jueves, 13 de noviembre de 2014

Guerra de precios en el supermercado


La inflación lleva ya cuatro meses en negativo (hacen falta 12 meses para caer en la deflación), por la bajada del teléfono, los carburantes, el ocio y los alimentos, que han caído un -0,2 % en lo que va de año. Ahora, la cesta de la compra seguirá bajando, por la caída del consumo y el exceso de oferta, derivado de las buenas cosechas y las menores ventas a Rusia. Otro factor clave será la guerra de precios en los supermercados, que se está acelerando, ahora en los alimentos frescos. Una guerra comercial que está cambiando en 2014: bajan precios las marcas de fabricante y los suben algunas marcas blancas, que han frenado su avance. Mercadona toca techo, mientras crecen Día, Lidl y Carrefour. Pero todos ganan fuerza frente a la industria alimentaria (reduce márgenes) y frente al campo (el eslabón más débil de la cadena), que cobra menos por sus productos. Al final, ganamos los consumidores, pero a un alto precio para fabricantes y productores.
 
enrique ortega

Los alimentos llevan subiendo cuatro meses seguidos, desde julio, poco y más ahora(+0,5% en octubre), por efecto de la mayor demanda estival (por el turismo), la sequía de primavera y las subidas de precios en los mercados internacionales. Pero como habían caído antes, desde febrero, al final los alimentos son ahora más baratos que a principios de año: sus precios han caído -0,2%, sobre todo los alimentos elaborados (-0,3%), lo que ayuda decisivamente (la alimentación supone un 20% del IPC) a que la inflación anual lleve cuatro meses en negativo (-0,1% en octubre), junto a las bajadas en las comunicaciones (- 5,7% anual), el ocio y la cultura (-1,9%), los carburantes (-1,1%), el menaje del hogar (-0,6%) y los gastos médicos (-0,2%).

Ahora, la industria de la alimentación teme que los precios de los alimentos caigan, por el efecto de varios factores. El fundamental, que cae la demanda, por culpa de la crisis, el paro y los salarios bajos: el gasto de los españoles en alimentación cae este año un -0,7%, según la OCU, tras las caídas de 2012 y 2013. Pero también cuenta que hay más oferta de alimentos, por las buenas cosechas de algunos productos (aceite y vino) y el recorte de las ventas de alimentos españoles a Rusia, por las sanciones europeas. Con ello, la industria alimentaria teme una mayor bajada de precios, sobre todo entre los alimentos frescos y algunos elaborados, que ya han bajado mucho en el último año, según el IPC: azúcar (-15,6%), patatas (-15,3%), aceites (-8,6%), huevos (-3,6%), cerdo (-2,8%), pollo (-2,5%) y bebidas alcohólicas (-1,4%).

Pero hay otro hecho que juega a favor de la bajada de precios: la fuerte competencia entre los supermercados, donde la caída de las ventas ha agravado la guerra de precios, multiplicándose las ofertas, los descuentos e incluso las ventas a pérdida de “productos escaparate” (los productores han denunciado casos en el vino, el aceite, la leche, el pollo, el pan y algunas frutas). Y esta guerra de precios tiene ahora mismo tres frentes de batalla que están cambiando sin parar: distribuidores contra fabricantes, fabricantes contra productores (agricultores y ganaderos) y distribuidores entre sí. Veamos.  

Los distribuidores son el eslabón más fuerte de esta cadena y tratan de afrontar la caída de ventas con una rebaja de precios, para mantener sus márgenes. Y para ello, presionan a las industrias alimentarias, para que les den más por menos, aprovechando su fuerza: los cinco principales distribuidores controlan el 64% de las compras (Mercadona el 27%, Carrefour el 12,2%, Eroski y Día el 9,5% y Alcampo el 5,8%). Un oligopolio que impone sus condiciones a una industria alimentaria muy fragmentada (la mayoría pymes): en España hay unas 30.000 industrias agroalimentarias, que facturan 90.000 millones de euros, mientras en Alemania hay la sexta parte de empresas (5.000) y facturan más del doble (160.000), con lo que tienen más poder de negociación frente a los supermercados e híper.

Las industrias alimentarias, para conseguir fabricar más barato, presionan a los productores (agricultores y ganaderos), el eslabón más débil de la cadena alimentaria, que reciben cada vez menos por sus alimentos. Es el caso de los productores de leche, a los que las industrias están pagando entre 2 y 3 céntimos menos por litro, en contratos a 3 y 6 meses que se revisan a la baja. O los viticultores, que han denunciado que las bodegas no les hacen contratos por escrito o les pagan a más de 30 días (dos medidas ilegales). Y denuncian la proliferación de las ventas a pérdidas, también prohibidas. Los productores tienen el mismo problema de los fabricantes: son muchos y dispersos (un millón de agricultores y ganaderos), son débiles frente a la industria y la distribución. En España hay 4.000 cooperativas agrarias que facturan unos 19.000 millones de euros, entre todas como las cuatro mayores cooperativas de Holanda. Así tienen poca fuerza para negociar precios. En general, los agricultores y ganaderos, se quejan de que sus costes suben (energía, piensos, fertilizantes) y no sus ingresos, mientras crecen los márgenes de los intermediarios: los productos agrícolas se venden 4,57 veces más caros de lo que ellos reciben y los ganaderos 3,10 veces, según el índice de precios en origen y destino (IPOD) que elaboran COAG y asociaciones de consumidores.

La tercera batalla de esta guerra de precios en la cesta de la compra se da entre los propios distribuidores y siguen ganándola los supermercados baratos, que lideran las ventas (34% del mercado), encabezados por Mercadona (22,3% ventas totales), Día (7,8%), Carrefour (7,7%), Eroski Súper (3,3%), Lidl (3%) y Alcampo (2,9%), según Worldpanel Distribución 2014. Les siguen las tiendas tradicionales (30,7% de las ventas), resto de supermercados (21%) y los híper (14% ventas), los que más pierden junto a las tiendas de siempre. En los últimos meses, la pelea se ha trasladado de los productos envasados a los frescos (frutas, verduras, carnes y pescado son ya el 53% de las ventas), mientras proliferan además ofertas y descuentos en los productos envasados.

En este frente de batalla, el de la distribución, las cosas están cambiando en 2014, según revela el estudio Kantar Worldpanel 2014. Primero, las marcas blancas han caído ligeramente en el primer semestre (del 37% al 36,8% en alimentación envasada, del 49,3% al 49,2% en droguería y del 12,1% al 11,7% en perfumería y cuidado personal). Y en contrapartida, han subido ventas (+2,7%) y ganan algo de cuota las marcas de fabricante, tras haber bajado sus precios y multiplicado sus ofertas en el último año. Segundo, algunas marcas blancas han subido sus precios un 2,2% de media (aprovechando que habían conseguido clientes “cautivos” con las bajadas anteriores) mientras las marcas de fabricante bajaban un 2,1%, según el Informe de Supermercados de la OCU. Los que más han subido sus marcas blancas han sido Carrefour (+10,1%), Aldi (+3,7%), Día (+3,6%), Hipercor (+1,1%) y Lidl (+0,7%), mientras las bajaban Alcampo, Eroski y Mercadona. Y tercer cambio, Mercadona toca su techo en 2014: gana cuota (+0,6%) pero sólo por los alimentos frescos, porque se ha estancado (+0,1%) en los productos envasados. Y los que más están creciendo son Lidl, Carrefour y sobre todo Día, que ha comprado El Árbol y 160 supermercados de Eroski.

Teóricamente, los beneficiarios de esta guerra de precios y sus múltiples batallas somos los consumidores. Pero ojo, no está tan claro. Primero, porque las ofertas encubren en muchas ocasiones pérdidas de cantidad (menos tamaño a menos precio) y de calidad. Segundo, porque muchas ofertas de “productos escaparate” encubren precios más altos en otros productos que cargamos en el mismo carro. De hecho, el coste anual de la cesta de la compra es 527 euros mayor en Mercadona que en Alcampo, según un reciente estudio de la OCU sobre las cadenas más baratas. Y tercero y fundamental, esta guerra de precios que nos viene también al bolsillo está descapitalizando nuestra industria alimentaria (cerrando muchas empresas e impidiendo que otras innoven) y empobreciendo el campo, lo que es más grave: si a los agricultores y ganaderos no les compensa producir alimentos (en la última década, las producciones agrícolas y ganaderas ya se han reducido a la mitad), quedaremos en manos de los alimentos importados, de precios más volátiles y peor calidad.

Así que, ojo: bajan los alimentos, pero no todos ni en todos los supermercados por igual. Y si se sigue forzando la guerra de precios, muchos quedarán en el camino, sobre todo pequeños fabricantes, agricultores y ganaderos. Alguien (el Gobierno y la recién creada Agencia de Información y Control Alimentario) tiene que poner orden y evitar que los grandes distribuidores impongan su Ley, como ha pedido la Comisión Europea. Y para eso, hay que aplicar de verdad la Ley de la cadena alimentaria, aprobada en 2013 con consenso político y apoyo del campo. No todo vale para bajar los precios, aunque parezca que la ley del más fuerte nos beneficia. Pero en realidad, seguimos pagando por la comida el triple o el cuádruple de lo que vale producirla: alguien se lo queda por el camino. Mal negocio.

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