miércoles, 5 de septiembre de 2012

Hacia un segundo rescate con más recortes


Agosto ha sido un mes más tranquilo de lo temido, pero con septiembre han vuelto las tensiones a los mercados. España sigue en el punto de mira y se apunta un segundo rescate blando para este otoño: Bruselas y el BCE comprarían deuda española, para bajar el coste de financiarnos, y a cambio, controlarían más nuestras cuentas y nos forzarían a nuevos ajustes, en pensiones, desempleo y despido de empleados públicos. Un segundo rescate que supondrá más sacrificios, menos crecimiento y más paro, agravando el problema de fondo: la economía sigue en recesión y así no se recauda y no se recorta suficiente el déficit público. Y eso crea desconfianza en los inversores, que temen no cobrar. Frente al parche de los rescates, hay que cambiar de política, en Bruselas y en España, para crecer y crear empleo.
enrique ortega
El BCE tranquilizó a los mercados en agosto, al asegurar Mario Draghi que ayudaría a los países presionados en su prima de riesgo (España e Italia). Pero ahora, los mercados esperan hechos. España no puede seguir muchos meses más pagando casi un 7% por financiarse y con el crédito cerrado a bancos, empresas y autonomías. Y Europa teme que la crisis de la deuda española (e italiana) acabe haciendo saltar por los aires el euro, sobre todo cuando no se ha desactivado la bomba de Grecia. Hay que hacer algo ya. España es demasiado grande para ser intervenida: habría que meter 500.000 millones de euros (más que lo aportado a Grecia, Portugal e Irlanda juntos), una cantidad imposible de vender a los contribuyentes europeos, sobre todo a los alemanes. Y otro tanto para Italia. Así que hay que buscar otro camino: el rescate blando, por la puerta de atrás: gastar mucho menos en comprar deuda española e italiana, para bajar su precio y aliviar a los dos países.

No hay otro camino para salvar el euro a bajo coste. Todavía habrá polémica sobre la forma de presentar este segundo rescate a España, pero se acabará aprobando, en septiembre o tras las elecciones del 21-O. Pero con una condición: quien ayuda y paga, manda. Merkel, Bruselas y el BCE no quieren que España baje la guardia en sus ajustes si nos ayudan. Así que será un rescate con condiciones. Por un lado, más control de las cuentas públicas, más papel de “los hombres de negro” de Bruselas en la gestión de la economía española. Y por otro, más presión para que el Gobierno Rajoy siga con los ajustes planteados por los dirigentes europeos: menos gasto en pensiones, en desempleo, en funcionarios  y en las autonomías.

Rajoy sabe que no tiene otro camino que pedir una nueva ayuda y ahora no la rechaza de entrada, aunque quiere vender que la consigue sin condiciones. Pero Merkel y los fundamentalistas de Bruselas van a aprovechar para imponer sus reformas de contrabando, su ideología conservadora: recortar el sector público, el Estado del Bienestar, los derechos sociales y laborales. Y de paso, asegurar que los recortes garantizan el pago de intereses a sus bancos, alemanes y franceses, nuestros principales acreedores.

El asunto se complica porque las autonomías están asfixiadas, sin ingresos y sin crédito: cada mes tienen problemas para pagar nóminas y a proveedores. Y antes de fin de año han de devolver más de 15.000 millones de deuda. Por eso, tres ya han pedido el rescate al Gobierno: Cataluña (5.027 millones), Comunidad Valenciana (4.500 millones) y Murcia (300), aunque hay otras que lo están pensando, como Canarias, Castilla-la Mancha, Baleares y Andalucía (ha pedido 1.000 millones de adelanto). El Gobierno ha creado un Fondo de 18.000 millones para ayudarlas, pero a cambio, les intervendrá aún más sus cuentas, exigiéndoles un duro ajuste, con fuertes recortes de gasto y subida de impuestos.

Entre el rescate a España y los rescates a las autonomías, se endurecerán los recortes este otoño. Primero, con despidos entre el personal interino y contratado de las autonomías, más de 50.000 según los sindicatos, junto a una posible bajada de sueldos para 2013. Segundo, con subida de impuestos y tasas, desde el agua, los transportes a muchos servicios públicos. Después, habrá que esperar nuevos recortes en el desempleo, cuyo gasto sigue subiendo como el paro. Y habrá nuevos cambios en pensiones, como exige Bruselas, empezando por más trabas a la jubilación anticipada y un anticipo de la jubilación a los 67 años, sin descartar una congelación de pensiones para 2013 e incluso no compensar la desviación de la inflación este año (algo reconocido por Ley pero que costará 3.500 millones). Y si la subida del IVA no surte efecto en los ingresos, habrá más subidas de impuestos antes de fin de año, empezando por los carburantes y siguiendo con nuevos impuestos ecológicos.

Nuevo rescate, más recortes y en consecuencia, menos consumo, menos inversión, menos crecimiento, más recesión. Más paro. Es el fruto que hemos recogido de más de dos años de la misma política fundamentalista, que lucha contra la crisis con recortes tras recortes y que ha llevado a la recesión a 12 países europeos (España, Italia, Gran Bretaña, Holanda y Bélgica entre ellos), con Francia medio paralizada. Una recesión que se agrava en España (-1,7% este año y -1,3% en 2013, según el FMI) y que provoca una caída de la recaudación, impidiendo cumplir con el recorte del déficit público: hasta julio, el Estado alcanzó ya el déficit previsto para todo el año. Y eso puede provocar que en octubre o noviembre haya que hacer más recortes, para cumplir con Bruselas. Más recesión. Una pescadilla que se muerde la cola y que preocupa a los mercados: si no crecemos y no recaudamos, temen no cobrar sus inversiones.

Merkel, el BCE y los fundamentalistas de Bruselas persisten en su política, a costa de duros sacrificios y una profunda recesión y paro en la Europa del sur. El rescate anunciado es sólo un parche más para imponer su política, con la excusa y la presión de los mercados. Una política que no nos saca de la crisis, sino que ha provocado una segunda recesión en tres años. Hace falta explorar otro camino, reanimar las economías del sur de Europa, con más consumo e importaciones de la Europa del norte y con un plan Marshall de inversiones para crear empleo, sobre todo entre los jóvenes, mujeres y mayores de 50 años. Si no, con más recortes, la economía entrará en un coma más profundo. Y el otoño será agitado, con más crisis social. El país está a punto de estallar.

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