por el mundo. De hecho, el Ministerio de Agricultura ha comunicado a la flota española que se pasó de capturas en 2011 y que ello supondrá multas en forma de recorte de capturas para 2012 en jurel, bacaladilla, rape o caballa (ya se ha consumido el cupo de este año). Y han prometido a Bruselas que se va a coordinar un Plan con las autonomías para inspeccionar a la flota, con más inspectores en los puertos, para “intentar recuperar credibilidad en Europa”.

Mientras, la Comisión Europea prepara una reforma de la política pesquera comunitaria (PPC), con recortes de cuotas de hasta el 40% para 2015 y recortes de un tercio de las ayudas. Dos medidas que afectarán gravemente a la flota española, la que más ayudas recibe (322 millones anuales desde el 2000). Ello obligará a una nueva reconversión de la flota (ya pasó de 21.000 barcos en 1986 a 10.600), poniendo en peligro un sector que mantiene 100.000 empleos directos y otros 500.000 indirectos. Claro que si no se preservan los caladeros europeos, para 2020 estarían esquilmadas 168 de las 176 pesquerías y habría que desmantelar el 60% de los barcos comunitarios, según la Comisión.

En paralelo, habrá que seguir apostando por la acuicultura, que cubre ya el 10% del consumo en España, con un 95% del mercado en dorada, lubina, rodaballo y corvina, a precios muy asequibles. España es el primer productor de acuicultura de  la UE en toneladas y el tercero en valor del pescado, por detrás de Reino Unido y Grecia.

Al final, con el pescado pasa como con las frutas y hortalizas: Europa no produce y prefiere importar pescado de otros países (con menos calidad y seguridad) a gastar millones en subvenciones y comprar pescado europeo más caro. Pero para España, la pesca en un sector clave y tenemos que pelear por él con el resto de la Europa del sur. Pero hace falta la ayuda de los consumidores, comprando pescado español de calidad, que es y será cada vez más caro. De lo contrario, un día sólo comeremos pescado importado, de piscifactorías asiáticas, y nuestros puertos morirán. No digamos que el pescado es caro.

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