jueves, 24 de abril de 2014

La Universidad no aguanta más


Los universitarios vuelven a clase para completar un curso difícil de acabar, por la asfixia financiera de muchas Universidades y la tensión desatada por la subida de tasas y la pérdida de becas. Los recortes de los últimos cuatro años han puesto a la Universidad bajo mínimos, tras perder un 14% de sus recursos, un 9% de profesores, muchas inversiones y gran parte de su investigación. Y todo ello, acompañado de una creciente tensión en las aulas, con encierros, manifestaciones y policías en los Campus, por el desánimo de unos alumnos que pierden becas, pagan más tasas, reciben una enseñanza peor y se  desalientan por su incierto futuro laboral. Además, está bajando el número de universitarios, mientras crece la FP superior. Urge inyectar recursos y profesores a la Universidad, junto a una profunda reforma de titulaciones, porque si hay muchos universitarios en paro, los jóvenes poco formados trabajan aún menos. Rescaten a la Universidad.
 
enrique ortega

Una de cada cinco Universidades españolas tiene actualmente graves problemas de liquidez, según la Conferencia de Rectores: les resulta difícil pagar las nóminas cada mes, la luz o el teléfono, deben a los proveedores y no pueden reparar los edificios ni comprar libros, ordenadores, mobiliario o material. Y todas las Universidades se sienten vigiladas por Hacienda, que les obliga a cumplir estrictamente con su Presupuesto para junio, so pena de ser sancionados con un plan de ajuste más riguroso, como las autonomías.

Todo ello es fruto de cuatro años de recortes en la financiación pública a la Universidad y de los 1.000 millones que les deben sus propias autonomías. Entre 2010 y 2013, las 50 Universidades públicas han perdido 1.388 millones de euros de la financiación que reciben del Estado (10%) y de las autonomías (70%), un -13,72% de sus ingresos, según un estudio de CCOO, al que habría que sumar otros 500 millones de rebaja en las partidas universitarias de investigación (I+D+i). Las Universidades que han sufrido un mayor recorte son las de Castilla la Mancha (-29,68%), Cantabria (-19,6%), Murcia (-19,46%), País Vasco (-18,71%), la Rioja (18%) y Cataluña (17,3%). Tras los nuevos recortes en 2014, España destina unos 8.500 millones de euros a la Universidad pública, un 0,85% del PIB, por debajo de Europa (1,26% PIB), Francia (1,35%) o Alemania (1.30%), en línea con Italia y Reino Unido (0,84% PIB).

Dos terceras partes de este recorte se ha traducido en menos inversiones, desde obras e instalaciones a material, ordenadores, equipos e investigación. Y el otro tercio se ha quitado de gastos de personal, reduciendo plantillas: entre 2008 y 2012 se han perdido 13.200 empleos en las Universidades, según datos de Hacienda. De ellos, 5.987 son profesores despedidos y 7.223 personal no docente. Sumando los recortes no contabilizados inicialmente en 19 Universidades y los despidos de 2013 y 2014, podría rondar las 17.000 personas, un 12% de la plantilla universitaria. Menos profesores para más alumnos: el número de universitarios creció en 32.000 entre 2010 y 2013 Y lo más grave es lo que está por venir: como sólo se cubren un 10% de las jubilaciones, las plantillas seguirán cayendo.

Además de hacer estos ajustes, el Gobierno Rajoy obligó a las Universidades a subir las tasas, para cubrir un 20% de sus ingresos (y el 25% el próximo curso). Con ello, los alumnos pagan las matrículas un 20% más caras en los dos últimos cursos, aunque hay autonomías que han subido las tasas mucho más: Cataluña (+66,7%), Madrid (+66%), Castilla y León (+43,8%), Canarias (+42,1%) y Comunidad Valenciana (+34,7%). Así aumenta la desigualdad a la hora de estudiar: un estudiante madrileño o catalán paga ahora tres veces más que un gallego o andaluz por estudiar la misma carrera (de 750 a 2.100 euros). Y estudiar un master ha subido mucho más, hasta un 130% en Madrid (3.900 euros).

Mientras es más caro estudiar, hay menos ayudas para los que no pueden pagarlo. Por un lado, se han recortado los importes y por otro, se han endurecido los criterios para dar las becas, retrasando su pago (en abril aún no se había recibido el importe de este año). Con ello, se estima que unos 20.000 universitarios perdieron su beca el curso 2012-2013 y podrían ser aún más este curso, sin olvidar los recortes en otras ayudas, como las becas Erasmus, la supresión de las becas Séneca (para cambiar de Universidad) y las becas de idiomas. Todo ello cuando España dedica a becas la tercera parte de recursos que la media de países de la OCDE (0,11% del PIB frente al 0,31%).

Matrículas más caras y menos becas son un cocktail explosivo que está provocando fugas de alumnos de la Universidad: en los dos últimos cursos, las Universidades públicas han perdido 22.334 alumnos en grados (hay 1.272.047 universitarios), mientras aumentaban 3.666 alumnos en las privadas (166.068 alumnos). Y han caído más los alumnos de master públicos: -14.334 entre 2012 y 2014 (hay 74.499 matriculados), mientras también aumentaban 8.613 en las Universidades privadas (hay 35.614 matriculados). Una parte de las fugas son universitarios que se han ido a hacer Formación Profesional Superior, porque las matrículas son más baratas (400 € las más caras), los estudios duran menos (2 años en vez de 4), hay bastante oferta (más de 100 títulos) y más salidas profesionales, aunque con menos sueldo.

Entre la asfixia financiera, la falta de medios y profesores, la subida de tasas y el recorte de becas, la tensión crece en la Universidad, donde los alumnos han protagonizado en marzo encierros, manifestaciones y protestas, con graves incidentes y la vuelta de la policía a los Campus, como en los años 70. Junto al deterioro y el encarecimiento de la enseñanza, pesa el desánimo de los jóvenes ante su incierto futuro laboral. Saben lo que hay: un 40% de los licenciados trabajan, al cabo de 7 años de terminar su carrera, en un empleo por debajo de su formación, la mitad con contrato temporal y ganando menos de 1.500 euros, según un informe del Ministerio de Educación. Claro que peor están los que tienen poca formación: los universitarios tienen una tasa de paro del 13,5% frente al 26 % del total (aunque es el doble del paro que tienen los universitarios en la OCDE). Y está demostrado que los universitarios que trabajan acaban cobrando hasta el doble que el resto, según un estudio de ICSA.

Ahora, la angustia de las Universidades es cerrar el curso con el Presupuesto recortado y que no les sancione Hacienda por acabar con déficit y deudas. Lo tienen difícil, pero peor aún será el curso que viene, donde volverá a haber recortes, para seguir bajando el déficit. Y ya no hay más donde cortar, salvo de nuevo en plantillas, al no cubrirse las jubilaciones. Por eso, el Comité de Expertos sobre la futura reforma universitaria ya pedía al Gobierno, en 2013,  aumentar la financiación a la Universidad, hasta el 3% del PIB, lo que supondría dedicarle  22.000 millones más, algo impensable en el corto plazo (aunque sea sólo la quinta parte de lo que nos ha costado el rescate de la banca). Los rectores también han pedido una ley de Mecenazgo, para mejorar el trato fiscal a las donaciones a la Universidad (eximen de un 25-35% de impuestos, mientras en Francia eximen del 66% y en EEUU un 100%).

Pero no sólo hace falta más dinero, que es lo prioritario. La Universidad tiene que afrontar cambios, empezando por ajustar su oferta, recortando titulaciones (2.413 grados y 2.758 Master) y fusionando centros (hay 236 Campus, en todas las capitales, con ofertas muy similares a pocos kilómetros). Y orientar a los estudiantes hacia carreras técnicas más demandadas, reduciendo la oferta de Humanidades y Ciencias Sociales, con menos “salida”. Y fomentar el trasvase de jóvenes bachilleres a la FP Superior, con más salidas. Además, hay que optimizar la inversión pública en la Universidad, mejorando la organización de los Campus (con menos endogamia y más profesores de fuera), ampliando la autonomía universitaria a cambio de mayores controles y auditorías externas de eficiencia y calidad. Y, sobre todo, fomentar unas Universidades más ligadas a las empresas y más internacionales. Todo ello exige un gran pacto político y universitario, que cuente con Universidades, profesores y alumnos, para gastar mejor el dinero de todos. Lo de ahora, el sálvese quien pueda, nos conduce a un estallido de la Universidad. Al tiempo.

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