jueves, 27 de noviembre de 2014

Baja el petróleo, pero apenas lo notamos


Hoy se reúne en Viena la OPEP, para intentar frenar la caída del petróleo, que cuesta ya sobre 75 dólares barril, un 35% menos que en junio y el precio más bajo desde 2010. No parece fácil que detengan la caída recortando la producción, porque sólo controlan el 40% del crudo mundial y están divididos. Y sobre todo, el petróleo baja porque hay menos demanda, porque la economía mundial no despega, algo que no cambiará mientras Europa, Japón y los emergentes no mejoren. Mientras, los consumidores apenas nos beneficiamos de esta bajada, que ahorra a España 32 millones diarios: las petroleras han bajado poco los carburantes, las aerolíneas y los autobuses no han rebajado sus billetes y tampoco nos han reducido sus precios las empresas aunque han abaratado su energía. Además, no hay que bajar la guardia: España consume demasiado petróleo (125 millones euros al día), importado (99,8%) y consumido con poca eficiencia. Sea más o menos barato, hay que huir de él.
 
enrique ortega

El petróleo estaba antes de la actual crisis económica a 78 dólares/barril (septiembre 2007) y subió después en dos tandas, julio 2008 (133 $) y abril 2011 (124 $), para colocarse en el entorno de los 110 dólares entre 2011 y 2013. Y la previsión era que bajara algo este año 2014, hasta los 105 dólares. Pero en junio estalló la crisis de Ucrania y se complicó la situación en Irak, con lo que el crudo subió hasta un máximo de 115,58 dólares por barril el 19 de junio. Y a partir de ahí, empezó a bajar y a batir récords: el 5 de septiembre cayó de los 100 dólares, el 10 de octubre de los 90 y el 13 de noviembre de los 80, algo que no se veía desde septiembre de 2010. Al final, hoy cuesta  75,23 dólares barril, una bajada del 35% desde junio. Pero como nosotros compramos el petróleo con euros y el dólar se ha revalorizado un 8,3% desde junio (de 1,3607 a 1,2472 euros por dólar hoy), la rebaja del crudo es menor y queda en el 26,7%.

El petróleo ha bajado por dos razones que se suman. Una, la fundamental, que hay menos demanda de crudo, porque la economía mundial no acaba de despegar: el FMI ha revisado tres veces a la baja este año sus previsiones de crecimiento, por el estancamiento de Europa, la recesión en Japón y el menor crecimiento de China, Brasil y otros emergentes. Y la propia OPEP estima que la demanda mundial de crudo caerá de 30,3 millones de barriles en 2013 a 28,3 en 2017. La segunda es que hay más oferta de petróleo, porque ha vuelto a producir Libia, no ha caído como se temía la producción de Irak y hay más producción en Brasil (aguas profundas) y sobre todo en Estados Unidos, que gracias al fracking (romper las rocas para extraer gas y petróleo) va a acabar el año como segundo productor mundial de crudo.

Hasta ahora, cuando bajaba mucho el petróleo, los países productores buscaban reanimar los precios recortando la producción. Pero ahora, la OPEP no lo tiene tan fácil. Primero, porque sus 12 países sólo controlan un 40% de la producción mundial, siendo clave la producción de Rusia (2º productor, con un 12,5%), EEUU (3º de momento, con el 10,70%) y China (5,40%). Pero sobre todo, porque los países de la  OPEP llegan a esta cumbre de Viena. Por un lado está Arabia Saudí (el primer productor, con el 13% del crudo mundial), que lleva un par de meses dejando caer los precios y dice que ”no le importa que caigan de 90 euros (o incluso de 80) durante uno o dos años”, porque puede ser una forma de sacar del mercado a sus competidores: por un lado a Irak, Irán, Siria y Rusia (en Oriente Medio) y por otro a Estados Unidos. La poderosa Arabia Saudí cree que puede aguantar el tirón de los precios bajos en sus cuentas, pero no otros productores de Oriente Medio ni EEUU, que necesita un crudo a más de 90 dólares para que sea rentable el fracking. Enfrente están Irak, Irán, Libia, Ecuador, Nigeria, Bahréin y Venezuela, cuyas economías no aguantan (ni Rusia) el recorte de ingresos de un crudo barato y que piden recortar producciones para subirlo.

La pelea pues está en ver cuánto tiempo aguantarán los países productores  un petróleo por debajo de los 80/90 dólares barril. Y, sobre todo, si ese precio bajo disuade o no los proyectos de fracking en Estados Unidos, que han revolucionado el mercado mundial del crudo. Algunos  expertos dicen que esta técnica necesita que el crudo valga más de 90 dólares y que un precio menor podría llevar a cerrar pozos o no abrir otros. En cualquier caso, el fracking tiene otras limitaciones. Por un lado, se necesitan abrir muchos pozos para mantener una alta producción (2.500 nuevos pozos al año sólo para mantener la producción de 1 millón de barriles del yacimiento de Bakken, en Dakota del Norte, mientras en Irak esa producción se consigue con sólo 60 pozos). Y por  otro, los pozos de fracking reducen su producción entre un 60 y 70% al final del primer año, mientras los tradicionales sólo un 55% a los dos años. Por eso, la Agencia Internacional de la Energía (AEI) piensa que el boom del fracking durará sólo 10 años: aumentará hasta 2020, luego se mantendrá y caerá en 2030. Y los precios bajos podrían reducir aún más este boom y fortalecer a la OPEP a medio plazo.

Con este panorama, resulta difícil hacer vaticinios de precios, pero la mayoría de expertos creen que el crudo subirá en unos meses, rozando los 100 dólares barril entre 2015 y 2017. De momento, este año, la rebaja del crudo ya ha sido una buena noticia para la economía mundial, aunque apenas lo esté aprovechando, dada la debilidad del crecimiento. Incluso el crudo barato se ve como un problema en Europa, porque puede agravar los precios bajos, algo que parecería bueno pero que no lo es en un contexto de estancamiento: los ciudadanos piensan que las cosas van a seguir bajando y esperan para comprar, no consumen, las empresas no venden y la economía no crece.

Al margen del temor a la deflación, la realidad es que la bajada del petróleo supone un importante ahorro para los países consumidores. De hecho, a España le supone un ahorro de 32,5 millones de euros al día (un 26,7% sobre 125 millones de euros al día que supone la factura del petróleo en 2014). El problema es que ese ahorro, apenas llega a los consumidores, ni con la rebaja de los carburantes ni con los demás precios. Veamos por qué.

Si el petróleo ha bajado un 26,7% (en euros), nos deberían bajar los carburantes. ¿Cuánto? Primero hay que saber que sólo un 40% del precio del gasóleo (y un 35,5% de la gasolina) son los costes del carburante, ya que el resto son impuestos (50%) y márgenes y otros costes (10%). Así que una rebaja del 26,7% del crudo debería traducirse sólo en una rebaja del 10,6% en el gasóleo (y un -9,3% en la gasolina). Pero además, los costes del carburante no son los del crudo, sino los de las gasolinas y gasóleos en los mercados internacionales (para España, Génova y Rotterdam). Y estos precios internacionales han bajado algo menos que el crudo desde junio, sobre todo el gasóleo. Así que podríamos dejar la rebaja esperada en un 8-9%. Y está claro que los carburantes nos han bajado menos en las gasolineras: un 7% las gasolinas y un 4,3% el gasóleo desde junio hasta hoy. Así que todavía nos “deben” una rebaja adicional de otro 2%-4% al menos, unos 5 céntimos por litro. No es mucho, la verdad.

Otros que también nos debían haber bajado precios son las compañías aéreas: un 30% de sus costes es el carburante y el keroseno les cuesta un 26,7% menos (en euros). Así que debían habernos bajado los billetes un 8%. Y en menor medida, las líneas de autobuses. También las eléctricas, aunque poco: sólo un 3,5% de la luz la producen con fuel, lo que supone que la rebaja del crudo debía traducirse en una rebaja de 40 céntimos en una factura de 100 euros. Y bastante las empresas donde  la energía supone un tercio de sus costes, como la cerámica, las cementeras, la siderurgia o la industria química. Y en general, todas las industrias que consumen petróleo, fuel o gasóleo. Sin embargo, la gran mayoría no ha trasladado esta rebaja del crudo a los precios. Eso sí, cuando sube el petróleo, nos suben todo. Un ejemplo más de la falta de transparencia y competencia en la formación de los precios.

Ahora, esperemos que el petróleo suba lentamente y no haya conflictos internacionales que lo vuelvan a disparar, porque entonces sí notaríamos la subida. Y entre tanto, España no debe bajar la guardia contra el petróleo, aunque este más barato. Por tres poderosas razones. Una, porque la factura del petróleo es insoportable: 45.000 millones de euros en 2012 y 2013 (8 veces más que en 1995), lo que nos gastamos en Educación y Dependencia juntas. Dos, porque el 99,8% es importado y así somos el quinto país europeo con más dependencia energética del exterior. Y tres, porque lo gastamos mal: necesitamos un 15% más de energía que el resto de Europa para producir lo mismo (somos más ineficientes). Y por si no fueran suficientes, una cuarta razón: el petróleo escaseará en el futuro (con o sin fracking) y el precio rondará los 200 dólares barril en 2030, según la AEI. Así que no nos dejemos deslumbrar con los bajos precios de hoy: son un espejismo temporal. Hay que huir del petróleo, gastando menos (sobre todo en el transporte, la vivienda y la industria) y fomentando otras energías, sobre todo las propias (hidráulica, eólica, solar). Crudo no, aunque esté barato.

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