jueves, 31 de octubre de 2013

Ojo al euro fuerte: destroza a España


Ahora que Europa (y España) salen de la recesión y los inversores vuelven al viejo continente, hay un nubarrón en el horizonte: el euro, fortalecido desde septiembre frente al dólar, el yen y la libra, provocando que los productos europeos sean un 8% más caros este año, lo que perjudica la recuperación. Sobre todo en España, donde sólo crecen exportaciones y turismo, dos motores que se pueden “gripar” si el euro sigue por encima de 1,35 dólares, como los últimos dos meses. El riesgo es que exportadores y empresas turísticas, para compensar esta subida del euro, fuercen una mayor bajada de salarios (perjudicando el consumo y el crecimiento), o hagan más despidos. Y ni Bruselas ni el BCE toman medidas para “bajarle los humos al euro”, mientras EEEUU, Japón o China debilitan sus monedas para crecer más. Atentos al euro más que a la prima de riesgo: si no baja de 1,30 dólares, peligra la recuperación.

                                                                                                 Enrique Ortega

El euro lleva subiendo, de forma intermitente, desde el 24 de julio de 2012, cuando alcanzó su mínimo (1,2059 dólares), porque parecía que Europa se iba a romper por la presión de la crisis de la deuda y los mercados. A finales de año ya estaba en 1,3194 y en febrero 2013 alcanzó un primer máximo, 1,3646 euros por dólar. Después perdió fuerza hasta caer en julio a otro mínimo (1,2787 euros por dólar) y enseguida recuperarse para empezar septiembre en 1,3196 euros por dólar y acabar el 28 de octubre por encima de 1,38 euros, la cotización máxima desde noviembre de 2011. Con ello, el euro se ha revalorizado este año más de un 8% frente al dólar, un 4,4% frente a la libra y un 17,3% frente al yen. Hoy está en 1,3642 euros por dólar.

Europa no tiene (tampoco) una política de tipo de cambio común y la cotización del euro varía según lo que hacen las demás monedas, cuyos países si influyen en su cotización. En el  último año y medio, Estados Unidos, Japón, China, Gran Bretaña o Brasil han hecho una política para reanimar sus economías, inyectando liquidez (dinero) y bajando los tipos de interés, lo que deprecia sus monedas, desde el dólar o el yen a la libra o el yuan chino. Y de paso, una moneda débil favorece sus exportaciones. Mientras, Europa ha hecho todo lo contrario: ha recortado el gasto público, drenando liquidez y manteniendo tipos altos (0,50% frente al 0,25% de EEUU, 0,10% en Japón o el 0,50% en Gran Bretaña). Y los inversores han buscado la alta rentabilidad europea (aún con riesgo), fortaleciendo al euro.

Esta “guerra de divisas” encubierta se ha agudizado este año, con la decisión de Japón, en enero, de inyectar otros 170.000 millones de euros para reanimar su economía, lo que ha depreciado más al yen. Y se ha acelerado en octubre, con la confirmación de que EEUU va a seguir inyectando liquidez en su economía (todavía débil), lo que ha depreciado al dólar, más tras la pelea (no resuelta) entre republicanos y demócratas por el tope de la deuda. Otro hecho clave es el temor de los inversores porque se agote el crecimiento de los países emergentes (Brasil e India sobre todo), que ha desplazado el dinero hacia Europa, fortaleciendo aún más el euro. Y más cuando Europa sigue siendo la inversión más rentable, tanto en Bolsa o en empresas (hay muchas “gangas”, como ha visto Bill Gates en FCC) como en deuda pública: España paga 4,04 % por el bono a 10 años, Italia el 4,14 y Francia el 2,22% (Alemania el 1,66%) mientras EEUU paga el 2,50% y Japón el 0,56%.

Resultado: los capitales se dirigen a Europa, invierten en euros y su cotización se dispara, llegando a superar los 1,38 euros por dólar (+14,5% de subida sobre el mínimo de julio 2012). Y los expertos creen que puede seguir varios meses entre 1,35 y 1,40 euros por dólar, cuando su cotización de equilibrio debía estar en torno a 1,21 euros (la primera cotización del euro, el 4 de enero de 1999, fue de 1,1789 dólares pero luego cayó, con el estreno real de la moneda única, el 2 de enero de 2002, a 0,9038 euros).

Un euro fuerte tiene dos efectos positivos y dos muy negativos. Lo bueno es que con un euro fuerte es más barato comprar productos extranjeros, desde coches a petróleo o alimentos, lo que ayuda a la inflación. Y resulta más barato viajar al extranjero y comprar en Londres, Nueva York, Tokio o Pekín. Pero estos beneficios no compensan los perjuicios: es mucho más difícil vender fuera, exportar, con un euro fuerte (como si hubiéramos subido los precios de los productos españoles un 8% extra este año). Y los turistas extranjeros se piensan más venir a España, porque con sus monedas les cuesta más viajar y pueden comprar y gastar ahora menos.

Si esto es preocupante para toda Europa, es más grave para España, un país donde lo único que crece (ahora y en los dos años anteriores) son las exportaciones y el turismo, los dos motores en que confía el Gobierno para salir de la crisis mientras el consumo y la demanda interna siguen estancados. Dos motores que se pueden “gripar” con un euro fuerte. De hecho, aunque el 69 % de las exportaciones españolas van a Europa, sólo el 48,2% van a la zona euro. Eso significa que más de la mitad de las ventas que hace España fuera se hacen en monedas que no son el euro, a países que ahora les salen más caros nuestros productos. Y en cuanto al turismo, aunque sigue batiendo récords, no hay que olvidar que un 53% de los turistas no son de países euro, entre ellos los turistas que más crecen: británicos (24% turistas), nórdicos (7,4%), rusos (8%), suizos (2,4%), norteamericanos, latinoamericanos y del resto del mundo, a los que ahora venir a España sale más caro.

El problema: si el euro sigue fuerte, las exportaciones y el turismo pueden debilitarse y con ello la recuperación, de por sí muy incipiente (creceremos menos del 1% hasta 2018, según el FMI). Lo peor es que las empresas exportadoras y turísticas, para seguir compitiendo fuera en precios con un euro fuerte, sólo tienen dos salidas: seguir bajando los sueldos de sus empleados (menos consumo y crecimiento) o reducir costes y plantillas. Más paro.

Así que nos jugamos mucho con el euro fuerte, aunque España sola no pueda hacer nada por “bajarle los humos”. Es una responsabilidad de Bruselas y el BCE, pero los jerarcas comunitarios prefieren “no hacer nada: son liberales fundamentalistas y creen, como dice Draghi, que el tipo de cambio “lo debe fijar el mercado”, sin que Bruselas intervenga en la cotización, como defiende en solitario Francia (y como hacen la mayoría de los países). Esta política es mala para Europa y nefasta para España, que sufre más que el resto del continente los efectos de un euro fuerte, según un estudio de Goldman Sachs. Y eso porque España exporta muchos productos intermedios a Alemania y Francia, por ejemplo, y si estos países exportan menos fuera de la zona euro, también nos compran menos (doble recorte).Y también porque España tiene el doble de paro y necesita crecer más que el resto, algo que dificulta más un euro fuerte, al depender tanto de las exportaciones y el turismo.

En definitiva: nuestro futuro inmediato depende mucho del euro y su cotización se decide fuera de Europa y de Bruselas, poco preocupados de momento por tener una moneda fuerte, aunque eso debilite el crecimiento del continente, la zona del mundo que menos crece:-0,4% este año, frente a 1,6% EEUU, 2% Japón o 4,5% los países emergentes, según el FMI. Sería importante que la Unión Europea cambiara de postura y el BCE tomara dos medidas claves: bajar los tipos de interés (al 0,25%) e inyectar liquidez en las economías europeas, para ayudar a que fluya el crédito. Y con ello, Europa crecería más y el euro perdería fuerza. Dos por uno. Como no parece que lo hagan, estemos atentos al euro más que a la prima de riesgo: nos afecta más. Si sigue por encima de 1,30 euros por dólar, peligra la recuperación.

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