jueves, 31 de diciembre de 2015

2016, un año con muchas incertidumbres


Entramos en 2016, el octavo año de esta crisis interminable, en medio de múltiples incertidumbres. A nivel internacional, la recuperación se ha frenado por el “pinchazo” de China, la recesión de Japón y Rusia y la crisis de Latinoamérica y muchos países emergentes, que podría agravarse si siguen cayendo el petróleo y las materias primas y con la subida de tipos en EEUU, el único gran país que ha superado la crisis mientras Europa no despega. En España, la incertidumbre es doble. Por un lado, Gobierno y expertos esperan menos crecimiento y menos empleo que en 2015, mientras somos uno de los países de Europa con más paro, más déficit y más deuda. Y por otro, los resultados electorales pueden obligar a nuevas elecciones en mayo, lo que supondría perder medio 2016 para afrontar los graves problemas que tenemos: paro, pensiones, Estado del Bienestar, más recortes (13.000 millones pide Bruselas), pobreza y desigualdad. Será un año difícil. Así que ¡Feliz 2017¡
 

enrique ortega


Lo que pase en 2016 en la economía internacional es clave para España. Así pasó en 2009, cuando entramos en una profunda recesión, provocada por la crisis financiera en EEUU, agravada aquí por la burbuja inmobiliaria y la falta de medidas eficaces del Gobierno Zapatero. Y lo mismo ha pasado en 2014 y 2015, cuando las dos terceras partes de lo que ha crecido España se debe al empuje exterior, no a Rajoy, a cuatro factores externos que han ayudado decisivamente a nuestra economía a salir de la recesión (no de la crisis): el desplome de los precios del petróleo de 125 dólares (2012) a 36 dólares barril (España ha ahorrado 12.500 millones de euros sólo en el último año), la bajada de los tipos de interés y la compra de deuda pública por el BCE (que ha evitado el rescate de España y nos ha ahorrado más de 15.000 millones en intereses), además de la caída del euro (un 23% en 2015), que ha abaratado las exportaciones españolas y la llegada de turistas de fuera del euro.

Ahora, en 2016, la economía internacional podría no ayudarnos. Primero, porque el crecimiento económico mundial está siendo débil y presenta muchas incertidumbres. Por un lado, China, que está creciendo al nivel más bajo en los últimos 25 años (+6,9%) y cuyas compras al exterior se han frenado, recortando el crecimiento de Europa y el resto del mundo. Por otro, Japón y Rusia están en recesión, al igual que Latinoamérica, sobre todo Brasil y Argentina, dos países claves para España. Y la caída de precios del petróleo y de las materias primas amenaza la economía de muchas otras economías emergentes, que frenan su crecimiento y sus compras, agravando la caída del comercio mundial. Y hay dos nuevas incertidumbres. Por un lado, la bajada de tipos de interés en Estados Unidos, que podría agravar la crisis de los países emergentes, que han de devolver una deuda en dólares ahora más cara. Y por otro, el petróleo puede frenar su caída este año, con ligeras subidas hasta los 40-60 dólares por barril, que encarecería todo y haría subir algo la inflación.

Sólo Estados Unidos parece haber salido ya de la crisis, con el paro en el 5%, pero Europa no acaba de despegar y eso es clave para España, porque Europa nos compra el 70% de lo que exportamos y es de donde vienen el 89% de los turistas, dos de los tres motores de nuestro crecimiento (el otro es el consumo interno). Europa está estancada y así parece que seguirá en 2016, con un mínimo crecimiento (1,6% en la zona euro) y un alto paro (10,6%, 23 millones de europeos sin trabajo). “La recuperación es todavía frágil. No hemos superado la crisis económica, señaló en diciembre ante el Parlamento Europeo Jean Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea. Y todos los expertos coinciden: no basta con las medidas del BCE, bajando tipos y comprando más deuda para inundar de liquidez el continente, hacen falta medidas de estímulo, para que haya más inversión y más consumo. Pero los que pueden hacerlo, Alemania, Holanda y la Europa del norte no tiran del carro.

Así que España no tendrá tanta ayuda exterior en 2016, ni de la economía internacional ni de Europa. Y aquí dentro, el nuevo año no pinta mejor. Todas las previsiones apuestan por un menor crecimiento en 2016, frente al esperado en 2015 (del 3,1 al 3,3%): será del 3% (Gobierno Rajoy) al 2,7% (Comisión Europea ,OCDE y Banco de España) o incluso del 2,5% (FMI en octubre). Y con menos crecimiento, se creará también menos empleo en España en 2016: entre 543.000 nuevos empleos (previsión Gobierno Rajoy), 452.000 (Comisión Europea) y 300.000 (FMI). Y con ello, el paro seguirá elevado en 2016, rondando el 20% (19,9% FMI, 19,7% OCDE y Gobierno Rajoy) o incluso por encima (20,5% estima la Comisión Europea). Eso sí, la inflación podría subir en 2016, después de dos años cayendo: los precios subirán del 1 al 1,3%, por la subida del petróleo y la inflación importada de los productos comprados fuera de la eurozona (son más caros, al caer el euro). Esto restaría capacidad adquisitiva a salarios y pensiones, recortando el consumo. Y las exportaciones y el turismo, los otros motores del crecimiento, no podrían ayudar tanto como en 2014 y 2015, porque el comercio mundial está muy débil y el euro se estabilizará con el dólar (1x1).

Con todo ello, la Comisión Europea y el FMI creen que España crecerá menos este año que en 2015 y menos de lo que espera Rajoy, aunque creceremos el doble que la Europa del euro, un 2,7%. Pero habrá 9 países europeos que van a crecer más que España este año 2016, por mucho que Rajoy mienta diciendo que “crecemos más que nadie”: 6 países euro (Irlanda +4,5%, Malta +3,6%, Luxemburgo +3,2%, Letonia +3%, Lituania y Eslovaquia +2,9%) y 3 de fuera del euro (Rumanía +4,1%, Polonia +3,5% y Suecia +2,8%).

Pero lo peor es que España, aunque crece y crea empleo (poco y precario) sigue con tres graves problemas estructurales, que apenas mejoran y sobre los que ha vuelto a llamarnos la atención la Comisión Europea. Uno, el altísimo paro (20,5% en 2016), el segundo mayor de Europa (tras el 25,8% de Grecia) y el doble que la zona euro (10,6%). Dos, el elevado déficit público, previsto en el 3,6% del PIB para 2016, el déficit más elevado de los 28 países UE, con un agujero en las cuentas públicas que duplica la media europea (-1,8% PIB). Y tres, una deuda pública creciente (llegará a superar el 101,3 % del PIB en 2016, más de un billón de euros), con lo que seremos el 6º país europeo con más deuda pública, sólo por detrás de Grecia (194,8% PIB), Italia (133%), Portugal (128,2%), Bélgica (107%) y Chipre (106%). Una deuda que nos hace un país muy vulnerable, porque si suben los tipos de interés en Europa (a raíz de la subida en USA) o los mercados se ponen nerviosos, nos subirán los intereses .

En definitiva, que la economía española no está para “tirar cohetes”, como hace Rajoy. Y 2016 no apunta mejor, con menos crecimiento, menos empleo, altísimo paro, mucho déficit y más deuda. Sin olvidar que se ha agravado la pobreza y la desigualdad frente a Europa. Pero hay además un nuevo factor de incertidumbre sobre el futuro económico: los últimos resultados electorales, que van a dificultar la formación de un Gobierno estable. Si no se alcanzan pactos para el 20 de enero, España podría ir a unas nuevas elecciones a finales de mayo (elecciones que aumentarían los diputados de Rajoy y Podemos, como ya pasó en Grecia en 2012). De ser así, el país y la economía estarían cinco meses al ralentí, con las empresas sin invertir ni crear apenas empleos. Y al final habríamos perdido entre 6 y 8 meses para atajar los graves problemas que todavía tenemos para salir de verdad de la crisis.

España necesita con urgencia un Gobierno que pacte soluciones a los cuatro grandes retos que afrontamos: crear empleo, asegurar el futuro de las pensiones, recomponer el Estado del Bienestar (sanidad, educación y Dependencia) y ayudar a los que se han quedado tirados con la crisis (10,3 millones de pobres, sobre todo los 3 millones que sufren pobreza severa). Y para hacerlo, necesitamos acuerdos políticos en dos frentes. Uno, recaudar más (se puede: si España redujera el fraude y recaudara como el resto de Europa podríamos ingresar 30.000 millones de euros más al año), para no tener que hacer más recortes y dedicar más recursos al Estado del Bienestar y a luchar contra la pobreza. Y el otro, cambiar el modelo económico, para conseguir crecer más y crear más empleo, con una política de más inversiones públicas y estímulos desde el Estado (políticas activas de empleo, reforma del SEPE, ayudas fiscales, formación, crédito, tecnología, avales), que ayuden a recomponer la inversión privada y contratos más estables y mejor pagados. Hay que sentar las bases de “otra economía”, que no se base sólo en el turismo, el comercio y el ladrillo, que apueste por nuevos sectores y empresas, más grandes, competitivas y con una mayor presencia internacional.

Pero no basta con intentar reanimar la economía española. Hay que pactar con Bruselas, para que nos ayude con estímulos europeos, a nosotros y a toda la Europa del sur, con más inversiones (un Plan Juncker más ambicioso) y con más gasto y compras de la Europa que puede y debe tirar del crecimiento, Alemania y los países del norte. Y sobre todo, el futuro Gobierno debe pactar con Europa que no haya más recortes, porque si España cede y recorta los 13.000 millones que exige Bruselas para cumplir con el déficit, la economía retrocederá y crecerá menos, lo volverá a pagar el empleo. Hay que acabar de una vez por todas con la austeridad, que ha llevado a Europa al estancamiento.


Es hora de reanimar la economía, no de hacer más recortes. Y España tiene ahora más aliados, porque “los fundamentalistas del ajuste” ya no gobiernan en Francia, ni en Italia, ni en Grecia, ni en Portugal. Y el próximo Gobierno español debería buscar aliados en esta nueva Europa para evitar más recortes. El problema es que Rajoy los defiende. Pero ahora no tiene mayoría, así que debería formarse una mayoría política en contra de más recortes que defienden Merkel y la Comisión Europea. Algo que sólo será posible si en paralelo se recauda más, se hace pagar más a los que pagan poco (grandes empresas, multinacionales y los más ricos). Porque si no, las cuentas no salen.

En resumen, que tenemos por delante un difícil 2016, en el mundo y más en España. Sobre todo si tenemos que ir a unas nuevas elecciones o si los partidos son incapaces de pactar acuerdos para afrontar los graves problemas del país y negarse a más recortes. Habrá que pactar en España y pactar en Bruselas, con ayuda de otros países del sur de Europa. Y tratar de que 2016 no sea un año perdido para la economía. Hay que sentar las bases de una recuperación de verdad, no más parches. Mientras, les deseo lo mejor en 2016, que lo vivan lo mejor posible. Y ojalá podamos decir dentro de un año : ¡Feliz 2017 ¡

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