lunes, 7 de agosto de 2017

Cuatro libros sobre el trasfondo de la crisis


En vacaciones tenemos más tiempo para leer y aquí traigo cuatro libros de interés, para conocer mejor qué hay detrás de esta larga crisis que ha cambiado drásticamente la economía y nuestras vidas. Uno explica a los jóvenes españoles (y a todos) qué ha pasado y por qué viven peor que sus padres. Otro profundiza sobre el capitalismo mundial, asentado en inversores y empresas que se hacen millonarios a costa de “secuestrar” las instituciones, los Gobiernos y hasta la Justicia. El tercero explica con datos y ejemplos concretos cómo las grandes empresas, la banca y los más poderosos controlan el poder político, legislativo, judicial y mediático en España. Y el cuarto nos habla de los robots, que avanzan imparables, desde el hogar a la medicina, las empresas y las guerras, y que nos van a quitar muchos empleos en pocos años. Cuatro libros serios, críticos, fáciles de leer y muy ilustrativos sobre lo que pasa. Que los disfruten y aprendan. ¡Felices vacaciones¡


                                                                         enrique ortega
 
Empecemos por el libro que habla de lo más cercano, la situación española hoy, centrada especialmente en los jóvenes: “Abuelo: ¿cómo habéis consentido esto?”, escrito por Joaquín Estefanía, un colega con el que he compartido varias décadas de periodismo económico. En el libro, el periodista intenta explicar a sus nietas porqué hoy muchos jóvenes españoles viven peor que sus padres (los llaman “la Generación Cangrejo”), aunque sea la generación más preparada de nuestra historia. Estefanía traza un mapa de la situación actual de los jóvenes en España, a los que califica de ser “los más perjudicados de la crisis”. Y para explicarles por qué hemos llegado hasta aquí, se remonta a los años 80 y 90, en Estados Unidos y Europa, y el auge del neoliberalismo y la desregulación, que redujeron el papel del Estado y favorecieron a unos mercados cada vez más poderosos y peligrosos.

Es interesante todo el análisis que Estefanía hace de esta crisis y sus orígenes en 2008, porque resume las causas y los culpables, con datos y muchas citas y anécdotas que nos ayudan a comprender por qué el mundo entró en la Gran Recesión, analizando la actitud de los dirigentes europeos y los errores de la austeridad impuesta por Bruselas. Precisamente, un interesante apartado lo dedica a Europa, para explicar los lectores jóvenes cómo se ha desvirtuado el inicial “espíritu europeo”. Y también incide en el papel clave de la globalización, denunciando que las multinacionales, el capital financiero y las élites económicas han “secuestrado” las instituciones en todo el mundo.

Una vez hecho el diagnóstico de cómo hemos llegado hasta aquí, el libro de Estefanía analiza los movimientos de contestación, desde Ocuppy Wall Street (USA) a los indignados y el movimiento del 15-M. Y el periodista  les lanza un mensaje claro a sus nietas y a los demás jóvenes: tienen que afrontar su destino, no pueden confiar en los políticos y las instituciones tradicionales, tienen que buscar soluciones ellos, porque existe un muro entre los jóvenes y el resto de la sociedad que han de saltar ellos, con sus diferentes tipos de organización y contestación, con sus propuestas, con su pelea política y social. Al final, no les da alternativas sino que les propone que las busquen ellos mismos, porque han quedado relegados del futuro y el poder político gobierna para una minoría poderosa, no para los jóvenes.

Una cosa más: Estefanía ha preparado una película documental para complementar este libro: “La Quinta Internacional”, dirigida por Gerardo Herrero, que podemos ver a principios de 2018. Quiere ser como el “Inside Job” (película documental sobre la crisis de 2008 que recibió el Oscar de 2011) español. No se la pierdan.

Visto el panorama en España, resulta muy interesante leer el segundo libro, que explica muchas claves del comportamiento del sistema capitalista en el mundo, tras la crisis: “La corrupción del capitalismo, escrito por el riguroso economista y profesor británico Guy Standing. Se trata de un análisis pormenorizado de cómo en el capitalismo actual los que prosperan son los inversores, rentistas, financieros y multinacionales que no crean riqueza sino que viven de las rentas e intereses, gracias a que controlan Gobiernos, instituciones y mercados, ayudados por la globalización, en perjuicio de la industria, los trabajadores y la clase media, cada vez más empobrecida. El gran mérito de este libro es que analiza el sistema capitalista en su conjunto, para que veamos cómo han ido ganando peso en las leyes y desregulaciones, en las rebajas de impuestos, en la captación de subvenciones, en la fijación de precios, en la falta de controles y cómo gracias a haber “secuestrado” las instituciones, desde los años 80 (Reagan y Thatcher) hasta hoy son más poderosos y más ricos.

No es un panfleto contra el capitalismo sino un análisis de cirujano de su forma de actuar, antes y después de esta crisis, y cómo han ido captando el Estado, los partidos, las instituciones, la Justicia  y los medios de comunicación para diseñar un sistema a su favor, que agrava la desigualdad y pone en peligro la misma democracia. Y es muy revelador el análisis que hace de la globalización y los nuevos tratados comerciales internacionales, que estudia con detalle para justificar que son la vía que siguen hoy las multinacionales y el capital financiero para aumentar su poder y relegar el de los paises y las leyes nacionales, con una progresiva “mercantilización de la política”. Muy recomendable el análisis que hace del  fallido  Tratado comercial UE-EEUU (el TTIP).

Impresiona este libro, porque está repleto de hechos y datos y porque nos ayuda a entender lo que pasa cada día, desde EEUU y Europa a España. Y, sobre todo, porque nos deja un cierto sentimiento de impotencia: ese 1% cada vez más poderoso y más rico, que controla lo que pasa al margen de los Gobierno y la política, en perjuicio del 99% de nosotros. Al final, el profesor Standing plantea que hay que lograr ”la eutanasia del rentista”, de estos poderosos, algo que sólo se puede lograr con la presión y contestación de la mayoría. Nada fácil.

Una vez leído este libro, conocí la existencia de un libro escrito en España por un colectivo de juristas y notarios  que venía a ahondar en el secuestro de las instituciones españolas por los más poderosos, la tesis de Standing pero analizada en España: Contra el capitalismo clientelar”, del colectivo Sansón Carrasco, uno de los libros revelación del año. Trata sobre las relaciones de los principales empresarios y banqueros españoles con el poder político, el legislativo y el judicial, con nombres y apellidos que todos conocemos. Y también con los medios de comunicación, algo que casi nadie nos cuenta (por razones obvias).

El libro es un análisis riguroso, repleto de datos, nombres y hechos contrastados que revelan los mecanismos por los que el poder económico y financiero influye y presiona a los órganos reguladores (CNMC, CNMV, Banco de España), a los Gobiernos, a los legisladores (detallan los procesos de cómo se hacen las leyes, muchas de ellas borradores que llegan hechas de consultoras y despachos de abogados), a las instituciones y, lo más escandaloso, a los Tribunales y la Justicia. Y explica la relación entre poder económico/financiero y altos cargos de la Administración, además de analizar exhaustivamente el fenómeno del trasvase de políticos a las empresas (las “puertas giratorias”, con 77 exministros y políticos en empresas del IBEX). Y todo el trabajo en España de los grupos de presión (los lobbies), aún sin regular.

Si todo el libro es esclarecedor, resulta especialmente interesante la parte dedicada a la banca y sus relaciones con el poder, los Gobiernos, los partidos y la Justicia, con numerosos ejemplos de comportamientos polémicos en temas como la crisis bancaria, la colocación de activos a particulares o los desahucios. Ahí se ve con hechos que los Gobiernos (Rajoy y antes ZP) han legislado siempre a su favor, en perjuicio de los particulares.

Al final, el colectivo Sansón y Carrasco, como antes el profesor Standing, desconfían que el capitalismo clientelar tenga solución por la vía de los partidos políticos o las instituciones, porque son rehenes de los poderosos, como la democracia. Y por eso sólo confían en que sean los particulares, los ciudadanos, los que corrijan estas corruptelas del sistema, primero conociéndolas y luego criticándolas y oponiéndose a ellas, como un  gran movimiento social. De entrada, este colectivo de juristas y notarios colaboran en esta tarea con una web en la que denuncian el capitalismo clientelar día a día: “Hay derecho?”. No se la pierdan.

Y vayamos al cuarto libro, que también analiza el trasfondo de lo que pasa desde una perspectiva tecnológica: “La imparable marcha de los robots”, del periodista y escritor Andrés Ortega (por cierto, nieto de Ortega y Gasset). Para mí ha sido un descubrimiento, porque creía que los robots eran algo del futuro, pero Ortega dedica una buena parte del libro a analizar los múltiples ámbitos en que los robots están ya presentes hoy, desde los hogares a la industria, la agricultura, las finanzas (más de la mitad de las operaciones de bolsa las hacen robots), la medicina, la educación, la música, el teatro, los automóviles, la pesca, la minería… y hasta la guerra: EEUU tiene más de 7.000 drones y ya hay robots de ataque que prefiguran como serán las guerras del futuro.

El libro plantea que los robots han aumentado con la globalización y han abierto una brecha entre los paises que más desarrollan los robots (Japón, EEUU, Alemania, China y Corea) y el resto, lo que va a cambiar la economía y la geopolítica en las dos próximas décadas, agravando la desigualdad entre paises, empresas e individuos, según su mayor o menor relación con los robots. El tema central es en qué medida las máquinas nos van a quitar trabajo y aquí el libro aporta numerosos estudios que indican que sí, que se perderán entre el 30 y el 60% de los empleos, al ser sustituidos por máquinas. Además, el libro plantea los dilemas éticos y morales del auge de los robots y sobre todo de la inteligencia artificial, que para algunos expertos (como Stephen Hawking o Bill Gates) es “más peligrosa que las armas nucleares”. Y por supuesto, los robots de combate autónomos, que muchos quieren prohibir.

Al final, Ortega cree que el avance de los robots será imparable y cambiará radicalmente nuestras vidas, pero no en medio siglo sino en los próximos 10 o 20 años. Y por ello plantea que los paises deberían plantearse ahora el problema, para buscar formas de compartir el futuro con  las máquinas. Y se queja de que en España ni los partidos ni el Gobierno ni nadie plantean este problema, que exigiría un Pacto social para afrontar ese inquietante futuro.

Bueno, espero que alguno de estos libros les interese, lo lean y  les ayude a entender mejor lo que pasa. ¡Felices vacaciones¡  Y hasta septiembre.

jueves, 3 de agosto de 2017

Verano 2017: congestión y precios disparados


La mayoría de españoles empezamos esta semana las vacaciones de verano y nos encontraremos un país “tomado” por los turistas extranjeros (30 millones entre julio y septiembre) y españoles, que van a moverse más que nunca. Con tanto turista, los precios se van a disparar, desde hoteles y restaurantes a apartamentos, supermercados y coches de alquiler: subirán un 10% sobre el verano pasado, tras haber subido otro 10,5% los dos últimos años. Lo peor es que habrá zonas, en las islas y la costa mediterránea, “congestionadas”, según reconoce la patronal turística, preocupada porque hay ciudades (Mallorca, Barcelona) donde los vecinos están “hartos del turismo”: achacan esta “turismofobia al “boom” de apartamentos que se alquilan por Internet, sin control. En cualquier caso, España estará “a tope” este verano y el sector cree que es hora de “cambiar el modelo turístico”, de apostar más por la calidad que por la cantidad. Urge repensar el turismo español a 20 años vista, renovando y ampliando la oferta. No matemos “la gallina de los huevos de oro”.



                                                                                           enrique ortega

La mayoría de España está de vacaciones, pero no todos pueden cogerse unos días y escaparse de su rutina diaria: el 39,5% de españoles no se puede ir de vacaciones ni una semana al año, según la última Encuesta de Condiciones de Vida 2016 (INE). La mayoría de esos 4 de cada 10 españoles que no toman vacaciones son jóvenes (44,2% menores de 29 años no cogen ni una semana de vacaciones) y mayores de 65 años (43,2% no viajan), sobre todo los que tienen poca formación (más del 52% de los que sólo tienen la ESO o menos), los que están parados (68,6% no cogen vacaciones), las madres solas con niños (56% no tienen vacaciones) y la mayoría (del 54 al 75%) de los que ganan menos de 11.634 euros al año, según los datos que aporta el INE. Otra estadística, el Barómetro del CIS de junio, nos revela que sólo el 41% de españoles van a hacer un viaje turístico y del resto, la mayoría irá a visitar a un familiar (26,1%) o amigos (18,3%), marchará a una segunda residencia (14%) o se quedará en casa (20,7%), mientras el 15,9% no tiene vacaciones.

La España que si se va de vacaciones, ese 60,5% que dice el INE, se va a encontrar este verano más gente que nunca, entre extranjeros y españoles. La previsión es que este verano se superen los 30 millones de turistas extranjeros entre julio y septiembre, frente a los 27,6 que llegaron el verano de 2016 (que ya fue récord). Y eso porque en la primera mitad del año han seguido subiendo los turistas extranjeros, empujados por el temor a destinos como Turquía, Egipto o Túnez (que han perdido un 22% más de turistas europeos este año) y por los atentados en Europa (Reino Unido, Francia o Bélgica), que han aumentado el turismo urbano a España, según los datos de la patronal turística Exceltur. Y se espera este verano una recuperación en España del turismo ruso, nórdico y asiático, mientras se mantiene el turismo británico, a pesar del Brexit. Eso sí, la libra ha caído un 15% desde junio de 2016, lo que encarece España a los británicos, aunque se espera que lo compensen viniendo menos días y gastando menos. Otro dato que no ayuda es el euro, que ha subido un 12% frente al dólar desde enero (ahora supera los 1,18 dólares), lo que hace que España sea un 12% más cara para los no europeos.

En cualquier caso, todo apunta a que será un verano superrécord para el turismo extranjero, sobre todo europeo, en las islas (Baleares y Canarias) y en la costa mediterránea, tanto levantina como andaluza. Y junto a estos 30 millones de extranjeros, se esperan otros tantos o más turistas españoles, que quieren olvidarse de la crisis y viajar este verano más que nunca, tras una Semana Santa, mayo y junio que han sido récord de viajes y pernoctaciones en hoteles, apartamentos y casas rurales. La previsión de la patronal Exceltur es que los españoles viajen sobre todo a Baleares, la costa Mediterránea (de Gerona a Cádiz) y al norte de España, que este verano estará más lleno que nunca. Y los que esperan más ingresos son las empresas de alquiler de coches, las de ocio (parques de atracciones) y los apartamentos y casas rurales.

Con tanto turista, extranjero y español, las empresas del sector han aprovechado para subir los precios: los precios de los hoteles han subido un 25,5% en el primer semestre de 2017, según el IPC (INE).  Y se espera un aumento de las tarifas hoteleras del 10% sobre las del verano pasado, según un estudio de Deloitte. Una subida que se sumará al 10,5% que ya subieron los precios hoteleros en los dos últimos años (2015 y 2016), con lo que hay hoteles que ya tienen un precio superior al que tenían antes de la crisis. Pero no sólo suben los hoteles: han subido los vuelos (un 9,5% en el primer semestre, según el IPC, más por la fuerte demanda que por el petróleo) y los paquetes que ofrecen las agencias de viajes, así como las tarifas de los apartamentos (940 euros diarios en Ibiza en agosto), casas rurales y campings.  Y subirán este verano los precios de bares y restaurantes, así como el alquiler de coches (sobre todo en las islas) y las entradas de parques y lugares de ocio. Y también subirán los precios de la comida y los supermercados, aprovechando la mayor demanda y porque la sequía sube los precios de frutas, verduras y carnes. Eso sí, costará sólo unos céntimos más que el verano pasado echar carburante al coche.

Con estas nuevas subidas, lo que se espera es que extranjeros y españoles reduzcan los días de vacaciones, para no gastar mucho más. De hecho, la estancia media lleva bajando tres años ( 6,9 días) y el gasto medio de los extranjeros, aunque se ha recuperado en 2017 (702 euros de media hasta abril frente a 700 euros en todo 2016), está todavía muy por debajo del de 2011 (813 euros de gasto medio por turista), según los datos de Exceltur, que recuerdan que la mayor parte del gasto que hacen los extranjeros en España (77.000 millones de euros en 2016) se queda fuera, porque se lo llevan los tour operadores y las líneas aéreas. Y que el gasto de los turistas en España ha caído, año tras año, desde 2011. Eso se debe a que cada vez viene un turismo más low cost, en viajes baratos y a apartamentos, que gasta menos.

En definitiva, que nos espera un verano con España a tope y todo más caro. Pero lo peor es que en algunas zonas de España habrá congestión” turística, el término que ha empleado la  patronal turística, Exceltur. Serán sobre todo las islas baleares (Mallorca e Ibiza) y algunas zonas de la costa de Cataluña (más Barcelona capital), Comunidad valenciana y Andalucía. La patronal está preocupada por las crecientes protestas de vecinos en algunas zonas (Palma, Barcelona y Madrid) contra la invasión de turistas, lo que se ha dado en llamar la turismofobia. Algo que se podría agravar este mes de agosto, cuando se colapsen carreteras o paseos marítimos y se compliquen las noches, mientras aparecen problemas de agua (sequía histórica) e infraestructuras, sobre todo en las islas Baleares.

La patronal turística achaca este “colapso” turístico de algunas zonas al crecimiento desordenado de la oferta, por haberse disparado el alquiler particular de apartamentos, a través de plataformas de Internet (como Airbnb o Booking.com). De hecho, señalan que los apartamentos sin regular han superado ya en plazas (casi 3 millones) a los hoteles e instalaciones turísticas reguladas (2,5 millones). Y sólo en 22 ciudades hay 362.493 apartamentos privados que se alquilan a turistas frente a 330.258 plazas de hoteles, hostales y camas reguladas. El sector hotelero se queja de que los apartamentos privados son una competencia desleal, sin control y que evaden 800 millones a Hacienda. Y piden un mayor control, tanto de las autonomías como de Hacienda (pago impuestos) e Interior (control clientes), ya prometido.

A raíz del superrécord turístico y la esperada “congestión” de este verano, la patronal turística Exceltur cree que ha llegado el momento de “repensar el futuro del turismo en España a medio y largo plazo”. Un tema urgente es frenar la oferta turística, que no puede ser infinita, si no queremos que el turismo estalle y “muera de éxito” (se habla de 80-82 millones de turistas este año, frente a los 75,6 ya récord de 2016). De hecho, el Ayuntamiento de Palma ya ha aprobado en julio una moratoria (apoyada por los hoteleros) para suspender durante un año la concesión de nuevas licencias turísticas en el caso antiguo y zonas aledañas, medida  que ya tomó en enero el Ayuntamiento de Barcelona. Pero haría falta una planificación en toda España, con la colaboración de Ayuntamientos, hoteleros y asociaciones de vecinos.

Además, el sector turístico español tiene que reordenar su oferta, para conseguir atraer turistas fuera de la temporada del verano (la mitad vienen entre junio y septiembre) y fuera de las zonas habituales de sol y playa (el 90% de los turistas vienen a sólo 6 autonomías: Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid). Eso obliga a ampliar la oferta turística, buscando un turismo alternativo (de negocios, cultural, sanitario, deportivo o gastronómico) y gastar más recursos en promover el turismo fuera de Europa (sólo el 11% de los turistas que vienen no son europeos), los que más gastan.

En paralelo, el sector turístico tiene que invertir en su reconversión, en un Plan Renove que modernice los hoteles e instalaciones más antiguas, ofrezca nuevos servicios y se lance a fondo en digitalizar su oferta, para vender más directamente por Internet y menos a través de los tour operadores alemanes o británicos, que fuerzan condiciones y precios y se quedan con la mayoría de las ganancias. Además, el sector turístico tiene otras dos asignaturas pendientes: mejorar la calidad de los servicios (más formación al personal) y aumentar el empleo, con menos precariedad y mejor pagado: con un año récord, el sector turístico sólo ha creado 95.807 empleos el último año (junio 2016-junio 2017), el  90% temporales y la mitad a tiempo parcial (muchos por horas o días). Y la hostelería sigue siendo el trabajo peor pagado: un empleado de hostelería le cuesta a la empresa 1.464 euros (464 son cotizaciones), 1.000 euros menos que el coste laboral medio en España (2.481 euros en 2017), según el INE.

Y además, el Gobierno debe gastar más en promover el turismo y ayudar a las empresas a reconvertirse, con incentivos fiscales y créditos blandos, así como con un mayor gasto en infraestructuras y servicios (desde más medios en aeropuertos, control de fronteras o comisarias (colapsadas) a depuradoras de agua y mejores accesos). Y sobre todo, garantizar una mayor coordinación entre autonomías, para que cada una no vaya a su aire con el turismo.

Hay que aprovechar el superrécord turístico de este verano para parar y repensar el futuro, para dejar de hacer triunfalismo con los millones de turistas y sentar las bases de una industria sostenible, que crezca de forma ordenada y con futuro. No hay que dormirse en los récords. Urge aprovechar los mayores ingresos de estos años no para invertir más y asegurar el futuro de la primera industria española. Ojo a morir de éxito, a que la burbuja del turismo “estalle” y se colapse. No matemos “la gallina de los huevos de oro”.

lunes, 31 de julio de 2017

El segundo rescate de las autopistas de peaje


El viernes pasado, mientras media España huía de vacaciones, el Gobierno aprobaba el rescate de 9 autopistas de peaje privadas en liquidación, que ahora serán públicas. El Estado cargará con su deuda y las reflotará con ayudas varias, con la idea de privatizarlas a finales de 2018, cuando estén saneadas con dinero público. Y eso tras haberles inyectado ya, Zapatero y Rajoy, más de 5.200 millones de ayudas públicas entre 2010 y 2021, para evitar su quiebra actual. El Gobierno Rajoy dice que este nuevo rescate “no costará dinero a los contribuyentes”, pero la factura estará entre 3.400 y 5.000 millones de euros y la mayoría no se recuperará. El escándalo no es sólo que estemos ante un nuevo rescate de errores privados (Cajas, déficit eléctrico, moratoria nuclear, almacén gas Castor…) sino que la historia se repite: en 1984, Felipe González tuvo que nacionalizar 6 autopistas en apuros y en 2003, cuando ya ganaban dinero, Aznar las privatizó (perdiendo dinero). Doble escándalo.



                                                                            Enrique Ortega

La historia de este segundo rescate de las autopistas se inicia a principios de este siglo, con tres protagonistas claves: el presidente Aznar, el ministro de Fomento Álvarez Cascos y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, empeñada en tener tantas autopistas cerca de la capital “como los catalanes y como París”. Para eso, embarcaron a las principales constructoras y bancos en un macro-proyecto de 10 autopistas de segunda generación, que se construyeron entre 1999 y 2003, en pleno boom económico (ver mapa): las 4 radiales de acceso a Madrid (R-2, R-3, R-4 y R-5), la M-12 a Barajas y la Madrid-Toledo (AP 41), junto a Ocaña-La Roda, Cartagena-Vera, la circunvalación de Alicante y Alicante-Cartagena (la única que queda ahora fuera del plan de rescate aprobado el viernes).

El problema es que se diseñaron pensando en un tráfico irreal, que se desplomó con la crisis, máxime cuando hay autovías gratuitas que circulan en paralelo. Y además se multiplicó por siete el coste de las expropiaciones, gracias a la ley del Suelo aprobada por Aznar en 1998. Pero no importaba: el negocio de las autopistas estaba en construirlas (sus dueños son las grandes constructoras: ACS, Ferrovial, Acciona, Sacyr, FCC, ferrovial y Globalvía) y en financiarlas (los bancos participantes, Santander, Bankia, La Caixa y Sabadell más algunos extranjeros cobraban de 10 a 20 millones al año en intereses), sin poner apenas capital. Un ejemplo: en la R-2 (Madrid-Guadalajara), inaugurada con toda pompa por Aznar en 2003, los socios solo pusieron el 12% de inversión y el 88% restante eran créditos (424,5 millones).

Una vez construidas las autopistas de peaje, si luego no pasaban coches y no salían las cuentas, el problema era del Estado. Sí, porque Aznar pactó con las concesionarias incluir en los contratos la cláusula de Responsabilidad Patrimonial de la Administración (RPA): si había problemas y las concesionarias no pagaban la deuda, debía hacerlo el Estado. Negocio redondo.

Con la crisis, el tráfico y los ingresos de estas autopistas cayeron en picado y amenazan entrar en quiebra. Para evitarlo, el Gobierno Zapatero salió en su ayuda (con apoyo del PP) en los Presupuestos de 2010 y 2011, con 800 millones de créditos blandos a devolver al final de la concesión (65 años) más un adelanto de dinero (80 millones anuales) para cubrir la caída del tráfico. Al llegar Rajoy, mantiene las ayudas en 2012 y las amplía hasta 2021 (ZP las estableció hasta 2018). Y para 2013, duplica el adelanto de dinero (de 80 a 150 millones anuales). En conjunto, estas autopistas que ahora se rescatan ya tenían garantizadas ayudas públicas por 5.200 millones de euros hasta 2021. Y eso sin contar las ayudas indirectas que supone subvencionar el 50% del peaje a los camiones que vayan por autopista (el Gobierno destinó 10 millones del Presupuesto en 2015 y otros 32,7 millones en 2017). Y además, Zapatero y Rajoy se comprometieron a subirles los peajes por encima del IPC entre 2011 y 2015, otra ayuda más a costa de nuestro bolsillo. Y eso sin contar con los 1.098 millones recibidos por las autopistas (todas) entre 1999 y 2011, como compensación por haber subido menos las tarifas para que España entrara en el euro (Real Decreto 6/1999).

Pero ni con estas importantes ayudas públicas han podido salir a flote estas autopistas de peaje. Y las concesionarias se encontraron con que no podían pagar la deuda ni conseguían refinanciarla. Y así, en 2013, suspendieron pagos una tras otra, mientras constructoras y bancos le recordaban al Gobierno que el problema era suyo, que la cláusula-regalo de Aznar obligaba al Estado a hacerse cargo de la deuda. Han sido tres años largos (2014-2016) en que el Gobierno, los bancos acreedores y las constructoras han tratado de renegociar una salida, sin conseguir un acuerdo. Y ahora, en julio, cuando los Tribunales han liquidado las primeras autopistas, el Gobierno Rajoy se ha visto obligado a tomar una decisión y rescatarlas.

El ministro de Fomento dice que no es una decisión política sino una obligación de los Tribunales. Es verdad. Pero se olvida decir que si las autopistas no quiebran y se cierran sino que se cargan ahora sobre el bolsillo de todos los españoles  es por una decisión política que tomó su partido a principios de siglo. También dice que “no tendrá coste” para los españoles, porque la idea es nacionalizarlas de nuevo a finales de 2018 y recuperar el coste del rescate, que subirá el déficit público de 2018, sobre todo. Pero está claro que coste habrá para los contribuyentes, como pasará con el rescate bancario.

Por un lado, el Estado tendrá que hacer frente a la deuda bancaria, unos 3.400 millones de euros. Además, tendrá que afrontar el pago de indemnizaciones aún pendientes por expropiaciones a algunos propietarios de terrenos, demandas que suman otros 1.200 millones. Y cargar con los costes de mantenimiento, conservación y personal de las 9 autopistas rescatadas (748 kilómetros, el 22% de toda la red de autopistas) y traspasadas a la Sociedad Estatal de Infraestructuras Terrestres (SEITTSA), unos 65 millones más al año. Además, seguro que aprobarán una subida extra de los peajes para ayudar a subir sus ingresos y sanearlas, además de la subvención a los camiones (otros 40 millones en 2018). Redondeando, el rescate nos costará unos 5.000 millones, según la patronal SEOPAN. Y luego, una vez que estas autopistas estén saneadas, sin deuda y con más ingresos, pues a buscar una sola empresa que compre las 9 autopistas (barato). Incluso no se descarta que puedan volver a una de las concesionarias que las tenían hasta ahora. Negocio redondo.

Lo más sangrante es que muchas de estas autopistas pertenecen a concesionarias y constructoras con elevados beneficios, como Abertis, Acciona, ACS, Ferrovial, FCC, OHL y Sacyr, Azvi, Isolux o Comsa. Y que varias de ellas explotan autopistas muy rentables (como saben catalanes y levantinos), en especial Abertis con Acesa, Aumar e Iberpistas. Lo lógico hubiera sido forzarles a “cargar con el error” de estas inversiones, o bien liquidando estas empresas o fusionándolas con otras autopistas rentables. Pero no, nos han cargado sus pérdidas a todos, al Estado, gracias a la cláusula de responsabilidad que les regaló Aznar.

Y lo peor es que la historia se repite. En marzo de 1984, el Gobierno de Felipe González creó la empresa pública ENA para nacionalizar seis autopistas en apuros (de Audasa, Audenasa y Aucalsa). Y en mayo de 2003, cuando ya ganaban dinero, el Gobierno Aznar las privatizó: las compró Sacyr, por 1.586 millones, menos de lo que aportó el Estado a ENA (1.700 millones). Y antes, las autopistas, habían gozado de importantes privilegios desde el franquismo: la Ley de autopistas de peaje de 1972 les permitía endeudarse en divisas con aval del Estado y seguro de cambio, un privilegio que duró hasta 1988 y que nos costó a los españoles unos 8.000 millones de euros. Ahora, de momento, nos costarán otros 6.300 millones más acordados por Aznar, Zapatero y Rajoy, más lo que nos cueste la empresa pública SEITTSA.

Ayudas públicas con dinero de todos para resolver los problemas creados por decisiones políticas erróneas y compromisos polémicos con empresas poderosas. Es una historia que se repite una y otra vez: déficit eléctrico (Aznar), moratoria nuclear (Felipe González), rescate bancario (Rajoy), el rescate del almacén de gas Castor (Zapatero-Rajoy) y ahora las autopistas. Dinero y más dinero público para ayudar a grandes empresas privadas (¡Viva la economía de mercado…¡), mientras 185.000 empresas españolas han tenido que cerrar con la crisis sin que nadie les haya ayudado. Y mientras los españoles hemos sufrido  los recortes de unos 30.000 millones de gasto público en educación, sanidad, desempleo, dependencia, ayudas sociales  I+D+i, cultura, Cooperación… Doble rasero. Es un escándalo.