miércoles, 27 de junio de 2012

Cumbre Río+20: nos cargamos el Planeta


Ha tenido menos eco que la Cumbre del G-20 en México, pero 193 países se han reunido en Río para buscar un crecimiento sostenible y evitar que sigamos cargándonos el Planeta: emisión de gases, uso insaciable de energía, sobrexplotación de los océanos, deforestación y pérdida de especies que provocan hambre, falta de agua y pobreza extrema a uno de cada cinco habitantes de la Tierra. Ha sido otra Cumbre fallida, con muchas palabras y ningún dinero para reducir la contaminación y promover un desarrollo sostenible. La excusa es la crisis, que tiene agobiado al mundo. Pero si no cambiamos el rumbo, en unas décadas los daños a la Tierra serán irreparables y más costosos de resolver. Hace falta conseguir ingresos (impuestos verdes), invertir y cambiar de hábitos para salvar el Planeta. Es más barato que destruirlo.

En 1992, también en Río, más de cien Jefes de Estado se reunieron en la primera Cumbre de la Tierra para hablar de un concepto nuevo: desarrollo sostenible. Crecer sin esquilmar los recursos del Planeta, sin destruir los ecosistemas y buscando agua y alimentos para una población disparada, con hambre, pobreza y muchas desigualdades. Hoy, 20 después, tras muchas Cumbres, declaraciones y planes, Rio+20 ha mostrado la dura realidad: estamos peor. Hemos suspendido en los tres retos (cambio climático, diversidad y desarrollo sostenible), según la revista Nature. Y el mundo sale de esta nueva Cumbre de Río sin más recursos para preservar el Planeta (se pedía un Fondo de 30.000 millones de dólares) y sin que los países acepten que el Programa de la ONU para el Medio ambiente (PNUMA) se convierta en una Agencia con más nivel y medios, como la OMS (salud) o la OMC (comercio).

Y eso que el balance de situación presentado por la ONU en Rio+20 no puede ser más impactante: “los cambios que se observan en el sistema Tierra no tienen precedentes en la historia de la humanidad”. Empezando por el aire: la concentración de CO2 en la atmósfera, por la quema de combustibles fósiles, es la mayor en 850.000 años. Y ese CO2 retiene parte del calor que emite la Tierra y calienta el Planeta: llevamos dos décadas más calurosas, con nefastos efectos sobre las cosechas y la salud. Y alertan que no se están reduciendo suficiente las emisiones (de 7 Tm por persona ahora a 2 Tm en 2050), por lo que no se podrá rebajar la temperatura en 2º C a mediados de siglo, como se acordó en la Cumbre de Copenhague (2009).

En tierra, alertan sobre la deforestaciónalarmante”, sobre todo en los trópicos, talando árboles para poner cultivos y ganadería bajo presión de la demanda de alimentos y las multinacionales. Deforestación que suprime bosques necesarios como sumideros para absorber los gases de efecto invernadero. El otro problema es la falta de agua potable para 890 millones de personas (12% población).Y aún hay 2.600 millones (más de un tercio de la población) sin acceso a la depuración de aguas. En el mar, las costas están cada vez más contaminadas (415 zonas con contaminación grave), los océanos están acidificados por la absorción excesiva de CO2 y los mares están desprotegidos (sólo 1% océanos protegidos) y sobrexplotados (75% de los caladeros en Europa).

Un negro panorama que provoca una reducción de las especies: un 41% de los anfibios, un 33% de los corales, un 25% de los mamíferos y un 13% de las aves están amenazados, según la Lista roja de especies amenazadas (UICN). Menos biodiversidad  provocada, en una tercera parte, por el comercio mundial, según un estudio científico que relaciona el consumo de café, azúcar, pescado, soja, cerne y aceite de palma con la reducción de especies (y de bosques) en los países productores. Perder biodiversidad (especies) tiene además un alto coste económico: un tercio de los alimentos del mundo (incluyendo  87 de los 113 principales cultivos) dependen de la polinización realizada por insectos, murciélagos y aves, muchas amenazadas.

Al final, todo este desmadre del crecimiento no sólo destruye nuestro Planeta, sino que dificulta la vida de la especie principal, el hombre: hay 1.290 millones de personas (22% de la población) que viven en la extrema pobreza, con menos de 1 euro al día, según el Banco Mundial (2008). Y casi 1.000 millones de personas mal alimentadas. La demografía actúa como otra bomba de relojería: ya somos más de 7.000 millones, una población que se ha triplicado (2.500 millones en 1950) y que alcanzará los 9.300 millones en 2050, según la ONU. Un ejército de voraces consumidores (de energía, de materias primas, de agua, de alimentos) y productores de residuos, ahora también en los países emergentes (40% de la población), que agravarán más la preocupante situación del Planeta.

¿Qué se puede hacer? Primero, tomar conciencia de la gravedad de la situación: no son locuras de ecologistas. Es un crecimiento insostenible económicamente. Después, tomar medidas realistas. Empezando por reducir la emisión de CO2, que pasa por promover las energías renovables y reducir el consumo de petróleo, en las industrias y en el transporte: si no se hace, las emisiones de CO2 de los automóviles se duplicarán entre 2000 y 2050, según la AIE. Tendrán que reducir más los que más contaminan (EEUU, con 22,1 Tm por habitante, Japón con 12 Tm y la Unión Europea, con 9,4 Tm), pero hay que ayudar a los países emergentes, cada vez más contaminantes (China, Rusia o India), y  subvencionar la protección de bosques, océanos y especies. Y establecer un control multinacional de los alimentos, con etiquetas que indiquen el coste medioambiental de producirlos.

Al final, hace falta dinero para conseguir un crecimiento sostenible, algo escaso en todos los países con la crisis. Una opción, planteada por la Unión Europea en Rio+20 es crear un  impuesto sobre las transacciones financieras (tasa Tobin), no sólo para sanear la banca y recortar déficits sino para invertir en desarrollo sostenible. Pero no sólo es cuestión de dinero: hay que cambiar de rumbo, dar prioridad a la sostenibilidad en la salida de la crisis. Porque un  crecimiento insostenible, además de poner en peligro al Planeta, es siempre más caro: España, por ejemplo, consume cada vez más energía, el 80% importada, que nos cuesta lo que se ingresa por turismo. Ser ecologista de verdad es consumir de forma razonable y sostenible, como individuos, como empresas, como país. Economía eficiente = economía verde. Lo caro es destruir el Planeta y que lo paguen nuestros hijos y nietos.

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