miércoles, 13 de junio de 2012

España: rescate por la puerta de atrás


Se puede llamar rescate suave, rescatín o simples créditos para sanear la banca, pero hay un hecho indudable: Europa nos prestará hasta 100.000 millones, más del coste de los rescates a Irlanda y Portugal y casi lo que a Grecia. Bruselas va a controlar la reconversión de nuestros bancos y Cajas, imponiendo cierres y despidos. Y si nos imponen ya  déficits y reformas, ahora con más motivo: quien presta manda. Por eso, Rajoy acelerará la subida del IVA, los recortes en pensiones y desempleo y, quizás, en el sueldo de funcionarios. En otoño o para 2013. Pero no basta con este rescate por la puerta de atrás. Los mercados siguen inquietos: les preocupa no solo la banca, sino que España está en recesión y lo estará en 2013. Y si no crecemos, será difícil que les paguemos. Hay que rescatar a los parados, no a los bancos. Y al euro, que a falta del estallido de Grecia, está en el alero y así no aguanta ni tres meses. 
enrique ortega (a partir de Magritte)

El detonante del rescate europeo ha sido Bankia: necesita 19.000 millones más de ayudas, a las que sumar otros 30.000 de tres muertos más (CatalunyaCaixa, NovaGalicia y Banco de Valencia, las tres intervenidas). Demasiado dinero para pedir en unos mercados demasiado caros (6,5%). Rajoy  intentó que este dinero saliera del Fondo Europeo de Rescate, que se lo prestaran directamente a bancos y Cajas en apuros. Pero Merkel, el BCE y Bruselas no estaban por la labor: si queréis dinero, lo pedís como Estado, garantizándolo: pasáis por un rescate. Rajoy intentó echar un pulso, pensando que España era demasiado grande para que Merkel y Bruselas la dejaran caer en un rescate que podría hacer estallar al euro. Y por eso, Bruselas planteó un rescate por la puerta de atrás: sólo para la banca, para que los mercados se pusieran menos nerviosos. Rajoy no quería, pero le montaron una encerrona, entre filtraciones y presiones. Y acabó pidiendo el  rescate por videoconferencia.

Rajoy ha intentado hacer de la necesidad virtud, vendiendo el rescate como un triunfo. Pero es un fracaso: España no puede sanear su banca por sí misma y pide ayuda a Europa, hasta 100.000 millones, más que los rescates de Irlanda (85.000 millones) y Portugal (78.000) y tanto como el primer rescate a Grecia (110.000). Un dinero que irá básicamente a capitalizar Cajas y bancos, empezando por los cuatro intervenidos y siguiendo con otras cinco Cajas en procesos de fusiones (todas, salvo Kutxabank). No necesitarán dinero los demás bancos (quizás Bankinter). En total, entre 40.000 (cálculo FMI) y 60.000 millones, por los que el Estado pagará intereses, sobre un 3,75%, que no recuperará hasta que venda las Cajas intervenidas o se lo puedan devolver las demás cuando se saneen. Y a cambio, los planes de restructuración (cierre de sucursales y más de 10.000 despidos) los tendrán que aprobar Bruselas, el FMI y el BCE.  

En definitiva, la primera factura del rescate será pagar los intereses : 2.250 millones al año (para 60.000 millones), durante 10 años.Un coste que aumenta el déficit público (y la deuda de España), con lo que habrá que recortar de otro lado. Ya Bruselas, en sus recomendaciones de mayo, nos exigió subir el IVA, acelerar la reforma laboral y de pensiones, ajustar las autonomías. Y ahora, con el rescate, con más motivo: quien presta, manda. Volverá a hablarse de recortar la factura del desempleo y el sueldo de los funcionarios, en otoño o para 2013: una rebaja del 2,5% ahorraría 2.250 millones, los intereses a pagar por el rescate bancario. Y todo para que, en unos años, estas Cajas, saneadas con dinero público, sean vendidas a otros bancos.

El rescate y el prometido saneamiento bancario (el quinto en dos años) no van a agilizar el crédito en España, por dos razones. Primera, porque las entidades van a estar ocupadas un año en fusiones y saneamientos, inmovilizando más recursos para capitalizarse. Segundo, porque empresas y familias están pensando en quitarse deuda (desapalancamiento), no en endeudarse más. Y menos cuando no hay ventas ni consumo, porque estamos en recesión.

El rescatín tampoco ha servido para calmar a los mercados, como ya se sabía: a los tres países intervenidos les ha subido la prima de riesgo desde la intervención (Grecia paga cinco veces más y Portugal el doble). Y los tres están en una profunda recesión, provocada por duros ajustes que han traído más paro y una profunda crisis social y política. En España, el problema clave no es tanto la banca (que lo es) como la recesión: somos el único país de Europa (27) que va a decrecer este año y el que viene. Y si no crecemos, el Estado no podrá recaudar ni rebajar lo prometido el déficit. Y si hay más paro, los bancos seguirán con problemas. Y  España y los españoles no podremos pagar. Eso es lo que de verdad preocupa a los mercados. Cobrar.

Para dar confianza, más que rescates hace falta otra política. Obama lo dijo muy claro la semana pasada: España e Italia no pueden seguir “cortando, cortando y cortando”, ya que eso “aumenta el paro y les resulta más difícil pagar sus deudas y los mercados cuando ven esa espiral, empiezan a hacer cálculos y los tipos de interés suben y la vida se hace mucho más dura”. Clarito. Obama propone, como ha hecho en EEUU, estimular el crecimiento, como Hollande y muchos economistas. Acabar con el fundamentalismo de los recortes, que nos ha llevado a tres rescates y medio en dos años, con 12 países europeos en recesión. Y con el paro y la crisis social como los verdaderos problemas de Europa y España, no la banca ni la deuda. Hay que rescatar a los parados, no a los bancos.

Europa se la juega de verdad y tiene menos de tres meses para salvar el euro, según Lagarde (FMI). Quizás menos, porque este domingo 17 puede saltar por los aires en Grecia. Si sobrevive, tiene este mes tres oportunidades para buscar otro camino: la Cumbre del G-20 en México (18-19 junio), la Cumbre de los 4 en Roma (22 de junio) y la Cumbre europea (28-29 junio). Si Europa no aprende y no cambia de política, bajando tipos (BCE), reanimando las economías del sur y fomentando el consumo en el norte, arreciará la tormenta de los mercados. Porque nadie quiere prestar a un moribundo al que se le hacen más sangrías cada día. Así, se morirá.

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