jueves, 18 de febrero de 2016

Adiós al tabaco "español"


En junio cierra la fábrica de tabaco de Logroño, la última que produce cigarrillos (Fortuna y Ducados) en la Península. Con ella, son 12 las fábricas de tabaco cerradas en España desde 1999, con 6.000 empleos perdidos. Es la consecuencia de un desplome del consumo (se venden la mitad de cajetillas que en 2008) y de un aumento del contrabando, que supone ya 1 de cada 10 cajetillas vendidas. La industria del tabaco está en crisis en EEUU y Europa y sólo aumentan las ventas en Asia, por lo que las multinacionales trasladan allí sus fábricas. Pero el tabaco causa todavía demasiadas muertes en el mundo, una cada 6 segundos. Y España es el 9º país con más fumadores de Europa y donde los jóvenes empiezan antes. Por eso, los médicos piden que suban los precios del tabaco (aquí es más barato) y que las cajetillas denuncien más claramente que mata. Entre el empleo y la salud, la opción está clara.
 

enrique ortega


El tabaco fue una de las grandes industrias de España en el siglo XIX, aportando hasta un 16% de la riqueza del país. Pero hoy sólo supone el 1% del PIB y las ventas se han desplomado al nivel de consumo que había en 1965: en 2015 se vendieron en  España 2.325 millones de cajetillas, casi la mitad que en 2008 (4.514 millones). La facturación cayó mucho menos, sólo un -11,8% (de 12.365 millones vendidos en 2008 a 11.904 millones en 2015), porque el precio del tabaco se ha disparado en estos años, sobre todo por la subida de impuestos: la cajetilla ha subido un 77% desde 2008 y un paquete de Marlboro (la marca más vendida) ha pasado de costar 3 euros (2008) a valer ahora 4,85 euros.

El desplome en la venta de cigarrillos se debe a varias causas. Empezó con la prohibición de la publicidad del tabaco, desde enero de 2006, y se agravó con la crisis, que hizo que mucha gente fumara menos (se ha pasado de 20 a 14 cigarrillos al día de media) y marcas más baratas. Pero el gran cambio se dio el 1 de enero de 2011, cuando entró en vigor la Ley que prohíbe fumar en bares, restaurantes, oficinas y edificios. Posteriormente, en 2011, 2012 y 2013 subieron los impuestos al tabaco, que suponen un 80% del precio final de los cigarrillos. Y eso hizo subir la venta de tabaco de contrabando, que no paga impuestos. La puntilla ha sido la crisis de Oriente Medio, que ha recortado las exportaciones de tabaco “español” a Siria e Irak, antes importantes compradores.

Con la crisis y la prohibición de fumar en locales, las tabaqueras hicieron frente a la caída de ventas lanzando una “guerra de precios”, con objeto de promocionar marcas más baratas que siguieran captando clientes y ganaran cuota de mercado. Surgió así el tabaco “low cost”, por debajo de 4 euros la cajetilla, que deja menos margen pero mantiene fumadores (Altadis disparó las ventas de West Brooklyn, fabricado en Logroño). Y empezó la moda de fumar tabaco de liar, más barato, aunque su venta se retrajo al subirle los impuestos en 2013 (ahora han subido las ventas de tabaco de pipa, para liar, que paga menos impuestos). En 2015, el mercado español de cigarrillos se lo repartieron las multinacionales Philip Morris (USA), con Marlboro (15% cuota) y Chesterfield (8,8%), Japan Tobacco (JTI), con Winston (12,5% de cuota) y Camel (7%), y la británica Imperial Tobacco (dueña de Altadis, fruto de la fusión de Tabacalera y la francesa Seita), con la marca Fortuna (7,4% de cuota).

El lobby (grupo de presión) de las tabaqueras (multinacionales) lleva años quejándose, en Bruselas y en España, de que el desplome de su negocio se debe a la fuerte subida de impuestos al tabaco, que ha disparado el contrabando. Y dan un dato: si en 2010, el tabaco de contrabando suponía el 3,9% de las ventas, en 2014 llegó al 12,5%. Eso obligó a muchos países europeos a tomar medidas contra el contrabando, porque mermaba sus ingresos fiscales. Y así, en 2015 el contrabando ya ha bajado al 10,6% en España, según Altadis, aunque hay dos zonas donde supone un tercio de las ventas: Andalucía (el 34% del tabaco que se consume es de contrabando) y Extremadura (31%).

En Europa, el contrabando de tabaco surgió hace una década, pero en España se ha recrudecido a partir de 2013, por el surgimiento de fábricas de tabaco clandestinas, creadas en polígonos industriales por mafias europeas (lituanas, polacas, bielorrusas o griegas), que importan maquinaria (como si fuera agrícola), tabaco a granel y tecnología, fabricando millones de cajetillas (hasta 3 millones a la semana) de tabaco ilegal (“pata negra” o “polvorón” ) que luego son distribuidos por pueblos y ciudades por mafias españolas. En los dos últimos años, las fuerzas de seguridad han desmantelado 8 de estas fábricas de tabaco ilegal por toda España. Además, hay multinacionales tabaqueras europeas (la griega Karelia o la luxemburguesa H. Van Landewyck) que fabrican "marcas blancas" de tabaco que acaban en el mercado ilegal español (y europeo). La tercera vía del contrabando es Gibraltar: miles de cajetillas que pasan cada día a España por carretera o en lanchas, con la connivencia del gobierno gibraltareño, según ha denunciado España y las tabaqueras.

El éxito del tabaco de contrabando es su precio, la mitad que el tabaco legal, lo que permite a un fumador habitual ahorrarse una media de 100 euros al mes. El problema lo tienen no sólo las tabaqueras, que pierden un 10% de sus ventas, sino el Estado, que también recauda menos: en 2015, Hacienda ingresó 9.137 millones de euros por  impuestos del tabaco (impuesto especial más IVA) y se estima que dejó de ingresar otros 1.000 millones por el contrabando. Una actividad ilegal poco castigada, ya que los responsables detenidos suelen acabar con penas de hasta 2 años de prisión. Y el tránsito por Gibraltar no baja.

La caída de ventas, por el menor consumo, el auge del contrabando y la caída de exportaciones, ha provocado que la multinacional británica Imperial Tobacco decida cerrar a finales de junio la fábrica de Altadis en Logroño, fundada en 1890 y en la que trabajan 471 personas, fabricando Fortuna, Ducados o West Brooklyn . Con ella, son ya 12 las fábricas de tabaco cerradas en España en los últimos diecisiete años, en Madrid (1999), La Coruña, Gijón, San Sebastián, Valencia, Alicante y Málaga (2002), Tarragona y Sevilla (2007), Cáceres (2012) y Cádiz (2014). Y ya no quedará ninguna fábrica de cigarrillos en la Península (sólo una fábrica de puros y puritos en Santander), manteniéndose sólo una factoría de Japan Tobacco (JTI) en Canarias. Adiós al tabaco “español”.

La industria del tabaco tiene problemas en todos los países y más tras haber sido 2015 el primer año en que cayeron las ventas de tabaco a nivel mundial. En EEUU, las ventas han caída a la tercera parte desde 1982 y en Europa casi a la mitad, pero crecen en Asia (por China y la India), en África y Latinoamérica. Eso provoca que las multinacionales cierren plantas en EEUU y Europa (el año pasado, Imperial Tobacco cerró sus plantas de Nantes, en Francia, y Nottingham, en Reino Unido) y que ahora se cierre la planta de Logroño, a pesar de la oferta de ayudas del Gobierno Rajoy  y de ser la tercera fábrica más eficiente entre las 40 plantas de Imperial Tobacco en el mundo. Se trata de poner las fábricas donde está ahora el consumo, en los países emergentes.

A pesar de la caída de ventas, el tabaco es un gran problema sanitario en todo el mundo: en EEUU, causa la muerte de 500.000 norteamericanos cada año (con un coste de 300.000 dólares anuales). En Europa, según la Comisión Europea, el tabaco mata al año a 700.000 personas, con un coste sanitario de 25.000 millones de euros. Y en España, el tabaco sigue siendo la primera causa de enfermedad y muerte, según los médicos: provoca 55.000 fallecimientos al año, con unos elevados costes sanitarios (8.000 millones al año) y a las empresas (8.780 millones por pérdida de productividad, absentismo y gastos limpieza).

Y a pesar de la caída del consumo, España sigue fumando mucho: fuman diariamente un 23% de los españoles adultos y un 2,3% más de forma ocasional, según la última Encuesta de Salud del INE (2014). Y la tasa de fumadores sólo ha bajado un 2% tras estos 5 años de prohibir fumar en lugares públicos. Además, España es el 9º país de Europa con más fumadores, según el Eurobarómetro de 2014: nos daba un 29% de fumadores, frente al 26% de media de toda Europa (y el 17% en USA), sólo por detrás de Grecia, Bulgaria, Croacia, Francia, Chipre, Eslovenia, Hungría y Letonia. Y lo peor: España es el país europeo donde los jóvenes empiezan antes a fumar: a los 16,7 años de media, casi un año antes que en el conjunto de Europa (17,6 años), según el Eurobarómetro de 2014.

Y mucho tiene que ver el precio: en España, el tabaco es más barato que en la mayoría de Europa, con un precio medio de la cajetilla de 4,30 euros (2014), que está muy alejado de los 10,78 euros por cajetilla de Noruega, los 9,45 de Reino Unido o los 9,30 de Irlanda, y por debajo de los 6,83 euros de Suiza, 6,60 euros de Francia, los 6,32 de Holanda, los 5,64 de Dinamarca, los 5,26 de Alemania o incluso los 5 euros por cajetilla de Italia, según datos del Comité nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT).

En mayo de 2016 entrará en vigor la nueva Directiva Europea contra el tabaco, aprobada en 2014 tras muchas presiones del “lobby” tabaquero, que obliga a vender unas nuevas cajetillas, con más espacio para fotos y advertencias de que el tabaco mata (ver aquí nuevos diseños). Pero los médicos y el Comité nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) piden que el futuro Gobierno español que vaya más allá y obligue a las tabaqueras a implantar el “empaquetado genérico”, una nueva cajetilla neutra, con el mismo color, tamaño y forma, sin logotipos y con más espacio para advertir que el tabaco mata. Lo implantó Australia en 2012, lo ha aprobado Irlanda y Reino Unido  y está pendiente en Francia, Finlandia y Hungría, mientras el Gobierno Rajoy lo descartó. Además, los médicos y la Comisión Europea advierten contra el cigarrillo electrónico, que consideran ineficaz, no inocuo (el vapor contiene sustancias tóxicas) y un elemento que “normaliza” el fumar.

Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) cree que hay que “ir más allá” en la guerra contra el tabaco, porque provoca la muerte de una persona cada 6 segundos, 6 millones de personas al año, que, al ritmo actual, serán 10 millones de muertes en 2030. Y la OMS cree que lo único de verdad efectivo contra el tabaco es subir el precio, por lo que pide a todos los países que suban los impuestos al tabaco. Según cálculos del CNPT, subir un 5% la cajetilla en España evitaría 3.000 muertes en los próximos 20 años.

Al final, el dilema que se plantea es optar entre mantener el empleo en la industria del tabaco o arremeter contra ella con todos los medios, aunque se cierren fábricas, porque está demostrado que causa muchas muertes y enormes costes sanitarios. La elección parece clara: la salud antes que nada. No pueden chantajearnos con el paro. Cierren y váyanse. Pero no nos vendan tabaco hecho en Asia, sin crear trabajo aquí. Hay que acabar de una vez con un consumo y una industria que mata. Es otro gran reto del mundo para el siglo XXI.

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