lunes, 21 de abril de 2014

FMI: España, estancada 6 años más


El Gobierno y sus voceros mediáticos han reiterado que el FMI subió tres décimas su previsión de crecimiento para España este año, hasta el 0,9%. Pero no dicen que el FMI prevé también que España crezca en torno al 1% hasta 2019, que estemos 6 años con la economía estancada. Y que el paro sólo baje al 21,8% en 2019: casi 5 millones de parados. Seremos uno de los países que menos crezca en Europa, a pesar de tener el doble de paro. Un grave panorama que puede enturbiarse más por la baja inflación y la falta de crédito, según el FMI. Y aún podríamos crecer menos si el Gobierno Rajoy hace más recortes para 2015, como le pide ahora el FMI (que recorte en gastos sociales y pensiones) y antes la Comisión Europea (recorte 24.000 millones para 2015).Y si sube el IVA, como le pide Bruselas. Estancarse varios años o cambiar de política para crecer más. Ese es el dilema.
 
enrique ortega

El Fondo Monetario Internacional (FMI) cree que España será de los países euro que menos crezca en esta década: poco más del 1%, frente a una media del 1,5% en la UE-18. Mientras el Gobierno y algunos expertos aseguran que la recuperación viene con fuerza, el FMI da unas estimaciones de crecimiento para España estremecedoras: +0,9% en 2014, +1% en 2015, +1,1% en 2016, +1,2% en 2017 y 2018 y +1,3% en 2019, muy lejos del +3,5% que crecía  España antes de la crisis, entre 2000 y 2007. Y claro, con este mínimo crecimiento, el FMI prevé que apenas se creará trabajo: 50.000 empleos netos este año y 61.000 en 2015. Y eso nos lleva a una tasa de paro que todavía será del 21,8% en 2019. O sea, que dentro de 6 años, España tendrá todavía casi 5 millones de parados (4.938.681). Un drama.

Y eso “si todo va bien”, si no hay una marcha atrás en la tímida recuperación iniciada en otoño pasado. El FMI, en su reciente reunión en Washington, ha hablado de varios riesgos para la recuperación de Europa y en especial de España. El primero, la baja inflación. El FMI cree que España es el país europeo con más riesgo de caer en deflación, lo que hundiría la economía, al caer el consumo, bajar los márgenes empresariales y subir el coste real de la deuda. Y por eso piden medidas urgentes al BCE, para bajar más los tipos y aumentar la liquidez en Europa, como han hecho EEUU, Japón, China, Brasil y hasta el Reino Unido. El segundo riesgo para España es la falta de crédito, que debería ser la gasolina de la recuperación: el FMI cree que tardará aún dos años en fluir y propone acelerar el saneamiento de la banca para que llegue antes. Y el tercer riesgo, una posible crisis de los países emergentes, que afectaría mucho a España: la banca española es la que tiene más riesgo, tras la austriaca, si se producen tensiones en países como Brasil, México, Turquía, India o Indonesia, según el FMI.

En medio de todos estos riesgos para la recuperación, otra previsión: España tiene un déficit público demasiado elevado, que va a bajar muy despacio, y una abultada deuda pública que va a seguir creciendo (hasta el 102,4% del PIB en 2019). Y la receta del FMI es la de siempre: recortes del gasto, concretando incluso: en gastos sociales (educación y sanidad), en funcionarios (sugieren “reformas”: en castellano, despidos) y en pensiones (elevar edad de retiro, reducir prestaciones y elevar contribuciones). “No ajustar no es una opción”, comentaba un funcionario del FMI en Washington, obviando que España lleva cuatro años de ajustes. El problema es que esos recortes, que apenas han rebajado el déficit, llevaron al país en  2011 a una segunda recesión, que duró hasta 2013.

El FMI se suma así a la receta de la Comisión Europea, que ya dijo en febrero a España que necesita hacer un ajuste extra de 24.000 millones en 2015, porque si no, el déficit público del año que viene será del 6,5% del PIB en lugar del 4,2% que exige Bruselas. Y hace unos días, un informe de la Comisión le ha marcado a Rajoy el camino para hacerlo: subir el IVA y los impuestos especiales (tabaco y carburantes). Montoro dice que no va a subir el IVA y sigue hablando de bajar impuestos incluso, pero las cuentas no salen: tenemos un déficit elevado, hay que bajarlo mucho más, según Bruselas y ahora el FMI, sobre todo en 2015. Y para eso habrá que hacer más recortes y subir impuestos, no bajarlos, salvo algún retoque en el IRPF de cara a la galería, pero subiendo por otro lado para intentar reducir el déficit público.

El problema que tiene España es que apenas crece y así se recauda poco y los gastos no son fáciles de bajar más, porque ya están bajo mínimos (educación, sanidad, gastos sociales, inversiones públicas). La mejor estrategia contra el déficit es ingresar más, dado que España ingresa menos impuestos que el resto de Europa: los ingresos fiscales suponen el 37,8% del PIB frente al 45,4% en la UE-28. Se podrían recaudar 50.000 millones más por tres vías: lucha contra el fraude fiscal (sólo recortándolo un tercio se conseguirían 20.000 millones), reducir el fraude “legal” (recorte deducciones en sociedades e IRPF y aumentando los productos que paguen IVA general) e introducir nuevos impuestos, a las grandes fortunas, a las transacciones financieras (la tasa Tobin se va a quedar descafeinada) e impuestos verdes. Los técnicos de Hacienda (GESTHA) creen incluso que se podrían recaudar 70.000 millones más sin tocar los impuestos a la mayoría de los españoles.

O se ingresa más o adiós al Estado del Bienestar. Pero no parece que la anunciada reforma fiscal de este verano vaya por aquí: puede quedarse en un simple retoque electoral, bajando algunos impuestos que se notan (IRPF) y subiendo otros que no se notan tanto. Si al final no suben el IVA, tendrán que volver a recortar gastos (donde siempre: funcionarios, sanidad, educación, gastos sociales…) para el Presupuesto 2015, que se presentará a finales de septiembre. Y con menos gastos, menos actividad y menos crecimiento del escaso que se espera. Y si sube el IVA, aún menos.

Volvemos otra vez a un callejón sin salida: nos obligan a hacer recortes (desde Bruselas, tras las elecciones europeas, y desde el FMI-la troika) y esos recortes provocan un menor crecimiento, poco empleo, bajos salarios y menor recaudación, con lo que incumplimos la rebaja del déficit y hay que hacer nuevos recortes. Es el círculo vicioso de la austeridad, el bucle en que llevamos metidos cuatro años ya. Y si ya íbamos a crecer poco esta década, con más recortes o subiendo el IVA, caeríamos en la tercera recesión de esta crisis.

El panorama es desolador: mínimo crecimiento, poco empleo (precario), no hay crédito, inflación baja  y  un déficit y deuda elevados, que nos hacen muy dependientes de los mercados. No se ve una salida, por más que remachen sobre la recuperación. Los españoles son pesimistas: el 84,5% ven la situación económica mala o muy mala y el 68,7% piensa que dentro de un año será igual o peor, según el Barómetro del CIS de marzo. Demoledor.

Es hora de cambiar de política económica, en Europa y en España, para reanimar el crecimiento y el empleo. El BCE debe bajar los tipos e inyectar liquidez como ha hecho EEUU, favoreciendo el crédito. Y los futuros dirigentes de Bruselas deberían lanzar un Plan Marshall europeo, que fomente inversiones productivas, tecnología, formación y empleo, para que Europa no sea el farolillo rojo de la recuperación mundial. Y en España, Rajoy debería promover un gran acuerdo contra el paro, dedicando más recursos a reanimar los sectores clave (industria, turismo, exportadores, nuevas tecnologías) y a políticas activas de empleo, con más formación e incentivos a la contratación de jóvenes, mujeres y mayores de 45 años. Se trata de dejar atrás la austeridad y tratar de crecer más, porque nuestro primer problema no es el déficit ni la inflación, sino que tenemos más del doble de paro que Europa. Y que más de la mitad de nuestros parados llevan más de 2 años sin trabajar y ya no cobran nada.

El Gobierno Rajoy sigue tratando de ganar tiempo, machacando cada día con el espejismo de la recuperación, a ver si la economía se da la vuelta sola. Pero la realidad está ahí: apenas crecemos, estamos estancados, creando poquísimo empleo marginal, y así seguiremos el resto de la década, según el FMI. Es como para pensárselo. Y tratar de cambiarlo.  

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