jueves, 10 de septiembre de 2026

Curso escolar 2026-27: la enseñanza, al límite

Esta semana han vuelto a colegios e institutos 8,2 millones de niños y adolescentes, una cifra de alumnos que cae por tercer año consecutivo, por la caída de la natalidad. Y han encontrado unos profesores hartos de su precaria situación laboral y que también protestan por no poder  atender unas aulas cada vez más complejas, con muchos alumnos inmigrantes (el 13,5% y en algunas provincias hasta el 30%) y alumnos “con necesidades especiales” (el doble que hace 6 años). Por todo ello, los docentes han convocado huelgas en Madrid, Cataluña y Andalucía, que podrían extenderse este curso a otras 6 autonomías más. Los profesores piden más medios, más docentes y más gasto educativo, muy desigual entre autonomías. Y una bajada de los alumnos por clase, unos ratios muy diferentes entre autonomías. Este curso, la enseñanza no universitaria está al límite, mientras sigue la apuesta de muchas autonomías del PP por promover la enseñanza concertada y privada. Urgen medidas para mejorar la calidad de nuestra enseñanza, “manifiestamente mejorable”.

             Este es el tercer curso consecutivo en que bajan los alumnos de colegios e institutos

Este curso escolar 2026-2027 es el tercer año consecutivo en que se reducen los alumnos de las enseñanzas no universitarias, desde Infantil a Bachillerato y Formación Profesional (FP): serán unos 8.200.000 niños y adolescentes, 49.000 menos que el curso pasado, cuando ya bajaron en 67.425 alumnos (-43.024 chicos y -24.401 chicas), tras reducirse otros 17.425 alumnos el curso 2024-25, por la caída de la natalidad. El curso pasado (2025-2026), el último con datos oficiales, estudiaron 8.249.174 alumnos en los 28.633 colegios e institutos españoles, dos tercios en colegios públicos (que perdieron 53.765 alumnos) y un tercio en colegios privados (que perdieron sólo 13.660 alumnos). La caída de alumnos se nota sobre todo en Primaria (-48.773 el curso pasado), el 2º ciclo de infantil (-26.266 alumnos de 3 a 6 años) y en la ESO (-24.766), cayendo menos en Bachillerato (-3.713alumnos el curso pasado), mientras crecen los alumnos en el primer ciclo de Infantil (+3.268 alumnos de 0 a 3 años), en educación especial (+2.357) y, sobre todo, en Formación Profesional, la enseñanza que más crece en España (+30.185 alumnos el curso pasado).

Al haber nacido menos niños, los alumnos que se esperan este curso (8.200.000) serán casi los mismos que en el curso 2018-2019 (8.217.330). Los más pequeños (de 0 a 3 años) irán al primer ciclo de educación infantil (488.543 el curso pasado), una enseñanza no obligatoria que ya cubre a la mitad de estos niños (50,2% en 2025-26), una de las tasas más altas en Europa. En el 2º ciclo de Infantil (3 a 6 años) se matricularon el año pasado 1.079.663 niños. Y en Primaria (6-11 años) está el grueso de los alumnos, 2.711.025 el curso pasado. Crecen los alumnos de “educación especial”, hasta 45.725 estudiantes. Y el otro gran bloque de alumnos, 2.090.250 en 2025-26, estudiaron la ESO (12-15 años). Y Bachillerato (16-17 años) otros 741.280 alumnos, el 8% “a distancia” (online). Quedan los alumnos de Formación Profesional (FP), 1.211.062 el curso pasado, un récord histórico y el mayor salto en la enseñanza no universitaria, dado que sólo 582.576 alumnos estudiaban FP hace 6 años.

La pérdida de alumnos en las enseñanzas no universitarias, de Infantil a Bachillerato, sería mucho mayor si no fuera por los hijos de los inmigrantes, cuya presencia en las aulas se ha disparado: eran sólo 207.112 a principios de siglo (curso 2001-2002), el 3% de todos los alumnos, y subieron hasta el 10% en el curso 2021-22 (857.175 alumnos sin nacionalidad española) para alcanzar el curso pasado (2025-26) la cifra de 1.175.063 alumnos extranjeros, el 13,5% del total de estudiantes de enseñanzas no universitarias, según los datos de Educación. Un tercio son alumnos nacidos en Latinoamérica, un 23,7% son de origen europeo y otro 21,8% africanos, destacando por paises Marruecos (193.809 alumnos), Colombia (128.612), Rumanía (93.821), Venezuela (85.273), Perú (67.938), China (44.896) y Ucrania (44.311 alumnos). Con todo, hay una gran diferencia entre autonomías: el mayor porcentaje de alumnos extranjeros se da en los centros de la Comunidad Valenciana (19,9%), Baleares (19,3%), la Rioja (18,6%), Aragón (17,6%), Cataluña (17%), Madrid (16%) y Murcia (15,8%), mientras es bajo en Extremadura (5%), Galicia (6,6%) y Andalucía (7,9%). Eso sí, el 74,7% de estos alumnos extranjeros estudian en centros públicos.

Este curso 2026-27 no habrá grandes novedades educativas, salvo que será el 5º Curso en que se aplique la nueva Ley de Educación, la Lomloe (aprobada en 2020 y que se empezó a implantar en el Curso 2022-2023), con lo que se graduarán de la ESO los segundos estudiantes educados con la nueva Ley, que pretende una educación menos “memorística” y más basada en potenciar habilidades, como defienden los expertos educativos y el Informe PISA, aunque los expertos creen que apenas se notará el cambio, porque hará falta más tiempo y el reciclaje de los profesores. También será el 2º año en que se mantendrán las prohibiciones y limitaciones al uso de móviles en las aulas, generalizadas en toda España, aunque el País Vasco y la Rioja dejan que lo regulen los propios centros educativos.

La gran novedad de este curso escolar es el clima de preocupación y tensión con el que han vuelto a clase los profesores de colegios e institutos (806.153 docentes el curso pasado), sobre todo los que trabajan en centros públicos (589.058 profesores), aunque también los que trabajan en la enseñanza concertada (200.000 docentes). Ya en los últimos meses del curso pasado hubo destacadas protestas de profesores en media España y ahora se han convocado ya huelgas de docentes en Madrid (indefinida a partir del 14 de octubre), Cataluña (el 8 de septiembre) y Andalucía (el 11 de noviembre), mientras hay tensiones entre el profesorado y los gobiernos de la Comunidad Valenciana, Cantabria, Aragón, Baleares, Navarra y Castilla y León, que podrían terminar en más paros de docentes.

El clima de hartazgo este curso entre la mayoría del profesorado se debe a una combinación de factores, laborales y educativos. En primer lugar, los profesores se quejan de la precariedad de su trabajo y sus bajos sueldos. Por un lado, el 31% de los docentes tienen un contrato temporal (llega incluso al 43,4% en Cataluña, al 41,3% en Canarias y al 37% de los docentes en Cataluña) y muchos sufren cada año que les despidan en junio y los contraten otra vez en septiembre. Junto a esta inestabilidad laboral, que se une a sufrir muchos cambios de centros, están sus bajos salarios: el sueldo neto de un profesor de Primaria oscila entre 1.700 y 2.200 euros, según antigüedad. Y el sueldo neto en Secundaria oscila entre 2.000 y 2.700 euros. Y en la reciente huelga, las cuidadoras de educación infantil denuncian sueldos de 1.100 euros a jornada completa…

Pero los profesores de colegios e institutos no se quejan sólo de su situación laboral, también protestan porque no pueden formar como quieren a sus alumnos, por falta de medios y personal. Su mensaje es claro: las aulas son ahora más diversas y complejas y no pueden dedicar a sus alumnos la atención que necesitan, lo que deteriora la calidad de la enseñanza. Por un lado destacan el cambio en el alumnado. Primero, por el mayor peso de alumnos extranjeros: el curso pasado, señalan, en los centros públicos de 17 provincias, al menos 1 de cada 5 alumnos eran extranjeros (el 30% en Alicante), lo que exige más dedicación, tanto para que aprendan la lengua (en ocasiones, además, la autonómica) como para que se adapten a una nueva formación, con el agravante de que muchos alumnos proceden de familias desfavorecidas (un tercio de los menores están en situación de pobreza) y eso dificulta su formación y reduce la ayuda en casa, obligando a una mayor atención docente.

Los profesores no sólo se quejan por la complejidad de tener más alumnos extranjeros sino también porque han aumentado los alumnos “con necesidades especiales”, desde alumnos con autismo (TEA) a estudiantes con déficit de atención (TDH), discapacitados y alumnos que se han incorporado tarde a la escuela. Los últimos datos oficiales (curso 2024-25) reflejan que los centros educativos acogieron a 422.631 alumnos con necesidades especiales en Primaria y 298.915 en la ESO, el doble que 4 años antes. Y si embargo, los centros no han duplicado medios, aulas ni profesores.

Además, los profesores se quejan de que cada vez tienen más tareas burocráticas, “papeleo” (desde rellenar informes a protocolos), lo que les impide aumentar las horas docentes para atender a los alumnos que necesitan más atención. Y, sobre todo, luchan porque los centros (públicos y concertados) aumenten recursos y plantillas, que consideran insuficientes. El sindicato CCOO considera que haría falta contratar a 80.000 nuevos profesores en colegios e institutos, sobre todo docentes para materias específicas, como matemáticas, filosofía, idiomas y FP, así como a profesores de refuerzo. Y además, piden un cambio radical en las oposiciones de docentes, denunciando falta de objetividad, disparidad de criterios entre tribunales y el alto volumen de suspensos en las últimas oposiciones.

La “marea verde” de profesores, que ha protagonizado las últimas protestas y está detrás de las próximas huelgas (muchas veces al margen de los sindicatos tradicionales) plantean sus reivindicaciones a las distintas autonomías, que gestionan la educación, pero también tienen una serie de exigencias al Ministerio de Educación. La primera, que complete la bajada de alumnos por clase (ratios) en toda España, dado que cada autonomía tiene un tope distinto de alumnos por clase en cada etapa escolar (ver mapas). En abril de 2012, el Gobierno Rajoy subió los ratios en las aulas (de 25 a 30 en Primaria, de 30 a 36 en la ESO y de 35 a 40 alumnos en Bachillerato) para poder imponer sus recortes en el gasto educativo.

En marzo de 2019, el Gobierno Sánchez revertió la medida a los ratios anteriores. Y posteriormente, las autonomías los han bajado algo, de forma desigual. Por eso, el Gobierno aprobó en abril de 2026 una Ley para homogeneizar los ratios en toda España: 22 alumnos por clase en Primaria (frente a los 25 actuales) y 25 en la ESO (frente a 30 ahora). El problema es que esta Ley no se ha aprobado todavía en el Congreso, aunque el Gobierno confía en conseguirlo y aplicar las nuevas ratios progresivamente, desde el curso 2027-28 al curso 2031-32. Y mientras, ha pactado con los sindicatos rebajar, por decreto, los ratios en educación infantil (de 8 a 4 niños en 0 años, de 13 a 6 en 1 año y de 20 a 8 en 2 años), la reivindicación clave de la huelga de las escuelas infantiles. Se aplicarán en el curso 2027-28.

La 2ª exigencia de los profesores es que el Gobierno apruebe una normativa para exigir “unos parámetros mínimos de calidad” a los centros privados de Formación Profesional, que están proliferando por toda España (ya cuentan con un tercio de todos los alumnos) ante la falta de plazas en los centros públicos de FP. Los sindicatos creen que faltan 100.000 plazas en centros públicos de FP y eso ha promovido la creación de academias  y “chiringuitos” de FP, con altos precios y financiados por inversores y Fondos extranjeros. Este boom de la FP privada se concentra en el País Vasco (43,8% alumnos), Madrid (37,6%), Cataluña (35,9%) y Andalucía (33,1%), con el agravante de que consiguen más prácticas en empresas que los centros públicos.

La 3ª exigencia de la marea verde es que el Gobierno impulse y financie con las autonomías un Plan para la climatización de las aulas, dado que los alumnos sufren unas aulas sobrecalentadas varios meses del curso escolar (y otras frío en invierno). Además, plantean que el Gobierno regule la Inteligencia Artificial (IA) en la educación y facilite a profesores y alumnos una plataforma pública de IA que puedan usar en clase. Por último, la marea verde de la enseñanza insiste en criticar que muchas autonomías (las gobernadas por el PP) están fomentando la enseñanza concertada y privada en perjuicio de la enseñanza pública, que es la que concentra más alumnos inmigrantes y con necesidades especiales o de familias con menos recursos. Son los famosos “conciertos” educativos, el dinero público que las autonomías transfieren cada año a los centros concertados. El gasto en conciertos ha pasado de 5.768 millones en 2014 a 8.342 millones en 2024, el 11,7% del gasto público total. Y eso provoca que los centros concertados ganen en alumnos, sobre todo en algunas autonomías que los apoyan más. Así, los 8.249.174 alumnos matriculados en infantil, primaria, ESO, Bachillerato y FP, el 66,7% acuden a centros públicos, pero un 24,6% acuden ya a centros concertados y un 8,7% a centros privados. Y hay autonomías con mucho más peso de la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (48,6%) o Madrid (46%), también Cataluña (35,3%) y Baleares (35,1%).

Al final, estos y otros problemas de fondo de la enseñanza no universitaria en España conducen a unos resultados educativos preocupantes, que les “duelen” especialmente a los profesores. Lo dejan claro los estudios PISA, que relegan a los alumnos españoles en matemáticas y comprensión lectora. Y varios datos incontestables. Uno, el alto porcentaje de repetidores: el 2,1% en primaria (1,2% en la UE-25) y el 7,8% en secundaria 1ª etapa (2,2% en la UE-25) y un 6,5% en la 2ª etapa. Otro, el abandono escolar temprano, el alto porcentaje de jóvenes que dejan sus estudios sin acabar el Bachillerato o la FP: 12,8% en 2025 frente al 9,4% en la UE-25. Y el tercero, el elevado porcentaje de jóvenes “ni-nis” (ni estudian ni trabajan): 11,5% en España y 11% en Europa.

¿Qué se puede hacer? Parece evidente que hay que gastar más en educación, desde infantil a Bachillerato y FP, sobre todo en centros públicos y en las autonomías que menos gastan por habitante (Madrid, Asturias, Cataluña, Galicia, Canarias, Castilla la Mancha y Baleares). Pero no se trata sólo de gastar más sino de gastar “de otra manera”, concentrando el gasto en los centros y ciudades donde hay más problemas (barrios con más familias vulnerables y más inmigrantes), reforzando la enseñanza de quienes lo más lo necesitan, con clases de refuerzo, desdobles y profesores de apoyo. Y en paralelo, reforzar las plantillas docentes, estabilizando sus contratos y mejorando sus sueldos y su formación (con esa buena idea del MIR educativo, para los profesores que empiezan).

Y sobre todo, urge un Pacto educativo,  entre el Gobierno central, las autonomías, los profesores y las familias, para asegurar una financiación suficiente y acordar medidas para mejorar la calidad de la enseñanza. Pero aquí nadie busca consensos y por ello se avecina un otoño de huelgas en la enseñanza. Lo pagarán nuestros niños y jóvenes, el futuro del país.

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