lunes, 15 de febrero de 2016

Las pensiones perderán poder adquisitivo


En enero, 8,5 millones de pensionistas han cobrado entre 2 y 5 euros más, por la subida del 0,25% aprobada por el Gobierno, la misma que en 2014 y 2015. Pero este año, esa mínima subida se la comerá la inflación, que crecerá un 0,7%. Y los pensionistas perderán poder adquisitivo, algo que no pasaba desde 2012, aunque en esta crisis, las pensiones han subido menos que la inflación. Pero el mayor problema de las pensiones  es que no salen las cuentas: en 2015, la Seguridad Social habrá tenido 12.000 millones de déficit, el mayor de su historia. Y no porque se dispare el gasto (pensionistas y gasto crecen menos que los últimos 10 años, por los recortes de ZP y Rajoy) sino porque crecen poco los ingresos, aunque hay 530.000 empleos más: es un empleo precario, que cotiza poco. Urge reformar las pensiones, no para recortarlas otra vez sino para conseguir más ingresos, vía impuestos y cotizaciones. Porque España gasta menos en pensiones que el resto de Europa.
 

enrique ortega


Las pensiones también han cambiado con la crisis. Hasta el año 2010, las pensiones en España subían cada año lo que se esperaba que subiera la inflación. Y luego, si los precios habían subido más, se les compensaba en febrero con la diferencia. Pero en 2011 se abandonó este sistema, presionados por Bruselas, que obligó al Gobierno Zapatero a congelar las pensiones, sin subirlas nada (por primera vez en la democracia). Y luego, en 2012 y 2013, Rajoy las subió un 1%. Y en diciembre de 2013, el Gobierno del PP aprueba una Ley para establecer el mecanismo que determina la subida futura de las pensiones (factor de sostenibilidad), teniendo en cuenta la marcha de la economía y de las cuentas de la Seguridad Social. Así se fijó una subida del 0,25% para 2014, que se ha repetido en 2015 y 2016, y que parece será la misma al menos hasta 2020.

Con estas mínimas subidas, el poder adquisitivo de los pensionistas ha dependido de lo que hiciera la inflación. En 2011 y 2012, con una inflación alta (+2,9%), perdieron bastante, y a partir de 2013, con el desplome de los precios (por la atonía de la economía y la caída del petróleo), recuperaron poder adquisitivo. Pero no todo: entre 2008 y 2015, las pensiones subieron una media del 9,2% y los precios aumentaron un 10,1%, así que los pensionistas perdieron un 0,9% de poder adquisitivo. Y sólo en la pasada Legislatura (2012-2015), con Rajoy, los pensionistas ganaron un 0,3%, porque los precios subieron menos (2,2%) de lo que subieron las pensiones (2,50%). Pero si tenemos en cuenta el copago de los medicamentos, implantado el 1 de julio de 2012, resulta que esa mínima ganancia de poder adquisitivo de los pensionistas se ha perdido al tener que pagar parte de sus medicinas.

Ahora, en 2016, todo apunta a que los pensionistas volverán a perder poder adquisitivo, por primera vez desde 2012: las pensiones subirán un 0,25% (entre 2 y 5 euros al mes) y la inflación podría subir un 0,7% de media anual, según el consenso de analistas (o más, si sube el petróleo). Y lo mismo se espera para 2017: subida de pensiones del 0,25% y subida de precios por encima del 1%. Y lo peor es que las pensiones seguirán perdiendo poder adquisitivo en los próximos años: si no se hace nada, las pensiones bajarán un 30% en términos reales (descontando la inflación) para 2050, según un estudio universitario

Con todo, el mayor problema de las pensiones en España no es que pierdan poder adquisitivo sino que “no salen las cuentas”: el gasto crece más que los ingresos y 2015 se habrá cerrado con un déficit de la Seguridad Social en torno a 12.000 millones de euros, el mayor de su historia. Y sería ya el quinto año consecutivo con “números rojos, un déficit que se inició levemente en 2011 (-1.000 millones), que se agravó drásticamente en 2012 (-10.131 millones) y que se ha mantenido al alza en 2013 (-11.861), 2014 (-11.202) y volvió a crecer en 2015 (entre -11.000 y --15.000 millones, según vaticinan los expertos). Un déficit en las pensiones insostenible a medio plazo.

Podría pensarse que la Seguridad Social tiene un abultado déficit porque el gasto en pensiones se ha disparado. Pero no es así. El gasto en pensiones crece, pero poco: ha subido un 2,7% en enero de 2016 (sobre enero 2015), la menor subida de la serie histórica. Y eso porque aumenta mucho menos el número de pensionistas (+0,94% en 2015, el menor aumento de los últimos 10 años), con una caída en las altas de jubilación (-2,9% en 2015, por segundo año consecutivo). Y también porque las nuevas pensiones suben menos que antes. Un menor ritmo del gasto que es fruto de las dos reformas de pensiones (recortes)  aprobadas por Zapatero en 2011 (aumento edad de jubilación y mayores exigencias de cotización) y por Rajoy en 2013 (menor subida pensiones y penalización jubilaciones anticipadas).

Así que si la Seguridad Social sigue aumentando su déficit no es porque se disparan los gastos sino porque apenas crecen los ingresos: un 1,3% en 2015. Y eso a pesar de que se está creando empleo, con 530.000 nuevos cotizantes en 2015. Pero los nuevos trabajadores cotizan poco, porque tienen empleos muy precarios (temporales y por horas) y salarios muy bajos (un 34% de todos los trabajadores ganan menos de 645 euros al mes, según datos de Hacienda). Así que hay más españoles cotizando, pero la SS sufre un estancamiento de ingresos porque los nuevos cotizantes aportan menos: los empleos temporales (92% de los contratos hechos en 2015) cotizan por un sueldo que es dos tercios el sueldo (63,4%) de un contrato fijo, según el INE. Y los contratos a tiempo parcial (35,58% de los contratos firmados en 2015) cotizan por un sueldo que es la tercera parte (38%) del sueldo de un empleo a tiempo completo. Así que la precariedad, fomentada por la reforma laboral de 2012, es “un mal negocio” para la Seguridad Social y para el futuro de las pensiones.

La otra razón de que la Seguridad Social ingrese poco es que el Gobierno Rajoy ha disparado las bonificaciones (descuentos) en las cotizaciones sociales de las empresas, como medida de “fomento del empleo” (muy discutible y poco efectiva, según la mayoría de expertos). Han proliferado desde 2012 las “tarifas planas” (50 y 100 euros mensuales de cotización), que en 2015 supusieron un coste para la Seguridad Social de 1.614 millones, que subirán hasta los 2.100 millones en 2016 (2.100 millones menos de ingresos). En total, se estima que durante los 4 años de la legislatura de Rajoy, estas ayudas a las empresas le han supuesto a la Seguridad Social dejar de ingresar 3.439 millones de euros.

Para 2016, las cuentas de la SS no van a mejorar, aunque los gastos vuelvan a crecer moderadamente, por efecto de los recortes de 2011 y 2013 (este año, la edad de jubilación para tener derecho al 100% de la pensión sube otro mes, hasta 65 años y 4 meses, y como periodo de cotización se computará un año más, 19 años, para llegar a los últimos 25 años cotizados en 2022). El problema volverá a estar en los ingresos: el Presupuesto 2016, que aprobó Rajoy a última hora, prevé un crecimiento de las cotizaciones del 6,7%, cuando el año pasado crecieron un 1,3% y este año se va a crear además menos empleo (unos 450.000 nuevos cotizantes). Por eso, será casi imposible cumplir la previsión del Gobierno Rajoy, de bajar el déficit a -3.000 millones de euros en 2016. Y se espera que haya déficit en las pensiones hasta 2018.

La Seguridad Social y las pensiones tienen un déficit estructural, que el Gobierno Rajoy ha tratado de paliar estos años con dos “parches”. Uno, recurriendo a las Mutuas laborales, cogiendo parte de sus excedentes para financiarse (5.350 millones hasta diciembre de 2014). Y el otro “parche”, echar mano de “la hucha” de las pensiones, un Fondo de reserva creado en el año 2.000 por el Gobierno ZP para guardar los excedentes y que llegó a acumular un máximo de 66.815 millones en 2011. A partir de ahí, empezaron los déficits y el Gobierno Rajoy se vio obligado a “tirar de la hucha” para pagar las extras de los pensionistas, desde la Navidad de 2012 a la última Navidad de 2015. En total, han retirado ya 34.330 millones de euros, más de la mitad del ahorro que había. Y seguirán haciéndolo en 2016, con lo que se prevé que la hucha de las pensiones se quede sin fondos a principios de 2018.

La situación de las pensiones es pues preocupante, sobre todo por la falta de ingresos. ¿Qué se puede hacer? El Tribunal de Cuentas dio en julio de 2015 una receta, que propuso se debatiera con urgencia en el Pacto de Toledo (la comisión, integrada por políticos, sindicatos y patronal, que es responsable del futuro de las pensiones: financiar parte de las prestaciones de la Seguridad Social con cargo a los Presupuestos, no con cotizaciones. En agosto, el Gobierno Rajoy concretaba esta propuesta, señalando que iba a proponer  a los demás partidos que fuera el Presupuesto y no la Seguridad Social quien pagase las pensiones de viudedad (2,3 millones) y orfandad (335.000 pensiones), un gasto de 23.000 millones para 2016, el 19,6% del gasto total en pensiones. Pero luego, con la vorágine electoral y postelectoral, no ha habido ninguna reunión y el tema está pendiente. Será una cuestión clave para el próximo Gobierno.


Quitarle a la Seguridad Social una quinta parte de la factura de las pensiones sería sin duda un gran alivio, aunque dejaría a viudas y huérfanos al albur de los Presupuestos y de futuros recortes para bajar el déficit (Bruselas pide 13.000 millones más). Pero no basta. Habría que contemplar otra medida: subir los ingresos por cotizaciones sociales. Es cierto que subir cotizaciones es malo para el empleo y más en un país que tiene el doble de paro que Europa. Pero también es cierto que las cotizaciones a la SS son más bajas en España que en la mayoría de Europa: las cotizaciones por contingencias comunes son el 28,3% del salario, algo menos que la media en Europa (28,7%) y mucho menos que las cotizaciones en Alemania (33,3%), Francia (37,9%) o Italia (31,5%). Y eso no tanto porque las empresas coticen menos (cotizan en España el 23,6%, cerca del 27,7 % de Francia o el 24,3% de Italia) como porque los trabajadores españoles cotizan bastante menos (4,7% del salario) que los alemanes (17,1%), franceses (10,2%) o italianos (7.2%).

Si España subiera un 2% las cotizaciones sociales (1% a las empresas y 1% a los trabajadores), todavía seguiríamos cotizando menos (30,7%) que los grandes países europeos y la SS ingresaría 8.000 millones más en cotizaciones. Claro que sería pedir un esfuerzo extra a las empresas, pero también es verdad que llevan un par de años con beneficios (las grandes, un +22% más en 2015). Y en el caso de los trabajadores, si bien es verdad que sus sueldos han caído, el dilema es claro: o cotizan más o tendrán que pagarse una pensión privada para complementar la pública, porque sus cuentas no salen. ¿Qué prefieren: cotizar algo más para asegurar el futuro de las pensiones o pagar a un banco o a una aseguradora (con comisiones elevadas) un Plan de pensiones privado? De hecho, el miedo al futuro ha disparado la contratación de pensiones privadas: las aportaciones (de 10 millones de españoles) han aumentado 10.000 millones de euros en los dos últimos años.

Las pensiones sufren en España un grave problema de fondo que se ha agravado con la crisis: los ingresos no cubren los gastos, que irán aumentando la próxima década por el envejecimiento de la población. Y eso, a pesar de que la mayoría de las pensiones son bajas. La pensión media está en 896,57 euros al mes (1.038 euros la jubilación), pero casi dos tercios de las pensiones (61,5%) cobran menos de 800 euros y más de la cuarta parte (27,8%) menos de 600 euros al mes (en el caso de las jubilaciones, el 52,6% cobran menos de 800 euros y el 19,2% menos de 600 euros). Y peor están las viudas, con una pensión media de 630 euros al mes, o los huérfanos (370 euros mensuales de pensión media).


De hecho, la penuria económica de muchos mayores se refleja en este dato: España es el país europeo donde los mayores de 50 años ayudan menos con dinero a sus hijos: sólo les dan dinero el 10% de padres, frente al 25% en Francia o el 30% en Alemania, según un reciente estudio de Funcas.

La solución no es recortar más estas pensiones, que apenas dan para vivir. Hay que pensar en conseguir más ingresos, vía impuestos y cotizaciones, para hacer frente a un gasto que además va a seguir creciendo. Y sobre todo porque España, aunque gasta mucho en pensiones (120.000 millones), todavía gasta proporcionalmente menos que la mayoría de Europa: un 12% del PIB, frente al 13,8 % de la zona euro (y un 16,6% en Italia, un 15,2% en Francia y un 12,3% en Alemania). Así que habrá que gastar más en pensiones, sobre todo porque van a crecer mucho, más a partir de 2030, cuando se jubilen los españoles del “baby boom”, los nacidos entre 1962 y 1975. O eso, o recortar más las pensiones futuras y además no subirlas apenas a los actuales jubilados.

Urge poner orden en las cuentas de las pensiones y pactar un sistema estable a medio plazo, con más ingresos. Si no se toman medidas, luego será peor y habrá quien haga “negocio con el miedo”, disparando las pensiones privadas. Hay que hacer las cuentas al revés: queremos unas pensiones decentes y busquemos cómo financiarlas. Con nuestra vejez no se juega.

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