miércoles, 10 de abril de 2013

Universidad:entre la reforma y la bancarrota


El Gobierno prepara una drástica reforma de las Universidades públicas, con cambios en la elección de rectores y en la contratación de profesores, además de suprimir la Selectividad y reducir titulaciones y master. Frente a ella, rectores, profesores y alumnos multiplican sus protestas, denunciando la asfixia financiera de la Universidad (tras perder 1.600 millones en tres años), el recorte de profesores y medios, la subida de tasas y el recorte de becas. Y reclaman que, antes de cambiar la Universidad, se la dote de más recursos, como otros países. Algo urgente que no puede retrasar  la reforma de la Universidad, para ajustar la oferta (sobran títulos y Campus), adaptarla al empleo (1 de cada 8 universitarios está en paro y el 25% está subempleado), conseguir nuevos ingresos y dotarla de más autonomía, para mejorar su eficiencia y calidad. Reformar la Universidad para que ayude a salir de la crisis.
 
enrique ortega

Cada vez que cambia el sesgo político del Gobierno, el nuevo ministro llega con una reforma educativa bajo el brazo. Esta vez, Wert prepara también una reforma universitaria, a partir del informe de un Comité de Expertos que ha recibido el 12 de febrero. En él proponen un cambio drástico en la organización de las Universidades públicas. Por un lado, que los rectores no se elijan sólo por el claustro de profesores, sino también entre profesionales de prestigio, con la colaboración de las autonomías. Por otro, defienden más profesores contratados no funcionarios. Y más financiación pública para la Universidad, vinculada a resultados. Además, el Gobierno quiere suprimir la Selectividad (con una reválida al final del Bachillerato) y suprimir  títulos y master (los de menos de 50 alumnos).

Los rectores (todos) han dicho que antes de hablar de reformas, el Gobierno debe resolver el grave problema de asfixia financiera que tiene la Universidad y que sufren cada día: problemas de tesorería, despido de profesores y personal contratado, retraso en el pago de nóminas, deudas a proveedores, falta de mantenimiento e inversiones, deterioro de las instalaciones y una deuda creciente (sólo la Complutense de Madrid, la mayor Universidad de España, tiene una deuda de 150 millones de euros). Y encima, la amenaza de Hacienda de que si no cumplen este año los recortes y el Presupuesto, les pueden sancionar.

Si las 50 Universidades públicas están en bancarrota es porque han sufrido tres años de recortes en los ingresos que reciben del Estado (10%) y sobre todo de las autonomías (70% de sus Presupuestos). En total, unos 1.200 millones menos desde 2010, según un estudio de CCOO, a los que añadir otros 400 millones de recorte en las subvenciones para investigación (I+D+i), lo que totaliza un recorte de ingresos del 16%. Un tijeretazo que contrasta con lo que ha hecho la mayoría de Europa: 9 países han aumentado su gasto universitario entre 2008 y 2012 (Austria, Dinamarca, Francia, Alemania, Noruega, Polonia, Eslovaquia, Suecia y Suiza), dos lo han mantenido estable (Bélgica y Finlandia) y el resto lo han recortado menos que España, salvo Grecia, Portugal y Lituania.

Al contar con menos recursos, las Universidades públicas se han visto obligadas a despedir a profesores contratados, también porque el Gobierno les forzó a ello con el decreto de abril de 2012, que aumentaba sus horas lectivas (triplicando en algunos casos su carga docente) y congelaba plantillas (anulándose incluso oposiciones convocadas en 17 Universidades). Con ello, este curso se han perdido unos 3.000 profesores, que se suman a otros 1.200 perdidos entre 2010 y 2012. En total, 4.200, un 4,2% de las plantillas.

Y eso con un nuevo récord de alumnos este curso: 1.469.653 (+25.000). Alumnos que han sufrido una drástica subida de tasas; la media ha subido el +16,7%, pero subieron mucho más Cataluña (+66,7%), Canarias (+42,1%), Castilla y León (41,9%), Madrid (+38,1%), Comunidad Valenciana (+33,3%) y Castilla la Mancha (+20,3%). Y aumentaron más las diferencias entre Universidades, con grados que cuestan desde 713 euros en Galicia a 2.510 (1º Medicina) en Cataluña. En los master, la subida media fue mayor, del 69% (llega al +170% en Canarias, +130% en Cataluña o +121% en Madrid), con precios que van desde 1.590 euros el master en Galicia a 4.290 euros en Canarias. Y eso que, antes de esta subida, España era el noveno país de Europa con las matrículas más caras (incluso hay 8 países europeos con matrículas gratuitas: los nórdicos, Austria, Grecia y Malta).

Esta fuerte subida de tasas, que seguirá los dos próximos cursos, contrasta con el mínimo aumento en las becas para 2013 (1.163 millones, 23 más que en 2012), que reciben un 23% de universitarios. Además de endurecer los criterios para darlas (y retrasar su pago), se han recortado las becas de idiomas (-80% desde 2011 y se suprimen las becas para el extranjero), las Erasmus (-60%) y las becas Séneca (para cambiar de Universidad dentro de España), que se suprimen para el próximo curso. Con menos ayudas y tasas más elevadas, apenas han subido las matriculaciones (+1,5%, la mitad que el curso pasado), reduciéndose las asignaturas matriculadas. Y han caído las matriculaciones de master (-4.000 alumnos), sobre todo en ingenierías (las más caras y que hacen más falta).

España gasta menos en educación universitaria (1,07% del PIB) que la media europea (1,14%), por debajo de Francia (1,24%) y Alemania (1,21%), aunque mejor que Italia o Reino Unido (0,84%). El Comité de Expertos propone subir este gasto hasta el 3%, lo que evitaría la asfixia financiera de las 50 Universidades públicas, que ahora son más eficientes que las 28 Universidades privadas: gastan un 53% menos por alumno, según el análisis de dos economistas universitarios. La diferencia es que en España la aportación pública es mayor que en Europa (81,6% frente al 73%) y  menores los ingresos por matrículas (8,42% frente al 9,1%, antes del tasazo porque se busca que paguen el 25% del coste para el curso 2014-15) y los otros ingresos (10% frente a 18%), porque nuestras Universidades recaudan menos de donaciones, empresas (formación, investigación, consultoría) y servicios (comedores, residencias). Una vía a mejorar, junto a una subida menos drástica de tasas (y más becas: son el 0,08% del PIB frente al 0,25% en la OCDE).

Pero no todo es financiación. Además de contar con más recursos, la Universidad tiene que afrontar cambios. Primero, ajustar su oferta, recortando titulaciones (2.413 grados y 2.758 master) y fusionando Universidades (hay 236, en todas las capitales, con la misma oferta de estudios a pocos kilómetros de distancia). Segundo, hay que orientar a los estudiantes hacia carreras técnicas más demandadas, reduciendo la oferta de Humanidades y Ciencias Sociales, con menos “salida”. Y tres, habría que reducir el número de universitarios, dirigiendo más alumnos de Bachillerato a FP, para que la Universidad no sea una fábrica de parados: tenemos más universitarios que el resto de Europa (un 29% frente al 27% la UE) y más del doble de paro universitario (12,5% aquí y un 5,2% ellos) y de universitarios subempleados (25% en España frente al 12% en la OCDE).

Hay que financiar mejor la Universidad, pero optimizando la inversión. Y eso pasa por una mejor organización de los Campus, con menos endogamia y más profesores de fuera, pero con más autonomía universitaria, sin injerencia política del Gobierno y las autonomías (hacen como hicieron con las Cajas), buscando Universidades más ligadas a las empresas y al empleo, más internacionales. Y, sobre todo, con auditorías externas de eficiencia y calidad. Pero todo esto no puede hacerse sin un gran pacto educativo, que hoy parece imposible. Si se impone la reforma, como con los recortes y las tasas, la Universidad española estará tocada de muerte. Y no nos ayudará a salir de la crisis.

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