domingo, 18 de diciembre de 2011

Un año de precios altos (y estancamiento)

Con la crisis y el paro, no se hace mucho caso a la inflación. Pero los precios llevan un año muy altos, cerca del  3%, a pesar de que el consumo está por los suelos. La inflación es el peor impuesto, ya que perjudica a todos, sobre todo a los que menos ganan, empezando por los pensionistas, que no tendrán este año revisión por la subida extra de precios, como tampoco los funcionarios y muchos trabajadores. Ahora, la receta vuelve a ser moderar aún más  los salarios para 2012, aunque apenas suben y 8 millones de españoles son mileuristas. También hay que moderar márgenes y vigilar precios, sobre todo en energía y alimentos.

En noviembre, los precios han bajado una décima, hasta el 2,9%, una inflación menor a la europea (3%), pero que lleva ya un año muy alta, en el entorno del 3 por 100 (con un  máximo del 3,8% en abril), cuando en 2010 estuvo casi todo el año por debajo del 2% (incluso en el 0,9% en febrero). Y eso choca con una economía estancada, que apenas crece y donde no hay ventas: el comercio encadena ya 16 meses seguidos de caídas en su facturación.

Los culpables de la subida de precios son tres renglones: el transporte (un tercio, por la subida de los carburantes, el transporte público y algo los coches), los gastos de la vivienda (casi otro tercio, por la subida de luz y calefacción, conservación y alquileres) y el resto por los alimentos elaborados (+27,8 % azúcar, +12% café…), la ropa  y el tabaco. Bajan, sobre todo, los medicamentos y las comunicaciones (por la guerra de tarifas de móviles y ADSL).

Al final, ¿por qué suben los precios? Básicamente, porque las empresas no consiguen producir y vender más barato. Por un lado, porque les suben los costes: salarios (ahora, más moderados que nunca), financiación, impuestos (subió el IVA en julio de 2010) y otros costes, como el transporte y la energía. Precisamente, España es uno de los países europeos más dependientes de la energía importada y además gastamos más : un 26% más por unidad de producto que la UE-27. Por otro lado, porque hay muchas empresas que con la crisis venden menos y están tratando de recuperar márgenes vía precios, sobre todo en los sectores con menos competencia. Y luego, porque hay empresas que son ineficaces, en los procesos (tecnología) o en la organización del trabajo (productividad) y no pueden producir barato.

Todo apunta a que 2011 cerrará con una inflación cercana al 3%, por las nuevas subidas de la energía en diciembre, sobre todo del gasóleo, al haberse retrasado el invierno. Con ello, todos los españoles perdemos poder adquisitivo, ya que los sueldos están subiendo un 1,1% de media, los funcionarios tienen los sueldos congelados y también los pensionistas. De hecho, con el IPC hasta noviembre (2,9%), sólo se van a compensar a los 3,2 millones de jubilados con pensión mínima, unos 136 euros de media. Y otros 5,4 millones de pensionistas perderán unos 400 euros por haber subido la inflación el triple de lo previsto.

El efecto de esta alta inflación, con ingresos estancados o a la baja, es que se frena más aún el consumo, lo que alimenta más el estancamiento de una economía que no crece y que podría incluso estar cayendo este cuarto trimestre. Más paro y menos consumo. Un círculo vicioso que debería llevar a bajar los precios, aunque hasta ahora no lo haya hecho apenas. Las previsiones internacionales (Comisión Europea y OCDE) apuestan porque la inflación en España bajará del 3 al 1,4 % en 2012, mientras los expertos españoles prevén bajar del 2% en el verano y cerrar el próximo año con una inflación del 1,5%, la mitad que ahora.  

El debate va a estar, otro año más, en si hay que moderar más los salarios para conseguirlo, como propone el Banco de España. Una institución cuyo Gobernador gana 165.026 euros al año y que ha sido incapaz de controlar los sueldos de bancos y Cajas (y las pensiones millonarias de los gestores que les han llevado a la ruina). El hecho cierto es que los salarios llevan dos años moderados (+0,8% subieron los gastos de personal en 2010 y +1,1% en 2011, según el mismo Banco de España), creciendo la tercera parte que los precios. Y los salarios de convenio han subido este año un 2,5% (+1,6% los convenios nuevos), mientras 800.000 trabajadores no han renovado su sueldo desde 2008 (y 5 millones están con convenios atascados). 

Recordemos que hay  8 millones de trabajadores son mileuristas o que el sueldo medio de los jóvenes entre 18 y 25 años está en 634 euros al mes, según datos de la Agencia Tributaria. Con estas cifras, parece un sarcasmo pedir más moderación salarial que la pactada ya por sindicatos y patronal, con subidas entre 1,5 y 2,5% para 2012. Acuerdo que ahora rechaza cumplir la CEOE: quiere congelar los salarios hasta 2014.

El problema es que los precios no suben sólo por los costes salariales, sino también por los márgenes y beneficios de las empresas, por la energía (ojo a los efectos en 2012 del conflicto con Irán) y por la ineficacia de los procesos productivos, así como por la falta de competencia en algunos sectores. Y sobre todo esto hay que actuar, no sólo sobre los salarios, porque si se recortan más se hunde el consumo, las ventas y el empleo. Y más recesión y más crisis.

Al final, lo malo de la situación es que tenemos precios altos con una economía estancada, lo que los economistas llaman estanflación.Y eso ataca sobre todo al nivel de vida de los que menos tienen, pero además nos dificulta crecer. Por eso, hay que lanzar una batalla contra la inflación, pero no culpando sólo a los salarios. Con precios más bajos y reanimando la inversión privada (crédito y ayudas)  y la pública (suavizando los recortes, de acuerdo con Bruselas), podríamos empezar a crecer. Y salir del peor de los mundos: precios altos en una economía muerta.

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