lunes, 27 de mayo de 2013

Abusan de nuestra incultura económica


El escándalo de las preferentes ha desvelado la escasa formación económica de muchos españoles. Pero esa no es la peor consecuencia. Muchos políticos y “expertos” se aprovechan de la incultura económica para imponer una falsa idea: si estamos en crisis es porque hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades y no por la especulación financiera que estalló en 2008. Y nos recetan austeridad y sacrificios (además de paciencia) para salir de la crisis, aunque esa política nos condene al paro y la recesión. Es urgente mejorar la formación de los jóvenes, que hoy sólo estudian economía en Bachillerato. Y la de sus padres, con formación y reciclaje para ocupados y parados. Y mejorar la información económica en los medios, con más objetividad y profesionalidad, sobre todo en Internet y las redes sociales, alérgicas a la economía. O nos formamos  mejor o nos seguirán engañando. Saber de economía es clave para nuestra vida.
enrique ortega

La Gran Recesión, que estalló en septiembre de 2008, ha disparado el interés por la economía como nunca en las cuatro crisis anteriores (1.973, 1979, 1981 y 1993). De hecho, es la información que más interesa al 74,5% de españoles, según el Barómetro del CIS de marzo. Interesa, pero es la que tiene menos credibilidad: es la única que suspenden (4,8 puntos) junto a la información política (4 puntos). Y eso  hace sentir a la mayoría impotentes: la crisis es lo que más nos preocupa, pero no sabemos entenderla ni cómo saldremos de ella.

Muchos españoles, conscientes de su “incultura económica” se ven víctimas de ella. Unos, como los 400.000 inversores en preferentes de bancos y Cajas, porque sienten que les han engañado por no saber de economía. Otros, porque creen que “la crisis es un poco culpa de todos”, porque no hemos sabido gestionar nuestro dinero y nos hemos endeudado por demás. Y que por eso, por haber “vivido por encima de nuestras posibilidades”, estamos en crisis. Y algunos creen que si hubiéramos “sabido más de economía”, no estaríamos así.

Todo esto es falso. Primero, los que “sabían” de economía no olieron la crisis: ni el FMI (con Rato de director gerente, que tampoco olió la de Bankia) ni la OCDE, ni la Reserva Federal o el BCE, ni los grandes gurús económicos, financieros o empresariales. Segundo, la crisis estalló porque una mayoría de bancos de inversión y especuladores inundaron EEUU de hipotecas basura y bonos complejos que inocularon la crisis al resto del mundo, como se explica bien clarito en el libro “La gran apuesta, de Michael Lewis. Y en la película Inside Jobs.  Y eso llevó a los países a gastarse millonadas en salvar a sus bancos, primero, y a intentar paliar las consecuencias de la crisis después, elevando el gasto público y los déficits. No fueron los déficits los que trajeron la crisis (España tuvo superávit hasta 2008), sino la crisis la que trajo los déficits.

Y en vez de reanimar la economía, como EEUU, Japón, China o Brasil, Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, nos impusieron la austeridad, una medicina que ha matado al enfermo, provocando la recesión más larga en la historia de Europa y 6,2 millones de parados en España. En lugar de decir la verdad, que la crisis está motivada por un fallo del sistema financiero desregulado y por la codicia, recurren al moralismo y culpan a los países del sur y a sus ciudadanos de “vivir por encima de sus posibilidades”, de no saber gestionar sus economías. El anterior presidente del Bundesbank puso incluso una metáfora: somos como alcohólicos a los que hay que desintoxicar. No decía que el alcohol nos lo habían vendido ellos (sus bancos) y que la policía (ellos y el BCE) miraba para otro lado mientras nos inundaban de alcohol (crédito).

Al final, la moralina es que debemos cumplir la penitencia de la austeridad porque somos culpables de la crisis. Una mentira que por mucho que se repita no puede convertirse en verdad. Pues no, los culpables son ellos, que en EEUU y en Europa, aceptaron la desregulación de los mercados financieros que nos ha llevado a este desastre, con los bancos de inversión ganando dinero otra vez mientras crece el paro y la pobreza en Occidente. Sus tesis, las del 1%, se han impuesto al 99% restante, como explica el Nobel Stiglitz, con la ayuda de políticos conservadores, “expertos” cargados de ideología y medios de comunicación medio quebrados. Y también, gracias a la escasa formación económica de la mayoría de la población, una de las más bajas de la OCDE.

En España, la mayoría de la gente (incluso con la crisis) tiene cierta “aversión” a la economía, temor a lo desconocido, que parece muy complicado, porque los economistas lo han hecho complejo con sus tecnicismos (como los médicos), quizás porque explicar la economía a lo claro y que se entienda no interesa al poder económico (ni al político). La consecuencia es que ha resultado más fácil engañar a los ahorradores, no sólo a los de preferentes: millones de pequeños inversores en Bolsa llevan varios años sin cobrar dividendos (cobran en acciones, en “papelitos”), con los Consejos de bancos y empresas haciendo y deshaciendo a sus espaldas, y millones de clientes de bancos pagan cada día comisiones sin darse cuenta y reciben por sus depósitos la décima parte del interés que les cobran por un préstamo. Y lo peor, nuestra incultura económica nos ha llevado a dedicar el 80% del ahorro a comprar piso (el otro 20% está en depósitos), descuidando ahorrar para una  futura pensión privada. Y ahora, nos encontramos con hipotecas impagables, pisos que valen la mitad y pensiones públicas en el alero… Mal negocio.

Hay que apostar como país por mejorar nuestra formación económica, una asignatura pendiente como los idiomas. Desde la LOGSE (1990-95) mucho se ha avanzado con los jóvenes, que tienen Economía en 1º y 2º de Bachillerato (obligatoria para los de Humanidades y Ciencias Sociales y optativa para los de Ciencias y Tecnología). Pero habría que empezar antes, porque los niños saben los jugadores de fútbol o las marcas de coches pero no por qué su padre está en paro. Educación, el Banco de España  y la CNMV pusieron en marcha en 2010 una experiencia piloto para impartir educación financiera (no económica) en 3º y 4º de la ESO, que siguen este curso 20.000 alumnos en 411 centros. Pero habría que generalizarlo, lo que parece más difícil con la reforma Wert, que deja menos margen a la formación trasversal. Ahí está el ejemplo del Reino Unido, que acaba de aprobar la inclusión de economía y finanzas en la educación de los niños de 11 a 16 años para septiembre de 2014.

No basta con enseñar economía a niños y jóvenes. Hay que reciclar a sus padres, con cursos de formación económica para parados y ocupados, con temas que nos afectan cada  día: trabajo y formación, consumo, ahorro, crédito e  inversión (fomentando otros intermediarios: en España, el 90% de los productos financieros los comercializan los bancos), planes de pensiones y economía de la salud, la  educación, la dependencia y los servicios sociales. Ayudarles a tener criterio, a gestionar su economía familiar, a entender la recesión y las recetas que se dan, a no auto inculparse de la crisis. El problema es aprender economía con objetividad, algo muy difícil con la mayoría de políticos, economistas y medios dedicados a una cruzada para defender la austeridad. Y hay que “poner interés”, esforzarse, porque la mayoría de internautas siente alergia a la economía, más en las redes sociales: los temas económicos no son trending topics.

Saldremos de esta crisis, más tarde que pronto, pero antes o después volverá otra, como ha sucedido antes. Y nos pillará mejor preparados si tenemos más conocimientos de economía. Nos defenderemos mejor. Y votaremos también mejor la próxima vez, sin que nos engañen con propuestas imposibles de cumplir. Y entenderemos mejor lo que nos pasa. Porque la economía está en la base del poder y de toda nuestra vida. Casi todo es economía. Aprendamos.

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