lunes, 26 de octubre de 2015

Crece el negocio de la sanidad privada


La salud atrae cada día más dinero porque los inversores piensan que es un buen negocio: vivimos más años y hay más viejos que gastan más en su salud. En España hay 455 hospitales privados (con un tercio de camas y la mitad de médicos que la sanidad pública), que facturan 10.000 millones, el doble que hace una década. Y se multiplican compras y fusiones, con protagonismo de Fondos extranjeros, que acaban de quedarse un tercio de las empresas de prevención de las Mutuas, recién privatizadas. También buscan el turismo sanitario. Este “boom” de la sanidad privada se financia por dos vías: los desvíos de pacientes y pruebas de la sanidad pública (23-30% de ingresos) y los pagos de los seguros médicos, contratados por 11 millones de españoles. Y han crecido por los recortes en la sanidad pública, que disparan  las listas de espera y deterioran la asistencia. Urge un pacto que recomponga la sanidad pública, evitando que se hunda más en beneficio de la privada.
 

enrique ortega


España gasta en sanidad más de 95.000 millones de euros al año (un 9,29% del PIB), en línea con la media de la OCDE (9,27%) y Reino Unido (9,27%) pero mucho menos que Francia (11,61%) y Alemania (11,27% PIB). Pero la gran diferencia es que aquí, los recortes han reducido drásticamente el gasto público sanitario  (dos tercios del gasto total) y han tenido que ser los particulares, las familias, las que aumenten mucho su gasto  para cuidar su salud. Así, el gasto público en sanidad (68.607 millones en 2012) se ha recortado en 10.000 millones (1 de cada 7 euros) entre 2009 y 2013, siendo España el quinto país de la OCDE donde más ha caído el gasto sanitario con la crisis (tras Grecia, Luxemburgo, Irlanda y Portugal). Y en contrapartida, ha tenido que subir el gasto sanitario privado (27.064 millones en 2012), que tiene un peso mayor que en el resto de Europa (28,3% del total frente al 16% que supone el gasto sanitario privado en Reino Unido o el 23,3% en Alemania).

Así que los recortes en la sanidad pública han obligado a las familias a gastar más en sanidad. De hecho, en 2014, el gasto privado en salud fue el que más creció, un 9,8%, según el INE. Y las familias ya gastan 955 euros anuales en salud (3 euros más que en 2007 cuando el gasto total de las familias ha caído en 5.000 euros con la crisis). La mayor parte de este gasto (20.000 millones) es gasto “de bolsillo”, en medicinas, dentistas y tratamientos, y el resto (7.100 millones) se destina a contratar seguros privados  de salud, sobre todo de asistencia sanitaria. De hecho, ya hay 11,4 millones de españoles que tienen un seguro médico privado: 7,27 millones son particulares, 2,2 millones son trabajadores asegurados por sus empresas y otros casi 2 millones más (1,94) son funcionarios a los que sus Mutualidades (MUFACE, Mugeju-Justicia e ISFAS-militares) pagan un seguro médico privado.

Los seguros médicos son los seguros que más crecen (+3,8%), mientras caen los del automóvil y se estancan los de hogar: en  2014, los seguros de asistencia sanitaria facturaron 6.430 millones de euros. Y hay una verdadera guerra comercial” por colocarnos un seguro médico, mientras su precio ( de 160 a 250 euros de media mensual para una familia con 2 hijos) ha subido este año un 3,3%, por el aumento del IVA sanitario (del 10 al 21% en enero) y el encarecimiento de la tecnología y la asistencia médica. Además, las aseguradoras se cubren frente al aumento de costes (más viejos que viven más años), subiendo las pólizas o echando a los enfermos crónicos y los ancianos, como denuncian los corredores de seguros.

La razón básica de que crezcan los seguros médicos privados es el deterioro de la sanidad pública, tras cinco años de recortes, que se han llevado por delante a 5.000 profesionales (médicos y enfermeras) y ha deteriorado la calidad de la sanidad pública, de las mejores del mundo. De hecho, se han disparado las listas de espera para operarse (511.923 pacientes esperaban a finales de 2014, 87 días de media, frente a 374.194 en 2009) y para acudir al especialista (1,88 millones, un tercio con más de 60 días de espera) y ha empeorado la atención, tanto en los ambulatorios como en los hospitales. Y además, la atención es muy desigual entre autonomías: la Fundación en defensa de la Sanidad Pública suspende a la sanidad pública de Cataluña (48 puntos sobre 98), Canarias (44) y Valencia (45), aprueba raspado a Madrid (56 sobre 98) y da notable al País Vasco (80 puntos), Navarra (71)  y Asturias (70 puntos). Y frente a este deterioro de la sanidad pública, crecen los españoles que se pagan un seguro médico privado para ser atendidos antes (y a veces mejor).

En definitiva, el auge del gasto sanitario privado descansa sobre los recortes y el deterioro de la sanidad pública desde 2012. Los mayores beneficiados son los hospitales privados, que han duplicado su negocio en la última década: hay 455 hospitales privados (53% del total), con 52.360 camas (33% del total y 236.567 profesionales (53.790 médicos, la mitad de los 110.000 médicos de la sanidad pública, aunque muchos hacen “doblete”). Y facturan más de 10.000 millones de euros (9.960 millones en 2013, según la consultora IDIS), que salen de dos fuentes de financiación: la sanidad pública (23-30%) y los seguros médicos (66%).

Y es que la mitad de los hospitales privados (224) viven en gran medida de los conciertos con la sanidad pública, que cada día más les transfiere pruebas diagnósticas (TAC, ecografías, mamografías, escáneres…), operaciones y hasta el tratamiento ambulatorio de pacientes. Incluso en Cataluña, hay 32 hospitales privados integrados en la red sanitaria pública. Y en dos autonomías, los gobiernos del PP han transferido a hospitales privados la gestión de hospitales públicos: 5 en la Comunidad Valenciana y cuatro en Madrid (más el centro regional de análisis). Al final, este “desvío de trabajo” de los hospitales públicos le reporta a los hospitales privados con ánimo de lucro (no Fundaciones) un 23% de sus ingresos, que en algunos casos sube al 35% (grupo IDC-Quirón, el líder del sector) y hasta el 79,5%( IDC-Fundación Jiménez Díaz, que lleva incluso la atención primaria de medio millón de madrileños). El mayor peso de los conciertos con la sanidad privada se da en Cataluña (25% del gasto sanitario total) y Madrid (10,8%), donde Esperanza Aguirre duplicó los pagos a la sanidad privada entre 2007 y 2010, como también hizo el PP en la Comunidad Valenciana y Galicia.

La otra fuente de ingresos de los hospitales privados (66%) son las aseguradoras, por el pago de servicios a sus pacientes con seguros de asistencia médica. En España hay 103 compañías que hacen seguros médicos, pero sólo 10 son importantes (se reparten el 82% del mercado) en un negocio muy concentrado, donde las 3 primeras compañías (Adeslas, Sanitas y Asisa) acaparan el 58,1% del mercado. Por eso, hasta ahora eran las que imponían precios y condiciones a los hospitales privados, que han buscado ser más fuertes con compras y fusiones, para poder negociar mejor con las aseguradoras.

En consecuencia, los recortes de la sanidad pública, el aumento de los seguros privados y la necesidad de tener más tamaño para negociar con las aseguradoras han llevado a los hospitales a ganar tamaño, con compras y fusiones, sobre todo en 2014 y 2015, de la mano de grandes inversores, sobre todo Fondos de inversión extranjeros, que han visto en la sanidad privada un buen negocio. En julio de 2014, el grupo ICD Salud (controlado por el Fondo luxemburgués CVC, dueño de la Fórmula 1, que ya había comprado en 2012 el Grupo Capio) compró el grupo Quirón y en diciembre ambos compraron el Ruber, creando IDC-Quirón, el mayor grupo hospitalario español (44 hospitales, 1.700 millones de facturación  y el 30% del mercado) y el tercero de Europa (tras el alemán Fresenius Helios, 117 hospitales, y el francés Genérale de Santé, con 106). Le sigue HM Hospitales (familia Abarca), que sumó  en 2014 a sus hospitales madrileños los gallegos del grupo Modelo y el IMI de Toledo, y que facturará 300 millones este año. El tercer grupo son los hospitales de la aseguradora Asisa (250 millones) y el cuarto el grupo Vithas (200 millones facturan los antiguos hospitales de Adeslas, ahora propiedad de la familia Gallardo y la Caixa). Y completan el “top ten” hospitalario el grupo Hospiten (191 millones), la Clínica Universitaria de Navarra (150 millones), el grupo valenciano Nisa (148 millones), Sanitas (158) y el grupo Pascual (120 millones).

En conjunto, los 458 hospitales privados facturaron 9.960 millones en 2013 y este año podrían superar los 12.000 millones, el doble que hace una década. Una parte son de hospitales privados sin ánimo de lucro (Hermanos de San Juan de Dios y Hermanas Hospitalarias) pero dos tercios del pastel (6.185 millones en 2013) se lo llevan los hospitales “privados privados”. Y en este grupo, los 5 grandes se llevan más de la mitad del negocio, con IDC-Quirón a gran distancia del resto (30% del mercado y el 40% en Madrid). Y ha crecido más este verano, al adjudicarse las principales empresas de prevención de salud laboral de las Mutuas, privatizadas por el Gobierno Rajoy. IDC Quirón se ha adjudicado Fremap (líder del sector), Mutua Universal, la Fraternidad y MC Mutual (la 6ª), cuatro servicios de prevención que tienen detrás 105.000 empresas y 4.450.000 trabajadores, lo que supone 1,6 millones de reconocimientos médicos al año, más la diaria labor de prevención laboral. Con ello, el grupo hospitalario IDC-Quirón se lleva un 30% de todo este negocio de la prevención laboral, otros 400 millones a sumar a su facturación. La aseguradora Catalana de Occidente se ha quedado con Asepeyo, la segunda del sector. Y el resto se lo han llevado pequeñas empresas, algunas sanitarias.

Los expertos auguran más compras y fusiones en los hospitales privados en España, para ganar tamaño y competir en precio frente a las aseguradoras. Y porque hay mucho dinero interesado en invertir en la sanidad, que mueve ya el 10/15 % del PIB mundial, no sólo en hospitales sino también en medicamentos y en tecnología médica. Los inversores ven negocio en la salud  en todo el mundo, porque cada vez se vive más años y hay más viejos que han de cuidar de su salud, mientras el estilo de vida y la contaminación multiplican las enfermedades crónicas, desde las cardiovasculares, el cáncer y el alzhéimer a la diabetes, la obesidad y la hipertensión.


En el caso de España, hay un incentivo adicional: el turismo sanitario, un mercado que mueve 7.000 millones en el mundo y donde la sanidad privada española empieza a jugar fuerte, por su cualificación profesional, nuestro clima y seguridad y los mejores precios: ponerse una prótesis de cadera en la Costa del Sol  cuesta la cuarta parte que en EEUU (12.852 euros frente a 50.000) y un implante dental en Madrid  vale la mitad que en Londres y la tercera parte que en Nueva York (1.288 euros frente a 2.800 y 3.500). De hecho, algunos ven posible que Madrid se convierta en el Houston español de la salud: IDC-Quirón Salud estudia instalar un gran hospital privado en la futura "quinta torre de Madrid" y la Clínica Universitaria de Navarra ya construye un hospital en la capital.

Mientras la sanidad privada y sus hospitales “hacen su agosto”, con más pólizas y pacientes cada mes, la sanidad pública languidece y ya es la quinta preocupación de los españoles (Barómetro CIS septiembre 2015) , que la dan una nota de 6,31 puntos, la más baja desde 2008. Los nuevos Gobiernos autonómicos se han encontrado con una sanidad pública sin recursos, muy deteriorada y que financian una parte sustancial de la sanidad privada, a través de conciertos y privatizaciones. Algunos, como los nuevos gobiernos de la Comunidad Valenciana, Cantabria, Castilla la Mancha, Baleares, Aragón, Navarra y Extremadura, quieren dar marcha atrás y renacionalizar servicios. Pero para ello, necesitan contar con más Presupuesto y no lo tienen. Por eso, urge en la próxima Legislatura un gran pacto sanitario, donde se asegure una mayor financiación (estatal y autonómica) para recuperar la sanidad pública,  que además se ha quedado tecnológicamente obsoleta por falta de inversiones. Sanidad privada sí, para el que pueda y quiera pagársela, pero no a costa del hundimiento de la sanidad pública. No negocien con nuestra salud.

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