lunes, 22 de diciembre de 2014

Cumbre UE: palo y zanahoria al crecimiento


Europa sigue estancada (crece el 0,2% frente al 4,2% de EEUU) mientras Grecia, Rusia y la baja inflación (agravada por el desplome del petróleo) amenazan con una tercera recesión. Pero la Cumbre europea del jueves duró menos de 8 horas y se limitó a dar luz verde (con reticencias de Merkel) a un Plan de inversiones de 315.000 millones para 2015-2017. Este Plan Juncker llega tarde y con pocos recursos: sólo se ponen 21.000 millones de dinero público (ni un euro nuevo) y se espera que la inversión privada aporte los 294.000 millones restantes. Si se consigue, el Plan  será una gota de agua en el océano de la crisis: España podría llevarse inversiones por 8.000 millones anuales, una ayuda escasa para nuestro elevadísimo paro. Y frente a esta zanahoria para el crecimiento, el palo: la Comisión Europea ha pedido a 7 países (incluida España) que recorten más su déficit en 2015, lo que frenará el crecimiento. La nueva Comisión sigue empecinada en su inútil austeridad. Urge reanimar la economía europea con un ambicioso Plan de choque. Y olvidarse de más recortes.
  
enrique ortega

De Cumbre en Cumbre, Europa va a peor. Si en la Cumbre de octubre planeaba el fantasma de la tercera recesión, en esta mini Cumbre de diciembre (tarde-noche del jueves 18) se confirma el estancamiento económico  se agrava el panorama, por los temores sobre Grecia, la crisis de Rusia y el desplome del petróleo, una buena noticia que puede agravar otro grave problema europeo, la bajísima inflación, claro síntoma de que la economía está paralizada.

Los últimos datos económicos (Eurostat, diciembre) confirman que la economía europea está estancada: crece un 0,3% en el tercer trimestre y la zona euro aún menos (+0,2%, frente al +0,1% del segundo). Lo peor es que las grandes economías no tiran (Alemania crece sólo el 0,1%, Francia el 0,3% e Italia está en recesión, cayendo el -0,2% y -0,3% el segundo y tercer trimestre). Y del resto, sólo se salvan Reino Unido (+0,7%) y algunos países del Este (Polonia +0,9%), con Austria cayendo (-0,3%) y Chipre  (-0,4%). Y lo peor es que este estancamiento europeo va para largo: según el BCE, la zona euro sólo crecerá un 0,8% este año, un 1 % en 2015 y un 1,5% en 2016, cuando EEUU crece este año al 4,2%. Y así, no hay manera de rebajar un paro histórico, del 11,5% (5,8% en USA).

Otro síntoma del estancamiento europeo es la baja inflación: está en el 0,3% y  lleva más de un año por debajo del 1%, con 10 de los 18 países euro con inflación negativa (España). Y será negativa en toda Europa los próximos meses, según vaticina el vicepresidente del BCE. En parte es por el desplome del petróleo, pero buena parte se debe a la falta de consumo, a que no hay demanda, ni inversión ni crédito (los bancos sólo han pedido al BCE la mitad de los 400.000 millones que tenía para prestarles a bajo interés). Y la actividad empresarial de la eurozona cayó en noviembre a mínimos de 16 meses, según el índice PMI, dato que sugiere dos cosas: que el crecimiento podría bajar este cuarto trimestre y que la zona euro podría incluso contraerse a principios de 2015.

En este deprimente contexto europeo, Rajoy saca pecho y dice que España “lidera el crecimiento europeo”, con ese mínimo +0,5% que crecimos el segundo y tercer trimestre (y que podría bajar al 0,4% para este cuarto). Primero, no es verdad: hay seis países europeos que crecieron más en el tercer trimestre: Rumanía (+1,8%), Polonia (+0,9%), Eslovenia (+0,7%), Reino Unido (+0,7%), Grecia (+0,7%) y Eslovaquia (+0,6%), según Eurostat. Y segundo, España tiene una serie de datos económicos que nos hacen muy vulnerables, además de tener más del doble de paro que Europa (23,67%). Uno, nuestra elevada deuda pública (1.016.969 millones de euros, un 96,4% del PIB), que nos obliga a depender de los inversores extranjeros, a los que pagamos 100 millones de euros diarios en intereses (más si sube la prima de riesgo). Otro, nuestro creciente déficit comercial (21.094 millones €), que también hay que financiar y que se debe a que compramos mucho más fuera de lo que vendemos, tras haber pinchado las exportaciones. Y el tercero, nuestro déficit público, el 3º más elevado de la zona euro, duplicándolo (5,6% en 2014 frente al 2,9% de UE-18).

Además, la inflación en España lleva cayendo cinco meses consecutivos (desde julio), con el IPC anual en el -0,4%, un claro indicador de que no hay consumo ni inversión, que la economía está estancada, aunque Rajoy diga que “la crisis ya es historia. Otro indicador es que el crédito sigue cayendo, más por falta de demanda solvente que de liquidez. Y también caen los salarios y 1.200 parados pierden cada mes su subsidio, lo que dificulta la recuperación del consumo y agrava la pobreza y la desigualdad, más en España que en el resto de Europa. Y si sigue el desplome del petróleo, podría agravar el estancamiento de México, Brasil, Venezuela y Ecuador, afectando mucho a empresas y bancos españoles.

La situación no está, pues, para triunfalismos, ni en España ni en Europa. Por eso, los líderes europeos quisieron insuflar un poco de optimismo en la reciente Cumbre Europea, aprobando un Plan de inversiones de 315.000 millones para los próximos 3 años, que podría aumentar un 3% el crecimiento anual y crear 3,3 millones de empleos. Una buena iniciativa, (aunque tardía) pero que está en el alero y es insuficiente. En el alero, porque los líderes europeos sólo aportarán 21.000 millones de dinero público (16.000 millones del Presupuesto y otros 5.000 del Banco Europeo de Inversiones), ni un euro nuevo, por cierto. Y el resto, nada menos que 294.000 millones, esperan que los aporten empresas privadas. Es el milagro de la multiplicación de los euros: con 1 euro público atraerán 15 euros privados. Está por ver. Pero aunque lo consigan, la cantidad es insuficiente: 105.000 millones de inversión anual es un 0,8% del PIB europeo, una gota en el océano de la crisis. Y Merkel se opuso a que los Estados puedan poner más dinero para el Plan a cambio de que esa aportación extra no cuente como déficit público. La ortodoxia antes que el crecimiento.

Ahora queda ver cómo se reparte este dinero, a qué países y a qué proyectos. Se habla de apoyar inversiones europeas en energía, transportes, economía digital, tecnología (I+D) y pymes. Y que ya se han presentado por los 28 países unos 2.000 proyectos, con 1,3 billones de inversión. Ahora queda fijar los criterios de reparto, que estarán en marzo. Y los planes se aprobarían en la Cumbre de junio de 2015, para empezar en julio (medio año perdido).

España ha presentado ya proyectos por valor de 53.000 millones, casi la mitad para energía, donde se ha pactado (en esta Cumbre) con Francia y Portugal para presentar proyectos conjuntos de interconexión eléctrica entre los tres países. Otros proyectos españoles son para el mercado digital (conexión Internet zonas rurales), tecnología y sobre todo infraestructuras de transporte (17 proyectos), muchos de ellos ligados al tren y al AVE. La pelea por las inversiones del Plan Juncker va a ser dura, con Alemania y Francia como líderes, y España teniendo que borrar su pasado “derrochadorde fondos europeos (aeropuertos sin aviones, AVES sin viajeros, autopistas sin coches, puertos sin barcos…). Si nos atenemos a que España supone el 8% del PIB europeo, podríamos aspirar a conseguir 25.000 millones de inversiones, unas 8.000 al año como mucho. Ayudaría, pero no es para tirar cohetes.

El problema es que los líderes europeos no sólo han aprobado el Plan Juncker, la zanahoria para reanimar el crecimiento. La nueva Comisión Europea, más fundamentalista del déficit que la anterior, ha llamado la atención a 7 países por “riesgo de incumplimiento” de los compromisos de déficit en los Presupuestos para 2015: son Francia, Italia, Bélgica, Malta, Austria, Portugal y España, donde creen que existe el riesgo de que el déficit público de 2015 sea el 4,6% en vez del 4,2% prometido por Rajoy. Y a todos les piden más recortes, que Francia, Italia y Bélgica ya han iniciado, provocando incluso dos huelgas generales. Ahora van a hacer un seguimiento y en marzo 2015 dirán si han cumplido o no y si hay sanciones. Si se ponen duros y exigen más recortes a estos 7 países (sobre todo a Francia, Italia y España), la Comisión sumirá a Europa en la tercera recesión.

Es el palo que complementa la zanahoria del Plan Juncker. Reanimar la economía europea sí, pero sin gastar apenas (“keynesianismo barato”) y no bajando la guardia contra el déficit. La ideología, el fundamentalismo del déficit y los recortes, frente al realismo de una Europa que exige un Plan de choque valiente contra la recesión. Lo absurdo de esta política puede verse en España: nos concederían 8.000 millones de inversión para reanimar la economía (que en su mayoría van a beneficiar a eléctricas y grandes constructores) y a la vez nos obligan a recortar 4.000 millones más en 2015 (sobre los recortes ya aprobados por Rajoy), recortes que afectarían sobre todo a sanidad, educación, gastos sociales y desempleo. Y que servirán, como ha pasado estos cuatro años, para frenar el crecimiento y el empleo.

Juncker y la nueva Comisión dicen que quieren “recuperar la confianza de los ciudadanos”. Pero los europeos no lo ven claro: el 63% considera que la situación económica es mala y sólo el 34% la ve positiva, según el Eurobarómetro de otoño. Y los más pesimistas son los griegos (98% la ven mal) y los españoles (97%). Además, casi la mitad de los europeos (48%) creen que la crisis y el desempleo irán a peor. Un estado de ánimo que alimenta el “euroescepticismo”, el populismo y los partidos de extrema derecha.

Cada vez es más evidente (incluso para el FMI y la OCDE), que Europa debe cambiar de política, dejar atrás los prejuicios ideológicos y lanzarse a combatir con decisión el estancamiento, el paro y la baja inflación. Y para ello, hace falta un ambicioso Plan de inversiones públicas, con diez veces los recursos del Plan Juncker, recursos que deben salir de otra política fiscal en Europa, que recaude más de las grandes empresas, multinacionales y los más ricos. En paralelo, hay que forzar a la Europa rica, sobre todo a Alemania, a gastar más, para tirar del crecimiento de la Europa pobre. Y reducir el peso de la deuda a la Europa del sur, compartiendo la deuda para pagar menos por ella (eurobonos).

Y en España, aumentar también los ingresos fiscales (se pueden recaudar 50.000 millones más) para dedicar más recursos a la inversión pública, la reindustrialización, la exportación, el turismo y la tecnología, junto a un Plan de choque para mejorar la formación y “empleabilidad” de los 5,4 millones de parados. Sin olvidar mejorar salarios y reducir el peso de la deuda de empresas y particulares, para reanimar el consumo y la inversión. Y dedicar más recursos a ayudar a los 5 millones de españoles en riesgo de pobreza, un escándalo social.

Otra Cumbre más, los líderes europeos hacen lo que Rajoy en España: ganar tiempo y esperar a ver si la economía mejora, más con declaraciones que con medidas suficientes. Y así, Europa puede estancarse durante varios años, languideciendo como Japón. No es lo que queremos los europeos. Ya lo dijimos en las elecciones de mayo. Pero no escuchan.

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