lunes, 21 de diciembre de 2015

Crisis Abengoa: un rosario de malas prácticas


Mientras digerimos los resultados electorales, la vida sigue y con ella los problemas. Sobre la mesa del futuro Gobierno está la crisis de Abengoa, una de las pocas “multinacionales” españolas, al borde del concurso de acreedores por una pésima gestión: crecimiento desmedido a costa de endeudarse sin freno, esconder su situación real, auditores y organismos de control que “no ven”, políticos en el Consejo y especuladores que se forran, mientras los directivos que provocaron esta debacle cobran jugosas indemnizaciones. Malas prácticas empresariales que ya hemos visto antes, en Bankia y muchas Cajas, Gescartera, Afinsa y Fórum Filatélico, Eurobank, Marsans, Pescanova, Gowex, inmobiliarias…, sin que se tomen medidas para erradicarlas. Y así, cada poco nos salta una crisis, que pagan los trabajadores, pequeños accionistas y todos los españoles. Hay que clarificar y sanear la gestión empresarial, con menos deuda y más transparencia, con controles eficaces para evitar “sustos” como Abengoa. Apostar por empresas que gestionen bien y con decencia.
 

enrique ortega


Abengoa presentó pre-concurso de acreedores el 26 de noviembre, al no conseguir que comprara una parte de la empresa (28%: 350 millones de liquidez) la vasca Gestamp, que se echó atrás ante la elevada deuda y la reticencia de los bancos a prestar más. Ahora, Abengoa tiene hasta el 26 de marzo para declararse en concurso de acreedores. Si no se evita, será el mayor concurso de la historia de España, por delante de grandes crisis como las inmobiliarias Martinsa Fadesa (7.800 euros de deuda) y Reyal Urbis (3.978 millones), Pescanova (-3.000) o Habitat (-2.840 millones). Aún no se sabe lo que Abengoa debe realmente, pero ronda los 23.000 millones, de los que 10.000 millones son deuda a bonistas y bancos (el 40% a los 5 grandes bancos españoles y el resto a bancos extranjeros: HSBC, Credit Agricole, Federal Financing Bank USA, el sueco EKN y el brasileño BNDES), 4.400 millones a proveedores y 8.100 millones de deuda ligada a activos. El problema no es sólo que pueda pagar intereses, es que necesita liquidez inmediata (le prestarán 113 millones este miércoles) para pagar las nóminas de diciembre a sus 28.668 trabajadores (6.871 en España) y otros 350 millones para llegar hasta marzo. Y a medio plazo, avales para no perder concursos millonarios ganados por medio mundo y pendientes de ejecutar.

Abengoa era la típica “historia de éxito, una empresa de ingeniería nacida en 1941 en Sevilla, que dio el salto en los años 80 a las energías renovables, con grandes proyectos de energía solar y biomasa  que la han convertido en una empresa de referencia mundial, con proyectos en 80 países, entre ellos Estados Unidos, donde el propio Obama la puso como ejemplo en 2009 en una alocución radiofónica. ¿Cómo ha podido caer? No es casualidad ni fruto de la mala suerte, sino el resultado de un conjunto de malas prácticas empresariales que por desgracia se han repetido en muchas otras crisis en España. Veámoslas.

1ª mala práctica: crecer demasiado y muy deprisa, a costa de endeudarse. El esquema es sencillo: se invierte lo que no se tiene, pidiéndolo prestado, pensando que el crecimiento del negocio será suficiente para pagar los intereses futuros. Y así se va creando una burbuja de deuda que un día estalla, cuando los bancos y acreedores se asustan y ya no prestan más. En el caso de Abengoa, su deuda exclusivamente bancaria (8.904 millones) duplica su valor contable (4.000 millones). Un desatino como gestión empresarial.

2ª mala práctica: esconder las cuentas reales. Como Abengoa cotiza en Bolsa y se presenta a decenas de concursos por el mundo, tiene que dar una imagen de solvencia y fortaleza, no presentar sus debilidades. Y para ello, creó una maraña de 900 sociedades, con un laberinto de créditos cruzados entre filiales, que servían para enmascarar el endeudamiento real, simular garantías y de paso ahorrarse impuestos. Tal es así que los propios bancos acreedores han encargado a la consultora KPMG que averigüe la deuda “real” de Abengoa.

3ª mala práctica: auditor que no ve y organismo controlador que tampoco. Abengoa tiene un auditor, Deloitte (curiosamente, el mismo que tenía Bankia), que firmó durante tres años (2012, 2013 y 2014) unas “auditorías limpias” de Abengoa, a cambio de cobrarle una minuta de  20 millones de euros. No fue hasta el pasado 13 de noviembre cuando incluyó este párrafo en su informe sobre las cuentas de 2015: “la existencia de una incertidumbre que puede generar dudas significativas sobre la capacidad de la sociedad para continuar como empresa en funcionamiento”. Sin embargo, hacía años que algunos expertos ya habían advertido sobre el peligroso endeudamiento de Abengoa: en 2011 lo advirtió incluso un consejero de Abengoa, Carlos Sebastián (que fue invitado a irse) y en 2014 lo advirtieron la agencia Finch (hablaba de un nivel  de deuda real que duplicaba el oficial) y un informe de BNP Paribas. Hasta un joven estudiante catalán de 17 años detectó problemas en Abengoa, en 2014, al hacer un trabajo de Bachillerato...

No sólo Deloitte no vio nada hasta el mes pasado. Tampoco vio nada extraño la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el organismo que debe vigilar las cuentas de las empresas cotizadas. Sólo el 25 de noviembre, cuando Abengoa se hunde en Bolsa al no entrar  Gestamp en su capital, la CNMV suspende su cotización en Bolsa, después de que algunos Fondos de inversión extranjeros se hubieran “forrado” con la caída de Abengoa.

4ª mala práctica: presencia de políticos en los Consejos de Abengoa. Quizás nadie viera nada porque Abengoa era una empresa con muchos “apoyos políticos”. Sus dueños, la familia Benjumea y otro centenar de rancios apellidos sevillanos, se preocuparon siempre por mantener importantes contactos políticos, ya desde la época de Felipe González y Guerra (“vamos a hacer patria andaluza” por el mundo). Y así han desfilado por su Consejo un rosario de ex-políticos: Carlos de Borbón dos Sicilias (primo del rey Juan Carlos I), Alberto Aza (ex jefe de la Casa Real) y su hijo, Javier Rupérez (exdiputado y exsenador UCD y PP), José Terceiro (ex secretario de la Presidencia con UCD), José Borrell (ex ministro PSOE), Luis Solana (expte Telefónica y ex diputado PSOE), Rafael Escudero (expte socialista Junta de Andalucía), Ricardo Martínez Rico (ex secretario de Estado de Hacienda con Aznar y ex socio de bufete del ministro Montoro), Carlos Sebastián (hermano del ex ministro Miguel Sebastián, el gran promotor de las renovables con ZP) y los extranjeros Alan García (expresidente de Perú) o Bill Richardson (ex secretario de Energía USA con Clinton).

5ª mala práctica: directivos con blindajes millonarios. Los responsables del desaguisado de Abengoa ya no están en la empresa, pero se han ido bien indemnizados. El presidente, Felipe Benjumea, tras 25 años en el cargo, dejó la compañía el 24 de septiembre, forzado por los bancos acreedores. Y se fue con una indemnización de 11,48 millones de euros “por cese anticipado de contrato”. Antes, el 25 de mayo, se había ido, “por motivos personales”, el consejero-delegado, Manuel Sánchez Ortega, quien cobró 4,48 millones de indemnización y con el cobro pendiente de otros 3,3 millones “si la empresa cumple objetivos”…

6ª mala práctica: los que se forran con la caída de Abengoa. Como los que saben estaban al tanto desde hace un año de la verdadera situación de Abengoa, se han aprovechado de ello para especular. ¿Cómo? Tomando posiciones bajistas, apostando a que Abengoa iba a caer. Se trata de tomar prestados títulos a algunos grandes accionistas (que cobran por ello), títulos que venden en el mercado a cambio de un pacto para recomprarlos más adelante (cuando bajen) y devolverlos. El truco es comprar a 10 y recomprar cuando bajen a 8 para ganar 2 euros aprovechando la caída. Así estaban en agosto un 8,5% de las acciones de Abengoa. Y con la caída, muchos fondos han hecho un gran negocio. El que más, Black Rock (USA), la mayor gestora de fondos de inversión del mundo. Curiosamente, empezó a comprar a crédito Abengoa en agosto, un mes después de que fichara a Manuel Sánchez Ortega, el ex consejero delegado de Abengoa que había dimitido en mayo. Casualidad…(ahora lo investiga la Audiencia Nacional, por "información privilegiada").

Como puede verse, hay un rosario de malas prácticas detrás de la caída de Abengoa. Una caída que ha hecho perder a los accionistas (hay unos 50.000 pequeños)  un 90% de su inversión, ya que la empresa ha pasado de valer en Bolsa  4.000 millones a 400. De hecho, un grupo de 250 pequeños accionistas prepara una demanda civil contra la empresa y su Consejo, mientras hay dos querellas de accionistas presentadas en la Audiencia Nacional por “administración desleal, uso de información privilegiada y falseamiento de documentos”. De momento, la Fiscalía de la Audiencia Nacional ve indicios de delito en la indemnización que cobraron los dos máximos directivos, Felipe Benjumea y Manuel Sánchez Ortega, y les ha exigido 16 millones de fianza.


Pero más que los accionistas, esta crisis la van a pagar los 28.668 trabajadores de Abengoa (6.871 en España), porque ya se preparan ventas (por 3.000 millones) y despidos: se habla de unos 4.000, 2.000 en Brasil y otros 500 en España. Y al final, igual nos toca a todos pagar algo de los platos rotos de Abengoa. De entrada, hay casi 1.000 millones de dinero público en juego: 450 millones de créditos y avales de las entidades públicas ICO, CESCE y Cofides y otros 582 millones prestados por Bankia (63% propiedad del Estado). Y ahora falta saber cuánto más acabará costándonos la salvación de Abengoa, en forma de más créditos (el ICO va a poner 20 millones más), ayudas fiscales o laborales.

Abengoa es una multinacional española muy conocida en el mundo, con deuda, proyectos y empleados en muchos países, y salvarla debería ser una prioridad del futuro Gobierno. Pero no a cualquier precio. Debería forzarse un acuerdo con la banca y los acreedores, los que han ganado estas décadas cobrando intereses, para que recapitalicen y salven a corto plazo Abengoa. Y luego, poner en marcha un Plan de futuro realista, buscando socios estables. La banca (que prefiere el concurso) ya ha dicho que no quiere entrar en el capital de la empresa (el Santander o la Caixa han entrado en el grupo Prisa- El País/la SER- pero no quieren entrar en una multinacional de energías renovables) y tampoco hay inversores españoles interesados (parece que a nuestros “ricos” sólo les interesa el ladrillo y las SICAV). Así que todo apunta a que si alguien salva a Abengoa será un inversor extranjero, otra vez más. O se liquidará.

La historia de Abengoa y sus malas prácticas es la historia de muchas empresas españolas, fuertemente endeudadas en los años del boom y asfixiadas por el pago de intereses. Hay que saber que las 35 empresas del IBEX tienen 200.000 millones de deuda, la mitad de su valor en Bolsa. Y que hay todavía 5 empresas que deben más de lo que valen: Sacyr (351% deuda/capitalización), FCC (341%), OHL (304%), Arcelor (197%) y Acciona (119%). No en vano, la deuda total de las empresas españolas ronda el billón de euros, una grave hipoteca para la recuperación de España, según ha reiterado el FMI: 1 de cada 4 empresas españolas necesitan el beneficio de 10 años para devolver su deuda, mientras en el resto de Europa sólo necesitan 5 años (están menos endeudadas). Y algo tremendo: el 25% de las empresas españolas necesitan el 60% de sus márgenes para pagar intereses. Claro, así, con esta losa de la deuda, no pueden pensar en  invertir o contratar más.

Pero hay otras malas prácticas de Abengoa que son también muy habituales: esconder la situación real de las empresas (lo llaman “ingeniería financiera”), auditores que no ven (caso de Bankia, Pescanova, Gowex y tantos otros), organismos de control que no vigilan (no hay una sola crisis empresarial o bancaria detectada a tiempo por la CNMV, el Banco de España o el Gobierno), políticos en Consejos de Administración (hasta 50 exministros, altos cargos y políticos han llegado a estar sentados en empresas del IBEX), blindajes e indemnizaciones escandalosas de directivos que han hundido bancos y empresas (desde Bankia y varias Cajas a FCC, Indra y tantos otros: hay 924 directivos de empresas del IBEX con contratos blindados) y especuladores bursátiles que se forran con las crisis. Y en todos los casos, siempre pagan los mismos: los trabajadores, los pequeños accionistas y el Estado (todos nosotros), que tiene que “nacionalizar” o ayudar a empresas en crisis.

Es hora de cambiar, de aprovechar la crisis de Abengoa para perfilar un nuevo modelo empresarial, con menos endeudamiento (urge ayudar a renegociar la deuda más agobiante para muchas empresas) y más transparencia en la gestión, obligando a unas auditorías más reales y a un control externo más efectivo de las cuentas, a la vez que se erradican prácticas injustificadas (políticos en Consejos) e inmorales (blindajes a directivos). Es hora de fijar normas más estrictas sobre la gestión empresarial, para evitar que cada poco salten crisis y escándalos que ponen en peligro empresas y empleos. Un capitalismo ético.

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