jueves, 30 de octubre de 2014

La cultura, en grave crisis


El Congreso ha aprobado esta mañana la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, un intento de afrontar dos graves problemas que tiene la cultura: la piratería y el reparto de los derechos de autor. Pero esta llamada Ley Lasalle (apoyada sólo el PP) no contenta a casi nadie y se aprueba sólo para un año: después, el Gobierno (¿seguirá?) dice que hará otra Ley. Entre tanto, el mundo de la cultura ha lanzado un SOS, tras cinco años de dura crisis: han perdido un tercio de sus ingresos y espectadores (y algunos, más). La culpa está en la caída de ingresos familiares, el recorte de ayudas públicas, la subida del IVA cultural y la piratería, que se come cinco veces el negocio legal. Pero también hay otra causa: el cambio de hábitos de los españoles, sobre todo los jóvenes, enganchados a Internet, las redes sociales, los videojuegos, la música y el cine pirateados. Hay que replantearse la cultura en la Red.
 
enrique ortega

El mundo de la cultura acaba de lanzar un preocupante SOS: han perdido un tercio de sus ingresos y espectadores (y algunos, más) en los últimos cinco años, según el Anuario de la SGAE 2014. El ranking de la crisis cultural lo encabeza el vídeo (-69,2% de recaudación), seguido de la danza (-50% ingresos y -42,4% espectadores), la música grabada (-56,2% de ventas), los videojuegos (-46,8% de facturación), la ópera (-45% ingresos y -41,8% espectadores), el cine (-20% recaudación y -28,9% espectadores, que son la mitad que en 2001), la música en directo (-19,2% ingresos y -33,2% espectadores), la música clásica (-18% ingresos y -17,2% espectadores) y el teatro (-15,8% recaudación y -33% espectadores). Unos datos demoledores para la industria cultural, que mueve 35.000 millones al año en España, con 100.000 empresas y 450.000 empleos.

La primera causa de esta crisis cultural es la caída del gasto de las familias: desde 2008, el gasto de los españoles en cultura y espectáculos ha caído un 29,5%, según el INE, el tercer mayor recorte en el gasto familiar tras la ropa (-30,6%) y mobiliario/gastos de vivienda (-30,2%). Pero como la cultura es una industria muy subvencionada, ha tenido mayor impacto negativo el recorte de las ayudas privadas y públicas (Estado, autonomías y Ayuntamientos). Sólo el Estado ha reducido su Presupuesto en Cultura a casi la mitad: de 1.198 millones (2010) a 716,40 (2014). Por poner un ejemplo ilustrativo, las subvenciones al cine han caído a casi un tercio: de 89,3 millones (2010) a 33,7 (2014). Y encima no las pagan a tiempo: Wert debe todavía 42 millones de subvenciones a películas estrenadas desde 2011.

La puntilla a estos recortes fue la subida del IVA a la cultura, del 8 al 21%, en septiembre de 2012, encareciendo de golpe las entradas (48,2 millones sólo en 2013) y retrayendo más a los espectadores. Con ello, España tiene el IVA cultural más alto de la zona euro, muy por encima de Alemania (7%), Francia e Italia (10%). El ministro Montoro medio prometió que iba a bajarlo con la mini-reforma fiscal, pero no lo ha hecho. Sólo tuvo “un detalle” con los marchantes y galeristas, al rebajar el IVA del arte del 21 al 10% en enero. Y tampoco han aprobado la ley de Mecenazgo, prometida por el propio Rajoy en 2010: se han limitado a ampliar algo las desgravaciones a las donaciones culturales, tanto a particulares (del 25 al 30%) como a empresas (del 35 al 40%). Muy lejos de las desgravaciones a la cultura en Francia (66% particulares y 60% empresas), Italia (100% empresas), Reino Unido (70%) o USA (100%).

Con todo, el problema más grave que tiene la cultura en España es la piratería: un 51% de los internautas (son 25 millones) reconoce que piratea películas (43%), música (28%), libros (15%) o videojuegos (10%), según la última encuesta del Observatorio de la Piratería. Y el valor de toda esta cultura pirateada ascendió a 16.136 millones de euros en 2013, más de cinco veces el negocio de la industria cultural legal (3.096 millones). Y han hecho un cálculo: si no hubiera piratería y estos internautas compraran  sólo una parte (el 8%) de lo que descargan ilegalmente, la industria cultural podría vender un 43% más (otros 1.326 millones), crear 26.652 nuevos empleos (1 por cada 2 que hay) y recaudarse 526,2 millones extras, entre IVA (la mitad), IRPF y cotizaciones a la Seguridad Social. Impresionante.

En definitiva, la piratería se come la mitad del negocio cultural, amenazando con colocar a España en las listas negras de la piratería mundial (Lista 301). Para evitarlo, el Gobierno Rajoy ha aprobado hoy en el Congreso (sólo con los votos del PP) la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI), que permite actuar con más dureza contra webs con contenidos protegidos  y también contra Webs de enlaces, amenazándoles con aplicarles el nuevo Código Penal (hasta 6 años de cárcel) y multas de 150.000 a 600.000 euros. Y sólo en última instancia se puede solicitar el bloqueo del servicio a los proveedores de Internet, aunque la mayoría de servidores están fuera de España.

La Ley no afecta a los internautas de a pie (los que bajan contenidos piratas) sino que va contra “los traficantes” de material protegido con derechos de autor, que hacen negocio con la piratería. Pero no convence a la industria cultural, porque creen que se queda corta, por falta de medios e independencia (depende de Cultura) de la Comisión contra la piratería. Además, denuncian que no se incluya en la Ley a los motores de búsqueda (los internautas dicen que acceden a la mitad de lo que piratean a través de Google) ni contemple el bloqueo inmediato de webs con contenidos piratas, sólo como último recurso.

El otro gran tema de la Ley Lasalle es la compensación por los derechos de autor. La Ley confirma la supresión del canon digital (cantidad que se pagaba por la compra de DVds, CDs, memorias, discos duros, móviles y fotocopiadoras, hasta que la suprimió Rajoy en diciembre 2011) y mantiene el sistema de compensación por copia privada, una cantidad que se paga a los creadores como derecho de autor y que sale de los Presupuestos: 5 millones de euros para 2015 (frente a 115 millones que ingresaron los creadores con el canon digital en 2011), una cifra que ha disparado las protestas del mundo cultural. Además, la Ley establece una ventanilla única para el cobro de derechos de autor y da 6 meses para aprobar el método de fijar  las tarifas, que ahora dictan unilateralmente las sociedades de autores y derechos audiovisuales, denunciadas a la CNMC, por abuso. Así, la Ley Lasalle no resuelve el problema clave: la pelea entre los autores y los usuarios de contenidos culturales (radios, TV, webs, empresas comunicación, bares, peluquerías, comercios, plataformas de contenidos…) por ver cuánto pagan y quién y cómo fija las tarifas. Una pelea pendiente para el próximo Gobierno. 

Al final, la Ley Lasalle se considera un parche que no resuelve la grave crisis del mundo de la cultura, que se queja del mal trato del Gobierno Rajoy, por “venganza política”. Y piden una apuesta decidida por la cultura, como en Francia, con más ayudas públicas y privadas (favoreciendo el mecenazgo), la rebaja del IVA cultural, una lucha decidida contra la piratería y una mayor compensación a los creadores por su trabajo (mientras el PSOE defiende volver al canon digital). El Gobierno Rajoy se ha comprometido a preparar otra Ley nueva dentro de un año, para recoger lo que establezca la futura Directiva cultural europea, que se espera para 2015.

Al margen de estos problemas, hay una cuestión de fondo que tiene mucho que ver con la crisis de la cultura: nuestro ocio ha cambiado y no sólo por la crisis sino sobre todo por Internet. Vivimos enganchados a la Red, sobre todo los jóvenes, y eso reduce los espectadores al cine, al teatro, a los conciertos, a los museos y a las bibliotecas. Y cuando no estamos navegando, estamos enganchados a la televisión: son ya 263 minutos al día en 2014, lo que supone 62 días, más de 2 meses al año. Y los adictos a Internet si ven una película, oyen música o leen un libro, la mayoría no consumen cultura de pago, se apuntan a contenidos piratas, al gratis total. Y así, oscurecen el futuro de nuestros creadores.(ver anuncio "Nada es gratis")

Hay un hecho evidente: la cultura pasa por Internet y esto obliga a un cambio radical en el negocio cultural, fomentando plataformas de contenidos legales a precios accesibles. Urge hacer una profunda reconversión en la industria cultural, reduciendo costes desorbitados en el marketing y la distribución y aumentando los ingresos de los autores. Y hay que buscar un gran pacto entre creadores, distribuidores y usuarios para conseguir  cultura a precios asequibles que garanticen la supervivencia de los creadores. Si no, con el gratis total y los grandes negocios de márgenes millonarios, cada vez habrá menos cultura de verdad. Y perderemos todos.

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