jueves, 22 de mayo de 2014

Elecciones 25-M : nos jugamos mucho


Este es un blog de economía, no de política. Pero quiero destacar la importancia de estas elecciones europeas para nuestros bolsillos. Si ganan los que llevan mandando en Europa una década, el continente seguirá con una recuperación lenta y nos impondrán a España más recortes: 20.000 millones para 2015. Si pierden, la alternativa no está clara (Hollande y Renzi son dos bluff de la izquierda), pero un voto de castigo al PPE (y a Merkel) obligaría a un cierto cambio en Bruselas, suavizando los ajustes a la Europa del sur y apoyando más el crecimiento y el empleo, sobre todo de los jóvenes. La elección está entre seguir con la austeridad y los sacrificios (para la Europa del sur) o reanimar la economía europea (estancada) y crear más empleo, como ha hecho EEUU. Hay muchos motivos para no votar, pero la abstención ayuda sobre todo a los padres de la austeridad. Hay que buscar otro camino para Europa.

enrique ortega

La economía es la clave de las elecciones europeas del 25-M. Seguir con la austeridad que ha llevado a Europa al estancamiento o cambiar de política y reanimar la economía y el empleo. Ese es el verdadero dilema. Jean-Claude Juncker, el candidato del PPE, es corresponsable de la política europea contra la crisis, como presidente del Eurogrupo entre 2004 y 2013, junto a Ángela Merkel (canciller alemana desde 2005) y  Durao Barroso (presidente de la Comisión desde 2004). Un trío de políticos conservadores, defensores de la austeridad para asegurar que la Europa del sur recorta y paga la deuda a los bancos de la Europa del norte. Y en 2010, cuando estalla el problema de Grecia, en lugar de aislarle, lo contagian al sur y asfixian la incipiente recuperación con una austeridad suicida: la zona euro entra en la segunda recesión (-0,7% en 2012 y -0,4 en 2013), se destruyen 7 millones de empleos y el paro llega a niveles históricos (12% en 2013, la mayor tasa desde la postguerra), mientras uno de cada cuatro europeos está en riesgo de pobreza. Enfrente, Estados Unidos reanima la economía, crece ininterrumpidamente desde 2010 (2,8% en 2012 y 1,9% en 2013) y crea 8 millones de empleos.

Ha habido mucho sufrimiento innecesario en Europa por una austeridad mal aplicada”. La crítica es de Timothy Geithner, Secretario del Tesoro USA entre 2009 y 2013. El sufrimiento se ha cebado en la Europa del sur, en especial en Grecia, Portugal y España, sometidos a la misma medicina: drásticos recortes en el Estado del Bienestar (educación, sanidad, subsidios de paro y gastos sociales), devaluación de salarios y pensiones, despidos públicos  y reformas laborales que han privado de derechos a los trabajadores, aumentando la pobreza y la desigualdad. Así, la austeridad se ha saldado en España con una segunda recesión (PIB cayó -2,8% entre 2010 y 2013) mientras Europa crecía esos años (+3,3%) y Alemania más (+8,4%). Hemos perdido 1.810.500 empleos desde 2010 (dos tercios con Rajoy), mientras Alemania creó 3,6 millones durante la crisis. La mitad de los españoles ingresan menos de 1.000 euros al mes, según Eurostat, y la renta por habitante de los españoles es el 96% de la europea (hemos retrocedido a 1.998) y un 77% de la alemana (24.400 euros por español frente a 31.500 cada alemán).

Crisis sí, pero con desigual coste entre el norte y sur de Europa, ahora más distantes. Y ahora, la incipiente recuperación europea es mínima: la zona euro creció sólo un 0,2% en el primer trimestre y hay 8 países cuya economía está cayendo (-0,1% Italia, -1,4% Holanda, -0,4% Finlandia, -0,7% Chipre y Portugal, -1,2% Estonia y falta el dato de Grecia e Irlanda). Y la propia Comisión prevé que Europa sólo crezca un 1,2% en 2014, frente al 2,8% de EEUU), con mínima creación de empleo (1,5 millones en UE-28 este año), mientras tiene por delante tres serias incertidumbres. La primera, la baja inflación : 7 países europeos tienen (abril) inflación negativa (Grecia, Bulgaria, Chipre, Hungría,Eslovaquia, Croacia y Portugal) y en toda Europa sólo sube 0,8% (0,3% en España). Esta baja inflación atenta contra la recuperación (se retrasan compras y las empresas venden y contratan menos) y dificulta el pago de las deudas, a los países (España debe casi un billón de euros), empresas y particulares (1,86 billones más).La segunda, la fortaleza del euro, que ha rozado los 1,40 € por dólar: una moneda fuerte dificulta las exportaciones y el turismo, los dos motores de la economía española. Y la tercera, los recortes anunciados en Italia y sobre todo Francia, nuestro primer cliente:los recortes de salarios,ayudas y pensiones a los franceses reducirán sus viajes y compras a España.

España, además de sufrir más que la mayoría de Europa la baja inflación, el euro fuerte y los recortes en Francia, tiene un problema propio: tenemos más del doble de paro que Europa (26,4% frente a 10,5% UE-28), así que necesitamos crecer mucho más para recuperar parte de los 3,8 millones de empleos perdidos con la crisis. Y la economía apenas crece, porque no tira el consumo, debido al mucho paro (casi 6 millones) y a que se congelan o bajan los sueldos y las pensiones. Y dependemos de las exportaciones (que crecen menos) y del turismo, que crea poco empleo y muy precario. Pero lo peor es la amenaza que tenemos encima: la Comisión Europea saliente ha advertido a España que, si no sube impuestos, no cumplirá el objetivo de déficit en 2015: será el 6,1% del PIB en lugar del 4,2%. Así que Rajoy se verá obligado a hacer otro ajuste de 20.000 millones en 2015. Y además, le piden otra “vuelta de tuerca” a la reforma laboral, básicamente contratos más “flexibles”, con menos sueldo y menos indemnización, sobre todo para jóvenes (mini-jobs).

Así que si los conservadores ganan las elecciones europeas, seguirá la austeridad para España (como para Portugal, Grecia y varios países del Este). Y volverán a poner en peligro la recuperación, con riesgo de caer en una tercera recesión (como pasó en 2011). Hace falta un cambio de política, que ponga el empleo como la prioridad de Europa y no el déficit. A corto plazo, los futuros dirigentes deberían permitir que el BCE baje los tipos (al 0%), inyecte liquidez a la economía, quite fuerza al euro y reanime el crédito, la gasolina que necesita la recuperación. Y que ayude a los países endeudados del sur, compartiendo la deuda (eurobonos), para que España y los demás paguemos menos intereses (como ha hecho el Gobierno Rajoy con las autonomías). Y es urgente reanimar la economía  europea, con un Plan Marshall como el que han propuesto los sindicatos (y rechazado Rajoy), para invertir 250.000 euros anuales durante 10 años (se crearían 11 millones de empleos). Y acelerar Planes de empleo, para jóvenes, mujeres  y mayores de 55 años, sobre todo en el sur, para dar una salida a los 26 millones de europeos sin trabajo.

Si se reanimara la economía europea, España recibiría un enorme empujón, ya que dependemos mucho de las compras, los turistas y la financiación europeas. Pero además, para crecer más y reducir la brecha de paro, habría que reanimar la economía española, con inversiones propias en reindustrializar el país, innovación y tecnología, educación y formación, apoyadas en nuevos ingresos fiscales: si España redujera el fraude fiscal y recaudara como Europa, se podrían ingresar 90.000 millones más. No habría déficit y se podría gastar más, en reanimar la economía, formar mejor a parados y jóvenes y recuperar el Estado del Bienestar. Pero todo esto es difícil si el PPE manda en Europa (y Rajoy en España, claro).

Tras cuatro años de austeridad suicida e innecesaria, las elecciones nos permiten elegir: más de lo mismo o intentar ir por otro camino, como EEUU, Japón, China o Brasil. Si gana el PPE, será más poder para la política económica de Merkel y los fundamentalistas del ajuste de Bruselas. Si hay un voto de castigo y gana la izquierda europea, podría cambiar algo, aunque hay muchas incertidumbres: Hollande y Renzi no han planteado “otra vía” contra la crisis (sólo recortes, aunque diferentes), los socialistas han estado en la Comisión que se despide (6 de los 27 comisarios) sin plantear alternativas al austericidio (empezando por Almunia) y el candidato del PSE, Martín Schulz, es alemán y miembro de un partido que gobierna en coalición con Merkel. Puede que el cambio, si ganan los socialdemócratas, no sea muy grande, pero algo se notaría (y lo necesitamos). Lo que está claro, por pura matemática electoral, es que la abstención o la dispersión de voto favorecen al PPE (y a Merkel).

No podemos perder esta ocasión de dar un toque a los políticos europeos, que nos han llevado al desastre, agravando la crisis. Deberíamos aprovechar para forzar un cambio, para que la economía mejore más rápido, aunque los españoles seamos bastante pesimistas: el 66,1% piensa que la situación económica será igual o peor dentro de un año y sólo un 23,5% la ve mejor, según el barómetro del CIS de abril. Pero el resultado de estas elecciones va a ser clave para la recuperación. España se la juega en Europa. Piense y vote.

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