jueves, 26 de diciembre de 2013

Las trampas de Montoro para bajar el déficit


Gobierno y autonomías llevan todo el mes “cocinando” las cuentas de 2013, retrasando facturas y acelerando cobros. Todo por bajar el sacrosanto déficit público. Para conseguirlo, Montoro ha vuelto a hacer trampas (como en 2012), por partida doble: cerrando la caja para reconocer facturas el 4 de noviembre y retrasando pagos a laboratorios o no asumiendo la deuda eléctrica, decisión que nos tocará pagar a los consumidores (300 millones/año en los próximos 15 años). Y todo para que España supere el objetivo de déficit en 2013, como pasó los dos años anteriores. Además, Bruselas no se cree las cuentas de los próximos años y pide a España un ajuste extra de 35.000 millones entre 2014 y 2016. Más recortes y más impuestos que harán peligrar la recuperación. Basta ya de obsesionarse con un déficit que no se cumple, ni con trampas. Hay que centrarse en crecer y crear empleo. Es lo que urge.
 
enrique ortega

La prioridad de los fundamentalistas de Bruselas (desde 2010) y del Gobierno Rajoy es recortar el déficit público, aún a costa de meter a Europa en una segunda recesión, con más paro. Y para lograrlo, Montoro no ha dudado este año en hacer las trampas que haga falta. Primero, echando mano del BOE para aprobar una Orden Ministerial que fijó el 4 de noviembre como fecha tope para enviar facturas para aprobar a la Intervención General del Estado. Hasta que llegó Montoro, Hacienda cerraba la admisión de facturas a mediados de diciembre, pero el nuevo ministro adelantó la fecha a octubre en 2012, con lo que traspasó 2.806 millones de gasto a 2013. Ahora ha vuelto a hacerlo, cerrando la Caja en noviembre, aunque desde octubre ya ha dado instrucciones de ralentizar pagos no esenciales.

Pero las trampas de Montoro no acaban ahí. Como las cuentas públicas se han desmadrado este año por la crisis (-9.700 millones menos de ingresos entre recaudación y cotizaciones  y +23.271 millones más de gastos, en pensiones, desempleo, pago a proveedores, Plan empleo Canarias y Plan PIVE IV), Montoro ha tenido que frenar gastos de última hora, con dos medidas excepcionales: aplazar a 2014 el pago de 7.000 millones de deuda sanitaria (laboratorios y empresas sanitarias) y no pagar la deuda eléctrica (3.600 millones del déficit de tarifa de 2013), como el ministro de Industria había prometido. Una medida, para reducir el déficit, que pagaremos los consumidores en el recibo de la luz los próximos 15 años: 300 millones al año para pagar la deuda y los intereses que no asume Montoro. Empezando en enero 2014: un 2% de lo que suba la luz será para pagar la nueva deuda eléctrica.

Las trampas de Montoro para maquillar el déficit no son nuevas. Ya las hizo, por partida doble, en 2012. Por un lado, inflando hasta en tres ocasiones el déficit 2011 heredado de Zapatero: primero lo fijó en el 8,51% del PIB (febrero 2012), luego subió a 8,9% (mayo) y finalmente lo dejó en 9,66% (septiembre), imputando a ese ejercicio gastos de 2012, lo que estuvo a punto de costarle una multa de Bruselas, según Reuters. Por otro, en las cuentas de 2012, retrasó las devoluciones a los contribuyentes (IRPF, IVA, Sociedades) para pagarlas en 2013 (2.435 millones), con lo que presentó en febrero un déficit  del 6,74% que Bruselas no le aceptó y subió en marzo al 6,98%. Y luego se sacó de la manga un superávit “no previsto” de los Ayuntamientos, para rebajarlo en septiembre al 6,84%.


Eurostat, la agencia estadística comunitaria, mosqueada con los maquillajes del Gobierno, envió a sus inspectores a Madrid, dos veces en 2012 y otra en septiembre de 2013, para acabar certificando la cuarta y definitiva cifra del déficit 2012: 6,9% del PIB y 10,6% con ayudas a la banca, el mayor déficit público de toda Europa (3,9% de media UE-28 y 9% el otro país con más déficit, Grecia).

Volviendo a 2013, Montoro tiene difícil cumplir con el 6,5% de déficit prometido, a pesar de sus maniobras. Hasta finales de septiembre, el déficit público era del 4,8%, similar al 4,7% de 2012 (que acabó en 6,9%). Y en este cuarto trimestre, hay menos factores favorables que el año pasado: ha habido más gastos (entre ellos, 5.400 millones de la extra a funcionarios que no pagaron el año pasado) y menos ingresos extras, al no pesar tanto ni la subida del IVA (septiembre 2012) ni la amnistía fiscal 2012 (1.200 millones de ingresos) y subir la recaudación sólo un 0,8% hasta octubre. Y el déficit de las autonomías está en el 1%, como el año pasado, que terminó en el 1,8% (el objetivo es cerrar en el 1,3%). De hecho, Hacienda ha exigido en noviembre a Murcia, Comunidad Valenciana, Cataluña y Andalucía que dejaran de autorizar gastos, porque se habían desviado gravemente en sus cuentas (Cataluña ya ha reconocido que no cumplirá con su déficit 2013). Y la Seguridad Social cerrará también con más déficit (+0,4% desviación), aunque el Gobierno confía en que los Ayuntamientos les den un colchón con su superávit (+0,6%).

Con todo ello, el déficit público 2013 podría acabar (a pesar de las trampas) entre 0,3% y 0,4% más de lo previsto, sobre el 6,85% del PIB. Y hay expertos, como Fedea, que apuestan porque supere el 7%, peor que el de 2012. Incluso el Banco de España, el FMI y la Comisión Europea no creen que el Gobierno cumpla este año su objetivo de déficit, que ha tenido un alto coste en recesión (la economía caerá un -1,4%) y en empleo (lo han perdido 133.900 españoles hasta septiembre, más los que lo pierdan en este cuarto trimestre). Es la factura de la austeridad.

El incumplimiento del déficit no acaba en 2013. El FMI cree que España cumplirá el objetivo de déficit de 2014 (5,8% PIB), pero que lo incumplirá entre 2015 y 2017 y que no  lo dejará por debajo del 3% hasta 2018 (en lugar de en 2016, como exige Bruselas). Peor es la previsión de la Comisión Europea: no se cree que España cumplirá con el déficit los próximos tres años. Es más, el 15 de noviembre ha exigido a España que haga un ajuste extra en las cuentas públicas de 35.000 millones de euros entre 2014 (-2.500), 2015 (-20.000) y 2016 (-12.500). Más ingresos (más impuestos) y menos gastos (más recortes).

Una exigencia que choca con la pretensión del  Gobierno Rajoy de bajar impuestos en 2014, para que entren en vigor en 2015, año de elecciones locales y autonómicas. “Hay margen”, ha replicado el ministro de Guindos a Bruselas. Pero no es verdad. España tiene un problema de fondo: tenemos más déficit que Europa no porque gastemos más (el gasto en educación, sanidad o servicios sociales es menor y en pensiones hay países que gastan más, no en desempleo) sino porque ingresamos mucho menos: la recaudación supone el 37,1% de la riqueza (PIB), mientras en Europa (zona euro) supone el 46,3%. O sea que, globalmente, pagamos menos impuestos, aunque los trabajadores pagan más y las empresas y ricos menos. Por eso, reducir el déficit (incluso menos de lo que pide Bruselas) exige recaudar más. El Gobierno Rajoy está pensando en bajar el IRPF (lo que más se nota) y subirnos el IVA (quitando tipo superreducido a muchos productos), impuestos verdes, sobre depósitos y tasas.

Pero si quiere bajar el déficit lo prometido a Bruselas, sobre todo en 2015 (al -4,2%) y 2016 (al -2,8%), los años con objetivos más duros, el Gobierno Rajoy tendrá no sólo que subir impuestos sino también recortar más gastos, en personal público, educación, sanidad, servicios sociales, pensiones y seguro de paro (la última petición de algunos “expertos”). Y eso, además de ser difícil, pondrá en peligro la incipiente recuperación: los recortes de 2010 y 2011 nos llevaron a la segunda recesión y estos recortes futuros (con o sin los extras que exige ahora Bruselas ) nos dificultarán salir de ella.

Todo por el déficit público y encima no se cumple, en 2011, en 2012 y casi seguro en 2013 a pesar de las trampas de Montoro. Es el sacrosanto objetivo, que hunde la economía y el empleo, y encima no se cumple. Porque los recortes reducen el consumo y las ventas, hunden el crecimiento, cae la recaudación y no se recorta el déficit. Y hay que hacer más recortes que vuelven a hundir el crecimiento, la recaudación y el déficit. Es el círculo vicioso de la austeridad. Bruselas y Rajoy quieren que sigamos por este camino tres años más, incluso con ajustes extras. No aprenden. Y nosotros sufrimos sus errores.

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